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    <title>El Eco de Tandil</title>
    <subtitle>Entrevistas exclusivas y contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Tandil.</subtitle>
    <updated>2025-09-09T19:25:02+00:00</updated>
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            Predecir el futuro: ¿ficción o matemática?
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                <![CDATA[Mariana Godoy Goette]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/18TiYMvxJf_BQdofcUdjxu780dk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/09/inteligencia_artificial.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En 1945 se estimaba que el conocimiento humano se duplicaba cada 25 años. Hoy, ese mismo fenómeno ocurre cada 1 o 2 años. La velocidad con la que producimos datos es tan abrumadora que ya no hablamos de siglos de acumulación, sino de un océano de información que se renueva constantemente desde nuestros relojes inteligentes, teléfonos móviles, autos autónomos y sensores que pueblan nuestras ciudades. Ese océano tiene nombre: Internet de las Cosas (IoT).</p><p>Pero la pregunta persiste: ¿podemos realmente predecir el futuro a partir de esta avalancha de datos?</p><p>Redes neuronales: el mapa de lo impredecible</p><p>La inteligencia artificial ha dado un salto cualitativo gracias a las redes neuronales. Estas estructuras matemáticas, inspiradas en el cerebro humano, tienen una propiedad fascinante: pueden modelar casi cualquier función. Es decir, son capaces de aprender patrones invisibles en el caos.</p><p>Los modelos generativos —como los grandes modelos de lenguaje (LLMs)— funcionan bajo esta premisa. Su núcleo es lo que se conoce como una red transformadora (transformer network), una arquitectura diseñada para comprender el contexto de las palabras. Esa capacidad es lo que permite que hoy una máquina genere texto, código o imágenes de manera fluida y, en algunos casos, sorprendentemente creativa.</p><p>En pocas palabras, cuando pedimos a una IA que escriba un poema o anticipe el precio de la energía, lo que hace es predecir la próxima palabra, número o secuencia con base en millones de ejemplos previos.</p><p>La paradoja de la predicción</p><p>Predecir no es fácil. La historia lo demuestra: desde economistas incapaces de anticipar crisis globales hasta meteorólogos sorprendidos por tormentas imprevistas. Sin embargo, la IA ofrece algo distinto: no pretende dar certezas absolutas, sino probabilidades. Y es en esa diferencia donde reside su verdadero valor.</p><p>Cuando un modelo de lenguaje predice la siguiente palabra en una frase, lo hace analizando contextos previos, significados ocultos y relaciones estadísticas. Así, la predicción deja de ser una bola de cristal y se convierte en un cálculo matemático basado en la lógica de los datos.</p><p>Hacia dónde vamos</p><p>La aceleración del conocimiento, la explosión de datos y el avance de las redes neuronales están cambiando la forma en que entendemos el futuro. Ya no se trata de preguntarnos si lo podemos predecir, sino qué tan confiables son los modelos que construimos para hacerlo.</p><p>La gran paradoja es que, cuanto más queremos conocer el futuro, más dependemos de máquinas que funcionan con un principio simple pero poderoso: aprender del pasado para proyectar lo que viene.</p><p>Un futuro abierto a la innovación</p><p>La capacidad de predecir, aunque imperfecta, nos abre la puerta a oportunidades de negocio y transformación sin precedentes. Sectores como la salud, la energía, la educación y las finanzas ya están utilizando inteligencia artificial para anticipar escenarios, optimizar procesos y reducir riesgos. Lo que antes requería décadas de investigación hoy puede acelerarse en cuestión de meses gracias a modelos capaces de aprender y proyectar.</p><p>Pero más allá de los beneficios económicos, hay un propósito mayor: mejorar la vida de las personas y ampliar las posibilidades de la humanidad. Anticipar enfermedades antes de que aparezcan, diseñar ciudades más sostenibles o reducir desigualdades mediante el acceso a conocimiento son solo algunos ejemplos de cómo la predicción se convierte en un aliado estratégico de nuestro progreso.</p><p>El futuro no es un destino escrito, sino un espacio en construcción. Y hoy, con las redes neuronales y la inteligencia artificial como herramientas, tenemos la posibilidad de moldearlo de manera consciente. La clave está en aprovechar esta revolución tecnológica no solo para generar negocios más rentables, sino también para crear un mundo más humano, más justo y más resiliente.</p><p>La autora es Ingeniera Química y CEO de Prozesse Service LLC</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/18TiYMvxJf_BQdofcUdjxu780dk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/09/inteligencia_artificial.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En 1945 se estimaba que el conocimiento humano se duplicaba cada 25 años. Hoy, ese mismo fenómeno ocurre cada 1 o 2 años. La velocidad con la que prod...]]>
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                <updated>2025-09-09T19:25:02+00:00</updated>
                <published>2025-09-09T19:03:46+00:00</published>
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            La batalla de los titanes de la IA: entre la innovación y la incertidumbre
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                <![CDATA[Mariana Godoy Goette]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/bFEZMoe8M4y2BYu9eQcZDN8Xn4c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2019/01/inteligencia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Desde los tiempos de Tesla y Edison hasta la rivalidad entre Apple y Microsoft, la tecnología ha sido moldeada por disputas épicas. Hoy, el nuevo campo de batalla es la inteligencia artificial, donde gigantes tecnológicos y nuevas promesas compiten por desarrollar los modelos de lenguaje más avanzados. Sin embargo, esta contienda no es solo técnica: su impacto en la sociedad, la accesibilidad y la ética del uso de la IA la convierten en una de las luchas más trascendentales de nuestra era. Esta batalla no solo determinará qué empresa dominará el mercado, sino que también definirá los límites de la autonomía de las máquinas y su integración en nuestras vidas.</p><p>Los actores en el escenario: un ecosistema en plena expansión</p><p>El panorama de la inteligencia artificial está lejos de ser un monopolio. OpenAI, con su ChatGPT y su alianza con Microsoft, marcó la pauta. Sin embargo, su dominio ya no es indiscutible. DeepSeek, emergente desde China, busca posicionarse con su tecnología de IA de código abierto. Anthropic, con su modelo Claude, apuesta por una inteligencia artificial con un fuerte marco ético, mientras que Google DeepMind integra la IA en su vasto ecosistema de datos. Mistral y Meta, con su modelo LLaMA, desafían la centralización promoviendo el desarrollo de IA accesible. Incluso xAI, la apuesta de Elon Musk, irrumpe en la escena con Grok, apoyado en la base de datos de X (antes Twitter).</p><p>Empresas como Cohere y Hugging Face también juegan un papel clave, promoviendo un enfoque más empresarial y descentralizado.</p><p>A esto se suman nuevas iniciativas en regiones emergentes que, con apoyo gubernamental o capital privado, buscan desarrollar alternativas autóctonas para reducir la dependencia de Occidente y Asia. Gobiernos como el de la Unión Europea han expresado su interés en garantizar que la inteligencia artificial no sea un monopolio de pocas corporaciones, promoviendo iniciativas de acceso público a modelos de IA.</p><p>Código abierto vs. cerrado: la filosofía detrás de la IA</p><p>Uno de los debates más profundos en esta competencia tecnológica es la apertura o restricción del conocimiento detrás de la IA. Existen dos enfoques claramente diferenciados:</p><p>Código cerrado: Modelos como ChatGPT de OpenAI o Gemini de Google restringen el acceso a su tecnología, argumentando que un desarrollo privado y controlado evita riesgos de seguridad y mal uso. Bajo este modelo, el conocimiento queda limitado a un grupo de investigadores dentro de la corporación y no se permite que otros desarrolladores externos mejoren la tecnología.</p><p>Código abierto: Empresas como Meta y DeepSeek apuestan por compartir sus modelos con la comunidad, permitiendo que investigadores y empresas los adapten y mejoren. Esta apertura busca democratizar la IA y evitar que el conocimiento quede en manos de pocas corporaciones. Los modelos abiertos permiten que programadores de todo el mundo contribuyan a su evolución, haciendo que los avances sean más rápidos y diversos.</p><p>Ambos enfoques tienen ventajas y desafíos. Mientras que el código cerrado protege contra riesgos de manipulación y uso indebido, el código abierto acelera la innovación y permite que más actores participen en el desarrollo de inteligencia artificial avanzada. Sin embargo, el temor de que modelos abiertos puedan ser utilizados con fines malintencionados, como la desinformación y la ciberdelincuencia, ha generado un intenso debate sobre su regulación.</p><p>Más allá de la competencia: la IA y su impacto en la sociedadEsta batalla va mucho más allá de las disputas comerciales. La inteligencia artificial está redefiniendo la manera en que trabajamos, nos comunicamos y tomamos decisiones. Su integración en la educación, la medicina, la justicia y la economía plantea preguntas fundamentales sobre su regulación y su impacto en los derechos humanos.</p><p>Los gobiernos y organismos internacionales aún buscan el equilibrio entre fomentar la innovación y proteger a la sociedad de los riesgos de la IA, como la desinformación, el sesgo algorítmico y la pérdida de empleos. Mientras OpenAI y Google promueven modelos cerrados con supervisión corporativa, actores como Mistral y Hugging Face defienden una IA accesible y descentralizada. ¿Quién tendrá razón? ¿Será posible encontrar un punto medio?</p><p>En la educación, por ejemplo, los modelos de IA ya están cambiando la manera en que los estudiantes acceden a la información. Herramientas de IA pueden ofrecer tutorías personalizadas, responder preguntas en segundos y ayudar a mejorar la comprensión de temas complejos. Sin embargo, la facilidad con la que estos sistemas generan contenido también plantea preocupaciones sobre la autenticidad del aprendizaje y el riesgo de la dependencia tecnológica.</p><p>El futuro: optimismo en medio de la incertidumbreEl rumbo de la inteligencia artificial sigue siendo incierto. ¿Se consolidará un modelo dominante, como ocurrió con Microsoft en la informática? ¿O coexistirán diferentes enfoques, con sistemas abiertos y cerrados compitiendo por su lugar en el mercado?</p><p>Lo único claro es que estamos en un momento crucial, en el que las decisiones tomadas hoy moldearán la tecnología de las próximas décadas. La inteligencia artificial no es solo una herramienta: es una revolución en curso, y todos somos parte de su desarrollo. A medida que los países y las empresas toman partido en esta batalla, el ciudadano común se pregunta: ¿cómo afectará esto a mi vida diaria? ¿Será la IA una aliada confiable o un sistema que requerirá de una supervisión constante?</p><p>El optimismo es necesario, pero la incertidumbre es innegable. La batalla está en marcha, y el desenlace aún está por escribirse. Lo que sí es seguro es que la IA ha llegado para quedarse y que, nos guste o no, ya estamos viviendo la era de la inteligencia artificial.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/bFEZMoe8M4y2BYu9eQcZDN8Xn4c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2019/01/inteligencia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Desde los tiempos de Tesla y Edison hasta la rivalidad entre Apple y Microsoft, la tecnología ha sido moldeada por disputas épicas. Hoy, el nuevo camp...]]>
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                <updated>2025-03-13T18:47:56+00:00</updated>
                <published>2025-03-13T18:45:23+00:00</published>
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