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    <title>El Eco de Tandil</title>
    <subtitle>Entrevistas exclusivas y contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Tandil.</subtitle>
    <updated>2025-07-17T15:40:04+00:00</updated>
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            Virginia Woolf: cómo leer la historia secreta
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                <![CDATA[Margarita Durand]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/v0ZhaVyB-Xh68kv5szfO5ERlYyQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2021/06/53ac8d10-9fb2-4134-92b2-73ac606ca8b4.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Margarita Durand</p><p>Durante la cuarentena me propuse leer UN CLÁSICO POR MES, armé y coordiné un grupo de lectura y nos desafiamos, mes a mes, con un autor clásico diferente. Qué experiencia, volver a los clásicos, volver a leer con más atención. En junio elegí a Virginia Woolf. Y comprobé, una vez más, lo imprescindible que es todo lo que escribe.&nbsp;</p><p>Me sorprendió la repercusión que tuvo Virginia Woolf como autora del mes. Pienso que, evidentemente, Virginia Woolf es un desafío –no es lectura fácil- o genera curiosidad, por ser –posiblemente- la mujer más conocida en mundo de la literatura. Tuvo, junto a su marido, su propia editorial. En la casa de sus padres había una enorme biblioteca que le permitió consumir libros desde chica. Fue educada por institutrices que abrieron el camino a otros idiomas. Sin dudas fue una privilegiada. En cuanto a su vida “privada”, quizás no tuvo la misma suerte. Pero acá hablamos de libros. (¿Se puede separar la obra de su autora? Gran debate, para otra ocasión)</p><p>Lo que queremos saber es cómo escribe Virginia Woolf. No es fácil de entender, y mucho menos, de explicar. La primera vez que leí “La señora Dalloway” recuerdo haberme quedado con una sensación de que no la había entendido del todo. Quizás, justamente, la clave es nunca cerrar las preguntas definitivamente. Quizás, la magia de los libros está en negar la certeza y seguirnos preguntando. No obstante, podemos intentar acercarnos a este mundo secreto lo más posible. Esto “saco en limpio” sobre cómo escribe Virginia Woolf.</p><p>Cuando se empieza a leer “La señora Dalloway” el lector debe sortear varios obstáculos que tienen que ver con repeticiones, nombres propios que aparecen de la nada, referencias temporales inexactas o confusas. Uno duda si lo que se está narrando es parte del presente o se trata de una anécdota del pasado. Personajes, épocas y sensaciones, todo se “conecta” casi con despojo, azarosamente. Es que Virginia Woolf escribe imitando cómo funciona el pensamiento, eso que sucede dentro mientras hacemos otra cosa.&nbsp;</p><p>Toda la novela trascurre en menos de veinticuatro horas –un guiño, seguramente, al “Ulises” de Joyce - en un día de junio en el que Clarissa Dalloway, la señora Dalloway, va a dar una fiesta en su casa. Sale a comprar ella misma las flores y, en este caminar por la calle –los personajes de Woolf se mueven, pasean, hacen cosas- por el mundo exterior, se cruza con tal o cual, recuerda lo que piensa sobre esta persona, advierte algo y esto la lleva a evocar un suceso. En lo cotidiano –lo superficial- se presenta un recuerdo que la lleva a una sensación interna más profunda, que a veces puede racionalizar, pero otras veces se manifiesta a través de un impulso, un acto fallido, que manifiesta el inconsciente, aunque el personaje no quiera. Entonces los lectores sabemos que los personajes se muestran en, al menos, tres niveles: lo que hacen y muestran; lo que piensan –una idea tras otra, muchas veces piensan algo para contradecirse inmediatamente después – y también lo que les urge desde dentro, como una patada al piso, jugar con un amuleto, sentir angustia o TEMOR. Como si, al narrar, Virginia Woolf intentara imitar el aparato psíquico, y eso vuelve la novela algo tan revelador.&nbsp;&nbsp;</p><p>Nunca había leído algo así de real, tan honesto ni tan valiente. Cómo la autora profundiza en temas que aun hoy siguen considerados como difíciles: tal el suicidio, la salud mental, las distintas sexualidades. Virginia Woolf habla de todo sin reservas, con el alma en la mano. Y eso que escribió “La señora Dalloway” en 1925, entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, hecho que inevitablemente aporta una sensibilidad especial a la historia y al tono con el que la cuenta. La vida y la muerte son los temas principales, y de estos se desprende cómo vivir, y también, qué significa morir, realmente. Además, a través de toda la novela pensamos en responder(nos) qué es el amor, a través de la historia de Clarissa y Peter Walsh, ese amor de la adolescencia que nunca muere del todo; también forma parte de este trío el marido de Clarissa, Richard Dalloway, quien asimismo ama a su esposa, aunque de otra manera (es que: ¿hay una sola manera de amar? ¿Se puede amar a alguien que uno no logra comprender del todo?) Todos los personajes sienten, como Peter Walsh, quien reflexiona cómo es vivir después de los cincuenta años, en comparación a cómo se actúa en la juventud. El único que no siente es Septimus Warren Smith, un excombatiente que sufre los resabios de la guerra y que presenta enormes dificultades para asimilar la vida después de haber vivido lo que vivió, hasta que su malestar no le permite mirar nada más que lo obvio.</p><p>“La señora Dalloway” es como la vida: unos sufren enormes cargas, otros compran flores y van a fiestas. Pero todos sienten, todos experimentan tristezas y alegrías. La novela no está dividida en capítulos porque no existe ese tipo de “separación” en la vida: es el devenir de un pensamiento tras otro, en un día cualquiera. Como dice Vargas Llosa, se trata sobre “los meandros y ritmos escurridizos de la consciencia”. Y deja TODO sobre la mesa. Desde adentro, hacia nosotros mismos.</p><p>Para más reseñas sobre autores y libros, seguime en Instagram @margaritadurand</p><p>Sobre los talleres de lectura. Julio: OSCAR WILDE</p><p>Taller LEER CLÁSICOS</p><p>Lunes 18,30 a 20. En julio “El retrato de Dorian Grey”, de Oscar Wilde.&nbsp;</p><p>Taller LEER CUENTOS</p><p>Miércoles 18,30 a 20. En julio: Oscar Wilde y otros.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/v0ZhaVyB-Xh68kv5szfO5ERlYyQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2021/06/53ac8d10-9fb2-4134-92b2-73ac606ca8b4.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Un relato que transcurre en un solo día de junio (1925).]]>
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                <published>2021-06-30T02:51:35+00:00</published>
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            El desafío de volver a pensarnos, “Martín Fierro” de José Hernández
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        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/opinion/el-desafio-de-volver-a-pensarnos-martin-fierro-de-jose-hernandez" type="text/html" title="El desafío de volver a pensarnos, “Martín Fierro” de José Hernández" />
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                <![CDATA[Margarita Durand]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/90xF-ouL46TZrsxrRdDgcIqIom8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2021/05/681ae4b8-da100939-2dd5-48d5-b4a2-534e349a82a9.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hoy nos toca evocar ese libro que aparece en los diseños de Literatura desde siempre. Clásico argentino. El gran poema nacional. Pareciera que no se puede decir mucho más sobre “Martín Fierro que no se haya dicho ya. </p>
<p>Sin embargo, cada vez que lo leo aparecen preguntas nuevas, inquietudes. Y una angustia que permanece. Es que del poema se pueden perder detalles -uno puede olvidar si el segundo hijo estuvo o no en la frontera, si la mujer muere finalmente o si Picardía venía de acá o de allá- pero si leíste “Martín Fierro”, no se olvida el impacto. La sensación de injusticia y el dolor de ese hombre que lo pierde todo por una guerra de otros, por una Nación que le devuelve poco menos que un taparrabos con que cubrirse, desde lo literal y a lo simbólico, y viceversa.</p>
<p>Su autor, José Hernández, escribió “El gaucho Martín Fierro” en 1872. Por el tono y por el desgarro de la anécdota, la primera parte de la vida de este gaucho es un grito desesperado, alguien que pide que se lo escuche, algo así como cantar (o contar) para desahogar esa “pena extraordinaria” a la que alude en la primera estrofa y que nos anticipa que estamos ante una historia triste. Tenía en su pago “hijos, hacienda y mujer”, animales (el caballo, quizás, elemento de identificación más marcado de un grupo heterogéneo, de origen impreciso, resultado de una confluencia étnica y cultural) pierde todo cuando lo mandan a la frontera con el pretexto de defender la Patria de los ataques del indio. El problema es que encuentra, una vez allí, con una realidad insostenible: los forzaban a trabajar en las tierras del coronel, esas tierras que hacían propias los amigos de los gobernantes de turno cuando avanzaban sobre el “Desierto”. Los gauchos bien podían saberse esclavos: trabajaban mal alimentados y mal vestidos, se enfrentaban al indio sin armas y hasta “en ancas” porque no tenían suficientes caballos. ¿Dónde estaban, en ese momento, los que habían hecho “más promesas que ante un altar”? ¿Cómo se vuelve de ese desencanto? Martín Fierro descubre que “si siquiera figuraba en la lista” y entonces decide desertar. Decide convertirse, quizás en contra de sí mismo, en gaucho desertor. Y aquí comienza su caída. </p>
<p>Lo que desea, principalmente, es regresar a casa. Pero no podía saber entonces que ese hogar ya no existía: “tan solo hallé la tapera” nos cuenta. Es así que toma otra decisión, seguramente consecuencia de la amargura de saberse traicionado. Allí, en ese momento, jura ser “más malo que una fiera” y comienza su etapa como gaucho malevo. ¿Quién puede juzgarlo? ¿Es, acaso, justo, medir con la misma vara el accionar de todos los hombres? Martín Fierro no recibió nada de sus gobernantes, pero estos le exigen VOTAR, lo obligan a un comportamiento cívico que el gaucho no comprende, porque no lo toca: Y en medio de mi ignorancia / conozco que nada valgo (…) / pero también lo que nos mandan / debieran cuidarnos algo (La ida, VI) quien no ve garantizados sus derechos, ¿tiene obligaciones? La tierra que le dio la espalda ahora lo va a juzgar.</p>
<p>No es mi intención justificar los crímenes de Martín Fierro. Se carga una muerte vana, injusta, de índole racial. Varias veces vemos al personaje cometer actos de violencia sobre otros que, paradójicamente, incluso él padece en carne propia: un círculo de violencia sin fin. Martín Fierro es un hombre, y como tal, es sus contradicciones. O, quizás, se trate de que su autor lo convierte en vocero, a través suyo difunde ideología: el gaucho es el varón de la tierra, la conoce más que nadie: es dueño de una sabiduría propia de las civilizaciones más antiguas, aunque ni él mismo sea consciente de esto. No así el inmigrante ni el indio, lo más destratado del poema, ese ser bárbaro, salvaje, inhumano. Casi como si este poema fuese -especialmente, “La vuelta…- la justificación ideológica de la Conquista del Desierto: el gaucho puede y DEBE formar parte del proyecto nacional –Sarmiento no estaba tan de acuerdo…-, el indio debe ser aniquilado. Fierro que, junto a su entrañable amigo Cruz -mi personaje favorito, alma noble que se reconoce a sí mismo en el otro que sufre y da todo hasta las últimas consecuencias- parte hacia las tierras del indio porque “allí no llega el gobierno” y quizás puedan vivir en paz, aunque en la segunda parte “besa la tierra que no pisa el indio” y dice “infierno por infierno, prefiero el de la frontera”. Martín Fierro, finalmente, pareciera asimilar el proyecto de civilización que José Hernández anuncia en el prólogo. </p>
<p>El del personaje es un viaje físico -de su hogar a la frontera, de allí a los indios, volver y buscar la tierra cristiana otra vez- pero también es un viaje espiritual. Quizás sea, una vez más, el deseo de su autor que para cuando publica la segunda parte en 1879 ya es un político activo y parece lógico que aprovechase la fama de la primera parte para difundir sus ideas de “civilización”: Patria, Dios, familia, buenas costumbres y LIBERTAD dentro del respeto a la ley. El resto, fuera. Una historia desgarradora, de injusticia y de denuncia, que termina con un “final feliz”, de reconciliación. Bien por Fierro, pienso yo, y por sus hijos, con los que finalmente se encuentra. Bien por la paz que logra con su pasado. </p>
<p>Pero, atentos: como lectores, no caigamos en la fácil. Al contrario: que este poema sirva para pensar, una vez más, nuestro país. Quiénes formamos “parte” del proyecto, quiénes quedan afuera. El valor de la educación. La responsabilidad compartida. Lo injusta que es la justicia, aunque suene redundante. Y cómo la vara no es igual para todos, lo que se reproduce en todas las épocas, como un vicio de violencia sin fin.</p>
<p>Los clásicos son clásicos porque admiten múltiples lecturas. Quizás, incluso, las demanden. Usemos el “Martín Fierro” para pensarnos otra vez.    </p>
<p>> Para más reseñas sobre autores y libros, seguime en Instagram @margaritadurand</p>
<p>Sobre los talleres de lectura</p>
<p>Taller LEER CUENTOS
Tres cuentos por mes, seleccionados a partir de un tema disparador. Miércoles 18,30 a 20 por MEET.</p>
<p>Taller LEER CLÁSICOS
Una novela clásica en tres encuentros. En junio “La señora Dalloway”, de Virginia Woolf. Lunes 18,30 a 20.</p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/90xF-ouL46TZrsxrRdDgcIqIom8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2021/05/681ae4b8-da100939-2dd5-48d5-b4a2-534e349a82a9.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Hoy nos toca evocar ese libro que aparece en los diseños de Literatura desde siempre. Clásico argentino. El gran poema nacional. Pareciera que no se p...]]>
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                <updated>2021-06-01T18:23:58+00:00</updated>
                <published>2021-05-31T17:49:38+00:00</published>
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            Leer para encontrar un nuevo sentido
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                <![CDATA[Margarita Durand]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/spB8PkDpRjYuVvy4IGClEv1Kr3o=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2020/12/473eb76d-e8965220-0794-4f9d-ba66-f5f487239b43.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Año desafiante. Terrible en muchísimos sentidos (no hace falta enumerar, procuremos olvidar el contexto por un rato) aunque también de novedades. De descubrimientos. Porque en el pesimismo de la situación general, ver las cosas con los ojos abiertos –la realidad, qué problema- nos hace optimistas. Advertir las cosas como son, y desear que todo mejore. Por lo tanto, pensemos en las cosas lindas que pasaron.</p>
<p>Este año me dediqué a leer clásicos. También descubrí autores que no conocía, novedades que me gustaron mucho y otras cosas que quizás no tanto. Fue un año de mucha lectura, en ese sentido, muy grato. Haciendo un balance –siempre se hace balance cuando el tiempo acaba, este 2020 no resiste mucho análisis, pero en cuanto a lectura lo podemos intentar- me quedo con los clásicos, esos que había leído hace tiempo y que de pronto, sentí urgencia de retomar. Y comprobé, una vez más, que la relectura es un acto más significativo que la lectura. Con la relectura se vuelve a pasar por esos sitios ya caminados, pero abriendo los ojos y pensando todo otra vez, atendiendo otras cuestiones que en principio pasaron desapercibidas. La relectura potencia el descubrimiento, el encuentro con el autor, la magia se hace más clara cuando tomamos un libro por segunda vez. Y por qué no, por tercera. Y los clásicos son un volver a casa. A nosotros.</p>
<p>Para diciembre propuse en mi taller de cuentos (coordino talleres de lectura, uno de cuentos, uno de teatro, uno de novelas clásicas) el tema TIEMPO para despedir el 2020 –¡por fin! Uno de los cuentos que seleccioné fue “Las nieves del Kilimanjaro” de Ernest Hemingway, que relata lo que un hombre reflexiona sobre la vida tras un accidente que pone en riesgo su salud. ¿Qué pasa por la cabeza cuando entendemos que probablemente nos quede poco tiempo, y que todo puede terminar de un segundo a otro? A través de este cuento, volví a Hemingway, y retomé “Adiós a las armas”, su novela de 1929, el relato seco, casi objetivo de Fred Henry, un soldado americano que se enlista en el ejército italiano para luchar en la Gran Guerra. Henry comienza su “experiencia bélica” con la ilusión ingenua de todos aquellos que creyeron que en una guerra se puede, efectivamente, ganar. Con el paso del tiempo y de las distintas situaciones siempre traumáticas –excepto su historia de amor con Catherine, lo único que lo salva- Henry va comprendiendo qué es la vida, qué significa la guerra y sobre todo, que no existe victoria después de tanta muerte. Se me ocurren varios puntos interesantes para debatir sobre esta novela, pero elijo plantear la situación del protagonista y entenderla también para mí, para la vida, para nosotros. </p>
<p>La primera Guerra Mundial –una de las guerras más cruentas de la historia, si no la más- sucedió como consecuencia de un espíritu de gloria compartido por las potencias europeas, que venían triunfando en su necesidad de modernizar y civilizar durante todo el siglo XIX. Esta mirada evolucionista, este ir hacia adelante, trajo avances científicos importantísimos (como la locomotora, en 1804, la fotografía, en 1826, el termómetro, en 1866) pero también nos dio, por ejemplo, la dinamita en 1866, entre otros inventos que sirvieron para matar y trasformaron el mundo para siempre. Probablemente, si pudiéramos preguntarle a alguien del XIX sobre el futuro de la humanidad nos diría, con ilusión, que no hay límite para lo que el ser humano puede hacer. Nadie podría haber vaticinado las lamentables consecuencias del avance de la ciencia. Para la Historia es más “útil” pensar los hechos como parte de un proceso de larga duración. Esta teoría del historiador francés Fernand Braudel nos invita a mirar lo que sucede a través del tiempo para percibir el verdadero impacto de las cosas. Lo que en el XIX fue avance y progreso, probablemente tenga que ver con lo que vivimos nosotros ahora: contaminación, mala alimentación, enfermedades, catástrofes naturales. Necesitamos ver las cosas en perspectiva y a futuro. Necesitamos poner en jaque nuestra forma de vida y reflexionar sobre cómo queremos vivir. Como Fred, el protagonista de “Adiós a las armas”, que al final se pregunta qué significado tenía lo que estaba haciendo. Necesitamos encontrar una nueva forma de ser. </p>
<p>Y sí, me fui por las ramas, pero está bien, porque eso es lo que sucede cuando leemos un buen libro. Pensamos, analizamos, nos quedamos con un tema en la cabeza, que volvemos a pensar. Los clásicos nos permiten hacer consciente todo eso que en el día a día olvidamos. Porque vivimos demasiado rápido. Porque se nos pasan los días haciendo algo más. Este año “desafiante” leí clásicos, y pensé en cómo quiero vivir. </p>
<p>Entre tanto pesimismo, me ilusión pensar que a través de la lectura podemos encontrar un nuevo sentido. </p>
<p>Para más reseñas sobre libros y autores, seguime en Instagram @margaritadurand</p>
<p>Sobre los talleres de lectura (¡sumate para febrero!) por MEET
•	Taller LEER CUENTOS
Tres cuentos por mes, seleccionados a partir de un tema disparador.
Miércoles 18,30 a 20 por MEET.
•	Taller LEER CLÁSICOS
Una novela clásica en tres encuentros. Lunes 18,30 a 20.
•	Taller de TEATRO
Una obra de teatro, leída entre todos. Jueves 15 a 16,39</p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/spB8PkDpRjYuVvy4IGClEv1Kr3o=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2020/12/473eb76d-e8965220-0794-4f9d-ba66-f5f487239b43.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Los clásicos nos invitan a mirar en perspectiva]]>
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                <published>2020-12-22T11:04:42+00:00</published>
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            Profesores que enseñan de mil maneras
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/TMdItWl1euL5FJ92nmVY7LzoawU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2020/09/66e6e30c-whatsapp-image-2020-09-17-at-10.42.24-am.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Esta semana con mis compañeros de lectura -coordino un taller de lectura de cuentos, que en épocas de pandemia funciona por MEET, una de las tantas cosas que en nuestra vida normal eran de una manera y tuvimos que adaptar a las nuevas circunstancias- leímos a Borges. Nada menos. El maestro. El profesor. El gran genio. Ese que intimida a los que nunca rondaron por los mundos borgeanos. Pero lo cierto es que la lectura de Borges salió muy bien, y en el día del profesor -Borges enseño casi toda su vida- me gustaría analizar por qué.</p>
<p>Un par de talleristas habían leído a Borges, la mayoría no lo había leído nunca. Hubo quienes me compartieron sus dudas: ¿y si no lo entiendo? ¿y si no lo disfruto? Uno dice “Borges” y suena a complicado. Y lo complicado, generalmente, no se disfruta tanto. O no nos da ganas.  </p>
<p>Evidentemente leer a Borges no es algo sencillo, que se haga a la ligera. Para poner un ejemplo, parece mucho más ocupado en desentramar filosóficamente temas que son más metafísicos que físicos -el ser, la identidad, ese “acto único en que un hombre define su destino”, según Piglia- y eso puede suponer una lectura más cuidadosa, ya que la historia que sucede en la superficie y la que sucede de fondo son diferentes, cada una tiene sus propias reglas y es el lector quien debe unir las coordenadas. Ahí hay un gran desafío. Algunos afirman que Borges escribe sobre sus obsesiones, que son siempre las mismas -el laberinto, la biblioteca eterna, el doble, las orillas- y luego piensa una historia alrededor de estas según un género: las presenta como un policial, como un cuento fantástico, según las claves que cada género propone, como si fuera un juego. Otra gran prueba en los cuentos de Borges son las tantas lecturas que en cada cuento se referencian. Esos libros que devoró desde chiquito –Borges escribió su primer cuento a los siete años, después de leer El Quijote- y tradujo “The happy prince” de Oscar Wilde a los diez- aparecen una y otra vez. Entonces leemos un cuento de Borges, pero en realidad estamos leyendo todas sus otras lecturas en clave, que dan un sentido diferente a lo que estamos leyendo. Otra vuelta. Depende quién sea el lector se capta o no ese guiño, esa propuesta de relación y de sentido. </p>
<p>Pero en vez de tomarlo como un escritor elitista -muchos interpretan que Borges escribía difícil a propósito, para autoexcluirse&#8211; podemos pensar que Borges en realidad nos está mostrando cómo y para qué leer. Así descubrimos al profesor Borges que, además de dictar la cátedra de Literatura Inglesa en la Universidad de Buenos Aires durante muchos años, nos sigue enseñando hasta el infinito, concepto que lo obsesionaba. Borges nos muestra que cuando más leemos, más sabemos, y mayor será nuestra capacidad de interpretar. Nos propone pensar, también, en el acto de leer en sí mismo. Dejo aquí algunas reflexiones –y consejos, también, si se me permite- sobre cómo leer a Borges y “hacernos” el hábito.</p>
<p>•	Tener paciencia al principio. Hay que darles tiempo a las palabras, que hagan efecto en nosotros. Como un tiempo de prueba. Existen textos que sirven como entretenimiento o distracción, Borges es otra cosa. Necesitamos dedicarle tiempo.
•	Que el momento de lectura sea “preparado”, intentar buscar espacios acordes a la situación. Es difícil leer con el teléfono al lado, una pantalla o cualquier distracción posible. Sirve sentarse a leer con lápiz y papel para anotar lo que nos quedó irresuelto. Podemos seguir aprendiendo una vez terminado el texto, investigando, leyendo otras cosas.
•	Pensar en la lectura como un ritual. Necesitamos cierto “entrenamiento”, ir mejorando nuestra capacidad lectora para poder seleccionar, cada vez, obras más complejas. </p>
<p>En resumen: es una maravilla leer a Borges. No conozco muchos escritores que desentramen las palabras como él. Pero requiere un esfuerzo: sentarse, con un café o un mate, a pensar. Con cada texto, nos sigue enseñando el profesor Borges. Nos señala en cada cuento un mundo nuevo. Es entregarse, con cierto “entrenamiento”, a ir un poco más allá.</p>
<p>Para más reseñas sobre autores y libros, seguime en Instagram @margaritadurand</p>
<p>Sobre los talleres de lectura</p>
<p>Taller LEER CUENTOS
Tres cuentos por mes, seleccionados a partir de un tema disparador. En octubre: Historias de amor/desamor. Miércoles 18,30 a 20 por MEET.</p>
<p>Taller LEER CLÁSICOS
Una novela clásica en tres encuentros. Este mes leímos “Madame Bovary”, de Flaubert. Lunes 18,30 a 20.</p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/TMdItWl1euL5FJ92nmVY7LzoawU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2020/09/66e6e30c-whatsapp-image-2020-09-17-at-10.42.24-am.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>En el día del profesor, un homenaje a Jorge Luis Borges.
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2020-09-17T14:12:09+00:00</updated>
                <published>2020-09-17T14:12:09+00:00</published>
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            Maestros que enseñan, maestros que aprenden
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                <![CDATA[Margarita Durand]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/l_gj4aPoaOm06Cj2DkJgmpBaLK8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2020/09/df9d8030-fotomargarita.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En el mes de los maestros y de los profesores, una novela que nos propone pensar la docencia. Porque la docencia puede –y debe- pensarse y repensarse tantas veces como tengamos un alumno enfrente. Y porque los docentes tenemos –y debemos- seguir aprendiendo, siempre. </p>
<p>Stoner (1965) de John Williams
304 páginas – Editorial Fiordo</p>
<p>William Stoner no nació profesor. De hecho, no pensó en ser profesor mientras trabajaba en la granja de sus padres, en algún pueblito perdido del sur de Estados Unidos. Tampoco realmente surgió de él ir a la Universidad. Fue su padre quien, por algún impulso misterioso, decidió enviar a su único hijo para que aprendiera más sobre cómo trabajar la tierra. La idea era que William trajera todos esos conocimientos sobre el mundo de la ciencia, para luego volver a casa y ocuparse de lo que se esperaba de él. Pero se encontró –como muchos de nosotros cuando vamos a la universidad- con una parte de él mismo que desconocía. Cuando cursó Literatura y no entendió sobre lo que los profesores hablaban, cuando desaprobó, cuando sintió el secreto de las palabras, algo en él despertó. Quería saber ese secreto, entonces insistió, estudió, luego cambió Agronomía por Literatura Inglesa. Y su vida de la granja quedó atrás en ese salto.</p>
<p>Luego uno de sus profesores le sugirió –a él no se le había ocurrido ni por un segundo, como la mayoría de las cosas que le sucedieron al principio- que él mismo sería un profesor. En ese momento, “William Stoner” se convirtió en William Stoner. Y enseñar fue su vida, de ahí en más. </p>
<p>Stoner no es una apología a la docencia. De hecho, es una aguda crítica al sistema académico, a la evidente desigualdad de oportunidades entre el mundo rural y el universitario en Estados Unidos (y en todas partes, en realidad), al “amiguismo” y al “acomodo” y demás cuestiones que los que estamos en el rubro conocemos bien. Además, es un pantallazo cruel sobre la educación rígida, la doble moral y la falsa idea de felicidad. La novela no vende la imagen del maestro amado ni hace alarde de las virtudes pedagógicas ni académicas del profesor Stoner. Queda claro que, en su recorrido como docente, tuvo momentos “básicos” y otros en los que logró lucirse. Pero no podría decirse que Stoner tenía ese toque mágico, ese carisma que nos hace recordar a algunos de nuestros profesores con amor, incluso después de años. William Stoner tenía, sin embargo, principios sólidos y un sentido de responsabilidad inquebrantable, jamás se ausentaba a clase y corregía cada trabajo de sus alumnos con empeño y dedicación. En ese sentido, se destacaba. </p>
<p>Y hay más que su vida docente en la novela. Stoner  es la historia de un hombre, también. Porque los y las docentes somos, ante todo, personas. Y lo que somos es tal vez más importante que lo que sabemos sobre nuestra disciplina en particular. La humanidad en nosotros. Lo que trasmitimos a nuestros alumnos. Lo que aportamos a sus vidas y lo que esperamos que vean cuando nos ven. Los docentes somos personas que debemos seguir aprendiendo. De todo. De los chicos, de los adultos, de las experiencias y de los libros. Los docentes debemos leer. Debemos pensar y trasmitir esa actitud activa frente al mundo, esa curiosidad, a nuestros alumnos. Como William Stoner, que nunca dejó de aprender de los libros y de la vida. Hasta el final. A su manera.</p>
<p>Stoner no es una apología a la docencia. Es una invitación a nunca dejar de aprender. Me quedo con la frase que más me marcó –no quiero contar qué estaba haciendo el personaje, ni quién se la dice a él, porque sería adelantarles demasiado sobre este libro que es una belleza, lo leí hace meses y aun vuelve a mí cada tanto, como sucede con las grandes historias-: le dicen a William Stoner: deseo y aprendizaje. En verdad, eso es todo lo que hay, ¿no crees? </p>
<p>Por supuesto que estoy de acuerdo.</p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/l_gj4aPoaOm06Cj2DkJgmpBaLK8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2020/09/df9d8030-fotomargarita.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En el mes de los maestros y de los profesores, una novela que nos propone pensar la docencia. Porque la docencia puede –y debe- pensarse y repensarse...]]>
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                <updated>2020-09-08T15:28:15+00:00</updated>
                <published>2020-09-07T14:35:20+00:00</published>
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            Silvina Ocampo, la mujer secreta
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                <![CDATA[Margarita Durand]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/UwP0zhL9WHTu9GjHOKE8iQ3TpCg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2020/07/854b9fe8-1ca0ae0b-0dfc-4348-9f4e-7e995555dd57.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>28 de julio, aniversario del nacimiento de Silvina Ocampo</p>
<p>Silvina Ocampo es, sin dudas, una de las máximas figuras del mundo literario argentino. Sexta hija mujer, parte de la aristocracia local y hermana menor de la poderosa Victoria Ocampo, Silvina Ocampo se convirtió en escritora, fue amiga de Borges y se casó con Adolfo Bioy Casares. Podemos interpretar que lo tuvo todo. Su vida se lee entre mitos y misterios que al día de hoy son rumores que van y vienen, y que alimentan todavía más la fantasía sobre esta mujer que fue mucho más un enigma que una respuesta certera. </p>
<p>Quizás, para ser justos, deberíamos empezar diciendo que Silvina Ocampo no tuvo enseguida el “reconocimiento” como escritora que tanto anhelaba. No era fama ni mundo mediático lo que buscaba: ella quería ser leída y apreciada por su talento. Se preguntó, sin más, qué era el éxito. Se contesta a sí misma: el éxito es saber que uno ha conmovido a alguien. Pero la fama literaria llegó de forma tardía. En los testimonios de sus amigos, sus colegas escritores, la gente con la que se escribía, confirman que, si bien sí se la leía, la mayoría de las reseñas sobre sus cuentos, las devoluciones y las opiniones sobre su escritura -incluso por parte de su propia hermana, fundadora de la revista Sur y de la editorial con mismo nombre- no eran para nada favorables al principio. Quizás, por quien era, se le pedía más: un precio a pagar por su posición de privilegio. Quizás -esto parece lo más probable- le tomó tiempo encontrar su propia voz, la que pareciera haber alcanzado en 1959 con “La furia”, una antología de cuentos que reúne sus grandes obsesiones: evocaciones a la niñez, la crueldad y el espanto, las voces de los marginados, entre otras. </p>
<p>Silvina Ocampo fue siempre un gran signo de pregunta incluso para aquellos que la tenían cerca. Y ahí su encanto. Este libro que traigo hoy en el aniversario de nacimiento de Silvina Ocampo, escrito por la periodista y directora de Letras del Fondo Nacional de las Artes, Mariana Enríquez, es una puerta a la vida de esta mujer, que hoy figura entre los grandes escritores de nuestro país. Empezó su búsqueda artística como pintora y no como escritora. Sus amigos afirman que siempre garabateaba servilletas y papeles y que, si te quería, dibujaba tu retrato. Era una artista completa e indescifrable. Se parecía a sus cuentos: original, decía su marido sobre ella. Única. No copiaba nada ni a nadie y seguía sus propias reglas. </p>
<p>Silvina Ocampo pudo ser más libre que sus hermanas, dicen. Siendo su hermana mayor el centro de las expectativas, fue algo así como “el etcétera” de la familia, como ella misma solía decir. Conoció los sinsabores de la vida desde pequeña, cuando murió a su hermana Clara -la única que jugaba con ella- y quedó muy sola, siempre rodeándose de los que en verdad consideraba su familia: el servicio doméstico, las niñeras. De hecho, uno de los “mitos” (uno, entre tantos) que envuelven a las hermanas es que Victoria, al casarse, se habría llevado con ella a Fanni, la niñera de Silvina, a quien la niña consideraba una madre. Dicen que Silvina nunca se lo perdonó. Es probable que Victoria jamás se haya dado cuenta. </p>
<p>Las hermanas Ocampo fueron educadas en casa, con institutrices francesas e inglesas aprendieron francés e inglés, al punto de que a Silvina Ocampo se la cuestionó por su singular -por no decir, incorrecto- uso de la gramática española. Silvina recibió una educación de privilegio y una dote que le permitió ser libre, en términos de Virginia Woolf. Con su padre ya fallecido y una madre anciana, nadie le dijo -ni hubiera podido hacerlo tampoco, ella no lo hubiera permitido- qué hacer. En 1934 se fue a vivir con Adolfo Bioy Casares, diez años más joven que ella. Se casaron recién en 1940, y estuvieron juntos hasta la muerte de Silvina, en 1993. Bioy Casares mantuvo relaciones con otras mujeres, incluso fue padre de Marta de manera extramatrimonial. Silvina adoptó a Marta y la crio. Fue una madre sobreprotectora, dicen. Los que la conocían cuentan que Silvina no era una víctima de los amores de Bioy e insisten en que no hay que ubicarla en ese lugar. Era un trato entre los dos. Hay rumores acerca de los Bioy -así se los llamaba desde el casamiento- que hacen de su vida algo tan atrapante para los lectores: las imponentes mansiones en las que vivían, las cartas de amor que se salvaron, los cuentos y las anécdotas, la fiel amistad con Jorge Luis Borges. Incluso se dijo que ella y Bioy compartían el amor de una de sus sobrinas y que Alejandra Pizarnik estaba enamorada de Ocampo. Nunca lo sabremos -aunque todo sea tan interesante y nos gustaría saber todavía más- pero en realidad no es lo fundamental sobre esta mujer. Porque además de los rumores y los mitos sobre su vida, Silvina Ocampo fue sobre todo una gran escritora, una voz despojada de prejuicios y libre de influencias. Al parecer, escribió como vivió.   </p>
<p>Y también, Silvina Ocampo y sus cuentos nos dicen mucho sobre nosotros mismos como lectores y como sujetos de época: según los testimonios que reúne Enríquez en su libro, Borges, Bioy y Silvina eran rechazados por el mundo académico en un momento en que la literatura debía necesariamente mostrar compromiso con la realidad social.  Quizás no se entendió, en su momento, el sentido de la metáfora. Quizás, una vez más, se redujo a discusiones llanas lo que debe o no debe ser la literatura. Pero, afortunadamente, hoy en día Silvina Ocampo se lee incluso en la escuela. Y al menos, con esta lectora, se cumplió su deseo de conmover un alma.      </p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/UwP0zhL9WHTu9GjHOKE8iQ3TpCg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2020/07/854b9fe8-1ca0ae0b-0dfc-4348-9f4e-7e995555dd57.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>28 de julio, aniversario del nacimiento de Silvina OcampoSilvina Ocampo es, sin dudas, una de las máximas figuras del mundo literario argentino. Sexta...]]>
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                <updated>2020-07-27T12:55:48+00:00</updated>
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            Alice Munro: mucho más que historias cotidianas
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7CqkfnIckYLbB3TV97kcWMLalmk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2020/07/3bc758a5-9d787757-ebc1-4d51-9223-7db74d467ccc.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Tengo los libros de Alice Munro hace tiempo en mi biblioteca. Me la habían recomendado mucho. Además, es una de las pocas mujeres ganadoras del Premio Nobel de Literatura (nota importante: desde 1901, año en que se entregó este premio por primera vez, solo quince mujeres han recibido el premio, 13% del total). También esto me motivaba a leerla, en apoyo a las escritoras mujeres que, al parecer, deben probar más su talento que los hombres. En 2013, Alice Munro se convirtió en la primera canadiense y la decimotercera mujer en recibir el Premio Nobel de Literatura. La nombraron &#8220;Maestra de la historia corta contemporánea&#8221;. Todo indicaba que mi encuentro con ella sería un éxito. Pero no sucedió de esa manera, por lo menos no enseguida.</p>
<p>Una amiga me había regalado una de sus antologías, otra me lo compré yo. Me sentaba a leer a Munro, pero no me enganchaba. Cada vez que empezaba un relato, lo dejaba. A qué viene esta anécdota, se preguntarán. Por qué esta mujer escribe sobre Alice Munro pero nos dice que en realidad no se entusiasmó con ella al principio. Sí, es eso exactamente. Quiero contar mi experiencia como forma de desmitificar la idea de que los lectores somos voraces consumidores de cualquier libro, en cualquier momento. No sucede así. Leer es un acto de voluntad y de decisión buscando el disfrute, aunque no siempre todo esto va de la mano. A veces, simplemente y sin ninguna razón aparente, no nos “enganchamos” con un libro o con un autor/a, y no significa que más tarde, en otras circunstancias, no le encontraremos la vuelta. Borges lo decía: a veces uno no está preparado para ese libro. Decía que si un libro aburre, si resulta tedioso para nosotros, tenemos que dejarlo. Ese libro quizás no fue escrito para nosotros en ese momento. </p>
<p>Pero las personas cambiamos. Aprendemos. Nos pasan cosas. Sufrimos distintas experiencias que nos hacen, de pronto, ver el mundo de otra manera. Entonces tiene lógica pensar que un libro que en principio no nos interesaba o no lográbamos entender del todo, de pronto resulte exactamente lo que necesitábamos leer. Algo así me sucedió cuando al azar (porque la vida también es eso: en cierto punto buscamos que algo nos suceda -como comprarte el libro, pensar qué autora te interesaría leer, preguntar por ella- pero también hay algo de casualidad) el libro estaba abierto en este cuento maravilloso que se titula “La mendiga”, y mientras me había el café a la mañana lo empecé a leer. Ahí sucedió eso mágico, inexplicable, que es el encuentro entre autor y el lector. Sentí que ese cuento estaba escrito para mí. Como me pasó tantas veces con tantos otros cuentos, como seguramente sucede a todos los lectores en algún momento de su recorrido. Luego leí “Providencia” y los demás relatos de la antología “¿Quién te crees que eres?”. Desde ese momento no he podido soltar a Alice Munro. </p>
<p>La llaman &#8220;la Chéjov canadiense&#8221; por sus cuentos largos, centrados más que nada en historias de vida cotidiana en pequeños pueblos de Canadá, mujeres que atraviesan divorcios, relaciones familiares, historias de trabajo y de vida: todo eso y más nos cuenta Munro, con su ojo observador agudo y su forma de hacer evaluaciones sin juzgar ni presumir. Es la vida, dice Munro, es el mundo, desde lo más pequeño que en realidad muestra algo más grande. Podemos a simple vista ver que en los cuentos no pasa nada realmente. Porque lo que sucede es lo cotidiano, lo simple y a la vez tan complejo, que nos conecta a todos. Es el alma humana, los momentos en que entendemos cosas sobre la vida como pequeños instantes de iluminación. Ahora sabemos algo que antes no sabíamos, como respirar la verdad, aunque sea por un instante. </p>
<p>Además, muchas de sus historias funcionan como cuentos autónomos aunque a la vez se conectan unas con otras. Hay personajes que se repiten, aparecen y desaparecen, y podemos seguirlos, sus anécdotas y recuerdos. Esto permite que los cuentos también sean leídos como una novela completa, diferente, en un giro audaz para pensar el acto del relato.</p>
<p>Si tenés algunos días de descanso ya sabés: quizás sea tu momento de conocer a ALICE MUNRO, mucho más que una autora de historias cotidianas.</p>
<p>+ Para más reseñas sobre libros y autores, seguime en Instagram @margaritadurand</p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7CqkfnIckYLbB3TV97kcWMLalmk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2020/07/3bc758a5-9d787757-ebc1-4d51-9223-7db74d467ccc.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Tengo los libros de Alice Munro hace tiempo en mi biblioteca. Me la habían recomendado mucho. Además, es una de las pocas mujeres ganadoras del Premio...]]>
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                <updated>2020-07-12T23:33:42+00:00</updated>
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            Mariana Enríquez, una autora para descubrir
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ADfLIoEDxlHTSBBkqmCZEOcjuNE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2020/06/08a2057e-me.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Descubrí a Mariana Enríquez con Las cosas que perdimos en el fuego (2016). Me la recomendó una amiga hace algunos años. De lo mejor que leí, me dijo. Y tenía razón. La antología reúne doce relatos terribles y apasionantes. En sí, las historias no tienen punto en común, salvo por el hecho de que trascurren en Argentina y que el marco hiperrealista admite no obstante la aparición de lo fantástico. Esta quizás sea marca personal de la autora: crea para el lector un contexto familiar, que aun así le permite acceder a lo sobrenatural sin cuestionamientos. Y desborda tensión, siempre, hasta el final. </p>
<p>A partir de ese libro empecé a seguir a Mariana Enríquez, que hace pocos días se convirtió en la nueva directora de Letras del Fondo Nacional de las Artes, organismo que se encarga de financiar y apoyar el desarrollo de artistas locales a través de becas, subsidios y concursos. Leí también Este es el mar (2017), una novela corta sobre jóvenes y fanatismo en el mundo de la música con guiños de Ciencia Ficción, y tengo pendiente su investigación sobre Silvina Ocampo, La hermana menor (2014). Sin dudas, es multiforme el mundo de Mariana Enríquez, esta periodista que nunca dejó de trabajar de lo suyo para escribir ficción y a quien Anagrama acaba en entregarle el 37° premio Herralde por la novela Nuestra parte de la noche (2019). </p>
<p>“Yo me aburro mucho de mí”, dice en las entrevistas, y como escritora apuesta a salir de lo obvio escribiendo diferentes géneros, probando. Su último intento fue contar una historia en 700 páginas, algo que nunca antes había hecho. Escribir en una novela larga es un camino diferente, nos dice, porque el escritor debe “entrar en ese mundo, ese ritmo, en esa obsesión”. De alguna manera, en esta novela Enríquez crea un sistema que la representa, como el ADN de su propia narrativa. Logra conectar todos aquellos temas que la obsesionan y darles una forma: la influencia de la literatura fantástica anglosajona -que también marcó a Bioy Casares, Silvina Ocampo…- el ocultismo, la magia, el terror. Y también lo que ya había conseguido en sus cuentos: enmarcar la trama en un momento específico de la historia de nuestro país y en varios escenarios, lo cual le permite profundizar en política, en las relaciones de poder, en los conceptos de clase, las culturas diferentes y las creencias populares. </p>
<p>Nuestra parte de la noche es la historia de Juan y su hijo Gaspar. Los une, además de la sangre, un secreto que el padre quiere esconder. Juan fue acogido desde niño por una orden esotérica, una secta que lo adoptó con el objetivo de valerse de sus habilidades de médium. Puede comunicarse con “La Oscuridad” incluso en contra de su voluntad y sabiendo que esta práctica lo debilita cada vez. Los miembros fundadores de la Orden están convencidos de que de ese médium obtendrán un beneficio, y hacen todo lo que esté a su alcance para lograrlo. Entonces Juan se cuestiona si esta es la vida que quiere para su hijo, que tiene sus mismos dones, y decide negarle lo que es. Aquí se advierte otro de los temas recurrentes de la novela: la herencia, lo que nuestros hijos heredan necesariamente de nosotros, y si es justo limitar su libertad por dónde o cómo tocó nacer. En este sentido se explora también, de fondo, la herencia política en el contexto postdictadura, cómo el pasado marca a los personajes y lo que tienen que vivir.  </p>
<p>A Enríquez le interesan los vínculos de poder, las creencias populares paganas de la tradición oral, y las trae a los personajes y sus familias, el mundo aristocrático argentino, sus refinamientos y gustos, además de sus oscuridades. Las familias poderosas que eran dueñas de la tierra y de la gente, y que a la vez guardaban secretos que nadie conocía. Entrar en ese mundo es el regalo de esta novela, que se vuelve una lectura voraz. Y es increíble -como un viaje intenso- que esto suceda con una novela de 700 páginas, todas y cada de una de ellas tan viva como indispensable. </p>
<p>Nuestra parte de la noche está colmada de magia, preguntas sobre el deseo y sobre el poder, las obsesiones de una escritora que siempre busca ir más allá. En 2019 ganó uno de los premios más importantes de la literatura usando un pseudónimo, para no valerse de sus aciertos literarios anteriores, y se animó a probar un terreno desconocido con la novela larga que, dicho por ella misma, te gana o te deja afuera. </p>
<p>Esta es una invitación al mundo de Mariana Enríquez, una de las escritoras más relevantes de la literatura argentina contemporánea, que hoy también es reconocida por el Fondo Nacional de las Artes. Versatilidad genial de una autora que hay que conocer.  </p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ADfLIoEDxlHTSBBkqmCZEOcjuNE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2020/06/08a2057e-me.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Es la nueva directora de Letras del Fondo Nacional de las Artes y fue premiada con el Herralde de Novela 2019
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                                <category term="coronavirus" label="Coronavirus" />
                <updated>2020-06-05T06:38:13+00:00</updated>
                <published>2020-06-04T15:37:31+00:00</published>
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            Leer con niños: aprender, explorar y ponerse en el lugar del otro
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                <![CDATA[Margarita Durand]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/QpslMSTr64H5aPtip_agfjQ0AaQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2020/05/18483050-viole-leyendo.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En tiempos de cuarentena, los que vivimos con niños nos hemos visto en la situación de “entretener” sus mentes curiosas. Mi primer recurso, siempre, tiene que ver con las historias: ver una película juntos, escuchar audiocuentos que nos envían a diario desde la Sala Abierta de Lectura, leer una novela entre todos. Esta semana le propuse a mi hija Violeta, que tiene nueve años, leer la historia de Anna, y así empezó este viaje a PENSAR.</p>
<p>Le conté la historia de Judith Kerr, que cuando niña tuvo que escapar de Berlín y emigrar primero a Polonia, luego -y finalmente- a Inglaterra. Allí, ya escritora, escribió Cuando Hitler robó el conejo rosa (1971), una novela autobiográfica que narra las percepciones de una niña que no comprende por qué su vida ha cambiado tanto.
Anna entiende “partes” de la situación total. Sabe que ellos son perseguidos por ser judíos, aunque en realidad no son personas religiosas y no asisten a ninguna iglesia. Sabe que ahora son “refugiados”, aunque no termina de comprender la magnitud del término. Sobre todo, no comprende por qué el mundo es tan injusto, por qué tuvo que dejar de ver a sus amigos y sus juguetes, y a su querido conejo rosa, que en realidad representa la infancia que Anna deja atrás. </p>
<p>Recuerdo cuando leí este libro por primera vez. Me gustó enseguida que la protagonista tuviera mi edad, y algunas de las cosas que contaba me eran familiares (el mundo de los amigos, la relación con sus padres, las típicas experiencias de los niños) pero por otra parte, Anna vivía una situación que me era absolutamente ajena y que yo tampoco terminaba de entender del todo. Me angustiaba pensar en Anna, que no tenía amigos, que no tenía juguetes. De tenerlo todo, Anna pasó a no tener nada. Me vienen a la mente fragmentos de la historia que leí hace más de veinte años: el momento en que Anna contempla unos pasteles a través de la ventana de la panadería, y la madre le dice que no puede comprarle uno. Ese día que Anna aprendió a hablar en polaco sin pensar en traducirlo desde su alemán nativo.  Los regalos que se hacían en navidad, con lo que tenían a mano. Yo era muy chica, y por primera vez escuchaba hablar de los Nazis, de Hitler y de la “Guerra Mundial” pero igualmente podía ponerme en el lugar de Anna y sufrir con ella por lo que le pasaba. Y así empezó a moverse algo en mí. </p>
<p>Apareció la curiosidad. Qué es la religión. Por qué la gente mata en nombre de un dios. Qué pasa con los que sufren las consecuencias de las acciones de los hombres. Con este libro busqué por primera vez en un diccionario la palabra “refugiado”. Con este libro empecé a cuestionarme cosas que al día de hoy no puedo contestar del todo, pero sigo tratando. </p>
<p>Mucho más tarde elegí estudiar Letras por amor a los libros y a saber siempre más, por entender que leyendo se aprende, se explora, se mira al mundo múltiples lados y se entiende que la mirada propia es una UNA sobre el montón.</p>
<p>Los libros nos hacen pensar y mirar las cosas desde diferentes puntos. Nos ayudan a abrir la puerta hacia la realidad del otro, que a veces es ajena, y si me aproximo, no puedo llegar. ¿Cómo habría podido yo enterarme sobre la guerra y sus consecuencias, de no haber leído sobre Anna y su conejo? Quizás, desde la teoría, algunos años después. Pero Anna, esta niña, lo hizo accesible para mí. Me hizo sentir como ella. Me humanizó lo que, tiempo más tarde, leería en el colegio y la universidad. </p>
<p>Por eso le propuse esta historia a mi hija, que al principio me dijo “es muy largo” pero después se enganchó. El libro está viejo, algo roto porque mis hermanos pequeños en su momento rayaron con colores algunas de sus hojas. Este libro sobrevive, o mejor dicho, VIVE. </p>
<p>Verla a mi hija leer el libro que amé es la prueba de que hay algo más. ¿Qué? </p>
<p>Es imposible de decir. Solo el que ha experimentado un buen libro sabe la respuesta. </p>
<p>____</p>
<p>Para más reseñas, en Instagram @margaritadurand</p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/QpslMSTr64H5aPtip_agfjQ0AaQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2020/05/18483050-viole-leyendo.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En tiempos de cuarentena, los que vivimos con niños nos hemos visto en la situación de “entretener” sus mentes curiosas. Mi primer recurso, siempre, t...]]>
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                <updated>2020-05-22T12:32:02+00:00</updated>
                <published>2020-05-22T12:24:23+00:00</published>
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            Lectura recomendada para pasar la cuarentena: “El nervio óptico”
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                <![CDATA[Margarita Durand]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MK6_8MnJO19XNTAtEaTqKgxWMdE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2020/04/7b10f166-7dec92c6e0afc37c47e6220c9d34122937dd05fc.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El nervio óptico. María Gainza. Anagrama. 2014. 158 páginas.</p>
<p>Leer a María Gainza resulta indispensable. Principalmente -y tan necesario para estos días- la novela que recomendamos es atractiva. Gaiza escribe de forma amena, casi casual, como si nos estuviera contando anécdotas: Somos sus interlocutores en una charla íntima. Así se articulan las historias en El nervio óptico, de 2014. </p>
<p>Escrita en primera persona y con claras referencias autobiográficas, la protagonista evoca recuerdos y situaciones de vida -sus vínculos familiares, la maternidad, el lugar que ocupa en la sociedad- y los anexa a momentos de “encuentro” con las obras de arte que marcaron su experiencia personal. </p>
<p>Ensamblando sus pasiones -la literatura y la pintura- la protagonista se busca a sí misma en los artistas que admira, y en eso, comparte con los lectores microhistorias del mundo del arte. Estamos con ella, ahí, observando a Schiavoni, a Coubert, a Dreux; seguimos sus recorridos como artistas, sus momentos fallidos, y nos preguntamos lo que la narradora deja ahí, latente, entre lo anecdótico: qué es el arte, qué significa tener éxito en el mundo artístico. Los capítulos &#8211; ¿o cuentos? &#8211; dan ganas de estar ahí, dentro, en el relato. Nos involucra. Nos interpela. Nos da ganas de saber MÁS.  </p>
<p>De lectura ágil, El nervio óptico es un libro para disfrutar.  Un gran debut para la que supo ser corresponsal para el The New York Times y Página 12, que estudió Historia del Arte y hoy se anima a la ficción. Sus lectores, agradecidos. </p>
<p>Si te gustan mis reseñas, seguime en Instagram @margaritadurand</p>
<p>* Esta novela es una de las seleccionadas para el taller “Leer: mujeres” que se dictará en la Sala Abierta de Lectura este año. ¿Dónde la podés conseguir? En la Sala Abierta de Lectura (Chacabuco 729)</p>
<p>DATO EXTRA: Si te interesa el ARTE, podés seguir en Instagram a María Menegazzo (Licenciada en Historia del Arte) que actualmente dicta dos talleres Historias del Arte Argentino y Hablar de Arte de manera virtual. Una propuesta diferente para seguir aprendiendo.</p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MK6_8MnJO19XNTAtEaTqKgxWMdE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2020/04/7b10f166-7dec92c6e0afc37c47e6220c9d34122937dd05fc.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El nervio óptico. María Gainza. Anagrama. 2014. 158 páginas.Leer a María Gainza resulta indispensable. Principalmente -y tan necesario para estos días...]]>
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                <updated>2020-04-13T15:28:12+00:00</updated>
                <published>2020-04-13T15:26:11+00:00</published>
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            Libro recomendado para la cuarentena: “También esto pasará”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/uKX2WZnPuol9YPq1Z4yrbQ9pkx4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2020/04/03b4a163-md.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>También esto pasará. Milena Busquets. Anagrama. Barcelona, 2015. 172 páginas. </p>
<p>NOVELA RECOMENDADA: También esto pasará, de la española Milena Busquets.  Fue publicada en 2015 y tuvo éxito inmediato. Arrasó en las ferias y recibió premios. Pero no es eso lo que nos invita a leerla. No la recomendamos porque haya sido premiada. La recomendamos porque es una historia honesta -casi cruda- sobre la situación de duelo y el desconcierto casi existencial ante la pérdida de un ser querido. La autora dice, en una entrevista a Télam “el dolor no pasa, una aprende a vivir con él” y eso es exactamente lo que se describe en esta esta confesión de 172 páginas tan ágiles como atrapantes. </p>
<p>La historia nos permite involucrarnos íntimamente con Blanca, una mujer de 40 años que vive en Barcelona aunque el relato trascurre en Cadaqués, un sitio con mar al que acude con amigos para alejarse de todo y poner su vida en perspectiva. Blanca -que es madre de dos hijos y que también nos expone las vicisitudes de la maternidad y los vaivenes diarios con los padres de sus niños- acaba de perder a su madre. Necesita aire nuevo, necesita una pausa. El mar, las conversaciones, los encuentros privados son situaciones que la obligan a pensar sobre sus relaciones con los demás y, especialmente, en el vínculo que la unía a su mamá. </p>
<p>Esta es una novela y también podría ser un diario íntimo, narrado sin premeditación. Estamos invitados a conocer el alma de una mujer que no conoce la culpa -como ella misma lo dice- pero sí sabe de dolor. Y aunque no podamos identificarnos con todo lo que le sucede, todos podemos empatizar con un alma que sufre. </p>
<p>Blanca se nos abre, generosa, nos cuenta experiencias de amor, de amantes, de sexo y de hijos, de excesos y de momentos que quizás hubiera preferido olvidar. Ideal para entretenernos, para identificarnos, para reflexionar sobre la vida de las mujeres, todas distintas aunque similares. Primera lectura recomendada en este #quedateencasaleyendo del día de hoy.</p>
<p>Esta novela es una de las seleccionadas para el taller “Leer: mujeres” que se dictará en la Sala Abierta de Lectura a partir de abril ¿Dónde la podés conseguir? En la Sala Abierta de Lectura (Chacabuco 729)    </p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/uKX2WZnPuol9YPq1Z4yrbQ9pkx4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2020/04/03b4a163-md.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>También esto pasará. Milena Busquets. Anagrama. Barcelona, 2015. 172 páginas. NOVELA RECOMENDADA: También esto pasará, de la española Milena Busquets....]]>
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                <updated>2020-04-02T10:01:27+00:00</updated>
                <published>2020-04-02T10:01:27+00:00</published>
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            Viajar hacia uno mismo: cómo evitar la sensación de encierro
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/53ciS0YZz9f6RkxHjtMRX3cG8Ds=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2020/03/f0b8bdb5-lectura.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Son tiempos extraños. Un virus nacido a otro lado del mundo ahora es pandemia, y la situación nos obliga a quedarnos en casa. Podríamos pensar que todo se trata de un sueño insólito, que de pronto despertaremos y la vida seguirá como si nada hubiese ocurrido. A modo película de Ciencia Ficción, de las que vemos por Netflix un sábado a la noche. Exceso de información, chats de WhatsApp que arden, angustia por lo desconocido. Son tiempos extraños.  Difíciles.</p>
<p>Aunque no es la primera vez que sucede. Además de la gripe de 2009 -que muchos de nosotros recordaremos claramente- las pestes y epidemias no son novedad para la historia de la humanidad. En clave literaria, el Decamerón de Boccaccio se concibió después de la epidemia de 1348 y sus cien relatos siguen vigentes todavía, por más de que quizás hasta hoy la idea de peste fuese algo alejado, imposible de pensar. </p>
<p>Lo cierto es que tenemos que quedarnos en casa y evitar circular por las calles. Debemos evitar los espacios de socialización, la aglomeración de gente, el contacto con el otro. Y muchos de nosotros no nos sentimos preparados para la conducta de aislamiento. Entonces: ¿cómo hacemos para “estar encerrados” evitando sentirnos encerrados? ¿Cómo hacemos para encontrar en nuestro hogar el disfrute y el entretenimiento que hasta hace poco encontrábamos fuera? Es un disparador interesante para reflexionar. Lo que parece visibilizarse de a poco, a la distancia, empujado por las circunstancias del afuera es que este momento extraño también puede ser visto como una oportunidad. Ese contacto físico con el otro podía ser sustituido, aunque sea por unos días, por un viaje hacia uno mismo. Ir hacia adentro. Buscar la esencia. Quien sabe: quizás encontremos el disfrute y el entretenimiento justamente allí, dentro, sin movernos de casa. </p>
<p>Para lograr ese viaje, las historias son definitivamente una herramienta. Como en el Decamerón, en el cual siete mujeres y diez hombres huyen de la plaga y se refugian a las afueras de Florencia. Se enfrentan a una situación difícil de llevar. Están solos. Son jóvenes. No saben qué sucede alrededor. Entonces aparece la idea de contar cuentos, uno por día, sobre el amor, sobre la suerte, sobre la vida en general, los padecimientos, los aprendizajes. Cada joven cuenta una historia como si buscara el sentido para seguir, apostando a contar como sinónimo de existir. Es que con las historias no solamente “pasamos el rato” sino que también pensamos en otra realidad, en otro mundo que no es el nuestro, pero que a veces se nos parece. Y ahí, el famoso “encuentro entre las almas” del que hablaba Du Bos. La reflexión sobre el otro y sobre nosotros mismos. Ahí comienza el viaje hacia el interior.</p>
<p>¿Cómo empezamos a leer, si no estamos acostumbrados a hacerlo? Mejor dicho: ¿por dónde empezamos? Una buena idea es descartar (o posponer) los libros larguísimos, los extremadamente difíciles, esos que exigen muchísima atención y detenimiento. Quizás un consejo válido sea empezar por los cuentos, pedir a un amigo lector que nos sugiera su libro favorito o seguir recomendaciones de lectura en las redes sociales. En general, las propuestas de las redes tienen como objetivo difundir libros ágiles, dinámicos y que presenten temáticas actuales. Se busca crear una comunidad lectora, que seamos cada vez más, que los libros invadan el mundo, porque en definitiva (aunque suene exagerado) los libros salvan. </p>
<p>En estos días de encierro, procuremos presentarnos objetivos realizables, concretos, con respecto a la lectura: un cuento por día. Veinte páginas por día. Leamos con nuestros hijos, hablemos sobre lo que leímos. Llenemos la casa de historias. Leer y reflexionar sobre lo que leímos es como estar en mil lugares a la vez, sin movernos de casa. Apostemos a la lectura para evitar la sensación de encierro. Viajemos con los libros hacia nosotros mismos.  </p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/53ciS0YZz9f6RkxHjtMRX3cG8Ds=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2020/03/f0b8bdb5-lectura.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Son tiempos extraños. Un virus nacido a otro lado del mundo ahora es pandemia, y la situación nos obliga a quedarnos en casa. Podríamos pensar que tod...]]>
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                <updated>2020-03-22T07:31:57+00:00</updated>
                <published>2020-03-17T15:15:25+00:00</published>
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            ¿Por qué insistir con los libros?
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                <![CDATA[Margarita Durand]]>
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<p>El 24 de agosto se celebra el Día del Lector en homenaje a Borges. “Siempre imaginé el paraíso como una especie de biblioteca&#8221; decía quien además de ser uno de los escritores más importantes de nuestro país (y por qué no, del mundo) era un lector insaciable. En más de una oportunidad, Borges se refirió a los favoritos en su biblioteca, heredada de su abuela inglesa: Woolf, Kafka, Lovecraft, Bradbury además de autores orientales y, por supuesto, los clásicos. Borges amaba leer.</p>
<p>¿Cómo nos volvemos lectores? O mejor, ¿cómo nos volvemos buenos lectores? </p>
<p>Desde Los tres mosqueteros de Dumas hasta El diario de Anna Frank, de chica leía todo lo que encontraba en mi casa. Me encerraba a leer las mil novelas policiales de Agatha Christie y compartir Mujercitas con amigas. Siempre me gustó leer. Me parecía que en esas historias podía encontrar otros mundos, lugares a los que todavía no había llegado y que un libro me permitiría conocer. Porque un lector es, sobre todo, un ser curioso. Cuando una vida no te alcanza para saberlo todo, entonces leer se presenta como un viaje metafórico indispensable y a la vez, posible. </p>
<p>Para algunos, leer surge naturalmente. Otros necesitan fomentar la práctica, buscar el momento, encontrar el libro perfecto. Y entonces, cuando no lo esperamos, aparece el libro que nos da vuelta. Para mí, esa experiencia fue Crimen y castigo, de Dostoievski. La historia del joven ruso Raskonikov que decide enfrentar sus planteos más obscuros, y luego vivir las consecuencias de sus acciones. Descubrí que detrás de un libro hay un mundo, un contexto filosófico, un conjunto de creencias y una voz que nos comparte su visión. Ese momento de encuentro entre el autor y los lectores es uno de los grandes misterios de la vida. Quizás por eso cuando uno lo experimenta alguna vez, se vuelve una necesidad imperiosa, una adicción. </p>
<p>Pero, para no desalentarnos (y volviendo a Borges, que desestimaba el leer por obligación) quizás vale sugerir que existe un momento en la vida para cada libro y su lectura. Me encontré con Don Quijote en la adolescencia y no fue la misma novela la cual retomé años más tarde, cuando elegí leerla. Aun hoy, cuando retomo un capítulo descubro algo más -entre profundo y desopilante- en ese hombre que se creía un caballero andante y que al final, no sin resistencia, terminó convenciendo a los demás de que no existe una única verdad y que la realidad depende de nuestra forma de percibir y actuar. </p>
<p>Para motivarnos, es importante movernos entre libros, ir a las bibliotecas. Conocer y experimentar es el único modo de saber qué cosas nos interesan. Cuando voy a una librería, no puedo dejar de mirar los libros escritos por mujeres Virginia Woolf, Mansfield, Silvina Ocampo. Me llama el mundo de las mujeres, lo que vivieron, lo que las atraviesa. Me interesa descubrir su pulsión, su búsqueda, que quizás se parezca a la mía. Descubrir los temas y las voces que serán nuestra compañía tiene que ver con explorar. Para aprender a ser buen lector es necesario el movimiento. </p>
<p>Pero, ¿de qué sirve plantearnos cómo convertirnos en lectores si no reflexionamos sobre la relevancia de la lectura? ¿Por qué insistir con los libros?    </p>
<p>Leemos para saber más sobre el mundo en el que vivimos y sobre nosotros mismos, para reconocer en el otro lo que no sabíamos que teníamos dentro. Los personajes ponen en palabras sentimientos que compartimos y sus experiencias, aunque no idénticas, son nuestras experiencias. Puede que se trate del medio más noble de comunicación: leer, escribir, y reflexionar sobre lo que leemos. Si alguien pudo haber vivido lo que yo estoy viviendo ahora, quizás exista una suerte de alma universal que se revela en los libros y se trasmite de generación en generación, hasta el fin de los tiempos.

Bonus: sugerencias sobre libros NUEVOS</p>
<p>Los colores del incendio, Pierre Lamaitre</p>
<p>Ambientada entre los años 1927 y 1933, la historia comienza con el funeral del pater familias, un banquero de Paris, y el dramático accidente de su nieto. A partir de este hecho, la vida de la familia se complica y queda a suerte de Madeleine, única hija, quien no ha sido educada sino para obedecer. Todos deben reinventarse ante la desgracia: en esta historia los “buenos” se dejan tentar por la ambición y las dormidas se vuelven rapaces. Una mujer recupera el lugar de protagonista y pone a todos en su lugar. Dato extra: es la segunda parte de la novela ganadora del premio Goncourt 2014 “Nos vemos allá arriba”.</p>
<p>Lo estas deseando, Kristen Roupenian</p>
<p>Es una antología de cuentos entre los que se encuentra el relato que se hizo viral, Cat person, que obtuvo el mayor número de comentarios en el New Yorker. El cuento narra el encuentro entre Margot y Robbie, su primera cita después del chateo, el choque entre expectativa y realidad, la violencia en la frustración. “Es muy peligroso ignorar que no controlamos nuestro deseo” dice la autora. Todos los relatos perturban pero atraen, quizás ahí la clave de su gran repercusión.  </p>
<p>(*)  Licenciada en Letras y profesora de Literatura.</p>
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                <updated>2019-08-25T17:33:29+00:00</updated>
                <published>2019-08-23T23:54:16+00:00</published>
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