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    <title>El Eco de Tandil</title>
    <subtitle>Entrevistas exclusivas y contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Tandil.</subtitle>
    <updated>2026-07-02T18:36:18+00:00</updated>
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            Magnífica Humanitas y la utopía posible de una economía de la sabiduría
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                <![CDATA[Andrés Pallaro]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/oKoEEMM_KkYGxO8AGiPL2hJajXk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/papa_leon.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hace unos pocos años el dilema de la Humanidad era la tan mentada “nueva normalidad” luego de la tremenda Pandemia del Covid 19. ¿Cuántos de nuestros comportamientos y modelos de funcionamiento cambiarían profundamente al haber sido forzados a niveles superiores de digitalización y desconexión física? La Humanidad es resiliente y todo se fue encauzando hacia modelos de hibridez con distintas combinaciones y tonalidades. Hoy, el dilema creciente es si seremos capaces de gobernar y organizar la maravilla de la inteligencia artificial para elevar a las personas y las comunidades. No hay tema de mayor impacto futuro para nuestro destino común que construir fórmulas para poner en serio la IA al servicio de la Humanidad.</p><p>El Papa León XIV ha actuado como un Estadista global, trascendiendo el ámbito de la religión católica a la que representa. Magnífica Humanitas es más que una Encíclica. Es un documento brillante que aporta una verdadera narrativa que el mundo necesitaba para inspirar, orientar y ordenar todo lo que estamos haciendo y podemos hacer para enmarcar la fuerza arrolladora de la IA hacia el progreso humano y social.</p><p>Solemos minimizar el poder de las buenas narrativas. Pero en realidad son decisivas para encauzar las energías de la inteligencia colectiva en sistemas que no operan con lógicas verticales. La Humanidad funciona en el desorden de la diversidad, los intereses contrapuestos y la tensión permanente. Y es allí donde las buenas narrativas ofrecen visiones que nos acercan y potencian nuestra capacidad transformadora.</p><p>Magnífica Humanitas ofrece una mirada profunda, amplia y sensata sobre el fenómeno de la IA y los seres humanos. Justamente la mirada que necesitamos en estos momentos de desconcertante aceleración de la IA y preocupante transición. Como alguna vez escribió con lucidez superlativa el intelectual italiano Antonio Gramsci, “lo viejo va muriendo mientras lo nuevo tarda en nacer y en el medio surgen los monstruos”. Por ello, Magnífica Humanitas es tan oportuna. Los monstruos que distorsionan, simplifican o usan mal la IA pueden frustrarnos esta enorme oportunidad de haber inventado una tecnología tan poderosa que trabaje para nosotros en todos los ámbitos.</p><p>Lo primero que deberíamos destacar es que la Encíclica no es un manifiesto antitecnológico ni condenatorio de la innovación. Pero reconoce que estos fenómenos, que mucho explican sobre las mejores condiciones de vida que hemos ido construyendo a lo largo de la historia, no constituyen un pasaporte automático al progreso. No existe tal determinismo porque la tecnología nunca es neutral, mucho menos la IA. El solucionismo tecnológico es un peligroso reduccionismo. Es el arte del diseño y el gobierno humano de la tecnología lo que conduce a la dignificación humana y al progreso económico y social. Y eso requiere valores humanistas que guíen férreamente la acción de hombres y mujeres, pero también notorias capacidades de liderazgo y management que puedan hacer que las buenas obras se abran paso en la telaraña del corto plazo.</p><p>Estamos, de este modo, ante un luminoso llamado a la responsabilidad que las virtuosas olas de la libertad y la innovación requieren para generar resultados inclusivos y sostenibles. En ese sentido, León XIV pone la lupa en varios aspectos que claman por ese ejercicio de responsabilidad moral e histórica, sobre todo de quienes ocupan posiciones de frontera en esta revolución de la IA: el trabajo humano debe ser defendido y recreado, es mucho más que horas a cambio de un salario; la concentración de poder debe ser contenida para evitar el avance hacia un feudalismo tecnodigital que nos llevaría a una distopía y las desviaciones de la IA que producen mentiras, manipulaciones y polarizaciones dañinas, deben ser combatidas con buenas regulaciones y estrategias efectivas de generación de confianza y seguridad.</p><p>Parece una obra ciclópea. Desalienta muchas veces percibir que estamos lejos. Y que la imagen pública de aquello que genera impactos negativos o no tiene respuestas claras aún, es mucho más fuerte que las señales positivas de lo que se va construyendo. Es allí donde la narrativa equilibrada y sensata de Magnífica Humanitas se convierte en una palanca capaz de potenciar y multiplicar las corrientes de mayor responsabilidad innovativa, la conciencia moral y la fraternidad social alrededor del mundo. Y que se convierten en los diques eficaces contra los monstruos de la transición que hablaba Gramsci y en las turbinas capaces de alinear intereses y vencer imposibles.</p><p>De hecho, si hacemos foco en las señales que se abren paso en medio de la bruma, podemos visualizar que va cobrando fuerza una arquitectura global de Gobernanza de la IA (la OCDE registra más de 1.000 iniciativas de política pública sobre IA en más de 70 jurisdicciones); el poder de la IA aumenta el costo de la irresponsabilidad y por ende el componente ético crece como elemento decisivo de modelos económicos exitosos (management humanista vive una época de expansión); las empresas tienen mayores incentivos para humanizar y usar bien la IA (como lo explica ampliamente el International AI Safety Report 2026); las habilidades más humanas o duraderas viven un florecimiento que propone entenderlas, entrenarlas, medirlas y remunerarlas mejor, incrementando su peso relativo en la generación de valor que mueve la economía; vamos entendiendo más y mejor cómo hibridar el trabajo humano con la IA en todas las profesiones e industrias para habilitar que su recreación sea mayor que la destrucción; la educación avanza en la personalización y el foco experiencial que permite formar personas para ser relevantes en las actividades emergentes en esta nueva era y la abundancia cognitiva que genera la IA cambia las reglas de juego y va poniendo capacidades de análisis, diseño, traducción, simulación, programación, investigación y comunicación al alcance de millones de personas, comunidades y pymes, pudiendo empujar hacia arriba a capas medias y bajas de la pirámide.</p><p>En fin, si todo ello avanza venciendo obstáculos y generando victorias parciales, una economía global de la sabiduría podría emerger como paradigma dominante. La inspiración de Magnífica Humanitas es combustible para este proceso. Por primera vez contamos con una infraestructura cognitiva capaz de ampliar capacidades humanas a escala global. Si la abundancia generalizada que promete la IA puede ser enmarcada en sistemas económicos y sociales que nos liberen a los humanos de la carrera por la productividad, la eficiencia y la rentabilidad, podríamos abrir una era donde el valor esté más determinado por aquello que hasta ahora siempre ha sido menos cuantificable, como la calidad humana, la capacidad de juicio y discernimiento, el impacto social, la conexión experiencial y la sostenibilidad intergeneracional.</p><p>La economía de la sabiduría no es una utopía inalcanzable, una promesa ingenua o un delirio intelectual. Es la evolución posible de la economía del conocimiento, gracias al enorme poder de la IA y la reacción humanista que la misma está originando con múltiples manifestaciones. La IA llegó para quedarse y nos ofrece conocimiento abundante, cálculo, predicción, síntesis y optimización. Las personas, equipos y comunidades debemos ofrecer lo que emerge como más escaso y, por ende, valioso: criterio, discernimiento, juicio, conexión, experiencia, sentido, responsabilidad. Todas las industrias y profesiones podrían estar elevadas por esta virtuosa combinación que, como bien expresó León XIV, debemos construir dado que no sucederá espontáneamente. Más aún, podría verse tristemente frustrada por los monstruos que la acechan.</p><p>La nueva era puede conducirnos a una superación colectiva. Menos orientación a la optimización y acumulación. Más consagración a la sabiduría aplicada. El trabajo que tenemos por delante es apasionante. Y Magnífica Humanitas es una gran brújula civilizatoria para hacerlo posible.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/oKoEEMM_KkYGxO8AGiPL2hJajXk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/papa_leon.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Hace unos pocos años el dilema de la Humanidad era la tan mentada “nueva normalidad” luego de la tremenda Pandemia del Covid 19. ¿Cuántos de nuestros...]]>
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                                <updated>2026-07-02T18:36:18+00:00</updated>
                <published>2026-07-02T18:36:16+00:00</published>
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            Elon Musk y los pronósticos de un inminente postcapitalismo
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/6Qd9dG7U7-mRmSs0CahFEY02iBc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/01/elon_musk.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Lo único que no se debería hacer con el legendario Elon es ignorarlo. Sabemos que su mente funciona a otra velocidad, que sus conexiones neuronales fluyen sin filtros y que no se trata de un predicador en la comodidad de su fortuna, ya que suele jugarse la piel (y su capital) en sus proyectos e iniciativas. Pero claro, tampoco estamos ante un profeta que revele verdades y pronósticos infalibles.</p><p>Sin dudas, Elon nos desafía a pensar. Hace ya un buen tiempo que viene generando un desafío abierto, hasta ahora muy poco correspondido por academias, círculos de innovación, líderes y organizaciones de cualquier índole. El desafío de pensar diseños posibles para ese sistema postcapitalista que podría emerger si la abundancia que promete la inteligencia artificial combinada con las capacidades humanas llega a ser el nuevo patrón de organización económica y barre con las leyes de la escasez y los modelos de mercado basados en valor y precios que hasta ahora hemos conocido.</p><p>Días atrás, Musk ha agitado nuevamente uno de los desafíos existenciales que nos convocan: una economía de abundancia motorizada por el despliegue de la IA no necesitará que todos los seres humanos trabajemos. De hecho, no habrá trabajo para todos. El Estado deberá hacerse cargo de distribuir la abundancia entre la ciudadanía y la impresión de dinero ya no tendrá el obstáculo de la inflación, dado que la oferta de bienes y servicios será infinita. Hay Elon!! ¿No tenemos demasiados líos por resolver como para que nos metas en semejante brete?</p><p>Si, tenemos una enorme cantidad de temas obsoletos o decadentes a los que debemos consagrarnos en esta tercera década del Siglo 21 en la que todo parece cambiar tan velozmente. Pero el planteo de Elon es imprescindible. Nos enfrenta a grandes preguntas que debiéramos intentar responder: ¿Podemos pensar sistemas económicos y sociales viables y justos si ese paradigma de abundancia tan disruptiva llega a ser realidad en el futuro próximo? ¿Podemos asumir el reto de pensar sistemas económicos postcapitalistas sin que ello signifique caer en etiquetas contrarias a la libertad y la creación de valor empresarial? ¿Podemos imaginar sociedades donde el trabajo humano deje de ser el principal mecanismo de acceso al ingreso, identidad, movilidad social y ciudadanía? Renunciar a hacerlo sería irresponsable, dado que es uno de los escenarios posibles hacia adelante.</p><p>El sistema capitalista, con sus variantes y matices en las distintas regiones, ha sido virtuoso para elevar el bienestar y progreso de las mayorías. Aún bajo la cuenta pendiente de la expansión de desigualdades en las últimas décadas. Es contrafáctico pero no por ello inútil preguntarse ¿Cómo podría la Humanidad haber llegado hasta acá sino hubiera sido por el concurso del capital puesto al servicio de la iniciativa privada para crear valor, empleo y progreso? Con todas sus falencias y desequilibrios, sería necio negar que personas y sociedades han logrado mayor acceso a bienes y servicios, vidas más largas y mayores oportunidades de progreso gracias a la dinámica virtuosa que la libertad, la innovación empresarial y la competencia de propuestas de valor fueron generando. Mucho más aún cuando esas dinámicas lograron ser enmarcadas y acompañadas por Estados dotados de inteligencia y transparencia.</p><p>Pero todo ello tiene sentido y mantiene vigentes las propuestas de “mejorar el capitalismo” mientras la economía siga orquestada alrededor de los eslabones de productividad, empleo, salario, consumo y crecimiento. Con buenas prácticas e instituciones bien diseñadas, el modelo siempre respondía: innovación y tecnologías mejoraban la productividad, ello disparaba crecimiento de la producción y de los salarios, baja de precios que alimentada la mayor demanda en todos los mercados y, consecuentemente más empleo. Bien implementada, la ecuación siempre empujaba al progreso.</p><p>Debemos trabajar en serio la hipótesis de que todo ello pueda estar cambiando agresivamente. Es evidente que la inteligencia artificial en este loop de innovación exponencial en el que estamos embarcados agrega un nuevo factor al sistema económico: tecnologías capaces de producir bienes y servicios de manera autónoma o con niveles variables de participación, control y supervisión humanas. En la gran mayoría de las industrias, actividades y profesiones. Y en espera aún de los niveles más avanzados de la economía agéntica, la robótica humanoide y el pronóstico de la tan mentada inteligencia artificial general que nos llevaría al escenario de la singularidad.</p><p>Para profundizar en esta hipótesis, evitando pronósticos simplistas de colapsos distópicos pero también de idílicos marcos de felicidad propulsada por vidas libres del trabajo asalariado y las presiones de la productividad, debemos ampliar la mirada y pensar al menos como podrían organizarse sociedades y economías bajo nuevas reglas de predistribución, distribución y redistribución, que fueron los mecanismos que el capitalismo moderno, aún con sus matices y pendientes, resolvió bastante bien en tantas regiones del mundo.</p><p>La predistribución es todo aquello que un sistema puede hacer, dentro de reglas e instituciones que mantengan la protección de libertades y propiedades, para evitar que la riqueza se concentre demasiado. Cuando ello sucede, condiciona el despliegue de proyectos personales y hace más difícil la disposición de oportunidades para las mayorías. En un futuro de abundancia posible, será clave pensar como diseñar participación popular en ella desde el origen. Fondos soberanos de IA, participación ciudadana en rentas generadas por la automatización tecnológica, acceso universal a “cómputos” de la IA (tokens), educación permanente financiada por nuevos mecanismos, propiedad cooperativa o comunitaria de ciertas plataformas, etc., son algunos mecanismos que requieren exploración, prototipos y marcos de posibilidad. La abundancia debiera servir para que el origen de los proyectos de vida de las personas partan de mejores condiciones para todos.</p><p>En materia de distribución, es decir en la producción y circulación del valor que el capitalismo industrial supo impulsar exitosamente, quizás sea sensato asumir que el crecimiento, la productividad, la rentabilidad y el salario, ya no sean los grandes (o únicos) motores en una economía de la abundancia. ¿Qué nos quedará entonces? No lo sabemos. Pero probablemente una mixtura creativa que habrá que develar y construir entre negocios más dinámicos montados sobre la infraestructura de la IA, servicios universales de alta calidad, mayor trabajo independiente y flexible sin salarios fijos, mecanismos de ingresos universales que se puedan financiar y remuneraciones por contribuciones sociales no tradicionales que podamos inventar: cuidado, mentoría, aprendizaje comunitario, regeneración ambiental, creación cultural, etc.</p><p>Finalmente, la redistribución también requiere nuevas ideas. Aún en un marco de abundancia habrá escaseces que arbitrar: tierra, viviendas, energía, atención humana, prestigio, poder político, infraestructura, datos, control tecnológico. Los mecanismos redistributivos, que tanto debate ideológico suelen generar, deberán ser recreados. Por ejemplo: impuestos a rentas extraordinarias de automatización, nuevas reglas antimonopólicas, financiamiento de bienes públicos, fondos de transición laboral y territorial, impuestos al uso intensivo de recursos naturales y energía, etc.</p><p>En definitiva, creamos o no en el pronóstico de Elon, tenemos la responsabilidad de pensar modelos posibles que podríamos construir a partir de ese estado de abundancia que puede llegar de la mano de inteligencias humanas y artificiales combinadas. Una economía de la sabiduría montada sobre la IA es posible. Pero no llegará como un regalo automático de la tecnología. Será una construcción institucional, cultural y política. La IA puede reducir costos, automatizar tareas y multiplicar productividad. Pero no puede decidir por sí sola qué significa progreso, cómo construir dignidad, cómo se reparte el poder o para qué queremos liberar tiempo humano. Esa es la conversación postcapitalista urgente: no cómo reemplazar el trabajo, sino cómo rediseñar la sociedad cuando el trabajo ya no alcance para distribuir ingreso, identidad y futuro.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/6Qd9dG7U7-mRmSs0CahFEY02iBc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/01/elon_musk.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Lo único que no se debería hacer con el legendario Elon es ignorarlo. Sabemos que su mente funciona a otra velocidad, que sus conexiones neuronales fl...]]>
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                                <updated>2026-04-28T16:56:30+00:00</updated>
                <published>2026-04-28T16:56:29+00:00</published>
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