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    <title>El Eco de Tandil</title>
    <subtitle>Entrevistas exclusivas y contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Tandil.</subtitle>
    <updated>2024-02-11T12:54:00+00:00</updated>
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            Javier Mascherano y la utilidad de los entrenadores
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                <![CDATA[Walter Vargas]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdn.eleco.com.ar/eleco-static/images/logo.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>En sentido amplio la discusión está zanjada desde hace unas cuantas décadas, pero jamás faltan los futboleros adoradores de las verdades de perogrullo, que con aire de perdonavidas vienen a participarnos del descubrimiento de la pólvora: "Los partidos los ganan o los pierden los jugadores".</p><p>¡Por supuesto, muchachos! Por supuesto. Los partidos los ganan o los pierden los jugadores. Se desconoce la existencia de un director técnico con la sideral fuerza de Superman, que con un cabezazo desde la línea de cal, a la altura del centro de la cancha, haya convertido un gol con la anuencia del árbitro, de los rivales y del reglamento de la FIFA.</p><p>Se desconoce, en fin, un episodio de una índole así de estrafalaria y digna de una página del Libro Guinness.</p><p>En todo caso, para refundar una polémica, una tertulia o una mera conversación, o en todo caso un humilde refrescado de ideas, ahí tenemos a mano las vicisitudes de la Selección Argentina que con la batuta de Javier Mascherano juega sus cartas en pos de un boleto a los Juegos Olímpicos de París.</p><p>Antes de iniciarse la competencia en Venezuela, a grandes rasgos la comunidad argentina futbolera se dividía en dos grupos de irreconciliable antagonismo.</p><p>Por un lado, los que habían tomado nota de la decepcionante labor de Mascherano al frente de la selección Sub 20 y sostenían, sin más, que el otrora Jefe sufre de una impericia crónica al mando de un volante: que es capaz de chocar una Ferrari o incluso un Auto Inteligente, esos que van y vienen conforme se les den las órdenes; uno de esos que, cuando chicos, veíamos en alguna serie de la televisión en blanco y negro.</p><p>Por otro lado, se agrupaban quienes apostaban a la gracia de las segundas o terceras oportunidades y confiaban en un Mascherano que había hecho debido acopio de sus experiencias desdichadas y que, por si fuera poco, disponía del mejor plantel de cuantos iban a competir. Del mejor y por varias leguas. Una verdadera materia prima de Dream Team.</p><p>De momento, tal parece que se cumplen las presunciones más agoreras, o más lúcidas, según evalúe cada quien.</p><p>La selección argentina Sub 23 llegará al domingo con la obligación de derrotar a Brasil, nada menos que a Brasil, una encrucijada que a la hora de las especulaciones se presentaba como la más incómoda, por no decir en clave de tormenta perfecta.</p><p>Argentina, aún en el contexto de un equipo con la casa llena de problemas, podría vencer a un Brasil de lo más terrenal, pero tampoco sería de extrañar que perdiera o empatara y los Juegos Olímpicos los viera por la tevé.</p><p>Volvamos al punto de partida de estas humildes reflexiones: la propia existencia de los directores técnicos designa per se un cierto grado de influencia.</p><p>Para bien y para mal. Para bien o para mal.</p><p>En un plantel de modesta o mediana materia prima, el horizonte de un DT está necesariamente enfocado en sacar el máximo jugo. Buenas elecciones del Once, ojo para detectar las virtudes propias y los defectos ajenos, presteza y lucidez para meter mano con los cambios. Etcétera.</p><p>Y en un plantel de alta gama, poblado de estrellas consumadas o de estrellas nacientes, la obligación del DT implica administrar la riqueza, convertir un gran plantel en un equipo y, en el mejor de los casos, hacer mutar un equipo a secas en un gran equipo.</p><p>Pues bien: la selección argentina de Mascherano ha tenido momentos de buen juego y de contundencia, pero, aunque transitemos el pleno estío, unas pocas golondrinas no han hecho un verano.</p><p>La Argentina de Mascherano defiende mal (ha recibido nueve goles en seis partidos), es incapaz de sostener una regularidad positiva en el juego y da la sensación (salvo la providencial aparición de Federico Redondo en el último suspiro del reciente partido versus Paraguay) de que se le resfría el alma ante cualquier mal viento.</p><p>Y no hay ni habrá equipo que no se parezca a su director técnico.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdn.eleco.com.ar/eleco-static/images/logo.png" class="type:primaryImage" /></figure>En sentido amplio la discusión está zanjada desde hace unas cuantas décadas, pero jamás faltan los futboleros adoradores de las verdades de perogrullo...]]>
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                                <category term="deportes" label="Deportes" />
                <updated>2024-02-11T12:54:00+00:00</updated>
                <published>2024-02-11T12:54:00+00:00</published>
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            A propósito de Los Pumas
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                <![CDATA[Walter Vargas]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdn.eleco.com.ar/eleco-static/images/logo.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Ahora que la selección argentina de rugby terminó su participación en el Mundial, se vuelve pertinente dar respuesta a exitismos y maledicencias que lejos de enriquecer el debate lo desplazan a una zona tóxica.</p><p>Los Pumas jugaron siete partidos y por añadidura estuvieron otra vez en un reducido grupo de privilegiados. Ergo, se trata de un cuarto puesto valioso por donde se lo mire.</p><p>En cientos de países donde se juega al deporte de la pelota ovalada (Word Rugby tiene 107 federaciones afiliadas), imaginar a su representativo constar en la elite supone una quimera. Un horizonte siempre lejano y esquivo.</p><p>Y hete aquí que Los Pumas, bautizados así en 1965, de una vez y para siempre, hace bastante tiempo que constan en la elite.</p><p>Posiblemente desde el Mundial de 1999, el de la épica victoria frente a Irlanda cuando cerraron filas a un metro de su in goal y resistieron cinco minutos a puro tackle.</p><p>O acaso desde el Mundial de 2007, en Francia, cuando apabullaron a los locales, no una, dos veces, para terminar en un tercer puesto histórico.</p><p>En la comunidad internacional del rugby la entidad de la selección argentina ya no se discute: se da por descontada.</p><p>Sin embargo, tal vez por una cruel reverberación de aquello de que nadie es profeta en su tierra, Los Pumas son destinatarios de un indigesto cóctel de prejuicios, descalificación y burlas.</p><p>Los prejuicios, bien sabido que es, atañen a una vertiente ideológica, en la medida de que de forma mayoritaria quienes lo practican pertenecen a las clases más acomodadas.</p><p>La descalificación y las burlas son derivados de la misma aprensión, más el copioso acumulado de "derrotas dignas" frente a las grandes potencias: Nueva Zelanda, Sudáfrica, Australia, etcétera.</p><p>Se dirá, con cierto asidero, que al interior de la propia selección de rugby se asimila una especie de paraguas, de salvoconducto, que la pone a salvo incluso de actuaciones muy malas y de scores que pisan la frontera de lo indecoroso.</p><p>Pero subrayar esa tendencia sabe insuficiente para borrar de un plumazo una verdad de apuño: Los Pumas no son los mejores del mundo.... pero constan entre los mejores del mundo.</p><p>Llegado este punto, cabe tomar distancia de la máxima bilardiana que otorga reconocimiento al campeón y nada más que al campeón.</p><p>Desde esta perspectiva, desde luego, Los Pumas destacan en el casillero de los eternos fracasados, puesto que nunca ganaron un Mundial y habrá que ver si alguna vez lograrán dar el salto hacia la epopeya sin par.</p><p>¿Quiere decir que del segundo puesto para abajo nada es digno de ponderación?</p><p>De ninguna manera. He ahí una falacia que daña al propio Bilardo (Gran DT de fuste) y a ciertos valores que estas líneas intentan reponer y subrayar.</p><p>Palabras más, palabras menos, bien que lo supo observar Julio Velasco, gurú del vóley y agudo analista de la naturaleza de los deportes: “Es absurda la idea de que fuera del campeón, todos son descartables. Hay atletas olímpicos que se preparan cuatro años motivados por la sola esperanza de ganar un diploma o incluso de mejorar sus propias marcas”.</p><p>Por todo lo antedicho, a Los Pumas argentinos, ¡Salud!</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdn.eleco.com.ar/eleco-static/images/logo.png" class="type:primaryImage" /></figure>Ahora que la selección argentina de rugby terminó su participación en el Mundial, se vuelve pertinente dar respuesta a exitismos y maledicencias que l...]]>
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                                <category term="deportes" label="Deportes" />
                <updated>2023-10-29T11:44:31+00:00</updated>
                <published>2023-10-29T11:44:31+00:00</published>
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            El piso en las alturas
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                <![CDATA[Walter Vargas]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdn.eleco.com.ar/eleco-static/images/logo.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>El seleccionado argentino campeón del mundo amenaza con clasificarse a la cita de 2026 en menos de lo que canta un gallo: he ahí la sensación que deja cada vez que entra a la cancha a jugar por los puntos y he ahí una jerarquía que acaso solo pueda ser cuestionada seriamente por Brasil.</p><p>O en una de esas por la Uruguay de Marcelo Bielsa, pero de momento paremos de contar.</p><p>El jueves, en un estadio Monumental otra vez vestido de fiesta, apto para el alborozo de futboleros de tiempo completo o no, pero en todo caso albicelestes muy a buenas con su condición, el Scaloni Team borró de la cancha a uno de esos rivales, como Paraguay, de los que habrá que ver si andan así de escasos de herramientas.</p><p>Para que sea dicho de una vez: el piso de la selección es tan alto que descascara sin apelación al 80 por ciento de los otros competidores del área sudamericana.</p><p>Hubo, versus los guaraníes, un gol de diferencia en la red, pero tres o cuatro de diferencia en el juego, tómese el indicador que se prefiera: posesión, posición, control, progresión, profundidad, calidad, etcétera.</p><p>Con el debido permiso, a grandes rasgos nos quedaremos con un puñado de vectores. Por saber: sin Messi: cero traumas. Una tenencia abrumadora capaz de disciplinar el ancho y el largo de la cancha y en esa soltura desairar las proverbiales y rudas marcaciones de Paraguay.</p><p>Con Messi: más o menos lo mismo, con el añadido de un maestro de la homeopatía. Dosis pequeñas, pertinentes y certeras. Al Número 1 se le negó el gol, es cierto, pero en todo caso será un encono provisorio o temporario. No siempre faltarán veinte centímetros para que un poste se salga con la suya.</p><p>El "Nosotros": aceitado hasta la mismísima vereda de la virtud. Cuando un equipo juega la pelota hasta el colmo de la redondez y cuando la pierde no falta nadie en la cruzada del rescate, es muy posible que estemos en presencia de algo más excepcional. En presencia de un Gran Equipo.</p><p>El eje: un medio campo poblado sin amontonamientos y relajado sin indolencia. El eventual desorden de Rodrigo De Paul es compensado con creces, más bien minimizado o evaporado, por la quirúrgica repartija de pases de Enzo Fernández y Alexis Mac Allister.</p><p>El doble 9: la química entre Lautaro Martínez y Julián Álvarez potencia el dúo sin mella a lo propio de cada quien. Examen aprobado con una calificación de 8, pongamos.</p><p>¿El por qué de esa grata novedad? No se trata de una mera cuestión de buena voluntad y compañerismo, que se les nota. Se trata más bien de la plástica extensión de sus características.</p><p>El cordobés del Manchester City juega bien como un 9.75. Y aunque menos dúctil, el bahiense del Internazionale tiene oficio y hábito de 9.50. Antes convivió con el belga Romelu Lukaku. Ahora convive con el francés Marcus Thuram. Y sin conflictos ni déficit.</p><p>Así las cosas, el martes próximo en el Nacional de Lima se ofrecerá la oportunidad de constatar, por si hiciera falta, que estos muchachos de la selección, que estos habitantes de la cima, que estos campeones del mundo, se sienten felices cada vez que salen a dar una función.</p><p>Que disfrutan de correr tras la pelota número 5, sin que la alegría esté reñida con la seriedad. Como los niños, que conciben cada juego como un rito sagrado.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdn.eleco.com.ar/eleco-static/images/logo.png" class="type:primaryImage" /></figure>El seleccionado argentino campeón del mundo amenaza con clasificarse a la cita de 2026 en menos de lo que canta un gallo: he ahí la sensación que deja...]]>
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                <updated>2023-10-14T10:06:03+00:00</updated>
                <published>2023-10-14T10:06:03+00:00</published>
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            Inoue: el mejor entre los mejores
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                <![CDATA[Walter Vargas]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Gf7zofm5gxJDbFOSAN9xv4xMrxE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2023/07/inoue.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El mejor boxeador del planeta, libra por libra, no es estadounidense, ni mexicano, ni welter, ni mediano, ni pesado: pesa 55 kilos, nació en Japón y se llama Naoya Inoue.</p><p>En un boxeo intoxicado de apodos al revoleo, que van desde la superficialidad al ridículo sin solución de continuidad, el apodo que distingue a Inoue calza igual de justo que sus guantes: “El Monstruo”.</p><p>Ya era una figura rutilante, de las que nacen de tanto en tanto; ya era uno de los mejores boxeadores nipones de todos los tiempos, pero el martes último, en la Arena Ariake de Tokio, dio un gigantesco salto de calidad y sumó asombro al asombro.</p><p>Era, por cierto, un secreto a voces: si en su debut como peso supergallo lograba vencer al invicto campeón Stephen Fulton, no solo habría conseguido cuatro títulos en sendas divisiones, no solo igualaría a su compatriota Kazuto Ioka, sino que por si fuera poco consolidaría un sitial dorado entre los peleadores de mayor jerarquía del mundo.</p><p>En rigor, la soberana paliza propinada a Fulton, el diagrama estratégico, el paciente dominio en todos los terrenos y el imperial nocaut consumado, trascienden la mera virtud de sentarse a la mesa de los más prestigiados.</p><p>Los grandes vencedores se miden por la entidad de sus vencidos y Fulton no configuraba ni de lejos una oposición sencilla: un campeón sólido, imbatido, muy bien fundamentado en el indicador de la técnica, que además lo superaba en talla y alcance.</p><p>“Fulton no es noqueable”, aventuraban más de cuatro expertos.</p><p>Y resulta que Inoue dio a Fulton una lección de boxeo a la hora de boxear, de pelea a la hora de pelear, de mentalidad, de convicción, de cintura, de variedad de golpes, de puntería y de sentido de la oportunidad para sacarlo del ring.</p><p>¿Dónde residen las debilidades de Inoue? De momento, se desconocen.</p><p>Todos sus movimientos dejan ver a todas luces la inconfundible aureola de la pureza, incluso cuando está en retroceso. Siempre bien afirmado, elegante, puntilloso, medido en la acción y letal en la ejecución.</p><p>Demasiado destructor como para llamarlo “estilista”. Demasiado estilista como para llamarlo “destructor”. Sencillamente, un fuera de serie.</p><p>Téngase en cuenta sus derivas ascendentes: destacado amateur desde las horas interescolares, saltó a las arenas rentadas a los 18 años y con cuatro peleas ya era campeón mosca japonés, hasta que en la sexta era campeón mosca del CMB y en la octava campeón supermosca de la OMB cuando noqueó en dos rounds al chubutense Omar Narvaes.</p><p>(Nótese que se había salteado el peso mosca: pasó de reinar en 49 kilos a reinar en los 52 y monedas).</p><p>Tras dejar el tendal en supermosca, en 2021 saltó a gallo, coronó y despejó el horizonte después de sendas victorias frente a la estrella filipina Donito Donaire, primero por puntos y luego por la vía rápida.</p><p>Otro filipino, Marlon Tapiales, se perfila en el horizonte en pos de quedarse con los otros dos cinturones supergallo, habida cuenta de que al noquear a Fulton se hizo de los del CMB y la OMB y aquél dispone del de la AMB y la FIB.</p><p>¿Será que El Monstruo Inoue se propondrá reinar también en los plumas, donde lo esperarán afilados guerreros de 57 kilos que muy posiblemente le lleven una marcada ventaja de talla?</p><p>De talla, puede ser; de fortaleza, habría que ver; y de calidad, se ve improbable, por no decir, imposible.</p><p>Naoya Inoue es un canto al boxeo de escuela químicamente puro: Monstruo y Maestro por el mismo precio.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Gf7zofm5gxJDbFOSAN9xv4xMrxE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2023/07/inoue.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El mejor boxeador del planeta, libra por libra, no es estadounidense, ni mexicano, ni welter, ni mediano, ni pesado: pesa 55 kilos, nació en Japón y s...]]>
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                <updated>2023-07-28T10:10:54+00:00</updated>
                <published>2023-07-28T10:10:54+00:00</published>
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            El jugador perfecto
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        <author>
            <name>
                <![CDATA[Walter Vargas]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4Bk66gc9evcPnpK_594l3O9wxf8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2022/12/pele_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Pelé, el que ha marchado al otro lado de las cosas, fue un futbolista perfecto en tiempos donde los beneficios de la leyenda contrastaban con colosales cajas de resonancia que llegarían unas cuantas décadas después: videos al minuto, repeticiones de jugadas en clave cinematográfica, semblanzas apologéticas, portales, redes, clubs de fans a escala planetaria, etcétera.</p><p>Pelé, O Rei, Edson Arantes do Nascimento, salió al ruedo a los 16 años para brillar en el más alto nivel, heredar las virtudes de los cracks que lo precedieron y condensar dotes técnicas en un solo jugador que hasta entonces se verificaban repartidas en dos, en tres, en cuatro. En muchos.</p><p>El atleta superdotado químicamente puro: 173 centímetros y 70 kilos de músculo, emociones templadas y ejecuciones de concierto.</p><p>Visto desde cierta perspectiva, encontrar defectos en cómo jugaba Pelé es una tarea odiosa y condenada al fracaso.</p><p>Era fuerte como un roble y con tranco de gacela solo superado por Alfredo Di Stéfano (la Saeta Rubia criolla), gambeteaba en corto y en largo, era diestro, pero podía presumir de zurdo y cabeceaba como un portento sin que lo perturbaran demasiado las marcaciones rigurosas.</p><p>Sus remates eran de forma indistinta latigazos o estocadas de terciopelo según lo aconsejaban las circunstancias.</p><p>Y contra lo que pudiera imaginarse, tenía un profundo sentido colectivo: desmarques al servicio del espacio apto para el compañero, constructor de paredes al milímetro y solidario para ir y para venir.</p><p>En este sentido, bastaba con recoger testimonios de sus rivales para registrar un coro unánime entre asombrado y admirativo.</p><p>O Rei jugaba con la número 10, goleaba con voracidad de 9 y corría la cancha con pertinencia de lo que en glosario moderno designaríamos como mediocampista mixto.</p><p>No escatimaba los cruces, trababa cada pelota como si fuera la última y sin ser un bravucón tampoco admitía que se lo llevaran por delante: que intentaran, a menudo de forma temeraria, explorar presuntas fragilidades del corazón.</p><p>"Al Negro le pegabas una y te devolvía dos", comentó alguna vez Antonio Ubaldo Rattin, el mítico 5 de la selección argentina que estuvo presente en el partido del Maracaná donde la albiceleste venció por 3-0 a Brasil por la Copa de las Naciones y con un certero golpe, fruto del fastidio, Pelé rompió el tabique nasal de José Agustín Mesiano.</p><p>Otro sabio de la tribu, el recordado Roberto Perfumo (post Mundial ‘66 considerado el mejor número 2 del mundo) se revelaba orgulloso de haberlo enfrentado unas cuantas veces y de haberlo padecido sin dejar de disfrutar de su arte.</p><p>"Con la pelota era un infierno, jugaba y hacía jugar, era guapo y caballero. Le hablabas, le pegabas, te las devolvía sin decir ni una palabra y cuando terminaba el partido venía y te daba un abrazo", más de una vez supo describirlo el “Mariscal” Perfumo, sea de forma pública, sea en tertulias futboleras con amigos.</p><p>Hasta el advenimiento de Pelé, ungir a un jugador de fútbol como el mejor entre los mejores estaba ausente de la agenda o a lo más suponía una referencia débil, brumosa.</p><p>Cuando el Pelé todavía adolescente surge, brilla y fascina entre los mejores cada vez que pisa el verde rectángulo de 105 por 70, suyo es el trono, suya la corona y suyo un prestigio que trascenderá por los siglos de los siglos.</p><p>Y eso, en principio, por haber ganado por escándalo cualesquier comparación con los galácticos de su tiempo: el inglés Bobby Charlton, el alemán Franz Beckenbauer, los italianos Sandro Mazzola y Gianni Rivera y hasta el extraordinario Eusebio, La Perla Negra de Mozambique.</p><p>Desde Pelé y por Pelé, la vara de la excelencia quedó tan alta que casi una década después de su retiro tuvo que plantarse en el estadio Azteca un argentino de piernas chuecas y cabello enrulado, gambetear a un puñado de ingleses y ejercer el tácito derecho de reclamar la herencia del número 1. (Por Walter Vargas, de agencia Télam)</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4Bk66gc9evcPnpK_594l3O9wxf8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2022/12/pele_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Pelé, el que ha marchado al otro lado de las cosas, fue un futbolista perfecto en tiempos donde los beneficios de la leyenda contrastaban con colosale...]]>
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                <updated>2022-12-30T09:00:03+00:00</updated>
                <published>2022-12-30T08:35:00+00:00</published>
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            Zeballos: bienvenido… y paciencia
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                <![CDATA[Walter Vargas]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/w0RQpyeuZ_xrFe0wc1MR-Z6TDBk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2022/06/zeballos.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El luminoso ascenso de Exequiel Zeballos ofrece la virtud de poner de relieve el infrecuente valor del atrevimiento en tiempos signados por la dura geometría de los sistemas tácticos, sin dejar de invitar a no pisar el palito de las hipérboles, de las etiquetas apresuradas, en fin, de la omisión del "factor maduración”.</p><p>Dejemos la desmesura, y la desmesura de la desmesura, para el hincha (en este caso, de Boca Juniors) que ejerce la potestad de volcar sus sensaciones sin preámbulos, sin ataduras y relevado de toda cadena argumentativa.</p><p>Otra cosa son la evaluación de Zeballos que le compete al entrenador Sebastián Battaglia y el rigor periodístico.</p><p>Si de Battaglia se trata, no hay motivos para deducir que le exigirá al veinteañero santiagueño más de lo que autorice la dinámica de su evolución.</p><p>De hecho, hasta no hace tanto se atribuía a Battaglia un sesgo conservador en torno a la inserción de los juveniles surgidos del semillero de Boca.</p><p>Acerca del rigor periodístico, tampoco hay demasiados misterios, aunque para desdicha de estos tiempos lo que se da por descontado tiende a ser una moneda de circulación escasa.</p><p>Zeballos, “El Changuito”, tiene un no sé qué de crack desde que sobresalió con holgura en las divisiones formativas.</p><p>Pero si bien ya había soltado destellos de un arte salido del arcón de los recuerdos (pericia en el uno contra uno, picardía, decisiones rápidas y desequilibrantes), para que tuviera una notable jornada en Primera hubo que esperar 35 partidos.</p><p>Fue esta semana contra Tigre, en una fría noche que Boca supo templar en el campo de juego y corresponder al siempre vigoroso fervor tribunero, cuando Zeballos hizo cartón lleno: gambetas, goles y contribución colectiva. En el orden que se prefiera.</p><p>Pero, ¿en qué se distingue Zeballos de otros principiantes que destacan en las selecciones nacionales juveniles o piden pista?</p><p>En la gambeta: en sentirse apto, cómodo, a buenas en su piel, en ese rasgo que, según observó Ricardo Gareca en una entrevista televisiva de no hace tanto, el fútbol argentino tiende a declinar en aras del predominante europeísmo del “a dos toques”.</p><p>(Curiosamente, el catalán Pep Guardiola suele subrayar que al fútbol puede jugarse a un toque, a dos o a ninguno, según prescriba y sugiera cada jugada).</p><p>El entendimiento del juego puede inculcarse, trabajarse, macerarse. También la frialdad dentro del área, el remate, la contundencia.</p><p>La gambeta, no: la gambeta es el único atributo que se trae desde la cuna, desde el potrero, desde las horas del alegre corretear tras la pelota número 5. De eso, al “Changuito” Zeballos le sobra.</p><p>Acaso estemos en presencia de un fuera de serie, acaso no, pero entretanto está muy bien que se lo disfrute sin descargar en él ansiedades y premuras.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/w0RQpyeuZ_xrFe0wc1MR-Z6TDBk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2022/06/zeballos.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El luminoso ascenso de Exequiel Zeballos ofrece la virtud de poner de relieve el infrecuente valor del atrevimiento en tiempos signados por la dura ge...]]>
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                <updated>2022-06-19T04:07:58+00:00</updated>
                <published>2022-06-19T04:07:58+00:00</published>
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            Naoya Inoue, el mejor entre los mejores
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                <![CDATA[Walter Vargas]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdn.eleco.com.ar/eleco-static/images/logo.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Excepcional, inédita y desmerecida por los conservacionistas del boxeo, la dimensión del japonés Naoya Inoue excede la del buen campeón del mundo o la del excelente campeón del mundo “de categorías chicas”: hablamos, sin más, del mejor libra por libra.</p><p>Esto es, del mejor boxeador del planeta. Del boxeador capaz de reunir trayectoria, títulos, destrezas y jerarquía en el alto nivel.</p><p>Por alguna razón, seguramente ligada al presupuesto de que el biotipo del ser humano oscila entre los 60 kilos para arriba, la noción de “libra por libra” es aplicada a pugilistas que van del peso liviano al peso pesado inclusive.</p><p>¿Dónde está escrita esa premisa?</p><p>En ninguna parte y en todos, desde el momento que se desconoce su interpelación, salvo la tácita y grata excepción de la revista especializada “The Ring” que, sin embargo, hasta donde se sabe tampoco considera a Inoue por delante del mexicano Saúl “Canelo” Álvarez y del ucraniano Vasyl Lomachenko: lo ubica tercero.</p><p>Otros postulantes son los muy reconocidos Gervonta Davis, Terence Crawford, Tyson Fury, Errol Spence, Oleksandr Usyk. Y hasta no hace tanto nadie se escandalizaba si se mencionaba a Manny Pacquiao y Gennady Golovkin.</p><p>Desde luego que no existe un aparato capaz de discernir entre variables de elementos diversos, complejos y de lupa subjetiva, y por subjetiva, arbitraria.</p><p>En todo caso, el humilde autor de estas líneas ejerce el derecho de poner la sobre la mesa sus cartas argumentales: su fundamentación.</p><p>Con flamantes 29 años, el japonés es el de campaña más espectacular entre los 82 campeones mundiales nacidos en la Tierra del Sol Naciente.</p><p>Un portento de brillante campaña en el campo aficionado, de inmaculado récord profesional (23-0 y 20 KO), tres títulos (mini mosca, supermosca y gallo) y unos cuantos de vencidos célebres, como por ejemplo el argentino Omar Narváez y el filipino Nonito Donaire.</p><p>A “Flash” Donaire, otro crack y rey múltiple, el martes lo demolió en el Súper Arena de Saitama y salvo noticias en contrario también lo forzó a colgar los guantes.</p><p>Demasiado boxeador como para ser etiquetado como un mero peleador, demasiado peleador como para ser etiquetado como un boxeador, Inoue es una máquina de gobernar el centro del ring, de abrir camino, de disponer el punto de cocción y saborear el plato más tarde o más temprano.</p><p>Y todo con una generosa variedad de golpes, una puntería pasmosa y una cintura que llenan los casilleros de la defensa clásica y del rigor estético.</p><p>Fue campeón en la franja de los 49 kilos, sin pasar por mosca también fue campeón entre los de 51, hoy reina entre los 53 y monedas y, si se lo propone, que se preparen los que pisan fuerte en supergallo: los invictos Stephen Fulton y Murodjon Akhmadaiev.</p><p>Naoya Inoue, 165 centímetros y 54 kilos de fenómeno químicamente puro: el más bueno entre los buenos.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdn.eleco.com.ar/eleco-static/images/logo.png" class="type:primaryImage" /></figure>Excepcional, inédita y desmerecida por los conservacionistas del boxeo, la dimensión del japonés Naoya Inoue excede la del buen campeón del mundo o la...]]>
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                <updated>2022-06-11T10:08:12+00:00</updated>
                <published>2022-06-11T10:08:12+00:00</published>
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            ¿Un paso adelante?
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                <![CDATA[Walter Vargas]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdn.eleco.com.ar/eleco-static/images/logo.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>En tiempos en los cuales el fútbol de alta competencia requiere a los gritos enmiendas reglamentarias que, sin convertirlo en otro deporte, por lo menos tiendan a mejorarlo, la Liga de México se apresta a aplicar una medida revolucionaria: detener el cronómetro cada vez que haya un lateral o un saque de arco.</p><p>En efecto, el torneo Apertura de la Liga MX que comenzará el 1 de julio próximo echará a rodar esta innovación de tipo experimental que será supervisada por la Comisión de Árbitros.</p><p>Se trata a todas luces de una iniciativa llamada a disparar adhesiones, rechazos y polémicas encendidas.</p><p>Sin temor a pisar el escabroso terreno de las exageraciones, bien puede afirmarse que el problema del escaso tiempo que la pelota está en juego efectivo es el de los más insolubles para la FIFA y la International Board.</p><p>Jamás en Zürich ha sido bien vista la eventual copia del modelo del hockey y del básquetbol, que se rigen por el tiempo neto sin que en tales universos se levanten voces de discrepancia.</p><p>Se ha entendido, acaso como observó el escritor mexicano Juan Villoro, que detener el reloj ante cada salida de la pelota y ante cada infracción implicaría algo así como echar nafta al incendio.</p><p>Futbolero de pura cepa, autor del notable libro "Dios es redondo", Villoro hizo notar que un partido de fútbol dura 90 minutos, pero su parte más sustanciosa y emocionante se condensa en ese puñado compactado que vemos por la noche en los resúmenes de los programas de televisión.</p><p>Lo más atractivo, entonces, sería estar pendiente de algo que puede pasar en cualquier momento o acaso no pasar nunca: los partidos con pocas llegadas a los arcos o que terminan 0-0.</p><p>Desde esa perspectiva, la detención indiscriminada del cronómetro lesionaría la vibración y el suspenso del que goza el maravilloso juego de la pelota número 5.</p><p>Pero una cosa sería parar el reloj incluso ante infracción, que se cuentan por 20, por 30, por 40, y ante cada pelota que sale por la línea de fondo o las líneas laterales, y otra la que ha decidido la conducción del fútbol azteca: detener el cronómetro, registrar el tiempo que se ha perdido y reponerlo una vez acabados los 45 reglamentarios.</p><p>De todos modos, no deja de generar inquietud que los espejos en los que se mira Miker Arriola, presidente de la liga mexicana, sean la NBA y NFL y que, según adelantó, si llegan a buen puerto las nuevas herramientas que tendrán validez desde el 1 de julio, se sumen las infracciones y los tiros de esquina.</p><p>No explicó Arriola, si en ese caso se empleará una metodología análoga, o si en realidad estamos ante una forma solapada de avanzar hacia el tiempo neto propiamente dicho.</p><p>El VAR, por ejemplo, genealógicamente es un instrumento plausible, bienvenido para reducir los márgenes de injusticia, pero casi un lustro después persisten deficiencias e imperfecciones de ejecución.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdn.eleco.com.ar/eleco-static/images/logo.png" class="type:primaryImage" /></figure>En tiempos en los cuales el fútbol de alta competencia requiere a los gritos enmiendas reglamentarias que, sin convertirlo en otro deporte, por lo men...]]>
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                <updated>2022-06-04T10:04:29+00:00</updated>
                <published>2022-06-04T10:04:29+00:00</published>
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            El extraño caso del señor Bielsa
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                <![CDATA[Walter Vargas]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/DY-46KArXgwrOcnAtwa3EXPT0nw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2022/03/bielsa.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Despedido por el mismo Leeds al que había conducido a su regreso a la Premier League, víctima de rechazo en su propio país, cuando no de abiertas burlas, salvo entre los seguidores de Newell’s, Vélez y una singular grey no necesariamente identificada con tales clubes, Marcelo Bielsa configura un caso único en la historia del fútbol argentino.</p><p>El rosarino no consta ni de lejos entre los entrenadores de currículum más luminoso en lo que a títulos se refiere, pero sí puede ufanarse -cosa que su proverbial humildad inhibiría- de ser uno de los más respetados y de mayor prestigio contante y sonante.</p><p>Cierto aserto de cuño bíblico advierte que "nadie es profeta en su tierra" y salvo que la tierra de Bielsa sea interpretada en sentido restringida y no en sentido amplio (más Rosario que la Argentina), el refrán le va como un guante.</p><p>Y Rosario, conste, en la mitad aficionada a la camiseta rojinegra, puesto que la otra mitad, la devota de Central, lo repele con énfasis.</p><p>Sea por su magra cosecha de vueltas olímpicas, sea por el clamoroso Waterloo del Mundial 2002, o por su lenguaje alambicado, o por su inexpugnable perfil bajo, o por vulgar envidia de sus colegas, el "Loco" Bielsa es tildado de farsante, mediocre o el criollo e hiriente "vendehumo".</p><p>¿Vendehumo?</p><p>Si hay un director técnico argentino insospechado de fraguar gato por liebre es justamente Bielsa.</p><p>Obsesivo, acaso rebuscado en su verba, severo, solemne, en la lábil frontera de la convicción y la obcecación en su ideario, pero más reconocible en los valores de la honestidad y la capacidad.</p><p>Y es cierto, cómo no, que tampoco es el portador de las mejores respuestas a las peores preguntas que formula el fútbol y que flaco favor le hacen sus adoradores más fanatizados.</p><p>Pero entre los que lo consideran un Dios de la pelota número 5 y los que le niegan toda entidad hay un ancho horizonte de elementos, de complejidades, de claroscuros y de verdades a medias.</p><p>En el centro de esa argamasa pulsa una dimensión de la que sí disfruta Bielsa y no disfrutaron los más insignes directores técnicos argentinos.</p><p>Que los hinchas vayan a la puerta de la casa de un DT a testimoniar su gratitud, como estos días hicieron los del Leeds con Bielsa, es infrecuente, y por infrecuente, excepcional.</p><p>Algo bueno, demasiado bueno, debe de haber sembrado Bielsa para que se lo reconozca como se lo reconoce en Chile, en Bilbao, en Marsella, en Yorkshire.</p><p>Algo demasiado bueno que, vaya curiosidad, vaya paradoja, es ajeno a la biografía de vacas sagradas como Carlos Salvador Bilardo, César Luis Menotti, Carlos Bianchi, sigan firmas. (Por Walter Vargas, de agencia Télam)</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/DY-46KArXgwrOcnAtwa3EXPT0nw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2022/03/bielsa.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Despedido por el mismo Leeds al que había conducido a su regreso a la Premier League, víctima de rechazo en su propio país, cuando no de abiertas burl...]]>
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                <published>2022-03-04T03:30:26+00:00</published>
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            La selección cumple con el decálogo de un buen equipo
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                <![CDATA[Walter Vargas]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/iHxGkGPZCE1IwCrr9LMyJGLl3Fk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2022/02/argentina_colombia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La selección argentina cerró un año excepcional con una Copa América, el pasaje a Qatar en el bolsillo y la nítida sensación de haber escalado a la reducida elite de eso que a grandes rasgos se da en llamar "un buen equipo".</p><p>Es decir, un equipo de ideas claras, bien repartido en inspiración y sudor, y una regularidad que invita a deducir que está en condición de competir de igual a igual con los mejores del planeta.</p><p>Y eso, conste, a nueve meses del Mundial y con una formación que, la oportunidad consiente, debe de ser subrayada por la negativa: sin su súper estrella, sin su mejor defensor y sin dos pilares del medio campo.</p><p>(Lionel Messi, Cuti Romero, Rodrigo De Paul y Leandro Paredes).</p><p>¿Cuáles son los grandes trazos refrendados ante Colombia y en 2022 en general?</p><p>Uno: La Selección ya plasmó con holgura el complejo rompecabezas cuyas piezas indispensables son plantel, equipo y comunión grupal.</p><p>Dos: Para que no haya dudas: comunión grupal que trasciende la que de por sí sería deseable y vital, la de los jugadores mismos. Comunión, sólida, convencida, hasta dichosa, entre los que entran a la cancha y el cuerpo técnico.</p><p>Tres: Dichosa, por qué no decirlo, en las sensaciones que emana tras partido: estos muchachos son felices con la albiceleste ajustada al cuerpo y están ávidos de competir y ganar.</p><p>Cuatro: Esta selección es un buen equipo, porque sabe estrechar las distancias entre su potencial y su calidad de ejecución.</p><p>Cinco: Honra una sagrada ley de los deportes de oposición directa: hacer lucir lo propio y opacar y disminuir las herramientas ajenas.</p><p>Seis: Dispone de un don de presionar, intensidad que le llaman, ajeno a la enorme mayoría de las selecciones sudamericanas, salvo Brasil, desde luego, y eventualmente Ecuador, sobremanera en la altura de Quito.</p><p>Siete: En ese sentido, aprendió a reducir las bajas de tensión y por añadidura también a achicar los márgenes de sufrimiento cuando llegan los inevitables momentos de asedio adversario.</p><p>Ocho: Y aunque ya que de momento hablamos, tiene fragmentos de cierta vistosidad, urge aclarar un mal entendido: Argentina no juega bien por vistosa. Una cosa es jugar bien y otra es la vistosidad. Incluso se puede ser un equipo mal en clave vistosa. Son los típicos exponentes del "tiki tiki" que hacen buena caligrafía de área a área, pero atacan mal y defienden mal.</p><p>Nueve: A esta selección, la del invicto de 29 partidos de la mano de Lionel Scaloni, le llegan cada vez menos y cuando llega no necesariamente golea, pero sabe esgrimir la carta eficaz que al final del camino cerrará las cuentas con saldo positivo.</p><p>Diez: Por lo menos hasta donde se ve y en el rango que se mueve, el de su continente, ha exorcizado el fantasma de la extrema, tóxica dependencia del genio de Messi.</p><p>Y por fuera del catálogo, pero como una guía susceptible de ser reconocida por exitistas y charlatanes de pelaje variopinto, la selección argentina –léase jugadores y cuerpo técnico- persevera en no declinar jamás los anticuerpos de la humildad.</p><p>Sin humildad, no habría ninguna chance de llegar lejos en el Mundial y aun con toneladas de humildad en las valijas, la cuesta será ardua por donde se la examine.</p><p>De momento, la selección regala argumentos sencillos de detectar para que amén de ser un derecho que va de suyo, soñar con algo trascendente, histórico, tenga la robustez que ya tiene. (Por Walter Vargas, de agencia Télam)</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/iHxGkGPZCE1IwCrr9LMyJGLl3Fk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2022/02/argentina_colombia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La selección argentina cerró un año excepcional con una Copa América, el pasaje a Qatar en el bolsillo y la nítida sensación de haber escalado a la re...]]>
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                <updated>2025-07-17T15:40:04+00:00</updated>
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