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    <title>El Eco de Tandil</title>
    <subtitle>Entrevistas exclusivas y contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Tandil.</subtitle>
    <updated>2020-08-22T12:53:38+00:00</updated>
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            En el frente de batalla
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                <![CDATA[Nestor Machiavelli]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/jh685WleayUTISY8bALJ2OcunCo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2020/06/4cd0c612-coronavirusatencion.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Los contagios en provincias y ciudades  que durante meses  marchaban invictos o con pocos casos, llegaron por negligencias en unos casos, por la circulación necesaria  de personas que realizan trabajos esenciales entre diferentes distritos  y por el relajamiento y vecinos confiados   que el virus pasaba de largo por la ruta y no entraba a  la ciudad.</p>
<p>Es imposible imaginar que una comunidad subsista  eternamente  amurallada y  encapsulada para evitar los contagios. Más tarde o más temprano el virus no golpea  la puerta, entra sin llamar y esto  ocurrió siempre,   acá  y en  la China.   Solo  Gunnison, un pueblito  de  EEUU,   resistió la Gripe Española de 1918,  la pandemia más grande y letal que se recuerde y no tuvo ningún contagio.  Pero es un caso único, para el libro de los récords, que aun hoy intriga a los científicos.</p>
<p>Soy  de una tranquila ciudad del sur bonaerense rodeado de llanura, pero vivo desde hace años en un barrio de la  Capital Federal acechado por el virus,  con el mayor número de contagios.  Les aseguro que convivir con la enfermedad que circula en la calle, lejos de atemorizar,  nos obligó a  reforzar y familiarizarnos  con las medidas de aislamiento y  distanciamiento.  Cada salida  a la calle y regreso  a casa es una ceremonia de cuidados con el cada día menos soportable  olor a lavandina.  En nuestra casa  desde marzo no entra nadie, salvo un plomero por  culpa de  un caño del  baño, que eligió el peor momento para inundar a los vecinos del piso de abajo.</p>
<p>Es difícil ver alguien sin   barbijo y no es posible  relajarse en defensa propia y de los demás,  porque sabemos que  el virus  está  y espera agazapado donde menos lo esperamos. Los que salen a la calle, la mayoría,  son los que no tienen otra opción porque necesitan trabajar.  Y así y todo, en este mundo interurbano que habitan catorce millones de personas, el sistema de salud soporta la oleada y  hasta ahora  todos los contagiados  tienen  atención, los hospitales resisten y médicos, enfermeros y personal de salud  dejan la vida por salvar la de los demás.</p>
<p>La vacuna es un haz de  luz  que comenzamos  a ver al final del túnel pero falta todavía y mientras tanto nos tenemos que arreglar con lo que tenemos.   El plasma humano es una posibilidad para atemperar la gravedad de la enfermedad  que se experimenta con buenos resultados en hospitales de la provincia.</p>
<p>Y está el plasma de los caballos, que a diferencia de nuestro sistema circulatorio irrigado  por cuatro o cinco litros de sangre, ellos tienen diez veces más   y pueden ser los grandes mayoristas de anticuerpos capaces de controlar la infección que provoca   el virus. </p>
<p>Otro aporte en esta batalla proviene de  los perros. En la facultad de Veterinaria de la UBA  los entrenan para que puedan detectar con el olfato   si una persona   está infectada.  Las  enfermedades tiene un  olor particular y los perros   ayudan a detectarlo sin necesidad de test.  El grado de efectividad a través del olfato es sorprendente: los  menos eficientes tienen 86 % hallazgo positivos y las perras más adaptadas el 100% de aciertos.</p>
<p>Podemos verlos en una  calle periférica de la ciudad,  a pleno  campo o  la vera de un camino.  La postal de  un hombre a caballo con el perro que los sigue detrás  es  la más gráfica descripción de unidad y cariño entre el hombre  y los dos animales que lo  acompañan a sol y sombra,  en las buenas y en las malas.  En esta que más  los necesitamos no nos podían fallar.  Y están!!.</p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/jh685WleayUTISY8bALJ2OcunCo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2020/06/4cd0c612-coronavirusatencion.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Los contagios en provincias y ciudades  que durante meses  marchaban invictos o con pocos casos, llegaron por negligencias en unos casos, por la circu...]]>
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                <updated>2020-08-22T12:53:38+00:00</updated>
                <published>2020-08-22T12:53:38+00:00</published>
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            Cuando el virus y el miedo entran a un pueblo
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Thwc55mJ4KBduqCyXdK_PIAuwyg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2020/07/28dc50e7-lago-31-07-20-3.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Ocurre en provincias y ciudades que iban invictas o con pocos casos, de repente aparecieron los contagios y todo cambió. Cerrados en si mismos, cortando con terraplenes rutas de acceso, mirando con recelo a vecinos de otros pueblos infectados, confiados en el &#8220;Dios es de acá&#8221; y &#8220;a nosotros no nos toca&#8221;, la realidad los puso en caja y ahora comprenden que están dentro del bolillero y que en el sorteo, el virus le toca a cualquiera. </p>
<p>Psicólogos y sociólogos tienen trabajo de campo para analizar y sacar conclusiones sobre el comportamiento de los vecinos cuando el virus de la mano del miedo entran a un pueblo y se propagan. </p>
<p>Las redes sociales se convierten en campo de batalla. Allí con nombre y apellido sale a la luz lo peor de la condición humana. Se prodigan acusaciones cruzadas, apuntan a los presuntos responsables del origen del contagio, describen lo que saben de oído de fiestas clandestinas, se ventilan miserias entre amenazas y estigmatizaciones. </p>
<p>En esa condiciones el virus gana por goleada porque no solo enferma y atemoriza sino que destruye el tejido social y la convivencia entre vecinos.</p>
<p>En la novela La Peste de Camus hay mucho sobre estas miserias que desatan o sacan a la supeficie las epidemias. El gran Gabriel Garcia Marquez las sobrevuela en su libro &#8220;El amor en tiempos de cólera&#8221;.</p>
<p>En un pasaje hay un niño arriba del barco preocupado porque en el puerto hay cuarentena y no puede bajar a abrazar a su familia</p>
<p>El capitán le explica que si lo deja salir del barco puede contagiar y le pregunta ¿Cargarías con la culpa de infectar a alguien que no puede soportar la enfermedad? </p>
<p>En el final, luego que el capitán le cuenta que le tocó vivir arriba del barco una larga cuarentena y pudo bajar a puerto mucho más allá del tiempo esperado, el niño le pregunta:</p>
<p>-¿Te privó de la primavera, entonces?
La respuesta tiene valor de ocasión en el tiempo que vivimos:
-Sí, dijo el capitán, ese año me privaron de la primavera y muchas otras cosas, pero aún así florecí, porque llevé la primavera dentro de mí y eso nadie me la puede quitar.</p>
<p>* Periodista, oriundo de Coronel Dorrego. Conductor de ciclos de TV, &#8220;Edición Plus&#8221; en Telefé, &#8220;Zona de Investigación&#8221;, Canal 9. Columnista en  diarios y revistas  de la  Capital y el interior, realizador del ciclo  de TV &#8220;Esas Pequeñas Cosas&#8221;.</p>
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                <updated>2020-08-13T14:37:25+00:00</updated>
                <published>2020-08-13T14:35:30+00:00</published>
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