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    <title>El Eco de Tandil</title>
    <subtitle>Entrevistas exclusivas y contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Tandil.</subtitle>
    <updated>2023-08-04T19:12:27+00:00</updated>
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            Nadie querrá distraerse
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                <![CDATA[Mariana Maggio]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/o2le49sLnNN7yRXOzwYuM9-QCR4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2016/02/AULAS.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En los últimos meses, como pasa cada tanto, se generó un debate sobre la prohibición del uso de las tecnologías en las aulas. Esta vez el tema se instala a partir de las repercusiones de ciertos sucesos en países lejanos: Suecia, que decide replantear el plan de digitalización propuesto para las escuelas, y los Países Bajos que dejan las decisiones sobre el uso y la prohibición de los teléfonos celulares en manos de las escuelas.</p><p>Una explosión de artículos con argumentos conocidos y recurrentes: las tecnologías distraen a los estudiantes, limitan su aprendizaje, perjudican los resultados de las evaluaciones y estimulan la violencia, entre varios etcéteras más. Mi primera reacción a la pregunta sobre cuál es mi posición sobre este debate es que no se puede tapar el sol... con el dedo meñique. ¿Es posible desarmar cada uno de esos argumentos? Podríamos sostener que sí, con casi ochenta décadas de estudios sistemáticos en materia de tecnología educativa. Sin embargo, entiendo que es mejor concentrarse en el sentido de la inclusión digital en la educación y no en su abolición.</p><p>Vivimos en un mundo en el que la mayor parte de las actividades económicas, sociales, políticas y culturales están profundamente atravesadas por las tecnologías de la información y la comunicación. Comprender y aprender esas tramas y recrearlas críticamente es un derecho. No da lo mismo tenerlo o no porque lo segundo podría dejarnos afuera de ese mundo. Se trata de tecnologías que sostienen los modos en que se construye el conocimiento disciplinar y, cada vez más, sostienen la actividad en todos los ámbitos del trabajo. ¿Cómo incluiremos a nuestros estudiantes en el complejo mundo en el que les tocará vivir si los educamos recortando un rasgo central de la realidad? Esto no quiere decir que la inclusión de tecnologías en las prácticas de la enseñanza sea sencilla. No lo es. Requiere hacer inversiones y desarrollos específicos; establecer encuadres negociados sobre las formas y tiempos de uso, con especial foco en el cuidado y la responsabilidad; rediseñar las propuestas didácticas en un sentido contemporáneo; y fortalecer la especialización de las y los docentes quienes en el transcurso de la pandemia mostraron su enorme fuerza a la hora de implementar prácticas virtuales. Todo esto configura una base necesaria para generar enseñanzas poderosas, propias de este tiempo, relevantes y, por eso mismo, inclusivas. Los y las estudiantes no están distraídos por la disponibilidad de los teléfonos celulares en las aulas sino por la dificultad que experimentan para sentirse interpelados por propuestas que no los reconocen como sujetos culturales que viven realidades inmersivas profundamente atractivas. La pregunta que tenemos que hacernos es cómo generar primero las condiciones materiales y luego esas prácticas que los convoquen genuinamente y les permitan construir sentidos en este mundo complejo y cambiante.</p><p>La reciente presentación del Informe de seguimiento de la educación en el mundo 2023 con foco en Tecnología en la educación de la UNESCO señala, entre sus múltiples dimensiones, que durante la pandemia el aprendizaje en línea impidió el colapso de la educación durante el cierre de las escuelas, aunque no se llegó al 31% de los y las estudiantes de todo el planeta ni al 72% de aquellos más pobres. Y afirma que "Si bien el derecho a la educación es, cada vez más, sinónimo de derecho a una conectividad significativa, el acceso es desigual". Afirma el derecho. Entre las preocupaciones señala que: "En 14 países, se ha concluido que el mero hecho de estar cerca de un dispositivo móvil distrae a los estudiantes y tiene un efecto negativo en el aprendizaje". El desafío es garantizar el derecho y desarrollar experiencias áulicas muy potentes. En este sentido María del Mar Sánchez Vera y Jordi Adell afirman en un artículo reciente: "Por supuesto, la tecnología conlleva riesgos; por ello, su uso se debe abordar durante los procesos educativos formales. Es una cuestión de justicia social. Negar el uso de las tecnologías en las escuelas agudiza la desigualdad y aumenta la brecha digital entre los estudiantes más desfavorecidos; para ellos la escuela será uno de los pocos lugares en los que poder hacer un uso adecuado de estas herramientas y alfabetizarse digitalmente".</p><p>Si la pandemia configuró una situación de excepción, la aceleración digital a la que dio lugar en todos los ámbitos de la sociedad y la cultura no lo fue. En 2020 la falta de inclusión digital dejó a niños y jóvenes afuera de la escuela; en el futuro esto también podrá dejarlos fuera de la educación superior -cada vez más virtualizada- y del mundo del trabajo. Con ese piso de inclusión el desafío es crear la mejor enseñanza posible, en donde estar conectado suponga estar diseñando, creando conocimientos originales, colaborando más allá del aula, resolviendo problemas sociales, investigando, inventando un mundo mejor y aprendiendo profundamente. Con el cuerpo adentro y en movimiento y con emoción. Así, nadie querrá distraerse.</p><p>* Dra. en Ciencias de la Educación, directora de la Maestría en Tecnología Educativa de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/o2le49sLnNN7yRXOzwYuM9-QCR4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2016/02/AULAS.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En los últimos meses, como pasa cada tanto, se generó un debate sobre la prohibición del uso de las tecnologías en las aulas. Esta vez el tema se inst...]]>
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                <updated>2023-08-04T19:12:27+00:00</updated>
                <published>2023-08-04T19:09:01+00:00</published>
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            ¿Qué desafíos nos deja la pandemia en materia educativa?
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/eIBfkSGOl2djaUkOe9nbhaOweLc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2021/06/vuelta_a_clases28-06-21%289%29._j_p_g.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En marzo de 2020 el cierre preventivo de los edificios de las instituciones educativas, dentro del marco de las medidas de aislamiento social preventivo obligatorio, generó una suerte de conmoción en un sistema enclavado en la presencialidad. El compromiso de seguir educando se sostuvo desde las políticas, las instituciones, los equipos directivos y docentes, el estudiantado, sus familias y comunidades. No fue fácil. La crisis social a escala global, las desigualdades en materia de inclusión digital y la necesidad de dar una respuesta educativa rápida en un contexto inédito configuraron desafíos complejos que recayeron especialmente en las y los docentes.En la primera parte de 2020 primó la urgencia por poner a disposición propuestas educativas a como diera lugar. En la segunda, en aquellos casos en los que el acceso a dispositivos y conectividad era relativamente estable, el foco se ubicó en los encuentros sincrónicos. Estas aproximaciones no necesariamente redundaron en propuestas educativas renovadas. Al contrario, siguió primando, e incluso en algunos casos se reforzó, la matriz clásica, transmisiva y centrada en los aprendizajes individuales. Sin embargo, se produjeron ciertos movimientos que vale la pena reconocer. Tanto el espacio como el tiempo escolar se vieron alterados. Esta es una buena noticia. De hecho, las instituciones más reconocidas por sus rediseños pedagógicos venían trabajando en este sentido antes de la pandemia. Abordar el tiempo y el espacio desde miradas más flexibles permitió, por ejemplo, generar propuestas más respetuosas de la diversidad. Con respecto al currículum, se llegó a un enorme consenso a nivel del país y la región sobre la necesidad de establecer prioridades. Otra definición importante que, de mantenerse, puede llegar a dar lugar al desarrollo de propuestas que trabajen sobre lo central, lo relevante y lo actual. Finalmente, se abrieron alternativas diferentes en materia de evaluación, centradas en los procesos y con tiempos extendidos.Es un desafío enorme que el esperado y celebrado regreso a la presencialidad plena no nos "succione", riesgo señalado por la directora general de una escuela de CABA en una entrevista que realizamos en nuestra investigación. Si defendemos y trabajamos sobre esos movimientos alterados incipientes podemos pegar un salto hacia adelante. Hacerlo requiere acompañar a la docencia con alternativas formativas de base y de especialización que inspiren la creación de propuestas pedagógico didácticas originales, concebidas para un tiempo distinto y a partir de todo lo aprendido. Si se garantiza el derecho a la inclusión digital, estas propuestas podrían articular cotidianamente lo físico y lo virtual, en consonancia con las formas en que se construye el conocimiento en la actualidad. Además, a partir de la colaboración docente desplegada en la crisis y sostenida en plataformas tecnológicas, será posible que se incluyan cada vez más proyectos integrales y extendidos en el tiempo, orientados a generar transformaciones en las comunidades a través del trabajo realizado en las aulas y comprensiones más genuinas. Es tiempo, también, de abrir las prácticas de la enseñanza a situaciones de codiseño en las que las y los estudiantes tengan voz y puedan ofrecer ideas y ayudar a construir esas experiencias, asumiendo que no hay un único camino para el aprendizaje. Evidentemente resultará clave generar condiciones políticas, laborales e institucionales que sostengan y acompañen estas búsquedas.Planteo estos desafíos como parte de la construcción de un horizonte para generar prácticas que, con su invitación y potencia, resulten profundamente inclusivas y contemporáneas y alienten el deseo de aprender. Justamente lo que nuestros sistemas educativos venían necesitando, desde bastante antes de que la pandemia se iniciara.</p><p>* Por Mariana Maggio, doctora en Educación. Directora de la Maestría en Tecnología Educativa de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.&nbsp;</p>]]>
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                <updated>2021-12-03T19:02:19+00:00</updated>
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