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    <title>El Eco de Tandil</title>
    <subtitle>Entrevistas exclusivas y contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Tandil.</subtitle>
    <updated>2026-10-18T13:26:02+00:00</updated>
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            La incomodidad de no rendirse
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                <![CDATA[Martiniano Corbetta]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/UOdK18CciwJMirmsVnhMqqpd_AU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/messi_4.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay algo que aprendí mirando la historia de Messi: no alcanza con tener talento. Hay que aprender a convivir con aquello que nos duele, nos frustra y nos pone a prueba. Y, con el tiempo, descubrir que eso mismo puede convertirse en nuestra mayor fortaleza.</p><p>No soportar la incomodidad nos estanca. Soportarla nos permite mantenernos. Aprender a convivir con ella nos ayuda a seguir. Abrazarla nos hace crecer. Buscarla nos acerca a la excelencia. Y llegar a amarla nos transforma.</p><p>Messi recorrió ese camino.</p><p>Primero, soportó. Siendo apenas un chico de Rosario, tuvo que afrontar un tratamiento por un problema de crecimiento y dejar su tierra para perseguir un sueño en Barcelona. Él y su familia aceptaron la incertidumbre de empezar de nuevo, sin garantías de que todo saldría bien.</p><p>Después, aprendió a convivir. Llegaron los goles y los títulos, pero también las críticas, las exigencias y la presión de representar a un país. Porque incluso cuando parece que tenés todo, hay batallas que se libran puertas adentro.</p><p>Más tarde, abrazó la incomodidad. Las finales perdidas con la Selección y la frustración de no poder darle una alegría a la Argentina lo llevaron al límite. En 2016 anunció que dejaba la Selección. Sin embargo, volvió. Todavía había un sueño que merecía otra oportunidad.</p><p>Entonces siguió buscando. Llegaron la Copa América de 2021 y el Mundial de 2022. Detrás de aquellas imágenes inolvidables había años de derrotas, dudas, trabajo y perseverancia.</p><p>Pero hay una escena que resume todo lo que Messi representa y que ocurrió en el partido final de su carrera con la Selección.</p><p>En un momento del encuentro, le dieron un pase cerca de la línea lateral. La jugada parecía intrascendente. No había un gol en juego ni una ocasión clara de peligro. La pelota se iba hacia el córner y, para cualquier jugador, dejarla salir habría sido lo más lógico: simplemente habría sido un saque de arco para el rival.</p><p>Sin embargo, Messi arrancó.</p><p>Con 39 años, en el día de su despedida, realizó un pique de unos treinta metros para evitar que la pelota se fuera. Fue un esfuerzo notable para una acción que, en apariencia, no cambiaba nada. Una corrida digna de un jugador que recién empieza y necesita mostrarse, de alguien que tiene que ganarse un lugar y demostrar que está dispuesto a darlo todo.</p><p>Pero era Messi.</p><p>Era el día en que todos queríamos homenajearlo, cuidarlo y verlo disfrutar de su despedida. Y aun así, él eligió exigirse una vez más. No se permitió regalar una pelota. No pensó que, por su trayectoria, podía reservarse. No actuó como alguien que ya había hecho suficiente.</p><p>Dio el ejemplo hasta el último minuto.</p><p>Esa corrida no aparece en las estadísticas. No define una final. No se convirtió en una imagen tan recordada como sus goles o sus trofeos. Pero dice mucho de su grandeza: incluso cuando todos queríamos mimarlo, él siguió comportándose como el jugador que todavía tenía algo para demostrar.</p><p>Y quizás ahí esté una de las formas más profundas de entender la excelencia. No consiste solamente en aparecer en los momentos decisivos. También consiste en correr cuando nadie te lo exige, en esforzarte por una pelota que parece perdida y en hacer bien una tarea pequeña, incluso cuando el mundo ya decidió que hiciste suficiente.</p><p>Y quizás la lección más importante llegue al final: saber cuándo dar un paso al costado, dejar espacio y permitir que otros continúen el camino. Porque el verdadero legado no es conseguir que todo dependa de nosotros, sino ayudar a que otros también puedan crecer.</p><p>Por eso, si hoy estamos atravesando un momento difícil, acordémonos de esto.</p><p>Tal vez estemos soportando una situación que no elegimos. Quizás estemos cansados de convivir con una dificultad que parece no terminar nunca. Puede que hayamos perdido una oportunidad, un trabajo o un sueño que todavía nos cuesta soltar.</p><p>No voy a decir que todo va a salir bien. Nadie puede garantizarlo.</p><p>Pero que hoy estemos lejos de donde soñamos llegar no significa que nuestro camino no tenga sentido.</p><p>No midamos nuestra vida solamente por los resultados. Midámosla también por lo que aprendemos, por la persona en la que nos convertimos y por todo lo que somos capaces de dar, incluso cuando nadie está mirando.</p><p>La luz no siempre aparece cuando llegamos a la meta. A veces aparece mucho antes, cuando descubrimos que, a pesar de todo, todavía tenemos fuerzas para dar un paso más.</p><p>Sigamos. Aunque cueste. Aunque duela. Aunque todavía no veamos la luz.</p><p>Porque quizás la victoria más importante no sea ganar una final, sino descubrir en quiénes nos convertimos mientras luchamos por llegar.</p><p>Y eso, nadie nos lo puede quitar.</p><p>* El autor es concejal Acción Tandilense -La Libertad Avanza</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/UOdK18CciwJMirmsVnhMqqpd_AU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/messi_4.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Hay algo que aprendí mirando la historia de Messi: no alcanza con tener talento. Hay que aprender a convivir con aquello que nos duele, nos frustra y...]]>
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                                <updated>2026-10-18T13:26:02+00:00</updated>
                <published>2026-10-18T13:26:01+00:00</published>
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