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    <title>El Eco de Tandil</title>
    <subtitle>Entrevistas exclusivas y contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Tandil.</subtitle>
    <updated>2026-07-18T01:40:04+00:00</updated>
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            Por qué el Tandil del 2050 no se puede pensar con el espejo retrovisor
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                <![CDATA[Rodrigo Ariel Rotonda]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/QOgwYwLu2wLOZ6pevAm69SReo90=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/colegio_en_calle_fleming.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>¿Cuántas veces escuchamos la frase "pero si eso ya estaba ahí"?&nbsp;</p><p>Nos pasa hoy con el Tiro Federal, donde los vecinos levantan la voz por los “ruidos molestos”. Nos pasa, bajo el mismo motivo, con el circuito La Cascada, espacio que quedó abrazado por el crecimiento residencial de Don Bosco. Y la respuesta automática suele ser: "¿Por qué no se fijaron antes de comprar? El Tiro Federal y el circuito ya estaban ahí".</p><p>Permítanme desarmar esa lógica, porque si nos quedamos atrapados en el debate del derecho de antigüedad, paralizamos la ciudad.&nbsp;</p><p>Mirar el desarrollo urbano con el espejo retrovisor es el camino más directo a la obsolescencia.</p><p>Si llevamos ese argumento al absurdo, los animales tendrían que tocarnos la puerta de todas nuestras casas para decirnos "che, correte, yo vivía primero acá".&nbsp;</p><p>Las ciudades cambian, mutan, respiran. Crecen y se desarrollan de manera inevitable. Por eso, en esta discusión no importa qué fue primero. Lo único que verdaderamente importa es analizar la foto actual, anticipar la de mañana y resolver el conflicto con una mirada sistémica en el presente.</p><p>No podemos darnos el lujo de gestionar una ciudad intermedia que aspira a ser un faro global (si, aspiremos a algo grande) con parches emocionales o caprichos históricos.&nbsp;</p><p>Tandil está experimentando una transición demográfica y económica alucinante, y la única forma de que todos salgamos ganando es asumiendo que los servicios, los espacios públicos y la zonificación deben acompañar ese crecimiento, adaptándose a las necesidades reales de la comunidad actual.</p>La historia como espejo: del semipermanente a la realidad de La Cascada<p>Para entender que las transformaciones urbanas son inevitables, solo hace falta mirar nuestra propia historia.&nbsp;</p><p>Durante décadas, la zona de Don Bosco albergó el emblemático Circuito Semipermanente. El TC corría en una ruta que hoy es nuestro paseo más visitado. Pero aquello no terminó por un plan de diseño urbano, sino por una decisión drástica de seguridad vial que prohibió las carreras en ruta.</p><p>Sin embargo, el efecto colateral en la ciudad fue transformador: la salida de las carreras fue precisamente lo que permitió que Don Bosco se consolidara, con el tiempo, como el pulmón turístico y residencial que hoy disfrutamos. El automovilismo local tuvo que reconvertirse y encontró su casa en un trazado cerrado denominado La Cascada.</p><p>El crecimiento de Tandil nos pone ante el mismo espejo. El avance residencial volvió a rodear al circuito.&nbsp;</p><p>El dilema no se resolvió cancelando el deporte. Hoy nos exige dar el siguiente paso de planificación para que el ruido de los motores y el descanso de los vecinos encuentren un equilibrio moderno.</p><p>&nbsp;</p>Fleming y la descentralización<p>Este desplazamiento de la vida urbana es el mismo fenómeno que estamos viendo hoy en la Avenida Fleming.&nbsp;</p><p>La propuesta de radicación de un colegio privado —recientemente aprobada por el Concejo Deliberante— junto con el proyecto de un nuevo paseo comercial y supermercado en la zona, despertaron lógicas preocupaciones vecinales por el tránsito y el impacto ambiental.</p><p>Al mismo tiempo, la Asamblea por las Sierras salió al cruce reclamando el estricto cumplimiento del Plan de Desarrollo Territorial (PDT) y alertando sobre el avance de construcciones sin la debida planificación. Sus preocupaciones sobre el agua, el paisaje y la preservación del ecosistema son legítimas. Pero la solución no puede ser la parálisis o el rechazo sistemático a cualquier inversión.</p><p>En el caso de Fleming no estamos ante un "aprendizaje histórico", sino frente a una fuerza urbana ineludible: la tendencia natural del tandilense (y del que adopta esta ciudad como propia) de expandirse hacia lo lindo y escapar del caos del centro.&nbsp;</p><p>La gente busca el verde, la fluidez y el aire libre de las afueras y los servicios e instituciones lógicamente siguen esa misma inercia. No podemos frenar este movimiento orgánico, pero sí debemos gestionarlo para que esa mudanza hacia las afueras no termine replicando los mismos problemas de congestión que los vecinos intentan dejar atrás.&nbsp;</p><p>No tenemos que elegir entre un ambientalismo que congela la ciudad o un desarrollismo sin control. Existe una tercera vía: la del desarrollo con mitigación e infraestructura planificada.&nbsp;</p><p>Esta es una de las premisas fundamentales que impulso desde la iniciativa Tandil 2050 (www.tandil2050.com): concebir el entorno natural no como un límite restrictivo, sino como el activo más valioso que debe guiar y ordenar el crecimiento de la infraestructura.</p><p>Como planteé en mi columna sobre el Paseo del Banco, un proyecto de estándar internacional obliga a subir la vara de todo el entorno. El problema de Fleming no radica en que un colegio o un supermercado busquen radicarse ahí para responder a la demanda de los nuevos barrios. El verdadero problema surgirá si se les permite avanzar sin exigirles estudios rigurosos y obras que mitiguen su impacto socioambiental y urbano.</p><p>Bajo la premisa de Tandil 2050 de promover subcentralidades urbanas descentralizadas para evitar que el vecino tenga que cruzar la ciudad para resolver su día a día (siguiendo el modelo de la "ciudad de los 15 minutos"), la meta ante estos proyectos en análisis debe ser el "Sí, pero con condiciones claras":</p><p>Inversión vial previa y conexión estratégica: Como bien señalaron los profesionales y vecinos que participaron del debate en la presentación de Tandil 2050 en la Semana Flama del 2025, Tandil tiene una debilidad crítica en sus accesos y rutas. Si pensamos a nuestra ciudad como un destino global, mejorar la comunicación del territorio hacia el afuera y resolver los nodos viales internos es una prioridad absoluta para que proyectos como el de Fleming sean viables.</p><p>Mitigación del impacto integral: Exigir obras de retención pluvial, planes de forestación, adecuaciones acústicas y tratamiento de residuos que garanticen la total armonía con el entorno residencial y natural.</p><p>Financiamiento inteligente: Aplicar herramientas de plusvalía urbana donde el propio desarrollo privado pague las obras públicas que el sector necesita para no colapsar.</p><p>&nbsp;</p>De la "Cota 220" a la "Fachada Histórica"<p>Cuando discutimos el crecimiento de Tandil, solemos caer en una trampa conceptual: creer que "preservar" es sinónimo de "congelar".&nbsp;</p><p>Quiero invitarlos a pensar en una comparación directa entre dos figuras de restricción urbana que hoy están bajo la lupa: la "cota 220" en las sierras y la "fachada histórica" en el centro de la ciudad.</p><p>¿Qué pasa cuando el Estado le dice a un propietario que en su fachada histórica declarada patrimonio no puede tocar una sola línea de diseño? ¿Y qué pasa cuando le dice al dueño de un terreno sobre la cota 220 que su lote debe permanecer exactamente igual para siempre? En los papeles suena a una "preservación heroica”. Pero en la realidad práctica, abre un interrogante incómodo: ¿quién se hace cargo de mantener lo que se paraliza?</p><p>Si el propietario de un terreno en la altura no puede hacer absolutamente nada ahí, ¿qué incentivo tiene para limpiarlo, desmalezarlo o prevenir incendios forestales que luego ponen en riesgo a todo el entorno?&nbsp;</p><p>En el centro pasa lo mismo: si congelamos una fachada histórica y le impedimos al dueño generar un desarrollo rentable que financie su preservación, ese edificio se convertirá en una cáscara vacía y ruinosa. ¿Qué pasa si un día se desprende un ladrillo de un balcón histórico y cae sobre la cabeza de un chico que pasa por la vereda?&nbsp;</p><p>¿De quién es la culpa? &nbsp;¿Del propietario que no tiene recursos para mantener un monumento improductivo? ¿O de la ordenanza que lo asfixió en nombre del patrimonio? Y no vayamos al plano legal, porque mucho de lo que hay, termina siendo impracticable.</p><p>Todo lo que se paraliza requiere mantenimiento. Pero nadie mantiene lo que no tiene permitido utilizar de manera inteligente.&nbsp;</p><p>Cuando prohibimos por prohibir, sin crear herramientas de incentivo, compensación o reconversión, no estamos protegiendo el paisaje ni la historia: los estamos condenando al abandono y al peligro.</p><p>Para salir de este laberinto, propongo aplicar herramientas urbanísticas modernas que ya funcionan con éxito en otras partes del mundo, como la Transferencia de Capacidad Constructiva.&nbsp;</p><p>Piénsenlo bajo la misma lógica de los bonos o certificados de emisión de carbono que hoy rigen los mercados ambientales globales: una empresa que necesita emitir carbono para su producción le compra "derechos de emisión" o créditos a un bosque protegido que captura ese gas. El que genera un impacto compensa económicamente al que preserva, permitiendo que el recurso natural siga en pie de forma rentable y sostenible.</p><p>Con la cota 220 o la fachada histórica deberíamos hacer exactamente lo mismo. Si el Estado decide que un lote en la cota o un frente debe conservarse verde o intacto para el disfrute de toda la comunidad, debe permitirle a ese propietario transferir (vender) sus "metros cuadrados edificables teóricos" a un desarrollador que los aplique en las zonas donde la ciudad sí quiere consolidar densidad (el centro, por ejemplo).&nbsp;</p><p>De este modo, el mercado privado financia la preservación del paisaje y del patrimonio, el desarrollador construye donde corresponde y el vecino conserva su capital, logrando un equilibrio real donde conservar deja de ser un castigo para convertirse en un negocio sustentable. Muchachos. No es tan difícil…</p><p>&nbsp;</p>Ningún metro cuadrado se salva solo<p>Hay una premisa que para mí es clave para la gestión y para la vida: no se puede tener un jardín en medio del desierto (salvo que seas Dubai. Y claramente no lo somos).&nbsp;</p><p>Si a nuestro entorno le va mal, a nuestro metro cuadrado —por más exclusivo o histórico que sea— tarde o temprano le va a ir mal.&nbsp;</p><p>El crecimiento de Tandil no es un fenómeno aislado. Es un movimiento orgánico de personas que eligen este ecosistema para vivir, invertir y proyectar su vida y trascendencia (si la persiguen…).</p><p>Cuando el Tiro Federal se instaló en su ubicación actual, o cuando las primeras carreras levantaron polvo en la periferia, esas zonas eran el borde del mapa. Eran espacios pensados para actividades que, por su propia naturaleza (ruido, seguridad, logística), necesitaban aislamiento.&nbsp;</p><p>Pero la ciudad avanzó. Ese "desierto" se transformó en tejido urbano, en hogares de familias y en emprendimientos turísticos. En síntesis, en el jardín que hoy compartimos.</p><p>El error de diagnóstico radica en creer que la antigüedad otorga una inmunidad eterna contra el cambio. Piénsenlo un segundo:</p><p>La ciudad como organismo vivo: Una traza urbana no es un monumento de mármol que se queda fijo para siempre. Es un cuerpo que crece y que, cuando “la ropa le queda chica, necesita cambiar de talle”. El PDT debe ser un instrumento dinámico, no una biblia inmodificable escrita hace décadas.</p><p>La evolución de las necesidades: El Tandil de mediados del siglo XX no es el mismo Tandil tecnológico, turístico y residencial de 2026. Las demandas de servicios educativos, comerciales y recreativos hoy se distribuyen de otra manera en el territorio.</p><p>La superposición de derechos: El derecho legítimo de una institución centenaria (o de un vecino residencial) no puede anular el derecho, también legítimo, del resto de la comunidad al desarrollo, el descanso y la previsibilidad. La llegada de la modernidad no debe significar la erradicación prepotente, pero tampoco la parálisis de la ciudad.</p><p>&nbsp;</p>Del conflicto a la reconversión<p>¿Qué hacemos entonces? ¿Borramos la historia o bloqueamos el futuro?&nbsp;</p><p>Como directores de empresas, como desarrolladores y, sobre todo, como ciudadanos con visión, sabemos que donde el analista lineal ve un conflicto cerrado, el desarrollador sistémico ve una oportunidad de reconversión.</p><p>El desplazamiento de actividades de alto impacto fuera de las zonas densamente pobladas, o la correcta inserción de nuevos polos comerciales y educativos, no son derrotas: son las llaves para la modernización de Tandil.&nbsp;</p><p>Esta reconversión es el núcleo de la densidad inteligente que promuevo desde Tandil 2050: crecer hacia adentro con calidad, liberando suelo en las áreas consolidadas y planificando los nuevos usos en la periferia.</p><p>En lugar de resignarnos a la disputa interminable, que la planificación urbana nos ofrezca alternativas concretas de reconversión. Por un lado, conflictos históricos como el de La Cascada o el Tiro Federal pueden destrabarse mediante masterplans de relocalización estratégica hacia predios modernos y adecuados, financiados de manera inteligente a través de herramientas de plusvalía urbana aplicadas sobre los terrenos liberados, los cuales podrían transformarse en nuevos pulmones verdes para el disfrute de la comunidad.</p><p>Por el otro, el dilema de la Avenida Fleming se resuelve integrando las propuestas comerciales y la potencial radicación del colegio bajo un plan riguroso de mitigación del impacto y una conectividad inteligente con los accesos principales de la ciudad.&nbsp;</p><p>No se trata de frenar los proyectos, sino de apalancarse en ellos para dotar a la zona de la infraestructura que hoy le falta.</p><p>&nbsp;</p>¿Y si proponemos en lugar de quejarnos?<p>Como señalé al hablar sobre los parches millonarios y la importancia de la planificación, este escenario nos exige a los empresarios, dirigentes y desarrolladores locales un cambio rotundo de actitud. No nos podemos quedar en la comodidad de la queja o esperando que "el Municipio resuelva".&nbsp;</p><p>Desde los medios de comunicación y los espacios de toma de decisiones tenemos que elevar la vara del debate. No podemos seguir alimentando la grieta de "vecinos nuevos vs. instituciones históricas" o "desarrolladores vs. asambleas de vecinos" para ganar clics efímeros. Nuestra responsabilidad es mostrar que la evolución urbana es la confirmación del éxito de Tandil como ciudad elegida.</p><p>Pensar el Tandil 2050 implica entender que si el centro de la ciudad necesita un rediseño peatonal y comercial —como lo planteé en su momento con el Paseo del Banco—, los límites urbanos y las avenidas conectoras como Fleming necesitan un ordenamiento de usos de suelo que sea estricto pero dinámico.</p><p>La plataforma de Tandil 2050 (www.tandil2050.com) nació precisamente para esto: para ser el ecosistema donde convergen las ideas de la academia, el empuje del privado y la planificación del Estado, transformando debates estériles en planes de acción concretos.</p><p>Lo que ayer funcionaba en los límites de la ciudad, hoy queda atrapado en el centro. El éxito de una gestión urbana se mide por la velocidad y la inteligencia con la que redefine las fronteras del futuro, no por cómo se atrinchera en el pasado.</p><p>La relevancia de nuestra ciudad se va a sostener si somos capaces de demostrarle al país que acá sabemos resolver los conflictos de convivencia urbana con madurez, con datos sobre la mesa y con acuerdos público-privados de vanguardia (en otra columna me referiré a cómo podemos diseñar estas herramientas para financiar infraestructura de calidad).</p><p>Los invito a sumarse al debate en Tandil 2050, a sentarse en una mesa con el plano de los próximos 30 años y a dejar de discutir quién puso la primera piedra.&nbsp;</p><p>La verdadera discusión es dónde vamos a colocar las piedras que faltan para consolidar este jardín que día a día estamos construyendo.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/QOgwYwLu2wLOZ6pevAm69SReo90=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/colegio_en_calle_fleming.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Ante el crecimiento demográfico y la expansión residencial, la planificación urbana de Tandil 2050 propone superar los conflictos históricos mediante una visión sistémica que priorice la sustentabilidad y la infraestructura necesaria para el desarrollo.]]>
                </summary>
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                <published>2026-07-16T15:59:06+00:00</published>
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            ¿Modernidad inteligente o parches millonarios? La encrucijada que define el futuro de Tandil
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                <![CDATA[Rodrigo Ariel Rotonda]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pWjzf8wyiWI8tnMo6TbIBu-grSw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2024/10/cristo_de_las_sierras_18.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Tandil se encuentra ante un espejo que devuelve una imagen de transformación irreversible.&nbsp;</p><p>La reciente e inapelable intervención del arquitecto Roberto Guadagna —quien con precisión quirúrgica comparó el impacto del nuevo shopping Paseo del Banco con hitos de la escala de las Galerías Pacífico en Buenos Aires— viene a ratificar una tesis ineludible: el centro tradicional, tal como lo conocemos, va a cambiar para siempre.</p><p>Como sostuve en mi columna anterior en este mismo espacio, ese "presente complaciente" que hoy goza la ciudad cruje ante una realidad de dimensiones inéditas para nuestra escala.</p><p>La pregunta ya no es si el shopping reconfigurará la dinámica del centro.</p><p>La pregunta urgente es cómo vamos a diseñar la movilidad, la infraestructura y el financiamiento de ese nuevo mapa urbano para que la ciudad no muera por asfixia o por fragmentación.</p><p>Frente a este escenario, es vital entender que podemos no estar a la deriva: hoy ya existe una plataforma que busca impulsar el pensamiento colectivo, un norte conceptual plasmado en la iniciativa de Tandil 2050 (www.tandil2050.com), que busca anticiparse a este nuevo modelo de ciudad para que el crecimiento no nos pase por encima.</p><p>&nbsp;</p>La paradoja de la densidad: crecer hacia arriba<p>Guadagna puso el dedo en la llaga de un debate mal enfocado: la densificación.</p><p>Tal como afirmé anteriormente, existe un falso conservacionismo local, bienpensante pero letal, que asocia la construcción en altura con el caos. Y es exactamente al revés.</p><p>El mayor error estratégico que podríamos cometer bajo la excusa de mitigar el impacto visual o el tránsito sería bajar la densidad del área central.</p><p>La sustentabilidad de la "ciudad de los 15 minutos" —un eje clave en el diseño de desarrollo sostenible que promueve Tandil 2050— exige una trama compacta.&nbsp;</p><p>Negar la altura en el centro no es proteger a Tandil. Es condenarla a un derrame periférico caótico que destruye el ecosistema y encarece de forma inviable la prestación de servicios públicos esenciales.</p><p>Sin embargo, como ya mencioné, densificar no es simplemente apilar ladrillos. Cada proceso de densificación debe estar respaldado por una evaluación y una inversión agresiva en infraestructura de base —agua, cloacas, energía y soterrado de cables—.</p><p>Pero hay una dimensión que conecta la densidad con la calidad de vida: la reconversión del espacio público vial.</p><p>Si vamos a permitir que la ciudad crezca hacia adentro y hacia arriba, el espacio que ganamos en verticalidad debemos devolvérselo en el plano horizontal. Para densificar con éxito el centro, la condición sine qua non es reducir de manera drástica el tránsito vehicular y redefinir las prioridades de movimiento.</p><p>&nbsp;</p>La visión compartida: el norte político y social como cuestión pendiente<p>Aquí radica el verdadero nudo que aún nos debemos como comunidad.&nbsp;</p><p>Siguiendo la línea de lo que expuse en mi artículo anterior, cualquier transformación física del espacio carece de sentido si no resolvemos la cuestión de fondo: la de establecer un liderazgo claro que unifique criterios en el centro tradicional.</p><p>Determinar la fisonomía y el funcionamiento del corazón urbano sigue siendo una materia pendiente de definición estratégica.</p><p>No podemos diseñar un plan de movilidad si antes no trazamos un norte compartido.&nbsp;</p><p>Este destino colectivo debe nacer del empuje y la asociatividad del sector privado, articulado codo a codo con la normativa que disponga el sector público, y validado por el tercer sector (la academia, empresas sociales u ONG).</p><p>Cuando el privado tracciona y el Estado reglamenta una visión conjunta, la ciudad progresa.</p><p>Si en cambio persistimos en la fragmentación actual, donde cada comercio cuida su propio boliche de forma aislada, cualquier intento de intervención urbana fracasará.</p><p>La movilidad inteligente no es una receta técnica: es la consecuencia directa de un acuerdo político y social unificado.</p><p>&nbsp;</p>Descongestionar el centro: el auto ya no es el rey<p>Bajo esa visión compartida, el centro “histórico” no puede seguir siendo un gran estacionamiento a cielo abierto ni un embudo para el tránsito de paso.</p><p>El Paseo del Banco inevitablemente modificará los flujos de peatones y vehículos. Y si pretendemos que los comercios tradicionales circundantes sobrevivan y muten hacia la economía de la experiencia, el espacio común debe ser amigable.</p><p>Hoy, el centro es hostil: saturación de vehículos, “contaminación sonora” y una fisonomía que degrada cualquier intento de paseo peatonal.</p><p>Hay que animarse a rediseñar la movilidad con coraje político y visión de bloque. Reducir el tránsito vehicular en las arterias clave no es una utopía. Es una necesidad de supervivencia urbana.</p><p>Necesitamos ensanchar veredas, priorizar áreas peatonales exclusivas e incorporar una red seria y conectada de bicisendas que penetre el casco urbano.</p><p>El centro debe dejar de ser un lugar de tránsito pesado para convertirse en un destino de permanencia.&nbsp;</p><p>El auto particular debe perder privilegios de acceso y estacionamiento en el núcleo duro, obligando a los flujos vehiculares a buscar las avenidas de circunvalación y transformando las calles tradicionales en verdaderos corredores de convivencia.</p><p>&nbsp;</p>La clave intermodal: cada medio de transporte en el lugar adecuado<p>Desplazar el protagonismo del automóvil particular en el centro nos obliga a resolver la pregunta del millón: ¿cómo hacemos para llegar &nbsp;y movernos de forma eficiente?</p><p>Y la respuesta no es mágica ni persigue la prohibición. Se basa en colocar cada medio de transporte en el lugar adecuado.</p><p>El auto es una herramienta fenomenal para la conectividad interurbana o para vincular periféricamente la ciudad, pero en el “centro del siglo XIX”, es físicamente inviable.</p><p>Para que el centro sea verdaderamente accesible, el transporte público debe convertirse en la columna vertebral de la movilidad urbana.</p><p>Necesitamos repensar el sistema de colectivos para transformarlo en una opción fluida, previsible y atractiva que compita con el coche individual.</p><p>Esto exige carriles exclusivos en avenidas principales para acelerar las frecuencias, paradas inteligentes y seguras, y una reingeniería de recorridos orientada a la intermodalidad, permitiendo combinar el colectivo con la red de bicisendas de forma natural (en otra columna me referiré al cambio cultural que requeriremos para esto)</p><p>Lograr que el tandilense elija el transporte público no es una cuestión de voluntarismo, sino de diseño: si el colectivo es más rápido, previsible y cómodo que buscar estacionamiento en un centro peatonalizado, el cambio de hábito se da por decantación.</p><p>&nbsp;</p>Centralidades y descentralización: el concepto de "crear suelo público"<p>Diseñar la ciudad del futuro implica entender que potenciar el centro bajo un esquema denso y peatonal no anula la periferia, sino que la ordena.</p><p>Centralidad y descentralización son las dos caras de una misma moneda inteligente, una visión que justamente es clave en el proyecto de Tandil 2050 para evitar las asimetrías urbanas.</p><p>En mi artículo anterior explicaba que el shopping debe ser el estándar que suba el piso de la exigencia en todo el partido, pero que no podemos permitir que las zonas en pleno crecimiento queden relegadas a ser meras extensiones residenciales o “barrios dormitorio” desprovistos de alma urbana.</p><p>Para citar un ejemplo que conozco y mucho, el Paseo de la Rotonda encarna un concepto urbanístico de vanguardia: la creación de suelo público dentro de un espacio privado.</p><p>Es la muestra cabal de que el sector privado, cuando opera con liderazgo y visión estratégica, no se limita a buscar la rentabilidad del “loteo” tradicional, sino que propone nodos de centralidad urbana donde el ciudadano encuentra comunidad, servicios, experiencias y esparcimiento sin necesidad de colapsar el centro histórico.</p><p>Es este tipo de proyectos asociativos los que debemos multiplicar en las periferias de Tandil para descentralizar con propósito.</p><p>&nbsp;</p>El entorno como un todo: el espejo de las sierras<p>Esta necesidad de equilibrio territorial cobra una vigencia dramática a la luz de la reciente presentación del diagnóstico y lineamientos para el Plan de Manejo de las Sierras, elaborado por un equipo de investigadores de la UNICEN y colegios profesionales.</p><p>Los datos expuestos son contundentes y operan como una alerta roja: la expansión urbana difusa sobre la zona protegida creció un alarmante 82% entre 2005 y 2024. El informe desnuda un “consumo ineficiente del suelo” y una progresiva impermeabilización de nuestras cabeceras.</p><p>La tentación política habitual frente a esto es el reduccionismo: poner el énfasis obsesivo en "salvar las sierras" como si fueran una postal estática y aislada del resto del mapa. Y a mi entender, es un error de perspectiva.</p><p>Las sierras son nuestro entorno natural, pero deben ser entendidas y gestionadas como parte de un todo sistémico. Lo que pasa en lo alto de la sierra determina de forma directa la dinámica hídrica y funcional de la llanura y de los barrios.</p><p>Y como siempre digo, no reinventemos la rueda.&nbsp;</p><p>Hay casos de éxito internacional que demuestran que la clave está en mirar el territorio de forma integral.</p><p>Ciudades como Portland (EE. UU.), a través de Urban Growth Boundary (Límite de Crecimiento Urbano), lograron contener la dispersión horizontal inercial protegiendo sus valles agrícolas y forestales, obligando a la ciudad a densificarse con altísima calidad de vida hacia adentro.</p><p>En Sudamérica, Medellín (Colombia) implementó su Cinturón Verde Metropolitano, un proyecto que combinó la preservación ambiental de sus cerros con el ordenamiento de la vivienda, la contención de la expansión y la creación de espacio público.</p><p>Ambos ejemplos nos enseñan que el medio ambiente no es un freno al desarrollo, sino la frontera inteligente que lo moldea.&nbsp;</p><p>Volvemos, indefectiblemente, a la pregunta de fondo: ¿Cómo quiere crecer Tandil?</p><p>&nbsp;</p>El valor de la investigación local<p>El "plan de manejo serrano" y la reciente propuesta conjunta entre el Municipio y la UNICEN (a través de la Facultad de Ciencias Humanas) para aplicar Inteligencia Artificial a la movilidad urbana demuestran que el diagnóstico científico local es robusto.</p><p>Pone en valor el capital intelectual de nuestra universidad para procesar Big Data y optimizar flujos.</p><p>Sin embargo, este aporte de vanguardia nos obliga a trazar una línea conceptual clara: la tecnología es una herramienta de aceleración, pero jamás puede sustituir a la planificación.</p><p>El peligro no radica en la herramienta, sino en el enfoque político de su uso. Si la tecnología se aplica sin un plan urbano previo y un norte claro sobre qué modelo de ciudad queremos, la inversión corre el riesgo de volverse irrelevante.</p><p>La información que los investigadores de Humanas pueden procesar es monumental y valiosísima. Pero si alimentamos los algoritmos bajo la premisa inercial de seguir priorizando el flujo del auto particular, la IA solo servirá para optimizar el caos.</p><p>La tecnología solo adquiere sentido estratégico cuando se transforma en el soporte de una decisión política previa: la de planificar la transición hacia la “peatonalización”, el control del espacio público y, fundamentalmente, la optimización y jerarquización del transporte público y sustentable.</p><p>Invertir en dispositivos para simular modernidad es estéril. Invertir para ejecutar un plan integral de movilidad es el camino.</p><p>&nbsp;</p>¿Hacia dónde queremos crecer?<p>Esta tensión entre la inercia del crecimiento y la necesidad de planificación estratégica se despliega con nitidez en el debate actual del Concejo Deliberante en torno al crédito de 4.000 millones de pesos que el Ejecutivo busca contraer.&nbsp;</p><p>Más allá de las lógicas y necesarias discusiones técnicas de los bloques —que si la tasa del 44% es elevada frente a la baja de la inflación, que si compromete el estrés financiero de la próxima gestión o si las prioridades de los fondos del ex corralón fueron mal asignadas—, el fondo de la cuestión expone la raíz del problema estructural de Tandil.</p><p>La mayor parte de ese financiamiento está destinada al proyecto hidráulico del Barrio Arco Iris, una obra indispensable para mitigar las inundaciones que sufren también La Movediza y El Tropezón.&nbsp;</p><p>El oficialismo defiende la toma del crédito como una mirada de largo plazo en un contexto nacional sin obra pública, mientras que la oposición alerta que se está saliendo a tapar agujeros con herramientas caras cuando "el agua llega al cuello".</p><p>Ambos argumentos tienen su cuota de verdad, pero la verdad estratégica es más profunda: Arco Iris es el síntoma de haber permitido que Tandil crezca por derrame inercial sin la infraestructura de base planificada de antemano.</p><p>Y la discusión legislativa no debería agotarse en la ingeniería financiera del préstamo.</p><p>Debería ser el disparador de una pregunta existencial para la dirigencia local: ¿Hacia dónde y cómo quiere crecer Tandil?&nbsp;</p><p>Seguir expandiendo la periferia de manera horizontal obliga al Estado municipal a correr de atrás, tomando deuda de magnitud para llevar obras hidráulicas y servicios básicos a zonas que nunca debieron ser pobladas sin esa previsión.</p><p>Es la prueba fáctica de la tesis de Guadagna: "construir ciudad" exige generar suelo urbano dotado de infraestructura antes de que llegue el habitante, no después.&nbsp;</p><p>Es allí donde los lineamientos de Tandil 2050 cobran fuerza como la hoja de ruta necesaria para dejar de emparchar la coyuntura.</p><p>&nbsp;</p>De la queja a la planificación estratégica<p>El proyecto de Inteligencia Artificial aplicado a la movilidad, el plan de manejo de las sierras y las urgencias hidráulicas en el Barrio Arco Iris son las diferentes caras de la misma encrucijada urbana.</p><p>No podemos seguir fragmentando la discusión entre lo tecnológico, lo ambiental, lo presupuestario y lo barrial como si fueran compartimentos estancos. Todo forma parte del mismo ecosistema.</p><p>La situación financiera es compleja y los recursos son escasos, pero la escasez se combate con planificación, no con parálisis o voluntades aisladas.</p><p>La valiosa transferencia de conocimiento que hoy propone la UNICEN en sus diferentes facultades no puede quedar en un mero ejercicio de simulación digital o en diagnósticos archivados. Debe ser el motor científico que valide y ejecute un plan político real de transformación urbana que ponga al entorno natural, al transporte público y al peatón al frente.</p><p>Y disculpas por la insistencia, pero es el momento de forjar esa Integración Activa entre el sector público, el sector privado y el tercer sector para traccionar las inversiones estructurales que la ciudad reclama a gritos.</p><p>Dejemos de pensar en la coyuntura del día a día. El Tandil de las próximas décadas se está modelando hoy y herramientas de diseño social como las que proponemos en www.tandil2050.com ya están sobre la mesa.</p><p>Tenemos que decidir si queremos usar la inteligencia para ser los arquitectos de nuestro desarrollo o seguir siendo las víctimas de nuestro propio crecimiento.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pWjzf8wyiWI8tnMo6TbIBu-grSw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2024/10/cristo_de_las_sierras_18.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Entre el shopping, la Inteligencia Artificial de la UNICEN y el polémico crédito de los 4.000 millones, la ciudad debate su destino. ¿Planificamos un nuevo modelo o seguimos emparchando un caos inevitable?]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-07-08T16:40:06+00:00</updated>
                <published>2026-07-06T20:09:58+00:00</published>
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            Paseo del Banco: el desafío de rediseñar el centro para el Tandil 2050
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        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/opinion/paseo-del-banco-el-desafio-de-redisenar-el-centro-para-el-tandil-2050" type="text/html" title="Paseo del Banco: el desafío de rediseñar el centro para el Tandil 2050" />
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        <author>
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                <![CDATA[Rodrigo Ariel Rotonda]]>
            </name>
        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/fm7E1F6U1Y72oeKrq4NOe4wmoEI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/06/centro_tandil_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Tandil goza hoy de lo que me gusta llamar un “presente complaciente” (podés ver mi charla en el marco de Flama acá )</p><p>La marca Tandil vende, atrae inversiones, tracciona turismo y tienta al nomadismo digital. Sin embargo, este éxito actual encierra una trampa mortal: la comodidad de creer que el crecimiento inercial es sinónimo de desarrollo. Y lejos está de serlo.&nbsp;</p>El desafío de nuestra generación: mantener el potencial sin caer en la inercia<p>Crecer sin planificar es, lisa y llanamente, improvisar el caos.&nbsp;</p><p>El verdadero desafío de nuestra generación no es celebrar los logros heredados, sino mantener el potencial de una ciudad intermedia que tambalea bajo el peso de su propio dinamismo demográfico. Y el epicentro de ese tambaleo, nos guste o no, se encuentra hoy en las pocas manzanas que configuran nuestro casco o único centro histórico.</p><p>Es precisamente ahí, en pleno corazón urbano, donde emerge el shopping del Paseo del Banco.&nbsp;</p><p>Este desarrollo no debe ser leído como un simple nodo comercial o un hito arquitectónico aislado. El Paseo del Banco es un catalizador, un llamado de atención que nos obliga a hacernos la pregunta incómoda pero inevitable: ¿Y si el shopping reconfigura por completo el mapa dinámico y genera un nuevo centro en Tandil? Si la respuesta es afirmativa, la inacción actual no es una opción.</p>El diagnóstico de una crisis de identidad<p>Hay que animarse a romper la hipocresía del debate cotidiano y decir las cosas por su nombre: el problema profundo de nuestro centro tradicional no es una simple cuestión estética de si "está feo" o lindo. El problema real es que no tiene identidad.&nbsp;</p><p>Se ha convertido en un corredor predecible, hostil para el peatón, saturado de cartelería obsoleta, veredas rotas y una oferta que languidece ante la falta de una propuesta integral.&nbsp;</p><p>Falta una experiencia identitaria porque, fundamentalmente, no hay un liderazgo claro que unifique criterios. Cuando el sector público se limita a regular la coyuntura y el sector privado opera de manera fragmentada (o como me gusta decir a mí, “cada uno con agua para su molino”), el espacio común se degrada.</p><p>Aquí radica el error de concepto habitual: definir la identidad visual y funcional del centro no es una responsabilidad originaria del sector público. El Estado no debe diseñar la estética del comercio. El verdadero accionar tiene que nacer del sector privado, que es el que debe organizarse, asociarse y demandar un estándar colectivo fuerte. Una vez que el privado tracciona y establece hacia dónde ir, el rol del sector público es reglamentar, oficializar y darle un marco normativo duradero a esa visión.</p><p>La fisonomía del centro tandilense ha quedado atrapada en una farsa de romanticismo chato que confunde la preservación histórica con el abandono estético. Y el Paseo del Banco expone esta vulnerabilidad.&nbsp;</p><p>Al ofrecer una experiencia de estándar internacional —climatizada, segura, integrada y previsible—, el shopping corre el velo de lo que el centro tradicional ya no ofrece.&nbsp;</p><p>La atracción natural del público hacia este nuevo polo no será mérito (únicamente) del desarrollador. Será la consecuencia directa de haber dejado que el corazón de la ciudad perdiera su brillo por falta de visión estratégica y de un liderazgo privado que exija las reglas del juego.</p>¿Es el fin del comercio tradicional?&nbsp;<p>Frente a este nuevo escenario, el termómetro del escepticismo local ya empieza a eyectar las preguntas de siempre: ¿Qué va a pasar con los locales actuales? ¿Qué va a pasar con los propietarios de esos locales?&nbsp;</p><p>El comercio del centro no va a morir por la aparición de un shopping. En todo caso, morirá por su propia incapacidad de mutar hacia la economía de la experiencia y por un vicio crónico que arrastramos hace años: la falta absoluta de una identidad colectiva.&nbsp;</p><p>Al no existir un relato unificado ni un liderazgo claro que lo coordine, quedamos atrapados en una suerte de anarquía comercial. Sin un norte común, cada comerciante se ve obligado a trazar su estrategia de forma estrictamente individual, transformando el centro en un archipiélago de voluntades aisladas donde cada uno se salva como puede o se hunde en soledad. Y esta atomización es letal. Competimos cuadra contra cuadra, local contra local, destruyendo cualquier posibilidad de sinergia y entregándole el terreno servido a un formato que sí entiende el valor de la uniformidad y el propósito compartido.</p><p>Los propietarios de los locales tradicionales del centro se encuentran ante una disyuntiva histórica. Ya no pueden comportarse como meros rentistas pasivos que renuevan contratos sobre veredas rotas mientras miran de reojo cómo sus inquilinos dan manotazos &nbsp;de ahogado &nbsp;para llegar a fin de mes. El Paseo del Banco va a elevar la vara. Si los comercios circundantes pretenden sobrevivir, la zona residencial y comercial tradicional tendrá que romper esa inercia del "cada cual manda en su boliche" y reconvertirse en un centro comercial a cielo abierto real.&nbsp;</p><p>Esto exige pasar de las estrategias individuales a una estrategia compartida: con gestión unificada, homogeneidad estética, asociatividad y propuestas que complementen y no que compitan torpemente con la oferta del shopping. El Paseo del Banco no viene a vaciar el centro: viene a obligarlo a dejar de pensar como un conjunto de comercios dispersos para empezar a actuar, de una vez por todas, como un verdadero ecosistema urbano.</p>El rol del Plan de Ordenamiento Territorial<p>Aquí es donde la discusión comercial se transforma inevitablemente en una discusión política y urbanística. ¿Qué va a pasar con el Plan de Ordenamiento Territorial (PDT)?&nbsp;</p><p>El mayor error estratégico que podríamos cometer como comunidad en las próximas décadas sería bajar la densidad del centro bajo la excusa “bien pensante” de descongestionar el tránsito o mitigar el impacto visual.</p><p>La sustentabilidad urbana de la ciudad del futuro —esa utopía realizable de los 15 minutos— exige ciudades compactas, no satélites dispersos que encarecen los servicios públicos y destruyen el entorno natural de nuestras sierras.&nbsp;</p><p>El centro de Tandil debe densificarse. Hay que invertir agresivamente en infraestructura de base —cloacas, agua, conectividad digital, soterrado de cables— y permitir que la ciudad crezca hacia adentro y hacia arriba.</p><p>Toda gran ciudad con ambición de trascendencia tiene un rascacielos. ¿Por qué Tandil no? ¿Por qué seguir pensando en chiquito o aceptando las limitaciones impuestas por sectores que, camuflados detrás de un falso conservacionismo, solo quieren frenar el crecimiento y mantener sus privilegios de statu quo?&nbsp;</p><p>Negar la altura y la densificación en el área central no es proteger a Tandil. Es condenarla a un derrame periférico caótico e insostenible (y ejemplos, tengo de sobra).</p>Descentralización y complementariedad<p>Diseñar el Tandil 2050 implica entender que centralidad y descentralización no son conceptos enemigos, sino las dos caras de una misma moneda inteligente.&nbsp;</p><p>La clave &nbsp;es descentralizar la oferta de experiencias. El Paseo del Banco debe operar como el nuevo gran hito del centro, pero su aparición tiene que ser el disparador para establecer un nuevo estándar de exigencia urbana que luego se derrame hacia el resto del ejido municipal.</p><p>Los tandilenses y los turistas no deberían verse obligados a confluir eternamente en las mismas cuatro calles para acceder de forma exclusiva al consumo, la cultura o el esparcimiento.&nbsp;</p><p>Si el shopping consolida y moderniza el casco céntrico bajo una densificación seria, ese mismo salto de calidad debe servir como incentivo para los barrios que hoy se expanden notablemente. Zonas en pleno crecimiento &nbsp;no pueden quedar relegadas a ser meras extensiones residenciales o “barrios dormitorio”. El desafío estratégico es dotarlas de infraestructura y conectividad para que desarrollen de manera planificada sus propias centralidades temáticas, comerciales y de servicios, garantizando una ciudad equilibrada e integrada.</p>De la queja al diseño estratégico<p>El Paseo del Banco ya es una realidad que redefine la fisonomía del centro de Tandil.&nbsp;</p><p>Podemos optar por el camino conocido: la queja nostálgica en la mesa de café, el diagnóstico infinito de los problemas del tránsito y la resistencia burocrática a los cambios estructurales. O podemos asumir la responsabilidad histórica que le toca a nuestra generación: pasar del diagnóstico al diseño estratégico.</p><p>Este nuevo shopping nos pone frente al espejo de nuestras propias limitaciones mentales. Es el momento de forjar esa Integración Activa entre el sector público, el sector privado y el tercer sector para traccionar las inversiones en infraestructura que la ciudad reclama a gritos.&nbsp;</p><p>Dejemos de pensar en chiquito. El Tandil del 2050 se está modelando hoy y el Paseo del Banco no es el final de ninguna era: es la piedra fundacional de la metrópolis intermedia que nos debemos el coraje de construir.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/fm7E1F6U1Y72oeKrq4NOe4wmoEI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/06/centro_tandil_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La apertura del Paseo del Banco desafía la inercia del centro tradicional y obliga a repensar la identidad urbana local. Ante el horizonte de Tandil 2050, el sector privado y público deben unirse para evitar la fragmentación y planificar el crecimiento.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-06-30T21:15:04+00:00</updated>
                <published>2026-06-26T15:01:17+00:00</published>
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        <title>
            De la prensa al metaverso, sin escalas
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/interes-general/de-la-prensa-al-metaverso-sin-escalas" type="text/html" title="De la prensa al metaverso, sin escalas" />
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        <author>
            <name>
                <![CDATA[Rodrigo Ariel Rotonda]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/interes-general/de-la-prensa-al-metaverso-sin-escalas">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/_oPdR4wln73SW9OYFZtLCZCeO0Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2024/07/guttenberg_con_ia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Imagine por un instante que lo que tiene en sus manos no es un papel.&nbsp;</p><p>Usted lo ve como tal. Lo palpa. Lo huele. Y todos sus sentidos le indican que se trata de un material ya conocido, que usted aprecia y mucho. Que le permite aislarse de la vorágine a la que a diario se somete. Que le permite sumergirse en un mar de novedades y entretenimiento.</p><p>En definitiva, usted ve, huele y palpa ese añorado material. Pero no. Le aseguro que no lo es.</p><p>Hagamos una pausa. Ya vamos a volver a esto. Antes acompáñeme en este breve relato con el que intentaré contarle de manera llevadera la apasionante filosofía que hay detrás en todos estos años de El Eco de Tandil.</p><p>Ya hace más de cinco siglos que existe uno de los inventos que marcó un antes y un después en la historia de la humanidad.&nbsp;</p><p>En ese entonces, un tal Johannes Gutenberg, orfebre alemán, inventó la imprenta. Usted dirá, “es un hecho que ya conocía”. A lo que yo le contesto que “sí”. Tiene usted toda la razón. Pero sigamos un poco más. Aquí es donde comienza la verdadera aventura. Lo mejor de este relato.</p><p>Un día de ese siglo, usted se despertó, se plantó frente al espejo de su habitación y sí… es él. Luce y viste como Johannes. Pero hay un pequeño detalle: su cerebro piensa y razona como él, pero vivió y conoce la realidad del año 2024. Cuánto por hacer… ¿no?</p><p>Se despertó cinco siglos atrás. ¿Cuántas cosas, que hoy tiene, allí no existen? Tómese unos segundos para pensar en todo eso antes de continuar.&nbsp;</p><p>Estoy convencido de que enumeró una decena de objetos. Hasta me atrevo a decir que si dejó pasar algo más de tiempo, esa decena podría convertirse en un centenar.</p><p>Si usted, al igual que yo, es consciente de tener el nivel de ansiedad en un nivel muy elevado, pronto notará que para llegar a un “simple” reloj despertador, antes había que inventar cada uno de sus componentes… y algo que no es menor, ¡había que inventar el reloj de aguja! Y así, podríamos seguir durante mucho tiempo. Hasta hoy.</p><p>Lo sé. Vengo lento. Solo un poco más.&nbsp;</p><p>Vuelve a ser “Johny”. Ya inventó la imprenta. La “prensa” empieza a “prensar” y años más tarde, se imprime el primer periódico.</p><p>Pero usted sigue viendo todo lo que le falta a su alrededor. Conocía de su existencia y nadie puede comprenderle. Nadie le entiende de lo que habla, pero cree saber hacia dónde va “la cosa”.</p><p>Cierra los ojos. Se acuesta en su cama de siempre (del siglo XV) y entra en un profundo sueño. Abre los ojos.</p><p>Con sus pies descalzos, apoya el derecho en un material que simula ser algo de piedra, pero sin la textura a la que está acostumbrado. Mira a su alrededor y no entiende nada. Todo es distinto. Localiza un espejo y se refleja en él.</p><p>Sí. Es usted, pero con la conciencia de Gutenberg. Afuera, es el 2024. Y para usted, es el siglo XV.&nbsp;</p><p>Tómese unos minutos para imaginar y graficar la situación. Adelante.</p><p>Todas genialidades. Acababa de inventar la “imprenta”… y ahora tiene, delante de sus narices, un objeto cúbico y luminoso. No tiene la menor idea de qué se trata. Pero todos por la calle, “disfrazados”, llevan uno “de esos” en sus manos. Su nivel de desconcierto es total y absoluto. Más de cinco siglos pasaron sin que usted se percatara.&nbsp;</p><p>Recapitulemos. Fuimos al siglo XV, siendo usted. Y volvimos al XXI, siendo “Johny”. No es necesario cambiar más de siglo. Solo avancemos unos años.</p><p>2026. Vuelve a su cuerpo y conciencia.&nbsp;</p><p>Y no. Le confirmo que no tiene en sus manos un ejemplar en papel de El Eco de Tandil.&nbsp;</p><p>Tiene puesto “algo” (que puede ser un casco) de realidad virtual y unos guantes sensoriales que le permiten experimentar, “virtualmente”, una realidad paralela. Ve, huele y palpa un ejemplar de El Eco de Tandil. Pero le vuelvo a confirmar que, físicamente, no lo es.&nbsp;</p><p>¿Como quién se siente? ¿Como Johny, viviendo siglos después? ¿O como usted, en el cuerpo de Johny?&nbsp;¿Como quién quiere sentirse?</p><p>A esa dualidad quería llegar. Y ahora que tengo su atención, sabré explicarme mucho mejor.</p><p>El avance de la tecnología nos ha ido cambiando, obligándonos a transformarnos para poder seguir informando como lo hicimos durante todo este tiempo.&nbsp;</p><p>Hace tan solo 20 años, lo que se imprimía en un ejemplar de El Eco de Tandil era leído, en ese formato, por unos cuantos miles de tandilenses. Era usted uno de esos y era esa una de las pocas formas que tenía para informarse de lo que acontecía en la ciudad.</p><p>Hoy, en papel, me atrevo a decir que llegaremos a la décima parte de la población. Pero ese mismo contenido, en todos los demás medios o plataformas, tiene una llegada inmensamente superior y no solo de personas tandilenses, sino de todo el mundo. Dentro de ellas vuelve a estar usted. Y quizá hoy ya prefiera esto. ¿Acaso lo imaginó hace 25 años? Probablemente no.</p><p>En El Eco, intentamos que la filosofía de trabajo sea como la del caso de usted en el siglo XV.&nbsp;Sí, esa misma.&nbsp;</p><p>Sabiendo que hay o que habrá algo mejor, buscamos siempre adelantarnos al próximo paso para continuar con nuestra verdadera razón de ser. Tenemos el enorme desafío de estar donde usted va a estar. Donde usted elija estar, antes de que nos lo pida.</p><p>Nos encontramos en una industria muy particular y distinta a la mayoría. Cada vez son menos las personas que quieren pasar tiempo frente a nuestros contenidos tradicionales. Pero cada vez son más las que, cuando directamente les afectan o un tema puntual les interesa, escriben “El Eco” en su buscador o red social favorita.&nbsp;</p><p>También son menos las que tienen tiempo para leer todos los contenidos que a diario son generados. Pero de a poco, son más las que eligen escuchar eso mismo en un podcast, con velocidad “2X” (acelerado al doble).&nbsp;</p><p>Hace 142 años que nacimos en papel. Hace 26 años que nos volcamos a internet. Y sí… en 26 años, hubo más cambios que en los 116 restantes.&nbsp;</p><p>Pero hay algo por lo que siempre luchamos. Porque al final de todo, la verdad es lo que más importa.&nbsp;Esa que se transmite de manera fehaciente, sin imponerse.</p><p>Es ahí donde estaremos, siendo para usted la fuente de información en la que pueda seguir confiando. Una voz que atienda la demanda de todos los actores de la democracia y una pluma que siga “escribiendo" la historia de nuestra sociedad.&nbsp;</p><p>Para cerrar, y espero no haberle generado aburrimiento durante su lectura, dejo tres frases que humildemente marcan nuestro presente y dictan nuestro futuro.</p><p>La primera, de la cual desconozco su autoría, “Camina solo y llegarás rápido. Camina en compañía y llegarás lejos”.&nbsp;</p><p>La segunda, esta ya sí escrita por el griego Arquímedes, “Denme un punto de apoyo (o palanca) y moveré el mundo”.&nbsp;</p><p>Y por último, la que nos impulsa a repensar la realidad y cada una de nuestras acciones, atribuida a Henry Ford: “Si hubiera preguntado qué necesitaban, me hubieran pedido un caballo más rápido”.</p><p>¿Imagina los próximos avances? Nosotros, intentamos hacerlo.&nbsp;Siempre pregonando por mantener EL VALOR DE LA PALABRA.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/_oPdR4wln73SW9OYFZtLCZCeO0Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2024/07/guttenberg_con_ia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Este es un contenido generado para la contratapa del suplemento por los 142 años de El Eco de Tandil]]>
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                                                <category term="interes-general" label="Interés General" />
                                <updated>2025-10-02T00:30:06+00:00</updated>
                <published>2024-07-30T03:00:00+00:00</published>
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