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    <title>El Eco de Tandil</title>
    <subtitle>Entrevistas exclusivas y contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Tandil.</subtitle>
    <updated>2026-04-28T16:49:50+00:00</updated>
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            La deuda cognitiva en tiempos de inteligencia artificial
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                <![CDATA[Carina Cabo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/77Ln9NvTQTugURT4W4ol3HSq4Fk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/04/observatorio_de_inteligencia_artificial_en_la_educacion.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por estos días, mientras la inteligencia artificial avanza a una velocidad sin precedentes, las estadísticas sacuden los sistemas educativos de América Latina: más de la mitad de los estudiantes no alcanza niveles mínimos de comprensión lectora y una proporción alarmante no logra resolver operaciones matemáticas básicas. Días pasados, la UNESCO para América Latina y el Caribe creó el Observatorio de Inteligencia Artificial en la Educación, una plataforma regional orientada a apoyar a los Estados en la integración de la inteligencia artificial con la educación, con un enfoque centrado en la equidad, la calidad y el desarrollo sostenible.</p><p>En la presentación, su directora señaló que irrupción de la IA debe asegurarnos que se traduzca en más y mejores oportunidades para todas y todos. En un contexto de crisis de aprendizajes y rápida adopción tecnológica, planteó que debemos actuar con urgencia, pero también con responsabilidad ética y sentido pedagógico, para que la inteligencia artificial fortalezca los aprendizajes, apoye la labor docente y contribuya a cerrar, y no ampliar, las brechas existentes.Hoy por hoy, la inteligencia artificial no viene a resolver los problemas de la educación, tampoco a reemplazarla; pero sí viene a exponer sus deudas. Entre ellas, una especialmente crítica: la deuda cognitiva. Sin comprensión profunda, sin pensamiento crítico, sin capacidad de argumentar, la IA no amplifica capacidades humanas, sino que las reemplaza.</p><p>Está demostrado que los estudiantes con base educativa sólida, con el uso de la IA, amplifican y expanden sus capacidades cognitivas. Ahora bien, quienes no tienen una base educativa sólida, la usan como sustituto y le delegan el razonamiento. Por tanto, la brecha más que tecnológica, es didáctica.La pregunta clave es: “¿cómo usar pedagógicamente una tecnología que ya está transformando la forma de aprender, enseñar y producir conocimiento?”</p><p>Durante este último tiempo, el debate educativo quedó atrapado en falsas dicotomías: prohibir o permitir el uso de tecnologías en el aula. Pero esa discusión hoy resulta insuficiente. La verdadera pregunta no es si los estudiantes usan inteligencia artificial, sino si la escuela les está enseñando a pensar con ella.El Observatorio de la UNESCO plantea un cambio de enfoque: no se trata de incorporar herramientas, sino de construir condiciones. Esto implica asumir que el valor pedagógico de la IA no está en el algoritmo o en la información que aporta, sino en las decisiones didácticas que la orientan. Sin un marco pedagógico sólido, la innovación tecnológica puede profundizar desigualdades en lugar de reducirlas.</p><p>En este escenario, se vuelve imprescindible avanzar en algunas direcciones. Por un lado, tener claro los aprendizajes fundamentales. La lectura, la escritura y el pensamiento crítico no son habilidades del pasado, sino la base sobre la cual cualquier tecnología adquiere sentido. Sin ese piso, la inteligencia artificial deja de ser una aliada y se convierte en un atajo que debilita el aprendizaje.Pero, por otro, se necesita formar docentes no solo en el uso de esta y otras herramientas, sino sumar criterio pedagógico. La clave no es saber “usar IA”, sino decidir cuándo, cómo y para qué integrarla en una propuesta de enseñanza. En la era de “todo dado” enseñar no es explicar mejor, sino hacer pensar más. Para ello, se requiere un docente capacitado para actuar como curador, mediador y formador de pensamiento, menos transmisor y más diseñador de experiencias.</p><p>A su vez, es fundamental promover una alfabetización digital crítica que vaya más allá de lo instrumental. Comprender cómo funcionan los algoritmos, reconocer sesgos, interpretar resultados y cuestionar respuestas se vuelve tan importante como saber leer y escribir en otros momentos de la historia.Asimismo, entender que la IA no es neutral, sino que reproduce lógicas, prioridades y sesgos de quienes la diseñan. Por eso, América Latina tiene un desafío estratégico: no limitarse a consumir tecnología, sino producir conocimiento situado, que contemple su diversidad cultural y sus realidades sociales.</p><p>Finalmente, es necesario redefinir el rol de la escuela. Ya no como espacio de transmisión de información -función que hoy cualquier dispositivo puede cumplir- sino como lugar de construcción de sentido, de encuentro con otros, de desarrollo de pensamiento y ciudadanía.La inteligencia artificial llegó para quedarse. Pero su impacto no está escrito de antemano. Dependerá de las decisiones que tomemos hoy. El riesgo no es que las máquinas piensen como humanos, sino que los humanos dejemos de pensar.</p><p>Porque si la educación no asume el desafío de formar sujetos capaces de cuestionar, comprender y transformar el mundo que habitan, la inteligencia artificial no será una herramienta de emancipación, sino una nueva forma de dependencia.Educar, hoy más que nunca, es enseñar a pensar incluso cuando todo parece pensar por nosotros.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/77Ln9NvTQTugURT4W4ol3HSq4Fk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/04/observatorio_de_inteligencia_artificial_en_la_educacion.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Por estos días, mientras la inteligencia artificial avanza a una velocidad sin precedentes, las estadísticas sacuden los sistemas educativos de Améric...]]>
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                <updated>2026-04-28T16:49:50+00:00</updated>
                <published>2026-04-28T16:47:13+00:00</published>
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            Re-Suena: cuando la cultura se convierte en política de cuidado
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                <![CDATA[Carina Cabo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/tf8VabgxMWy1JNPMFaoBxcJQFq0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/resuena.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En tiempos de fragmentación social, discursos de odio y exclusión, y profundas desigualdades territoriales, las políticas culturales dejan de ser un “complemento” para convertirse en un eje estratégico del desarrollo humano. El programa provincial Re-Suena, territorios de creación sonora, impulsado por el Ministerio de Cultura de Santa Fe, es un ejemplo potente de cómo la cultura, articulada con una mirada educativa, puede transformar trayectorias vitales, fortalecer comunidades y abrir horizontes de futuro para jóvenes que crecen en contextos de alta vulnerabilidad.</p><p>Lejos de la lógica asistencialista, Re-Suena apuesta por la formación, la creación, la profesionalización y la circulación real de la producción artística. Jóvenes de entre 16 y 30 años, provenientes de más de 38 barrios de Rosario y localidades cercanas, participan en trayectos formativos que integran composición, técnica vocal, producción musical, improvisación, puesta en escena, derechos de autor y distribución digital. No se trata solo de “hacer música”, sino de construir un oficio, una identidad y un proyecto de vida.</p><p>La evidencia internacional es clara: el acceso sostenido a experiencias culturales de calidad impacta directamente en el desarrollo cognitivo, emocional y social de niños, niñas y jóvenes. Investigaciones de UNESCO, CEPAL y la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) muestran que los programas culturales comunitarios reducen la deserción escolar, fortalecen la autoestima, mejoran las habilidades socioemocionales y disminuyen la exposición a situaciones de violencia (UNESCO, 2019; CEPAL, 2022; OEI, 2021)</p><p>Re-Suena encarna esta perspectiva: la cultura como dispositivo pedagógico, preventivo y reparador. Allí donde el Estado llega con micrófonos, estudios de grabación y espacios de escucha, disminuyen la soledad, el abandono y la sensación de no tener futuro. La música opera como lenguaje identitario, como forma de narrar lo vivido, pero también como herramienta de resignificación del dolor y de construcción colectiva de sentido.</p><p>El derecho a la cultura En contextos de desigualdad, el derecho a la cultura adquiere un sentido reparador y transformador. Garantizarlo en los barrios populares significa democratizar, fortalecer identidades y abrir horizontes de futuro. Sn dudas, sin acceso a la cultura, se restringen otras libertades básicas: la circulación de la palabra, la imaginación, la construcción de proyectos, el sentido de pertenencia y la participación en la sociedad. Y así lo establece el Artículo 27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (ONU): “Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten”. Idea que se reafirma en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (ONU), que obliga a los Estados a garantizar condiciones reales para su ejercicio.</p><p>Es por eso que uno de los aspectos más valiosos del programa es su anclaje territorial. El Estado destaca y rescata saberes, estéticas, lenguajes y culturas que históricamente han sido invisibilizadas. El freestyle, el rap, el trap, el hip hop y el RKT no son solo géneros musicales: son narrativas sociales contemporáneas, modos de contar la calle, el barrio, los miedos, los sueños y las injusticias. Al legitimar estas expresiones, se reconoce el derecho a la palabra de juventudes que muchas veces solo son nombradas desde el estigma o la sospecha.</p><p>Está claro que la desigualdad cultural no se resuelve acercando bienes culturales tradicionales, sino creando condiciones para que cada sujeto pueda producir cultura desde su propia experiencia. En este sentido, hay una presencia estatal que acompaña procesos creativos auténticos, diversos y profundamente situados. Este programa también invita a repensar la noción clásica de educación. Los talleres, las grabaciones en la Plataforma Lavardén y la vinculación con el Instituto Nacional de la Música configuran una educación expandida, donde el aprendizaje ocurre fuera de la escuela, pero con igual o mayor impacto formativo.</p><p>La pedagogía contemporánea reconoce el valor de los entornos educativos no formales como espacios privilegiados para el desarrollo de competencias clave del siglo XXI: creatividad, trabajo colaborativo, pensamiento crítico, comunicación, autorregulación emocional y ciudadanía cultural. En Re-Suena, los jóvenes aprenden a producir, grabar, distribuir, gestionar derechos y construir identidad artística. Aprenden, sobre todo, a confiar en sí mismos, a trabajar con otros, a sostener procesos, a proyectarse. Allí se juega una dimensión educativa profunda: la educación del deseo, de la esperanza y de la dignidad.</p><p>Políticas culturales que salvan futuros Es por eso que, en contextos atravesados por la violencia urbana, la exclusión y la precarización, las políticas culturales no son un lujo: son una estrategia central de prevención, inclusión y desarrollo social. Estudios del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) muestran que los programas artísticos comunitarios reducen significativamente los indicadores de conflictividad social y fortalecen el entramado comunitario.</p><p>En ese sentido, la ministra de Cultura, Susana Rueda, planteó que el programa surgió en el 2024 al percibir en los barrios de Rosario la gran necesidad que hay de expresión cultural, sobre todo de jóvenes en grave estado de vulnerabilidad. Señala convencida que la cultura rescata y sirve para reparar, en algunos casos, vidas oscuras y difíciles de sobrellevar.</p><p>Por otro lado, el director de Integración Territorial y Comunitaria del Ministerio de Cultura, Gino Svegliati, señaló que se pudo consolidar una política que tiene como mirada a jóvenes que constantemente encuentran tensiones entre los desafíos que les presenta la calle, pero también, por otro lado, el acercamiento con situaciones de violencia que muchas veces los atraviesan, siendo víctimas o partícipes de situaciones vinculadas al delito. Con este programa -subrayó- se está pudiendo dar esa batalla cultural, convocando a esos jóvenes a pensar proyectos de vida que sean colectivos, que sean con otros y que tomen a la música como eje central. Es así que, durante el transcurso de ese recorrido, 67 artistas emergentes participaron de 60 grabaciones. Y remarcó que se pudo inaugurar una sala de grabación pública y los beneficiarios del programa grabaron casi 70 temas. Además, al tener una vinculación con el Instituto Nacional de la Música (Inamu), las producciones se suben a plataformas digitales para poder recibir una retribución por la tarea realizada.</p><p>A su vez, el coordinador del programa, Juan Manuel Verdún, precisó que se trabaja en la composición y estructura de la canción y en herramientas vinculadas a la improvisación y el desenvolvimiento escénico para las denominadas “Batallas de Freestyle” y “Batallas escritas”.</p><p>Re-Suena es, en este sentido, una política de cuidado integral: cuida las trayectorias, cuida los vínculos y cuida los sueños. Y lo hace desde una lógica profundamente democrática: garantizando el acceso a bienes simbólicos, tecnológicos y formativos que, de otro modo, quedarían reservados para sectores privilegiados.</p><p>Invertir en cultura y educación en los barrios es apostar por una sociedad más justa, más pacífica y más creativa. Es comprender que cada joven que encuentra un micrófono, un escenario o un estudio de grabación, es un joven menos capturado por las redes del delito, la desesperanza o la exclusión.</p><p>Re-Suena nos recuerda que no hay transformación social sin transformación cultural, que no hay seguridad sin inclusión y que no hay futuro sin educación. Y, sobre todo, que cuando el Estado decide estar presente con inteligencia, sensibilidad y compromiso, la música puede convertirse en puente, refugio y motor de cambio. Porque, al final, no se trata solo de formar artistas, sino de habilitar futuros posibles.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/tf8VabgxMWy1JNPMFaoBxcJQFq0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/resuena.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En tiempos de fragmentación social, discursos de odio y exclusión, y profundas desigualdades territoriales, las políticas culturales dejan de ser un “...]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-03-03T16:40:06+00:00</updated>
                <published>2026-03-03T16:30:47+00:00</published>
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            Pantallas tempranas, infancia en riesgo
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                <![CDATA[Carina Cabo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/o-bSrEe9upBwaBEe_pMzhSMYZto=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/01/pantallas.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El debate sobre el uso del celular en niños y adolescentes suele quedar atrapado entre dos posiciones extremas: la prohibición o la entrega temprana sin control. Mientras tanto, la evidencia científica avanza más rápido que nuestras decisiones. Hoy, sabemos que el celular impacta fuertemente en las infancias, la cuestión es preguntarnos qué estamos dispuestos a hacer como adultos para proteger a los más chicos.</p><p>Según datos de UNICEF y estudios regionales, el acceso a teléfonos inteligentes con conexión a Internet se produce cada vez a edades más tempranas en nuestro país; en general, antes de los 11 o 12 años, incluso en contextos de alta vulnerabilidad. El celular aparece como objeto de inclusión, de control parental o de pertenencia social. Sin embargo, también se convierte en una puerta de entrada a un ecosistema digital que no fue diseñado para que los niños accedan en soledad.</p><p>En cuanto a la adolescencia, los jóvenes transitan aulas atravesadas por notificaciones, recreos en silencio y noches de insomnio iluminadas por pantallas. Los efectos comienzan a ser visibles: aumento de la ansiedad, dificultades de atención, trastornos del sueño, conflictos vinculares y una exposición creciente al ciberacoso y a contenidos inapropiados. Las investigaciones internacionales advierten que el impacto es diferencial y más profundo en las mujeres, donde se intensifican los mandatos estéticos, la comparación permanente y la violencia simbólica en redes. Sin embargo, también hay estudios nacionales que señalan que los varones acceden a juegos en línea donde no solo arriesgan dinero, sino su salud física y mental.</p><p>Controlar el uso de pantallas no significa demonizar la tecnología ni desconocer su potencial educativo; implica reconocer que la infancia necesita mediación adulta, tiempos protegidos y límites claros. Es común que las familias entreguen un celular por miedo: miedo a que el hijo “quede afuera”, miedo a no poder localizarlo, miedo a no saber cómo acompañar. El problema no es la decisión individual, sino la ausencia de un acuerdo social que alivie esa presión.</p><p>Experiencias como las impulsadas por el movimiento Adolescencia Libre de Móviles en España muestran que cuando las familias acuerdan retrasar la entrega del smartphone, el cambio es posible. No se trata de copiar modelos, sino de pensar una respuesta situada: pactos escolares, acuerdos comunitarios, regulación del uso en las escuelas y alternativas tecnológicas más seguras para el contacto cotidiano.</p><p>La escuela ocupa un lugar estratégico en este debate porque es el espacio donde el uso del celular genera más tensiones. Por un lado, se puede enseñar el buen uso de las pantallas y a pensar críticamente el mundo digital. Pero, también, por otro lado, se puede prohibir tenerlo en mano durante toda la jornada como una decisión de cuidado y de derecho a aprender sin interrupciones. Y, sobre todo, como posibilidad de socialización con los pares, mandato fundamental de la institución escolar.</p><p>Las plataformas digitales operan sin fronteras, pero los daños son locales, concretos y cotidianos. Regular el acceso a redes sociales, exigir verificación real de edad y reconocer el uso problemático como una cuestión de salud pública son debates que no se pueden seguir postergando.</p><p>Mientras discutimos entre prohibir o soltar, los más chicos siguen expuestos a un mercado digital que no espera ni protege. Por lo tanto, controlar el uso del celular es asumir que cuidar también es decir “todavía no”; no se trata solo de vigilar que hacen en las pantallas, sino de proteger el tiempo, el cuerpo y el deseo de crecer sin apuro.</p><p>Educar en tiempos digitales evita moldear usuarios precoces y permite formar sujetos críticos capaces de esperar, de elegir y de aceptar límites. La infancia no necesita más pantallas, necesita más adultos dispuestos a asumir el costo de educarlos con el ejemplo cotidiano porque ningún algoritmo puede reemplazar la presencia, la palabra y los momentos compartidos.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/o-bSrEe9upBwaBEe_pMzhSMYZto=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/01/pantallas.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El debate sobre el uso del celular en niños y adolescentes suele quedar atrapado entre dos posiciones extremas: la prohibición o la entrega temprana s...]]>
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                <updated>2026-01-13T16:10:08+00:00</updated>
                <published>2026-01-13T16:06:29+00:00</published>
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            Dar lugar a los entretiempos en la sociedad del cansancio
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                <![CDATA[Carina Cabo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ogLa1JKch7BDlwRKTegrHdnXkak=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/12/multitasking.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Vivimos en una sociedad que está obsesionada con el rendimiento y la productividad. Si no lo conseguimos, no solo nos agotamos, sino que, a su vez, puede derivar en la pérdida de sentido, en cuadros depresivos y en un sentimiento de vacío profundo. La competencia constante y la aceleración transforman la vida en una carrera con fines superfluos o sin meta aparente, una especie de desgaste interno que erosiona el bienestar mental.</p><p>Son tiempos donde los viejos valores y creencias parecen dar paso a una vida marcada por la rapidez, la sobrecarga de información y la presión por rendir. En este sentido, el filósofo Byung-Chul Han reflexiona sobre la sociedad del cansancio y, en su libro homónimo, nos invita a cuestionarnos qué significa experimentar un agotamiento permanente, no solo físico, sino también espiritual y emocional, que ha llegado a convertirse en una característica definitoria de nuestra época.</p><p>Han señala que hemos pasado de la sociedad disciplinaria, propia del siglo XX, a una sociedad de rendimiento, donde la principal variable es la eficiencia y la productividad individual. Los sujetos dejan de ser simplemente obedientes para convertirse en sujetos de rendimiento, emprendedores de sí mismos, que maximizan su propia productividad y eficiencia.</p><p>El filósofo retoma el concepto de sociedad disciplinaria, descrita por Foucault, caracterizada por tener instituciones rígidas como hospitales, cárceles y cuarteles que crean muros y límites que definen lo normal y lo anormal. En ella, el control se ejerce a través de la disciplina y los individuos son considerados sujetos de obediencia. La escuela y la fábrica también son parte de ese tipo de sociedad donde el poder se ejerce, aunque de manera más sutil. En palabras del autor: “a la sociedad disciplinaria la rige el no. Su negatividad genera locos y criminales. La sociedad de rendimiento, por el contrario, produce depresivos y fracasados”.</p><p>En definitiva, en este nuevo milenio el poder funciona positivamente, incentivando la actuación y el hacer, en lugar de simplemente prohibir o limitar como tiempo atrás.</p><p>Y, hoy por hoy, los sujetos son impulsados a desarrollar su potencial y a maximizar su eficiencia, lo cual genera una forma de autoexplotación, donde la disciplina se internaliza y el control se vuelve más tenue pero también más invasivo. A su vez, Byung-Chul Han advierte que el multitasking y también los juegos digitales llevan a estar siempre atentos, hecho semejante al estado de la vigilancia de un animal salvaje.</p><p>Entonces, el estado permanente de cansancio en la sociedad del rendimiento tiene profundas implicaciones para la salud mental. Este cansancio no es simplemente agotamiento físico, sino una especie de agotamiento del alma, de fatiga espiritual que surge del agotamiento excesivo y de la sobrecarga de positividad y rendimiento continuo. La sociedad de rendimiento produce un cansancio a solas, que aísla y divide a las personas, generando un agotamiento profundo y, en muchos casos, llevando a estados y enfermedades psíquicas como la depresión y el burnout. El autor retoma a H. Arendt, quien señala que la sociedad actual degrada al ser humano en animal laborans, que se autoexplota voluntariamente, sin coacción externa, siendo al mismo tiempo verdugo y víctima.</p><p>Pero, ¿qué pasa cuando el cansancio deja de ser un mal pasajero y se vuelve un estado permanente? Datos, tanto teóricos como cotidianos, indican que este tipo de extenuación puede conducir a una pérdida de vínculos auténticos, a una especie de silencio interior que impide conectar con uno mismo y con los demás desde una forma de ser más pausada y consciente. Nos enfrentamos, entonces, a un desafío: ¿cómo podemos aprender a escuchar el llamado del cansancio en su forma más profunda, sin dejar que nos destruya, sino permitiéndonos encontrar en él un espacio para el descanso auténtico?</p><p>La respuesta quizás pase por cuestionar la velocidad a la que vivimos y recuperar espacios de reflexión, contemplación y relación con otros que nos ayuden a detenernos, aunque sea momentáneamente, en medio de la vorágine cotidiana.</p><p>En ese marco, Han nos invita a hablar de ese cansancio profundo para abrir una puerta hacia una forma de comunidad más genuina, basada en la empatía y la presencia, en contraposición a la fruición del rendimiento sin límites.</p><p>Porque, en última instancia, entender el cansancio como una señal y no solo como un enemigo, podría ser la clave para encontrarnos a nosotros mismos en un mundo que no para de exigir que seamos siempre más, siempre mejores. La auténtica salud mental quizá consista en aprender a saborear la pausa y en aceptar que el descanso no es una derrota, sino un acto de resistencia.</p><p>Quizás sea momento de abrirnos y tolerar aburrirnos. Al respecto, Walter Benjamin describió el aburrimiento profundo como “el pájaro de sueño que incuba el huevo de la experiencia”; y soportarlo permite la invención de un movimiento totalmente nuevo donde la capacidad contemplativa permite el acceso a lo flotante, a lo volátil y a las formas lentas y duraderas que nos permite ver la vida de otra manera.</p><p>Nietzsche advertía que la falta de sosiego lleva a una “nueva barbarie” y que es necesario el fortalecimiento del elemento contemplativo. Sostenía que es fundamental aprender a mirar, acostumbrar el ojo a mirar con calma y con paciencia, con atención profunda y contemplativa, para una mirada larga y pausada. Y este aprender a mirar lleva a la espiritualidad.</p><p>En días de balance y de descanso, quizás podamos reflexionar de qué manera podemos bajar el ritmo, resistir la lógica del rendimiento y reconectar con la vida más tranquila; desactivar el “sí puedo” a todo y aceptar las propias limitaciones y aprender a decir “no puedo” y mostrarnos más humanos; reconectar con la quietud y la pausa, encontrar momentos de no hacer y de pensar en profundidad, detenerse a pensar para no dejarse llevar por la vorágine.</p><p>Quizás el camino sea dejar de lado el enojo, que no abre posibilidades a ningún cambio decisivo o alejarse unos días de las redes sociales y de la lógica del mérito y la productividad para encontrar el gozo en lo simple, en aquello que nos gusta o nos hace felices.</p><p>No se trata de abandonar el mundo, sino de habitarlo de otro modo; de tener otro ritmo, de volver a la conversación sin prisa, al pensamiento que se demora, al cuerpo que pide tregua.</p><p>En tiempos de cansancio crónico, elegir la pausa no es un lujo ni una debilidad, es una forma profunda de lucidez. Y tal vez, también, el primer paso para recuperar el sentido.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ogLa1JKch7BDlwRKTegrHdnXkak=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/12/multitasking.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Vivimos en una sociedad que está obsesionada con el rendimiento y la productividad. Si no lo conseguimos, no solo nos agotamos, sino que, a su vez, pu...]]>
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                <updated>2025-12-30T16:00:13+00:00</updated>
                <published>2025-12-30T15:53:38+00:00</published>
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            La educación entra al mundo de las empresas
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                <![CDATA[Carina Cabo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pAKYSSW_EYe20Q6man6r4fKfswg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/11/formacion_continua_empresas.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En un contexto laboral cada vez más desafiante, integrar la mirada educativa en los espacios empresariales permite generar bienestar, aprendizajes y compromiso social. Bajo esa premisa, hace dos años, comenzamos una experiencia pionera con IRT Medicina para empresas, demostrando que las compañías también pueden aprender y, de esa manera, mejorar su servicio. Así nació, luego de un trabajo de acuerdos con los responsables de la empresa, el proyecto de capacitación interna para todo el personal, un curso de formación en Salud empresarial, una experiencia que unió la mirada médica con la educativa para formar los equipos empresariales comprometidos con el cuidado y la prevención de la salud en las empresas en las que ofrecían su servicio de medicina laboral.</p><p>A partir de reuniones de planificación propusimos coordinar y ejecutar un programa, junto a la médica María Emilia Dip, que integrara el conocimiento científico y empresarial en temáticas como gestión del ausentismo, liderazgo en salud, riesgos psicosociales, higiene y seguridad y otras competencias generales y específicas del profesional de la salud, tales como habilidades blandas y comunicacionales. Los módulos fueron dictados por destacados profesionales del área, tal es el caso del Dr. Ariel Sasia, Lic. Georgina Rampini, Dr. Martin Alfaro, Dra. Rita Martinez, Lic. Lucia Dacosta y Lucia Padilla, entre otros; de ese modo se buscó continuar brindando el mejor servicio a los clientes, aprovechando los 40 años de trayectoria y experiencia que respaldan a la compañía.</p><p>Como coordinadora pedagógica, mi participación, junto a la coordinadora académica, incluyó el contacto y los acuerdos con dichos profesionales para comprender las problemáticas reales del entorno laboral, la gestión y organización del material teórico específico de salud y la coordinación de la escritura de los contenidos formativos basados tanto en bibliografía especializada como en testimonios y experiencias de campo.</p><p>Más allá de organizar el marco teórico, propusimos estrategias metodológicas activas que permitieran transformar la información en aprendizaje y cada módulo incluyó actividades evaluativas y reflexivas, con el objetivo de que los participantes pudieran llevar los contenidos a su práctica cotidiana.</p><p>Las palabras de José Chorzepa, presidente de la compañía, reflejan el éxito de la experiencia: “En IRT creemos firmemente en la inversión en capacitación de nuestro capital humano como pilar fundamental para el crecimiento y la excelencia empresarial. Nos enfocamos en el desarrollo del talento interno, reconociendo que nuestro equipo es el motor de nuestra compañía. Sin embargo, también entendemos la importancia de llevar todo nuestro conocimiento al resto de la sociedad y profesionales que aún no forman parte de IRT. Creemos en la responsabilidad de compartir nuestro saber hacer para contribuir al crecimiento y desarrollo de la comunidad en general, generando un impacto positivo en la sociedad“.</p><p>Es por eso que este proyecto derivó luego en la creación de una Diplomatura Universitaria en Salud para empresas, con el aval del Instituto Universitario Italiano Rosario (IUNIR), con una propuesta académica de posgrado que consolidó la alianza entre educación, salud y empresa. En este nuevo espacio, la mirada pedagógica cumplió un rol clave permitiendo diseñar experiencias significativas, promover el aprendizaje entre profesionales de la salud y generar cultura organizacional.</p><p>El trabajo de un especialista en educación dentro del ámbito empresarial es fundamental porque las ayuda a aprender de sí mismas, a interpretar sus dinámicas y acompaña la construcción de comunidades laborales más capacitadas, empáticas y sostenibles.</p><p>Cuando las empresas se piensan como espacios de aprendizaje, el trabajo deja de ser solo un lugar de rendimiento y se transforma en un territorio de desarrollo humano. Allí, la educación se vuelve un puente: entre la salud y la productividad, entre las personas y sus proyectos, entre la organización y su propósito.</p><p>La formación continua en las empresas no es solo una estrategia de mejora interna: es una manera de cuidar. Invertir en educación dentro del ámbito laboral no solo optimiza los servicios, sino que también fortalece el compromiso social de las organizaciones.</p><p>En un mundo donde el conocimiento se vuelve el recurso más valioso, las empresas que aprenden marcan la diferencia: porque al educar, también transforman.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pAKYSSW_EYe20Q6man6r4fKfswg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/11/formacion_continua_empresas.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En un contexto laboral cada vez más desafiante, integrar la mirada educativa en los espacios empresariales permite generar bienestar, aprendizajes y c...]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2025-11-18T17:15:04+00:00</updated>
                <published>2025-11-18T17:09:06+00:00</published>
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            Ciudades que educan
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                <![CDATA[Carina Cabo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/G274izx-MS3G4VYrljTJTEUYG1Y=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/11/educacion.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Vivimos en un tiempo en que las ciudades ya no pueden pensarse únicamente desde la planificación urbana o el desarrollo económico. La innovación que necesitan no es solo tecnológica, sino también ética y emocional. Y serán inteligentes en la medida en que promuevan la convivencia, la creatividad y el sentido de pertenencia.</p><p>Cada ciudad cuenta una historia, nuestra historia, la que se escribe cada día en las veredas que caminamos, en los parques que elegimos cuidar —o descuidar—, en la forma en que saludamos al vecino o respetamos el semáforo.</p><p>Entonces, hoy, en pleno siglo XXI, necesitamos pensar la ciudad no solo como un espacio para vivir, sino como un espacio abierto que educa, que enseña y aprende junto a su gente. En ese sentido, cada decisión urbana tiene un efecto pedagógico: una plaza abierta enseña más que mil discursos; una vereda accesible enseña sobre empatía o un mural sobre memoria y comunidad.</p><p>Es por ello que es necesario hablar de la ciudad como proyecto educativo y ético, capaz de formar ciudadanía, promover sentido de pertenencia y fomentar un aprendizaje colectivo fundamental: cómo vivir mejor juntos.</p><p>Una ciudad educadora no debe dejar a nadie afuera. En ese sentido, la inclusión no debe ser un programa, sino una cultura.</p><p>Significa diseñar espacios que inviten a participar, a pertenecer, a aprender unos de otros. Y si bien las ciudades deben incluir, algunas excluyen. Y esas desigualdades urbanas se reflejan en los mapas, pero también en lo que se siente en la piel, en el barrio que no tiene transporte, en la escuela sin conectividad o en la plaza donde el miedo reemplaza al encuentro.</p><p>Entonces, en tiempos de aislamiento emocional y de hiperconexión digital, necesitamos ciudades que vuelvan a educar en lo humano, en lo comunitario, en el encuentro cara a cara.</p><p>El desafío es claro: educar el futuro que habitamos para formar ciudadanos conscientes de que cada acción local tiene impacto global.</p><p>En ese marco, el próximo 14 de noviembre, se llevará a cabo el VIII Encuentro de la Red argentina de Ciudades Educadoras, con el lema: Ciudad Educadora, aula en acción: la innovación como pilar de la transformación. El evento está organizado por el Gobierno de la Ciudad de San Justo (Santa Fe) en conjunto con la Delegación para América Latina de la Asociación Internacional de Ciudades Educadoras, la cual opera con más de 90 ciudades.</p><p>Es de destacar que, en los últimos años, la Municipalidad de San Justo ha priorizado la educación como eje central de su estrategia de gobierno bajo un enfoque integral que abarca desde la primera infancia hasta adultos mayores, promoviendo así el aprendizaje a lo largo de la vida y la educación en todas sus formas. Es en función de esa idea-fuerza que ese día trabajaremos 3 ejes: la sostenibilidad, enfocando en experiencias que busquen generar una conciencia ambiental y promuevan el desarrollo sostenible; la inclusión, donde las ciudades presentarán programas o iniciativas orientadas a la eliminación de barreras físicas, sociales y comunicacionales, asegurando un entorno educativo equitativo para todos y, por último, la innovación para la transformación educativa donde se expondrán experiencias de diseño y construcción de nuevos espacios de aprendizaje, nuevas metodologías de ABP, laboratorios, hackathons, entre otras.</p><p>Y, al ser parte de Asociación Internacional de Ciudades Educadoras, San Justo ha ido consolidando su compromiso con la educación, manifestado en la formación de equipos técnicos especializados, la implementación de iniciativas para promover un aprendizaje inclusivo, la revitalización del rol de las familias y comunidades, la expansión del acceso a nuevas tecnologías y la mejora continua de la calidad educativa.</p><p>Las ciudades del futuro no serán las más tecnológicas, sino las más humanas, las que logren enseñar a incluir y aprender juntas. Porque una ciudad que educa, cuida y protege a los ciudadanos.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/G274izx-MS3G4VYrljTJTEUYG1Y=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/11/educacion.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Vivimos en un tiempo en que las ciudades ya no pueden pensarse únicamente desde la planificación urbana o el desarrollo económico. La innovación que n...]]>
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                <updated>2025-11-11T17:25:02+00:00</updated>
                <published>2025-11-11T17:16:38+00:00</published>
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            Empresas y educación: un compromiso compartido
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                <![CDATA[Carina Cabo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Lr4L0ASPDnTG6gNSkJ2LwkIbsCA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/09/educacion.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En un mundo que cambia aceleradamente, con avances tecnológicos, desafíos y desigualdades persistentes, con nuevas competencias laborales, las empresas tienen una responsabilidad clave para construir, junto al Estado y la comunidad, una educación que lleve a transformaciones profundas. En ese marco, tienen un rol clave, pueden aportar recursos, innovación y compromiso para que los chicos aprendan mejor y los docentes puedan actualizarse.</p><p>¿Qué podrían hacer las compañías? Financiar capacitaciones en nuevas estrategias metodológicas para el aula, donar tecnología con capacitación para su uso, acompañar proyectos novedosos en escuelas y ofrecer asesoramiento profesional, entre otras acciones. Es una inversión en capital humano, ciudadanía y futuro.</p><p>En ese sentido, el programa “Leer Más, Compromiso Compartido” de la empresa Gerdau es un ejemplo concreto. Con voluntarios que leen en las aulas, con entrega de libros seleccionados por maestros y talleres de formación, logró sostener a lo largo de diez años una iniciativa que fomenta el hábito lector y fortalece la tarea docente. La clave fue continuidad, impacto y trabajo en red con la comunidad. Algunos de sus acciones más destacadas fueron la capacitación continua que llevamos a cabo junto a la Lic. en Letras Rocío Bressia, a más de cien docentes de escuelas primarias, de las localidades de Pérez, Soldini, Zavalla, entre otras, quienes participaron de encuentros de formación sobre lectura, escritura y literatura infantil que buscó fortalecer capacidades a lo largo del tiempo para mejorar la calidad y diversidad de las prácticas pedagógicas en aulas de 4° a 7° grado. La producción de los alumnos, una antología de más de 60 cuentos escritos por los niños en la escuela, se concretó en un libro impreso los cuales fueron donados a bibliotecas escolares.</p><p>Fuimos más allá de la edición de un texto y más profundo que una capacitación sobre la escritura de cuentos por parte de los más chicos, trabajamos con muchas idas y vueltas con los docentes para que la formación sea situada, contextualizada y acorde con las necesidades de las escuelas.</p><p>El haber sostenido el programa a lo largo de los años le dio legitimidad, permitió ajustes pedagógicos en diálogo con los maestros y maestras y fortaleció la confianza entre las escuelas y la comunidad.</p><p>Basándome en este tipo de experiencias, propongo algunas ideas de cómo las empresas pueden aportar aún más al sistema educativo. Diseñar proyectos con un tiempo mínimo de 3 a 5 años que permitan medir impacto, ajustar estrategias y consolidar resultados. A su vez, acompañar siempre con capacitaciones docentes con materiales para que las buenas prácticas no se queden en la teoría, sino que se integren la cotidianeidad del aula.</p><p>También se pueden lograr alianzas multisectoriales, vinculando con universidades, organismos gubernamentales, ONG, fundaciones y comunidades locales para sumar capacidades, legitimar acciones y ampliar escalas.</p><p>Otro aporte empresarial fundamental en estos tiempos en los que la escuela media no alcanza para formar futuros trabajadores, es conectar a profesionales de la empresa con estudiantes secundarios, acercándolos al mundo del trabajo y al desarrollo de habilidades blandas o específicas. Igualmente, se pueden proponer alianzas para la primera experiencia laboral: prácticas preprofesionales en condiciones dignas, que permitan a los jóvenes aplicar lo aprendido y descubrir vocaciones.</p><p>El futuro del trabajo ya está entre nosotros; la inteligencia artificial, los empleos verdes y las industrias creativas. La pregunta es si estamos preparando a niños y jóvenes para esos escenarios. Y allí el sector empresarial tiene una oportunidad histórica: dejar de ser un espectador y convertirse en protagonista de una revolución educativa que el Estado solo no puede sostener.</p><p>Cuando la empresa invierte en educación, no solo mejora su productividad, sino que también amplía las posibilidades de inclusión, reduce las desigualdades y fortalece la democracia. Porque educar es, en definitiva, el mejor negocio colectivo que podemos hacer como país que enfrenta brechas profundas. Por ende, esta alianza entre empresa, escuela y comunidad es estratégica: educar no es solo preparar para un trabajo, sino para una vida digna, para la participación activa y para el desarrollo de una sociedad más justa.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Lr4L0ASPDnTG6gNSkJ2LwkIbsCA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/09/educacion.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En un mundo que cambia aceleradamente, con avances tecnológicos, desafíos y desigualdades persistentes, con nuevas competencias laborales, las empresa...]]>
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                <updated>2025-09-23T17:25:03+00:00</updated>
                <published>2025-09-23T17:19:35+00:00</published>
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            Inteligencia artificial en la educación: una oportunidad para transformar el aula
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                <![CDATA[Carina Cabo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/_usEuC94QP57XNfLlOC6RMxh5O8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/08/educacion.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En los días que corren, la inteligencia artificial (IA) es utilizada asiduamente por los estudiantes, aunque aún queda mucho por hacer en capacitación docente para un buen uso pedagógico en el aula si lo que pretendemos es educar mejor. Lejos de ser una simple tendencia, ya es una realidad que ofrece múltiples ventajas que pueden potenciar el proceso de enseñanza y de aprendizaje, fomentando una educación más inclusiva, personalizada y eficiente.</p><p>Una de las principales ventajas de la IA es su capacidad para personalizar el aprendizaje.</p><p>A través de plataformas que utilizan algoritmos inteligentes, los docentes pueden adaptar contenidos a las necesidades o ritmos de cada alumno, facilitando una atención más individualizada y efectiva. Tal es el caso de poner voz a un texto para estudiantes con problemas visuales, por ejemplo.</p><p>Si bien ChatGPT es la herramienta más conocida, y por qué no la más utilizada entre los estudiantes –al menos así me lo admiten los padres en mis Charlas, quienes pagan por ella-, creo que es fundamental enseñar el uso de otros asistentes o plataformas en pos de que los alumnos aprendan mejor y no lo usen solo para “zafar” con las respuestas que solicita el maestro, sino que les implique un trabajo de construcción del saber.</p><p>A mi criterio, hay algunas IA, como Genially y Canva, entre otras, que están revolucionando la forma en que docentes y estudiantes interactúan en el aula, aportando beneficios significativos que merecen ser destacados.</p><p>Una de las ventajas de estas es la capacidad de crear contenidos interactivos y atractivos.</p><p>Por ejemplo, Genially permite diseñar presentaciones, infografías y recursos educativos participativos que capturan el interés de los alumnos y facilitan el aprendizaje activo. Su uso fomenta que las clases sean más dinámicas y motivadoras.</p><p>Por otro lado, Canva es una plataforma muy accesible y fácil de usar, que permite a docentes y estudiantes crear materiales visuales de calidad, como posters, fichas y recursos didácticos. Esto posibilitaría trabajos en pequeños grupos donde los alumnos deberían seleccionar información y tomar decisiones en conjunto para un trabajo práctico grupal.</p><p>Otra de las herramientas que ya utilizan los estudiantes universitarios es el Chat PDF, donde permite subir un documento con ese formato y se le solicita un resumen o información específica de forma sencilla o que haga preguntas referidas al texto. Esto posibilita sintetizar un tema de manera rápida.</p><p>Una interesante y fácil herramienta de gamificación es Kahoot, con la cual se puede hacer el aprendizaje divertido y participativo.</p><p>Y sin lugar a dudas, una IA muy interesante es Mappify, que permite crear mapas conceptuales a partir de ideas o temáticas complejas, facilitando la comprensión.</p><p>Sumado a lo antedicho, también hay asistentes virtuales que pueden brindar apoyo en tiempo real, con traducciones o subtítulos, o respondiendo consultas y reforzando conceptos de manera interactiva y accesible.</p><p>Me parece interesante destacar que la IA (siempre refiero a versiones gratuitas) facilita la personalización del contenido y ofrece actividades más lúdicas y creativas. De este modo, el aula se horizontaliza y se aprende de manera cooperativa y autónoma.</p><p>No obstante, es fundamental que la integración de estas tecnologías se realice con un enfoque crítico, fomentando en los estudiantes no solo habilidades digitales, sino también cognitivas y comunicativas para desenvolverse en una sociedad cada vez más compleja.</p><p>Las ventajas de la IA en el aula que puedo mencionar son concretas: colaborar entre compañeros de clase, hacer preguntas para encontrar respuestas, resolver problemáticas y desarrollar el pensamiento crítico, ya que podemos solicitarles a los estudiantes que analicen información compleja y tomen decisiones informadas. Es importante instarles a no tener miedo de cometer errores y utilizarlos como una oportunidad para aprender y mejorar.</p><p>No se trata del uso indiscriminado de la IA en clases, sino de tomarla como una herramienta más que motive y entusiasme a niños y jóvenes que viven en el mundo de hoy, cuya escuela sigue teniendo características del siglo XIX. Se trata de una aliada que complementa y enriquece el proceso educativo. Aprovechar sus ventajas nos permite preparar a las futuras generaciones para los desafíos de este siglo, promoviendo una educación más flexible, inclusiva y de calidad.</p><p>En definitiva, la combinación de la inteligencia artificial y estas plataformas de creación ofrece un panorama prometedor para transformar la educación, preparándonos para los desafíos de un mundo cada vez más digitalizado, pero nada de esto será posible si no capacitamos a los docentes en cómo implementarlo en la escuela. De aquí en más, las políticas educativas tienen la palabra.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/_usEuC94QP57XNfLlOC6RMxh5O8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/08/educacion.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En los días que corren, la inteligencia artificial (IA) es utilizada asiduamente por los estudiantes, aunque aún queda mucho por hacer en capacitación...]]>
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                <updated>2025-09-03T17:25:02+00:00</updated>
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            Qué es Aprender hoy: un debate necesario
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                <![CDATA[Carina Cabo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/_usEuC94QP57XNfLlOC6RMxh5O8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/08/educacion.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Los diversos escenarios en el siglo XXI plantean desafíos sin precedentes para el ámbito educativo. La irrupción de nuevas tecnologías, los cambios sociales acelerados y la creciente diversidad exigen que los sistemas educativos se transformen y adapten rápidamente a realidades complejas y en constante evolución. Este contexto obliga a repensar las prácticas pedagógicas y las formas de gestión educativa, incorporando nuevos modelos que respondan a las demandas de un mundo complejo y atravesado por la cultura digital.</p><p>En este sentido, es necesario replantearnos qué es APRENDER hoy. Para ello, se requiere analizar sobre las prácticas áulicas y los nuevos planteos en la construcción colectiva de alternativas pedagógicas innovadoras. A su vez, reflexionar sobre cómo estamos enseñando en pos de anticiparnos al futuro.</p><p>Una educación centrada en el aprendizaje que pueda anticipar y responder a los nuevos modos de aprender, formando ciudadanos para un futuro incierto y lleno de oportunidades, que aborde las pedagogías centradas en el estudiante, fomentando la autonomía, el pensamiento crítico y la creatividad.</p><p>En este contexto de creciente complejidad cultural, es necesario tener en cuenta los escenarios de diversidad y culturas inclusivas para que las instituciones educativas puedan garantizar una educación accesible, que promueva la equidad y las trayectorias significativas, analizando cómo las tecnologías y las políticas pueden integrarse para asegurar una mayor inclusión.</p><p>Ahora bien, el mundo evoluciona constantemente, y la educación no es ajena al impacto de las tecnologías emergentes. Es por ello que también es necesario debatir acerca de los desafíos y oportunidades de la transformación digital en la enseñanza, con énfasis en la construcción del conocimiento, los entornos virtuales, la innovación pedagógica y la calidad educativa en la era digital, qué cambios tecnológicos y digitales y qué tendencias emergentes están en juego.</p><p>Pero nada de esto será posible si la gestión y la política educativa no son flexibles en estos tiempos de cambio e incertidumbre. Para ello se deben gestionar recursos y desarrollar líneas de acción que respondan de manera dinámica a los desafíos de la educación contemporánea, desde la planificación estratégica hasta el liderazgo institucional.</p><p>Algunos temas urgentes de abordar deberían ser los 3 ABP: preguntas, problemas y proyectos, educar para el asombro, el uso de la IA en la escuela, sin olvidar algunas cuestiones que abren al debate, tales como: ¿por qué es necesario aprender conocimientos poderosos?, como se pregunta Tenti Fanfani o “¿y ahora qué vamos a hacer?”, como intenta responder Silvia Duschatzky desde una pedagogía de las tentativas.</p><p>Necesitamos buscar espacios de reflexión para la construcción colectiva de instancias pedagógicas innovadoras que analicen el presente y se anticipen al futuro. El debate es entre todos los que conformamos las instituciones educativas.</p>]]>
                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/_usEuC94QP57XNfLlOC6RMxh5O8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/08/educacion.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Los diversos escenarios en el siglo XXI plantean desafíos sin precedentes para el ámbito educativo. La irrupción de nuevas tecnologías, los cambios so...]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2025-08-12T18:54:29+00:00</updated>
                <published>2025-08-12T18:51:35+00:00</published>
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            Niños y adultos mayores frente a las pantallas
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                <![CDATA[Carina Cabo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/EnpHKFsIRBiFL1XS-E5qcYybol4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/04/adultos_mayores_tecnologia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>A partir del nuevo milenio, ha surgido una vida automatizada y conectada, que le permite a la sociedad una nueva manera de vivir. Casas inteligentes que abren y cierran sus puertas y ventanas automáticamente; canillas que riegan el jardín a la hora programada; microondas, o freezers y computadoras personales que logran una intercomunicación permanente son algunos de los elementos que darían cuenta de una vida fácil de llevar y, por qué no, más tranquila.</p><p>En ese marco, las tecnologías comenzaron a formar parte de la vida cotidiana y no podemos soslayarlas, ya que todos somos usuarios y protagonistas de espacios digitales. Sin embargo, es necesario reflexionar cómo enseñar su uso a los más chicos y a los adultos mayores para que puedan ser parte.</p><p>El filósofo francés M. Serres plantea que hubo tres grandes revoluciones en la historia de la humanidad: la invención de la escritura, la de la imprenta y el surgimiento de la tecnología. Es sabido que la revolución digital de nuestro presente modificó no solo los soportes de la escritura, sino también la técnica de su reproducción y diseminación, y las maneras de leer. Hemos pasado de sucesivas tecnologías escritas -piedra, papiro, manuscrito, libro impreso- a otras digitales tales, como libro electrónico o e-book. Estos nuevos soportes permiten superar la linealidad del texto escrito, dando lugar a la hipertextualidad; es decir, a la nueva concepción de texto en la que se asocian citas, notas, o se crea un itinerario nuevo de lectura donde un sitio se vincula con otro, donde los lectores accederán a él a partir de los sitios enlazados que el lector visita previamente. Por tanto, un escrito permite diversidad de itinerarios, más interconexión con el resto de recursos enciclopédicos de la red y más significativas, ya que multiplica sus posibilidades interpretativas.</p><p>Ahora bien, sabemos que la brecha digital, entendida como la desigualdad en el acceso, uso y calidad de las tecnologías de diferentes grupos sociales, es uno de los determinantes de las desigualdades del mundo, por su impacto en la economía, en la cultura y en la sociedad. Esto se exacerba con los adultos mayores y con las infancias (en plural, haciendo referencia a los diversos formatos culturales y subculturas en la que los niños se hallan insertos).</p><p>Por ende, no es factible suponer que los grandes problemas que tenemos se solucionan poniendo computadoras en todas las escuelas o comprando un buen software educativo para incluir a todos. Queda claro que lo importante no es la tecnología, sino lo que hagamos con ella, lo que enseñemos sobre sus usos y posibilidades y sobre sus límites.</p><p>Por lo antedicho, es necesario plantearse la necesidad urgente de la alfabetización digital, que va más allá de aprender a leer y escribir o comprender un texto. Se trata de enseñar a apropiarse de la tecnología. Y, si bien en los últimos años, al decir de M. Serres, “los más chicos manipulan el teléfono a velocidades endiabladas; abren su ordenador y los motores de búsqueda y activan a su antojo textos e imágenes y tienen ahí adelante, ahí afuera su cognición”, es urgente enseñar el buen uso de la tecnología a los pequeños. A su vez, los docentes deben contar con competencias digitales y aprender el uso pedagógico de la tecnología y comprender las formas actuales de leer y escribir; qué estrategias, qué saberes y qué recursos se despliegan en los diferentes campos de práctica de la escritura; y enseñar la comprensión y la producción de narraciones en plataformas y entornos digitales, pero sin olvidar la importancia del proceso de subjetivación que implica transitar la infancia o la tercera edad.</p><p>En ese contexto, respecto de los adultos mayores, es necesario ayudarlos a dejar la “extranjería digital” para que la tecnología les permita más contacto social, más entretenimiento, les facilite ciertas tareas (homebanking, entre otras), les dé la chance de informarse y mejorar las relaciones familiares. Pero para que esto sea posible es necesario repensar la vejez, eliminar prejuicios o discriminaciones respecto de la edad, entendiendo que envejecer no es una barrera para el aprendizaje ni para mantener una vida pública.</p><p>Sabemos que navegar en Internet es habitar la inmensidad, donde es necesario tener capacidad para no perecer. Es por eso que hay que acompañar a las infancias y a los adultos mayores a tejer una red con presencia y con una mirada amorosa. De este modo, los avances tecnológicos nos obligan a tomar postura para enfrentar las formas tradicionales de educar y de convivir, para encontrar otras más innovadoras y, a su vez, educar en la responsabilidad y en la capacidad de construir un entramado con otros. A la convivencia la construimos con todos y entre todos.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/EnpHKFsIRBiFL1XS-E5qcYybol4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/04/adultos_mayores_tecnologia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>A partir del nuevo milenio, ha surgido una vida automatizada y conectada, que le permite a la sociedad una nueva manera de vivir. Casas inteligentes q...]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2025-04-23T18:04:44+00:00</updated>
                <published>2025-04-23T18:03:18+00:00</published>
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            Adolescencia: pantallas encendidas y adultos apagados
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                <![CDATA[Carina Cabo]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/adolescencia-pantallas-encendidas-y-adultos-apagados">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/9xmgxp8HxCmvPa6pD0Ax3tVSwMU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/03/adolescencia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En estos días, una de las series más vistas es la historia de un adolescente de 13 años involucrado en un asesinato, un varón de una familia de clase media trabajadora como cualquiera de las nuestras.</p><p>La secuencia de episodios toca varias aristas: pone bajo la lupa a las adolescencias de hoy atravesadas por las redes sociales, a las identidades masculinas y, a su vez, expone a las instituciones, como familia y escuela, sin herramientas para comprender y abordar las problemáticas.</p><p>Generalmente, cuando hablamos de adolescencia es común escuchar definiciones unívocas determinadas solo por la edad. Sin embargo, es necesario romper la idea de una mera etapa transitiva -caracterizada históricamente como la edad del pavo- para reemplazarla por la idea de un período sustantivo de constitución subjetiva.</p><p>A su vez, adolescencia es un concepto que debe ser entendido desde una perspectiva de construcción sociocultural, que contempla la historia de vida y los contextos en los cuales se constituyen como tales los jóvenes en cuestión. Es fundamental, entonces, desnaturalizar la idea de adolescencia que tenemos e interrogarnos y repensar algunas frases y prácticas.</p><p>Es necesario reconocer que, si bien la edad permite delimitar la condición juvenil, no es este criterio excluyente, ya que la misma solo es un referente biológico y no alcanza para definir a la juventud, debido a las distintas interpretaciones que se le deben dar al interior de una misma sociedad. No es lo mismo ser joven en barrio urbano marginal que en pleno centro de la gran ciudad, o vivir en una comuna de 3000 habitantes o en una gran metrópoli. Las costumbres y los estilos de vida se imbrican en esta definición y nos lleva a identificar cientos de maneras de ser joven, diferentes entre sí, que van cambiando según los espacios y los tiempos.</p><p>Por tanto, intentando romper con una visión sesgada, es indispensable comenzar a interpelar algunas de las estructuras que han cimentado en nuestras vidas para volver a crear otras que los vean como ciudadanos activos, personas trabajadoras o sujetos políticos. Esto nos permitirá reconocer en ellos las singularidades y las particularidades de sus historias personales.</p><p>También es común notar que algunos adultos se refieren al joven desde un lugar adultocéntrico, verticalista, bajo una relación asimétrica. Se establecen como punto de referencia del “deber ser” al que los más jóvenes deberían alcanzar. Cientos de ejemplos en las costumbres cotidianas los ubican en una escala de menor jerarquía; mirada, propia de muchos, que los desprecia y los desvaloriza como sujetos activos de la sociedad.</p><p>Muchas de las frases y menciones que hacemos respecto de la juventud encierran ciertos prejuicios que deberían evitarse, como por ejemplo “cuando sea adulto se le van a terminar estas ideas raras”, o “ya vas a poder decidir vos cuando seas grande”, postura que se construye en función de los aspectos normativos esperados.</p><p>Pero lo más grave es asimilar a la adolescencia como universal y homogénea, cuando afirmamos “los adolescentes son todos iguales”. O como estigma, al decir “el problema son los jóvenes” o “la juventud está perdida”, partiendo de la idea de que son un problema para la sociedad.</p><p>Esta visión también es común en la escuela, una institución desde donde, generalmente, se mira a los adolescentes con una mirada cristalizada y donde cuesta que se contemple su historia biográfica o se reconozca la singularidad.</p><p>En cuanto a las familias, muchas de ellas intentan acompañar a los adolescentes en esta etapa, pero la educación en casa suele oscilar entre dos extremos: el autoritarismo o el laissez faire, es decir, la rigidez que caracterizó su propia crianza o el permiso absoluto a que el menor tome todas las decisiones de su vida. Entonces, los padres, por miedo a no repetir costumbres despóticas que marcaron su historia, dejan que el péndulo recaiga en la permisividad absoluta sin acompañamiento parental.</p><p>La serie pide a gritos que cada adulto cumpla su rol. Reclama que el padre, la madre, la directora de escuela y el policía armen el rompecabezas, pero no el del esclarecimiento del crimen, sino el que configura la comprensión del entramado adolescente.</p><p>Frente a un hecho trágico y conmovedor para todos, los mayores no pueden hacerse cargo de la situación. Mientras el detective camina por los pasillos de la institución escolar diciendo “parece un corral”, la directora, frente a la dispersión de los estudiantes, promete repartir castigos y el profesor de historia sostiene que “estos chicos son imposibles”, como si no pudieran oír lo que estaba atravesando a los adolescentes de esa escuela. Asimismo, en la familia referida hay cierta dificultad para reconocer el problema, para reflexionar sobre su dinámica interna y hacerse cargo de una situación que los ha dejado atónitos.</p><p>Es de destacar que, en la miniserie, las redes sociales cobran gran fuerza de análisis, con énfasis en las masculinidades y mucho material para considerar y procesar. Se ve claramente cuánto falta por hacer aún.</p><p>“Deberíamos haberlo visto” reza el padre casi al final. Y, más que culpa, creo que siente el peso de la responsabilidad por no haber podido educar.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/9xmgxp8HxCmvPa6pD0Ax3tVSwMU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/03/adolescencia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En estos días, una de las series más vistas es la historia de un adolescente de 13 años involucrado en un asesinato, un varón de una familia de clase...]]>
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                <updated>2025-07-17T15:40:04+00:00</updated>
                <published>2025-03-26T17:25:25+00:00</published>
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            Los hijos no son moneda de cambio
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                <![CDATA[Carina Cabo]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/los-hijos-no-son-moneda-de-cambio">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/3Z7TwfdQe8t3pVvvB06WCRIyvOg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/03/china_wanda.avif" class="type:primaryImage" /></figure><p>Desde hace algunos meses vemos en pequeñas píldoras la vida novelada de algunos famosos, la cual distrae a un público con sus idas y vueltas, con sus noviazgos intempestivos y con sus gestos de grandeza. Horas enteras de programas de TV espiando la cantidad de zapatos que hay en un vestidor, husmeando los vuelos privados, opinando sin conocer demasiado y curioseando un estilo de vida que le es ajeno a quien mira, pero le resulta divertido.</p><p>El caso Wanda- Icardi parecía entretener a la teleaudiencia, a decir por las horas o las páginas que su historia ocupaba. En ese marco, cada uno de los protagonistas iban subiendo la apuesta y, de esa manera, la maraña se iba conformando con sus idas y vueltas, entre premios y cuantiosas carteras y con la ostentación de quién es el que viaja de manera más opulenta.</p><p>Sin embargo, en estos días, hubo un antes y un después. En las últimas horas, el escándalo llegó al límite policial y judicial. Las menores -en medio del escándalo- lloraban y pedían ayuda. Por esto se imputó al futbolista por el delito de hostigamiento agravado y se evalúa la posibilidad de que le prohíban el contacto con sus hijas.</p><p>Generalmente asociamos la violencia doméstica a sectores bajos de la sociedad, pero la intimidación, la manipulación afectiva, el chantaje emocional, como humillaciones, insultos dentro del contexto familiar, se dan en todos los grupos sociales por la dificultad para dialogar y para expresar las emociones de manera saludable.</p><p>Y por más que las peleas sean de una pareja, los niños pueden tener consecuencias como trastornos de ansiedad, depresión, dificultades para mantener relaciones saludables con compañeros o figuras de autoridad, bajo rendimiento académico o, incluso, al no tomar conciencia, replicar o perpetuar esas conductas violentas en un futuro.</p><p>En el caso relatado, sin lugar a dudas, la realidad supera la ficción y nos invita a explorar los confines de lo real y lo emocional, desafiando algunas ideas sobre lo que significa el bienestar familiar. Porque debajo de la rimbombante vida superficial que ostentan, hay una profundidad oscura que en algún momento necesitará salir a la luz.</p><p>Quienes vivimos alguna vez una escena de violencia doméstica sabemos que estas no son gratuitas y que los recuerdos quedan en el cuerpo, que probablemente las niñas nunca olviden lo que vieron o experimentaron y es por eso que lo vivido este fin de semana no será en vano para ellas. Y, si bien, cada uno lo siente de diferente manera, necesitarán un buen de apoyo con adultos de confianza que las acompañen a mejorar la autoestima y a lidiar con sus emociones y recuerdos cuando maduren. Cuanto antes un niño reciba ayuda, mayores serán las probabilidades de volverse un adulto mental y físicamente sano.</p><p>Los padres deberán empezar a entender que los hijos no son moneda de cambio y, tal como planteaba Simone de Beauvoir, los hijos no son un sustituto del amor; no reemplazan un objetivo de vida rota; no son un material destinado a llenar el vacío de nuestra existencia; son una responsabilidad y un deber; son los florones más generosos del amor libre. No son el juguete de los padres, ni la realización de su necesidad de vivir, ni sucedáneos de sus ambiciones insatisfechas. Los hijos son la obligación de formar seres dichosos y conscientes.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/3Z7TwfdQe8t3pVvvB06WCRIyvOg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/03/china_wanda.avif" class="type:primaryImage" /></figure>Desde hace algunos meses vemos en pequeñas píldoras la vida novelada de algunos famosos, la cual distrae a un público con sus idas y vueltas, con sus...]]>
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                <updated>2025-03-19T18:23:38+00:00</updated>
                <published>2025-03-19T14:22:00+00:00</published>
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            Pequeños pensadores
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                <![CDATA[Carina Cabo]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/pequenos-pensadores">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/45r0dOSDvPrPXzJ0zFHd8cplqZM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/01/pequenos_pensadores.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La filosofía para niños surgió con Mathew Lipman, en Estados Unidos, en la década del `60, como propuesta pedagógica con el fin de desarrollar habilidades del pensamiento en la escuela primaria y secundaria. Se trataba de un conjunto de relatos que servían como textos de lectura y como disparadores para la discusión filosófica, sumado a una propuesta de formación a docentes que les permitía transformar el aula en una comunidad de indagación. Para ello, se planteaba la figura del maestro como facilitador, humilde en lo filosófico, pero fuerte en lo pedagógico, que encendiera la curiosidad en los más pequeños y los ayudara a desarrollar el pensamiento crítico.</p><p>Hay que entender que, al inicio de la edad escolar, promover la filosofía no implica formarlos en sistemas filosóficos, tal como se enseña en la universidad, sino que se trata fomentar la creatividad y las capacidades de análisis para que puedan aprender a reflexionar.</p><p>Enseñar a pensar a los más chicos, es hacer que puedan hacerse preguntas, que aprendan a cuestionar lo establecido con fundamentos, a asombrarse frente a lo cotidiano, a deconstruir el mundo dado de antemano, pero no en el sentido de destruirlo, sino de poner en tensión las prácticas y los discursos hegemónicos y naturalizados como válidos.</p><p>Si bien, en general, los niños y las niñas a los 3 años preguntan el porqué de las cosas, somos los adultos quienes podemos ir respondiendo sus curiosidades y, además, seguir instando a que indaguen y vayan por más.</p><p>Es sabido que un pequeño de 5 años, ante una pregunta, puede dar hasta 200 respuestas creativas, mientras que a los 11 años solo puede dar 15. Esto se debe a la falta de incentivo que se vive en el aula y la ausencia de oportunidades de pensar libremente frente a una situación dada, de analizar distintas posibilidades o de poner en cuestión los conocimientos que la escuela da como absolutamente válidos.</p><p>Comúnmente en el aula se espera que, ante una pregunta, haya una determinada respuesta; es decir, que solo se promueve un pensamiento convergente. Para que ello no ocurra, es necesario que, desde pequeños, aprendan a argumentar, a hacer inferencias, a comparar, a detectar contradicciones, a pedir evidencia frente a algo dudoso, a cuestionar adecuadamente, a debatir con explicaciones, a aprender a formular hipótesis y a pensar ejemplos y contraejemplos de sus propios contextos, entre otras tantas habilidades.</p><p>Una estrategia muy interesante es aprender con metáforas, esta figura del discurso en la que se traslada el sentido de una palabra a otra, las cuales pueden transformarse en herramientas de la comunicación científica a la hora de comprender un concepto.</p><p>Alicia Camilloni (2024) plantea que las metáforas no navegan solo en un mar de palabras, sino que orientan la comprensión y construcción de significados y del conocimiento. Pueden convertirse en una manera alternativa para rescatar la capacidad creativa y lúdica de los estudiantes.</p><p>Las metáforas interpelan al lector, lo hacen problematizar, interrogarse, lo sacuden en su ignorancia o silencio y se convierte en un punto de partida a la hora de aprender, en la búsqueda de una respuesta. Además, pueden convertirse en un acercamiento más analítico y reflexivo hacia el lenguaje.</p><p>En realidad, es usual que muchos profesores las usen en el aula sin plantearlo como estrategia de enseñanza. En química, se suele nombrar al dióxido de carbono como enemigo invisible, en ciencias naturales se habla de alimentos como fuente de energía, del código genético o el virus como intruso: en filosofía, se usa el término aldea global para hacer referencia a la masividad e inmediatez de las comunicaciones, entre otros tantos.</p><p>Ahora bien, este tipo de enseñanza y de aprendizaje que rompan la estructura tradicional de la escuela, será posible siempre y cuando haya docentes capacitados en tal sentido, abiertos a nuevas formas de enseñar, flexibles y que den confianza y tiempo a los chicos para que puedan expresar lo que piensan.</p><p>Nada será posible si los elementos de la tríada: docente-alumno y contenido no se entrelazan entre sí o si prevalece uno por sobre el otro. Y, si bien es el docente quien tiene responsabilidad personal al tomar decisiones en las situaciones pedagógicas, es en el entramado entre los tres cuando se produce el aprendizaje.</p><p>Enseñar a pensar con flexibilidad, potenciando el pensamiento divergente que le permita a los alumnos ir por distintos caminos no es una moda, sino un compromiso con las generaciones de hoy, en estos tiempos complejos.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/45r0dOSDvPrPXzJ0zFHd8cplqZM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/01/pequenos_pensadores.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La filosofía para niños surgió con Mathew Lipman, en Estados Unidos, en la década del `60, como propuesta pedagógica con el fin de desarrollar habilid...]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2025-01-02T18:20:40+00:00</updated>
                <published>2025-01-02T18:20:07+00:00</published>
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            Gestionar ciudades inteligentes
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                <![CDATA[Carina Cabo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/XLW-CoWpYHgLlaT5km6MaKds0co=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2024/12/ciudades_inteligentes.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Las ciudades están adoptando la inteligencia artificial (IA) para mejorar la calidad de vida de sus habitantes, para optimizar los servicios y fomentar la sostenibilidad.</p><p>Hoy por hoy, se ha transformado en una herramienta fundamental para la toma de decisiones basada en la evidencia y la innovación.</p><p>Uno de los puntos importantes es el enfoque sostenible que toma forma en algunas ciudades porque promueve energías renovables (solar, eólica) y la gestión eficiente de residuos. Algunas localidades la aplican en gestión de residuos, con contenedores de clasificación automática de basura y el caso de reciclaje automatizado. A su vez, el transporte ecológico, como vehículos eléctricos y también el uso en la gestión del tránsito, esto es semáforos inteligentes, por ejemplo. Igualmente, es muy útil para la seguridad, en vigilancia inteligente o reconocimiento facial, en protección de datos personales mediante regulaciones o ciberseguridad para garantizar la confiabilidad de los sistemas.</p><p>También es muy ventajosa en la atención al ciudadano, con asistentes virtuales y aplicaciones que dan respuestas a los problemas comunes de la gente.</p><p>Y, si bien es conocida la implementación en la educación, también es útil en el área de cultura, en cuanto a la preservación y digitalización del patrimonio, donde se puede convertir archivos, hacer una reconstrucción digital o traducciones automáticas.</p><p>Además, la IA permite detección de falsificaciones, recorridos personalizados, con aplicaciones diseñadas a tal fin, reconocimiento de obras, análisis de públicos y planificación de eventos, donde se segmentan audiencias o se predicen tendencias como, por ejemplo, la optimización de horarios y aforos, permitiendo la posibilidad de una comunicación cultural personalizada con campañas específicas.</p><p>Algunos ejemplos concretos del uso de la IA como herramienta de gestión son, por un lado, en Cali, Colombia, donde se la utiliza como aliada en la gestión de riesgos ya que la alcaldía procesa datos topográficos, factores geológicos y datos de la lluvia acumulada para generar alertas tempranas y para tomar decisiones en cuanto evacuación y refuerzos en la infraestructura, esto posibilita generar un mapa de color que ayuda a tomar decisiones.</p><p>Por otro lado, en Madrid cuentan con una asistente virtual llamada Paloma que se usó para llamar a personas mayores para preguntarles si contaban con familiares o cómo pedían ayuda si lo necesitaban. Esto sirvió para pensar políticas públicas especialmente para este grupo etario y fomentar un envejecimiento activo.</p><p>A su vez, en Suecia, un asistente llamado Miram permite hacer una evaluación continua de cómo van aprendiendo los niños desde muy pequeños para ir planificando mejoras a la educación a partir de la información que brindan maestros y directivos.</p><p>Es conocido el caso de Copenhague, donde ubicaron sensores en el sistema de alcantarillado para prevenir inundaciones. Estos ejemplos y muchos otros muestran cómo diferentes ciudades, dependiendo de su contexto y recursos, implementan soluciones para enfrentar los desafíos urbanos específicos de cada región. Cada caso se destaca por combinar tecnología, la sostenibilidad y la participación ciudadana.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/XLW-CoWpYHgLlaT5km6MaKds0co=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2024/12/ciudades_inteligentes.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Las ciudades están adoptando la inteligencia artificial (IA) para mejorar la calidad de vida de sus habitantes, para optimizar los servicios y fomenta...]]>
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                <updated>2024-12-10T18:38:53+00:00</updated>
                <published>2024-12-10T18:38:34+00:00</published>
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            Hablemos de la felicidad
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                <![CDATA[Carina Cabo]]>
            </name>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/hablemos-de-la-felicidad">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/AX8s6_4QUHYmsbj-FaKII0crsHQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2023/03/felicidad.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>A lo largo de la historia, cientos de pensadores se lo han preguntado. Platón niega que la felicidad consista en el placer y, en cambio, la considera relacionada con la virtud. Decía que los felices son tales por la posesión de la justicia y de la temperancia. Para Aristóteles es el bien supremo y rechaza la idea que la riqueza pueda serlo, pues es un medio para conseguir placeres o bien para conseguir honores, pero reconoce que existen personas que convierten a las riquezas en su centro de atención y las aleja de la verdadera felicidad.</p><p>Luego de siglos de relacionar a la felicidad con la idea de Dios, en la Modernidad, vuelve a relacionársela con la idea de placer. Por un lado, Locke dice que la felicidad es, en su grado máximo, el más grande placer de que seamos capaces y, por otro, Leibniz la define como un placer duradero, lo que no podría suceder sin un progreso continuo hacia nuevos placeres.</p><p>Hoy por hoy, en la posmodernidad con sus implícitas ideas de consumismo y cultura de la imagen, la felicidad pareciera ligarse al tener objetos y cosas. Sin embargo, es necesario cuestionar las representaciones que subyacen acerca de este tema y volver a plantearnos qué nos hace felices.</p><p>Darío Sztajnszrajber , en su obra “Desencajados, Filosofía + Música”, reflexionaba acerca de esta gran temática. Filosofando, tal como es su metier, se cuestionaba ¿Cuándo fue la última vez que te preguntaste? No buscando una respuesta ni encontrando una certeza, sino la última vez que te escapaste de lo cotidiano y te detuviste.</p><p>¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo porque sí? No porque te convenía, ni lo necesitabas o, incluso, porque lo querías, sino porque sí.</p><p>¿Cuándo fue la última vez que recordaste? No cuando vence la factura de gas o la fecha de un examen, sino que te recordaste en una trama, como una huella, como parte de un relato en el que te ves inmerso, como el deseo de querer seguir narrándote.</p><p>¿Cuándo fue la última vez que preferiste la nada al ser, un olor a un concepto, un insomnio a un ansiolítico, un árbol viejo a un ascensor? ¿Cuándo fue la última vez que te preguntaste? insistía el filósofo, intentando hacer “romper” al espectador su monótona cotidianeidad.</p><p>Pareciera que no se puede responder conceptualmente qué es la felicidad. Como señala Z. Bauman en “Qué hay de malo en la felicidad”, vivimos en la incertidumbre y buscamos constantemente escapar de ella; esto explicaría por qué la felicidad completa, duradera y verdadera siempre será un horizonte que se aleja cada vez que nos acercamos a él.</p><p>Recordarnos en una trama, sentir el olor a tierra mojada, hacer algo porque sí, pasear por el borde del río, tomar un mate entre amigos, recordar el abrazo de la abuela; quizás esa sea la fórmula, sólo hay que probarla</p>]]>
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                <updated>2024-10-08T17:50:57+00:00</updated>
                <published>2024-10-08T17:50:26+00:00</published>
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