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    <title>El Eco de Tandil</title>
    <subtitle>Entrevistas exclusivas y contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Tandil.</subtitle>
    <updated>2026-03-21T14:00:30+00:00</updated>
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            Papá cuéntame otra vez ese cuento tan bonito
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                <![CDATA[Roberto Estevez]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pgPc78rPLYzmZQfOQgh7FmCQp6k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/opinion.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La Navidad nos trajo el regalo de los hijos, que han emigrado a diferentes continentes, buscando las posibilidades que la política argentina les ha negado en lo que va del siglo. Volvieron a nuestra casa y pudimos convivir con nuestros nietos, como cuando niños convivíamos con nuestros abuelos.</p><p>Las idas y vueltas a Ezeiza se ven reconfortadas por las anécdotas, experiencias y expectativas, mientras la radio suena y se puede dialogar sobre tal noticia, o una canción</p><p>La ensoñación cultural</p><p>En ese contexto emocional de lo que va del siglo en Argentina, sonaba Ismael Serrano [1] con su “Papá cuéntame otra vez ese cuento tan bonito, De gendarmes y fascistas, y estudiantes con flequillo, Y dulce guerrilla urbana en pantalones de campana, Y canciones de los Rolling y niñas en minifalda.</p><p>Papá cuéntame otra vez todo lo que os divertisteis, Estropeando la vejez a oxidados dictadores, Y cómo cantaste "Al Vent" [2] y ocupasteis la Sorbona, En aquel mayo francés en los días de vino y rosas [3].</p><p>Papá cuéntame otra vez esa historia tan bonita, De aquel guerrillero loco que mataron en Bolivia, Y cuyo fusil ya nadie se atrevió a tomar de nuevo, Y como desde aquel día todo parece más feo.</p><p>Papá cuéntame otra vez que tras tanta barricada, Y tras tanto puño en alto y tanta sangre derramada, Al final de la partida no pudisteis hacer nada, Y bajo los adoquines no había arena de playa. (…)</p><p>Queda lejos aquel mayo, queda lejos Saint Denis, Que lejos queda Jean Paul Sartre, muy lejos aquel París, Sin embargo a veces pienso que al final todo dio igual, Las ostias siguen cayendo sobre quien habla de más, Y siguen los mismos muertos podridos de crueldad, Ahora mueren en Bosnia los que morían en Vietnam (…)</p><p>Tenía diez años recién cumplidos cuando aquel mayo francés, mi madre estaba investigando con el doctor Jérôme Lejeune, en el Hôpital Enfants Malades de Paris, y viviendo en la Rive Gauche, de modo que la canción tiene para mí, proximidad emocional, a pesar de la distancia cronológica.</p><p>Tiendo a ver en las crisis de aquellos años, el cierre de la cultura imperante hasta fines del siglo XIX y el inicio de una nueva época, en Euroamérica, como parte de un mundo único de civilizaciones diversas.</p><p>La Modernidad entro en crisis en su tercera etapa (Victoriana), desde la denuncia del cristianismo [4], como ideología de justificación de toda forma de instrumentalización del prójimo (Nietzche), la religión como el opio de los pueblos (Marx), y la represión del deseo (Freud). Contemporáneamente se va a desarrollar en toda Euroamérica, desde la pintura de Pissarro, Degas, Monet y los restantes rechazados (Salon des Refusés), la escultura de Rodin y Camile Claudel (muy particularmente con La Ola), a la literatura del descreimiento y desencanto.</p><p>Se comienza a producir la cancelación de todos los pudores victorianos, en lo artístico, en lo moral y en lo político, paralelamente, las izquierdas europeas comienzan a expandirse como la moral de relevo, surfeando una fascinación superadora/continuadora de la idea lineal ascendente del positivismo, que era la filosofía dominante en la cultura y la educación [5], en este mundo Euroamericana, que solo reconocía las restantes civilizaciones como objeto de museo.</p><p>El silencio ante los abusos del nazismo, desde el pacto&nbsp;Molotov-Ribbentrop -desde agosto de 1939,&nbsp;hasta la invasión alemana de la Unión Soviética en junio de 1941-, queda como un fantasma escondido en el ropero; y con glamour avant-garde, la izquierda continúa idealizada, en la cinematografía fascinada de la resistencia comunista, de la mano del Hollywood.</p><p>La realización política</p><p>Sin embargo, mientras duró el pacto&nbsp;Molotov-Ribbentrop, la resistencia antifasista, tanto en Italia y Alemania, como en Francia la habían sostenido grupos católicos en soledad política. Mientras, del otro lado del océano, Adolf Hitler&nbsp;había sido nombrado "Hombre del Año" por la revista&nbsp;Time&nbsp;(1938).</p><p>Para entonces, Pío XI, había puesto en el centro de la polémica al capitalismo y comunismo (Quadragesimo anno, 1931), y condenado -con la pluma de su secretario de estado Eugenio Maria Pacelli (luego Pío XII)- los totalitarismos como tales, y no solo por las ideologías que los justificaban: Non Abbiamo bisogno (acerca del fascismo y la acción católica, Pío XI, 1931), Mit brenender sorge (sobre la situación de la Iglesia católica en el Reich alemán, 1937), Divini redemptoris (sobre el comunismo ateo, 1937).</p><p>Este cuerpo de pensamiento social, había sido la fuente de iluminación de aquella resistencia y de quienes planearon los distintos atentados contra Hitler [6]. El intento final del bunker (20 de julio de 1944), tuvo tres originalidades: En primer lugar, que los luteranos a partir de la predicación del pastor Dietrich Bonhoeffer formularon una teología de la resistencia a la opresión, y del tiranicidio -con las mismas fuentes que la teología medieval-, lo cual, permite en segundo lugar, que católicos y luteranos lleguen a acuerdos para la toma del poder posterior al éxito esperado del atentado [7],&nbsp; que, en tercer lugar, hubiera tenido, como efecto el fin de la guerra, según lo previamente acordado con Churchill, por el papa Pío XII, a través de los canales de comunicación facilitados por Josef Müller -entonces espía de Wilhelm Canaris [8]-, quien sobrevivió a la purga posterior al atentado, y luego de la guerra (1945), fundó junto con&nbsp;Adam Stegerwald, la&nbsp;Unión Social Cristiana de Baviera&nbsp;(CSU), como un partido social cristiano, tanto de católicos, como de las confesiones reformadas.</p><p>Luego de la guerra, la dirigencia social cristiana, en los distintos países de Europa, plantea la identidad cristiana de Europa en términos de su diferenciación con el colectivismo marxista (la expansión de la URSS en Europa Oriental y su amenaza sobre Europa Occidental) y del capitalismo liberal (la creciente influencia de los EEUU en la reconstrucción de Europa) [9].</p><p>Así los sobrevivientes, después del fracaso del atentado del bunker, y las persecuciones en el resto de Europa Occidental (Jean Monnet, Konrad Adenauer, Robert Schuman, Alcide De Gasperi, Giorgio La Pira y Paul-Henri Spaak), impulsarán el proyecto más “absurdo” del siglo XX: terminar con las rutinarias guerras en Europa occidental, desde las monarquías absolutas, poniendo en marcha la economía social de mercado, que consiguió su desproletarización y su unificación [10].</p><p>La obra de estos refundadores de Europa era dinámica, respondiendo a las diversas realidades, no al modo pragmático, sino con criterios de acción derivados prudentemente de los principios morales, al ser aplicados a las situaciones diversas.</p><p>Durante el pontificado de Pablo VI (1963-1978) se prefiere para estas ideas la expresión enseñanza social de la Iglesia, para evitar lo que se estaba viendo como una esclerotización de la doctrina social católica, a modo ideológico, como el Estado de Bienestar europeo.</p><p>Este último Papa conocedor de los escritos de varios profesores del Instituto Católico de París - Universitas Catholica Parisiensis (como Marie Dominique Chenu op, e Yves Marie-Joseph Congar op) clarifica una relación entre historia y eternidad, principios y situación, que lo hace afirmar que, no se trata de una tercera posición global [11], y menos de una ideología enlatada: "Incumbe a las comunidades cristianas analizar con objetividad la situación propia de cada país, esclarecerla mediante la luz de la palabra inalterable del Evangelio, deducir principios de reflexión, normas de juicio y directrices de acción" (Octogessima adveniens, nro 4, 1971)</p><p>El fin de una ilusión</p><p>Casi veinte años después, Emilio de Ipola [12], intelectual argentino identificado con el socialismo democrático, escribió un artículo [13] que identifica una brecha entre los ideales de la izquierda y su capacidad para responder a los desafíos operativos de la realidad Actual, especialmente en el contexto de la nueva democracia, proponiendo una mirada renovadora para las izquierdas argentinas.</p><p>El autor se identifica a la izquierda como el poder defensivo y ofensivo de los desfavorecidos, para incrementar las libertades efectivas de dichos sectores, procurar obtener para ellos los derechos que hoy son privativos de los privilegiados y, en fin, buscar los medios de eliminar las injusticias de todo tipo.</p><p>Entre los que se identifican con esos fines, enuncia tres izquierdas: una Izquierda Anacrónica (ligada a proyectos autoritarios y grandilocuentes), que defienden una concepción redencionista y totalizante del socialismo; se define como marxista-leninista (…) y revolucionaria; es dogmática, históricamente determinista y orgánicamente autoritaria. Por otra parte, tiene la costumbre de atribuir a supuestas grandes mayorías demandas que sólo provienen de su propia ideología—y que por lo general la sociedad ignora o desaprueba. La identifica con un pasado autoritario, dogmático, buscando grandes relatos y revoluciones totalizadoras, incapaz de adaptarse a la complejidad de la sociedad.</p><p>A la que distingue luego de lo que llama Izquierda Proto-Moderna:&nbsp;Una fase de transición teórica, que empieza a cuestionar lo anacrónico, pero no se distancia plenamente, que surgió en la forma de una revisión brutal y casi exclusivamente crítica de convicciones que la realidad había ido desmintiendo sistemáticamente, sobre todo a partir de los setenta (…) A nivel mundial, el primer gran alerta posterior a los acontecimientos de Hungría en 1956 fue la invasión soviética a Checoslovaquia, casi contemporánea del mayo ’68 francés; después, y en varias ocasiones, el sofocamiento violento de la resistencia obrera de Polonia: durante los setenta, el Gulag, el cuestionamiento de la Revolución Cultural China y del maoísmo, la invasión y virtual anexión de Campuchea por parte de Vietnam, sin olvidar las atrocidades del Khmer rojo, reveladas también en esos años.</p><p>Así, surgió el Eurocomunismo, como una innovación de los PC latinos, aleccionados por las crudas realidades que exhibía el Este europeo soviético, y la necesidad de secularizar, al marxismo que se había transformado de ideología en religión política, vez menos verosímil en Europa.</p><p>Sigue De Ipola, Por entonces, la izquierda latinoamericana, ya sacudida por la derrota y muerte del Che Guevara en Bolivia, debía afrontar, desde comienzos de los setenta trágicas experiencias: la de Chile en 1973, con el derrocamiento violento de la Unidad Popular y la instalación del régimen de Augusto Pinochet; en los años siguientes, la del aniquilamiento de los diversos grupos guerrilleros de extrema izquierda que habían surgido hacia mediados y fines de los setenta en Brasil, Uruguay y Argentina y la implantación de crueles dictaduras militares en estos dos últimos países. Duras decepciones que, promediando la década, y aun antes, dieron lugar a un profundo autoexamen crítico por parte de la mayoría. de los militantes y organizadores de izquierda latinoamericanas.</p><p>Las vertientes Proto-Modernas, según el autor, suponía conciliar una política reformista con una óptica global que no renunciaba a identificarse como revolucionaria. En mi opinión, adherían a las políticas dictadas por un Estado de Bienestar ya esclerotizado por Bruselas, y se daban el lujo identitario, para demostrar que seguían siendo socialistas, de defender a Cuba y a los regímenes que luego de acceder al poder por vía democrática se le fueron sumando [14]. El autor, citando al socialdemócrata Ludolfo Paramio [15], concluye sobre esa izquierda Proto-Moderna, que, con su crisis de identidad cuyas secuelas perduran hasta hoy, ya no pueden representar qué podría “ser una sociedad socialista y de cómo avanzar hacia ella”.</p><p>De Ipola, cercano al proceso del Alfonsinismo (en 1988), proponía entonces una izquierda a la que llamaba Moderna, con una visión más realista que prometiera la construcción de condiciones democráticas de acuerdo, para la transformación social, que sirva para eliminar injusticias: Que reconozca, la realidad histórica y la trascendencia de la llamada “tercera revolución industrial” en los planos tecnológico, socio-económico y político; (…) y la necesidad de redefinir en algún nuevo sentido la relación entre Estado y sociedad.</p><p>Adaptándose y enfocándose en la acción transformadora real en lugar de promesas grandilocuentes, reconociendo que la felicidad es una tarea personal, para la que el Estado debe generar las condiciones, y que eso no está en contradicción, con la necesidad de un estado más eficiente, que no extraiga recursos de la sociedad para desperdiciarlos, ni la privatización de actividades entonces en manos del estado que lo llevaban a su insolvencia.</p><p>En la política global, la alianza Ronald Reagan (EE.UU.), Margaret Thatcher (Reino Unido) y Karol Wojtyła, de principios de los años 80, que, combinada los valores conservadores con la defensa de la libertad, derrotó al bloque soviético, y las izquierdas Proto-Modernas, no siguieron el camino propuesto por de Ipola, sino que perseveraron en el camino de “Estado de Bienestar esclerotizado + la Revolución sigue viva en Cuba”, sin ser capaces de redefinir en algún nuevo sentido la relación entre Estado y sociedad, con lo que la ola conservadora posterior se las llevo puesta, y allí es cuando Ismael Serrano escribe “Cuéntame esa historia tan bonita” (1997).</p><p>Pocos meses después de la destitución de Fernando de la Rúa, con las maniobras irresponsable de la oposición del 20 de diciembre de 2001, comienza a revertirse en el mundo, el histórico deterioro de los términos del intercambio, por la reducción de los subsidios agrícolas en los países centrales y el crecimiento de sectores económicamente medios (del consumo) en China e India. De modo que se comienza a necesitar menos kilos de cereal, o carne, por cada kilo de una máquina herramienta importada (productividad), o de un Mercedes Benz (emulación).</p><p>En diversos países latinoamericanos históricamente perjudicados por el deterioro de los términos del intercambio, surgen movimientos populistas que, al amparo de los altos ingresos para el país, intentan generar Estados de Bienestar sin las bases de principios, ni las reformas estructurales que los generaron -en sus lugares de origen-, con modelos ideológicos esclerotizados que alentaron el consumismo -y no el bienestar-, en algunos casos, sin disciplina fiscal, lo que los llevaría al crecimiento de la pobreza y el deterioro de la capacidad de atención y la calidad de los servicios estatales de soporte/desarrollo, en la salud y la educación.</p><p>Sus líderes pudieron dominar la vida política de sus países durante sus mandatos constitucionales, y conservar la centralidad política más allá de ellos [16], con estructuras que tendían a la izquierda antes descripta como anacrónica, y los “fueros” de justificación moral, en su reivindicación y reparación económica de los hechos de las dictaduras, en lo que de Ipola define como el aniquilamiento de los diversos grupos guerrilleros de extrema izquierda que habían surgido hacia mediados y fines de los setenta.</p><p>Estos fueros que da la izquierda [17] fueron consolidados con el financiamiento de una masa cultural, poseedora del conocimiento y la industria de la comunicación social, que actúo de mediadora con la masa popular, consumiendo lo afirmado para negarlo de inmediato, a fin de re diferenciarse de quienes han asumido los propios estandartes, sin más positividad que en la/el líder.</p><p>Bajo la apariencia de la tolerancia de todo, se ejerció una ley puritana de la opinión, que solo usa la tolerancia como escudo. Un nuevo puritanismo crítico, asimilado por el sistema económico, y carente de responsabilidad sobre los asuntos práctico/sociales derivados de su acción.</p><p>Papá cuéntame otra vez que tras tanta barricada, Y tras tanto puño en alto y tanta sangre derramada, Al final de la partida no pudisteis hacer nada, Y bajo los adoquines no había arena de playa. (…)</p><p>Por: Roberto Estévez, Profesor titular ordinario de filosofía política FCS – UCA</p>Referencias<p>[1] “Cuéntame esa historia tan bonita”, Atrapados en Azul, 1997.</p><p>[2] Canción en valenciano de Ramón Pelegero Sanchis, que se transformó en un himno contra Franco, 1959.</p><p>[3] Se refiere a la revuelta, disturbios y ocupaciones, de los estudiantes de La Sorbona, en Paris, entre el 3 de mayo y mediados de junio de 1968.</p><p>[4] Estos tres movimientos se desarrollaron en el contexto cultural de la Europa reformada, en el que -por las alianzas dinásticas-, se llamó a la Reina Victoria de Inglaterra “la abuela de Europa”. Cuando los europeos y su antigua colonias (Estados Unidos de América) controlaban el 35% de la tierra firme del planeta, llegando en 1914 al 84 %, aún antes de que Inglaterra, Francia e Italia se dividieran el imperio otomano (Cfr. Samuel Huntington, El choque de las civilizaciones).</p><p>[5] Es cierto que desde el siglo anterior, se habían iniciado movimientos reformistas que no asociaban la pobreza con la culpa, sino con las condiciones sociales, dentro de la Iglesia de Inglaterra, fue relevante la acción del del pastor&nbsp;John Wesley&nbsp;(junto a su hermano Charles y George Whitefield), en Oxford que buscaba una vuelta al Evangelio sin glosa, mediante la disciplina, el estudio bíblico, el servicio social y la predicación itinerante. Los mismos terminaron separándose de la Iglesia nacional inglesa, para formar una denominación propia centrada en la salvación por la fe, caracterizándose sus miembros por su compromiso con la justicia social y la evangelización. Para entender desde cerca la naturaleza de estos movimientos alternativos, que también obraban en la Inglaterra Victoriana, basta el ejemplo entre nosotros, del pastor José Míguez Bonino, reconocido teólogo y miembro activo de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), durante la última dictadura militar, perteneció a la&nbsp;Iglesia Evangélica Metodista Argentina.</p><p>[6] Riebling, Mark. (2016). Iglesia de espías.</p><p>[7] En la película Valkyrie&nbsp;(Operación Valquiria) dirigido por&nbsp;Bryan Singer (2008) donde las primeras escenas que muestran a Tom Cruise, como el coronel católico alemán&nbsp;Claus von Stauffenberg, se detiene en una sencilla y pequeña cruz latina que el lleva al cuello, que representa un punto común a todas las confesiones cristianas que intervinieron.</p><p>[8] Riebling, Mark. (2016). Iglesia de espías.</p><p>[9] Así lo expresaba Giorgio La Pira en sus cursos de 1944, para formar una dirigencia europea para cuando terminara la guerra (1945), y al servicio del proyecto de la unificación europea que ya tenían en común intelectuales italianos, franceses, belgas y alemanes, desde la resistencia al nazismo. Los mismos fueron recopilados en Giorgio La Pira, Para una arquitectura cristiana del estado. Premisas de la política, Buenos Aires: Editorial Heroica, p. 10.</p><p>La Pira fue uno de los redactores de la Constitución republicana de Italia, partícipe del movimiento de Adenauer, Schumann y De Gásperi, conocido como los padres de Europa, y el primero en visitar el Kremlin en la distención promovida por S.S. Pablo VI durante la llamada Guerra Fría, labrando vínculos duraderos con dirigentes soviéticos, de entonces. El Prefacio a su libro&nbsp;Il sentiero di Isaia, (Florencia, Ed. Cultura) fue escrito laudatoriamente por Mijaíl Gorbachov, ya en 1978, once años antes de la caída del llamado Muro de Berlín.</p><p>[10] Es tan clara la filiación espiritual de estos hombres, que&nbsp;la mitad de ellos: Robert Schuman,&nbsp;Alcide De Gasperi&nbsp;y&nbsp;Giorgio La Pira,&nbsp;se encuentran en distintas etapas de canonización por la Iglesia Católica. Por otra parte, toda la izquierda europea, cualquiera sea su filiación marxista ortodoxa, o socialdemócrata, salvo una pequeña fracción del partido socialista belga, votaron contra los primeros acuerdos con los que comenzó la unificación europea.</p><p>[11] La llegada de Perón al gobierno, cristalizó las múltiples líneas católicas (intelectuales, medios de comunicación y sindicatos que se habían opuesto al Roquismo t desencantado del Yrigoyenismo) a su favor, incorporando intelectuales que fueron desde un espectro reaccionario, hasta los de sólida formación filosófica clásica, como Arturo Enrique Sampay, desarrollador del&nbsp;constitucionalismo social&nbsp;en la Argentina.</p><p>Paralelamente, en toda la Europa occidental de post guerra se extendieron los principios social cristianos, de la justicia social, que compartían Adenauer, de Gasperi y Schumann, constituyendo fuertes partidos que llevaron adelante la unión europea.</p><p>El escritor español, Enrique San Miguel (en su libro El Evangelio de los Audaces, 2005), nos aclara que eso no fue así en Francia, donde esos esquemas conceptuales social cristianos, para logrando articular un discurso horizontal y suprapartidario, fueron empleados para constituir una fuerza propia personalista por Charles De Gaulle, agregando a continuación, que esto no sucedió en ningún otro lugar, salvo en la Argentina del General Perón.</p><p>Perón lo formulará como “Tercera Posición” una doctrina, que propone una alternativa al capitalismo (EE. UU.) y al comunismo (URSS) que en mucho recuerda aquellos cursos de La Pira.</p><p>[12] Filósofo y doctor en ciencias sociales&nbsp;Emilio de Ípola, profesor Emérito de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, investigador Superior del Conicet, fue secuestrado durante la última dictadura militar, y luego se exilió en México, donde formó parte de&nbsp;Controversia, una revista creada por un grupo de exiliados argentinos que aglutinó en sus páginas discusiones sobre el pasado y el presente de fines de la década del 70 y principios de los 80. Junto a&nbsp;Juan Carlos Portantiero&nbsp;(1934-2007) participó del&nbsp;Grupo Esmeralda, un grupo de intelectuales que acompañaron la campaña presidencial de&nbsp;Raúl Alfonsín. También fue uno de los fundadores del&nbsp;Club de Cultura Socialista.&nbsp;Tenía 86 años: Murió Emilio de Ípola, un intelectual que combinaba la erudición con la ironía, Diario Página 12, Buenos Aires, 28 de octubre 2025</p><p>[13] Emilio de Ipola, La Izquierda en tres tiempos (1988)</p><p>[14] Mirando al costado el proceso populismo, autoritarismo, y notas totalitarias, que se estaban desarrollando, como en Venezuela y Nicaragua.</p><p>[15] Paramio Ludolfo, La izquierda europea ante la crisis: problemas de identidad, 1985, mimeo.</p><p>[16] Hugo Chávez y sucesores -Venezuela de 1999 a la actualidad-, Luiz Inácio da Silva -Brasil de 2003 a la actualidad-, Néstor Cristina Kirchner -Argentina de 2003 y por ahora a 2023-, Evo Morales -Bolivia 2006 a 2025-, Rafael Correa y Daniel Ortega -Ecuador y Nicaragua de 2007 a la actualidad-.</p><p>[17] La frase "la izquierda da fueros", atribuida a Nestor Kirchner, su estilo y las alianzas, carece de fuentes oficiales que la confirmen como una frase del expresidente argentino.</p>]]>
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                <published>2026-03-21T13:58:38+00:00</published>
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            Mercados y Capitalismos
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                <![CDATA[Roberto Estevez]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SoeHMUCuBGZfgveQ-g81gc1vlM8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/11/berlin.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>¿Hablamos de las cosas? o ¿hablamos de lo que se habla de las cosas?</p><p>Hablamos si nuestro extenso territorio necesita redes ferroviarias -para trasladar más de la mitad de nuestras exportaciones-, y si las rutas necesitan entre tanto que haya controles de peso para que no las destruyan los camiones, o hablamos ¿de si estamos fortaleciendo al modelo agroexportador oligárquico, o al sindicalismo oligárquico?</p><p>Luego de décadas posmodernas donde todo es discurso, y por tanto no hay realidad real, de la cual hablar, nos hemos quedado sin la posibilidad del diálogo responsable que permite los consensos, necesarios para resolver cualquier problema.</p><p>Pero este tiempo de tránsito, no es La era del vacío, porque la acción humana sin valores es una película de apocalipsis Z, es decir de muertos que actúan. Hasta donde sabemos, los hombres no dejamos de valorar mientras vivimos. Nuestros sueños y pesadillas expresan valoraciones, aun cuando dormimos[1]. Si hay vida humana hay valores.</p><p>No habiendo sucedido el apocalipsis Z, la deconstrucción Posmo no actúa en el vacío, sino sobre una Modernidad todavía presente, aunque en fusión/dilución.</p><p>Es recién en la segunda Modernidad, luego de la ilustración, y la antropología del racionalismo, que se observan las ideologías, forma de pensamiento justificador de la acción con una alta racionalidad y presunción de consistencia lógica.</p><p>Desde entonces, las ideologías son un enlatado moral, listo para el consumo, comida chatarra para nuestra inteligencia, porque a quien recurre a la ideología, sólo le interesa transformar, canónicamente, la realidad, no comprenderla. Desprecia la realidad real y se coloca desde una arrogante segunda realidad, que conoce la clave de la historia, descalificando.</p><p>&nbsp;</p><p>La necesidad histórica</p><p>Las ideologías han sido pródigas en comienzos definitivos -que no fueron tales. El&nbsp;22 de septiembre de 1792, cuando -durante la Revolución Francesa-, se proclamó junto a la República, el año 0; luego Comte proclamará la Era de la Adultez, y así seguimos.</p><p>Este progresismo refundacional de la humanidad desde nuestra civilización, se asoció a la sociedad industrial, con su organización científica del trabajo, y la naciente teoría de la ciencia de la administración, confundiendo el crecimiento de las economías con desarrollo, y el dominio de las fuerzas naturales con progreso humano.</p><p>En la tercera Modernidad (industrial victoriana), el desarraigo y hacinamiento de la alta urbanización, y la explotación depredatoria de la naturaleza, se veían todavía como colaterales en la necesidad del progreso.</p><p>Desde la segunda Modernidad no existía una totalidad con sus límites, por lo que va creciendo la visión lineal que la totalidad se construía-expandía cada día de forma ilimitada, reconocible en Comte, pero también en Marx, y por tanto no cuestionada, por los revolucionarios[2].</p><p>Así, el desarrollo tecnológico conduciría al colapso inevitable del sistema capitalista a escala mundial, o a una civilización única de la expansión final de la democracia y El capitalismo. En ambos universos ideológicos, una vez elegido entre ambos escenarios de necesidad histórica, la acción política era simple, solo consistiría en acelerarlo.</p><p>&nbsp;</p><p>El advenimiento de la Actualidad</p><p>A pesar de estas ideologías aceleracionistas, ahora posmodernas, nuestra Actualidad ya no es lo que era.</p><p>Tal vez las geografías humanas de Guernica, Coventry, Dresde, Auschwitz, Hiroshima, Goulag, Tíbet, Vietnam, y los procesos de la violencia política en África y América Latina, las migraciones forzadas, las hambrunas y los genocidios más masivos que conozca la historia, nos ayuden a intuir el proceso de fusión[3], como en los términos de Marx y Engels -en El&nbsp;Manifiesto Comunista (1848)-, todo lo sólido se desvanece en el aire, y la tercera Modernidad pasa en su fase sólida, a la Modernidad líquida postmarxista de Bauman (2000). Si la Actualidad es el fin de una ilusión, es el fin de la ilusión Ilustrada.</p><p>Un intento ideológico de posguerra, que pretendió asumir el cambio -para ser superador-, fue la antropología de Marcuse, quien, partiendo del marxismo racionalista, lo enriqueció por la luz eléctrica (cientificista) en el sótano humano aportada por Freud.</p><p>La conjunción de ambos racionalismos no le ayudó a salir de la dialéctica revolucionaria, para tocar la diversidad de las realidades, sino que su revolución siguió en el espejo de El Capitalismo unívoco de posguerra europea, una sola, de las tres experiencias en la que desde siete a cinco siglos antes, tendía a estructurarse la visión de los mercados en nuestra civilización euroamericana.</p><p>&nbsp;</p><p>Otra rebelión puritana</p><p>La rebelión de las izquierdas culturales de la década del sesenta, siempre relatada como anticapitalista, acompañaba alegremente, en las industrias culturales, la amplia expansión del capitalismo atlántico de masas, en el que la salvación -que ya tiene que estar en esta vida, pero que no me puede dar el trabajo, ni la revolución-, quiere decir “éxito”, y el éxito se comprueba en la exhibición de experiencias y bienes de consumo costosos, en la selfie que nos identifica con una causa.</p><p>Las exigencias de ese consumo de experiencias y objetos, fueron haciendo que necesitemos consumirnos a nosotros mismos (“just do it”, “imposible is nothing”, nos predica la publicidad deportiva), y seamos nosotros los amos de nuestra propia esclavitud, con una disponibilidad completa de nuestro tiempo, en espacios de superposición del trabajo con el ocio, a tiempo continuo/completo. Una la sociedad del rendimiento, autorreferencial, fuerte desde el yo curvado sobre sí.</p><p>Una idolatría del yo en un mercado cultural masivo, que para superarse a sí mismo, si no hay más positividad que Barbie, necesita negar lo negado, para re diferenciarse en el mercado de quienes han asumido los propios estandartes, y así sobresalir.</p><p>Particularmente ha campeado sobre la educación y la cultura latinoamericana desde los setenta, manteniendo su filosofía de la historia marxista, que desconoce el hecho que realidades humanas como la familia, el mercado, el palacio y el templo, tienen su origen previo a las civilizaciones y a los capitalismos.</p><p>&nbsp;</p><p>El nacimiento de los mercados</p><p>La hipótesis hasta ahora más sostenida es que nuestra civilización se inició en las ciudades. Hay cada vez nuevos descubrimientos arqueológicos que señalan la existencia, en el tiempo de los cazadores recolectores (no urbanos), de lugares en los que se reunían periódicamente para cultos, que también pudieron albergar mercados temporarios[4].</p><p>Los mercados son instituciones complejas de nuestra civilización y tal vez de lo humano, donde los intercambios que por definición son voluntarios, Nunca son perfectos (totalmente transparentes), pero si hay una competencia leal[5] y efectiva[6], tienen mayor probabilidad de ser también justos, que en otras formas de asignación de los recursos materiales[7].</p><p>En los mercados de los cazadores recolectores y en los nuestros actuales, se celebran activa y permanentemente los contratos, sobre los cuales, desde tiempos posteriores -donde ya existía la escritura-, sabemos que se desarrollaron condiciones de buena voluntad, ausencia de fraude y engaño (transparencia y cierta simetría de la información)</p><p>Poco a poco fueron apareciendo también condiciones morales que cualifican los diversos mercados[8], así un poder de negociación equivalente, y la condición que ninguna de las partes esté sometida a necesidades imperiosas -lo cual generaría una ventaja automática para la otra parte-, como el desempleo extendido, la información privilegiada, o la intervención no equitativa del poder estatal.</p><p>Esto fue requiriendo un marco legal formal independiente del gobernante de turno, y a la diferenciación del Rey y el Sacerdote, la siguió la de un sistema de justicia, y así las instituciones antiguas y la recreación urbano medieval que llega hasta el bicameralismo del constitucionalismo moderno[9].</p><p>&nbsp;</p><p>Diversidad a la carta</p><p>La reflexión de la teoría crítica en América Latina ha sostenido entre sus supuestos dos juicios previos a la evidencia de los hechos:</p><p>En primer lugar, la identificación de los mercados con El capitalismo, con lo cual su lucha contra El capitalismo -para acelerar su propia visión de futuro-, termina por la destrucción de los mercados, costosísimo experimento imposible -por su proximidad al núcleo de lo humano-, como lo han demostrado las diferentes experiencias del socialismo real en Asia, Europa y América Latina. En segundo lugar, la identificación unívoca de los capitalismos, con el capitalismo atlántico de masas actual, que no es el único hoy existente[10].</p><p>Los mercados ordenados con las notas a las que les atribuimos el nombre capitalismo, se desarrollaron por primera vez en las ciudades libres italiana en el siglo XIII -a fines de la Edad Media y comienzos de la primer Modernidad-, fuertemente vinculadas con Bizancio (como el caso de Venezia y el sur de la península italiana), con una visión teológica común a lo católico[11] y lo ortodoxo.</p><p>Surge allí, lo que hoy podríamos llamar capitalismo del Mediterráneo (Italia, España, Portugal), caracterizado por escasa infraestructura, regulaciones incompletas de la actividad empresarial y de seguridad social, difusión de la economía informal y bajos costos laborales. Favorece la improvisación, el gasto público se encuentra por encima del promedio en participación del PBI, y la eficiencia estatal por debajo del promedio.</p><p>Lo que podríamos llamar el segundo capitalismo se desarrolló en los ámbitos sociales calvinistas, algunos no monárquicos. Es el que hoy llamamos capitalismo atlántico de masas, e impera en el imaginario como capitalismo auténtico (Estados Unidos, Canadá, Reino Unido) y está caracterizado por la desregulación, la privatización, la flexibilidad laboral y una fuerte aceptación del riesgo empresario. Fomenta la empresarialidad, cuida el gasto público por debajo del promedio en participación del PBI, y la alta eficiencia estatal.</p><p>A diferencia de la teología católica y luterana, que continuaron fuerte y crecientemente vinculadas a la interpretación bíblica de venerados autores de los cinco primeros siglos, el genuino intento de la literalidad puritana (evangélica), transito el camino ya seguido por la teología de la retribución -que existía, aunque no era la única, en el pueblo de Israel-, de modo que la justicia ante Dios era retribuida por Él con muchos hijos, muchos ganado y larga vida, volviéndose en un modo popular simplificado a que esas cosas exteriorizaban la justicia=santidad del sujeto ante Dios.</p><p>Lo que podríamos llamar el tercer capitalismo se desarrolló en los ámbitos luteranos. Es el que hoy llamamos capitalismo del Norte de Europa (Alemania, Austria, Suiza, Dinamarca, Finlandia, Suecia, Suiza, Noruega), está caracterizado por un fuerte énfasis en la estabilidad, el consenso social y las regulaciones, favorece la perspectiva de largo plazo, tiene también el gasto público por encima del promedio en participación del PBI, pero con alta eficiencia estatal.</p><p>Las diversas experiencias de economías de mercado, que han adherido a una de estas tradiciones, o modificado tal o cual, de ellas, han servido para sacar de la pobreza a 800 millones de personas en las últimas décadas, en China, en India y en toda América Latina, salvo Venezuela y Argentina.</p><p>La democracia contiene en su seno, la posibilidad del aprendizaje económico de las mayorías, aunque este no dura para siempre, si no es renovado en una educación política, económica y de finanzas personales no ideológica.</p><p>El autor es Profesor titular ordinario de filosofía política UCA-FCS, Buenos Aires</p><p>&nbsp;</p><p>[1] Ser persona es valorar: valores desencontrados. Publicado en la Revista CRITERIO, Nro. 2476 de mayo de 2021, pp. 22 a 25.</p><p>[2] Los trabajadores tienen más necesidad de poesía que de pan. Necesidad de que su vida sea poesía. Necesidad de una luz de eternidad. Únicamente la religión puede ser la fuente de esta poesía. No es la religión, sino la revolución el opio del pueblo. La privación de esta poesía explica todas las formas de desmoralización. La esclavitud es el trabajo sin luz de eternidad, sin poesía, sin religión. S. Weil, La Gravedad y la Gracias (La pesanteur et la chace), Mística y trabajo, Sudamericana, Buenos Aires, 1953.</p><p>[3] En la física es la temperatura, en que las fases sólida y líquida pueden coexistir en equilibrio.</p><p>[4] No quiero distraernos con las novedades arqueológicas que cambian los paradigmas del imaginario colectivo de la Ilustración, sobre los “hombres primitivos”, ya que antes de las ciudades se reunían en estos lugares de culto (templos) en cuyo entorno no aparecen, ni áreas urbanas, ni de cultivo. Por otra parte, no solo en lugares de asentamiento Sapiens, sino también Neandertal, se observan restos ornamentales, o usados para herramientas, que solo pudieron haber llegado allí a través del comercio (mercado) y de restos óseos que denotan la existencia, en las precarias condiciones de vida de entonces, de miembros con enfermedades graves, que requirieron de cuidados especiales muy prolongados hasta su muerte (familia).</p><p>[5] La codificación de Hammurabi (circa 1753 a.C.) no es el primer registro normativo sobre la lealtad de las conductas.</p><p>[6] Los liberales que elogian a la Escuela de Salamanca (también llamada “Segunda Escolástica”), porque les interesa su defensa de la economía de mercado, deberían también leer los requisitos legales y éticos fuertes que desarrollaron para garantizar “precios justos”, un concepto que no comparten muchos liberales, y los lleva a desconocerlo, o a asimilarlo precio efectivo de mercado sin más. Marcelo Résico propone, para una postura balanceada al respecto, el artículo de Raymod de Roover, “The Concept of the Just Price: Theory and Economic Policy,” The Journal of Economic History, Vol. 18, No. 4. (Dec., 1958), pp. 418-434.</p><p>[7] Seguimos aquí el artículo de Marcelo Résico, El Liberalismo según Milei, y_el Otro …, revista CRITERIO, marzo de 2024.</p><p>[8] Contenidos desde las enseñanzas morales en Egipto, basadas en el principio de&nbsp;Maat&nbsp;(orden, verdad y justicia), trasmitidas a través de textos didácticos como la&nbsp;Instrucción de Ptahhotep&nbsp;(c. 2450 a.C.), el&nbsp;Código de Ur-Nammu, entre los años 2100 y 2050 a.&nbsp;C. -todos previos a la codificación de Hammurabi-, el inicio del ministerio de Amos y luego de Isaías alrededor del&nbsp;740-742 a.C.</p><p>[9] Leo Moulin en su Libro “Le monde vivant des religieux: Dominicains, Jésuites, Bénédictins” (1964), estudia a la Orden Dominicana en su capítulo VI y lo titula así: “Una catedral del derecho Constitucional: la organización dominicana”.</p><p>[10] En este sentido ha sido decisiva la influencia de la investigación de Max Weber “Max Weber se dirige contra esta interpretación unilateral de la dependencia de la superestructura del pensamiento respecto a la base económica. En su inves­tigación sociológico-religiosa "La Ética protestante y el Espíritu del Capitalismo", intentó demostrar que las orientaciones y disposiciones religiosas no se debían contemplar únicamente como reflejo ideológico de las relaciones económicas de producción, sino que, por el contrario, allanaban incluso el camino a un nuevo modo de producción.” (Estevez R, Lo político las ideas y las ciencias políticas, UNSTA - CENUBA, 1986, https://www.academia.edu/43378519/LO_POLITICO_LAS_IDEAS_Y_LAS_CIENCIAS_POL%C3%8DTICAS?sm=a&amp;rhid=36188478840) De algún modo el libro de Weber pudo haberse llamado La Etica Puritana y el espíritu del Capitalismo, y así Michael Novak ha publicado La Ética Católica y el Espíritu del Capitalismo.</p><p>[11] San Bernardino de Siena ofm y San Antonino de Florencia op desarrollaron un estudio económico-moral sobre los contratos, los mercados y la complejidad de la moneda. Sobre este tema ver De Roover, R., San Bernardino de Siena y San Antonino de Florencia - Los dos grandes pensadores económicos de la Edad Media, Procesos de Mercado: Revista Europea de Economía Política, Vol. VI, n.º 1, primavera 2009, pp. 239 a 302.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SoeHMUCuBGZfgveQ-g81gc1vlM8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/11/berlin.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>¿Hablamos de las cosas? o ¿hablamos de lo que se habla de las cosas?Hablamos si nuestro extenso territorio necesita redes ferroviarias -para trasladar...]]>
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                                <updated>2025-11-18T18:24:29+00:00</updated>
                <published>2025-11-18T18:20:34+00:00</published>
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            La justicia social desde Argentina
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                <![CDATA[Roberto Estevez]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/AMjFnTK-1uaoZTC1l8XC5DD0o4U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/08/javier_milei.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Roberto Estevez</p><p>“La justicia social es una aberración”, dijo el presidente&nbsp;Javier Milei&nbsp;(el 21 de febrero de este año, en el Banco Interamericano de Desarrollo), intentaremos analizar esta expresión desde sus orígenes conceptuales y desde la historia argentina.</p><p>Un panorama muy general</p><p>La expresión justicia social, tiene un origen preciso, fue usada por primera vez por Luigi Taparelli (sacerdote jesuita italiano, en su obra Saggio teoretico di diritto naturale, appoggiato sul fatto - Ensayo teórico del derecho natural apoyado en los hechos, 1843), y difundida internacionalmente por las enseñanzas ininterrumpidas de los papas desde 1891 (Rerum Novarum, de Papa León XIII, para defender a los trabajadores, frente a los desequilibrios que acompañaron a la revolución industrial, y promover el bien común). Finalmente, la misma fue adoptada por de John Rawlsen&nbsp;“Una teoría de la justicia”&nbsp;(1971) -que el autor describe a como una teoría de la justicia social-, y adquirió carta global por posterior uso en el sistema de Naciones Unidas.</p><p>La preocupación por los problemas sociales ha estado presente, con mayor o menor intensidad y acierto, en todo el discurrir histórico de las Iglesias, a partir de la enseñanza bíblica incluidas en el Antiguo Testamento (la ley y los profetas), y sobre todo de las enseñanzas de Jesús de Nazareth (Mateo 25) y su proyecto apostólico, la construcción del Reino de Dios en su aquí y todavía no.</p><p>Esta preocupación se ha expresado a través de múltiples escritos, como las llamadas enseñanzas de los Padres de la Iglesia de la Antigüedad (como Ambrosio, y Agustín), y de los grandes teólogos del Medievo (como Tomás, y Buenaventura), o en la defensa de los naturales de América (Vitoria) o en la promoción de una declaración de los derechos humanos por la ONU (Maritain).</p><p>Pero, sobre todo, a través del testimonio vivo de innumerables cristianos que, en distintas circunstancias histórico-culturales han hecho realidad el seguimiento de Jesús como servicio a la liberación de los hombres, como el catolicismo social de Bélgica que promulgara un sistema de seguro social integral, incluyendo prestaciones por enfermedad (1894), seguro voluntario de vejez (1900) y seguro de desempleo (1907).</p><p>El papa León XIII, alumno de Taparelli en el Colegio Romano, recogió sus preocupaciones por las consecuencias sociales de la revolución industrial, en la encíclica Rerum novarum (1891), donde habla de principios y doctrinas sacadas del Evangelio, o de filosofía cristiana. Pío XI utiliza expresiones como filosofía social o doctrina en materia social y económica (doctrina de re sociali et oeconomica)</p><p>La Rerum novarum polemiza con el socialismo y con el liberalismo; Pío XI, en la Quadragesimo anno (1931), pondrá en el centro de la polémica al capitalismo y comunismo. Años más tarde condenará los totalitarismos: fascismo (Non abbiamo bisogno, 1931), nazismo (Mit brennender sorge, 1937) y estalinismo (Divini redemptoris, 1937).</p><p>Su secretario de Estado, redactor de los borradores de los documentos antes enunciados, que pasó a la historia como Pío XII, acuñará la expresión Doctrina Social de la Iglesia, aunque también utilizará la expresión doctrina social católica.</p><p>Este cuerpo de pensamiento social, había sido la fuente de iluminación de quienes planearon el atentado del Bunker a Hitler, para la toma de poder, en un intento de detener la guerra previamente acordado con Churchill, a través de los canales de comunicación facilitados por el papa Pío XII.</p><p>Los sobrevivientes, después del fracaso del atentado impulsarán el proyecto más “absurdo” del siglo XX (terminar con las guerras en Europa occidental): Jean Monnet, Konrad Adenauer, Robert Schuman, Alcide De Gasperi, Giorgio La Pira y Paul-Henri Spaak, poniendo en marcha la economía social de mercado, que consiguió la desproletarizo de Europa Occidental y su unificación.</p><p>Es tan clara la filiación espiritual de estos hombres, que&nbsp;la mitad de ellos: Robert Schuman,&nbsp;Alcide De Gasperi&nbsp;y&nbsp;Giorgio La Pira,&nbsp;se encuentran en distintas etapas de canonización por la Iglesia Católica.</p><p>El proceso argentino y los nombres</p><p>En el debate de candidatos a la presidencia 2023, el candidato del peronismo cordobés, Juan Schiaretti, usó la expresión tanto estado como sea necesario, tanta sociedad como sea posible, síntesis frecuentemente usada en los círculos de la fundación Konrad Adenauer para sintetizar el supuesto político de la justicia social en la reconstrucción de Europa.</p><p>Este tema, al igual que el europeísmo-antinorteamericanismo argentino, comienza con la presidencia de Roca. Durante el unicato roquista se menosprecia lo norteamericano (que había sido admirado por Belgrano y Sarmiento), para adherir al positivismo europeo y, desde el estado, pretender cambiar las bases de la sociedad subsistente de las Provincias Unidas, por una nueva sociedad que tuviera a la Nación Argentina, como un nuevo proyecto histórico.</p><p>Lo que Miguel Cané definía como “espíritu abierto a la poderosa evolución del siglo, con fe en la ciencia y en el progreso humano” era también la unión federal de las oligarquías provinciales que comenzaron a gobernar a través de un sistema unitario</p><p>El estado de Roca, a tenor de los vientos del progresismo de entonces, consideraba negativamente todo lo hispano, y con ello lo católico. Se concentró por tanto en lo que creía anularía la influencia católica en la sociedad, particularmente estatizando los registro, el matrimonio, la educación, y los cementerios. Así como introduciendo momentos “sacramentales” -de culto estatal- en la vida escolar de los niños. Todo lo cual generó la oposición de personas de la talla de Estrada, Goyena, Frías, Funes, y Pizarro.</p><p>José Manuel Estrada (1842-1894) había sido valorado desde muy joven por la elite liberal, fue secretario de Relaciones Exteriores durante el gobierno de Domingo Faustino Sarmiento y ocupó, durante 1869, el cargo de jefe del Departamento General de Escuelas del Gobierno de Buenos Aires. En 1874, fue elegido para llevar adelante la Dirección de Escuelas Normales y el Decanato de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, fue rector del Colegio Nacional de Buenos Aires, participó de la Convención Provincial Constituyente y Diputado de la Provincia de Buenos Aires, impartió en la UBA, el "Curso de derecho constitucional, federal y administrativo" desde 1877, hasta que fue removido de su cargo de Rector y Profesor del Colegio Nacional en&nbsp;julio de 1883&nbsp;y, posteriormente, despojado de su cátedra universitaria de Derecho Constitucional y Administrativo (junio de 1884).</p><p>Hasta entonces había referencias acuñadas en el período español, que después sobrevivieron bajo formas diversas y vigorosas, que el roquismo pretendió erradicar. Los rechazados de entonces fundaron el Club Católico, en oposición al Club Liberal, fundaron el partido Unión Católica, y el diario La Unión.</p><p>Durante el gobierno de Miguel Juárez Celman, Estrada participo como orador en el acto fundacional de la Unión Cívica de la Juventud, que posteriormente se convertiría en la Unión Cívica Radical. La participación de Estrada en ese momento germinal, ya orienta porque Alem expresa sobre el régimen, no solo que es falaz, sino también descreído.</p><p>Antes de sus comienzos políticos, el joven Leandro Alem escribió un poema titulado Sombras, en cuyos versos expresa: Pero ¡adelante! dije, que en la lucha/se retemplan mejor las grandes almas/cuando inspiradas por la voz del Cristo/al porvenir dirigen sus miradas.</p><p>Y en uno de sus últimos textos, confinado en la isla Martín García (Memorial a la Corte Suprema de Justicia de la Nación, el 24 de agosto de 1931) Yrigoyen afirmó sobre su acción de gobierno: nadie llevó más allá, ni aplicó con más unción la doctrina del Evangelio.</p><p>Muchas de las familias de los católicos que habían adherido a la Unión Cívica, subsisten aun en él radicalismo, sin embargo el crecimiento de su veta laicista, el anti positivismo heredado que se transforma en antiliberal, y la adhesión al universo reformista, hace que mucho del apoyo se fuera diluyendo. Las múltiples líneas católicas intelectuales, los medios de comunicación y los muy vitales Círculos Católicos de Obreros, entienden que el anarco sindicalismo, las alianzas con el Partido Comunista (como en Córdoba con Sabattini), y las ambigüedades del proceso reformista, pueden terminar por decantar en un proceso soviético.</p><p>De Gaulle y Perón</p><p>Por otra parte, en el&nbsp;GOU&nbsp;(que pudo haber significado&nbsp;Grupo de Oficiales Unidos&nbsp;o&nbsp;Grupo Obra de Unificación) varios de los miembros buscan una alternativa al capitalismo y al socialismo en la doctrina social de la Iglesia.&nbsp;Robert Wilkinson capellán militar desde 1934, buen orador, publicista y asesor de organizaciones mutuales, llamó la atención de Farrell y Perón, quienes valoraron sus perspectivas y orientación.</p><p>La posterior llegada de Perón al gobierno, cristalizó las múltiples líneas católicas (intelectuales, medios de comunicación y sindicatos) a su favor, incorporando intelectuales que fueron desde un espectro reaccionario, hasta los de sólida formación, como Arturo Enrique Sampay ideólogo de la&nbsp;Constitución Argentina de 1949,&nbsp;y desarrollador del&nbsp;constitucionalismo social&nbsp;en la Argentina.</p><p>Paralelamente, en toda la Europa occidental de post guerra se extendieron los principios social cristianos, de la justicia social, que compartían Adenauer, de Gasperi y Schumann, constituyendo fuertes partidos que llevaron adelante la unión europea.</p><p>El escritor español, Enrique San Miguel (en su libro El Evangelio de los Audaces, 2005), nos aclara que eso no fue así en Francia, donde esos esquemas conceptuales social cristianos, para logrando articular un discurso horizontal y suprapartidario, fueron empleados para constituir una fuerza propia personalista por Charles De Gaulle, agregando a continuación que esto no sucedió en ningún otro lugar, salvo en la Argentina del General Perón.</p><p>La vertiente social cristiana europea, no fue la única “esencia” que confluyó en el peronismo. Sino también la praxis política de los socialismos nacionales fascistas, y las tres vertientes principales en los orígenes del movimiento obrero argentino: la católica del padre Federico Grote, la socialista democrática y la anarcosindicalista.</p><p>A lo largo de la historia del peronismo, las esencia cristiana, socialista y fascista han permanecido en permanente contradicción, con momentos de primacía de unas u otras. Momentos a veces más luminosos, u otras veces muy obscuros, como lo muestra el encuentro de María O`Donnell con Mario Firmenich en su libro Aramburu (2020).</p><p>La reconstrucción minuciosa del secuestro y homicidio de Aramburu va abriendo paso a los orígenes de Montoneros, a su disolución fáctica, transparentando los valores que energizan las acciones durante uno y otro período.</p><p>Mientras relata esta historia de la memoria de la democracia argentina, va refiriendo otras dos historias globales/locales: la de la guerra fría -desde de la segunda guerra mundial-, y la de la tensión conservación/renovación en la Iglesia Católica -ya antes del Concilio Vaticano II-: En plena guerra fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, con el empuje de las numerosas colonias que se habían independizado en África y Asia, había surgido el Movimiento de Países No Alineados y la noción de Tercer Mundo. Esos vientos de cambio conmovieron a la Iglesia en forma inesperada.</p><p>Hasta donde sabemos, los hombres no dejan de valorar mientras viven. Nuestros sueños y pesadillas expresan valoraciones, aun cuando dormimos. Toda relación entre hombres (mujeres y varones) está energizada por lo que valoramos. &nbsp;Las ideologías, como enlatados morales, sortean muchos problemas entre personas y automatizan el consenso, con lo que, en realidad, van acumulando problemas sin resolver, ya que acumulan deberes vacíos de realidad, y lo que las cosas son va perdiendo importancia por la inflación sustituta de lo que las cosas deberían ser.</p><p>En este sentido el libro de O’Donnell trae un dato duro. En 1973, al comienzo del tercer gobierno peronista, la pobreza era del 4,8% de la población, que si lo midiéramos con los indicadores actuales no llegaría al 11%.</p><p>En Argentina, no basta con proclamar la justicia social, no basta con querer hacer el bien, para hacer el bien hay que saber cómo hacerlo.</p>]]>
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                <published>2025-10-15T21:49:44+00:00</published>
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            El Salón de los rechazados
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                <![CDATA[Roberto Estevez]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4d911vUgwk0soP1XxqurXFTuKtI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/10/salon_des_refuses.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El movimiento cultural que pasó a la historia como La Ilustración (desde mediados del siglo&nbsp;XVII&nbsp;hasta fines del siglo&nbsp;XVIII), fue posible porque antes se desarrolló una teología (puritana) en base a la cual pocos son los elegidos, creció el desprecio de las emociones, se produjo la identificación unívoca de la espiritualidad con la racionalidad, la transposición de la escatología cristiana a la filosofía del &nbsp;progreso lineal e ilimitado, y la autoconciencia europea como La Civilización en un mundo de barbarie. Todo lo cual terminó por genera un mundo brillante -y para pocos-, como los salones de baile victorianos.</p><p>Ese mundo, en el que, por las alianzas dinásticas, se llamó a la Reina de Inglaterra “la abuela de Europa” ha desaparecido, y es hoy un mundo único, pero de civilizaciones diversas.</p><p>La crisis de la Modernidad, si bien se produce dentro de un cambio global, es solo crisis de la civilización euroamericana -y donde esta influye culturalmente-. Las restantes civilizaciones, no se encuentran en crisis, no fueron Modernas y la Modernidad colonial, fue solo una superficie.</p>Sin tinta roja<p>Los sistemas políticos, son sistemas de refuerzo de las civilizaciones, y por tanto la crisis euroamericana, es también una crisis de la democracia republicana, que refuerza su identidad</p><p>Slavoj Zizek, hablando ante un acampe en Wall Street (Occupy Wall Street, 2011) refirió un chiste de la era soviética: Un hombre de Alemania Oriental, sabe que lo van a mandar a un campo de concentración en Siberia y acuerda con sus amigos un código: cuando les escriba, va a usar tinta azul para todo aquello con lo que se propone agradando a sus censores, y tinta roja para todo aquello que es la verdad de su condición.</p><p>Luego de un mes, los amigos reciben una carta íntegramente escrita en tinta azul, donde dice que los negocios están llenos de comida, que se entretiene viendo películas del Este, los departamentos son amplios y lujosos, y que lo único que falta es tinta roja.</p><p>Zizek que se apartó de la&nbsp;teoría marxista&nbsp;de sus orígenes para desarrollar su pensamiento con la filosofía de Hegel y el&nbsp;psicoanálisis&nbsp;lacaniano, representa de algún modo las ideas que han imperado en la cultura euroamericana luego de la revuelta de Paris de 1968, y revela la propia situación de las izquierdas gramscianas, se han quedado sin tinta roja.</p><p>Uso la expresión “izquierdas” que siempre ha sido equivoca (como la de “derecha”), y lo será cada vez más en la medida del debilitamiento de la racionalidad ideológica que produce el fin de la Modernidad. Ella denominaba a aquellos que buscando la igualdad buscaban “todo dentro del estado, nada en contra del estado, nada fuera del estado” (para más confusión, esta expresión proviene del libro La revolución fascista, de Benito Mussolini), sin reparar en toda la vitalidad social que esto arrasaba al comenzar a concretarse.</p><p>Las democracias liberales también, en su lucha contra los totalitarismos (el nazismo fue nacional socialismo), fueron incorporando mecanismos totalitarios que lejos de ser desactivados al terminar la lucha, adquirieron su propia lógica, en expansión por las nuevas tecnologías disponibles.</p><p>En este contexto del fin de la Modernidad, a nadie le importa ya la coherencia y la racionalidad del discurso, la emotividad está a flor de piel, y mi individualidad no se ve como fruto de la libertad pública, sino en la aceptación de mi existencia y creencia, en mi tribu/colmena, que flota en los vientos de la historia.</p><p>Se ha producido así un distanciamiento, con cansancio del discurso y un agotamiento del esfuerzo individual seguido después de la segunda guerra mundial para la construcción del estado de bienestar, que a la par de sus beneficios -que nunca son suficientes-, ha creado oligarquías nacionales y transnacionales, por lo que las fuerzas que han dominado el discurso se han quedado sin palabras para ganar elecciones.</p>Los rechazados<p>El 15 de abril de 1874, en el estudio del fotógrafo Nadar, ubicado en el número 35 del boulevard des Capucines de Paris, sucedió algo verdaderamente luminosos para esa época, en que la civilización euroamericana estaba en su cenit victoriano, y ya había comenzado su crisis. Un grupo de artistas como, Monet, Renoir, Degas, Morisot, Pissarro, Sisley y Cézanne decidieron organizar su propia exposición, al margen del Salón de Paris. Así surgió lo que, pasaría a la historia como el Impresionismo.</p><p>Lo primero que este movimiento tuvo en común, es que muchos eran los rechazados del salón oficial de ese año (Salon des Refusés). Amigos como Pissarro y Cézanne, pintaron muchas obras en paralelo y es más sencillo ver las diferencias entre ellos que las coincidencias, del uso del color y la luz.</p><p>Algo semejante sucede con los movimientos políticos que hoy se califica de derecha. Al observar en la misma “rueda” a Friedrich Merz, Marine Le Pen, Giorgia Meloni, Trump, Bukele y Milei, recuerdo el Salon des Refusés ¿Son estos movimientos políticos lo mismo, o en esta época del eclipse del racionalismo ilustrado (representación ideológica de la realidad, por una segunda realidad clara y distinta pero yuxtapuesta), son la expresión de los rechazados desde la predominancia cultural de 1968?</p><p>La duda no invalida la observación de Geraldin Schwartz (en la parte final de Los Amnésico) sobre el crecimiento de una derecha nostálgica, y que la desnazificación realizada en Alemania, no fue hecha en Austria, Italia y Francia (recordar que el estado francés de Vichi colaboró activamente con las deportaciones de sus ciudadanos judíos). Lo cual explica a algunos de los movimientos, que se esconden en la reacción más amplia, sin embargo, sigue faltando tinta para explicar el crecimiento de mucho otros.</p><p>Hay múltiples experiencias que pareciera indicar esa actualidad no nostálgica, como la rebelión de los chalecos amarillos en Francia: Emmanuel Macron establece un pequeño impuesto a los combustibles para fortalecer lo que es “políticamente correcto”, la lucha contra el “calentamiento global”. Se tacha de irracional que alguien pueda oponerse a ello, y tal vez sea adecuado para una racionalidad abstracta, pero la emotividad/racionalidad de los que se oponen con virulencia está sobre el suelo. Ellos son quienes no gozan del transporte público de calidad de las ciudades. Deben moverse en sus vehículos y trabajar en sus tractores ¿Se oponen por el impuesto, o se cansaron de ser invisibles, como sucedió con la resolución 125 argentina? ¿Sucederá luego de la baja temporaria, demasiado corta, de los derechos de exportación a los cereales?</p><p>La política que ha ido creciendo en la civilización euroamericana, a partir de la agenda “políticamente correcta”-, incluye regulaciones que implican la vuelta de la desigualdad, la reducción de la esfera de lo privado, el crecimiento de los impuestos, y la expansión de lo estatal.</p><p>Las fuerzas de centro que se asocian a esa agenda, se alejan del electorado que las sostuvo, y ha perdido el encanto ideológico -aunque han hecho valiosas contribuciones en el pasado-, no importa si son los Demócratas norteamericanos, los Cristiano Demócratas alemanes, los Populares españoles o el Pro argentino.</p><p>Por ahora crecen “los rechazados” de ayer y todo parece lo mismo, sin embargo, las alianzas en el Parlamento Europeo suelen ayudar con las diferencias, entre Giorgia Meloni, aliada del partido (CDU) que llevó a Angela Merkel al poder, y Marine Le Pen, aliada del opositor Alternativa para Alemania, nostálgica de la Alemania de preguerra.</p><p>Parece ser el “aire del tiempo”, que las fuerzas que sigan copiando la textura del terreno, expresado a las muy diversas realidades que han estado negadas durante medio siglo, seguirá creciendo por su conexión con el contexto axiológico de la civilización euroamericana actual, aunque sean demonizadas con tal o cual rútulo En la medida en que abandonen esta práctica, y se vayan encerrando en una ortodoxia ideológica –sin importar cuál sea- irán retrocediendo junto a la Modernidad que fue ideológica, y se va.</p><p>Desde la década de los ochenta el modelo de capitalismo casino (consuma ahora y que lo pague la siguiente generación) y cultura antagónica de masas (estrato no creativo que crece en la mera contestación crítica de lo existente) se fue extendiendo de su núcleo europeo y norteamericano al resto de esa civilización, sin que el paréntesis Thatcher-Reagan (1979-1990) lo afectaran.</p><p>En la deconstrucción del hombre, y la superación del hombre, creció la comprensión del sujeto como esencialmente desigual. Los modernos se empeñaron en manifestar la radical igualdad de todos los seres humanos, frente al antiguo régimen. Hoy están en marcha múltiples proyectos ideológicos, que, bajo excusa de las desigualdades relativas, van sugiriendo una comprensión de la realidad humana, que se dice diversa, pero en el fondo es trans igualdad; lo que poco a poco va justificando nuevas exclusiones ejercidas sobre grupos humanos.</p><p>No se sale de la lógica de exclusión, sino que se cambia el motivo de exclusión; de modo que sexo, color de la piel, origen étnico, nivel educativo, lugares de su educación, rentabilidad económica, salud, nacionalidad, pensamiento, religión... siguen siendo así factores de exclusión social que crecen para justificar la lucha por el poder de elites, con multitud de conductas impositivas y violentas, que aspiran a ser oligarquías. Esta idea fue desarrollada en ETHOS Y ACTUALIDAD: La crisis del poder, Publicado en la Revista CRITERIO, Nro. 2495 de enero-febrero de 2023.</p>]]>
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                                <updated>2025-10-06T15:00:17+00:00</updated>
                <published>2025-10-06T14:48:36+00:00</published>
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            Trump y Milei en perspectiva
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                <![CDATA[Roberto Estevez]]>
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En ella Marcuse identificará la nueva fuerza revolucionaria para el camino comunista: el enemigo tiene ya su quinta columna dentro del mundo limpio: los rojillos y los hippies y sus semejantes, con el pelo largo y sus barbas, y sus pantalones sucios, aquellos que son promiscuos y se toman las libertades que les son negadas a los limpios y ordenados (Un ensayo sobre la liberación, 1969). Luego extenderá el carácter potencialmente revolucionario a todo tipo de minorías, particularmente las sexuales, en una estrategia de constituir minorías para que sean revolucionarias.</p><p>De esa toma del barrio de la Sorbona se recuerdan los grafitis: "Viole su alma mater", "Cuando la asamblea nacional se convierte en un teatro burgués, todos los teatros burgueses deben convertirse en asambleas nacionales", "Todo el poder a los consejos obreros (un rabioso) Todo el poder a los consejos rabiosos (un obrero)", "Un solo week-end no revolucionario es infinitamente más sangriento que un mes de revolución permanente.", "Abraza a tu amor sin dejar tu fusil.", "Aprende a cantar la internacional.", "Un policía duerme en cada uno de nosotros, es necesario matarlo.", "Dejemos el miedo al rojo para los animales con cuernos."</p><p>Sin embargo, en las mismas paredes se escribía también somos marxistas tendencia Groucho Marx (aludiendo al cómico de los años 30), y estas otras consignas:</p><p>"Decreto el estado de felicidad permanente.", "Graciosos señores de la política: ocultáis detrás de vuestras miradas vidriosas un mundo en vías de destrucción. Gritad, gritad; nunca se sabrá lo suficiente que habéis sido castrados.", "Prohibido prohibir. La libertad comienza por una prohibición.", "La emancipación del hombre será total o no será.", "Queremos las estructuras al servicio del hombre y no al hombre al servicio de las&nbsp;estructuras. "No me liberen, yo basto para eso.", "Abajo el realismo socialista. Viva el surrealismo.", "Exagerar, esa es el arma.", "No queremos un mundo donde la garantía de no morir de hambre se compensa por la&nbsp;garantía de morir de aburrimiento.", "Un pensamiento que se estanca es un pensamiento que se pudre."</p><p>Hay consenso en que esta revolución de los hijos de papá, como la llamó De Gaulle -después de una tregua en la que consiguió que los obreros no volvieran a las barricadas, y antes de sofocarla-, abrió en primer lugar la subyacente desconfianza de la autoridad, el respeto a las minorías sexuales, de edad o raza, y del dominio cultural de las izquierdas elegantes, o con pretensión de serlo (la izquierda da fueros, decía el presidente Néstor Kirchner).</p><p>Pero en agosto del mismo año -de la revuelta de los estudiantes franceses-, también sucedía la represión soviética de la rebelión de la Primavera de Praga, en octubre la masacre de estudiantes que pedían democracia, frente al Partido Revolucionario Institucional (la izquierda del PRI) en Tlatelolco (México). Los escapes –con riesgo de su vida- de quienes vivían el socialismo real eran constantes, la realidad es visibilizada en el Archipiélago Gulag por Aleksandr Solzhenitsyn (1958-1968), se producen las atrocidades del Khmer rojo (1975), la invasión de Campuchea por parte de Vietnam y de Afganistán por la Unión Soviética (1979).</p><p>Estos eventos terminan por abrir, en segundo lugar, un consenso anti totalitario, desconfiado del estado, libertario en lo social, individualista y liberal económico, en el paréntesis Thatcher-Reagan-Juan Pablo II (1979-1990), que permite derrotar a la URSS.</p><p>El hecho de que el proceso de desnazificación alemán no fue realizado por sus aliados, en Austria, Francia e Italia -por solo citar los más comprometidos en las deportaciones masivas de sus propios ciudadanos judíos- (señalado por Géraldine Schwarz, en Los amnésicos 2019), sobre), ha facilitado que aflore una tercera línea subyacente: la Nueva Derecha que se considera nacida en 1968 desde una perspectiva eminentemente metapolítica, para la cual:</p><p>El liberalismo, es el enemigo principal; el hombre: es un ser arraigado, peligroso y abierto; la sociedad: es un conjunto de comunidades; lo político: es una esencia y un arte; lLo económico: está más allá del mercado; el mundo: es un pluriverso. Está contra la indiferenciación y el tribalismo, por unas identidades fuertes, contra el racismo, por el derecho a las diferencias, contra la inmigración, por la cooperación, contra el sexismo, por el reconocimiento de los géneros, contra el jacobinismo, por la Europa federal, contra el productivismo, por el reparto del trabajo, contra la huida adelante financiera, por una economía al servicio de lo vivo, contra el gigantismo, por las comunidades locales, contra la ciudad-hormigón, por unas ciudades de dimensión humana, y contra el daimon de la técnica, por una ecología integral</p><p>Proclamándose por la libertad de espíritu y el retorno al debate de ideas, al margen de las viejas divisiones que obstaculizan las posiciones transversales y las nuevas síntesis. Y hacemos un llamamiento al frente común de los espíritus libres frente a los herederos de Trissotin, de Tartufo y de Torquemada (Manifiesto de la Nueva Derecha, Alain de Benoist y Charles Champetier, 2000).</p><p>La Nueva Derecha rescata el paganismo griego, sobre la herencia&nbsp;judeo-cristiana, proclama la ruptura con la tradición católica, el anti igualitarismo, el reconocimiento de la diversidad sexual, y la critica la visión economicista del mundo. Convirtiendo al&nbsp;liberalismo en su enemigo principal, adhiere a un neo nacionalismo&nbsp;indoeuropeo, eurocéntrico y por tanto receloso de la cultura norteamericana.</p><p>En ese mes revolucionario en París (1968) se materializó la nueva izquierda liberacionista, se inspiró la Nueva Derecha -que ahora lo toma como acto de nacimiento-, pero también se inició el cuestionamiento del camino seguido por las democracias occidentales, con las estructuras sociales de posguerra y el estado de bienestar.</p><p>En estos tres movimientos, impera hoy una expresividad subjetiva y una ruptura deliberada con la ortodoxia en la representación ideológicas, con entrecruzamientos argumentales y estratégicos. Tanto para Trump, como para Milei, el tiempo hará visible cuales son las identidades y cuales las alianzas oportunistas.</p>]]>
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