<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom">
    <id>https://www.eleco.com.ar/feed-autor/juliana-bertevello</id>
    <link href="https://www.eleco.com.ar/feed-autor/juliana-bertevello" rel="self" type="application/atom+xml" />
    <title>El Eco de Tandil</title>
    <subtitle>Entrevistas exclusivas y contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Tandil.</subtitle>
    <updated>2025-09-12T20:30:07+00:00</updated>
        <entry>
        <title>
            Reflexiones desde el placard: consumo, poder adquisitivo y nostalgia de lanas mejores.
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/en-positivo/reflexiones-desde-el-placard-consumo-poder-adquisitivo-y-nostalgia-de-lanas-mejores" type="text/html" title="Reflexiones desde el placard: consumo, poder adquisitivo y nostalgia de lanas mejores." />
        <id>https://www.eleco.com.ar/en-positivo/reflexiones-desde-el-placard-consumo-poder-adquisitivo-y-nostalgia-de-lanas-mejores</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Juliana Bertevello]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/en-positivo/reflexiones-desde-el-placard-consumo-poder-adquisitivo-y-nostalgia-de-lanas-mejores">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/X6LYDAxTv4fePlDAHCqWIqqHjxI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/09/cuentas_2.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Doctora CuentasCon el frío llega la hora de embarcarse en una tarea que tiene inicio pero no fin: ordenar el placard. En realidad, es el cambio de temporada del ropero. Suena un poco pretencioso, pero la verdad es que lo hago así: guardo en valijas los vestidos, musculosas, pantalones cortos, etc., y activo camperas, pulóveres, pantalones de corderoy. Ya vengo un poco harta de ver las mismas cosas hace años. Esta vez, cuando bajé las lanas, me propuse armar un esquema más simple: dejar a mano los pulóveres que sí quiero usar. Es decir, hacer circular los que ya no quiero ver, aunque estén bien, o me den ternura, o me guste el color… Bueno, últimamente los “buenos” son los menos. La calidad de la lana fue disminuyendo conforme al devenir de la economía en los últimos diez años. Y se nota en las prendas nuevas: las marcas, las texturas… mucha pelotita, talles estirados, cosas negras que tornaron en gris ratón y otras desventuras de telas más chotas.</p><p>Cada vez que agarro una prenda buena (llamo buena a la ropa que todavía conserva su forma original), la tela sigue siendo la que era al principio, el color también, y ese plus que tiene por la marca, el diseño o la confección… ¿viste cuando algo se ve bueno? O mejor dicho: ¿caro? El otro fin de semana nos visitó un primo que viaja mucho, labura un par de meses en otros países, y claro, se nota en los objetos —aunque sean pocos o cotidianos— que o no se consiguen acá o salen carísimos. Cuestión que vino empilchadísimo, o así me pareció para un domingo a la mañana, y le dije eso: “¡Che, qué buen look, se te ve caro!”</p><p>Hubo una época en que me compraba mucha ropa. No me representaba un problema económico ni financiero, eh, estaba dentro de mi presupuesto, pero le daba importancia. Iba a outlets, aprovechaba descuentos, me recorría las liquidaciones, pero me compraba mucha ropa. Ropa que al día de hoy sigo teniendo y que, tranquilamente, puede estar cumpliendo unos diez años. Pero claro, el paso del tiempo empieza a deslucir y también se nota en los estilos. Puede haber prendas clásicas, peeeero nunca estoy a la moda.</p><p>Todo este relato para llegar a este punto: el paso del tiempo y EL PODER ADQUISITIVO. Sin dudas, si hago la cuenta de lo que ganaba en ese momento de consumo más desenfrenado en comparación con hoy, no podría afrontarlo; debo haber estado muy bien y no me daba cuenta. Hoy, sin dudas, no podría replicar ni el ritmo ni la cantidad de consumo que tenía en ese entonces. Y hoy, además, tengo ganas de volar todo lo que tengo, y quedarme con menos cosas, pero de mejor calidad. Así y todo, tendría que planificar un viaje para poder comprar las prendas de ese supuesto placard minimalista que fantaseo. Qué locura. Se puede ver como una película: el movimiento de variables económicas en un placard. Poder adquisitivo, inflación, devaluación, consumo, precios, calidad de vida.</p><p>Según la calculadora de inflación histórica de Argentina, que se basa en los datos publicados por el índice de precios al consumidor (IPC) del INDEC, la inflación acumulada del 2015 hasta hoy fue del 14.036,57%, una locura.</p><p>En ese año mi sueldo era de menos de 10.000 pesos, vamos a usar ese número de referencia. Si lo actualizo por inflación, hoy debería ganar $1.413.000. Sería un sueldo promedio actual, sin dudas. La canasta básica total (CBT), también elaborada por el INDEC, dice que una persona necesita $343.000 por mes para vivir en marzo 2025 (ojo que no contempla vivienda), y que el 10% de ese monto está destinado para vestimenta y calzado, es decir, $34.300 para vestirse y calzarse. Con mucha suerte, caminando mucho y comparando precios, vamos a suponer que conseguimos una prenda a ese valor. Lejíimos de algo para caminar, ni hablar de una campera, o un pulover.</p><p>¿Pero qué pasó? no sólo que los números no dan, porque haciendo este simple cálculo comprobamos que es cuasi imposible sobrevivir con ese dinero que propone la CBT: si a los $343.000 mensuales lo dividimos por 30 días, nos da que tenemos que: comer, beber, vestirnos, salir a comer, estudiar, recrearnos, movernos en transporte, acceder a salud, pagar los servicios, tomar algo y comprar algo para equipar la casa (les juro que esos son los conceptos que se incluyen); por $11.433,33 por día. El simple y privilegiado hecho de comer cuatro comidas al día, no entran en menos de 12 mil pesos.</p><p>En abril de 2015, la CBT era de &nbsp;$928,52 para un adulto, y en agosto de ese año, el salario mínimo vital y móvil (SMVM) aumentó a $5.588, lo que equivalía a $601,5 dólares. En marzo de 2025, el SMVM fue de $296.832 mensuales, en usd a un tipo de cambio oficial a $1053, de 281,89 usd.En resumen, en 2015 la CBT (canasta básica total) estaba por debajo del SMVM (el salario mínimo vital y móvil) y en la actualidad, con el SMVM no te alcanza para la canasta básica. Ni hablar de si tenés que alquilar. Bueno, va quedando un panorama más claro de por qué la misión “vestirse” se viene complicando ¿no?</p><p>En el &nbsp;informe Los precios de la ropa en la Argentina (FUNDAR, 2024), se afirma que: “en la Argentina la ropa es cara. Esta tendencia se gestó en las últimas dos décadas, en las que el país fue a contramano del mundo. Mientras que acá la inflación de la ropa superó a la inflación promedio, en el mundo ocurrió lo contrario.” Para empezar a analizar el precio de la ropa, es útil saber estos conceptos: valor absoluto (es decir, en términos nominales cuánto sale algo, ejemplo, 100 pesos), y valor relativo (cuánto vale en referencia a otras cosas, siguiendo el ejemplo, una prenda vale 100 pesos, es decir, el 10% de un sueldo promedio de $1.000.000). Estamos generalizando, decir “ropa” es muy amplio, pero a los fines de poder analizar el fenómeno me permito esta licencia. Vamos a leer algunos datos más específicos e interesantes que desglosan este gran conjunto de prendas de este informe:</p><p>La Argentina es relativamente menos cara y más competitiva en prendas de tejidos de punto, (como la ropa informal, la deportiva y la interior) y en ropa de niños/as y bebés. Y más cara en productos de tejidos planos (como el denim y la gabardina, que suelen usarse en jeans, pantalones, sastrería y camisería) y en ropa de adultos. Los precios de la ropa son particularmente más altos en las prendas de marca y alta gama, y no tan caros en la ropa indiferenciada y de gama baja. La otra cara de la moneda de este fenómeno es que la dispersión de precios de la ropa en la Argentina (es decir la distancia entre las prendas más baratas y las más costosas) es, junto con Uruguay, la más alta de la región.Entonces, volviendo a los precios relativos, si comparamos los precios de EEUU el rubro más caro de la economía argentina, es la ropa. &nbsp;“Es decir que, en Argentina una prenda de vestir “compra” muchos más bienes y servicios que en Estados Unidos. Esto mismo se sostiene si comparamos con otros países desarrollados o mismo de América Latina.”</p><p>¿Podemos decir que los precios de la ropa en el mundo fueron aumentando en general y podría ser esa la causa? Este gráfico que compara la inflación en la indumentaria en los últimos 20 años, (en azul los valores de Argentina y en naranja la media de 46 países del mundo) nos responde que no,nuestros precios quedaron muy por encima.</p><p>Entonces, cuando saco un pulóver de hace ocho o diez años, estoy viendo un conjunto. Un conjunto de decisiones personales, de momentos de bonanza y ajuste, hábitos de consumo, el ritmo de una economía desafiante —y me quedo corta con ese adjetivo. Sin dudas, el placard no miente: habla de lo que fuimos capaces de comprar, de conservar, de descartar, y de lo que ya no podemos reponer. Describe un poder adquisitivo que se esfumó, un consumo que ya no se sostiene, y una calidad que también fue decayendo, como reflejo de un contexto cada vez más precario.Y ahí está la paradoja (¿o será la procesión hacia los 40?): quiero tener menos, pero mejor. Pero ese “mejor” me queda cada vez más lejos, no solo por el precio en pesos, sino por lo que implica conseguirlo. Cada vez que consumimos, estamos diciendo también por lo que no: por aquellas cosas que con esa plata estamos dejando de comprar. Si bien hoy tengo otras prioridades y otros tiempos, no podría ni acercarme a mi yo del pasado y empilcharme a la par.</p><p>https://www.doctoracuentas.com/</p><p>@doctoracuentasFuentes:&nbsp;https://fund.ar/publicacion/los-precios-de-la-ropa-en-la-argentina/</p><p>https://calculadoradeinflacion.com/argentina.html?</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/X6LYDAxTv4fePlDAHCqWIqqHjxI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/09/cuentas_2.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Con los cambios de clima y el momento de ordenar el placard, lo que parecía una tarea de rutina terminó en una especie de viaje en el tiempo. Entre lanas con pelotitas, prendas que ya no se reponen y otras que se mantienen intactas, aparecieron un montón de preguntas sobre consumo, poder adquisitivo y cómo cambió todo en estos últimos años.]]>
                </summary>
                                <category term="en-positivo" label="En positivo" />
                <updated>2025-09-12T20:30:07+00:00</updated>
                <published>2025-09-05T15:14:10+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Economía doméstica: las claves sobre los gastos invisibles
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/neurona-financiera/economia-domestica-las-claves-sobre-los-gastos-invisibles" type="text/html" title="Economía doméstica: las claves sobre los gastos invisibles" />
        <id>https://www.eleco.com.ar/neurona-financiera/economia-domestica-las-claves-sobre-los-gastos-invisibles</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Juliana Bertevello]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/neurona-financiera/economia-domestica-las-claves-sobre-los-gastos-invisibles">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KIKhUVsdEUA4doy_k6bNzbf8-eA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/07/economia_domestica.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>¿Te acordás de quién se encargaba de que siempre hubiera jabón en el baño cuando vivías con tu familia? ¿O de anotar los gastos de las compras en un cuadernito que nadie más miraba? Eso, aunque no lo llamáramos así, era un sistema de gestión económica.</p><p>Hace más de 10 años que me interesa mucho el concepto de “economía doméstica”. Hay tanto para hablar y rescatar de esa materia. Debería serlo, realmente. Porque esta rama de la economía es la base de cómo aprendemos a administrar el dinero. O, al menos, es nuestra primera aproximación a cómo manejar la plata, gastarla, hablar del tema, distribuir roles dentro de una convivencia. Lo que se dice, lo que se omite y se decora con versiones improvisadas, anotaciones, cuadernos, papelitos, agendas.</p><p>Me acuerdo que cuando tenía 7 u 8 años había que guardar los tickets de las compras para pedir la devolución de algo. Había todo un ritual: un jarrón de cerámica con tapa en el centro de la mesa, rebalsado de tickets largos (del super, en su mayoría) que había que dejar ahí para “algo importante”. Y también me acuerdo de cuando las monedas valían algo. Por ejemplo: una de 50 centavos alcanzaba para comprar unos 10 Flynn Paff. Yo comí muchos, pero muchos de esos caramelos. Era un ritual salir de la escuela, comprar 20 por un peso y subir al micro escolar con ese shock de azúcar y colorante como merienda.</p><p>Resulta que hay personas que toman estas golosinas como referencia para medir la pérdida del poder adquisitivo. De ahí nació el Índice Flynn Paff: un indicador que mide –en cualquier país del mundo– cuántos podés comprar hoy con un peso (o su equivalente en otra moneda)[1]. Hoy, redondeando, con suerte podés comprar uno solo.</p><p>La economía doméstica está cruzada por temas que deberían estar en cualquier plan de estudios. Roles, género, consumo para pertenecer, hábitos alimenticios, rutinas familiares, inflación. Todo eso y más.</p><p>Voy a hacer una síntesis generalista, pero se entiende el punto. En las formas más tradicionales de organización familiar, el hombre proveedor salía a trabajar en el ámbito público (me refiero al que empieza en la vereda, no al estatal), donde generaba dinero, sí, pero también gastaba para poder generarlo: ropa adecuada, movilidad, comidas, cafecitos, diarios, salidas laborales, formación, viajes. Cuando la mujer se incorporó al trabajo remunerado, muchas de las tareas de cuidado que solía hacer ella “automáticamente” quedaron a resolver. Como cuando te mudás sola y de repente te preguntás quién va a llenar la alacena si no vas vos. Bueno, alguien lo hacía hace 20 años, ¿no?</p><p>Entonces, o esas tareas se acumulaban hasta explotar los sábados a la mañana, o se resolvían contratando a alguien. Y ahí se consolida la idea (¡por fin!) de que limpiar, cocinar, ordenar, cuidar, hacer compras… es trabajo. Y hay que pagarlo.</p><p>Pero no todo son familias nucleares. Pensemos también en personas que viven solas, en pares de amigas que comparten departamento, parejas, familiares que se mudan a un monoambiente cerca de la facultad. Cualquier forma de convivencia bajo un mismo techo implica organizarse para mantenerse vivos, nutridos, saludables, vestidos, entretenidos, educados, contenidos emocionalmente. Todo eso requiere una economía del hogar.</p><p>Tan vital es esta rama de la economía, que es la que nos lleva –con suerte– a la próxima etapa. Y a la que sigue. Y a la siguiente, mientras tengamos autonomía física y cognitiva. Cuando pienso en esto, me voy al extremo: ¿qué pasaría si no pudiera tomar más decisiones por mí misma? Hay figuras legales, como los tutores, que toman decisiones completas sobre cómo vive una persona: qué come, cómo se viste, cuánto puede gastar, a dónde puede ir. (Caso Britney) ¿Podrías armarle a un tutor tuyo una lista de instrucciones para que gestione tu economía? ¿Qué criterios le pedirías que tenga? ¿Cómo tendría que decidir entre dos gastos, dos prioridades?</p><p>Estamos inmersos en una trama económica constante. Aunque a veces queramos desconectarnos del sistema, lo mínimo es consumir algo. Desde antes de nacer ya están consumiendo por nosotros productos (ropa, cuna, pañales) y servicios (salud, cuidados). Entonces, ¿no será hora de asumir que tenemos un sistema económico personal? ¿Cuántos años pasaron desde que dejaste el sistema económico de tu familia de origen? Estás habilitada a tener uno propio. A revisarlo, actualizarlo, porque todo cambia: la economía, tus gustos, tus ingresos. Antes quizás eras del team fernet con coca; ahora, del club del gin tonic. Bueno, los costos son otros.</p><p>Y así con todo lo que mencioné antes: mantenerse vivos, nutridos, saludables, vestidos, entretenidos, educados, contenidos emocionalmente.</p><p>La economía doméstica es la que nos sostiene y trata, al menos, de encontrar un punto de equilibrio entre lo que queremos, lo que generamos, lo que podemos ahorrar y lo que finalmente gastamos.</p><p>Tengo la hipótesis de que no importa cuántos años tengas, cuánto ganes o cuántos gustos caros se te hayan colado en tu vida de clase media: esa coherencia se construye. Y aunque es un trabajo en sí mismo, encontrar ese equilibrio puede ser la mejor versión del sistema de gestión que nos inventamos para vivir.</p><p>https://www.doctoracuentas.com/</p><p>@doctoracuentas</p><p>&nbsp;</p><p>[1] https://www.ivancarrino.com/el-indice-flynn-paff/</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KIKhUVsdEUA4doy_k6bNzbf8-eA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/07/economia_domestica.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Antes de Excel, antes de hablar de "finanzas personales", antes de que sepas cuáles son los gastos fijos de tu vida actual… ya había un sistema económico funcionando en tu casa. En esta entrada pongo en la mesa la cuestión de la economía doméstica como base de todo: lo que sostiene, organiza, prioriza y nos permite avanzar. Y también propongo una mirada crítica y flexible sobre cómo construimos nuestro propio sistema cuando dejamos el nido.]]>
                </summary>
                                <category term="neurona-financiera" label="Neurona financiera" />
                <updated>2025-08-02T09:48:54+00:00</updated>
                <published>2025-08-02T09:48:54+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            La incomodidad de la clase media: los ingresos ya no sostienen el estilo de vida
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/economia/la-incomodidad-de-la-clase-media-los-ingresos-ya-no-sostienen-el-estilo-de-vida" type="text/html" title="La incomodidad de la clase media: los ingresos ya no sostienen el estilo de vida" />
        <id>https://www.eleco.com.ar/economia/la-incomodidad-de-la-clase-media-los-ingresos-ya-no-sostienen-el-estilo-de-vida</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Juliana Bertevello]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/economia/la-incomodidad-de-la-clase-media-los-ingresos-ya-no-sostienen-el-estilo-de-vida">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/6WXO0pJuXLgnju-JWYTKZDM-2oY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/07/doctora_cuentas_2.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>A partir de esta semana, iniciamos una serie de notas sobre microeconomía, que se publicarán cada dos semanas en El Eco Multimedios. Te invitamos a seguirlas, opinar, y aportar nuevos abordajes.</p><p>Por Doctora Cuentas</p><p>Durante años, la clase media fue sinónimo de estabilidad, progreso, educación, consumo cultural y cierto margen de planificación a futuro. Era la clase que tal vez no planificaba mucho, o se daba un presupuesto medio flojo de papeles, pero con vacaciones, con club, con cine y teatro, con cena afuera de vez en cuando. Hoy, esa idea parece más una postal del pasado que una descripción del presente.</p><p>Por eso decidí sentarme a revisar los números de este fenómeno: el descenso incómodo de la clase media argentina.</p>La incomodidad de la clase media<p>Como ese mandato de salir de la zona de confort, cuando en realidad hace años que no sabemos lo que es el confort, ¿no?</p><p>Desde hace un tiempo vengo con una inquietud: ¿qué tan reales son los números que se publican sobre el costo de vida en Argentina? Me refiero especialmente a los informes que mes a mes sacan organismos oficiales, como el INDEC, o centros de estudios privados. Porque una cosa son los indicadores, y otra, diametralmente opuesta, es lo que se ve en el flujo de fondos de cada casa, y sobre todo al sentarse a hacer las cuentas del mes.Por eso, quise hacer el ejercicio de cruzar teoría con práctica: mirar los números oficiales y compararlos con una estimación realista de los gastos de una familia tipo. No con la intención de refutar los datos, sino de sumar una capa más de análisis. Porque muchas veces lo que falta no es información, sino contexto.</p><p>¿Qué dicen los datos?</p><p>El INDEC (Instituto Nacional de Estadística y Censos), si bien no publica una definición formal de clase media, sus datos sobre la Canasta Básica Total (CBT) son utilizados como referencia. En febrero de 2025, en la Ciudad de Buenos Aires, se consideraba dentro de la clase media a hogares con ingresos entre $1.713.065,96 y $5.481.811,07 para una familia tipo (dos adultos y dos niños).</p><p>En relación con esta definición, para que una familia tipo de cuatro integrantes en la Ciudad de Buenos Aires sea de clase media alta, necesita ganar, como mínimo, un sueldo de $4.670.096.</p><p>Ahora bien: la CBT incluye alimentos y también otros bienes y servicios esenciales como transporte, salud, educación, vestimenta y algo de esparcimiento. Pero no incluye el alquiler, ni cuotas escolares privadas, ni una prepaga. Tampoco contempla emergencias, arreglos del hogar, gastos imprevistos ni mejoras en la calidad de vida. O sea, habla de una subsistencia básica.</p><p>¿Y qué pasa en la vida real?</p><p>Acá va un ejercicio práctico, que armé en base a casos que asesoro y experiencias cercanas. Es un presupuesto estimado para una familia de cuatro personas, de clase media donde ambos trabajan:Gastos mensuales estimados (mayo 2025)Alquiler, expensas y servicios: $1.400.000 (siendo benevolente)Prepaga, actividades por fuera, (supongo educación pública), tarjeta de crédito, un tanque de nafta, monotributo: $700.000 y de tarjeta de crédito $1.000.000 (acá puede haber de todo, desde una cubierta, 12 cuotas de unas zapatillas, un regalo, etc).</p><p>&nbsp;</p><p>Comidas de 30 días (4 comidas, 4 personas): voy a usar lo que me queda y lo voy a dividir= 4.670.096 - 1.400.000 - 1.700.000= 1.570.096 esto me quedó de los ingresos después de restar entonces los gastos anteriores.</p><p>A esto lo divido por 30 días= da que esta familia tiene $52.336,53 para comer todos los días. Si lo dividido por 4 comidas por 4 integrantes me da que cada uno tiene que comer por $3271,03. Fin, nos quedamos sin plata.</p><p>En el mes si pasa algo por fuera de lo presupuestado, debería entrar en el millón de pesos disponible en la tarjeta de crédito (como un colchón por las dudas)</p><p>Con este esquema tenemos cubierto: vivienda, salud, alimentos, transporte, una actividad recreativa, y alguna compra de vestimenta en cuotas cada tanto. Es decir, sería un esquema de mínima, donde cubro &nbsp;necesidades básicas para que esa persona viva medianamente en paz (medianamente porque son trabajadores independientes, la fluctuación de ingresos y de los precios hace tambalear la estructura).&nbsp;</p><p>La clase media no se mide solo por ingresos</p><p>Sociológicamente, la clase media no se define solo por cuánto ganás. También importa el capital cultural, el tipo de consumo, las aspiraciones, las redes, la educación. Pero cuando tus hábitos de vida ya no coinciden con tus ingresos, se produce una fractura identitaria.</p><p>Ya no vas al cine o al teatro. Cancelaste la suscripción al diario. Las cuotas de colegio, actividades recreativas, formación empiezan a revisarse. Pensás dos veces antes de salir a tomar algo. Comprás menos libros o directamente dejaste de hacerlo. Postergás terapia o el dentista. Vas a cumpleaños con un regalo simbólico.&nbsp;</p><p>Nos quedamos en una especie de limbo. Desde los números macroeconómicos, no estamos mal: tenemos trabajo, casa, cierta movilidad. Pero en términos de calidad de vida, hay una caída constante. Y lo más difícil de poner en números es el costo emocional de este proceso: la postergación, el consumo reprimido, el desgaste de trabajar más horas para sostener lo mismo, la imposibilidad de planificar y desear cosas. Lo que se va perdiendo no es solo poder adquisitivo: es margen de elección. Es el tiempo libre, la salud mental, el acceso a lo simbólico.</p><p>El abismo entre lo “mínimo” y lo “vivible”</p><p>La canasta básica tiene un sesgo: no refleja los consumos reales de una familia urbana promedio, sino un estándar mínimo de subsistencia. Eso está bien desde un punto de vista técnico, pero se queda corto como diagnóstico social.</p><p>Tampoco incluye el endeudamiento, que hoy forma parte de la estrategia cotidiana de las familias: tarjetas de crédito, cuotas, gastos corrientes como el super a pagar el mes siguiente. &nbsp;</p><p>¿Entonces, para qué sirven estos números?</p><p>Sirven como indicadores macro, para medir tendencias, comparar con otros países o seguir la evolución interanual. Pero si queremos pensar estrategias familiares o incluso dar consejos financieros realistas, hay que mirar más allá. (estuve tentada de poner “diseñar políticas públicas” pero no sería el momento)Mi propuesta, como siempre, es sumar cabeza crítica: cruzar los datos con la experiencia concreta, la propia y la de quienes nos rodean. Porque las estadísticas también se transforman en relato, y si ese relato no se parece a la vida cotidiana, estamos perdiendo una parte esencial del análisis.</p><p>&nbsp;</p><p>¿Te pasa lo mismo?</p><p>¿Cuánto necesita tu hogar/familia para llegar a fin de mes sin tarjetear?¿Qué fue lo último que tuviste que postergar?</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/6WXO0pJuXLgnju-JWYTKZDM-2oY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/07/doctora_cuentas_2.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Durante décadas, ser clase media en Argentina implicaba algo más que un ingreso: significaba acceso a la educación, al consumo cultural, progreso material, ciertos gustos y un margen para resolver imprevistos. Hoy, ese lugar se volvió cada vez más difuso e inestable. En esta nota se cruzan estadísticas oficiales con números reales para analizar cuánto cuesta realmente sostener una vida convencional en 2025. Spoiler: no alcanza con estar por encima de la línea de pobreza.]]>
                </summary>
                                <category term="economia" label="Economía" />
                <updated>2025-07-26T09:49:09+00:00</updated>
                <published>2025-07-26T09:49:09+00:00</published>
    </entry>
    </feed>