<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom">
    <id>https://www.eleco.com.ar/feed-categoria/opinion</id>
    <link href="https://www.eleco.com.ar/feed-categoria/opinion" rel="self" type="application/atom+xml" />
    <title>El Eco de Tandil</title>
    <subtitle>Entrevistas exclusivas y contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Tandil.</subtitle>
    <updated>2026-11-02T14:59:21+00:00</updated>
        <entry>
        <title>
            León XIV en la Argentina: buscar, comprender y contar la verdad para servir a los demás
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/opinion/leon-xiv-en-la-argentina-buscar-comprender-y-contar-la-verdad-para-servir-a-los-demas" type="text/html" title="León XIV en la Argentina: buscar, comprender y contar la verdad para servir a los demás" />
        <id>https://www.eleco.com.ar/opinion/leon-xiv-en-la-argentina-buscar-comprender-y-contar-la-verdad-para-servir-a-los-demas</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Claudio Andiarena]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/leon-xiv-en-la-argentina-buscar-comprender-y-contar-la-verdad-para-servir-a-los-demas">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ynqSAUQuSjI7SQeOmxMrsCI4KTc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/leon_xiv.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La esperada llegada de León XIV a la Argentina cobra ahora un significado particular. El Pontífice tiene programada una visita a Buenos Aires, Córdoba y Luján del 8 al 11 de noviembre de 2026, como parte de una gira sudamericana anunciada por la Santa Sede. Su reciente operación abrió interrogantes sobre la realización del viaje y recordó que también el Papa es vulnerable.</p><p>&nbsp;</p><p>El 13 de octubre fue operado de un cáncer de pulmón en el Policlínico Gemelli de Roma. La intervención resultó exitosa y el 17 recibió el alta hospitalaria. Días después, los estudios definitivos confirmaron que el tumor estaba localizado y que no serían necesarios tratamientos adicionales.</p><p>Sin embargo, la suspensión por indicación médica de su visita a Asís, prevista para el 27 de octubre, recordó que la recuperación exige prudencia. Aunque su cirujano expresó que no existen impedimentos clínicos para el viaje sudamericano, la Argentina permanece atenta a las decisiones de la Santa Sede.</p><p>&nbsp;</p><p>La enfermedad también comunica</p><p>En Argentina, ya no esperamos solamente al sucesor de Francisco y líder espiritual de millones de personas. Esperamos a un hombre que acaba de atravesar un diagnóstico de cáncer, una cirugía y una sorprendentemente rápida recuperación.</p><p>Su experiencia tiene una resonancia especial entre quienes conviven con enfermedades oncológicas, acompañan a un familiar o trabajan diariamente al cuidado de otros. Habla de fragilidad, ciencia, solidaridad y fe; de personas, afectos y profesionales en acción concreta.</p><p>Para el periodismo, esa humanidad plantea una primera exigencia: informar sobre la salud del Papa sin convertirla en espectáculo. Una cancelación no anuncia necesariamente una crisis; una mejoría tampoco significa una recuperación completa. La esperanza no necesita ocultar los hechos: necesita apoyarse en ellos.</p><p>Un grupo de fieles rezan un rosario alrededor de la estatua de San Juan Pablo II frente al Hospital Gemelli, durante la internación del papa León XIV. Roma, 15 de octubre de 2026 REUTERS/Remo Casilli</p><p>La tentación de la verdad incompleta</p><p>No siempre hace falta mentir para desinformar, a veces alcanza con contar solo una parte de la verdad. Seleccionamos los hechos que confirman nuestras ideas, omitimos aquellos que las contradicen y construimos relatos que pueden ser ciertos en sus detalles, pero engañosos en su conjunto. Esa es, quizás, una de las tentaciones más peligrosas de nuestro oficio.</p><p>La propia recuperación del Papa permite comprenderlo: podríamos haber enfatizado una eventual cancelación sin mencionar los informes alentadores, o hablar solamente de su mejoría sin explicar las precauciones médicas. Ambos relatos serían incompletos.</p><p>Como finalmente se confirmó su venida al país, ese riesgo se traslada a sus discursos. Algunos buscarán frases que confirmen su posición y medirán su efecto sobre el Gobierno o la oposición. Nuestra responsabilidad será resistir ese recorte y permitir que el mensaje se escuche entero.</p><p>El Papa no viene a confirmar nuestras posiciones</p><p>Existe una tentación que también alcanza a quienes tenemos convicciones profundas: pretender que la realidad confirme siempre aquello que pensamos y, cuando eso no ocurre, buscar una frase, un gesto o una interpretación que nos permita sostener nuestras certezas.</p><p>Con el Papa puede suceder lo mismo. Construimos primero una etiqueta y seleccionamos después aquello que la sostiene. Así, una visita pastoral termina convertida en una disputa por apropiarse de su figura.</p><p>La misión pastoral de León XIV no consiste en respaldar el relato de un partido ni en desempeñar un papel en nuestras rivalidades. Su palabra está dirigida a una sociedad plural, formada por creyentes de distintas confesiones y por personas sin pertenencia religiosa. El arzobispo de Mercedes-Luján, monseñor Jorge Eduardo Scheinig, habló de la necesidad de recibir “una palabra profunda, llena de sentido”.</p><p>Su experiencia de vulnerabilidad quizás nos ayude a reconocer lo que compartimos. No sabemos qué dirá. Justamente por eso debemos escucharlo antes de interpretarlo.</p><p>El Papa León XIV fue operado por un nódulo en un pulmón. Ya recuperado, la Santa Sede confirmó su viaje a Sudamérica</p><p>La cruz propia del oficio</p><p>Comunicar tiene una dimensión apasionante, pero también exige asumir responsabilidades que no siempre resultan cómodas. La parte difícil comienza cuando los hechos contradicen nuestras convicciones, cuando la realidad no encaja en el enfoque previsto o cuando una cobertura honesta puede incomodar a nuestra audiencia y a nosotros mismos.</p><p>Entonces es tentador refugiarnos en consignas, seleccionar solamente los testimonios que nos dan la razón o presentar como verdades definitivas aquello que todavía exige preguntas.</p><p>Pero nuestra tarea consiste en ofrecer elementos para comprender, incluso cuando las respuestas no coinciden con nuestras expectativas. La fidelidad a la verdad también exige aceptar que no todos celebrarán lo que contemos. Y ese costo forma parte del oficio.</p><p>Ser puentes con la palabra</p><p>Francisco pidió reiteradamente una comunicación capaz de construir puentes. Su sucesor nos ofrece una oportunidad para traducir ese llamado en decisiones profesionales concretas. Cada título, imagen y pregunta puede acercar o profundizar distancias.</p><p>Ser puente no implica ocultar conflictos, abandonar preguntas incómodas ni renunciar a investigar. Un puente conecta orillas diferentes sin borrar las diferencias. En periodismo significa verificar antes de publicar, distinguir información de opinión, reconocer errores y no deshumanizar a quien piensa distinto.</p><p>Frente a la enfermedad, también significa recuperar la sensibilidad. Un diagnóstico no es un recurso para conseguir clics. La recuperación de León nos recuerda a tantas personas que atraviesan situaciones semejantes.</p><p>Una súplica para quienes comunicamos</p><p>También nosotros, periodistas y comunicadores, necesitamos reencontrarnos con aquel impulso que alguna vez nos llevó a elegir este oficio: buscar, comprender y contar la verdad para servir a los demás.</p><p>En tiempos de información inmediata, algoritmos que refuerzan nuestras preferencias y discusiones que parecen no admitir matices, quizás sea necesario detenernos a revisar cómo estamos ejerciendo nuestra responsabilidad.</p><p>Ante la llegada de León XIV, podríamos hacer nuestra propia oración laica: ayudanos a verificar primero y publicar después; a no construir historias engañosas sobre medias frases ciertas; a no convertir el sufrimiento ajeno en espectáculo; a no recortar la realidad hasta que coincida con nuestras ideas; a no poner al Papa detrás de nosotros, como si debiera seguir el camino que ya elegimos.</p><p>La visita de León XIV será una oportunidad única para la comunicación argentina. Su enfermedad nos deja ya una enseñanza: la fragilidad nos iguala y el cuidado nos acerca. Ojalá podamos recibirlo plenamente recuperado y, cuando llegue el momento, sepamos escuchar antes de decidir qué hacer con sus palabras.</p><p>Porque la pregunta no será solamente qué dirá el Papa, sino qué haremos nosotros con lo que diga.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ynqSAUQuSjI7SQeOmxMrsCI4KTc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/leon_xiv.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La enfermedad y recuperación del Papa agregaron una dimensión humana a la expectativa por su visita. Para el periodismo, el desafío será informar con sensibilidad, ofrecer el contexto completo y contribuir al reencuentro en un país atravesado por las divisiones]]>
                </summary>
                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-11-02T14:59:21+00:00</updated>
                <published>2026-11-02T14:52:01+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Alfabetización mediática o que piensen por vos
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/opinion/alfabetizacion-mediatica-o-que-piensen-por-vos" type="text/html" title="Alfabetización mediática o que piensen por vos" />
        <id>https://www.eleco.com.ar/opinion/alfabetizacion-mediatica-o-que-piensen-por-vos</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Alberto Rodríguez]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/alfabetizacion-mediatica-o-que-piensen-por-vos">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/v8kXWd29q6YkNX8QG2jnlUIFxh8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/alfabetizacion_mediatica.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>En 1993, Divididos publicó La era de la boludez. ¿Había algo de profético en aquel título? ¿Podía esa provocación del rock anticipar un tiempo en el que tanta información disponible conviviría con tantas dificultades para comprender? Entre sus canciones, “¿Qué ves?” dejó una pregunta que, más de tres décadas después, vuelve a interpelarnos frente a las pantallas. ¿Qué vemos y cuánto proyectamos de nuestras propias convicciones sobre aquello que tenemos delante? La inquietud cobra otra fuerza cuando una imagen nos parece verdadera antes de que sepamos de dónde salió.</p><p>La escena puede ocurrir cualquier mañana. En un grupo de WhatsApp aparece un video que muestra una supuesta agresión entre hinchas. Alguien lo presenta como un episodio del último fin de semana. Llegan los insultos, las acusaciones y los pedidos de castigo. Más tarde se descubre que las imágenes corresponden a otro país y fueron grabadas varios años atrás. Para entonces, el video ya recorrió cientos de teléfonos. La aclaración tendrá que intentar alcanzarlo.</p><p>¿Qué vuelve tan convincente a un mensaje que todavía no comprobamos? A veces, su mayor ventaja es que encuentra una convicción esperándolo. La pertenencia a un club, la admiración por un artista o la identificación con una fuerza política pueden volvernos menos exigentes con las pruebas. Una fotografía o una frase recortada hacen el resto. La mentira juega de local cuando consigue que confundamos lo que deseamos con lo que ocurrió.</p><p>La discusión deportiva permite advertir, además, cómo se pasa de una controversia al hostigamiento. Una decisión arbitral puede examinarse a partir del reglamento y de las imágenes disponibles. Acusar de corrupción sin pruebas y difundir datos personales del árbitro para atacar a su familia cambia por completo la situación. Ahí importa aprender a reconocer qué se afirma, con qué fundamentos y qué acciones se están alentando.</p><p>En el mundo del espectáculo podemos imaginar una entrevista en la que una actriz reproduce una opinión ajena para cuestionarla. El recorte elimina esa explicación y deja únicamente la frase más provocadora. Quien recibe esos segundos puede creer que conoce su pensamiento y sumarse a una campaña de insultos. Las imágenes y las voces generadas o alteradas con inteligencia artificial agregan otra dificultad. Aquello que parece una prueba puede haber sido fabricado para aprovechar nuestra confianza en lo que vemos y escuchamos.</p><p>Las guerras llevan estas dificultades a un extremo doloroso. Una grabación de otro conflicto puede presentarse como un bombardeo reciente. Una secuencia de un videojuego puede circular como una operación militar. Una fotografía auténtica puede acompañarse con una explicación falsa sobre sus víctimas. El sufrimiento se convierte entonces en material para justificar nuevas agresiones. Cuando la responsabilidad de un gobierno o de un ejército se extiende a toda una población, la desinformación puede alimentar el odio contra personas por su nacionalidad, su religión o su origen.</p><p>En los escenarios electorales crispados, un audio atribuido a un candidato o una denuncia de fraude sin documentación pueden instalar sospechas difíciles de despejar. También una encuesta sin explicación sobre cómo fue realizada puede circular como si describiera rigurosamente las preferencias sociales. ¿Alcanza con que una acusación se repita miles de veces para que merezca nuestra confianza? La cantidad de reproducciones muestra su circulación. Para evaluar su veracidad seguimos necesitando pruebas.</p><p>La desinformación es también un problema cultural y ético. Podemos saber cómo verificar una imagen y compartirla sin hacerlo porque coincide con nuestras preferencias. Por eso la pregunta de Divididos incomoda. Nos obliga a examinar cuánto dejamos fuera de nuestro campo de visión y qué disposición tenemos para reconocer un error propio.</p><p>La dificultad aumenta cuando el desacuerdo convierte al otro en alguien a quien se debe humillar o expulsar de la conversación. Una falsedad puede funcionar como contraseña de pertenencia. Compartirla demuestra de qué lado estamos, aunque existan razones para dudar de ella. En ese terreno, rectificar puede sentirse como una deslealtad y escuchar como una concesión. La educación tiene mucho para hacer frente a esa forma de relacionarnos, que empobrece el debate y vuelve cada vez más costosa la posibilidad de revisar una opinión.</p><p>Necesitamos, además, distinguir fenómenos diferentes. Una equivocación periodística, una opinión que incomoda, una falsedad deliberada y una incitación a la violencia tienen características y responsabilidades distintas. Confundirlas puede servir para desacreditar investigaciones o silenciar críticas bajo la acusación de difundir noticias falsas. La alfabetización mediática debe fortalecer nuestra capacidad de juicio y el ejercicio de la libertad de expresión. Eso incluye defender la sátira, el desacuerdo y las preguntas que molestan al poder.</p><p>José Manuel Pérez Tornero vinculó expresamente esta tarea con la educación. En una entrevista publicada en Aularia sostuvo que los currículos debían asumir la alfabetización mediática como un objetivo de la formación a lo largo de la vida, orientado a la creatividad y el espíritu crítico. En esa intervención afirmó que “hay que incluir el derecho a la participación y el derecho a la alfabetización mediática”. Su planteo permite comprender que participar requiere también oportunidades para adquirir los conocimientos con los que podemos hacer valer nuestra voz.</p><p>La tercera Conferencia sobre Alfabetización Mediática e Informacional y Entendimiento Global, desarrollada en El Cairo del 18 al 20 de octubre, llevó estas preocupaciones a una agenda de cooperación internacional. El programa incluyó inteligencia artificial, discursos de odio, polarización y transparencia de los algoritmos, junto con educación para la paz y trabajo entre cátedras UNESCO y la red universitaria MILID. La amplitud del debate muestra que las respuestas requieren instituciones capaces de trabajar juntas.</p><p>Un dato del mensaje de Khaled El-Enany, director general de la UNESCO, pone a las autoridades educativas frente a una tarea pendiente. Solo el 43 % de los países ha incorporado la alfabetización mediática e informacional a la educación formal. ¿Podemos seguir confiando esa formación a lo que cada persona aprenda por su cuenta? Su lugar en las currículas necesita objetivos, tiempo de enseñanza y criterios de evaluación que le den continuidad.</p><p>Las propuestas pueden comenzar temprano y ganar complejidad. Conversar sobre las imágenes y el cuidado de la intimidad, comparar cómo dos medios cuentan un mismo acontecimiento. En niveles medios, &nbsp;reconstruir el recorrido de un video viral o analizar una publicidad. En estudios superiores, contrastar una respuesta de inteligencia artificial con documentos y bibliografía. Son ejercicios que permiten convertir una consigna tan repetida como “pensar críticamente” en una práctica concreta.</p><p>El periodismo enfrenta su propia paradoja. Está llamado a combatir la desinformación mientras su credibilidad también se encuentra en discusión. Recuperar la confianza exige rigor y transparencia. Mostrar cómo se investiga, se contrastan las fuentes y se corrigen los errores tiene, además, un valor educativo. Permite comprender qué sustenta una noticia y qué preguntas siguen abiertas.</p><p>Para sostener ese trabajo en las aulas, los docentes necesitan materiales, tiempo y oportunidades de actualización. El entusiasmo individual puede abrir un camino, pero su continuidad requiere respaldo institucional. También hace falta admitir las dudas de quienes enseñamos. Una respuesta de inteligencia artificial puede obligarnos a investigar junto con los estudiantes. Explicar cómo resolvemos esa incertidumbre enseña tanto como ofrecer una conclusión.</p><p>Roxana Morduchowicz, en su trabajo para UNESCO sobre ciudadanía digital como política pública educativa, advierte que las desigualdades también se expresan en las capacidades para comprender y utilizar las tecnologías. Tener conexión abre una puerta. Lo que podamos hacer después dependerá, en buena medida, de lo que hayamos tenido oportunidad de aprender. Podemos utilizar aplicaciones con destreza y desconocer por qué recibimos ciertos contenidos, qué datos entregamos o cómo verificar una afirmación que afecta nuestras decisiones.</p><p>Hay otra pregunta que la educación debe ayudar a formular. ¿Qué información necesitamos y todavía no tenemos? Conocer cómo se ejecuta un presupuesto o con qué criterios se distribuyen recursos públicos exige muchas veces salir a buscar documentos. Identificar quién posee los datos, solicitarlos, evaluar la respuesta y saber cómo reclamar convierte el acceso a la información en una práctica ciudadana. Ese recorrido acorta la distancia entre reconocer un derecho y poder ejercerlo.</p><p>Desde la cátedra de Derecho y Políticas de Comunicación y el Programa Núcleo de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Nacional de Mar del Plata impulsamos esta perspectiva. Buscamos vincular los derechos con prácticas de investigación, producción periodística y participación. Un estudiante que indaga sobre un problema de su comunidad, solicita documentación y comunica sus hallazgos aprende a construir una intervención fundada. La universidad pública tiene mucho para aportar en ese trabajo compartido con escuelas, periodistas y organizaciones de la ciudad.</p><p>Esa tarea compromete también a los gobiernos, los medios y las plataformas. Quienes organizan la circulación de contenidos deben ofrecer explicaciones sobre sus decisiones y asumir sus responsabilidades. La formación de los ciudadanos puede fortalecer sus reclamos de transparencia. La inteligencia artificial, por su parte, merece ser explorada como una herramienta para investigar y verificar, con resultados sujetos a revisión y procedimientos que puedan explicarse.</p><p>¿Qué hacemos cuando los hechos contradicen aquello que estábamos seguros de saber? Detenernos, buscar otra fuente o corregir lo que compartimos exige más esfuerzo que reenviarlo. Aprender a dar ese paso es parte de nuestra autonomía. «La verdad rara vez es pura y nunca es sencilla», escribió Oscar Wilde. La educación y la alfabetización mediática pueden ayudarnos a afrontar esa dificultad. Comprender exige un esfuerzo. Que todos tengamos herramientas para hacerlo es una responsabilidad pública.</p><p>&nbsp;</p><p>El autor es Abogado, Licenciado en Filosofía, Mediador, Especialista en Periodismo, Master en Derecho Penal. Profesor UNMDP. Miembro de la Alianza de la UNESCO para la Alfabetización Mediática e Informacional (MIL Alliance). Autor de “Cuando la mentira es la verdad”, en Impactos de la desinformación en un mundo cambiante (Alfabética, México, 2025).</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/v8kXWd29q6YkNX8QG2jnlUIFxh8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/alfabetizacion_mediatica.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En 1993, Divididos publicó La era de la boludez. ¿Había algo de profético en aquel título? ¿Podía esa provocación del rock anticipar un tiempo en el q...]]>
                </summary>
                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-10-30T19:28:06+00:00</updated>
                <published>2026-10-30T19:28:05+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            París, diciembre de 2001
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/opinion/paris-diciembre-de-2001" type="text/html" title="París, diciembre de 2001" />
        <id>https://www.eleco.com.ar/opinion/paris-diciembre-de-2001</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Alejandro Estevez]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/paris-diciembre-de-2001">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/W4bkTVz1dGpTJ-w5O6p3y0Tq9Aw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/disturbios_en_francia.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Quien vivió en Buenos Aires los días 19 y 20 de diciembre de 2001 reconoce algo familiar en las imágenes que llegan de Francia. Las cacerolas sonaron junto a los vidrios rotos y una multitud heterogénea se encontró en las plazas sin un programa común. Hubo comercios saqueados, edificios públicos atacados y un gobierno que, en pocas horas, pasó de administrar la crisis a ser su blanco.</p><p>El sábado 17 de octubre, según el Ministerio del Interior francés, unas 550.000 personas se movilizaron en cerca de 500 puntos del país. Los organizadores hablaron de más de 800.000. Al cierre de la jornada, el primer ministro Sébastien Lecornu informó más de 1.800 detenidos y 150 policías y gendarmes heridos. En Marsella, un grupo de manifestantes entró a la alcaldía y destrozó su interior. En Lyon ardió la oficina de turismo y en Limoges se incendió la sede municipal. Más de 3.000 comercios sufrieron daños o saqueos. Desde el lunes rigen toques de queda en sectores de París y Lyon, y para menores en Marsella, Burdeos, Lille y Niza. Es una medida excepcional para una democracia consolidada de Europa occidental, y la protesta ya cruzó los Alpes: Italia enviará 500 soldados a Milán tras los disturbios del fin de semana.</p><p>La comparación con la Argentina de 2001 tiene límites. Francia no atraviesa un default, no tiene corralito ni una moneda propia en caída libre. Pero la analogía sirve por otra razón. Aquel diciembre nos enseñó que un estallido no expresa un solo enojo, sino muchos que coinciden en el tiempo. La consigna “piquete y cacerola, la lucha es una sola” fue más una aspiración que una descripción. El ahorrista atrapado en el corralito y el desocupado del conurbano que cortaba rutas desde mediados de los noventa compartían la calle, pero no las causas ni las soluciones. El “que se vayan todos” unificaba el rechazo, no la demanda.</p><p>En Francia ocurre algo parecido. Marchan estudiantes secundarios y universitarios, sindicatos de trabajadores públicos, agricultores, jubilados, colectivos ecologistas y los chalecos amarillos, el movimiento que en 2018 puso en jaque a Emmanuel Macron por el precio del diésel. Todos comparten un malestar, pero nadie conduce el conjunto. Por eso, si se quiere entender la crisis y no solo describirla, el primer paso es desagregar el enojo.</p><p>Primer malestar: el costo de la vida</p><p>El reclamo que dio nombre a la jornada fue contra la vie chère, la vida cara.</p><p>Combustibles más caros, pérdida de poder adquisitivo y dificultad para cubrir los gastos corrientes son la base material del descontento. La secretaria general de la CGT, Sophie Binet, advirtió que los productos cotidianos se volvieron difíciles de pagar para una parte creciente de los trabajadores.</p><p>Este malestar choca con una restricción fiscal concreta. El gobierno debe aprobar un presupuesto de ajuste para contener el déficit y una deuda que inquieta a los mercados.</p><p>El martes, el diferencial entre los bonos franceses y alemanes a diez años superó el punto y medio, y Moody’s revisa el viernes la calificación del país. Los argentinos conocemos esa trampa. El ajuste que busca calmar a los acreedores profundiza el malestar social, y el malestar en la calle vuelve a asustar a los acreedores.</p><p>Segundo malestar: los jóvenes ante la puerta cerrada del empleo</p><p>Las protestas no empezaron con los chalecos amarillos, sino en los liceos. Faltan docentes, las aulas están saturadas y los edificios se deterioran. Detrás de ese reclamo hay algo más profundo.</p><p>Lo que está en juego no es solo un servicio público desfinanciado, sino la promesa republicana de que la escuela abre las puertas del trabajo. Según el instituto de estadística francés, en el segundo trimestre de 2026 el desempleo de los jóvenes de 15 a 24 años llegó al 21,6 %. Casi uno de cada cinco jóvenes activos no tiene trabajo, una tasa que más que duplica el 8,3 % general y que subió dos puntos y medio en un año. A eso se suma que el 13,3 % de los jóvenes de entre 15 y 29 años no trabaja, no estudia ni se capacita.</p><p>La exministra de Educación Najat Vallaud-Belkacem habló de un “estado de desesperanza” en la juventud. Cuando la promesa de la escuela falla, deja de ser un camino y pasa a simbolizar una frustración.</p><p>En la Argentina de 2001, muchos jóvenes de los barrios más castigados llevaban casi una década sin conocer el empleo formal. Esa generación sin horizonte aportó buena parte de la energía de la protesta, y también de su violencia.</p><p>Tercer malestar: los migrantes en los márgenes del mercado de trabajo</p><p>Hay un tercer componente que el debate francés suele tratar mal, o solo como amenaza. Los hijos y nietos de la inmigración magrebí y subsahariana, concentrados en las banlieues, enfrentan barreras de entrada al empleo que los estudios sobre discriminación en la contratación documentan desde hace dos décadas. Las revueltas de 2005 y de 2023 tuvieron allí su epicentro.</p><p>Ese malestar no es el del agricultor que protesta por el gasoil ni el del docente que reclama presupuesto, aunque hoy compartan calendario. Mezclarlos produce dos distorsiones simétricas. Una es la de Donald Trump, quien presentó a Francia como un país saqueado por migrantes, yihadistas y comunistas, y convirtió así un problema de integración laboral en una amenaza civilizatoria. La otra es la de quienes niegan que exista un problema específico de inserción y lo disuelven en el reclamo general. Ninguna de las dos ayuda a diseñar políticas.</p><p>Cuarto malestar: las ideologías que impugnan el orden</p><p>Por último, hay grupos para los que la protesta no es un medio para obtener una política pública, sino un fin: impugnar el orden social. Los black blocs que enfrentaron a la policía en la Plaza de la República y el centenar de encapuchados que atacó la sede del canal CNews antes de que empezara la marcha responden a otra lógica. También el detenido por el incendio de la alcaldía de Limoges, vinculado a la ultraizquierda, cuyo caso investiga la subdirección antiterrorista. No reclaman: rechazan. Sería un error ignorarlos. Sería un error más grave convertirlos en la explicación de todo.</p><p>La trampa de la criminalización</p><p>Aquí ayuda la investigación académica. Oscar Berglund, de la Universidad de Bristol, estudia la protesta disruptiva desde la teoría política. En un artículo publicado en la revista Politics, muestra que la protesta disruptiva gana legitimidad cuando puede presentarse como último recurso, una vez agotados los canales institucionales, y cuando hay coherencia entre sus medios y la sociedad que dice querer construir.</p><p>Berglund llama a esto “legitimidad prefigurativa”. Las asambleas barriales argentinas de 2002, las fábricas recuperadas y los clubes de trueque fueron, en ese sentido, prefiguración: más allá de su suerte posterior, dieron a la protesta un contenido propositivo que el saqueo nunca tuvo.</p><p>La contracara también está documentada. En un estudio sobre catorce países, Berglund y Tie Franco Brotto muestran que los Estados responden cada vez más a la protesta de cuatro maneras. Sancionan leyes antiprotesta, aplican figuras penales pensadas para el crimen organizado o el terrorismo, endurecen el accionar policial y, en los casos extremos, toleran asesinatos y desapariciones. Su conclusión es incómoda: al criminalizar a los manifestantes, el Estado los despolitiza y oculta que muchos de sus reclamos son atendibles.</p><p>Francia está hoy en esa encrucijada. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, habilitó granadas aturdidoras que estaban vedadas frente a las protestas estudiantiles. Una adolescente de 17 años perdió un ojo en Mulhouse; un joven de la misma edad perdió una mano por una granada en Saint-Étienne. Macron terminó admitiendo “fallas” en el operativo, Nuñez ofreció su renuncia y la Asamblea Nacional creó una comisión investigadora. Mientras tanto, el presidente del Senado, Gérard Larcher, sugirió que podía discutirse la prohibición de La Francia Insumisa. A seis meses de una elección presidencial que encabeza Marine Le Pen en las encuestas, la tentación de reducir los cuatro malestares a un problema de orden público es enorme y electoralmente rentable.</p><p>Gobernar el malestar</p><p>La lección argentina de 2001 no es que los estallidos derriban gobiernos. Eso ocurrió, pero no fue lo decisivo. La represión del 20 de diciembre dejó más de treinta muertos y no resolvió nada. La salida llegó, con un contexto externo favorable que ayudó mucho, cuando el Estado empezó a responder a cada malestar con un instrumento propio. Para los desocupados hubo transferencias como el Plan Jefes y Jefas de Hogar. Para los ahorristas, una salida del corralito, conflictiva e imperfecta. Para quienes nunca habían tenido trabajo, la reactivación del empleo. Fue una reconstrucción lenta de capacidades estatales.</p><p>Francia tiene un Estado mucho más robusto que el argentino de entonces. Su riesgo no es el colapso institucional, sino tratar con una sola herramienta, la policial, problemas que exigen al menos cuatro respuestas distintas. El costo de vida pide política de ingresos. Los jóvenes necesitan inversión educativa y puertas de entrada al empleo. Los migrantes, un combate efectivo contra la discriminación laboral. Y quienes impugnan el orden, la ley, aplicada con proporcionalidad y sin extender la sospecha a todos los demás.</p><p>El enojo social es una señal, no un diagnóstico. Leerlo como un todo indiferenciado es la forma más rápida de equivocarse. En diciembre de 2001 lo aprendimos a un precio muy alto. Ojalá París no tenga que pagar uno parecido.</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/W4bkTVz1dGpTJ-w5O6p3y0Tq9Aw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/disturbios_en_francia.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Quien vivió en Buenos Aires los días 19 y 20 de diciembre de 2001 reconoce algo familiar en las imágenes que llegan de Francia. Las cacerolas sonaron...]]>
                </summary>
                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-10-21T19:52:24+00:00</updated>
                <published>2026-10-21T19:52:12+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Ya no viajamos igual: cómo cambió la forma de descansar
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/opinion/ya-no-viajamos-igual-como-cambio-la-forma-de-descansar" type="text/html" title="Ya no viajamos igual: cómo cambió la forma de descansar" />
        <id>https://www.eleco.com.ar/opinion/ya-no-viajamos-igual-como-cambio-la-forma-de-descansar</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Mauro Rial]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/ya-no-viajamos-igual-como-cambio-la-forma-de-descansar">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/T-JhIK7oxZ9bGOMYvpc9Pk3L_5E=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/01/aeropuerto_de_ezeiza.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El turismo atraviesa un cambio más profundo de lo que muestran las estadísticas. No pasa solamente por la ocupación hotelera o la cantidad de pasajeros, sino por algo mucho más difícil de medir: la manera en que las personas deciden viajar y el lugar que el descanso ocupa en sus vidas.</p><p>Hace algunos años, las vacaciones estaban asociadas a la idea de “desconectar” durante quince días. Hoy ese esquema cambió hacia un descanso más fragmentado, corto y estratégico. El viajero actual compara precios, espera promociones, reserva sobre la fecha y busca que cada salida justifique el tiempo y el dinero invertidos. Esta realidad moldea a un consumidor más racional, informado y exigente. Ya no alcanza con ofrecer un buen alojamiento; las personas buscan propuestas que les permitan recuperar energía a través de experiencias memorables, incluso en estadías breves.</p><p>De hecho, el turismo actual parece definido por una búsqueda profunda de bienestar emocional y desconexión tecnológica. Según el informe Tendencias de Viajes 2026, viajar se consolidado como una necesidad vinculada a la salud mental: el 97% de las personas afirma que utiliza los viajes para recargarse emocionalmente, mientras que uno de cada dos viajeros a nivel global prioriza las experiencias únicas por encima de los bienes materiales.</p><p>Esta demanda responde a un “cansancio digital”: el 87% de los viajeros reconoce que extraña una vida más simple, y el 64,5% admite sentirse saturado por la presión de las redes sociales y las notificaciones. En un contexto marcado por la hiperconectividad, el viaje dejó de ser una simple pausa para convertirse en una herramienta de salud física y emocional. El bienestar, por lo tanto, ya no es un lujo, sino una expectativa básica del viajero contemporáneo.</p><p>Esta transformación también llegó al ámbito corporativo. Los viajes de negocios ya no se limitan a cumplir una agenda laboral; ahora es frecuente combinar reuniones con momentos de ocio o extender la estadía, ya sea solo con amigos o con la familia. Esta tendencia que hemos denominado de “bleisure” (business + leisure) avanza también por la consolidación del trabajo remoto y es una opción que el 58,5% de las personas considera atractiva. Esta realidad obliga a la hotelería a adaptar sus servicios, ya que los huéspedes esperan mantener intacto su estilo de vida: espacios adecuados para trabajar y conectividad eficiente, junto con opciones para sostener rutinas de ejercicio y alimentación saludable.</p><p>Por otra parte, la tecnología modificó las expectativas: el viajero espera resolver todo desde el celular, obtener respuestas rápidas y acceder a propuestas personalizadas. La inmediatez y la simplicidad ya no son ventajas competitivas, sino requisitos básicos. En este escenario, los programas de fidelización adquieren una nueva dimensión: ya no buscan únicamente ofrecer descuentos, sino acompañar toda la experiencia del viaje.</p><p>La hotelería del futuro, entonces, ya no pasa solamente por vender habitaciones. Implica comprender las prioridades de un viajero que, pese a cuidar su presupuesto, sigue priorizando la calidad, la autenticidad y el bienestar. Significa entender que las personas no buscan un sitio donde dormir, sino espacios que les permitan vivir mejor, aunque sea por unos pocos días.</p><p>El autor es Chief Operating Officer Accor North &amp; Hispanic Americas</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/T-JhIK7oxZ9bGOMYvpc9Pk3L_5E=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/01/aeropuerto_de_ezeiza.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El turismo atraviesa un cambio más profundo de lo que muestran las estadísticas. No pasa solamente por la ocupación hotelera o la cantidad de pasajero...]]>
                </summary>
                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-10-21T19:48:56+00:00</updated>
                <published>2026-10-21T19:48:35+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            El pan, un alimento que aprendió a transformarse
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/opinion/el-pan-un-alimento-que-aprendio-a-transformarse" type="text/html" title="El pan, un alimento que aprendió a transformarse" />
        <id>https://www.eleco.com.ar/opinion/el-pan-un-alimento-que-aprendio-a-transformarse</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Melina Kalmanovich]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/el-pan-un-alimento-que-aprendio-a-transformarse">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/RAn6A2xL9YcgWLtmvDYLjfXEFO0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/04/pan.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay alimentos que forman parte de nuestra vida cotidiana de una manera tan natural que pocas veces nos detenemos a pensar en todo lo que hay detrás de ellos. El pan es, quizás, uno de los mejores ejemplos. Está presente en distintas culturas, en diferentes momentos del día y en mesas muy diversas. Y, aunque hoy podamos encontrarlo en innumerables formas y variedades, su historia comenzó hace miles de años.</p><p>Desde entonces, el pan no dejó de cambiar. Cambiaron los cereales, las recetas, las técnicas de elaboración y también las maneras de producirlo y consumirlo. Pero hay algo que permaneció: su capacidad de convertir un recurso básico en un alimento versátil y accesible.</p><p>Como nutricionista, creo que esa capacidad de adaptación es especialmente interesante cuando pensamos en el presente. Porque la alimentación también cambió y, con ella, nuestras necesidades y los desafíos nutricionales que tenemos por delante.</p><p>En este contexto, los alimentos que ya forman parte de nuestros hábitos cotidianos pueden tener un rol importante. Los panes integrales o elaborados con granos enteros, por ejemplo, como fuente de fibra, mientras que aquellos elaborados con harinas enriquecidas o fortificadas contribuyen al aporte de nutrientes como hierro, ácido fólico y vitaminas del grupo B.</p><p>Esto no demuestra que exista un único pan ideal ni que un alimento, por sí solo, pueda resolver las necesidades nutricionales de una persona. Significa, en cambio, que tenemos una oportunidad: aprovechar alimentos habituales para mejorar la calidad nutricional de nuestra alimentación cotidiana.</p><p>La evolución del pan también habla de la evolución de la tecnología y del conocimiento. Hoy contamos con nuevas variedades de trigo, mejores procesos de fermentación y herramientas que permiten trabajar sobre las características nutricionales de los productos. La innovación, en este sentido, no necesariamente implica dejar atrás lo conocido. Muchas veces significa tomar algo que ya funciona y encontrar nuevas formas de hacerlo mejor.</p><p>En Argentina, además, hablar de pan es hablar de trigo y de una cadena productiva que conecta las semillas con el campo, los molinos, la industria y las panaderías. La investigación sobre nuevas variedades de trigo y la incorporación de tecnología a lo largo de esa cadena muestran que la transformación de este alimento continúa.</p><p>Después de más de 14.000 años, entonces, quizás la principal lección que nos deja la historia del pan es que su vigencia no está en haber permanecido igual. Todo lo contrario: sobrevivió y se mantuvo presente porque supo transformarse.</p><p>Y esa capacidad de adaptación sigue siendo relevante hoy. En un contexto en el que buscamos alimentos que, además de ser parte de nuestras costumbres, puedan acompañar una alimentación nutricionalmente adecuada, el desafío está en innovar sin perder de vista aquello que hizo del pan un alimento tan universal: su accesibilidad, su versatilidad y su lugar en la vida cotidiana.</p><p>El pan cambió de forma, de cereal y de tecnología. Lo que no cambió fue su capacidad de convertir un recurso básico en alimento. Quizás su próxima transformación consista justamente en aprovechar todo lo que hoy sabemos para que ese alimento de todos los días también pueda contribuir cada vez más a nuestras necesidades nutricionales.</p><p>La autora es licenciada en Nutrición en colaboración con Grupo Bimbo (M.N. 10.994)</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/RAn6A2xL9YcgWLtmvDYLjfXEFO0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/04/pan.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Hay alimentos que forman parte de nuestra vida cotidiana de una manera tan natural que pocas veces nos detenemos a pensar en todo lo que hay detrás de...]]>
                </summary>
                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-10-21T19:36:25+00:00</updated>
                <published>2026-10-21T19:36:20+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            La incomodidad de no rendirse
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/opinion/la-incomodidad-de-no-rendirse" type="text/html" title="La incomodidad de no rendirse" />
        <id>https://www.eleco.com.ar/opinion/la-incomodidad-de-no-rendirse</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Martiniano Corbetta]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/la-incomodidad-de-no-rendirse">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/UOdK18CciwJMirmsVnhMqqpd_AU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/messi_4.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay algo que aprendí mirando la historia de Messi: no alcanza con tener talento. Hay que aprender a convivir con aquello que nos duele, nos frustra y nos pone a prueba. Y, con el tiempo, descubrir que eso mismo puede convertirse en nuestra mayor fortaleza.</p><p>No soportar la incomodidad nos estanca. Soportarla nos permite mantenernos. Aprender a convivir con ella nos ayuda a seguir. Abrazarla nos hace crecer. Buscarla nos acerca a la excelencia. Y llegar a amarla nos transforma.</p><p>Messi recorrió ese camino.</p><p>Primero, soportó. Siendo apenas un chico de Rosario, tuvo que afrontar un tratamiento por un problema de crecimiento y dejar su tierra para perseguir un sueño en Barcelona. Él y su familia aceptaron la incertidumbre de empezar de nuevo, sin garantías de que todo saldría bien.</p><p>Después, aprendió a convivir. Llegaron los goles y los títulos, pero también las críticas, las exigencias y la presión de representar a un país. Porque incluso cuando parece que tenés todo, hay batallas que se libran puertas adentro.</p><p>Más tarde, abrazó la incomodidad. Las finales perdidas con la Selección y la frustración de no poder darle una alegría a la Argentina lo llevaron al límite. En 2016 anunció que dejaba la Selección. Sin embargo, volvió. Todavía había un sueño que merecía otra oportunidad.</p><p>Entonces siguió buscando. Llegaron la Copa América de 2021 y el Mundial de 2022. Detrás de aquellas imágenes inolvidables había años de derrotas, dudas, trabajo y perseverancia.</p><p>Pero hay una escena que resume todo lo que Messi representa y que ocurrió en el partido final de su carrera con la Selección.</p><p>En un momento del encuentro, le dieron un pase cerca de la línea lateral. La jugada parecía intrascendente. No había un gol en juego ni una ocasión clara de peligro. La pelota se iba hacia el córner y, para cualquier jugador, dejarla salir habría sido lo más lógico: simplemente habría sido un saque de arco para el rival.</p><p>Sin embargo, Messi arrancó.</p><p>Con 39 años, en el día de su despedida, realizó un pique de unos treinta metros para evitar que la pelota se fuera. Fue un esfuerzo notable para una acción que, en apariencia, no cambiaba nada. Una corrida digna de un jugador que recién empieza y necesita mostrarse, de alguien que tiene que ganarse un lugar y demostrar que está dispuesto a darlo todo.</p><p>Pero era Messi.</p><p>Era el día en que todos queríamos homenajearlo, cuidarlo y verlo disfrutar de su despedida. Y aun así, él eligió exigirse una vez más. No se permitió regalar una pelota. No pensó que, por su trayectoria, podía reservarse. No actuó como alguien que ya había hecho suficiente.</p><p>Dio el ejemplo hasta el último minuto.</p><p>Esa corrida no aparece en las estadísticas. No define una final. No se convirtió en una imagen tan recordada como sus goles o sus trofeos. Pero dice mucho de su grandeza: incluso cuando todos queríamos mimarlo, él siguió comportándose como el jugador que todavía tenía algo para demostrar.</p><p>Y quizás ahí esté una de las formas más profundas de entender la excelencia. No consiste solamente en aparecer en los momentos decisivos. También consiste en correr cuando nadie te lo exige, en esforzarte por una pelota que parece perdida y en hacer bien una tarea pequeña, incluso cuando el mundo ya decidió que hiciste suficiente.</p><p>Y quizás la lección más importante llegue al final: saber cuándo dar un paso al costado, dejar espacio y permitir que otros continúen el camino. Porque el verdadero legado no es conseguir que todo dependa de nosotros, sino ayudar a que otros también puedan crecer.</p><p>Por eso, si hoy estamos atravesando un momento difícil, acordémonos de esto.</p><p>Tal vez estemos soportando una situación que no elegimos. Quizás estemos cansados de convivir con una dificultad que parece no terminar nunca. Puede que hayamos perdido una oportunidad, un trabajo o un sueño que todavía nos cuesta soltar.</p><p>No voy a decir que todo va a salir bien. Nadie puede garantizarlo.</p><p>Pero que hoy estemos lejos de donde soñamos llegar no significa que nuestro camino no tenga sentido.</p><p>No midamos nuestra vida solamente por los resultados. Midámosla también por lo que aprendemos, por la persona en la que nos convertimos y por todo lo que somos capaces de dar, incluso cuando nadie está mirando.</p><p>La luz no siempre aparece cuando llegamos a la meta. A veces aparece mucho antes, cuando descubrimos que, a pesar de todo, todavía tenemos fuerzas para dar un paso más.</p><p>Sigamos. Aunque cueste. Aunque duela. Aunque todavía no veamos la luz.</p><p>Porque quizás la victoria más importante no sea ganar una final, sino descubrir en quiénes nos convertimos mientras luchamos por llegar.</p><p>Y eso, nadie nos lo puede quitar.</p><p>* El autor es concejal Acción Tandilense -La Libertad Avanza</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/UOdK18CciwJMirmsVnhMqqpd_AU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/messi_4.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Hay algo que aprendí mirando la historia de Messi: no alcanza con tener talento. Hay que aprender a convivir con aquello que nos duele, nos frustra y...]]>
                </summary>
                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-10-18T13:26:02+00:00</updated>
                <published>2026-10-18T13:26:01+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            En honor a la memoria
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/opinion/en-honor-a-la-memoria" type="text/html" title="En honor a la memoria" />
        <id>https://www.eleco.com.ar/opinion/en-honor-a-la-memoria</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[El Eco de Tandil]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/en-honor-a-la-memoria">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/XBPtK6ImlskWMLznA0pMj878NA4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2017/03/dispensario-27-3-2017-41.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Amalia Cereseto</p><p>Días pasados pasé por el exDispensario de Vías Respiratorias (España y Alberdi) y observé que bajo una gran red tipo media sombra se veían dos gigantografías, que como solo estaban pintadas sus respectivos&nbsp; cabellos, solo pude distinguir que se trataba de un hombre y una mujer… Me informé que pertenecían respectivamente al primer médico sanitarista y a la primera médica mujer de Argentina.</p><p>Debo reconocer que estas personas tienen sus méritos, pero me generó cierto resquemor esta actitud de “endiosar” a personas… Por tal motivo, decidí averiguar bien cómo había sido la creación del Dispensario. Averigüé la fecha exacta de su fundación, en abril de 1943, así que con ese dato me fui a leer el diario El Eco y el diario Nueva Era de esos días (que existen perfectamente guardados), donde un artículo en primera plana de ambos diarios describía cómo se había llegado a concretar esta obra.</p><p>Resumiendo: esta obra se concretó gracias a un grupo de médicos de esa época que estaban sumamente preocupados por la epidemia de tuberculosis que existía y si bien funcionaba en otro inmueble de calle Avellaneda, dada la gran cantidad de pacientes que se atendían, necesitaban otro lugar para recibir a más de 100.000 personas que acudían desde ciudades de alrededor como Ayacucho, Juárez Mar del Plata, Necochea y hasta de Buenos Aires.&nbsp;&nbsp;</p><p>“El Comité Tandil de la Cruz Roja Argentina estuvo más de dos años&nbsp;&nbsp; trabajando para esta obra”; “Toda esta obra ha sido posible casi exclusivamente por el pueblo de Tandil, quien desde el primer momento de su fundación contribuyó con sus aportes en colectas, como asociados, como partícipe de las fiestas de beneficencia de nuestra Comisión de Damas”.</p><p>Justamente se especificaba en ese artículo, con mucho pesar, que pese a la necesidad imperiosa de solucionar este flagelo, no habían recibido el aporte que les habían prometido ni de la Provincia, ni de la Nación…</p><p>El señor que hoy adorna el frente del Dispensario, Ramón Carrillo, era justamente ministro de Salud de ese entonces…</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/XBPtK6ImlskWMLznA0pMj878NA4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2017/03/dispensario-27-3-2017-41.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Amalia CeresetoDías pasados pasé por el exDispensario de Vías Respiratorias (España y Alberdi) y observé que bajo una gran red tipo media sombra s...]]>
                </summary>
                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-10-16T12:01:42+00:00</updated>
                <published>2026-10-16T01:02:57+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            La inseguridad no se combate con promedios
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/opinion/la-inseguridad-no-se-combate-con-promedios" type="text/html" title="La inseguridad no se combate con promedios" />
        <id>https://www.eleco.com.ar/opinion/la-inseguridad-no-se-combate-con-promedios</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Diego Valenzuela]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/la-inseguridad-no-se-combate-con-promedios">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/JDiyZCKnb5JuLgg2JswvRNXFc6Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2020/08/075fe8c3-patrullero.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Los promedios provinciales pueden servir para observar una tendencia, pero resultan insuficientes para decidir dónde actuar.</p><p>Una baja general del delito no resuelve la situación de un barrio donde los vecinos siguen sufriendo robos y violencia todos los días. Cuando el promedio se utiliza para evitar esa realidad, deja de ser una herramienta de gestión y se convierte en una excusa.</p><p>Los datos del Sistema Nacional de Información Criminal de 2025 muestran dónde se concentra el problema. En los 24 municipios del conurbano bonaerense se registra el 77% de las víctimas de homicidios dolosos, el 71% de los robos totales, el 75% de los robos agravados por lesiones o muertes y el 85% de las tentativas de robo agravado por lesiones o muertes. Son cifras que deberían orientar el despliegue policial, la investigación criminal y las prioridades del gobierno provincial.</p><p>Hablar solamente de promedios frente a semejante concentración es esconder una realidad que sufren millones de vecinos. Hay que reconocer el problema, localizarlo y tomar decisiones en consecuencia. La seguridad exige trabajar con el mapa del delito: identificar barrios, corredores, horarios y modalidades, y poner los recursos donde más se necesitan.</p><p>Tampoco alcanza con considerar al conurbano como un territorio uniforme. No es lo mismo La Matanza que San Miguel. Las diferencias entre municipios son importantes y, dentro de cada distrito, también existen zonas con situaciones muy distintas. Un despliegue que ignore esas diferencias difícilmente pueda dar una respuesta eficaz.</p><p>La Matanza permite entenderlo con claridad. Según el Censo 2022, reúne aproximadamente el 10,5% de la población bonaerense, pero en 2025 concentró el 19,2% de las víctimas de homicidios dolosos y el 14,7% de los robos totales. Su participación en homicidios supera en alrededor de un 80% su peso poblacional; en robos, en un 40%. Tiene aproximadamente uno de cada diez habitantes de la provincia, pero casi una de cada cinco víctimas de homicidio y uno de cada siete robos registrados.</p><p>Este ejercicio puede hacerse con cualquier municipio. Permite identificar dónde la participación en el delito supera el peso poblacional y profundizar después el análisis con tasas actualizadas y datos por barrio. Allí hay que trabajar más, con objetivos concretos y resultados que puedan evaluarse.</p><p>La seguridad vial muestra una distribución diferente. Los 24 partidos del conurbano concentran aproximadamente el 35% de las muertes por siniestros viales: el restante 65% corresponde a los otros 111 municipios. Esto exige una atención especial sobre rutas y corredores del interior. Cada problema tiene su propio mapa y necesita una estrategia específica.</p><p>Los municipios son aliados esenciales. Conocen el territorio, reciben los reclamos de los vecinos y gestionan cámaras, centros de monitoreo y sistemas de patrullaje. Esa información debe integrarse con la de la Policía provincial, las fuerzas federales y las fiscalías para identificar los puntos de mayor concentración delictiva y actuar sobre ellos.</p><p>La respuesta debe combinar presencia policial sostenida con investigación: mapas de calor, patrullaje focalizado, operativos de saturación donde correspondan y trabajo con la Justicia para reunir pruebas, obtener allanamientos y desarticular bandas. El objetivo debe ser que los responsables sean detenidos y respondan ante la ley. Desplazar el delito unas cuadras o de un municipio a otro no resuelve el problema.</p><p>El Gobierno nacional puede aportar fuerzas federales y capacidades de investigación. Los municipios pueden sumar conocimiento, tecnología y prevención. Pero la responsabilidad principal de conducir la seguridad bonaerense corresponde a la Provincia. El gobernador debe asumir ese liderazgo y coordinar el trabajo de los tres niveles de gobierno con la Justicia y las fiscalías.</p><p>Reconocer dónde se concentra la violencia es el primer paso para enfrentarla. Los datos deben servir para proteger a los vecinos, no para justificar la inacción. Gobernar la seguridad es asumir el problema y actuar con más intensidad donde más duele.</p><p>*Fuentes: Sistema Nacional de Información Criminal, Ministerio de Seguridad de la Nación, datos 2025; INDEC, Censo 2022. Robos totales incluye tentativas y modalidades agravadas. La comparación poblacional utiliza el Censo 2022 y registros delictivos de 2025.</p><p>*El autor de esta columna es senador de La Libertad Avanza, provincia de Buenos Aires</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/JDiyZCKnb5JuLgg2JswvRNXFc6Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2020/08/075fe8c3-patrullero.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Los promedios provinciales pueden servir para observar una tendencia, pero resultan insuficientes para decidir dónde actuar.Una baja general del delit...]]>
                </summary>
                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-10-15T17:25:40+00:00</updated>
                <published>2026-10-15T17:25:25+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            COP31: entre la urgencia climática y el abismo financiero
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/opinion/cop31-entre-la-urgencia-climatica-y-el-abismo-financiero" type="text/html" title="COP31: entre la urgencia climática y el abismo financiero" />
        <id>https://www.eleco.com.ar/opinion/cop31-entre-la-urgencia-climatica-y-el-abismo-financiero</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Claudia Moray]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/cop31-entre-la-urgencia-climatica-y-el-abismo-financiero">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BQh8SLy67AuvYrBdxhRyca4U7aY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/cop31.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Después de tres décadas de negociaciones climáticas, la cumbre de Antalya enfrentará una pregunta decisiva: si sabemos qué hay que hacer frente al cambio climático, ¿qué nos impide hacerlo?</p><p>Del 9 al 20 de noviembre de 2026, Antalya será el centro de la diplomacia climática mundial. Allí se celebrará la COP31, la trigésima primera Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.</p><p>La elección de Antalya es consecuencia de una negociación diplomática inédita. Turquía y Australia —cuya candidatura fue presentada en asociación con los países insulares del Pacífico— mantuvieron sus respectivas postulaciones. Como la decisión requería consenso dentro del Grupo de Europa Occidental y Otros Estados (WEOG), se alcanzó una fórmula singular: Turquía obtuvo la sede física y la Presidencia formal, mientras que Australia asumió la conducción de las negociaciones. Los pequeños Estados insulares del Pacífico, entre los más vulnerables al aumento del nivel del mar y a los impactos del cambio climático, tendrán también un protagonismo especial: la Pre-COP se realizará en una nación insular del Pacífico y su financiamiento climático ocupará un lugar prioritario en la agenda.</p><p>LO QUE ESTÁ EN JUEGO</p><p>Después de treinta conferencias climáticas y a más de diez años de la adopción del Acuerdo de París, uno de los grandes desafíos será mantener vivo el objetivo de limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 °C.</p><p>Lo que está en juego es la transición de las promesas climáticas a la implementación real y medible.</p><p>El mundo dispone de suficiente conocimiento científico, instrumentos jurídicos y experiencia acumulada para saber qué está ocurriendo y cuáles son muchas de las medidas necesarias para enfrentarlo. El gran problema está en otro lugar: la distancia entre los compromisos asumidos y su implementación efectiva. La propia Presidencia de la COP31 ha colocado esa cuestión en el centro de la conferencia. Antalya pretende ser la COP de la implementación: aquella capaz de comenzar a transformar compromisos climáticos en resultados concretos, medibles y verificables.</p><p>¿QUIÉN PAGA UNA TRANSICIÓN JUSTA?</p><p>Las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC), es decir, los compromisos climáticos asumidos por los países, deben pasar de las promesas a la acción. Y para hacerlo se necesitan recursos. La brecha de financiamiento climático es enorme: se necesitan entre 7,5 y 9 billones de dólares anuales, mientras que actualmente solo se movilizan alrededor de 1,9 billones. La Presidencia de la COP31 propone, por eso, que el financiamiento climático deje de considerarse simplemente un gasto y sea entendido como una inversión estratégica destinada a evitar pérdidas económicas y sociales futuras.</p><p>El desafío es también quién asume los costos de esa transformación. Los países en desarrollo dependen del financiamiento internacional, pero acceden al crédito en condiciones considerablemente más costosas que las economías desarrolladas. Financiar la transición exclusivamente mediante préstamos puede aumentar la deuda de los países más vulnerables. Por eso, el Sur Global y los pequeños Estados insulares reclaman mayor acceso a subsidios, financiamiento directo y transferencia tecnológica.</p><p>Al mismo tiempo, cerrar actividades intensivas en emisiones, reemplazar tecnologías y modificar matrices productivas tiene consecuencias sobre trabajadores, comunidades y territorios. Una transición justa exige capacitación, reconversión laboral, asistencia técnica, acceso a nuevas tecnologías, participación de las comunidades y recursos suficientes para que sus costos no recaigan sobre quienes poseen menor capacidad de afrontarlos. La pregunta no es solamente cuánto carbono somos capaces de reducir, sino cómo distribuimos los costos y los beneficios de esa transformación.</p><p>INICIATIVAS CONCRETAS PARA LA TRANSICIÓN</p><p>La COP31 impulsará iniciativas concretas en distintos frentes, entre ellas la electrificación global 35×35, el Antalya AI Pledge sobre inteligencia artificial y energía, y la Marine Litter Action Platform, destinada a conectar soluciones exitosas contra la basura marina con conocimiento, asistencia técnica y financiamiento para ampliar su alcance. Asimismo, propone reducir en un 50 % los residuos orgánicos que llegan a los vertederos mediante la separación en origen, la captura de biogás y la valorización energética, para disminuir las emisiones de metano generadas por su descomposición. También impulsa el mecanismo BRIDGE, para transformar las prioridades climáticas de los países en proyectos financiables, y SURFF, orientado a convertir las políticas climáticas nacionales en inversiones directas para ciudades resilientes.</p><p>Una de las iniciativas centrales es 35x35, que propone aumentar la participación de la electricidad en el consumo final mundial de energía hasta alcanzar el 35% en 2035. Electrificar el transporte, los edificios y la industria permitiría sustituir progresivamente el uso directo de combustibles fósiles, siempre que esa transformación vaya acompañada por una generación eléctrica cada vez más limpia.</p><p>La inteligencia artificial plantea un desafío diferente. Por un lado, la expansión de los centros de datos incrementa la demanda de electricidad y obliga a considerar su huella energética. El Antalya AI Pledge busca incorporar mayor transparencia sobre el consumo energético de la IA y promover el uso de fuentes de energía limpia. Pero la inteligencia artificial también puede ser parte de la solución, ya que puede contribuir a optimizar sistemas energéticos, mejorar procesos industriales y desarrollar tecnologías limpias.</p><p>LA ENCRUCIJADA DE AMÉRICA LATINA</p><p>La discusión climática no puede ignorar las asimetrías. Si bien la región posee enormes reservas de biodiversidad, agua, minerales y recursos energéticos, convive con profundas desigualdades sociales, urbanización precaria y una histórica dependencia de la explotación y exportación de recursos naturales.</p><p>Por eso, implementar políticas climáticas en nuestra región significa hablar de energía, pero también de bosques; de reducción de emisiones, pero también de acceso al agua; de inversiones, pero también de comunidades; de nuevas tecnologías, pero también de empleo.</p><p>La transición energética puede representar una oportunidad extraordinaria para América Latina. Pero también puede reproducir un modelo histórico ya conocido: extraer recursos naturales, exportarlos con escaso valor agregado y posteriormente importar las tecnologías desarrolladas a partir de esos mismos recursos.</p><p>Quizás el éxito de la COP31 no deba medirse por la espectacularidad de un gran acuerdo, sino por una transformación mucho menos espectacular y quizá más importante: conseguir que la palabra implementación deje finalmente de ser una promesa diplomática y empiece a convertirse en realidad.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BQh8SLy67AuvYrBdxhRyca4U7aY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/cop31.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Después de tres décadas de negociaciones climáticas, la cumbre de Antalya enfrentará una pregunta decisiva: si sabemos qué hay que hacer frente al cam...]]>
                </summary>
                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-10-15T17:17:30+00:00</updated>
                <published>2026-10-15T17:17:28+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            La innovación en salud no termina cuando se desarrolla un medicamento
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/opinion/la-innovacion-en-salud-no-termina-cuando-se-desarrolla-un-medicamento" type="text/html" title="La innovación en salud no termina cuando se desarrolla un medicamento" />
        <id>https://www.eleco.com.ar/opinion/la-innovacion-en-salud-no-termina-cuando-se-desarrolla-un-medicamento</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Gabriel Vinitzky]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/la-innovacion-en-salud-no-termina-cuando-se-desarrolla-un-medicamento">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BsruOXDAosLX-KnYnzdGiwWiYro=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2023/11/medicamentos.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cuando pensamos en un medicamento innovador, solemos hablar de investigación, desarrollo y avances científicos. Pero casi nadie se pregunta lo que sucede después: cómo se conserva, dónde se almacena y de qué manera llega hasta la persona que lo necesita. Sin embargo, de poco sirve contar con una terapia de última generación si no podemos garantizar que llegue a tiempo y en las condiciones adecuadas.</p><p>La logística de la salud cambió profundamente. Durante años, la principal expectativa era entregar un producto en tiempo y forma. Después se sumaron mayores exigencias documentales y de trazabilidad. Hoy, además, los laboratorios necesitan visibilidad prácticamente en tiempo real de cada etapa del proceso. Ya no se trata solamente de mover cajas: se trata de administrar temperatura, información y riesgos.</p><p>Hay un dato en las operaciones de las empresas que se encargan de la logística de los medicamentos que permite dimensionar este cambio. En este tipo de firmas, en general, los medicamentos complejos ocupan cerca del 20% del espacio de almacenamiento, pero representan aproximadamente el 50% de las operaciones de distribución. Es una diferencia significativa: el desafío ya no se mide únicamente en metros cuadrados o cantidad de unidades, sino en el nivel de especialización que exige cada entrega.</p><p>Los productos de alto valor y bajo volumen, muchos de ellos sensibles a variaciones de temperatura, requieren infraestructura específica, procedimientos sólidos y equipos preparados para responder ante imprevistos. Una demora, una falla de trazabilidad o una desviación térmica pueden comprometer la integridad de un medicamento. Y detrás de ese medicamento hay una persona que espera continuar su tratamiento.</p><p>La geografía argentina agrega otra dificultad. No demanda el mismo esfuerzo distribuir en Buenos Aires que llegar a localidades del norte o del sur del país. Pero esa diferencia no debería traducirse en estándares de servicio distintos para los pacientes. Federalizar el acceso también significa desarrollar capacidades operativas en las provincias, contar con personal capacitado y disponer de protocolos de contingencia previamente validados.</p><p>En este escenario, el operador logístico especializado tiene un papel que va mucho más allá del transporte. Participa en el diseño de soluciones, aporta conocimiento técnico, infraestructura, tecnología y capacidad de respuesta. No reemplaza a los laboratorios ni a los profesionales de la salud; forma parte de una cadena en la que cada eslabón resulta indispensable.</p><p>La tecnología es central para sostener esa responsabilidad. Los sistemas que administran lotes, vencimientos y trazabilidad, junto con la automatización de tareas como etiquetado, estuchado o verificación, permiten mejorar la productividad y reducir las posibilidades de error. También se están dando los primeros pasos en el uso de inteligencia artificial, con aplicaciones potenciales en planificación, pronóstico de demanda, optimización de rutas y detección temprana de desvíos. Son posibilidades que requieren desarrollo y evaluación: la tecnología debe fortalecer el criterio de los equipos, no sustituirlo.</p><p>La seguridad exige la misma lógica de prevención. Cuando se trabaja con productos de alto valor sanitario y económico, no alcanza con una única herramienta. Hacen falta controles complementarios: monitoreo de instalaciones y distribución, seguimiento satelital, rutas planificadas, alertas y procedimientos claros para actuar si algo se aparta de lo previsto.</p><p>Argentina cuenta con experiencia relevante en este campo. Tiene una industria farmacéutica desarrollada, profesionales especializados y un recorrido importante en trazabilidad de medicamentos. Al mismo tiempo, la evolución de las terapias y de las tecnologías obliga a revisar de manera permanente procesos y regulaciones. No hay margen para conformarse con lo que ya funciona.</p><p>Esa experiencia abre, además, una oportunidad regional. Haber aprendido a gestionar operaciones complejas en un territorio extenso es un conocimiento que puede exportarse. Para que Argentina se consolide como un centro regional de logística de salud todavía necesitamos mejorar infraestructura, simplificar determinados procesos y trabajar sobre costos y competitividad.</p><p>La discusión de fondo es qué lugar queremos darle a la logística dentro del sistema sanitario. Si la consideramos apenas el último tramo de una entrega, llegaremos tarde a los nuevos desafíos. Si la entendemos como parte integral del tratamiento, podremos acompañar mejor la innovación farmacéutica y contribuir a que sus beneficios lleguen a más pacientes, estén donde estén.</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BsruOXDAosLX-KnYnzdGiwWiYro=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2023/11/medicamentos.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Cuando pensamos en un medicamento innovador, solemos hablar de investigación, desarrollo y avances científicos. Pero casi nadie se pregunta lo que suc...]]>
                </summary>
                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-10-15T17:14:20+00:00</updated>
                <published>2026-10-15T17:14:18+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            El futuro será inteligente, pero inconsciente
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/opinion/el-futuro-sera-inteligente-pero-inconsciente" type="text/html" title="El futuro será inteligente, pero inconsciente" />
        <id>https://www.eleco.com.ar/opinion/el-futuro-sera-inteligente-pero-inconsciente</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Franco Russell]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/el-futuro-sera-inteligente-pero-inconsciente">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/p3jM6gXPJTDFsZgvrBvyN7mF7iA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/ia.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hace más de tres años se publicó el primer modelo de ChatGPT, y cambió nuestra forma de buscar información. Mientras para algunos usuarios la relación con la IA es superficial, para otros se volvió indispensable, adoptada con una confianza ciega que tiene un antecedente alarmante.</p><p>Hace pocos años, subir fotos a las redes parecía inofensivo. Hoy Meta enfrenta demandas en 29 estados de EE.UU. por ocultar el daño psicológico que Facebook e Instagram causaban en niños y adolescentes. En septiembre, la CNBC anunció un acuerdo de 17 mil millones de dólares en 10 años, que obliga a la red a sumar controles parentales y restricciones horarias para menores.</p><p>El caso de Meta debería servir como advertencia. Una ceguera similar puede repetirse con la IA. The Economist reveló que casi uno de cada cinco estadounidenses de 18 a 29 años dice tener una “amistad personal continua” con un chatbot, mientras China ya limita rasgos humanos en sus bots para frenar la dependencia emocional. Si a Facebook le llevó 22 años admitir que dañaba a los niños, ¿cuánto tardarán las empresas de IA en admitir su propio lado B?</p><p>La diferencia es que los efectos de la Inteligencia Artificial trascienden lo individual: prometen alterar de raíz el sistema financiero, educativo y productivo del mundo.</p><p>Dos dinámicas opacan ese riesgo: la carrera por la Inteligencia Artificial General entre laboratorios como OpenAI, Anthropic y xAI, y la disputa geopolítica entre Estados Unidos y China por usar estos modelos con fines militares. El usuario queda en segundo plano, mientras la ética se vuelve moneda de cambio entre gobiernos y laboratorios de frontera.</p><p>Conviene distinguir dos niveles de IA: la de uso público, que predice textos bajo límites éticos y legales, y los modelos internos de las big tech, mucho más potentes y libres de esas restricciones, usados para definir perfiles crediticios, precios dinámicos o vehículos autónomos.</p><p>Es innegable que estos sistemas ya superan la capacidad humana en matemática, programación o ajedrez. Pero ante tanta inteligencia, ¿qué conciencia la regula?</p><p>La inteligencia es la habilidad de perseguir objetivos y superar obstáculos. La conciencia, en cambio, es el componente que guía esa capacidad en el ser humano. Los modelos actuales la simulan de manera extraordinaria, pero carecen por completo de ella, un riesgo crítico a medida que los agentes autónomos se multiplican.</p><p>Tener conciencia implica poder sentir: afecto, placer, miedo o dolor. La prueba definitiva de la condición moral es la capacidad de sufrir. Al no poder padecer, los agentes de IA no son sujetos morales.</p><p>Y este dilema ya empieza a tomar forma concreta. En junio de 2026, el presidente Javier Milei escribió una nota en el Financial Times a favor de dar personería jurídica a empresas gestionadas íntegramente por IA. La propuesta abrió un debate con el historiador Yuval Noah Harari sobre los riesgos de otorgar estatus legal a entidades artificiales.</p><p>Se presenta como desregulación e innovación, pero el riesgo es enorme: una IA superinteligente con derechos podría desplazar a los humanos de la cima de la jerarquía social.</p><p>¿Cómo sancionar a una entidad que no puede sufrir? Un directivo tradicional está limitado por su reputación y el temor a quebrar. Una corporación autónoma, como advirtió Harari, podría operar sin esas ataduras, financiar campañas políticas y asegurar regulaciones a su favor, sin nadie que le discuta su estatus.</p><p>Este es el verdadero desafío de la próxima década. Cada salto tecnológico exige reflexión, pero el debate pierde sentido si llega a destiempo: mientras el mundo recién reacciona a las redes sociales, la IA avanza a ritmo sistémico, muy inteligente, pero sin conciencia. Antes de discutir si merece derechos, conviene pensar el impacto que ya tiene en nuestras comunidades.</p><p>Dar estatus legal a la IA podría ser el atajo para que OpenAI, Anthropic y xAI posterguen su rendición de cuentas, repitiendo los errores que el caso Meta dejó expuestos.</p><p>El autor es especialista en negocios y política y profesor de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/p3jM6gXPJTDFsZgvrBvyN7mF7iA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/ia.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Hace más de tres años se publicó el primer modelo de ChatGPT, y cambió nuestra forma de buscar información. Mientras para algunos usuarios la relación...]]>
                </summary>
                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-10-15T17:11:58+00:00</updated>
                <published>2026-10-15T17:11:55+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Apártate del camino de la Justicia
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/opinion/apartate-del-camino-de-la-justicia" type="text/html" title="Apártate del camino de la Justicia" />
        <id>https://www.eleco.com.ar/opinion/apartate-del-camino-de-la-justicia</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Alberto Rodríguez]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/apartate-del-camino-de-la-justicia">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cyskGcN-k0vS34XGdRICEJRcgsU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/06/instruyendo_corte_suprema.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Stanislaw Jerzy Lec hizo de la ironía una forma de interrogar las grandes palabras y a las instituciones que dicen representarlas. “Apártate del camino de la Justicia…”, escribió en sus Pensamientos despeinados. Prefiero detener la cita allí. La imagen de la Justicia con los ojos vendados simboliza imparcialidad. El problema comienza cuando esa venda deja de impedir las arbitrariedades y pasa a expresar la más absoluta insensibilidad.</p><p>En “Oración a la justicia", la exquisita María Elena Walsh, en forma de súplica le pide que se quite la venda, vea la realidad y actúe con imparcialidad y verdadera equidad frente a los abusos y las mentira.</p><p>Pensaba en ambos al leer el fallo de la Corte sobre la Ley de Tierras. El Tribunal revocó la sentencia que había declarado inconstitucional el artículo 154 del DNU 70/2023, mediante el cual el Ejecutivo derogó la Ley 26.737. Aclaró que no resolvía la constitucionalidad de esa derogación. Sostuvo que el Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas de La Plata carecía de legitimación para promover la acción. El expediente se cerró antes de llegar al fondo, pero las consecuencias de esa decisión llegaron mucho más lejos.</p><p>Calificados tratadistas como Gargarella, Clérico y Ferreyra entre otros, señalaron una contradicción difícil de eludir. La Corte afirma que no se pronuncia sobre la constitucionalidad del decreto, aunque su decisión permite que la derogación vuelva a producir efectos. La legitimación es una exigencia jurídica que debe examinarse. Pero su tratamiento no vuelve inocuo el resultado. Una respuesta procesal puede modificar la realidad sobre la que el tribunal evita pronunciarse. No decidir el fondo también puede ser una manera de decidir.</p><p>Párrafo aparte merece quienes quedaron afuera de la conversación. En este caso fueron excombatientes de Malvinas. Su experiencia no les concede automáticamente legitimación ni les asegura tener razón. Sin embargo, en una controversia sobre territorio, soberanía y adquisición de tierras por extranjeros, merecen ser tenidos en cuenta. Hay una diferencia entre determinar quién puede promover una acción y preguntarse qué conocimiento se pierde cuando ciertas voces quedan fuera de la discusión. La primera cuestión pertenece al derecho procesal. La segunda permite examinar la calidad del conocimiento sobre el que se construye una decisión. La divisoria tan proclamada en las aulas que forman abogados siempre resaltan el fondo y la forma. ¿La Justicia qué dice al respecto?</p><p>Ese es el aporte de la justicia epistémica. Miranda Fricker analiza cómo los prejuicios pueden reducir injustamente la credibilidad de una persona y cómo la falta de recursos compartidos para interpretar una experiencia dificulta hacerla comprensible. José Medina profundiza el examen de las posiciones de privilegio que alimentan la ignorancia y la resistencia a escuchar. La exclusión procesal de los excombatientes no demuestra, por sí sola, una injusticia epistémica. Obliga, sin embargo, a interrogar las condiciones bajo las cuales el tribunal reconoce saberes relevantes. La arrogancia epistémica consiste en creer que aquello que uno sabe basta para comprender lo que debe resolver.</p><p>Esta perspectiva añade un argumento a la crítica del control judicial contramayoritario. Waldron cuestiona la presunción de que los jueces ofrecen mejores respuestas a los desacuerdos sobre derechos. Gargarella propone revisar la distribución del poder y ampliar la deliberación entre quienes resultan afectados. La dimensión epistémica permite profundizar esa discusión. Escuchar otras experiencias puede revelar errores, hacer visibles aspectos ignorados y mejorar las razones de una decisión. Tener la última palabra es una atribución institucional. No garantiza haber comprendido mejor el problema.</p><p>El fallo presenta, además, una circunstancia que vuelve todo más incómodo. El DNU 70 llegó hace tiempo a la propia Corte en varias causas que discuten aspectos sustantivos de su constitucionalidad. Un decreto de necesidad y urgencia es un remedio excepcional, reservado para supuestos muy limitados. Su nombre debería bastar para exigir una respuesta oportuna. Sin embargo, está por cumplir tres años y sigue produciendo efectos mientras la Corte demora su decisión. Frente a la Ley de Tierras hubo, en cambio, una respuesta procesal con consecuencias inmediatas. Los tiempos judiciales también deciden. Mientras el tribunal espera, las normas transforman la realidad sobre la que algún día habrá de pronunciarse.</p><p>También el Parlamento está en deuda. Debe reformular la ley que reglamenta los DNU y exigir un pronunciamiento expreso en un plazo breve, vencido el cual, sin aprobación, el decreto pierda vigencia. La misma exigencia debe alcanzar a la Corte cuando se cuestiona su constitucionalidad. La excepcionalidad pierde sentido si el control puede aplazarse indefinidamente. Tenemos dos cámaras y cientos de legisladores, pero la sola firma del presidente, con el refrendo de sus ministros, puede alterar los asuntos más sensibles del país mientras quienes deben controlarlo dejan correr el tiempo. Una decisión de semejante alcance queda sometida a menos controles efectivos que un préstamo virtual. Y cientos de miles de deudores argentinos saben lo que ocurre cuando la necesidad y la urgencia obligan a aceptar condiciones que apenas pudieron examinar. En una democracia, la urgencia no puede convertirse en un recurso para eludir los controles. Porque las consecuencias de esa deuda institucional las paga toda la sociedad.</p><p>Si llegaste hasta aquí, no estamos pidiendo un aporte, simplemente buscá y completá la frase de Lec. A los jueces les han dado la última palabra. Pero en una sociedad plural y democrática, la razón se construye en el diálogo, con todas las voces. ¿Una utopía? Tal vez. Personalmente me quedo con aquella de Serrat, «incorregible, que no tiene bastante con lo posible».</p><p>&nbsp;* Abogado, Licenciado en Filosofía, Mediador, Especialista en Periodismo, Master en Derecho Penal; Profesor en la Universidad Nacional de Mar del Plata.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cyskGcN-k0vS34XGdRICEJRcgsU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/06/instruyendo_corte_suprema.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Stanislaw Jerzy Lec hizo de la ironía una forma de interrogar las grandes palabras y a las instituciones que dicen representarlas. “Apártate del camin...]]>
                </summary>
                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-10-05T17:11:00+00:00</updated>
                <published>2026-10-05T17:10:56+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Sin educación, el desarrollo es una ilusión
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/opinion/sin-educacion-el-desarrollo-es-una-ilusion" type="text/html" title="Sin educación, el desarrollo es una ilusión" />
        <id>https://www.eleco.com.ar/opinion/sin-educacion-el-desarrollo-es-una-ilusion</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[El Eco de Tandil]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/sin-educacion-el-desarrollo-es-una-ilusion">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7aozQL2gU4SDtQwXboZpaf1RADQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/abad.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Maximiliano Abad</p><p>Mañana, importantes representantes del mundo empresarial, político y sindical se darán cita en Mar del Plata para el Coloquio Anual de IDEA. Durante las jornadas se hablará, con justa razón, de competitividad, tipo de cambio, presión tributaria y costo logístico. Todo eso es ineludible. Sin embargo, corremos el riesgo de ignorar el factor que definirá nuestro lugar en el mundo: la calidad de nuestro sistema educativo.</p><p>Es una ilusión hablar de desarrollo productivo si omitimos que un país no compite con lo que dicen sus discursos, sino con lo que producen sus aulas. Y allí, en la Argentina, tenemos un problema fundamental.</p><p>Los números hablan por sí solos y son una bofetada. La semana pasada, la OCDE difundió los resultados de las pruebas PISA 2025: tuvimos nuestro peor desempeño en casi veinte años. Quedamos en el puesto 72 de 91 países. Pero el dato que verdaderamente hipoteca nuestro futuro es que ocho de cada diez chicos de 15 años no alcanzan el nivel mínimo en Matemáticas. Retrocedemos más rápido que el mundo.</p><p>En el plano nacional, las pruebas Aprender confirman la tragedia: apenas el 55% de los alumnos logra un nivel satisfactorio en esa disciplina. En la Provincia de Buenos Aires, que concentra el 40% de la matrícula del país, la desinversión y el deterioro son alarmantes. Tenemos un sistema que, tal como está diseñado hoy, reproduce la desigualdad de origen en lugar de combatirla.</p><p>Los especialistas coinciden en el diagnóstico. Guillermina Tiramonti nos advierte sobre la balcanización del sistema: no tenemos una educación nacional, sino 24 subsistemas provinciales que avanzan a ritmos desiguales y fragmentados. Por su parte, Florencia Salvarezza pone el foco en los cimientos: la tragedia empieza en los primeros años de la primaria, donde fallamos en lo más básico, que es la alfabetización. A esto, Santiago Bilinkis le suma la advertencia sobre el futuro: mientras el mundo del trabajo es arrasado por la inteligencia artificial y la automatización, nuestra escuela sigue preparando a los chicos para una fábrica del siglo XIX.</p><p>Si unimos la fragmentación, los cimientos rotos y el desfasaje tecnológico, la conclusión es una sola: ninguna reforma fiscal, ningún acuerdo comercial, ninguna inversión rinde sus frutos si detrás no hay capital humano para sostenerlo. El principal commodity de la Argentina en el siglo XXI no está bajo tierra, es la educación de su gente.</p><p>Por eso, hablar de una Revolución Educativa no puede ser un eslogan de campaña. Tiene que ser una política de Estado implacable: necesitamos alfabetización integral con objetivos medibles desde el primer grado, jornada escolar extendida real y una conexión directa entre la escuela y el mundo productivo.</p><p>No nos falta evidencia ni diagnósticos; nos falta el coraje político para ejecutar las soluciones con la misma firmeza con la que hoy se exige equilibrio fiscal. Es urgente convocar, sin especulaciones electorales y lejos de la grieta, a un gran Congreso Pedagógico Nacional que diseñe de una vez por todas la matriz educativa argentina del futuro.</p><p>Sarmiento decía que “todos los problemas son problemas de educación”. Si en el próximo Coloquio de IDEA queremos hablar en serio sobre cómo insertar a la Argentina en el mundo, el primer paso es asumir la realidad: para salir a competir afuera, primero tenemos que emanciparnos adentro del aula.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7aozQL2gU4SDtQwXboZpaf1RADQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/abad.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Por Maximiliano AbadMañana, importantes representantes del mundo empresarial, político y sindical se darán cita en Mar del Plata para el Coloquio Anua...]]>
                </summary>
                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-09-29T20:17:40+00:00</updated>
                <published>2026-09-29T20:14:30+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            IA en el trabajo: más comunicación y eficiencia, menos vínculos humanos
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/opinion/ia-en-el-trabajo-mas-comunicacion-y-eficiencia-menos-vinculos-humanos" type="text/html" title="IA en el trabajo: más comunicación y eficiencia, menos vínculos humanos" />
        <id>https://www.eleco.com.ar/opinion/ia-en-el-trabajo-mas-comunicacion-y-eficiencia-menos-vinculos-humanos</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Sandra Kogan]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/ia-en-el-trabajo-mas-comunicacion-y-eficiencia-menos-vinculos-humanos">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/rvQlypay023oQabL__0UKIGd6h0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/trabajo.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El último State of the Global Workplace 2026 de Gallup muestra que solo el 20% de los empleados a nivel mundial está comprometido con su trabajo. El 64% no está comprometido y el 16% está activamente desvinculado. Además, el compromiso cayó por segundo año consecutivo y alcanzó su nivel más bajo desde 2020.</p><p>Siguiendo con el mismo estudio, en Argentina el 25% de los empleados está comprometido con su trabajo, frente al 30% promedio de América Latina y el Caribe. En nuestro país solamente uno de cada cuatro trabajadores está comprometido con su trabajo. Esto nos obliga a preguntarnos qué está pasando con los vínculos, los liderazgos y la cultura dentro de las organizaciones y si la IA está influyendo y de qué modo.</p><p>La IA no está haciendo que dejemos de comunicarnos. De hecho, probablemente nunca escribimos tantos mensajes, informes, resúmenes y devoluciones como ahora. El problema es otro: podemos estar comunicándonos más y vinculándonos menos.</p><p>Hasta hace poco, cuando alguien tenía una duda, consultaba a un compañero. Cuando necesitaba ordenar una idea, buscaba a su líder. Cuando debía preparar una propuesta, discutía alternativas con el equipo. Hoy, muchas de esas conversaciones comienzan (y a veces terminan) frente a una IA.</p><p>Esto produce una paradoja: la tecnología mejora la circulación de información, pero puede debilitar la interdependencia entre las personas. Empiezan a aparecer algunos problemas: menos consultas espontáneas entre compañeros; menos conversaciones para pensar juntos; mensajes correctos y prolijos, pero difíciles de reconocer como auténticos; una mayor tendencia a resolver individualmente problemas que antes requerían colaboración; homogeneización de ideas, argumentos y formas de expresión; dudas sobre la autoría, el esfuerzo y el reconocimiento; líderes que utilizan IA para responder más rápido, pero que pueden terminar escuchando menos; y organizaciones que miden la productividad ganada, pero no las interacciones humanas perdidas.</p><p>Esto ya aparece en la evidencia. Tang y colaboradores estudiaron a 794 trabajadores de cuatro países y encontraron que una mayor interacción laboral con sistemas de IA podía aumentar la sensación de soledad. Es decir, la necesidad del otro no desaparece porque aparezca una herramienta más eficiente.</p><p>Otra investigación longitudinal encontró que la colaboración frecuente con IA generativa podía reducir la percepción de utilidad de las relaciones laborales y disminuir las conductas de ayuda.</p><p>Si la IA resuelve todo lo que antes le preguntábamos a un compañero, corremos el riesgo de empezar a sentir que ese compañero ya no es tan necesario. Y los vínculos suelen comenzar, justamente, cuando nos necesitamos.</p><p>La pregunta no debería ser solamente cuánto tiempo nos ahorra la IA. También deberíamos preguntarnos: ¿qué conversaciones dejamos de tener gracias a ese ahorro?</p><p>Poner la comunicación en acción</p><p>Comunicar no es transmitir información. Una organización puede tener canales, reuniones, newsletters, Slack, Teams, WhatsApp, tableros y una hermosa intranet que nadie visita jamás. Y aun así, comunicarse mal.</p><p>La comunicación se vuelve acción cuando modifica una decisión, un comportamiento o una relación. Si después de una reunión cada persona entiende algo diferente, hubo conversación, pero no necesariamente comunicación. Si un líder da feedback y nada cambia, hubo palabras, pero no aprendizaje.</p><p>Poner la comunicación en acción supone crear espacios donde las personas puedan: preguntar sin quedar expuestas; decir que no saben; hacer visibles sus interpretaciones; contrastar miradas; pedir ayuda; dar y recibir feedback; discutir sin romper el vínculo; y convertir acuerdos en comportamientos observables.</p><p>La tecnología puede ser una gran aliada. Una IA puede ayudarnos a preparar una conversación, ordenar información, traducir conceptos, detectar inconsistencias o facilitar la participación de personas que necesitan más tiempo para formular sus ideas. Pero también puede hacer lo contrario: puede transformarse en una sofisticada herramienta para evitar conversaciones. En experimentos sobre comunicación, la asistencia de IA produjo mensajes más positivos y aumentó la percepción de cercanía y cooperación. Pero cuando las personas creían que su interlocutor había utilizado IA, tendían a evaluarlo de manera más negativa. La IA puede mejorar las palabras sin garantizar la autenticidad del encuentro.</p><p>Dentro de la cultura organizacional, las herramientas nunca son neutrales. Cada tecnología premia ciertas conductas y vuelve menos necesarias otras. La cultura no cambia cuando se compra una licencia. Cambia cuando la tecnología modifica lo que las personas hacen, esperan y necesitan unas de otras.</p><p>El juego como vehículo para visibilizar los vínculos laborales</p><p>Partimos de una idea simple: los equipos no cambian porque alguien les explique cómo deberían comportarse.</p><p>Todos sabemos que es importante escuchar, confiar, colaborar y comunicarnos mejor. El problema aparece el lunes, cuando hay presión, información incompleta, prioridades cruzadas y tres áreas que creen tener razón. Ahí vuelve a aparecer el sistema real.</p><p>Una simulación a partir del juego es crear un pequeño laboratorio organizacional. Frente a una consigna, aparecen, en pocos minutos, los mismos patrones que muchas veces tardan meses en hacerse evidentes: quién toma el control; quién deja de participar; quién pregunta y quién supone; cómo circula la información; qué sucede cuando alguien se equivoca; cómo responde el equipo ante la incertidumbre; qué voces se escuchan; qué conversaciones se evitan; cuánta confianza existe realmente; o si el grupo compite internamente o construye una estrategia común.</p><p>Jugamos para hacer visible cómo trabajamos. La ventaja es que esos patrones aparecen en un escenario con menor riesgo. No estamos discutiendo directamente quién tuvo la culpa por el último proyecto. Estamos observando qué hicimos frente a un desafío compartido. Eso baja defensas y permite hablar de temas difíciles sin comenzar desde la acusación.</p><p>El aprendizaje aparece cuando el equipo puede mirar lo que hizo, ponerle palabras y conectarlo con su realidad. El debriefing transforma la experiencia en aprendizaje y el aprendizaje en compromisos concretos.</p><p>El juego también devuelve algo que las dinámicas digitales suelen reducir: el cuerpo, la mirada, el tono, el silencio, la coordinación y la presencia del otro. Obliga a salir de la respuesta individual y volver a construir con personas reales, bastante menos predecibles que un chatbot… por suerte.</p><p>Frente a la comunicación fragmentada, las simulaciones a través del juego hacen visible la interdependencia. Frente al hermetismo, habilitan una conversación indirecta que luego puede volverse directa. Frente a la falta de confianza, permiten atravesar una experiencia compartida donde cada persona puede observar cómo pide, ofrece y recibe ayuda.</p><p>La IA puede ayudarnos a encontrar respuestas. El desafío de los equipos sigue siendo aprender a construirlas juntos.</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/rvQlypay023oQabL__0UKIGd6h0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/trabajo.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El último State of the Global Workplace 2026 de Gallup muestra que solo el 20% de los empleados a nivel mundial está comprometido con su trabajo. El 6...]]>
                </summary>
                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-09-23T16:52:24+00:00</updated>
                <published>2026-09-23T16:52:22+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Cuando lo saludable era tamaño cassette
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/opinion/cuando-lo-saludable-era-tamano-cassette" type="text/html" title="Cuando lo saludable era tamaño cassette" />
        <id>https://www.eleco.com.ar/opinion/cuando-lo-saludable-era-tamano-cassette</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Erica Bianquet]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/cuando-lo-saludable-era-tamano-cassette">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/V7OQHRLVJuC5FBhZrjfufzw0sxo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/gondola_de_supermercado.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Me subí al trend de los 80. Me vi con esa estética que hoy vuelve a aparecer en las redes. Y mientras miraba la imagen pensé: si vamos a viajar al pasado, ¿por qué no mirar también qué pasaba con nuestra alimentación?</p><p>Los años 80, y después los 90, trajeron muchos cambios a la mesa. Empezaron a ganar espacio los productos diet y, más tarde, los light. La margarina escaló posiciones como una alternativa que parecía más saludable que la manteca y el salvado vivió su momento de gloria. Los edulcorantes, que ya existían desde mucho antes, empezaron a instalarse cada vez más en el consumo cotidiano. Después llegarían con más fuerza los cereales para el desayuno, los yogures descremados y las galletitas con fibra. De a poco, las góndolas se fueron llenando de productos que ya no se elegían solamente por gusto o practicidad: ahora también había una promesa de salud detrás.</p><p>Eran tiempos de cassette, de rebobinar con una birome y de dietas que casi tenían nombre y apellido según sus calorías: la de 1500, la de 1800. Esa mirada también llegaba a los consultorios. Algunas recomendaciones se incorporaban, otras se discutían. Como profesionales de la salud trabajamos con la evidencia disponible, que cambia con el tiempo.</p><p>Muchos de esos productos formaron parte de las recomendaciones de la época. Con los años, la ciencia avanzó y algunas miradas también cambiaron. Aprendimos que “light” no es sinónimo de saludable, que no todas las grasas son malas y que agregar fibra a un producto tampoco lo transforma automáticamente en una buena elección. Décadas después, las cuentas son otras: hablamos de gramos de proteína, carbohidratos, horas de ayuno o pasos por día. Pero ningún número, por sí solo, define una buena alimentación.</p><p>Algo parecido pasó con los alimentos. Algunos de aquellos siguen en nuestra mesa, otros perdieron protagonismo y muchos fueron reemplazados por nuevas estrellas.</p><p>Porque si algo no cambió desde los 80 hasta hoy es nuestra fascinación por los alimentos de moda. Cambian los envases y las promesas: “enriquecido con”, “fuente de”, “con fibra”, “con vitaminas”, “con probióticos”. Hoy tenemos góndolas enteras de productos “con proteína”, yogures y postres hiperproteicos, bebidas vegetales, cúrcuma en todas sus versiones, semillas de chía, kombucha o productos que hasta hace unos años casi nadie consumía.</p><p>No significa que sean malos ni que no puedan formar parte de una alimentación saludable. Pero que algo esté de moda o prometa beneficios no lo vuelve imprescindible. Mirar lo que comíamos en los 80 también ayuda a poner en perspectiva lo que hoy parece extraordinario. Por eso, con los alimentos de moda, prefiero esperar un poco antes de subirme al trend.</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/V7OQHRLVJuC5FBhZrjfufzw0sxo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/gondola_de_supermercado.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Me subí al trend de los 80. Me vi con esa estética que hoy vuelve a aparecer en las redes. Y mientras miraba la imagen pensé: si vamos a viajar al pas...]]>
                </summary>
                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-09-23T16:48:17+00:00</updated>
                <published>2026-09-23T16:48:13+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Inteligencia Artificial y Derecho Penal
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/opinion/inteligencia-artificial-y-derecho-penal" type="text/html" title="Inteligencia Artificial y Derecho Penal" />
        <id>https://www.eleco.com.ar/opinion/inteligencia-artificial-y-derecho-penal</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Hernán Kleiman]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/inteligencia-artificial-y-derecho-penal">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/zXGkVDGGhgtWYqm46RNQuWXLnF0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/derecho_penal_ia.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Aunque el avance exponencial de la Inteligencia Artificial en todos los ámbitos de la vida cotidiana se viene discutiendo desde hace ya algunos años, en las últimas semanas el tema volvió a ser protagonista de la agenda pública, dado que algunos de los principales referentes de las empresas desarrolladoras plantearon abiertamente su preocupación ante el creciente nivel de autonomía que están alcanzando estos sistemas.</p><p>En el ámbito del Derecho Penal, la cuestión genera un debate aún más delicado. Si bien existen múltiples aristas de discusión en torno a la implementación de sistemas basados en Inteligencia Artificial, la cuestión de fondo -y por ende la que más controversia genera- es si este tipo de programas pueden tomar decisiones de forma autónoma o, dicho de forma más simple, si en el futuro cercano estaremos frente a “jueces robots” que decidan sobre los aspectos más trascendentales en la vida de las personas, como su libertad, su patrimonio o sus relaciones familiares.</p><p>A la luz del vertiginoso avance de la Inteligencia Artificial en casi todos los ámbitos de la sociedad, para muchos este destino parece inevitable. A este ritmo, más temprano que tarde, los algoritmos tomarán las decisiones que hoy corresponden a los magistrados. De hecho, en algunos países ya se usan sistemas automatizados para evaluar de forma autónoma si una persona debe ir presa o no.</p><p>Esta problemática fue objeto de un profundo análisis en el marco del XXI Congreso Internacional de la Asociación Internacional de Derecho Penal (AIDP), que es la Asociación de Derecho Penal más antigua del mundo (fundada en 1924 como continuidad de la Unión Internacional de Derecho Penal, de 1889), celebrado en París en junio de 2024. En mi intervención como representante del Grupo Nacional Argentino, sostuve que en un Estado de derecho es inadmisible reemplazar el proceso de toma de decisiones de los jueces por sistemas de Inteligencia Artificial.</p><p>En primer lugar, por una cuestión ética y moral. La Inteligencia Artificial no aplica ningún criterio para resolver este tipo de problemas, decide únicamente de acuerdo a cómo fue programada. Los propios sistemas así lo reconocen. Al preguntarle a Gemini, de Google, sobre su capacidad para tomar decisiones éticas y morales, la respuesta fue contundente: “No, no estoy capacitado para tomar decisiones éticas o morales de forma autónoma. Como inteligencia artificial, carezco de conciencia, valores personales, emociones y libre albedrío. No puedo “sentir” el peso de una elección ni comprender la moralidad de la misma forma que un ser humano”. Tal como enseña el Profesor Luigi Ferrajoli, la aplicación de la ley siempre exige una valoración ético-moral, es decir, un razonamiento humano imposible para una máquina.</p><p>En segundo lugar, la teoría de la culpabilidad en el Derecho Penal indica que el juez debe tener en cuenta las circunstancias personales que llevaron a la persona a delinquir, y sobre esa base decidir si la persona debe ser castigada o no, y en su caso la magnitud del castigo. La culpabilidad debe surgir de un reproche personal al autor del hecho, basado en su capacidad de autodeterminación, lo cual exige un análisis individual específico de acuerdo a las propias características de esa persona, que jamás van a ser las mismas que las de otra. Ese examen debe incluir, además, ciertas expresiones o comunicaciones no verbales que son muy importantes, y que un sistema de Inteligencia Artificial no puede percibir.</p><p>Por último, hay un elemento que resulta absolutamente determinante. Los procesos de “razonamiento” de la Inteligencia Artificial responden a patrones previamente cargados y programados por un ser humano. De esta manera, estos sistemas reproducen e incluso amplifican los sesgos y preconceptos de sus programadores, por más esfuerzos que se hagan para prevenir esta circunstancia. Pese a ello, se busca hacer creer exactamente lo contrario, es decir, que los sistemas son totalmente objetivos, y que garantizan la igualdad ante la ley a la luz de una imparcialidad absoluta del sistema que va a juzgar.</p><p>La propia ley reconoce la posibilidad de que existan sesgos o preconceptos en los jueces humanos, por lo que prevé herramientas procesales como la recusación y la inhibición para asegurar las garantías de las partes. En cambio, como a los sistemas de Inteligencia Artificial se los considera infalibles, los involucrados se quedan sin remedios para litigar contra los prejuicios. Recusar a una máquina no es tarea sencilla. Pero, como vengo diciendo, el problema central radica en que esa máquina no es imparcial ni justa, porque la forma en que procesa la información y saca sus conclusiones fue previamente determinada por un humano. Programadores anónimos terminarían siendo jueces, con las evidentes violaciones constitucionales que eso implicaría.</p><p>Esto no significa rechazar el uso de la tecnología en la justicia penal. Muchos sistemas de Inteligencia Artificial son extremadamente útiles para agilizar y transparentar procesos históricamente engorrosos, tal como lo demuestran experiencias recientes en algunas jurisdicciones. Sin embargo, mi posición es que deben ser precisamente eso, herramientas auxiliares que faciliten el proceso de gestión y juzgamiento, pero jamás deben reemplazar a los jueces humanos en la toma de decisiones. La discusión vuelve a estar hoy más vigente que nunca.</p><p>* Hernán Kleiman es presidente del Grupo Argentino de la Asociación Internacional de Derecho Penal.</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/zXGkVDGGhgtWYqm46RNQuWXLnF0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/derecho_penal_ia.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Aunque el avance exponencial de la Inteligencia Artificial en todos los ámbitos de la vida cotidiana se viene discutiendo desde hace ya algunos años,...]]>
                </summary>
                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-09-22T18:46:44+00:00</updated>
                <published>2026-09-22T18:46:42+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Lautaro Llanos no murió “por el destino”, lo mató la insensibilidad
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/opinion/lautaro-llanos-no-murio-por-el-destino-lo-mato-la-insensibilidad" type="text/html" title="Lautaro Llanos no murió “por el destino”, lo mató la insensibilidad" />
        <id>https://www.eleco.com.ar/opinion/lautaro-llanos-no-murio-por-el-destino-lo-mato-la-insensibilidad</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Néstor Dipaola]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/lautaro-llanos-no-murio-por-el-destino-lo-mato-la-insensibilidad">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HyH5STOjyKRGAkqB9zWZp0qZRuM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/accidente_ruta_226.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Lautaro Llanos perdió la vida a los 31 años. Una muerte injusta y anunciada. La parca llamó a su puerta en el tramo céntrico de la ruta, a la altura de la calle Buenos Aires. Y es obvio, ¿cómo no se va a matar la gente en ese cruce? Es como circular por la avenida España, desde el número cero, de punta a punta y sin ningún semáforo. ¿Alguien se lo imagina? Bueno, es exactamente lo mismo.</p><p>Es un caso tan claro, que el Estado debiera responder por inacción, por incumplimiento de los deberes de funcionario público. &nbsp;Las muertes allí, se vienen sumando por decenas pero a nadie le importa. Y en el engendro llamado “redes sociales” pululan como moscas las oscuras golondrinas y las caras extrañas, “con su limosna de alivio a mi tormento”.&nbsp;</p><p>“Q.E.P.D.”, publican algunos. “Qué pena”, escriben otros. O sea, se lavan las manos, sin peticionar ante las autoridades. Pero hay peores. No son personas, son desperdicios humanos que se las ingenian para culpar al muerto. “Los motociclistas andan sin casco” o “se meten por cualquier parte”. Lo mismo ocurre cuando matan a una mujer en casos de atroces femicidios. “¡Cómo no se dio cuenta a tiempo…! Se buscan la muerte!”.&nbsp;</p><p>Y están también los “inyenieri”, que tan bien describía el humorista Juan Carlos Calabró en los setenta. Proponen “un puente elevado”, o que “la ruta debe quedar arriba y el tránsito urbano debajo”. Se dan el gustito amargo de aprovechar la muerte para gritarle al mundo que son unos “bochos”. Y aunque no son bochos, saben muy bien que ni antes ni ahora los gobiernos invertirán en estas obras multimillonarias. Por lo tanto, los muertos continuarán y se seguirán contando por decenas. Pero no les importa. No tienen alma ni corazón. Se sienten felices por haber escrito esas dos líneas por las cuales se creen genios que dicen “la justa”.&nbsp;</p><p>Treinta años atrás publicamos nuestros primeros artículos pidiendo semáforos, veredas y cordón cuneta en el tramo céntrico de la ruta 226, por ser la única obra factible en cuanto a los costos. Y de paso, eso serviría también para tener un Tandil unificado y no dividido de manera horrible, como actualmente acontece.&nbsp;</p><p>Este joven fallecido, era trabajador municipal del área de Vialidad. ¡Qué justo! En su juventud de laburo y de sueños, más de una vez habrá pensado que esa ruta no es tal. Que se trata de la avenida más peligrosa del mundo y habrá que intervenirla de manera urgente. Se nos responde que “el espacio pertenece a la Nación”.&nbsp;</p><p>Sin embargo, por todos los rincones del país hay semáforos en rutas provinciales y nacionales, desde hace muchísimos años. A esta altura, todos saben que es imposible e irrisorio esperar la respuesta del Gobierno nacional. No porque no haya plata, sino porque no les importa. La vida y la muerte son números, para ellos. &nbsp;Hagamos la obra nosotros, ¡YA! Si tenemos que poner un manguito &nbsp;por habitante durante unos cuantos meses, lo firmo en este instante. Y coloquemos semáforos entre el Campus Universitario y la Ruta 30. Urgente. Porque a Lautaro no lo mató el destino, lo mató la insensibilidad.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HyH5STOjyKRGAkqB9zWZp0qZRuM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/accidente_ruta_226.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Lautaro Llanos perdió la vida a los 31 años. Una muerte injusta y anunciada. La parca llamó a su puerta en el tramo céntrico de la ruta, a la altura d...]]>
                </summary>
                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-09-21T20:04:40+00:00</updated>
                <published>2026-09-21T00:22:36+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            El periodismo de cercanía como trinchera humana: calidad, confianza y un lazo más vigente que nunca
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/opinion/el-periodismo-de-cercania-como-trinchera-humana-calidad-confianza-y-un-lazo-mas-vigente-que-nunca" type="text/html" title="El periodismo de cercanía como trinchera humana: calidad, confianza y un lazo más vigente que nunca" />
        <id>https://www.eleco.com.ar/opinion/el-periodismo-de-cercania-como-trinchera-humana-calidad-confianza-y-un-lazo-mas-vigente-que-nunca</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[José Di Bartolo]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/el-periodismo-de-cercania-como-trinchera-humana-calidad-confianza-y-un-lazo-mas-vigente-que-nunca">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/wPgFTv7-ci0htXOfkirXEz1KYEk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/escrito.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Lidia tiene un Taller Literario que integran 10 personas, todos adultos mayores. Es un espacio de creación, a través de las palabras, de historias, vivencias, sentimientos y universos. Sobre la vida, sobre el amor, sobre la soledad, sobre la esperanza... Hace una década sostienen ese espacio, ese lugar que habitan y hacen propio.</p><p>En 2024 Lidia se contactó con El Eco de Tandil. Es el medio de la ciudad. El que está desde 1882. El que todos conocen. Al que llaman a diario para preguntar cosas variadas que hacen al quehacer cotidiano de la comunidad. Todos saben que estamos en Yrigoyen 560. Que si vienen al edificio, en Recepción serán atendidos siempre porque hay personas. Sí, personas reales. De esas que te devuelven una sonrisa luego de un ¡Buen día! o que te ayudan con el pedido que suelen hacer. Y luego de esa primera aproximación, están los periodistas que a diario informan sobre lo que pasa. Allí salen al encuentro, mucha veces con un papel y una lapicera, para tomar un pedido de nota, escuchar un reclamo vecinal o simplemente intercambiar un punto de vista.</p><p>En tiempos donde la Inteligencia Artificial parece estar atravesando fuertemente el modo de producción y distribución de la información y las noticias, el periodismo de cercanía se convirtió en una trinchera humana formidable.</p><p>Ese año, Lidia nos había pedido si podíamos publicar en las páginas del diario de papel los cuentos que habían realizado en el Taller. Los editamos para su presentación, buscamos un día donde podíamos dedicar dos páginas al tema, y lo hicimos. El agradecimiento fue infinito. A veces no nos damos cuenta, pero el valor simbólico que tiene para las personas verse reflejadas en los medios que son parte de su vida constituye un lazo indisoluble.</p><p>Este año, hace unos meses, el pedido se renovó: había más producción, más cuentos, más para compartir. Fue más complejo encontrar el espacio , pero lo pudimos hacer. En dos días diferentes, publicamos los cuentos del Taller que coordina Lidia. Y obvio, también lo hicimos en la web. ¿Cuál es el valor de un medio? ¿La ferocidad descarnada por venderse al mejor postor a cambio de un click o un diario más que se vende o la posibilidad de buscar un equilibrio entre la demanda de la industria y la vida de la comunidad? Prefiero pensar en la segunda, en ese lazo que está más vigente que nunca. La tecnología no nos alejó de audiencia, de los lectores, de la gente... al contrario, en tiempos de pantallas, de redes sociales, de IA, hay algo que late fuerte y es el periodismo de cercanía.</p><p>Luego de la publicación Lidia se acercó con una compañera del Taller. Me entregaron un escrito que vale más que un premio académico, periodístico o una entrevista lograda de esas que son difíciles. Decía: "La madre Teresa de Calcuta, símbolo de humildad y amor, dijo: "Yo soy el lápiz de Dios, un trozo de lápiz con el cual Él escribe aquello que quiere". Las integrantes del Taller ´Alas en Fantasía´, agradecen al Sr. José Di Bártolo por posibilitar que nuestras alas se posen en las páginas del diario El Eco de Tandil y los lectores descubran nuestro vuelo".</p><p>Se lo mostré orgulloso a mis hijos. Se lo compartí a mis afectos y mi familia. Ahora lo hago con todos con una profunda convicción: larga vida al periodismo, ese que tiene sentido social, ese que es humano, ese que no se vende, ese que tantas veces ha sido criticado, denostado, basureado... ese que es capaz de dar alegrías por su lazo con la comunidad, ese que es capaz de cubrir desde el evento político más trascendente de una ciudad hasta el acontecimiento social de un rincón de un barrio... ese que, como dijo el Papa Francisco, construye puentes con narrativas que inspiran y unen... &nbsp;no hay IA que pueda con eso. Esperemos que nunca la haya.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/wPgFTv7-ci0htXOfkirXEz1KYEk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/escrito.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Lidia tiene un Taller Literario que integran 10 personas, todos adultos mayores. Es un espacio de creación, a través de las palabras, de historias, vi...]]>
                </summary>
                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-09-16T20:15:51+00:00</updated>
                <published>2026-09-16T20:15:47+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Santamarina y un descenso que no es ni triste, ni solitario, ni final…
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/opinion/santamarina-y-un-descenso-que-no-es-ni-triste-ni-solitario-ni-final" type="text/html" title="Santamarina y un descenso que no es ni triste, ni solitario, ni final…" />
        <id>https://www.eleco.com.ar/opinion/santamarina-y-un-descenso-que-no-es-ni-triste-ni-solitario-ni-final</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Néstor Dipaola]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/santamarina-y-un-descenso-que-no-es-ni-triste-ni-solitario-ni-final">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cTMTCFiRYVXCX5CWPacfCQre_XA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/santamarina_costa_brava_12.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>(Por Néstor Dipaola)</p><p>&nbsp;</p><p>El escritor Osvaldo Soriano, como es sabido, residió en Tandil unos cuantos años, durante la última parte de su adolescencia y primera juventud. Muchos tuvimos el placer de tratarlo en alguna redacción lugareña. En mi caso, eso aconteció entre las mesas de las viejas Olivetti del vespertino Actividades. Era el Jefe de Deportes. Hacía poco que había emigrado de El Eco de Tandil, al diario de Don Pancho Vistalli. Yo por entonces, 1968, estaba en la escuela secundaria y me encontraba pagando un legítimo “derecho de piso” cubriendo para El Eco de Tandil, los domingos, los partidos que se disputaban fuera de la ciudad. Loma Negra, Vela o Gardey, por ejemplo. Soriano, parafraseando al coronel de García Márquez, no tenía quién le escriba. Al menos, sobre esos partidos de la Liga que se disputaban allá lejos… Y me llamaba a El Eco, cuando el teléfono funcionaba a través de una “operadora” para pedirme que ni bien terminase, vaya hasta la calle 9 de Julio para armar más o menos la misma crónica, “cambiando el copete y un poco la redacción general”, tal como él me sugería. Y yo a mis 17 años, el martes cobraba doble. Un tal Nelson Salcedo me pagaba en El Eco y el administrador Zubillaga, a quien le decían “Pirucho”, en Actividades.&nbsp; Pocos meses después, Soriano emigró a Buenos Aires y cinco años más tarde publicó su primera novela: “Triste, solitario y final”. Esta frase no es suya sino que había sido empleada por el escritor estadounidense Raymond Chandler en su novela “El largo adiós”. Osvaldo decidió homenajearlo utilizando esa partecita para titular su ópera prima, ambientada en el cine de Hollywood. El referido título ha sido replicado una y mil veces porque, obviamente, puede ser empleado como metáfora de muchísimas situaciones. Alguien me lo sugirió para este descenso de Santamarina que, tras la agonía, se confirmó ayer. Pero no me pareció apropiado. Ni triste, ni solitario, ni final. En las grandes novelas hay realidades, ficciones y sueños también.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>En el caso del Club Santamarina, en sus 113 años de vida, hay increíbles historias que cierran perfectamente para todo ello. Pero en este caso, y ya que decidí pararme en el costado del optimismo, voy por los sueños, tras haber perdido la categoría participando en un campeonato que es una engañifa, porque el ascenso está a años luz para la gran mayoría y porque el dinero que aporta la AFA es una miseria tan espantosa que inhibe a los clubes crecer en su vida local y social. Ahora se habla de participar de otro engendro desgastante, un tal “Promocional Amateur”. ¡No! ¿Para qué? ¿Con qué necesidad…? No sigamos desangrando al club institucionalmente. Será mucho más saludable descansar algunos años de estos torneos que no nos van a llevar a nada positivo, y sumemos ladrillos y bolsas de cemento para una confortable sede social en el predio “Centenario”. Con el tiempo habrá una tribuna en esas canchas rodeadas de un hermoso paisaje verde. Hacia ese lugar seguirá creciendo la ciudad y así, el club volverá a ser el orgullo que siempre ha sido.&nbsp; ¡Ah!, y lo que no es menor… Habrá un equipo aurinegro local, que será competitivo y logrará revivir emociones en los grandes clásicos frente a Ferro, allí en el exISER y en la avenida Del Valle. Por ello, lo ocurrido ayer no debe generar tristeza. No hay final de nada, sino todo lo contrario.&nbsp; Lo acontecido el domingo no deberá tomarse como una defunción, sino como un renacimiento. Que así sea.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cTMTCFiRYVXCX5CWPacfCQre_XA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/santamarina_costa_brava_12.webp" class="type:primaryImage" /></figure>(Por Néstor Dipaola)El escritor Osvaldo Soriano, como es sabido, residió en Tandil unos cuantos años, durante la última parte de su adolescencia y pri...]]>
                </summary>
                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-09-16T00:01:16+00:00</updated>
                <published>2026-09-15T04:14:25+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            La Argentina ingresa en una nueva etapa de su desarrollo minero
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/opinion/la-argentina-ingresa-en-una-nueva-etapa-de-su-desarrollo-minero" type="text/html" title="La Argentina ingresa en una nueva etapa de su desarrollo minero" />
        <id>https://www.eleco.com.ar/opinion/la-argentina-ingresa-en-una-nueva-etapa-de-su-desarrollo-minero</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[Darío Parlascino]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/la-argentina-ingresa-en-una-nueva-etapa-de-su-desarrollo-minero">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/egXRsmfDetb7JHAN6cN24DZHJjs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/mineria.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La puesta en marcha del RIGI, la ampliación de los proyectos de litio y el avance de grandes emprendimientos de cobre, oro y plata permiten anticipar un fuerte crecimiento de las exportaciones durante la próxima década. Pero hay una pregunta que todavía no ocupa el lugar suficiente en la agenda pública: ¿Por dónde, en qué condiciones y cómo se movilizarán, almacenarán y exportarán esos nuevos volúmenes de producción?</p><p>Para que un mineral llegue competitivamente a los mercados internacionales necesita caminos, ferrocarriles, centros de transferencia, depósitos, instalaciones de acondicionamiento, controles de calidad, trazabilidad, aduanas, seguridad ambiental y capacidad portuaria.</p><p>Si la Argentina promueve inversiones mineras por miles de millones de dólares, pero no desarrolla la infraestructura necesaria, corre el riesgo de encontrarse con un verdadero cuello de botella logístico.</p><p>El salto exportador que se aproxima</p><p>Entre los objetivos del RIGI se encuentra expresamente el desarrollo de las cadenas productivas locales asociadas a los proyectos y el incremento de las exportaciones argentinas. La normativa contempla sectores como minería, energía, infraestructura, siderurgia y petróleo y gas, con inversiones mínimas que, como regla general, parten de los USD 200 millones.</p><p>En junio de 2026, el Ministerio de Economía informó que existían 16 proyectos aprobados bajo el RIGI, por aproximadamente USD 29.892 millones, y otros 25 proyectos en evaluación. En conjunto, representaban un universo superior a los USD 140.000 millones y un potencial cercano a los 197.000 empleos directos e indirectos.</p><p>Estos proyectos muestran que la Argentina necesitará transportar más toneladas. Deberá manejar productos con características físicas, comerciales y ambientales diferentes.</p><p>La solución no consiste simplemente en construir grandes galpones. Se necesitan plataformas industriales diseñadas según el riesgo de cada sustancia, con habilitaciones ambientales, protocolos operativos y capacidad de respuesta ante emergencias. Nada mejor que un Parque Industrial Planificado.</p><p>Puertos rodeados por ciudades</p><p>Muchos puertos del litoral argentino se desarrollaron cuando las ciudades tenían una escala mucho menor. Con el crecimiento urbano, numerosos complejos portuarios quedaron rodeados por barrios, avenidas, actividades comerciales, áreas residenciales, y esta convivencia genera conflictos territoriales cada vez mayores.</p><p>Entiendo que los puertos deben preservar su superficie operativa para aquello que verdaderamente necesita estar junto al muelle: recepción y despacho de buques, carga, descarga y transferencia inmediata. Pero no resulta eficiente utilizar terrenos portuarios escasos y costosos como depósitos permanentes.</p><p>Tampoco es razonable acumular cargas potencialmente riesgosas dentro de áreas urbanas cuando pueden almacenarse y acondicionarse en zonas industriales planificadas, ubicadas a una distancia operativamente cercana, pero ambientalmente segura.</p><p>El parque industrial como antepuerto</p><p>Los parques industriales, próximos a los puertos, pueden funcionar como antepuertos o plataformas extraportuarias. Allí pueden instalarse depósitos de minerales y fertilizantes, centros de consolidación de cargas, playas de camiones, laboratorios, balanzas, servicios aduaneros, instalaciones de acondicionamiento, talleres, empresas transportistas y operadores logísticos.</p><p>De esta manera, el mineral podría permanecer en el parque hasta que exista una ventana cierta de embarque. Recién entonces sería trasladado al puerto mediante un sistema programado, reduciendo tiempos de permanencia, congestión y riesgos.</p><p>Una oportunidad para el norte bonaerense</p><p>El corredor norte de la provincia de Buenos Aires, conectado con la Ruta Nacional 9, la Hidrovía, el ferrocarril y los puertos sobre el Paraná, tiene condiciones especialmente favorables para desarrollar parques industriales y logísticos de nueva generación.</p><p>Localidades sobre el río Paraná como Ramallo-San Nicolás pueden ser estratégicas si ordenan anticipadamente su territorio, reservan superficies industriales, planifican accesos independientes de las áreas urbanas y genera las condiciones ambientales necesarias.</p><p>Para que la Argentina se desarrolle productivamente, requiere reducir costos logísticos, evitar conflictos urbanos, generar empleo calificado, atraer operadores internacionales y crear oportunidades para transportistas, talleres, laboratorios, empresas tecnológicas, firmas de seguridad, servicios ambientales y proveedores industriales.</p><p>Planificar antes de que lleguen las cargas</p><p>El crecimiento minero puede convertirse en una oportunidad para la Argentina, pero las inversiones productivas y las inversiones logísticas deben avanzar simultáneamente.</p><p>No podemos esperar a que los minerales lleguen masivamente a las rutas y a los puertos para comenzar a discutir dónde almacenarlos. Las decisiones territoriales requieren años: adquisición de tierras, rezonificación, estudios ambientales, obras hidráulicas, infraestructura energética, accesos viales y ferroviarios, habilitaciones y acuerdos entre diferentes jurisdicciones.</p><p>La Nación debe establecer una estrategia logística minera. Las provincias deben identificar corredores y nodos prioritarios. Los municipios cercanos a los puertos deben preservar suelo industrial y evitar que el crecimiento urbano siga encerrando las áreas operativas. El sector privado debe participar mediante inversiones, concesiones y modelos asociativos.</p><p>También debería crearse una mesa permanente integrada por autoridades mineras, portuarias, ambientales, aduaneras y de transporte, junto con provincias, municipios, empresas, puertos y parques industriales.</p><p>El desafío no es solamente exportar más. Es hacerlo con seguridad, competitividad, trazabilidad, responsabilidad ambiental y capacidad para agregar valor dentro del país.</p><p>La Argentina minera que viene necesitará puertos eficientes. Pero necesitará parques industriales planificados que respalden esos puertos, organicen los nuevos flujos de mercaderías y protejan a las ciudades.</p><p>Los países que comprendieron esta integración con anticipación construyeron complejos industriales y logísticos. Nuestro país todavía está a tiempo de hacerlo. Pero debe comenzar ahora.</p><p>El autor es presidente de la Red de Parques Industriales Argentinos y miembro de la Junta Directiva de la Unión Industrial de la Provincia de Buenos Aires&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/egXRsmfDetb7JHAN6cN24DZHJjs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/mineria.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La puesta en marcha del RIGI, la ampliación de los proyectos de litio y el avance de grandes emprendimientos de cobre, oro y plata permiten anticipar...]]>
                </summary>
                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-09-15T17:43:03+00:00</updated>
                <published>2026-09-15T03:42:00+00:00</published>
    </entry>
    </feed>