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    <title>El Eco de Tandil</title>
    <subtitle>Entrevistas exclusivas y contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Tandil.</subtitle>
    <updated>2026-08-19T21:17:22+00:00</updated>
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            La libertad frente al poder invisible
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                <![CDATA[El Eco de Tandil]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/la-libertad-frente-al-poder-invisible">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7LTBY7mGWkc082_TR91yGZQg2xQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/08/opinion.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;</p><p>Por Héctor Moisés Lebensohn, Director del diario Democracia de Junín</p><p>&nbsp;</p><p>En algún desfiladero, hace miles de años, un hombre levantó un garrote para imponer su voluntad. Era la forma más elemental del poder: la fuerza ejercida sobre otro.</p><p>Y otro hombre, nuestro antepasado remoto, se irguió sobre sus dos piernas y se resistió.</p><p>Quizás allí, en ese gesto mínimo y primitivo, haya comenzado una de las historias más largas de la humanidad: la lucha por la libertad.</p><p>Durante miles de años, el poder tuvo un rostro reconocible. Fue el del más fuerte, el del jefe de la tribu, el del rey, el del ejército, el del gobernante capaz de castigar a quien se resistiera. La fuerza era visible y también lo era quien la ejercía.</p><p>Pero la historia de la civilización puede leerse, en buena medida, como el largo esfuerzo por limitar esa capacidad de unos pocos para decidir sobre los demás.</p><p>El hombre tardó siglos en comprender que no alcanzaba con cambiar de gobernante. Había que limitar al poder mismo.</p><p>Así surgieron las instituciones que hoy consideramos naturales, pero que fueron conquistas extraordinarias: las constituciones, la división de poderes, los derechos individuales, la independencia de la Justicia, los Estados federales y las autonomías.</p><p>Un poder sanciona las leyes, otro las ejecuta y otro administra justicia. El gobernante deja de ser dueño del Estado y pasa a estar sometido, al menos en principio, a reglas que también lo limitan.</p><p>Detrás de esa arquitectura había una idea sencilla y profunda: cuando todo el poder se concentra en una sola mano, la libertad queda en peligro.</p><p>También la libertad de conciencia fue una conquista. Durante siglos, hombres y mujeres fueron perseguidos, encarcelados o ejecutados por pensar diferente. El derecho a opinar, creer, disentir y expresarse libremente no apareció de manera espontánea. Fue el resultado de una larga disputa contra quienes pretendían controlar no solamente los actos, sino también las ideas.</p><p>Y entonces apareció otra forma de limitar el poder: la opinión pública.</p><p>Los diarios, la radio y, más tarde, la televisión ampliaron el espacio en el que los ciudadanos podían conocer, discutir y cuestionar las decisiones de quienes gobernaban. Los partidos políticos, los sindicatos, las organizaciones sociales y las instituciones intermedias agregaron nuevas formas de participación.</p><p>El poder ya no debía responder solamente ante otro poder institucional. También debía responder ante una sociedad que podía observarlo, criticarlo y, finalmente, reemplazarlo.</p><p>La democracia es, por eso, mucho más que un mecanismo para elegir gobernantes. Es también una forma de distribuir, controlar y limitar el poder.</p>El poder cambió de lugar<p>El problema de nuestro tiempo es que la concentración del poder no desapareció.</p><p>Cambió de lugar.</p><p>Ya no necesariamente aparece como un hombre con un garrote, un rey sentado en un trono o un funcionario capaz de ordenar y castigar.</p><p>Puede encontrarse en estructuras mucho más complejas: grandes organizaciones económicas, medios de comunicación, plataformas digitales y sistemas capaces de reunir y procesar enormes cantidades de información.</p><p>Esto no significa que la tecnología sea, por sí misma, el nuevo poder. La tecnología es una herramienta. La cuestión vuelve a ser, como siempre, quién la controla, quién decide cómo utilizarla y qué capacidad de influencia adquiere quien concentra esos recursos.</p><p>Ahí aparece uno de los grandes cambios de nuestro tiempo.</p><p>Durante buena parte de la historia, el poder necesitaba conocer a las personas desde afuera. Hoy puede conocerlas a partir de la información que ellas mismas producen.</p><p>Cada búsqueda, cada compra, cada recorrido, cada lectura y cada interacción deja rastros. A partir de ellos pueden construirse perfiles cada vez más precisos sobre nuestros hábitos, intereses y comportamientos.</p><p>La paradoja es extraordinaria: nunca tuvimos tantas posibilidades para expresarnos y nunca produjimos tanta información sobre nosotros mismos.</p><p>Byung-Chul Han, en Infocracia. La digitalización y la crisis de la democracia, analiza esta transformación y señala que el control contemporáneo puede funcionar de una manera diferente a la del poder tradicional.</p><p>Ya no necesita necesariamente prohibir.</p><p>Puede orientar.</p>De la orden a la influencia<p>El poder tradicional decía: “hacé esto porque yo te lo ordeno”.</p><p>El poder contemporáneo puede ser mucho más sutil: puede intentar que hagamos algo creyendo que la decisión nació enteramente de nosotros.</p><p>Las plataformas seleccionan contenidos, recomiendan determinadas informaciones y aprenden de nuestras conductas. Por eso dos personas pueden entrar al mismo espacio digital y encontrarse con realidades diferentes.</p><p>No se trata solamente de recibir información distinta. Se trata de que esa selección puede contribuir a formar opiniones, prioridades y percepciones diferentes sobre el mundo.</p><p>Aquí aparece una transformación importante de la política.</p><p>Durante décadas, la propaganda buscó convencer a grandes grupos. Los partidos hablaban a los trabajadores, a los jóvenes, a los empresarios, a los habitantes de una región o a determinados sectores sociales.</p><p>La nueva capacidad tecnológica permite una comunicación mucho más individualizada.</p><p>Ya no se trata solamente de saber qué piensa un grupo. También es posible conocer intereses, hábitos y preocupaciones de personas concretas y adaptar los mensajes en función de esas características.</p><p>La posibilidad es enorme, pero también lo es el riesgo.</p><p>Porque una democracia necesita ciudadanos capaces de formar libremente sus opiniones. Si quien pretende influir sobre una persona conoce sus debilidades, sus preferencias y aquello que puede movilizarla, la frontera entre convencer y manipular puede volverse cada vez más difícil de distinguir.</p><p>El problema, entonces, no es la existencia de tecnología.</p><p>Es la concentración de capacidad de conocer, seleccionar e influir.</p>Cuando la realidad también puede ser fabricada<p>La inteligencia artificial agrega una nueva dificultad a este escenario: la posibilidad de producir imágenes, voces y videos que parecen reales aunque nunca hayan ocurrido.</p><p>Un candidato puede aparecer diciendo algo que jamás dijo. Una voz puede ser imitada. Una escena inexistente puede adquirir apariencia de acontecimiento.</p><p>Pero el problema más profundo quizá no sea solamente que podamos creer una mentira.</p><p>Puede ser que dejemos de saber qué podemos creer.</p><p>Si todo puede ser falsificado, la sociedad corre el riesgo de perder una referencia común sobre los hechos. Y sin un terreno compartido de realidad, el debate democrático se vuelve más difícil.</p><p>Pero nuevamente, sería equivocado convertir a la inteligencia artificial en el enemigo.</p><p>La misma tecnología puede servir para controlar el gasto público, detectar irregularidades, procesar información, mejorar servicios y ampliar la participación ciudadana.</p><p>El dilema no es tecnología contra libertad.</p><p>Es poder concentrado contra poder controlado.</p>Una nueva frontera de la libertad<p>Durante siglos, la humanidad respondió a la concentración del poder creando instituciones para dividirlo y controlarlo.</p><p>Tal vez ahora debamos extender ese principio al nuevo escenario tecnológico.</p><p>No alcanza con preguntarnos qué puede hacer una tecnología. Hay que preguntarse quién la controla, qué información utiliza, qué intereses existen detrás de ella y qué mecanismos permiten supervisar sus decisiones.</p><p>La alfabetización del siglo XXI tampoco puede limitarse a saber leer y escribir. Necesitamos ciudadanos capaces de comprender cómo se construye la información que reciben, por qué determinados contenidos aparecen ante ellos y qué intereses pueden existir detrás de las herramientas que utilizan todos los días.</p><p>La defensa de la libertad ha cambiado de escenario.</p><p>El hombre que se enfrentó al garrote podía ver claramente quién intentaba dominarlo. El ciudadano moderno puede encontrarse frente a una forma de influencia mucho menos evidente.</p><p>Y esa diferencia es fundamental.</p><p>Porque el poder visible puede ser enfrentado. Puede ser denunciado, limitado por una ley, controlado por una institución o reemplazado mediante el voto.</p><p>El poder que no reconocemos resulta mucho más difícil de controlar.</p><p>Durante miles de años, la humanidad construyó una compleja arquitectura para evitar que una sola persona o una sola institución pudiera decidir por todos. El desafío contemporáneo no consiste en abandonar esa arquitectura, sino en llevar sus principios al nuevo territorio donde se concentra la capacidad de conocer, seleccionar e influir.</p><p>La pregunta que inició aquella larga historia de la libertad sigue siendo la misma.</p><p>¿Quién tiene el poder?</p><p>Pero hoy debemos agregar otras.</p><p>¿Quién conoce aquello que nosotros mismos estamos revelando? ¿Quién decide qué información llega hasta nosotros? ¿Quién puede anticipar nuestros comportamientos? ¿Y quién tiene capacidad para influir sobre una decisión que creemos haber tomado libremente?</p><p>El hombre del desfiladero veía el garrote y sabía quién lo amenazaba.</p><p>El ciudadano de nuestro tiempo enfrenta un desafío diferente: reconocer el poder cuando ya no se presenta como fuerza, sino como capacidad de conocer, orientar e influir.</p><p>Porque la libertad no consiste solamente en que nadie pueda obligarnos.</p><p>También consiste en que podamos saber quién intenta convencernos, con qué herramientas y con qué poder sobre nosotros.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7LTBY7mGWkc082_TR91yGZQg2xQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/08/opinion.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Por Héctor Moisés Lebensohn, Director del diario Democracia de JunínEn algún desfiladero, hace miles de años, un hombre levantó un garrote para impone...]]>
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                <published>2026-08-19T21:12:53+00:00</published>
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            La empresa pide energía: ¿y si el dueño ya no la tiene?
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                <![CDATA[Leonardo Glikin]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/kqQ-3jFk_8u3axaFcTvn1sZ9Q7c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/08/empresa_familiar.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>“El que no sabe a dónde va, ya llegó”, dice el refrán. Y hay empresarios que, sin saberlo, ya llegaron: están instalados en una meseta cómoda, donde los procesos funcionan, los clientes son fieles y los números no generan sobresaltos.</p><p>El problema es que el mercado no se queda quieto esperando a que uno decida cuándo volver a moverse. Ricardo tiene 61 años y una pyme metalúrgica que fundó a los 28. Un cliente grande le propuso triplicar el volumen si invertía en una nueva línea de producción. La cuenta cerraba.</p><p>Pero Ricardo, por primera vez en su vida, dudó. “No sé si tengo ganas de empezar de nuevo”, le confesó a su contador.</p><p>No era un problema de plata. La misma energía que a los 28 años le sobraba, a los 61 ya no estaba disponible de la misma manera. O, mejor dicho: Ricardo prefería guardarla para otros planes.</p><p>Dos ciclos que no siempre coinciden</p><p>La empresa tiene su propio ciclo de vida, y en algún momento –después de una etapa de estabilidad– llega la exigencia de crecer. Crecer no es solo cuestión de plata: exige asumir riesgo, salir de lo conocido, poner el cuerpo como en los primeros años.</p><p>Pero las personas también tenemos nuestro propio ciclo de vida. Y en algún punto –no hay una edad que sirva de regla para todos- la energía deja de estar disponible. A veces por cansancio. Otras veces, sin que haya agotamiento de por medio, porque uno simplemente prefiere volcarla en otro lado: en la familia, en un proyecto propio postergado, o nada más que en el propio tiempo.</p><p>Ahí aparece el desencuentro: la empresa pide más de lo que el dueño tiene ganas de dar en esa etapa de su vida. ¿Y entonces? Cuando hay familia, hay una respuesta a mano</p><p>En la empresa familiar existe un recurso que ofrece la propia dinámica, aunque no siempre se sepa aprovechar a tiempo: la generación siguiente. Un hijo, una sobrina, un nieto que se suma puede traer justo lo que la etapa madura de la empresa necesita -energía, ganas de crecer, ambición de dejar su propia marca- mientras la generación anterior aporta la experiencia y los contactos. Hay que tener claro que no ocurre solo porque sí. Requiere planificación, roles claros, una incorporación ordenada de los sucesores y, sobre todo, que quien fundó esté dispuesto a soltar el control al ritmo en que la nueva generación pueda hacerse cargo. La continuidad familiar no se decide en una reunión; se construye -o se pierde– en un proceso que puede llevar años.</p><p>Ricardo, en su caso, tiene una hija que hace tres años se sumó a la empresa y que, a diferencia de él, sí quiere ese desafío. La pregunta que le queda pendiente no es si invertir, sino si está dispuesto a que la decisión ya no sea sólo suya.</p><p>Sin familia de por medio, profesionalizar o vender.</p><p>En la empresa que no tiene una familia detrás, ese recurso directamente no existe. No hay una nueva generación aguardando su turno. Por eso, cuando el fundador o los socios llegan al punto en que la energía ya no alcanza -o prefieren volcar esa energía en otras prioridades-, el camino es profesionalizar la gestión: incorporar management capacitado y construir una estructura de gobierno que no dependa de la disponibilidad personal de sus dueños. ¿Y si eso no alcanza, o directamente no es viable? Quedan dos caminos, igual de legítimos: transferir la conducción a los propios empleados, que muchas veces conocen la empresa mejor que nadie, o vender a un tercero que sí tenga la energía y el capital para el paso siguiente.</p><p>La única mala decisión es no decidir</p><p>Familiar o no, ambos caminos tienen algo en común: ninguno se resuelve solo. La empresa que espera, sin más, a que el problema se acomode, en el mejor de los casos se estanca y en el peor, desaparece. La diferencia entre la empresa que atraviesa bien este momento y la que no, rara vez pasa por el mercado o por la suerte. Pasa por si sus dueños se animaron, a tiempo, a planificar el recambio de energía que la propia empresa les venía pidiendo.</p><p>El autor es director de CAPS Consultores y del Programa de Empresas Familiares de Universidad Torcuato Di Tella</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/kqQ-3jFk_8u3axaFcTvn1sZ9Q7c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/08/empresa_familiar.webp" class="type:primaryImage" /></figure>“El que no sabe a dónde va, ya llegó”, dice el refrán. Y hay empresarios que, sin saberlo, ya llegaron: están instalados en una meseta cómoda, donde l...]]>
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                                <updated>2026-08-19T17:46:00+00:00</updated>
                <published>2026-08-19T17:44:43+00:00</published>
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            ¿Banco Federal o Banco Central?
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                <![CDATA[Eduardo Falcone]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/3vV_PvWXizFGLsRvfYzd21JK9Nk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/03/banco_central.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>“… he leído con mucha atención el mensaje del Poder Ejecutivo y en ninguno de sus párrafos he encontrado la palabra Constitución”. Senador Matienzo, debate legislativo por la creación del BCRA (1935).</p><p>El gobierno ha enviado al Congreso Nacional un proyecto de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina, que va en la dirección correcta. He cuestionado el criterio de mandato único que prevé el proyecto, que considera que el banco solo tiene que preservar el valor de la moneda, y se desentiende de otros objetivos, normales en los países capitalistas más importantes del mundo. En el mensaje al Congreso el PEN afirma que es imposible cumplir más de un objetivo con una única herramienta: la política monetaria solo puede perseguir la estabilidad de precios, preservando así el valor de la moneda; exigirle más objetivos es desconocer limitaciones empíricas básicas. Esta afirmación proviene de un teorema del economista Jan Tinbergen enunciado en 1952, que ha sido descartado por los bancos centrales de EEUU, Canadá, Australia y Brasil. Estos bancos, además de preservar el valor de la moneda, también tienen como objetivos la estabilidad del sistema financiero y la búsqueda del pleno empleo.</p><p>Comparto con el presidente que los objetivos de la carta organica kirchnerista eran inconsistentes, y que la falta de independencia del BCRA utilizada para financiar al Tesoro terminaron en un desastre que hay que revertir. Pero ello no invalida que podamos tener múltiples objetivos sensatos y similares a los que tiene la FED, por ejemplo.</p><p>Otro asunto que he cuestionado al proyecto del Ejecutivo es la omisión total de la manda constitucional que atribuye al Congreso la facultad de establecer y reglamentar un banco federal.</p><p>Por eso he solicitado una modificación al proyecto del oficialismo, a fin de que el Poder Ejecutivo Nacional proponga al Congreso un Directorio que refleje de modo razonable los intereses de todas las regiones productivas del país, y no solamente los de la City porteña, como ocurre hace décadas.</p><p>La federalización del banco es fundamental para garantizar que todas las regiones del país estén representadas en la toma de decisiones, evitando así que la City porteña concentre el poder financiero. Este criterio está totalmente en línea con lo previsto en la Constitución Nacional, que en su artículo 75 otorga al Congreso la atribución expresa de establecer y reglamentar un banco federal con la facultad de emitir moneda. Cabe señalar que no le otorga esa facultad al Poder Ejecutivo, sino al Congreso Nacional. Y que la intención de los constituyentes era transformar la condición de la institución en un banco federal como el de los Estados Unidos de Norteamérica.</p><p>Si estudiamos los antecedentes constitucionales, notamos que desde la convención de 1853 es el Poder Legislativo quien tiene la potestad de establecer y reglamentar el banco que tiene el monopolio de imprimir moneda en la Argentina. Eso no cambió con la reforma constitucional de 1994, pero se modificó el concepto de banco central por el de banco federal.</p><p>De la lectura del debate de la convención de 1994, no cabe duda de la intención de los constituyentes. El convencional Berhongaray expresó “cuando hablamos de establecer la creación de un banco federal quiero ser claro, no estamos cambiando el nombre al Banco Central, no se trata del mismo perro con distinto collar. Un banco federal con facultades de emitir moneda no es el Banco Central con otro nombre, es un banco que debe tener características federales. No tendría mucho sentido cambiarle el nombre si estuviéramos hablando de lo mismo”. El convencional Cornet suscribió ese criterio: “Estamos totalmente de acuerdo en crear la posibilidad de establecer y reglamentar un banco federal que reemplace al actual banco central. La posición de la UCEDE de Córdoba apunta a extender el principio federal a la mayor parte de la acción del Estado, de modo que resulta razonable extender la federalización de las instituciones políticas a las instituciones económicas”. Y el Dr. Maqueda, miembro destacado de la Comisión Redactora de esa Convención sentenció: el inciso 5 del artículo 67 de la Constitución de 1853 habla de establecer y reglamentar un banco nacional con facultad de emitir billetes. En 1935 se crea un Banco Central de la República Argentina. Su denominación de banco central y la concepción de esta entidad es propio de las repúblicas unitarias. Así tenemos los bancos centrales de Bolivia, de Chile o del Uruguay. Por el contrario, las repúblicas federales como los Estados Unidos tienen la Reserva Federal. En el caso de Suiza existe el Banco Nacional de Suiza, mientras que en Alemania está el Banco Federal de Alemania. El cambio de denominación es para adaptarlo estrictamente a la concepción federal de nuestro país. Obviamente, habrá que reformar la ley 24.144, que establece la Carta Orgánica del Banco Central con el fin de determinar la nueva denominación de banco federal.</p><p>Dada la trascendencia que tendrá esta reforma de la carta orgánica del banco, es una buena oportunidad para debatir la federalización del banco y cumplir con la manda constitucional. El proyecto del oficialismo no tiene ninguna referencia al asunto federal y apunta a resolver cuestiones que el gobierno considera más urgentes. No hay tiempo ni espacio político para que un bloque de dos diputados consiga el consenso necesario para una modificación estructural del banco y transformarlo en una institución similar a la Reserva Federal de los EEUU. Por ello, a fin de avanzar hacia ese objetivo propuse darle un carácter federal a su directorio. Manifesté en el Congreso que hasta ahora todos o casi todos los directores del BCRA han representado los intereses de la City porteña y la denominada patria financiera. Para cambiar eso, la nueva carta orgánica debe establecer otro criterio de integración del Directorio del banco a fin de reflejar de un modo más balanceado los intereses de todas las regiones geográficas del país.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/3vV_PvWXizFGLsRvfYzd21JK9Nk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/03/banco_central.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“… he leído con mucha atención el mensaje del Poder Ejecutivo y en ninguno de sus párrafos he encontrado la palabra Constitución”. Senador Matienzo, d...]]>
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                                <updated>2026-08-19T17:42:43+00:00</updated>
                <published>2026-08-19T17:42:41+00:00</published>
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        <title>
            Cuando una IA ataque, otra tendrá que defendernos
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        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/opinion/cuando-una-ia-ataque-otra-tendra-que-defendernos" type="text/html" title="Cuando una IA ataque, otra tendrá que defendernos" />
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        <author>
            <name>
                <![CDATA[Claudia Guardia]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/cuando-una-ia-ataque-otra-tendra-que-defendernos">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/tUg6ZwpaybsHVhj2udLJSbO90wQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/03/inteligencia_artificial.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Un agente de inteligencia artificial investigó a los responsables de un proyecto de software libre, fabricó identidades falsas y las utilizó para presionar a una persona con capacidad de aprobar un cambio en el código. No fue un delincuente detrás de una pantalla. Fue un agente sometido a una evaluación oficial, en un entorno de prueba con acceso a Internet. La maniobra alcanzó a un desarrollador real y a un repositorio público.</p><p>El episodio consta en un informe del AI Security Institute del Reino Unido, publicado el 4 de agosto de 2026. Los hechos ocurrieron entre el 25 y el 28 de julio durante una evaluación de capacidades cibernéticas. Sobre 122 ejecuciones realizadas con siete modelos, el organismo registró 19 acciones no autorizadas distribuidas en diez pruebas. Diecisiete correspondieron a Mythos 5, de Anthropic, y dos a una ejecución de GPT-5.6 Sol, de OpenAI.</p><p>La secuencia más grave merece atención. El agente investigó a quienes revisaban las contribuciones del proyecto, creó identidades digitales que simulaban ser usuarios independientes y las utilizó para respaldar su propio aporte. También dejó instrucciones maliciosas, cuentas y recursos que otros agentes encontraron y utilizaron después. Intentó contactar a personas reales para inducirlas a ejecutar código dañino. Cuando su conducta fue cuestionada, modificó parte de su actividad para que pareciera inofensiva y evaluó adoptar una identidad nueva.</p><p>El desarrollador desconfió y rechazó la modificación. El episodio salió a la luz cuando el agente utilizó la red Tor para sortear restricciones de acceso y ese tráfico anómalo activó una alerta. Antes de publicar el informe, el organismo notificó a GitHub. La plataforma confirmó que las acciones habían violado sus términos de servicio y colaboró para eliminar los rastros dejados por el agente.</p><p>La evaluación buscaba medir la capacidad máxima de los modelos y no el funcionamiento habitual de los productos. Por eso, los filtros de ciberseguridad estaban desactivados y el acceso a Internet había sido habilitado deliberadamente. Las pruebas se realizaron en máquinas virtuales y ningún agente intentó escapar de ellas.</p><p>El problema fue otro. Utilizaron los permisos disponibles para realizar acciones que nadie les había solicitado.</p><p>Uno de los agentes recibió un objetivo, encontró un obstáculo humano y decidió engañarlo. El daño no nació de una orden maliciosa, sino de la búsqueda del camino más eficaz para cumplir la meta.</p><p>Antes, una persona dirigía un ciberataque y la computadora era una herramienta. Ahora, un agente puede planificar, actuar y cambiar de estrategia sin recibir instrucciones en cada paso. Darle una tarea también significa darle capacidad de acción.</p><p>El desenlace deja una advertencia. El agente fue detenido por el criterio de un desarrollador y por un sistema que detectó tráfico anómalo. La defensa funcionó porque alguien desconfió, revisó el código y reaccionó a tiempo. Pero esa respuesta depende de una diferencia que se está agotando, la que existe entre el tiempo humano y el tiempo algorítmico.</p><p>Los ataques automatizados pueden operar sin descanso, probar numerosos caminos, personalizar mensajes y cambiar de estrategia en segundos. Mientras un equipo analiza una alerta, un agente puede haber completado una secuencia entera de acciones. De ahí surge la pregunta que ninguna organización podrá evitar por mucho tiempo. Si una inteligencia artificial ataca con una rapidez imposible de seguir, la defensa tendrá que apoyarse en otra inteligencia artificial capaz de detectar movimientos anómalos y bloquear una operación antes de que una persona comprenda lo que ocurre.</p><p>Esa solución abre un dilema mayor. Un sistema capaz de cortar accesos, detener transferencias o restringir una red también tiene capacidad de causar daño. Cuanto mayor sea su autonomía, mayor será el poder que ejercerá sobre nuestra infraestructura. Ningún poder de esa naturaleza debería quedar sin límites escritos, y menos aún el que se ejerce en nombre de nuestra seguridad.</p><p>En la Argentina, esta discusión ya tiene un punto de apoyo. El Decreto 941/2025 creó el Centro Nacional de Ciberseguridad y le asignó funciones de detección, defensa, respuesta y recuperación ante incidentes. En mayo, la Disposición 1/2026 exigió al sector público planes de contingencia, responsables definidos y un registro cronológico de las decisiones tomadas durante una crisis.</p><p>Es una base necesaria al paso siguiente, reglas claras que establezcan los límites antes del ataque, permitan reconstruir cada decisión e identifiquen quién responde después. Si un operador utiliza una IA con poder sobre sistemas críticos, no puede desentenderse de las acciones que realice.</p><p>La tarea consiste en diseñar una arquitectura en la que la máquina y la persona actúen en tiempos distintos. La inteligencia artificial detecta, contiene y gana tiempo. El ser humano fija los límites, determina qué acciones son irreversibles y conserva la facultad de detener el sistema.</p><p>Esto obliga a partir del supuesto de que el agente explorará cualquier camino disponible hacia su objetivo. Por eso es necesario limitar permisos, controlar conexiones y dejar un registro auditable de cada acción. El propio informe británico señala la necesidad de restringir el tráfico de salida y adoptar sistemas de monitoreo en tiempo real.</p><p>También es necesario abandonar la idea de que una frase incorporada a un prompt equivale a una estructura de seguridad. Los límites deben estar escritos como políticas ejecutables y la interrupción del sistema debe ser técnicamente posible cuando resulte necesaria.</p><p>El episodio del Reino Unido muestra que no estamos ante una guerra entre humanos y máquinas, sino ante sistemas capaces de actuar sin reconocer nuestros límites. Esta vez, un desarrollador frenó al agente. La próxima, quizá deba hacerlo otra IA.</p><p>Cuando una IA ataque, otra tendrá que defendernos. Pero ni siquiera para protegernos el fin justifica cualquier medio.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/tUg6ZwpaybsHVhj2udLJSbO90wQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/03/inteligencia_artificial.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Un agente de inteligencia artificial investigó a los responsables de un proyecto de software libre, fabricó identidades falsas y las utilizó para pres...]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-08-19T17:41:06+00:00</updated>
                <published>2026-08-19T17:39:42+00:00</published>
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            La prevención de conflictos es posible en el mercado laboral
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                <![CDATA[José Mena]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/RElyC62kuzpc4BybQELIwJ_cfn0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/08/reunion_de_trabajo.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La Ley 27.802 de Modernización Laboral modificó numerosos institutos de la Ley de Contrato de Trabajo bajo una lógica común: otorgar mayor flexibilidad a las relaciones laborales, pero condicionando en distintos casos su implementación al acuerdo entre empleador y trabajador.</p><p>El nuevo régimen de vacaciones constituye uno de los ejemplos más claros de este cambio.</p><p>El artículo 154 de la Ley de Contrato de Trabajo mantiene como principio general que las vacaciones deben otorgarse dentro del período comprendido entre el 1° de octubre y el 30 de abril del año siguiente. Sin embargo, la reforma incorpora nuevas posibilidades para organizar el descanso anual de una manera menos rígida y más adaptable a las necesidades de las partes.</p><p>La posibilidad de fraccionar las vacaciones</p><p>Una de las modificaciones más relevantes es la posibilidad de que empleador y trabajador acuerden el fraccionamiento del período vacacional, siempre que cada uno de los tramos tenga una duración mínima de siete días.</p><p>Hasta ahora, el régimen de vacaciones se encontraba estructurado alrededor de la idea de un período continuo de descanso. La reforma permite una administración más flexible.</p><p>Así, por ejemplo, un trabajador con veintiún días de vacaciones podría acordar su utilización en tres períodos de siete días, o distribuirlos de otra manera, siempre respetando el mínimo legal previsto para cada tramo.</p><p>Para el trabajador puede significar la posibilidad de distribuir mejor sus períodos de descanso durante el año. Para la empresa permite administrar las ausencias de su personal evitando concentraciones que puedan afectar el normal desarrollo de la actividad.</p><p>Pero existe un aspecto que no debe pasar inadvertido: el fraccionamiento no constituye una facultad unilateral del empleador.</p><p>La norma exige acuerdo entre las partes. La flexibilidad, por lo tanto, requiere consentimiento.</p><p>Desde una perspectiva preventiva, ese consentimiento debería quedar debidamente documentado por escrito, aun cuando el artículo 154 no establezca expresamente una solemnidad específica para el acuerdo de fraccionamiento. Frente a un eventual conflicto, será necesario poder demostrar que la modalidad fue efectivamente convenida y no impuesta unilateralmente.</p><p>La reforma también permite que, por mutuo acuerdo, las vacaciones puedan gozarse fuera del período comprendido entre octubre y abril. Asimismo, contempla la posibilidad de autorización fundada de la autoridad de aplicación.</p><p>La ley conserva, sin embargo, una protección vinculada con la temporada estival.</p><p>Cuando las vacaciones no se otorguen simultáneamente a todos los trabajadores del establecimiento, sector o sección, sino individualmente o por grupos, debe garantizarse que cada trabajador pueda gozar de sus vacaciones durante la temporada de verano al menos una vez cada tres períodos.</p><p>A estos efectos, el período estival comprende del 21 de diciembre al 20 de marzo.</p><p>Existe entonces un equilibrio entre flexibilidad y protección. La empresa dispone de mayores herramientas para distribuir el descanso anual, pero debe respetar determinadas garantías mínimas vinculadas con la finalidad recuperatoria de las vacaciones.</p><p>Otro cambio importante se refiere a la comunicación. El inicio de las vacaciones debe notificarse con una anticipación no menor a treinta días, salvo que el Convenio Colectivo de Trabajo aplicable establezca un sistema diferente.</p><p>La capacitación utilizada como base de este análisis sintetiza precisamente estos aspectos del nuevo art. 154: período de otorgamiento, temporada de verano, fraccionamiento mínimo de siete días, mutuo acuerdo y nuevo plazo de notificación.</p><p>El régimen de vacaciones permite advertir una característica más amplia de la Ley 27.802.</p><p>La modernización laboral introduce mecanismos de flexibilización, pero en varios casos no habilita al empleador a implementarlos unilateralmente.</p><p>El denominado banco de horas constituye otro ejemplo significativo.</p><p>El nuevo artículo 197 bis permite acordar mecanismos de compensación de horas extraordinarias, banco de horas o francos compensatorios. Pero el sistema requiere un acuerdo voluntario entre empleador y trabajador, que en este caso debe formalizarse expresamente por escrito, estableciendo sus límites, forma de acumulación, compensación y un registro trazable de las horas acumuladas y disponibles.</p><p>El denominador común es claro: la legislación ofrece nuevas herramientas para organizar las relaciones laborales, pero exige que las empresas puedan acreditar correctamente las condiciones bajo las cuales fueron implementadas.</p><p>La nueva importancia del contrato individual de trabajo</p><p>Este escenario obliga a revisar una práctica muy extendida en nuestro país: relaciones laborales correctamente registradas, pero sin un verdadero contrato individual escrito que determine las condiciones particulares de la contratación.</p><p>La Ley 27.802 vuelve especialmente recomendable la utilización de contratos individuales completos.</p><p>El contrato permite establecer desde el comienzo la modalidad contractual, funciones, categoría, jornada, lugar de prestación, mecanismos de organización del trabajo y demás particularidades de la relación.</p><p>Pero además puede prever los procedimientos mediante los cuales deberán instrumentarse posteriormente aquellos institutos que requieren acuerdos entre las partes.</p><p>Esto no significa que una cláusula genérica pueda reemplazar el consentimiento específico exigido para cada situación. Significa algo diferente: que la empresa debe construir desde el inicio una estructura documental clara, y luego instrumentar por escrito los acuerdos particulares cuando corresponda.</p><p>El fraccionamiento de vacaciones es un claro ejemplo.</p><p>También adquieren renovada importancia los reglamentos internos de empresa.</p><p>Estos instrumentos permiten establecer procedimientos para el otorgamiento de vacaciones, licencias, sistemas de jornada, utilización de herramientas, mecanismos de comunicación y todas aquellas particularidades propias de la organización.</p><p>El reglamento no reemplaza el consentimiento individual cuando la ley lo exige, ni puede afectar derechos indisponibles. Pero permite fijar reglas generales claras y conocidas previamente por todos los integrantes de la empresa.</p><p>La Ley 27.802 plantea, en definitiva, un desafío que excede la modificación puntual del régimen de vacaciones.</p><p>La flexibilización que incorpora la nueva legislación debe ir acompañada de una gestión documental preventiva.</p><p>Contratos individuales correctamente confeccionados, reglamentos internos y acuerdos específicos por escrito dejan de ser meras formalidades administrativas para transformarse en herramientas centrales de organización y prevención del conflicto.</p><p>El nuevo régimen de vacaciones expresa con claridad esta nueva lógica: mayor flexibilidad, pero también mayor necesidad de consentimiento, documentación y previsibilidad.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/RElyC62kuzpc4BybQELIwJ_cfn0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/08/reunion_de_trabajo.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La Ley 27.802 de Modernización Laboral modificó numerosos institutos de la Ley de Contrato de Trabajo bajo una lógica común: otorgar mayor flexibilida...]]>
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                                <updated>2026-08-19T17:38:12+00:00</updated>
                <published>2026-08-19T17:38:09+00:00</published>
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            El fin de la era del experto: por qué lo que sabés ya no alcanza
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        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/opinion/el-fin-de-la-era-del-experto-por-que-lo-que-sabes-ya-no-alcanza" type="text/html" title="El fin de la era del experto: por qué lo que sabés ya no alcanza" />
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        <author>
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                <![CDATA[Ximena Gauto Acosta]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/QgwdlViByaF0vLYepRP89G0gHMg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/08/ia_experto.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La nueva economía no premia lo que sabés: premia qué tan rápido aprendés. Nos estamos moviendo de la economía del conocimiento a la economía del aprendizaje.</p><p>Durante décadas construimos carreras sobre una premisa silenciosa pero poderosa: el que más sabe, más vale. Acumulá conocimiento. Especializate. Dominá tu campo. Esa era la moneda de cambio de la economía del conocimiento, la era que convirtió el capital intelectual en el activo más cotizado del mercado laboral.</p><p>Esa era llegó a su fin. Y la que empieza todavía no tiene un nombre consolidado. Yo propongo uno: la economía del aprendizaje.</p><p>El quiebre silencioso</p><p>Un dato del Foro Económico Mundial merece destacarse: según el Future of Jobs Report 2025, el 39% de las habilidades centrales del trabajo van a cambiar para 2030. No van a desaparecer, van a cambiar. Lo que hoy te diferencia, en cuatro años puede ser irrelevante o ejecutable por una máquina.</p><p>Pero más revelador que el número es la tendencia que lo rodea: las habilidades que más rápido están creciendo en demanda no son técnicas específicas. Son la curiosidad y el aprendizaje continuo, el pensamiento analítico, la resiliencia, la flexibilidad cognitiva. En otras palabras: la capacidad de seguir aprendiendo se está convirtiendo en la habilidad más cotizada del mercado.</p><p>No es un accidente. Es la consecuencia lógica de un cambio estructural que viene ocurriendo hace tiempo y que la inteligencia artificial aceleró de manera irreversible.</p><p>En la economía del conocimiento, el activo era lo que sabías. En la economía del aprendizaje, el activo es qué tan rápido podés actualizar lo que sabés.</p><p>Por qué el conocimiento está perdiendo vida útil</p><p>La inteligencia artificial no solo automatiza trabajo manual. Está automatizando trabajo cognitivo, el corazón mismo de lo que llamamos trabajo del conocimiento. Programadores con años de experiencia ven cómo tareas que les llevaban horas se producen en minutos. Analistas descubren que sus informes se generan en segundos con herramientas que cualquier persona puede usar desde su teléfono. El American Enterprise Institute lo llamó, con crudeza, deshabilitar las habilidades en la economía del conocimiento.</p><p>El economista Greg Duncan documentó algo que resuena hoy con urgencia renovada: durante décadas, el trabajo que pagaba buenos salarios fue trabajo procedimental, predecible, especializado. Ese trabajo, el que premiaba la acumulación y la repetición, es exactamente el que más rápido está siendo absorbido por sistemas automatizados. Lo que se vuelve escaso no es el conocimiento, es la capacidad de generar conocimiento nuevo.</p><p>El problema que nadie nombra: la trampa de la identidad experta</p><p>Acá viene la parte incómoda. El mayor obstáculo para operar en la economía del aprendizaje no son la falta de recursos ni la de acceso a tecnología, es la identidad del experto.</p><p>Cuando construiste años de reputación en un campo, volver a ser principiante en algo nuevo tiene un costo real. Cognitivo, porque el cerebro prefiere los caminos conocidos. Emocional, porque admitir que algo no se sabe activa vergüenza, especialmente en contextos donde se supone que uno es la referencia. Y social, porque el mercado todavía recompensa la certeza y penaliza la duda visible.</p><p>Carol Dweck documentó durante décadas la diferencia entre una mentalidad fija: la creencia de que las capacidades son fijas y mostrar ignorancia amenaza la identidad, y una mentalidad de crecimiento: la convicción de que las capacidades se desarrollan y la ignorancia es el punto de partida del aprendizaje. En un entorno estable, la mentalidad fija no es tan dañina. En un entorno de cambio acelerado, es una trampa costosa. Y la trampa más sutil es esta: cuanto más expertise acumulada tenés, más difícil es soltar la identidad que esa expertise construyó.</p><p>Tres capacidades para la nueva economía</p><p>Si la ventaja competitiva migra del conocimiento acumulado a la capacidad de seguir aprendiendo, la pregunta práctica es qué desarrollar hoy para no volvernos obsoletos para el mercado laboral.</p><p>Velocidad de actualización cognitiva. No es lo mismo aprender rápido en un campo conocido que aprender algo genuinamente nuevo. La segunda capacidad, aprender en territorio desconocido, es la que más rápido se atrofia si no se ejercita, y la que más se necesita hoy.</p><p>Integración de saberes. David Epstein llama “range” a la diversidad profunda de experiencias que permite conectar dominios distintos. Las personas que desarrollan esta capacidad no saben un poco de todo: saben cómo usar lo que conocen en un campo para iluminar problemas en otro completamente diferente. Ese valor no puede ser replicado por ninguna especialización única, ni por ningún sistema de inteligencia artificial, porque depende de la historia particular e irrepetible de cada persona.</p><p>Criterio en un mundo de abundancia informativa. Cuando cualquier pregunta tiene respuesta disponible en segundos, la habilidad escasa no es encontrar información. Es saber qué información buscar, cómo evaluarla y cómo construir juicio propio a partir de ella.</p><p>La nueva pregunta</p><p>El Foro Económico Mundial proyecta que para 2030, más de 120 millones de trabajadores estarán en riesgo de quedar desactualizados si no acceden a oportunidades de reconversión. Son personas que construyeron sus identidades profesionales sobre premisas que el mercado está dejando de validar.</p><p>Alvin Toffler lo anticipó con décadas de adelanto: “Los analfabetos del siglo XXI no son los que no saben leer y escribir, sino los que no pueden aprender, desaprender y reaprender”. Lo que entonces parecía una provocación filosófica, hoy es una descripción operativa del mercado laboral global.</p><p>“¿Cuánto sabés?” era la pregunta de la economía del conocimiento.</p><p>“¿Qué estás aprendiendo?” es la pregunta de la economía del aprendizaje.</p><p>Para los profesionales, las organizaciones y los sistemas educativos que quieran seguir siendo relevantes en la próxima década, esa distinción no es semántica. Es estratégica.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/QgwdlViByaF0vLYepRP89G0gHMg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/08/ia_experto.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La nueva economía no premia lo que sabés: premia qué tan rápido aprendés. Nos estamos moviendo de la economía del conocimiento a la economía del apren...]]>
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                                <updated>2026-08-12T19:42:43+00:00</updated>
                <published>2026-08-12T19:42:40+00:00</published>
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        <title>
            Las ciudades del futuro no se parecerán a las que conocemos
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        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/opinion/las-ciudades-del-futuro-no-se-pareceran-a-las-que-conocemos" type="text/html" title="Las ciudades del futuro no se parecerán a las que conocemos" />
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        <author>
            <name>
                <![CDATA[Michael Reynolds]]>
            </name>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/las-ciudades-del-futuro-no-se-pareceran-a-las-que-conocemos">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cafRHS8Yf3YCSHlpIcWtDYmh6bc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/08/michael_reynolds.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hace más de cincuenta años empecé a experimentar con una idea que entonces parecía extravagante: construir edificios capaces de funcionar en armonía con la naturaleza, utilizando materiales descartados y aprovechando los recursos disponibles en el lugar. En aquella época casi nadie hablaba del cambio climático, de la escasez de agua o de la vulnerabilidad de las infraestructuras. Sin embargo, yo sentía que algo se acercaba.</p><p>Siempre digo que, por entonces, veía unas nubes en el horizonte. La única diferencia con aquel momento es que hoy esas nubes ya están sobre nosotros.</p><p>Todo aquello que observaba hace cinco décadas terminó ocurriendo. El cambio climático dejó de ser una advertencia para convertirse en una realidad cotidiana. La presión sobre los recursos naturales aumenta cada año. Los sistemas que abastecen de energía, agua y saneamiento muestran fragilidades crecientes. Seguimos produciendo enormes cantidades de residuos y todavía tratamos de esconderlos en lugar de resolver el problema.</p><p>Lo sorprendente es que el desafío nunca fue únicamente ambiental. También fue arquitectónico. Durante décadas construimos edificios completamente dependientes de infraestructuras externas, como si esos sistemas fueran eternos. Hoy sabemos que no lo son.</p><p>La buena noticia es que existen otras maneras de construir. Después de más de sesenta años de ensayo, error y aprendizaje, puedo decir que es posible diseñar edificios capaces de generar su propia energía, captar agua de lluvia, producir alimentos, tratar sus aguas residuales y reutilizar materiales que la sociedad considera basura. Lo que hace décadas parecía una utopía, hoy funciona en miles de edificios alrededor del mundo.</p><p>He tenido el privilegio de construir Earthships (construcciones bioclimáticas, autónomas y ecológicas diseñadas principalmente con materiales de desecho) en más de cuarenta países, atravesando culturas, economías y climas completamente diferentes. Y esa experiencia me enseñó algo mucho más importante que cualquier técnica de construcción. Me enseñó que todos somos exactamente iguales.</p><p>Con el tiempo terminé reduciendo a todos los seres humanos al mismo denominador común: somos, simplemente, sacos de agua.</p><p>Puede sonar provocador, pero detrás de esa expresión hay una enorme verdad. No importa el país donde vivamos. No importa si somos ricos o pobres. Todos necesitamos exactamente las mismas cosas para vivir: un refugio confortable, agua, energía, alimentos, saneamiento y una forma responsable de gestionar nuestros residuos.</p><p>Esas necesidades no cambian entre una gran ciudad latinoamericana, una comunidad rural africana o un pueblo del desierto estadounidense. Cambia el contexto. Cambian los recursos disponibles. Pero las necesidades humanas son universales.</p><p>Por eso creo que el futuro de la arquitectura no consiste en construir edificios más sofisticados, sino edificios más independientes. Edificios que puedan responder por sí mismos a esas necesidades básicas y reducir su dependencia de sistemas cada vez más vulnerables.</p><p>Muchas personas siguen pensando que las Earthships son una curiosidad arquitectónica o un experimento alternativo. Yo no las veo así. Las veo como una plataforma para imaginar cómo podrían funcionar las ciudades del futuro.</p><p>Durante años me preguntaron si este tipo de construcción sólo podía aplicarse a una vivienda aislada. Mi respuesta siempre fue la misma: la diferencia entre una Earthship y una ciudad de Earthships es mucho menor de lo que la mayoría imagina.</p><p>Cada Earthship posee su propia infraestructura. Produce energía. Gestiona el agua. Trata los residuos. Eso significa que, en lugar de construir enormes redes centralizadas para sostener miles de edificios, es posible pensar ciudades donde cada unidad contribuya al funcionamiento del conjunto.</p><p>No estamos hablando de ciencia ficción. Estamos hablando de ampliar una idea que ya funciona.</p><p>Durante décadas perfeccionamos este modelo. Hoy incluso imaginamos desarrollos urbanos donde cientos o miles de edificios puedan integrarse respetando esos mismos principios.</p><p>Lo complejo no es la tecnología. Lo verdaderamente difícil es cambiar la forma en que pensamos las ciudades. Y ese cambio de mentalidad es, probablemente, el mayor desafío de nuestro tiempo.</p><p>Con frecuencia me preguntan si creo que el mundo está reaccionando lo suficientemente rápido frente a la crisis climática. Mi respuesta siempre utiliza la misma imagen: imaginen un caracol intentando escapar de un guepardo. Eso somos hoy. El guepardo corre hacia nosotros a toda velocidad y nosotros seguimos avanzando con la lentitud de un caracol.</p><p>Necesitaríamos movernos tan rápido como ese guepardo simplemente para mantenernos delante de él. Y, sin embargo, seguimos discutiendo si debemos cambiar. No soy pesimista, pero sí soy realista.</p><p>También veo personas, organizaciones y comunidades en distintos lugares del mundo que decidieron dejar de esperar soluciones externas y comenzaron a construirlas por sí mismas. Esos lugares existen. Son pequeños todavía, pero demuestran que otro camino es posible.</p><p>Después de dedicar mi vida a construir edificios, comprendí que existe un desafío igualmente importante: formar a las personas que tendrán que diseñar las ciudades del futuro.</p><p>Por eso considero especialmente significativo que, por primera vez, el método Earthship pueda estudiarse íntegramente en español a través de una diplomatura universitaria oficial desarrollada desde nuestra Earthship Biotecture Academy con Aula Abierta y la Universidad Tecnológica Nacional de Argentina. Nos entusiasma acercar estas herramientas a miles de profesionales y estudiantes de habla hispana en todo el mundo, con acompañamiento pedagógico y por primera vez de nivel universitario, y de la mano de un gran equipo de profesionales que he formado a lo largo de estos años como docentes.</p><p>No espero que el mundo copie exactamente lo que hemos hecho durante estos años. Lo que espero es algo mucho más importante. Que empecemos, de una vez por todas, a construir pensando en las próximas generaciones y no únicamente en el próximo proyecto.</p><p>Porque las nubes que hace cincuenta años apenas aparecían en el horizonte ya están sobre nosotros. Y el momento de actuar no es mañana. Es ahora.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cafRHS8Yf3YCSHlpIcWtDYmh6bc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/08/michael_reynolds.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Hace más de cincuenta años empecé a experimentar con una idea que entonces parecía extravagante: construir edificios capaces de funcionar en armonía c...]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-08-12T19:37:25+00:00</updated>
                <published>2026-08-12T19:37:22+00:00</published>
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        <title>
            El fin del PowerPoint: las ideas ya no se validan con slides, se validan con prototipos
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        <author>
            <name>
                <![CDATA[Sebastián Coler]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/el-fin-del-powerpoint-las-ideas-ya-no-se-validan-con-slides-se-validan-con-prototipos">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/uIhj-urueul3GA2QOPZnHoPJSso=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/08/reunion_corporativa.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Durante años, el ecosistema de negocios e innovación ha operado bajo un dogma indiscutible: las grandes ideas se presentan con pitch decks meticulosamente diseñados, proyecciones financieras a cinco años y pesados planes de implementación antes de haber tocado un solo segundo de realidad. Nos acostumbramos a validar negocios sobre el papel. Sin embargo, hoy, presentarse a una reunión corporativa o ante inversores con un PDF, mientras tu competencia puede llegar con el producto funcionando en tiempo real, es elegir competir en una absoluta desventaja comercial y estratégica.</p><p>Tras haber acompañado a corporaciones, startups y emprendedores en la validación y prototipado de más de 60 conceptos de negocio en el mercado real, la lección es unívoca: el PowerPoint ha muerto como herramienta de validación legítima y hemos entrado en la era del prototipo funcional e inmediato.</p><p>El autoengaño de las diapositivas y el choque con la realidad</p><p>Existe una frase sumamente conocida en las salas de directorios: “El Excel lo aguanta todo”. Lo mismo aplica para las diapositivas. Un pitch deck impecable nunca peca de realista: es experto en ocultar complejidades operativas, asumir que el desarrollo técnico será lineal y proyectar ese famoso gráfico en forma de “palo de hockey” donde el éxito financiero está garantizado hacia el año cinco. El problema es que las diapositivas nos tapan lo verdaderamente importante: funcionalidades que toman meses en desarrollarse, usuarios que no quieren esas características y productos que, en la práctica, no resuelven ningún problema real.</p><p>Esta dinámica genera lo que llamamos “validar con humo”. Históricamente, las corporaciones han invertido miles de dólares basándose en encuestas de escritorio y estudios de mercado teóricos donde es casi imposible obtener un “no” como respuesta. Un prototipo te muestra con datos duros lo que la gente hace cuando se le pide dinero real o cuando interactúa con la interfaz. El prototipo adelanta el inevitable choque con la realidad de meses a días, permitiendo que la organización se equivoque cuando todavía es sumamente barato hacerlo.</p><p>La revolución de la IA: de presupuestos corporativos a una tarde de trabajo</p><p>¿Qué cambió para que estemos viviendo esta disrupción? La respuesta está en la drástica caída de la barrera de entrada tecnológica. Hasta hace muy poco, construir un prototipo mínimo para cualquier tipo de nuevo negocio requería de un presupuesto considerable, la aprobación de comités internos, semanas de planificación y un equipo técnico dedicado (programadores, analistas, directores de proyecto). Hoy, ese proceso que tomaba meses se resuelve en horas gracias a la Inteligencia Artificial.</p><p>El mecanismo detrás de esta aceleración es tan simple como potente: la IA ahora traduce el lenguaje natural directamente a código funcional creando apps y sitios web en minutos. El trabajo estratégico ya no consiste en saber programar, sino en saber describir con precisión el problema, el flujo del usuario y el objetivo de negocio. Herramientas de Inteligencia Artificial como Claude, ChatGPT o Gemini permiten estructurar la idea inicial, mientras que plataformas de generación de código como Lovable, Bolt o v0 traducen esa visión en un prototipo interactivo que funciona sin necesidad de escribir una sola línea de código.</p><p>Lo que antes requería una inversión masiva y semanas de negociación interna, hoy lo puede construir una sola persona en una sola tarde, utilizando plataformas gratuitas o con suscripciones de apenas 20 dólares mensuales. La verdadera barrera actual no es técnica ni presupuestaria: es de curiosidad y de audacia para perder el miedo a experimentar.</p><p>Romper la inercia institucional y el fin de la cortesía</p><p>A pesar de que los prototipos son infinitamente más rápidos, económicos y veraces que cualquier PDF, muchas corporaciones continúan ancladas a la inercia burocrática del PowerPoint. Esta resistencia es dual: por un lado, existe un desconocimiento generalizado entre los altos directivos sobre lo que las nuevas herramientas de IA son capaces de hacer. Por el otro, hay un temor cultural a mostrar algo inacabado. Un prototipo de una tarde es real, pero también puede ser incompleto, tosco o fallar en plena demo. Vender un “sueño perfecto” en diapositivas siempre se sentirá más seguro para el corporativo tradicional que mostrar un producto real que expone sus imperfecciones.</p><p>Sin embargo, esa inercia se rompe de inmediato cuando el primer colaborador se atreve a llevar un link interactivo a un comité de aprobación. En ese preciso instante, los PDF que antes añoraban quedan obsoletos.</p><p>Al poner un prototipo funcional en manos de un usuario o de un comité, la calidad de la información obtenida cambia por completo. Ya no dependemos de la cortesía o de respuestas de compromiso. Con un producto real en pantalla, se puede observar dónde hace clic el usuario por iniciativa propia, dónde encuentra fricción y qué flujo completa de manera natural sin explicaciones previas. Y esto aplica tanto a productos digitales como a landing pages para servicios o productos físicos. La señal definitiva de validación ya no es un casillero marcado en un formulario de satisfacción, sino ese momento genuino donde el usuario, al terminar la demo, te pide acceso inmediato o te dice: “Avísame en cuanto esto esté listo para empezar”. Esa diferencia entre el interés transaccional real y la simple cortesía vale mucho más que cien respuestas en una encuesta de mercado.</p><p>El autor es co-founder de Aprendes.ai y Consultor de Negocio y Estrategia IA</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/uIhj-urueul3GA2QOPZnHoPJSso=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/08/reunion_corporativa.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Durante años, el ecosistema de negocios e innovación ha operado bajo un dogma indiscutible: las grandes ideas se presentan con pitch decks meticulosam...]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-08-12T19:34:40+00:00</updated>
                <published>2026-08-12T19:34:37+00:00</published>
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        <title>
            ¿Y si la verdadera escala de Tandil no encajara dentro de sus propios límites?
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        <author>
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                <![CDATA[Rodrigo Ariel Rotonda]]>
            </name>
        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/X9T61GEpZyDmjJcwR5PJFcFZwKg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/06/parques_solares_provincia.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>"Pensar en grande" es una frase muy trillada y común, ya lema de los anuncios de uno de los bancos de primera línea del país. Pero es, además, algo que me desafía en lo personal y en lo profesional.</p><p>Para quienes emprendemos con la mirada en el mediano y largo plazo, es quizá lo que más nos motiva. Es tener siempre un objetivo, y otro, y otro… Y no es ambición desmedida: es visión (o hambre) de futuro.</p><p>Aquellos que vienen siguiendo mis columnas sabrán que el verdadero motor detrás de cada proyecto que impulsamos es una convicción innegociable: la obsesión por mantener la relevancia y trascender.</p><p>No trabajamos para la foto de hoy ni para el aplauso de los demás, ya que emprendemos y gestionamos para que lo que construimos hoy siga siendo útil, sólido y valioso los próximos 20, 30 o 50 años.</p><p>Y esa trascendencia no es cuestión de mero entusiasmo o de voluntad: radica, fundamentalmente, en la perspectiva. En la altura desde la cual estamos mirando la realidad (y que, desde ya, sabemos que no es única).</p><p>Si algo aprendí este último tiempo es que cuando te quedás atrapado en el día a día, cualquier meta u objetivo parece inalcanzable y cada obstáculo, por más pequeño que sea, se transforma literalmente en una montaña.</p><p>Cuando mirás desde abajo, la coyuntura te tapa el horizonte y terminás gestionando la urgencia en lugar de construir el destino (la clásica trampa de mirar solo la punta del iceberg).</p><p>Llevándolo a un extremo muy claro, es lo que experimentan los astronautas cuando observan la Tierra desde el espacio: el famoso Overview Effect (efecto panorama). Al elevar la mirada y contemplar la totalidad del planeta desde las alturas, todas las fronteras desaparecen. Los conflictos, las divisiones y los problemas que desde el suelo parecían gigantescos, de repente se tornan comprendidos en su justa dimensión y se vuelven sumamente abordables.</p><p>Entonces, cambiar de altura es también “subir la vara” para tomar decisiones con la verdadera dimensión del territorio. Y eso es lo que tenemos que hacer.</p>Infraestructura local, talento y el inversor global<p>Hace unos meses, hablando en un evento con un conocido que hacía años no veía y que había estado viviendo en Europa, la charla derivó en cómo escalar los proyectos de la ciudad. En un momento me preguntó: "Rodri, ¿por qué no podemos traer a un inversor global a que invierta en Tandil? ¿Qué nos frena?"&nbsp;</p><p>La respuesta cómoda es echarle la culpa a la macroeconomía nacional: la inflación, la falta de crédito o las reglas de juego impredecibles. Sin embargo, cuando elevás la perspectiva y analizás la dinámica real de los negocios, aún con la macro jugándonos 100% a favor, la pregunta que debemos hacernos es otra: ¿está Tandil verdaderamente estructurada para absorber y canalizar una inversión de 100, 200 o 500 millones de dólares?</p><p>Seamos pragmáticos. Si mañana baja un fondo global con 200 millones de dólares para inyectar en la economía local, ¿dónde los volcás sin romper el mercado?</p><p>¿En nuestro Parque Industrial? ¿En nuestro sector de salud o en desarrollos urbanos, que rápidamente ven el límite en el cuello de botella de la infraestructura actual? ¿O en nuestra industria del conocimiento?</p><p>El caso del Cluster Tecnológico (ex CEPIT) fue un orgullo y un motor extraordinario que nos llevó al pleno empleo en el sector. Pero hoy, con la disrupción masiva de la Inteligencia Artificial, el modelo tradicional tambalea y se reconfigura en tiempo real. Y esta cuestión no es exclusiva de los programadores, ya que atraviesa a todas las profesiones por igual.</p><p>Volviendo al tema, caemos en el eterno dilema del huevo y la gallina: ¿no hay empresas de gran escala porque falta masa crítica de profesionales calificados, o no hay profesionales de vanguardia porque faltan empresas que los demanden?</p><p>Es en este punto donde la Universidad y el sistema educativo regional tienen que (volver) asumir un rol protagónico y disruptivo: debemos dejar de formar profesionales para la foto de hoy —que ya quedó vieja antes de entregar el título— y empezar a preparar el talento estratégico para la región que viene. Si la “academia” sigue educando para la economía actual, estamos formando talento para el pasado.</p><p>Como sostuve en columnas anteriores, para crecer sin deformarnos necesitamos mantener un "cuerpo disponible": una ciudad ágil, flexible, con infraestructura holgada y un mercado de talento dinámico listo para absorber escala sin bloquearse.</p><p>Hoy, mirados hacia adentro y en soledad municipal, el cuerpo puede que nos quede chico. Sin esa masa crítica regional, cualquier inversión de verdadera envergadura internacional nos queda ridículamente gigante.</p><p>Acá es cuando chocamos contra la pared de nuestra propia dimensión. Pero solo si nos quedamos mirando con la lente corta del partido de Tandil.</p>La Región del Centro<p>Un inversor global no busca operar en un municipio aislado de 150.000 habitantes que se debate en discusiones superfluas. Lo que busca son nodos territoriales dinámicos, ecosistemas con escala de mercado, logística pesada, masa crítica de talento y servicios sofisticados.</p><p>Si de verdad queremos mantener la relevancia en el mapa, ¿hasta cuándo vamos a seguir creyendo que podemos competir solos contra las grandes metrópolis del país desde el territorio municipal?</p><p>Cuando levantás la cabeza de la coyuntura diaria y mirás la cartografía del centro de nuestra provincia con la perspectiva del astronauta, te das cuenta de que la distancia que nos separa de Azul, Olavarría, Rauch, Ayacucho o Benito Juárez es, en términos de mercado global, absolutamente insignificante. Y, además, estamos en Argentina, donde las distancias geográficas son una ventaja si se saben articular.</p><p>Dicho de otra forma, estamos a menos de dos horas de viaje entre cabeceras. Si cambiamos la escala y consolidamos una mirada de bloque regional, pasamos de ser un municipio aislado a configurar la “Región del Centro Bonaerense”: un mercado integrado de 350.000 a 400.000 habitantes.</p><p>&nbsp;</p>El jardín es para todos<p>Sé que al plantear esto más de uno me tildará de fabulero o fantasioso. "¿Región del centro? ¿De qué habla este muchacho? ¿No le alcanza con hablar de Tandil que ahora suma a la región?".</p><p>Pero es que, precisamente, se trata de no perderse en el trailer o en la película corta. El desafío no está en querer refundar el mundo desde cero por vanidad localista, sino en tener la lucidez de aplicar la perspectiva de lo que funciona en los ecosistemas más prósperos del mundo.</p><p>Para lograrlo, el concepto central sobre el cual debemos pivotar es la coopetencia: cooperar institucionalmente de manera abierta para hacer crecer la escala de toda la región, mientras competimos sanamente en el mercado para elevar los estándares de calidad.</p><p>Acá es donde considero que Tandil tiene una gran oportunidad de demostrar verdadera grandeza directiva e institucional: debemos ser los primeros en dar el paso, tomar la iniciativa y proponer esta alineación estratégica regional.</p><p>No esperemos a que venga otra ciudad “a pedir la reunión” por necesidad, en caso de que se la planteen. Justamente, liderar la convocatoria no es imponer nada, sino demostrar que entendimos la foto completa y que el jardín es para todos, no solo para uno.</p><p>Mirado desde arriba, este movimiento activa el principio fundamental de la plusvalía urbana y territorial ampliada: cuando a un municipio vecino le va bien, atrae inversiones y genera infraestructura, el derrame positivo beneficia a toda la micro-región.</p><p>Y del mismo modo, si a una ciudad vecina le va mal, sufre la “aridez” económica o cae en la vulnerabilidad social, tarde o temprano el impacto negativo nos termina tocando la puerta a nosotros por pura proximidad geográfica.&nbsp;</p><p>Dicho de otra forma, nadie se salva solo ni logra trascender en una isla próspera rodeada de estancamiento.</p><p>Todo muy bien hasta acá. ¿Pero desde dónde podría aportar cada municipio a este nuevo ecosistema?</p>Olavarría, como potencia industrial y minera (y seguro me quede corto)Azul como eje de descentralización (término que ya abordé anteriormente). El ejido sobre la Ruta 3 para captar nodos logísticos pesados y plantas agroindustriales, descongestionar la presión sobre el suelo de Tandil y evitar que nuestra ciudad se vuelva inaccesible (como &nbsp;Pilar, para Capital Federal).Benito Juárez, como nexo agroindustrial y corredor hacia el sudoeste. Clave en el eje agrícola-ganadero hacia Tres Arroyos y Bahía Blanca, aportando suelo estratégico para la transformación primaria.Rauch y Ayacucho, corazón ganadero y potencial laboratorio a campo abierto (además de la industria, incipiente, pero que ya la hay).Balcarce, como plataforma de “ciencia aplicada” y conector marítimo. El INTA para proveer profesionales y para testear ciencia de vanguardia, sumado a su rol estratégico sobre la Ruta 226 como la puerta de salida logística natural hacia Mar del Plata y el puerto.<p>&nbsp;</p>El "Efecto 500.000" y la escala del millón<p>El año pasado, en la charla Flama, tiré al pasar una sola cifra, una sola meta ambiciosa para detonar la conversación: imaginemos un Tandil 2050 con 500.000 habitantes.</p><p>Lógicamente, dicho así, a secas, sonó desmedido, irreal y prácticamente imposible. La reacción inmediata de muchos fue: "¿Cómo metés medio millón de personas sin colapsar el agua, el tránsito y los servicios?".</p><p>Y fue una pregunta válida, pero vuelve a ser una pregunta formulada desde el llano.</p><p>Si ese escenario hipotético o esa tendencia de crecimiento se cumple, ¿qué debemos hacer? ¿Cómo opera ahí la escala regional?</p><p>Acá es donde el cambio de perspectiva hace estallar el mapa tradicional.&nbsp;</p><p>Si Tandil en 2050 proyecta medio millón de personas, estamos hablando de que la Región del Centro Bonaerense pasa a articular un mercado de casi 1 millón de habitantes.</p><p>Ahí la pregunta ya no es cómo sobrevivimos apretados dentro de la circunvalación de Tandil, sino si estamos apuntando conscientemente hacia ese lado o si nos va a pasar por encima el futuro sin haber planificado una sola red de transporte regional o un solo nodo logístico compartido.</p><p>Cuando entendés que el escenario de fondo es ese millón de personas entre el centro bonaerense y la costa, las decisiones de hoy cambian radicalmente:</p>Servicios de salud de alta complejidad: Ya no dependemos de derivaciones a Capital, ya que justificás polos médicos regionales de vanguardia (como el proyecto del hospital privado).Conectividad y movilidad inteligente: Trenes regionales de cercanía, autopistas de carga y conectividad aérea secundaria se vuelven proyectos rentables con tasa de retorno para capitales privados.Densidad urbana y valor del suelo: Planificás ciudades satélite y corredores industriales regionales en lugar de sobredimensionar el centro urbano de una sola ciudad.<p>Como dije en columnas anteriores, siempre estarán quienes argumenten que "hay cosas mucho más urgentes en el día a día como para estar pensando a 25 años".</p><p>Pero caer en esa encrucijada es caer en la trampa de la baja altitud. La respuesta a esta gestión no es "esto o lo otro", tiene que ser "ESTO Y AQUELLO OTRO".</p><p>Eso implica que debemos tapar el bache de hoy mientras diseñamos la red de los próximos 30 años. Si solo apagamos incendios diarios, pasaremos la vida quemándonos con esas chispas que pudimos haber previsto si tan solo hubiésemos levantado la mirada a tiempo.</p>&nbsp;Elevar la mirada para cambiar la escala<p>En definitiva, ¿es la escala de Tandil demasiado grande o somos nosotros los que la estamos mirando desde muy abajo?</p><p>Todo depende de la perspectiva. Como hemos visto, si te quedás en el llano, atrapado en el día a día y en la coyuntura municipal, hablar de medio millón de personas o de liderar un nodo regional de un millón suena a delirio inalcanzable.</p><p>Pero cuando te animás a subir un par de escalones, a cambiar la lente y a mirar el mapa desde las alturas, descubrís que la dimensión real de las cosas cambia. Lo que desde abajo parecía una locura irrealizable, desde arriba se transforma en un plan de negocios lógico, coordinado y urgente.</p><p>No se trata de vender fantasías ni de esperar a que una burocracia resuelva el territorio por decreto. Se trata de entender que las grandes transformaciones de las ciudades siempre las empujó la iniciativa privada en alianza estratégica con la gestión pública (y sumo el tercer sector).</p><p>Tandil 2050 no es un folleto ni un catálogo de buenas intenciones para la foto. Tiene que ser un Plan Estratégico vivo para nuestra ciudad y nuestra región en los próximos 25 años. Y la única forma de que los números cierren, las inversiones lleguen y la infraestructura se concrete es animándonos a liderar esta escala regional que hoy roza los 400.000 habitantes y que mañana puede bordear el millón.</p><p>Al fin y al cabo, lo que hoy parece gigante solo lo es por el lugar desde donde elegimos mirarlo.</p><p>Te invito a sumarte, a ser parte activa de este espacio en www.tandil2050.com y a que a diario te hagas la siguiente pregunta: ¿desde qué altura estoy mirando el futuro de Tandil?</p><p>Hasta la próxima columna.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/X9T61GEpZyDmjJcwR5PJFcFZwKg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/06/parques_solares_provincia.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Para alcanzar el desarrollo proyectado en Tandil 2050, resulta imperativo trascender la mirada localista y fomentar la planificación regional. Integrar a los municipios vecinos es la clave para consolidar una escala competitiva en la región bonaerense.]]>
                </summary>
                                                <category term="tandil-2050" label="Tandil 2050" />
                                <updated>2026-08-08T13:05:25+00:00</updated>
                <published>2026-08-08T11:04:38+00:00</published>
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        <title>
            El horizonte de la articulación público-privada
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/opinion/el-horizonte-de-la-articulacion-publico-privada" type="text/html" title="El horizonte de la articulación público-privada" />
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        <author>
            <name>
                <![CDATA[Alejo Inza]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/el-horizonte-de-la-articulacion-publico-privada">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C1ZrEkE-u8em1joxWkVnKUjm9mk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/09/plaza_independencia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cuando pensamos retrospectivamente en la trayectoria de Tandil, es innegable destacar que el posicionamiento de largo plazo de su marca, que evolucionó hasta su actualidad,&nbsp;incrementó el conocimiento e interés de distintos públicos y actores del exterior por descubrir la identidad de la ciudad e interactuar comercial e institucionalmente con sus sectores más dinámicos.</p><p>A diferencia de otras ciudades del país que también han intentado mostrarse y construir un atractivo, la diversidad de distinciones institucionales y sectoriales que recibieron los actores empresariales locales y el municipio, mencionando la Denominación de Origen “Salame de Tandil” en 2011 otorgada por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación;&nbsp; la representación de Mercociudades en Smart City Expo World Congress, Barcelona en 2019; y la Certificación “Ciudad del Conocimiento” por la Fundación RIL en 2024, entre varias más, nos sugieren que, más que una sumatoria de reconocimientos aislados, la marca tandilense integró y retroalimentó los esfuerzos de las partes a partir de su modelo de articulación público-privada.</p><p>La cooperación entre el sector público y el privado no fue simbólica. Por el contrario, logró favorecer el desarrollo de distintos sectores de la economía local. Como muestran los datos de evolución de establecimientos hoteleros y parahoteleros que trabajó la Dirección de Estadística Local en el período de 2003 a 2022, el turismo fue un sector que, por ejemplo, se benefició al alinearse con la visión institucional que durante años se proyectó bajo la consigna “Tandil: lugar soñado”. Hasta la fecha, esa cooperación se traduce en un incremento año tras año del flujo turístico, de la propuesta gastronómica y recreativa y, adicionalmente, del circuito de emprendedurismo local.</p><p>Sin embargo, así como el esfuerzo coordinado y sostenido acumuló e hizo visibles rápidamente las “ganancias” de una marca instalada y atractiva (como vimos en el caso anterior), el contexto político, demográfico, urbano y de infraestructura que permitió incorporar ese ritmo de expansión ya no es el mismo. Hace 20, 30 o 40 años Tandil podía proyectarse sin preocupación, y así sucedió, porque la velocidad de su crecimiento interno todavía era administrable. Ese contexto se modificó.</p><p>Ante este nuevo punto de partida, creemos oportuno preguntarnos si el paradigma de articulación público-privada debe reinterpretar las nuevas restricciones y oportunidades del contexto para enfrentar un doble desafío: ampliar estratégicamente el posicionamiento de la marca Tandil mientras coordina en simultáneo las complejas dinámicas de una ciudad intermedia.</p><p>Partimos de una tendencia: por la cantidad de demandas sociales que se han incorporado en un contexto de menos recursos fiscales, sumado a la expectativa de velocidad y alcance de la respuesta municipal por parte de los vecinos y vecinas ante nuevas problemáticas y a las exigencias de la expansión socio-urbana es probable que la prioridad del sector público se enfoque en la gestión administrativa, habitacional, urbana, sanitaria, entre otras demandas mientras que, cada vez más desacoplado, el sector privado continuará una trayectoria de posicionamiento más independiente.</p><p>Al pensar esa dinámica en perspectiva, vemos una restricción: el margen para diseñar y sostener políticas públicas de largo plazo que fomenten nuevos sectores que amplíen la marca Tandil, como lo fue el tecnológico, también se reducirá por el costo de coordinar esfuerzos.</p><p>Difícilmente se logre replicar el surgimiento de un sector tan disruptivo como la Economía del Conocimiento en un período sostenido de 10 o 20 años considerando, además, la perspectiva exportadora, la redefinición del consumo a nivel país y la reestructuración de incentivos regulatorios que podrían influir en cómo los actores económicos se reorganicen. La economía local no opera separada de esa transición macroeconómica y por esa razón no es tan claro identificar un sector, o un nicho, para fomentar estratégicamente.</p><p>Ante este panorama, no vemos en el desacople una tendencia irreversible sino, contrariamente, una instancia, quizá no tan desarrollada actualmente, de posible revisión para establecer inicialmente una alineación de objetivos (qué perseguimos) y una visión compartida de corto y mediano plazo (hacia dónde y por qué) con aquellos sectores estratégicos ya posicionados que podrían escalar.</p><p>La propuesta, cabe aclarar, parte de una premisa: no refundar nada, sino capitalizar la ventaja de haber construido una trayectoria exitosa de largo plazo con ciertos sectores.</p><p>Al igual que el turismo, la agroindustria y otras actividades de las economías regionales, el posicionamiento del ecosistema tecnológico local representa, como fue presentando en detalle, un activo indudable para actualizar, alinear y complementar una agenda de trabajo pública-privada que se proponga internacionalizar los resultados de su marca y renovar, gradualmente, las política públicas de largo plazo, tomando como ejemplo el Censo de la Economía del Conocimiento en Tandil lanzado en 2025.</p><p>Por último, es importante señalar que este posible horizonte de la articulación público-privada, reenfocado y equilibrado, invita a que el diálogo se extienda a la representación política en su conjunto.</p><p>De manera implícita, que una agenda estratégica sea “política” implica, sin exagerar la retórica, que la diferencia partidaria sobre cómo administrar, tal vez, el ritmo o el impacto de un sector productivo en la ciudad conviva con una visión compartida sobre cómo complementar la potencialidad de ese mismo sector con las herramientas institucionales, la promoción y la coordinación de la autoridad municipal.</p><p>En el marco del proceso electoral que marcará la urgencia de la opinión pública a partir del próximo año, el diálogo entre el sector público y el privado puede construir, y esta es su principal ventaja, un tiempo, una agenda y resultados que se proyecten más allá de esa coyuntura. Creemos valioso destacar ese espíritu para la etapa que viene.</p><p>* El autor es integrante de Euskal Consultores</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C1ZrEkE-u8em1joxWkVnKUjm9mk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/09/plaza_independencia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Cuando pensamos retrospectivamente en la trayectoria de Tandil, es innegable destacar que el posicionamiento de largo plazo de su marca, que evolucion...]]>
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                                <updated>2026-08-07T17:37:38+00:00</updated>
                <published>2026-08-07T17:37:37+00:00</published>
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            ¿Qué es el bien común?
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                <![CDATA[Hernán Bernasconi]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/que-es-el-bien-comun">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ZgXJeXNMcgcL2-51gnkK2AYlmO8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/04/vaticano.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Definición del bien comúnLa Pastoral Social 2026 se reunirá en la ciudad de Córdoba del 4 al 6 de septiembre próximos y convoca. Tomará como eje temático la cuestión del “bien común”. El lema será “Puentes para el Bien Común”, tema inspirado en la Doctrina Social de la Iglesia, en los compendios de los mensajes pontificios y, particularmente, en la reciente encíclica del papa León XIV Magnífica Humanitas (Magnifica Humanidad).</p><p>Por bien común la Iglesia entiende “el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección” (Constitución Pastoral Gaudium et Spes, n. 26).</p><p>La Iglesia afirma, lejos de sostener un criterio privatista —en el sentido de la actitud de quienes creen que solo deben preocuparse por sí mismos—, que el bien común es lo opuesto al individualismo o al interés particular egoísta, que prioriza el beneficio personal o privado por encima de las necesidades de la sociedad. Mientras el bien común busca las condiciones que integran a toda la comunidad, el individualismo centra la atención exclusivamente en el sujeto o en grupos aislados.</p><p>El bien común como una justicia para todosLa justicia fue el tema de la catequesis del Papa en abril de 2022. Francisco, en la audiencia general celebrada en la Plaza de San Pedro, dijo: “Sin justicia no hay paz, hay que promover el bien común”. Se trata de una virtud que evidencia que no puede haber un verdadero bien para uno si no existe también el bien de todos.</p><p>Justo es quien cultiva el sueño de la fraternidad universal, “un sueño especialmente necesario hoy”.</p><p>El hombre justo no solo vela por su bienestar individual, sino que quiere el bien de toda la sociedad. Por eso, no cede a la tentación de pensar solo en sí mismo ni de ocuparse únicamente de sus propios asuntos, por legítimos que sean, como si fueran lo único que existe en el mundo.</p><p>La virtud de la justicia deja claro —y pone la exigencia en el corazón— que no puede haber un verdadero bien para mí si no existe también el bien de todos.</p><p>“Es la virtud social por excelencia –dijo Francisco– sin justicia no hay paz". Además, precisó que la justicia “es una virtud que actúa tanto en los grandes como en los pequeños”, describiendo características cotidianas del hombre justo, como el candor, la atención a los demás, el interés por el bien común y la honestidad. Subrayó la necesidad de promover la legalidad como antídoto contra la corrupción.</p><p>El Papa concluyó su reflexión citando la Escritura: “Quien busca la justicia y el amor encontrará la vida y la gloria”, para afirmar que los justos “no son perdedores” frente a quienes se creen “astutos y ladinos”; por el contrario, los justos atraen la bondad hacia sí mismos y hacia su entorno.</p><p>Los justos no son moralistas que visten la toga del censor, sino personas rectas que “tienen hambre y sed de justicia”, soñadores que albergan en su corazón el deseo de la fraternidad universal. Y de este sueño, especialmente hoy, todos tenemos una gran necesidad.</p><p>El bien común y los bienes particularesEl bien común no consiste en la simple suma de los bienes particulares de cada sujeto del cuerpo social. Siendo de todos y de cada uno, es y permanece común, porque es indivisible y porque solo juntos es posible alcanzarlo, acrecentarlo y custodiarlo. Entre el bien particular y el bien común existen condicionamientos, pero no necesariamente oposición: el bien particular no se consigue si no se orienta al bien común, y el bien común se realiza alcanzando el bien particular de cada uno.</p><p>Así como el actuar moral del individuo se realiza en el cumplimiento del bien, el actuar social alcanza su plenitud en la realización del bien común. El bien común puede considerarse como la dimensión social y comunitaria del bien moral.</p><p>El bien común está siempre orientado hacia el progreso de las personas, al que debe subordinarse el progreso social.</p><p>Un hombre o una sociedad que no reacciona ante las tribulaciones o las injusticias, y que no se esfuerza por aliviarlas, no son un hombre o una sociedad a la medida del amor del Corazón de Cristo. Los cristianos —conservando siempre la más amplia libertad a la hora de estudiar y de llevar a la práctica las diversas soluciones y, por tanto, con un lógico pluralismo— han de coincidir en el idéntico afán de servir a la humanidad. De otro modo, su cristianismo no será la Palabra y la Vida de Jesús: será un disfraz, un engaño de cara a Dios y de cara a los hombres. (Es Cristo que pasa, p. 167).</p><p>El bien común, un mandato operativo e integralEsta es la tarea del ciudadano cristiano: contribuir a que el amor y la libertad de Cristo presidan todas las manifestaciones de la vida moderna: la cultura y la economía, el trabajo y el descanso, la vida de familia y la convivencia social. (Surco, 302). El negacionista del amor y la libertad de Cristo desintegra su mensaje al separar la cultura desde una perspectiva cristiana de la economía y el trabajo, o la vida en familia y en comunidad de la economía. Una atenta lectura de los Evangelios muestra que el pensamiento de Nuestro Señor siempre abarca la realidad concreta y de modo integral.</p><p>“Nadie se salva solo”, repetía el Papa Francisco en sus homilías (Urbi et Orbe en la Plaza San Pedro durante el inicio de la Covid-19, 27 de marzo de 2020). En medio de la desesperanza, el Papa, aludiendo a la metáfora de la barca en medio de una tormenta donde todos se necesitan y deben remar juntos, infundía ánimo y convocaba a la unidad de toda la comunidad universal, frente a la omnipotencia y autosuficiencia de algunos espíritus contaminados por el individualismo y las dictaduras.</p><p>“La persona no puede realizarse aisladamente”“La persona —afirma San Esteban— no puede realizarse aisladamente, es decir, prescindir de su ser «con» y «para» los demás. Esta verdad le impone no una simple convivencia en los distintos niveles de la vida social y relacional, sino también la búsqueda incesante, de manera práctica y no solo ideal, del bien, es decir, del sentido y de la verdad que se hallan en las formas de vida social existentes. Ninguna forma expresiva de la sociabilidad —desde la familia, pasando por el grupo social intermedio, la asociación, la empresa de carácter económico, la ciudad, la región, el Estado, hasta la misma comunidad de los pueblos y de las naciones— puede eludir la cuestión sobre su propio bien común, que es constitutivo de su significado y auténtica razón de ser.</p><p>Coincidiendo con el Papa Prevost, pone el acento en que “la dignidad de la persona humana implica la búsqueda del bien común. El bien común es un deber de todos los miembros de la sociedad: ninguno está exento de colaborar, según las propias capacidades, en su consecución y desarrollo. Cada cual debe preocuparse por suscitar y sostener instituciones que mejoren las condiciones de la vida humana.” (Catecismo de la Iglesia y el Compendio de la DSI).</p><p>“La participación se realiza ante todo con la dedicación a las tareas cuya responsabilidad personal se asume: por la atención prestada a la educación de su familia, por la responsabilidad en su trabajo, cada persona participa en el bien de los demás y de la sociedad.”</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ZgXJeXNMcgcL2-51gnkK2AYlmO8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/04/vaticano.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Definición del bien comúnLa Pastoral Social 2026 se reunirá en la ciudad de Córdoba del 4 al 6 de septiembre próximos y convoca. Tomará como eje temát...]]>
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                                <updated>2026-08-05T18:32:12+00:00</updated>
                <published>2026-08-05T18:32:08+00:00</published>
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            Gemelos digitales: el futuro no está en los datos del pasado
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                <![CDATA[Mauro Solano]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Mfg1tSToBSW2pCezrZcsJJGqV3k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/08/clon.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>En Argentina se anunció una herramienta para simular políticas antes de aplicarlas. El riesgo de confundir anticipación con adivinación y de crear modelos tecnológicos sin garantías ni marcos adecuados.</p><p>El Gemelo Digital Social se anunció como una herramienta basada en inteligencia artificial para simular el impacto de las políticas sociales antes de implementarlas. El objetivo declarado es pasar de un Estado que observa los problemas una vez que ya ocurrieron a uno con capacidad de anticipación, simulación y prevención.</p><p>Conviene empezar por reconocer que el diagnóstico general es correcto. Un Estado que solo repara lo que ya pasó llega siempre tarde y caro. La administración pública opera con ciclos de decisión largos mientras los cambios sociales se aceleran, y decide con información incompleta, sesgada y atrasada. Que el Estado quiera anticipar es una buena noticia, y hace años que venimos sosteniendo que ese es el camino.</p><p>Pero hay una diferencia sutil que define todo lo demás: anticipar no es predecir.</p><p>Predecir supone que el futuro es una prolongación del pasado. Anticipar supone lo contrario: que hay varios futuros posibles y que el trabajo consiste en prepararse para más de uno. La prospectiva no adivina; construye escenarios posibles, probables y deseables, y nos ayuda a tomar mejores decisiones hoy para acercarnos a ese futuro deseable. Un modelo alimentado solo con datos históricos no anticipa: extrapola. Es el equivalente administrativo de manejar mirando el espejo retrovisor, con una precisión cada vez mayor.</p><p>El caso que suele citarse como modelo lo demuestra. Virtual Singapore integra información geoespacial, de tránsito, demográfica y climática, y permite simular el impacto de una obra o planificar la respuesta a una emergencia. Funciona. También requirió una inversión enorme, depende de datos de altísima calidad que no cualquier administración puede producir (y proteger adecuadamente) y plantea algunos dilemas serios de privacidad.</p><p>Su límite quedó expuesto durante la pandemia, por una razón estructural antes que técnica: un modelo entrenado con datos históricos solo reconoce patrones que ya ocurrieron. Cuando el comportamiento social se apartó de todo registro previo, el sistema no tuvo de dónde deducir lo que venía. Falló ante lo que no tenía precedente, que es justo cuando más falta hace anticipar. Los gemelos digitales son herramientas poderosas, pero no son oráculos: su valor reside en la calidad de sus supuestos y en la capacidad de quienes los interpretan.</p><p>Por eso el orden importa. El plan anunciado prevé definir primero la arquitectura tecnológica y recién después abrir una mesa para debatir privacidad, ética algorítmica y marcos legales. Está al revés. No porque esos temas sean un trámite moral que se cumple al final, sino porque son justamente condiciones técnicas del funcionamiento: sin saber qué datos entran, con qué calidad, bajo qué marco legal y con qué garantías, no hay modelo confiable. La ética no se agrega después, sino que se debe considerar desde el diseño.</p><p>Anticipar en serio exige integrar tres cosas que solemos pensar por separado: prospectiva estratégica, gobernanza de datos e inteligencia artificial. Ninguna alcanza sola. La prospectiva sin datos es especulación. Los datos sin prospectiva optimizan con enorme precisión sistemas que quizá ya son obsoletos. Y la IA sin dirección estratégica es un motor de optimización sin destino: produce futuros eficientes que nadie eligió.</p><p>Si anticipar es construir el futuro deseable y no adivinar el probable, anticipemos entonces Estados inteligentes. Y para eso hay que tomar hoy las decisiones que construyen los fundamentos. El uso de la IA o un gemelo digital es apenas la parte visible de algo que se hace desde abajo, que no se ve y suele quedar fuera del radar de los discursos públicos: datos ordenados, reglas claras y equipos transdisciplinarios formados. Sin eso, la herramienta más sofisticada del mundo es sólo un modelo tridimensional muy caro.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Mfg1tSToBSW2pCezrZcsJJGqV3k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/08/clon.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En Argentina se anunció una herramienta para simular políticas antes de aplicarlas. El riesgo de confundir anticipación con adivinación y de crear mod...]]>
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                                <updated>2026-08-05T18:29:04+00:00</updated>
                <published>2026-08-05T18:29:02+00:00</published>
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            Los datos no hablan solos: la IA no reemplaza al criterio
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                <![CDATA[Sergio Salimbeni]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/los-datos-no-hablan-solos-la-ia-no-reemplaza-al-criterio">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/XvaoVhput7QCLObN-252i9YNNWA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/04/inteligencia_artificial_computadora_terapia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El índice de criminalidad en una ciudad aumentó un 100%. Como titular, es impactante. Sin embargo, al leer la nota descubrimos que durante el año anterior se había registrado un solo homicidio y que este año fueron dos. La estadística es correcta, pero nuestra percepción cambia por completo cuando conocemos el contexto.</p><p>Una persona se ahogó en un lago de un metro de profundidad… en promedio. La profundidad media era de un metro, pero en algunos sectores el agua superaba la altura de una persona.</p><p>El consumo anual per cápita de carnes en la Argentina durante 2025 alcanzó los 116,4 kg, uno de los valores más altos de los últimos años. Sin embargo, el consumo de carne vacuna sigue en niveles históricamente bajos, alrededor de 49,92 kg por habitante, muy por debajo de décadas anteriores. El aumento del consumo total se explica por una mayor ingesta de carne aviar y porcina. ¿Quién tiene razón? Ambos parten de datos correctos, pero están respondiendo preguntas diferentes.</p><p>Los ejemplos anteriores no son excepciones, ocurren a diario. Las estadísticas pueden ser correctas y, al mismo tiempo, conducir a interpretaciones erróneas cuando se presentan sin contexto, o sea, quién selecciona el dato, qué queda fuera y qué comparación es pertinente.</p><p>El problema no está en los números, está en la pregunta que hacemos y en el contexto con el que interpretamos la respuesta. Entonces, el problema no son las estadísticas, tampoco los datos. El problema es creer que los números hablan por sí solos. En realidad, necesitan contexto, interpretación y criterio.</p><p>Nunca en la historia se generaron tantos datos, pero disponer de más datos no garantiza más información ni tomar mejores decisiones. Cuando comprendemos los datos organizados, la información, y la relacionamos con nuestra experiencia, generamos conocimiento. Cuando utilizamos ese conocimiento para tomar una decisión, hablamos de inteligencia.</p><p>En otras palabras, existe una verdadera cadena de valor de los datos: Datos → Información → Conocimiento → Inteligencia → Decisión → Acción → Resultado.</p><p>Los datos describen la realidad; la información la organiza; el conocimiento la explica; la inteligencia permite actuar sobre ella; y son las decisiones las que finalmente producen resultados.</p><p>Vivimos fascinados por la inteligencia artificial, pero pocas veces reflexionamos sobre aquello que la hace posible: los datos. El desempeño de la IA depende de la calidad de los datos con los que aprende, pero también de cómo esos datos fueron seleccionados, organizados e interpretados.</p><p>La IA participa en varios eslabones de la cadena, aunque no puede reemplazar todo el proceso.</p><p>Ningún algoritmo puede definir nuestros objetivos, prioridades o asumir la responsabilidad de una decisión. Esas siguen siendo tareas profundamente humanas.</p><p>Durante gran parte del siglo XX, el desafío fue acceder a la información. Hoy, ese problema está resuelto. El desafío del siglo XXI es diferente: transformar una sobreabundancia de datos en inteligencia útil para decidir mejor.</p><p>En un mundo donde cada día aparecen nuevos indicadores económicos, encuestas, estudios científicos y sistemas de IA capaces de procesar millones de registros en segundos, la verdadera ventaja competitiva ya no consiste en tener más datos, sino en comprenderlos mejor. Hoy, no todos necesitaremos programar algoritmos, pero sí aprender a interpretar datos.</p><p>En un mundo inundado de datos, la inteligencia consiste en formular las preguntas correctas, comprender el contexto y convertir los datos en conocimiento útil.</p><p>No faltan datos; falta inteligencia para transformarlos en mejores decisiones.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/XvaoVhput7QCLObN-252i9YNNWA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/04/inteligencia_artificial_computadora_terapia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El índice de criminalidad en una ciudad aumentó un 100%. Como titular, es impactante. Sin embargo, al leer la nota descubrimos que durante el año ante...]]>
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                                <updated>2026-08-05T17:57:53+00:00</updated>
                <published>2026-08-05T17:57:35+00:00</published>
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            La reconstrucción de la inteligencia humana en la era de los algoritmos
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                <![CDATA[Héctor Moisés Lebensohn]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ebn1Cs6iFaT7wHIeAr-_UiV4x8Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/inteligencia_humana.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Durante casi tres décadas la humanidad abrazó una premisa que parecía indiscutible: cuanto más temprano una persona accediera a la tecnología, mejor preparada estaría para el futuro. La digitalización de las aulas, la expansión de las redes sociales, la sustitución del papel por las pantallas y, más recientemente, la irrupción de la inteligencia artificial generativa fueron presentadas como etapas inevitables del progreso.</p><p>Hoy ese consenso comienza a resquebrajarse.</p><p>Cada vez más gobiernos (como Francia que limitó las redes sociales a mayores de 15 años para la comprensión del lenguaje y la defensa de la lectura del papel) , universidades (como la de Chicago que no permite la IA en el primer año de la carrera para que los estudiantes dominen los fundamentos de la argumentación, la escritura académica y la lectura analítica por cuenta propia) , investigadores en neurociencias y especialistas en educación coinciden en que el verdadero desafío ya no consiste en incorporar más tecnología, sino en determinar cuándo, cómo y en qué momento del desarrollo intelectual debe utilizarse.</p><p>Las recientes decisiones de restringir el uso de inteligencia artificial en los primeros años de formación universitaria en algunas instituciones académicas, de limitar el acceso de menores a las redes sociales en varios países europeos y de recuperar la lectura en papel dentro de las escuelas no constituyen hechos aislados. Forman parte de un cambio cultural mucho más profundo.</p><p>Estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo paradigma educativo.</p><p>La crisis silenciosa del pensamiento profundo</p><p>La revolución digital multiplicó el acceso a la información, pero no necesariamente aumentó la capacidad para comprenderla.</p><p>Nunca antes hubo tantos datos disponibles y, paradójicamente, nunca resultó tan difícil sostener la atención durante varios minutos sobre una misma idea.</p><p>El cerebro humano evolucionó durante miles de años para aprender mediante procesos lentos: observar, leer, comparar, recordar, establecer relaciones y elaborar conclusiones propias. La lógica de las plataformas digitales funciona exactamente al revés. Premia la velocidad, la interrupción constante, el consumo fragmentado y la gratificación inmediata.</p><p>En ese contexto aparece la inteligencia artificial.</p><p>Su extraordinaria capacidad para responder preguntas, redactar textos o resolver problemas representa una herramienta formidable. Sin embargo, utilizada demasiado &nbsp;puede reducir el esfuerzo intelectual indispensable para formar un pensamiento autónomo. La preocupación de numerosos educadores no radica en que la IA produzca respuestas incorrectas que puede pasar, sino en que produzca respuestas antes de que el estudiante haya aprendido a formular buenas preguntas.</p><p>Pensar es un músculo.</p><p>Y como todo músculo, si deja de ejercitarse, se debilita.</p><p>El papel como tecnología cognitiva</p><p>Paradójicamente, aquello que parecía condenado a desaparecer vuelve a adquirir un valor estratégico.</p><p>El libro, el cuaderno y el diario impreso ya no representan solamente soportes físicos de información. Comienzan a ser entendidos como herramientas de entrenamiento cerebral.</p><p>Diversos estudios muestran que la lectura prolongada en papel favorece la comprensión profunda, mejora la memoria de largo plazo y facilita la construcción de mapas mentales del texto. El lector recuerda con mayor precisión dónde estaba una idea dentro de una página, establece relaciones entre capítulos y desarrolla una representación espacial del contenido que difícilmente se reproduce en una pantalla.</p><p>La lectura digital posee ventajas indiscutibles para la consulta rápida, la búsqueda de información y el acceso inmediato al conocimiento. Pero cuando el objetivo es comprender, interpretar, analizar y reflexionar, el soporte impreso continúa ofreciendo ventajas significativas.</p><p>No es una batalla entre papel y tecnología.</p><p>Es comprender que cada soporte desarrolla capacidades distintas.</p><p>La lectura del diario: una gimnasia intelectual cotidiana</p><p>Existe, sin embargo, otro aspecto del que se habla poco y cuya importancia resulta enorme.</p><p>La lectura cotidiana del diario constituye probablemente uno de los ejercicios intelectuales más completos que puede realizar un ciudadano. Exige linealidad, silencio y esfuerzo cognitivo activo.</p><p>A diferencia de las redes sociales, donde los algoritmos muestran únicamente aquello que coincide con nuestras preferencias, un diario presenta una realidad organizada por criterios periodísticos.</p><p>En una misma edición conviven economía, política, ciencia, salud, educación, cultura, deportes, historia, opinión y vida social.</p><p>El lector no recibe únicamente la noticia que fue a buscar.</p><p>Se encuentra con la noticia que no esperaba.</p><p>Y allí reside una enorme riqueza intelectual.</p><p>El diario obliga a salir de la propia burbuja informativa.</p><p>Invita a establecer conexiones entre hechos aparentemente inconexos.</p><p>Construye contexto.</p><p>En tiempos donde la inteligencia artificial puede responder cualquier pregunta en segundos, quizás la función más valiosa del periodismo consista precisamente en ofrecer aquello que ningún algoritmo puede reemplazar completamente: una mirada editorial sobre la realidad.</p><p>El valor irremplazable del diario regional</p><p>Si el diario nacional explica un país, el diario regional explica la vida.</p><p>Los grandes medios informan sobre decisiones presidenciales, conflictos internacionales o indicadores económicos.</p><p>Los diarios regionales cuentan aquello que modifica directamente la existencia cotidiana de una comunidad.</p><p>Informan sobre el hospital donde se atenderán los vecinos.</p><p>Sobre la escuela donde estudiarán los hijos.</p><p>Sobre las obras públicas del barrio.</p><p>Sobre las industrias que generan empleo.</p><p>Sobre la producción agropecuaria de la región.</p><p>Sobre las instituciones intermedias, los clubes, las cooperadoras, las universidades, las entidades culturales y las organizaciones solidarias que sostienen el entramado social.</p><p>Leer diariamente un periódico regional significa conocer el territorio que habitamos.</p><p>Significa comprender los problemas reales de la comunidad antes de que se transformen en crisis.</p><p>Significa reconocer los nombres de quienes construyen silenciosamente la vida colectiva.</p><p>La ciudadanía comienza allí.</p><p>No en las tendencias globales, sino en el conocimiento del propio entorno.</p><p>Las investigaciones sobre hábitos de lectura muestran, además, que el periódico impreso favorece una relación distinta con la información y con la participación cívica respecto del consumo fragmentado de noticias en línea.</p><p>Del entusiasmo tecnológico a la prudencia</p><p>La historia demuestra que toda gran innovación atraviesa una etapa de fascinación.</p><p>Luego llega la madurez.</p><p>Hoy comienza esa segunda etapa.</p><p>Nadie propone regresar al mundo analógico.</p><p>La inteligencia artificial transformará la medicina, la ciencia, la producción, la industria, la investigación y prácticamente todas las profesiones.</p><p>Pero precisamente por su enorme poder resulta imprescindible formar personas capaces de utilizarla críticamente.</p><p>Primero debe aprenderse a escribir.</p><p>Después a corregir con IA.</p><p>Primero a resolver un problema.</p><p>Luego a optimizarlo mediante algoritmos.</p><p>Primero a pensar.</p><p>Después a automatizar.</p><p>Un cordón sanitario pedagógico</p><p>Las restricciones que hoy aparecen en distintos sistemas educativos no constituyen un rechazo a la innovación.</p><p>Representan un mecanismo de protección.</p><p>Un cordón sanitario pedagógico destinado a preservar aquello que ninguna tecnología puede fabricar automáticamente: la curiosidad, el juicio crítico, la comprensión profunda, la imaginación, la memoria, la paciencia intelectual y la capacidad de construir ideas propias.</p><p>Porque la inteligencia artificial puede producir respuestas.</p><p>Pero únicamente una inteligencia humana bien formada puede distinguir cuáles de esas respuestas merecen ser creídas.</p><p>En definitiva, el gran debate del siglo XXI ya no consiste en decidir cuánto utilizaremos la tecnología.</p><p>La verdadera pregunta será cuánto de nuestra capacidad de pensar estamos dispuestos a conservar antes de delegarla en las máquinas.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ebn1Cs6iFaT7wHIeAr-_UiV4x8Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/inteligencia_humana.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Durante casi tres décadas la humanidad abrazó una premisa que parecía indiscutible: cuanto más temprano una persona accediera a la tecnología, mejor p...]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-07-31T17:18:28+00:00</updated>
                <published>2026-07-31T17:18:05+00:00</published>
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            El caballo más rápido no siempre es el que gana
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                <![CDATA[Rodrigo Ariel Rotonda]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/jDfe7o7-WPCj3kKHET-4kFq2NYg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/carrera_cuatreras_hipodromo.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>¿Qué soluciones, si las hay, estamos proponiendo hoy para el desarrollo de nuestra ciudad? ¿Un caballo más rápido? ¿O el auto que revolucione, al menos por unos años, la forma en que pensamos, nos movemos y habitamos Tandil?</p><p>Hace unos días mantuve un intercambio muy enriquecedor con un arquitecto conocido de la ciudad (que seguro debe estar sonriendo al leer estas líneas), precisamente en el marco de esta serie de columnas que vengo publicando últimamente sobre urbanismo, planificación y el desarrollo futuro de Tandil.&nbsp;</p><p>Durante la charla, me planteaba la importancia de hablar o comunicar con "criterio técnico" para "no ser desautorizado" en el debate público.</p><p>A partir de ahí me quedé pensando en cómo opera cierto concepto de autoridad o de “voz validada” que, muchas veces, se malinterpreta en la discusión pública.</p><p>¿Qué tupé tenés vos para hablar de urbanismo si no sos arquitecto ni ingeniero? Muy probablemente esa sea la pregunta que algunos me quieran hacer. Sé que la plantean por lo bajo, entre amigos o conocidos, aunque a mí dudo que me la digan de frente.</p><p>¿Por qué? Porque lamentablemente formamos parte de una sociedad con una buena dosis de hipocresía: de mucho hablar y poco hacer, de criticar puertas para adentro y señalar “con el dedo”, pero después apurarse a posar en la foto como “los amigos del campeón” (y ojo que no me considero un campeón, eh).</p><p>El refrán popular dice que "si la vida te da limones, hay que hacer limonada". ¿Y qué es lo que estoy haciendo?&nbsp;</p><p>La vida me dio la oportunidad de nacer y criarme en la cuna de El Eco de Tandil, que —justo en el día de la publicación de esta columna— cumple 144 años de historia. Un hito que no solo marca un aniversario más, sino que demuestra en la práctica lo que significa trascender, perseguir la relevancia y sostener un compromiso histórico con el desarrollo de la ciudad, habiéndose consolidado con los años y mucho trabajo como un referente del interior a nivel nacional.</p><p>Pero no me quedé solo con eso: mi trabajo final de carrera estuvo enfocado justamente en estudiar la responsabilidad social de los medios de comunicación. De hecho, en el afán de transformar la industria de los medios tradicionales y trascender ese rol meramente informativo, creamos Grupo Rotonda, una plataforma estratégica para conectar los medios con sectores clave como el agro, el real estate y la tecnología, buscando generar un impacto positivo y real que vaya mucho más allá de la pantalla, el micrófono o la tinta.</p><p>Por eso hoy elijo ejercer esa responsabilidad en la práctica: utilizando todos nuestros canales no como meros “espectadores”, sino como verdaderos “puentes” entre el sector productivo, la industria y la ciudadanía para potenciar el desarrollo de Tandil. ¿Por qué no voy a aprovechar a los medios para despertar el interés ciudadano, incomodar las inercias y abrir una conversación seria sobre el futuro de la ciudad en la que elijo vivir y criar a mis hijos?</p><p>Hay otros que con una mirada “más picante” o desconfiada, se preguntarán: ¿Y qué interés oculto tiene este muchacho? ¿Estará buscando desarrollar una carrera política?&nbsp;</p><p>Como apasionado y conocedor de la “cocina” de esos ámbitos, diré que "nunca hay que decir nunca". Pero lo que verdaderamente me moviliza es algo mucho más transparente y terrenal, como lo expuse tiempo atrás en mi charla en el marco de FLAMA (cuyo video está disponible en YouTube): quiero dejar un Tandil mejor que el que recibí para mis hijos y quiero vivir en una ciudad próspera donde sea viable desarrollar proyectos y negocios exitosos. Ni más, ni menos.</p><p>&nbsp;</p>Mantener la relevancia y trascender: el plan por encima del parche<p>En nuestra organización, como en muchas otras, perseguimos continuamente dos objetivos esenciales: mantener la relevancia en el presente y trascender en el tiempo.</p><p>Una ciudad es, en el fondo, la organización más compleja que existe. Si Tandil no planifica hoy cómo sostener su atractivo, perderá relevancia frente a otras regiones del país y del mundo. Y si no construye una visión de largo plazo, jamás logrará trascender, ya que se limitará a envejecer atrapada en sus propias inercias.</p><p>Cuando en columnas anteriores sostenía que el Tandil del 2050 no se puede pensar con el espejo retrovisor ni bajo la falacia del "yo llegué primero", lo hacía justamente con esa convicción: cualquier territorio que aspire a trascender necesita un norte claro, un diagnóstico preciso de su situación inicial y una estrategia concreta para acortar la brecha entre dónde está parado y a dónde quiere llegar.</p><p>Hay quienes dicen, casi como un murmullo resignado: "hay cosas mucho más urgentes e importantes en el día a día como para estar hablando de acá a 25 años". Y la verdad, es una postura totalmente refutable.&nbsp;</p><p>Confunden lo urgente con lo importante: lo importante, mientras no se vuelva urgente, es lo único que verdaderamente se puede planificar y controlar. Si solo atendemos la urgencia del día a día, pasamos la vida apagando incendios que nosotros mismos provocamos por no haber previsto esa chispa años atrás.</p><p>Otros afirman con escepticismo: "es imposible planificar con tanto tiempo en un país como el nuestro". A ellos simplemente hay que recordarles una certeza: sin un plan de largo plazo, sos un simple explorador que va a la deriva, cambiando de rumbo según el viento del momento, sin un camino claro y sin una identidad (me suena a una historia conocida… ¿no?).</p><p>Tan convencido estoy de esto que sostengo que el Plan Estratégico Tandil 2050 que debemos construir (y que te invito acá: www.tandil2050.com) no puede depender de los vaivenes políticos de turno ni convertirse en una herramienta partidaria. No considero que debamos buscar un consenso unánime y paralizante sobre cada detalle, pero sí es indispensable construir una visión compartida sobre la cual ese plan pueda desarrollarse, medirse y aplicarse en el tiempo.</p><p>De ahí para abajo, toda la normativa y la gestión deberían alinearse a esa visión de largo plazo. Y de más está decir que, para pasar de las buenas intenciones a la ejecución concreta, se necesita una unidad de gestión profesional —independiente del Sector Público, el Sector Privado y el Tercer Sector— conducida por un gestor o equipo dedicado en forma exclusiva y remunerado.</p><p>Como aprendimos al analizar la experiencia histórica del Acuerdo del Bicentenario, las grandes mesas de diálogo institucional que carecen de un brazo ejecutivo, de un modelo de financiamiento directo y de proyectos concretos de infraestructura con indicadores de seguimiento, terminan diluyéndose con el tiempo y quedando prácticamente en la nada (podemos conseguir ejemplos de sobra).</p><p>¿De dónde debería salir el presupuesto para sostener esa estructura de gestión? Si saliéramos a pedirle un aporte de $100 a cada uno de los 150.000 habitantes del partido de Tandil sin una propuesta clara, dudo que lo aporten.&nbsp;</p><p>Pero si fuéramos con la firme convicción y la certeza fáctica de que en 25 años vamos a tener un territorio con mayor seguridad, movilidad fluida, servicios básicos garantizados, espacios públicos de calidad que cuiden nuestra identidad y empresas locales que facturen un 40% más por competir en un entorno verdaderamente integrado —sumado a que Tandil será una ciudad faro a nivel global con una calidad de vida excepcional—, ¿no lo pensaríamos dos veces antes de negar esa inversión?</p><p>En el fondo, todo se reduce a una palabra clave: confianza.</p><p>Y todo esto no lo digo postulándome para asumir ese rol ejecutivo: mi enfoque profesional de hoy está puesto en consolidar el grupo empresarial que conformamos hace poco más de un año.</p><p>Pero si algo tengo claro es que en el mundo real, cuando hay presupuesto, gestión profesional y reglas claras, las cosas finalmente suceden.</p><p>&nbsp;</p>Mantener una ciudad "disponible"<p>Existe un concepto fascinante (y agradezco a mi osteópata el habérmelo explicado) en el ámbito de la kinesiología y la “biomecánica corporal”: la importancia de mantener un cuerpo disponible.&nbsp;</p><p>¿Qué significa esto? Significa tener un cuerpo funcional, flexible, sin bloqueos estructurales, preparado para responder con agilidad ante cualquier estímulo, movimiento o sobrecarga sin lesionarse. Un cuerpo que no está "disponible" es rígido, le duele moverse y colapsa ante la primera exigencia.</p><p>Con las ciudades pasa exactamente lo mismo: necesitamos mantener una ciudad "disponible" en todos sus sentidos.</p>Disponible en su movilidad e infraestructura: Una ciudad atascada por el tránsito o bloqueada por la falta de redes de agua y cloacas es un cuerpo rígido que sufre para funcionar, como vimos al discutir la tirantez entre la densidad y la movilidad urbana.Disponible para la inversión y el desarrollo: Un entramado normativo burocrático y prehistórico, que depende del parche de la excepción individual para aprobar proyectos, es un síntoma claro de patología estructural.Disponible en su espacio público e identidad: Reconvertir estratégicamente áreas neurálgicas, como planteamos al proponer el rediseño del centro o el modelo tripartito con el tercer sector como garante, no es otra cosa que devolverle flexibilidad a los nodos vitales de la comunidad.<p>Una ciudad "disponible" es aquella que no le frena el paso a la innovación ni asfixia la iniciativa privada. Tampoco permite que el crecimiento desordenado termine rompiendo la calidad de vida de sus vecinos.</p>Si no hay “resto”, tampoco hay "yo"<p>Es natural que cada actor social intente llevar agua para su propio molino. Los intereses individuales casi siempre priman por sobre los colectivos, ya que es un instinto de supervivencia que llevamos muy adentro. Primero yo, después el resto.</p><p>Sin embargo, hay un límite lógico que solemos ignorar: si no hay resto, tampoco hay "yo".</p>¿Quién te va a pagar el sueldo si no hay empresas locales viables y prósperas?¿Quién te va a comprar si la economía local se estanca por falta de competitividad?¿Y quién va a querer invertir un solo peso en Tandil si la ciudad se transforma en un desastre urbano, colapsado en sus servicios y fragmentado en su tejido social?<p>La plusvalía urbana, la captura del valor del suelo y el crecimiento planificado son las únicas garantías reales de que el desarrollo sea sostenible para todos y de que el entorno conserve su atractivo económico y social.</p><p>El "jardín" que hoy disfrutamos los tandilenses estoy seguro de que alguien lo pensó con generosidad hace varias décadas. Esa persona o ese grupo de personas hoy ya no están. Nosotros tenemos hoy la oportunidad histórica de convertirnos en ese "alguien" que empiece a planificar el jardín de las próximas generaciones, garantizando que el patrimonio y la identidad local logren trascender el paso del tiempo.</p>&nbsp;Cambiar de carrera: hacia una mirada sistémica<p>No pretendo tener la única verdad ni presentar algo cerrado e inamovible.</p><p>De lo que estoy convencido es de que si todos empujamos para el mismo lado —aun aceptando las diferencias y matices que naturalmente van a surgir—, la marca Tandil se va a escribir con mayúscula. SIEMPRE.</p><p>Es cierto: el caballo más rápido "casi siempre" (depende del jinete, desde ya) gana en las carreras de caballos. ¿Pero qué pasa si lo que verdaderamente necesitamos como sociedad es dejar de correr esa carrera?</p><p>Seguir compitiendo por ver quién consigue la solución más rápida a un problema viejo es seguir dando vueltas en la misma pista. Hay algo mucho más ambicioso para desafiarnos y se trata de cambiar las reglas del juego y construir el vehículo del futuro. Porque, al final del día, la historia nos enseña una lección inevitable: al caballo más rápido no le gana otro purasangre, le termina ganando el auto.</p><p>Buscar ese "caballo" será siempre la primera respuesta cuando falta audacia, porque es lo conocido y lo cómodo. No escribo estas líneas por ser mejor ni peor que nadie, sino para tirar esa primera piedra y elevar la voz. Mi objetivo es que esta conversación prenda en toda la ciudadanía para que no nos conformemos con "tomar agua sola" únicamente por no imaginarnos algo diferente.</p><p>Por eso te invito a que nos unamos en www.tandil2050.com para empezar a diseñar, entre todos, el auto que nos merecemos.</p><p>Nos debemos una ciudad moderna, ágil, sana, disponible y preparada para trascender. Ni más, ni menos.</p><p>Hasta la próxima columna, porque seguiré haciendo limonada… y te invito a compartirla.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/jDfe7o7-WPCj3kKHET-4kFq2NYg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/carrera_cuatreras_hipodromo.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Frente al vicio del mucho hablar y poco hacer y a la idea resignada de que no se puede planificar a 25 años, es tiempo de audacia. Tandil no necesita otro caballo rápido: necesita que nos unamos para diseñar el vehículo del futuro.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-07-31T12:26:19+00:00</updated>
                <published>2026-07-30T07:30:00+00:00</published>
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            Sangre dorada
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                <![CDATA[El Eco de Tandil]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/sangre-dorada">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/IOG048Zcjsa2z-JQT918Ecj8Z7w=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/minera_san_jose.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Mientras la atención internacional continúa concentrada en el narcotráfico, otra economía ilícita crece silenciosamente hasta convertirse en uno de los principales motores financieros del crimen organizado. La explotación ilegal de oro actualmente financia guerrillas, carteles, mafias, redes de corrupción y estructuras de lavado de activos que disputan el control territorial en buena parte de América Latina. El fenómeno ya no constituye un problema ambiental, representa una amenaza estratégica para la seguridad de los Estados.</p><p>Durante décadas, el narcotráfico fue considerado el principal motor financiero de las organizaciones criminales latinoamericanas; guerrillas, carteles, organizaciones mafiosas y grupos armados encontraron en la cocaína una fuente extraordinaria de recursos (aún vigente) que les permitió expandirse, corromper instituciones, adquirir armamento, controlar territorios y desafiar la autoridad de los Estados. La imagen del crimen organizado quedó así inevitablemente asociada a las rutas de la droga, los grandes cargamentos, los laboratorios clandestinos y las redes internacionales de distribución. Sin embargo, mientras la mayor parte de los esfuerzos estatales continuaban concentrándose en combatir ese fenómeno, otra economía ilícita comenzó a expandirse de manera constante, silenciosa y con una capacidad de adaptación extraordinaria.</p><p>Lejos de ocupar un lugar secundario dentro de las actividades criminales, la minería ilegal se convirtió en una de las principales fuentes de financiamiento del crimen organizado transnacional, modificando profundamente la estructura económica de estas organizaciones, posibilitando a su vez la diversificación de sus fuentes de ingresos. El cambio no resulta casual, responde a una lógica empresarial que las organizaciones criminales han perfeccionado durante décadas. Como cualquier estructura económica compleja, el crimen organizado busca reducir riesgos, diversificar inversiones y asegurar la continuidad de sus ingresos frente a escenarios inestables o cambiantes.</p><p>La presión internacional sobre el narcotráfico, el fortalecimiento de algunos mecanismos de cooperación judicial y financiera y la mayor capacidad de los Estados para interceptar cargamentos de distintos tipos de drogas impulsaron a estas organizaciones a explorar mercados ilícitos con menor exposición y similares niveles de rentabilidad. En ese proceso, el oro apareció como un recurso excepcional. A diferencia de la cocaína, cuya producción, transporte y comercialización requieren una infraestructura logística, compleja y, (aunque clandestina), potencialmente detectable, el oro posee una característica que lo convierte en un activo particularmente atractivo para las economías criminales, ya que, una vez extraído, resulta extremadamente difícil distinguir el origen legal del ilegal. Puede fundirse, mezclarse con producción formal, incorporarse rápidamente al circuito financiero internacional y comercializarse como un producto aparentemente legítimo; en otras palabras, el oro ofrece algo que pocos activos ilegales proporcionan simultáneamente, como el alto valor económico, la estabilidad de precio, la aceptación universal y enormes posibilidades de lavado de activos.</p><p>Esta condición explica por qué numerosas organizaciones criminales comenzaron a desplazar parte de sus recursos hacia la explotación ilegal de minerales preciosos. El fenómeno ya no se limita a pequeños grupos de buscadores informales ni a explotaciones artesanales desarrolladas en zonas aisladas; la minería ilegal evolucionó hasta convertirse en una compleja industria clandestina que demanda maquinaria pesada, logística internacional, redes financieras, sistemas de transporte, protección armada, estructuras orientadas a explotar la corrupción y mecanismos sofisticados de comercialización. Lo verdaderamente novedoso es que esta actividad dejó de ser un simple delito ambiental para transformarse en un fenómeno que afecta seriamente a la seguridad regional. Durante muchos años, la minería ilegal fue analizada casi exclusivamente desde la perspectiva de la protección del medio ambiente. La preocupación principal giraba alrededor de la deforestación, la contaminación con mercurio, la degradación de los cursos de agua y la destrucción de ecosistemas estratégicos.</p><p>Todos esos efectos continúan existiendo y representan una amenaza de enorme magnitud, sin embargo, esa mirada resulta hoy ciertamente insuficiente ya que, detrás de cada explotación minera ilegal a gran escala, suele encontrarse una estructura criminal mucho más amplia. Allí donde aparecen dragas clandestinas, retroexcavadoras, campamentos ilegales y pistas aéreas improvisadas, rara vez opera un único delito, emergiendo un verdadero ecosistema criminal en el que convergen el lavado de activos, la trata de personas, la explotación laboral, el tráfico de armas, el narcotráfico, la corrupción pública, el contrabando y la violencia organizada; la diversificación criminal les proporciona a estas estructuras delictivas, mayor resiliencia, reduciendo riesgos y multiplicando su capacidad para adaptarse a las respuestas estatales. La minería ilegal financia organizaciones capaces de controlar territorios completos, imponer sistemas paralelos de autoridad, regular actividades económicas, cobrar extorsiones, administrar justicia por mano propia e incluso sustituir al Estado en vastas regiones de América Latina. En definitiva, el oro dejó de ser únicamente un metal precioso, convirtiéndose en extensos lugares de América Latina, en la moneda con la que el crimen organizado compra poder, construye gobernanza, financia violencia y consolida su expansión.</p><p>Evolución criminal en la región - patrones y mutaciones de la minería ilegal</p><p>La evolución del crimen organizado demuestra que las organizaciones más exitosas no son necesariamente las más violentas. Son aquellas que logran adaptarse con mayor rapidez a las transformaciones económicas, regulatorias y geopolíticas. Allí donde los Estados concentran sus esfuerzos sobre una actividad específica, estas estructuras desplazan parte de sus recursos hacia nuevos mercados, reducen riesgos y preservan su capacidad financiera. La minería ilegal representa, precisamente, una de esas mutaciones estratégicas.</p><p>La Amazonía y la Zona Andina comparten profundas semejanzas en sus crisis de inseguridad debido a que la minería ilegal funciona bajo las mismas lógicas del crimen organizado transnacional. Aunque difieren drásticamente en su geografía, el auge en el precio internacional del oro ha convertido a ambas regiones en objetivos de mafias internacionales que aprovechan la debilidad del Estado. Esto ha homogenizado las amenazas que sufren las poblaciones locales de la selva y de la montaña en extensos sectores de la región.</p><p>Colombia - minería criminal como sustituto del narcotráfico</p><p>En Colombia, por extraño que nos parezca, la minería ilegal ha llegado a equiparar e incluso superar al narcotráfico en ciertas regiones como principal fuente de ingresos para grupos armados organizados. Estructuras como el Clan del Golfo o disidencias de las FARC y estructuras posparamilitares (las llamadas bandas criminales emergentes - BACRIM – ) han incorporado la explotación aurífera como eje estratégico.</p><p>Las características relevantes, del fenómeno Colombiano están dadas por el control territorial directo de zonas de extracción; en regiones como Chocó, Antioquia, Cauca o el sur de Bolívar, estos actores controlan dragas, retroexcavadoras, insumos químicos y rutas de comercialización, imponiendo impuestos a mineros informales y sus comunidades, empleando la violencia como método de disciplinamiento territorial. La relación con comunidades indígenas y afrodescendientes es ambivalente, en algunos casos hay cooptación y participación directa de comuneros en la cadena de extracción; en otros, resistencia y desplazamiento forzado.</p><p>La minería ilegal se superpone con cultivos ilícitos y corredores de narcotráfico, generando un mapa de economías ilícitas integradas donde el oro funciona como lavado de activos y diversificación criminal. La minería ilegal demuestra una alta sofisticación logística y financiera, con vínculos que atraviesan fronteras. Colombia muestra un alto grado de criminalización de la minería ya que, no es solo una actividad informal, sino un componente estructural de la economía de guerra de grupos armados, con capacidad de controlar ríos, pasos y centros poblados, además de condicionar la vida comunitaria mediante extorsión, reclutamiento y regulación violenta de la actividad.</p><p>Venezuela y el arco minero del Orinoco</p><p>En Venezuela, el Arco Minero del Orinoco y otras zonas auríferas del sur del país ilustran un modelo aún más extremo, la minería ilegal (y semi-legal, bajo paraguas estatal) se articula con sindicatos mineros, pranes y grupos armados que ejercen un control casi total sobre campamentos, poblaciones y rutas fluviales. En territorios indígenas del estado Bolívar y áreas cercanas al amazonas Venezolano, estos actores imponen reglas propias, cobran impuestos, regulan el acceso a insumos y ejercen violencia sistemática, incluyendo masacres y desplazamientos.</p><p>A ello se suma la presencia de grupos armados de carácter irregular, colombianos como el Ejercito de Liberación Nacional (ELN), que han sido señalados como partícipes del negocio minero en zonas fronterizas, lo que refuerza la idea de una economía criminal transnacional donde oro, armas y drogas circulan en un mismo circuito. La gobernanza estatal se ve sustituida por una gobernanza criminal híbrida, esto es, actores armados locales, estructuras carcelarias (pranato) y segmentos de fuerzas de seguridad que participan o protegen la actividad ilegal. Para las comunidades que habitan esos espacios, esto se traduce en pérdida de control sobre su territorio, contaminación masiva de ríos, ruptura de formas tradicionales de organización y una dependencia creciente de la economía del oro para sobrevivir, aun sabiendo que esa misma economía destruye su entorno y su tejido social.</p><p>Perú - la guerra por el control minero en el Pataz</p><p>En el Perú, la minería ilegal ha superado al narcotráfico como la economía ilícita más rentable y destructiva. Esta crisis ya se extiende a 11 regiones amazónicas y a enclaves críticos de la sierra andina, generando un escenario de violencia que desafía directamente la soberanía del Estado. La situación en el territorio Peruano evidencia el cruce de estas dos realidades geográficas bajo el control del crimen organizado.</p><p>En la sierra de La Libertad, la provincia de Pataz se ha convertido en el símbolo de la violencia andina por el oro. Organizaciones transnacionales operan allí controlando socavones. El uso de armamento militar pesado de largo alcance (fusiles de asalto AR-15 y AKM, granadas y explosivos) ha transformado la zona en un campo de batalla. El Gobierno mantiene a Pataz bajo un constante estado de emergencia con control de las Fuerzas Armadas y toque de queda. Pese a millonarias incautaciones y la destrucción de campamentos, la violencia (sicariato, secuestros y extorsión) y los enfrentamientos armados persisten. La enorme capacidad económica de estas redes delictivas ha penetrado la política local, detectándose candidatos municipales y regionales con nexos directos a la minería ilegal.</p><p>Brasil - el garimpo ilegal</p><p>En la Amazonia—especialmente en territorios yanomami y otras tierras indígenas—la actividad minera artesanal (garimpo), muestra otro patrón de convergencia entre minería, crimen organizado y captura territorial. Miles de garimpeiros operan con apoyo logístico que incluye avionetas, combustible, maquinaria pesada y cadenas de suministro que no pueden sostenerse sin algún grado de protección política y criminal.</p><p>En los últimos años se ha documentado la articulación de facciones como el PCC y otras organizaciones con el negocio minero, ya sea en la provisión de armas, en el control de rutas fluviales y aéreas, o en el uso del oro como mecanismo de lavado de dinero proveniente del narcotráfico. Las comunidades indígenas sufren invasiones masivas, destrucción de fuentes de agua, epidemias y violencia, mientras el Estado oscila entre operativos de interdicción y períodos de tolerancia o desregulación de facto. Brasil aporta el componente de industrialización del garimpo, ya que la minería ilegal no es solo un conjunto de campamentos improvisados, sino una cadena productiva con financistas, proveedores, pilotos, intermediarios y compradores internacionales, donde el crimen organizado se inserta como garante de la seguridad y la logística.</p><p>Argentina observador participante</p><p>También en nuestra Cordillera se han registrado incidentes a lo largo de la historia reciente, siendo quizá el más conocido, aquel que se difundiera públicamente como el incidente del ZANCARRON.</p><p>Los hechos tuvieron lugar en la mina El Zancarrón, un yacimiento de oro inactivo y sin custodia, ubicado a 3.550 metros sobre el nivel del mar en la alta cordillera de la Provincia de San Juan, departamento de Iglesias, Jáchal, justo en el límite fronterizo entre Argentina y Chile; allí cuatro mineros chilenos (conocidos históricamente en la región como "pirquineros") cruzaron la frontera por un paso ilegal no habilitado utilizando para ello, una camioneta. El grupo se instaló de forma clandestina en el yacimiento argentino y extrajo rocas con alto contenido de oro en bruto. Efectivos del Escuadrón 25 Jáchal de la Gendarmería Nacional Argentina recibieron una alerta sobre movimientos sospechosos en la alta montaña y desplegaron un operativo cerrojo a resultas del cual lograron detener a los incursores ilegales, quienes se resistieron a la detención, llegando a utilizar armas de fuego. No obstante, estos antecedentes, nuestro país aún conserva una ventaja estratégica dado que puede observar y entender antes de padecer el problema. Argentina posee recursos minerales de enorme valor, especialmente oro, plata, cobre y litio, compartiendo además extensas fronteras internacionales, corredores logísticos complejos y zonas de baja densidad poblacional que requieren una vigilancia permanente.</p><p>No se trata únicamente de incrementar controles policiales, sino de integrar organismos ambientales, aduaneros, tributarios, judiciales, financieros y de inteligencia criminal bajo una conducción estratégica común. La cooperación internacional también ocupa un lugar decisivo. Ninguna organización criminal opera exclusivamente dentro de las fronteras nacionales; las rutas financieras, logísticas y comerciales atraviesan varios países de forma simultánea. Compartir inteligencia criminal, coordinar investigaciones patrimoniales y realizar operaciones conjuntas constituye una condición indispensable para enfrentar este fenómeno de alcance transnacional. Sin embargo, ninguna herramienta será suficiente si el Estado actúa únicamente cuando el delito ya se encuentra consumado.</p><p>La principal enseñanza que ofrece América Latina es que el éxito del crimen organizado depende mucho menos de su capacidad que de las oportunidades que encuentran para crecer. Las organizaciones criminales no crean las vulnerabilidades, simplemente las identifican, las estudian y las explotan con extraordinaria rapidez.</p><p>La pregunta, entonces, ya no consiste en determinar cuál de estas economías ilícitas resulta más rentable. La verdadera cuestión es comprender cómo interactúan entre sí para fortalecer la capacidad de expansión del crimen organizado, porque el oro, por sí solo, no explica la magnitud del fenómeno. Lo verdaderamente preocupante es que ha pasado a convertirse en el punto de encuentro donde confluyen violencia, corrupción, captura institucional, devastación ambiental y sofisticadas redes financieras internacionales. Es allí donde la minería ilegal deja de ser un problema sectorial para transformarse en uno de los mayores desafíos estratégicos para la seguridad y la gobernabilidad de América Latina, región de la que somos parte.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-07-28T19:41:34+00:00</updated>
                <published>2026-07-28T19:41:24+00:00</published>
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            Cuando el otro deja de ser alguien
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                <![CDATA[Marcelo Feliú]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2JrUThjuXushHm5iVv6aLm8WUrQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/desubjetivacion.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hace apenas unos días, una publicación en redes sociales bastó para desencadenar una reacción que ya nos resulta demasiado familiar. Miles de mensajes de repudio, pedidos de boicot, insultos y llamados a cancelar a una artista internacional que terminó ofreciendo disculpas públicas por haber compartido un contenido cuyo alcance, según explicó, no había advertido completamente.</p><p>Escenas como ésta ya no constituyen una excepción. Se han convertido en una forma habitual de procesar los conflictos públicos. Hoy puede tratarse de una artista, ayer fue un deportista, un periodista, un político o un influencer, mañana podrá ser cualquier ciudadano que exprese una opinión incómoda. Cambian los protagonistas, cambian los escenarios, cambian los motivos, pero lo que permanece es una misma manera de mirar al otro.</p><p>No interesa aquí discutir si aquellas disculpas eran suficientes, si la reacción fue desproporcionada o si la crítica estaba justificada. Lo verdaderamente inquietante ocurrió antes. Mucho antes de los insultos, del pedido de cancelación o del juicio colectivo, ya se había producido una transformación más profunda y menos visible: dejamos de encontrarnos con una persona para comenzar a enfrentarnos a una representación de esa persona.</p><p>Ya no reaccionamos frente a alguien con una historia, contradicciones, deseos y matices -como los tenemos todos-, sino frente a una imagen simplificada construida a partir de un recorte, una frase, una fotografía o un video de pocos segundos.</p><p>Ese cambio suele pasar inadvertido. Sin embargo, constituye una de las transformaciones culturales más significativas de nuestro tiempo. Porque cuando dejamos de relacionarnos con personas para comenzar a relacionarnos con representaciones, el otro empieza lentamente a perder cualidad humana. Ya no aparece como un sujeto con una vida interior propia, sino como la superficie sobre la que proyectamos nuestras certezas, nuestros miedos y nuestros prejuicios. Quizá haya llegado el momento de ponerle un nombre a ese fenómeno, podríamos llamarlo la desubjetivación del otro.</p><p>No se trata simplemente de una pérdida de empatía ni de un aumento de la agresividad. La desubjetivación constituye un proceso psicológico y cultural mediante el cual dejamos de reconocer al otro como alguien dotado de una interioridad propia -con deseos, sufrimientos, contradicciones y una dignidad irreductible- para percibirlo principalmente por la utilidad, la amenaza o la función que representa para nosotros. Desde ese momento deja de ser alguien para convertirse en algo: un cliente, un usuario, un voto, un consumidor, un seguidor, un recurso, un enemigo.</p><p>La violencia física constituye apenas una de las expresiones posibles a las que puede llevar este proceso. Antes del insulto, del abuso, de la manipulación, del golpe o de la exclusión ya ocurrió algo más decisivo: desapareció la persona detrás de la categoría “otro”.</p><p>Pero ninguna cultura enseña esa forma de mirar de manera explícita, lo hace silenciosamente. Toda cultura deja una marca sobre quienes la habitan. No sólo transmite valores o costumbres. También moldea sensibilidades. Nos enseña qué merece nuestra atención, qué consideramos valioso y, sobre todo, cómo aprendemos a percibir a los demás.</p><p>Ninguna cultura es homogénea. Todas contienen tradiciones que fortalecen nuestra capacidad de reconocer al otro como un sujeto -la educación, la vida democrática, la vigencia de los derechos humanos, el diálogo, el arte o la solidaridad- y también dinámicas que favorecen el movimiento inverso: reducir a las personas a la función que cumplen, a la utilidad que ofrecen o a la identidad que representan. El problema comienza cuando estas últimas dejan de ser excepcionales y terminan organizando la vida cotidiana.</p><p>Porque las culturas no sólo enseñan una manera de mirar, también enseñan una manera de nombrar, y el lenguaje nunca es completamente inocente. Cuando hablamos de “capital humano”, “recursos humanos”, “usuarios”, “seguidores”, “audiencias”, “electorado”, “target” o “segmentos”, describimos aspectos reales de la vida social. Sin embargo, al mismo tiempo privilegiamos una dimensión particular de las personas.</p><p>El problema no consiste en utilizar esas categorías allí donde resultan necesarias. Aparece cuando terminan colonizando toda nuestra forma de comprender al otro. Entonces comenzamos a olvidar que detrás del usuario hay una persona, detrás del votante hay una biografía, detrás del perfil hay una historia, detrás del adversario hay alguien cuya vida interior es tan compleja como la nuestra.</p><p>Nuestra época no inventó esta tendencia. La posibilidad de objetivar al otro ha acompañado a la humanidad desde siempre. Lo novedoso es que determinadas condiciones culturales parecen potenciarla como nunca antes: la aceleración permanente del tiempo, la economía de la atención, la lógica algorítmica de las plataformas digitales, la hiperexposición y la fragmentación del espacio público. Nunca fue tan sencillo obtener información sobre cualquiera, nunca fue tan difícil conocer verdaderamente a alguien.</p><p>La cultura del rendimiento refuerza esa lógica al acostumbrarnos a valorar a las personas por lo que producen, al estudiante por sus calificaciones, al profesional por sus resultados, al deportista por sus marcas y al trabajador solo por su productividad.</p><p>La cultura del consumo desplaza lentamente ese criterio hacia los vínculos. Ya no sólo consumimos objetos, también consumimos reconocimiento, prestigio, aprobación, experiencias y relaciones. Las personas empiezan a ser evaluadas por la satisfacción que son capaces de proporcionarnos.</p><p>La cultura digital introduce una transformación adicional. Allí donde antes conocíamos trayectorias personales, hoy solemos encontrarnos con perfiles, donde había conversaciones aparecen publicaciones, y donde existían historias complejas circulan fragmentos de pocos segundos. Terminamos creyendo que una imagen, un tuit o un video bastan para comprender una vida.</p><p>La lógica de la polarización completa ese recorrido. Antes incluso de escuchar a alguien sentimos la necesidad de ubicarlo en una identidad: de qué partido es, qué vota, qué medio consume o de qué lado se encuentra en la última controversia pública. El adversario deja de ser un interlocutor para convertirse en una categoría frente a la cual reaccionamos casi automáticamente.</p><p>Ninguna de estas dinámicas explica por sí sola nuestra época. Tampoco constituyen un juicio moral sobre el mercado, la tecnología o la competencia. El problema aparece cuando esas lógicas dejan de limitarse a sus ámbitos específicos y terminan colonizando el conjunto de nuestros vínculos. La desubjetivación del otro no comienza con la violencia, empieza cuando la desubjetivación ya ha ocurrido.</p><p>¿Por qué esa forma de mirar al otro encuentra hoy un terreno tan fértil? La respuesta no puede buscarse únicamente en las redes sociales, en los algoritmos o en la dinámica política. También exige volver la mirada hacia una característica mucho más profunda de la condición humana.</p><p>Jacques Lacan llevó hasta sus últimas consecuencias una de las inferencias fundamentales de Freud al sostener que el sujeto humano se encuentra estructuralmente constituido alrededor de una falta. Ningún objeto logra proporcionar una satisfacción definitiva porque el deseo no nace simplemente de la ausencia de algo, sino de una incompletud que forma parte de nuestra propia condición. No deseamos porque todavía no encontramos aquello que nos falta; deseamos porque ninguna adquisición puede clausurar definitivamente esa falta constitutiva.</p><p>La sociedad de consumo no creó esa condición. Lo que hizo fue convertir en mercancía la promesa de superarla. Nos persuade de que la próxima compra, el próximo ascenso, el próximo reconocimiento, la próxima relación afectiva o el próximo éxito serán suficientes para sentirnos finalmente completos. Pero la satisfacción dura apenas un instante, el deseo vuelve a ponerse en marcha, se desplaza hacia otro objeto y la búsqueda comienza otra vez. Así se consolida una subjetividad permanentemente insatisfecha.</p><p>El problema no consiste en desear. Desear constituye una condición inseparable de la existencia humana, el problema aparece cuando dejamos de tolerar esa incompletud y comenzamos a exigir que sean los otros quienes la resuelvan. Entonces las personas dejan de ser encuentros para convertirse en recursos. No sólo consumimos objetos, consumimos reconocimiento, consumimos prestigio, consumimos validación, consumimos experiencias, consumimos vínculos y, en ocasiones, terminamos consumiendo personas.</p><p>Cuando alguien deja de satisfacer nuestras expectativas, se reemplaza. Cuando deja de confirmar la imagen que tenemos de nosotros mismos, se descarta. Cuando piensa distinto, deja de ser un interlocutor para convertirse en un obstáculo y se propicia su cancelación. La desubjetivación del otro no constituye entonces el punto de partida, es la consecuencia de una cultura que produce sujetos cada vez menos dispuestos a convivir con su propia falta.</p><p>En este punto, el psicoanálisis ofrece otra advertencia que conserva una sorprendente actualidad. Algunas modalidades de funcionamiento perverso se caracterizan precisamente porque el otro queda subordinado, ante todo, a la satisfacción del propio deseo. Su singularidad pierde relevancia frente a la función que cumple. Ya no importa quién es esa persona, sino aquello que puede proporcionar.</p><p>Sería un error trasladar sin más una categoría clínica al análisis de una sociedad. Las culturas no son perversas en sentido psicopatológico. Sin embargo, también sería ingenuo ignorar que determinadas formas de organización social premian vínculos que, sin constituir una perversión clínica, reproducen una lógica sorprendentemente cercana: valorar al otro principalmente por la utilidad que ofrece.</p><p>Algo semejante puede observarse al estudiar la psicopatía. Uno de sus rasgos más característicos no consiste únicamente en la ausencia de culpa. Consiste también en una profunda dificultad para experimentar empatía emocional. El sufrimiento ajeno puede ser comprendido intelectualmente, anticipado con precisión e incluso utilizado estratégicamente. Lo que se encuentra alterada es la experiencia afectiva que permite sentirse genuinamente conmovido por ese sufrimiento.</p><p>Esta distinción resulta especialmente sugerente para comprender nuestra época, nunca habíamos dispuesto de tanta información sobre los demás, los algoritmos aprenden nuestros gustos, las plataformas anticipan nuestras preferencias, las empresas conocen nuestros hábitos, la inteligencia artificial interpreta cada vez mejor nuestro lenguaje, nuestras emociones y nuestros patrones de comportamiento. Comprender al otro nunca había resultado tan sencillo, sin embargo, reconocerlo como un sujeto irrepetible quizá nunca había sido tan difícil.</p><p>Éste constituye uno de los grandes contrastes de nuestro tiempo. Mientras las tecnologías perfeccionan extraordinariamente nuestra capacidad para predecir comportamientos, nada garantiza que aumente nuestra disposición para encontrarnos verdaderamente con quienes esos comportamientos expresan. Podemos conocer con enorme precisión lo que alguien hará mañana y, sin embargo, ignorar casi por completo quién es verdadera y profundamente esa persona.</p><p>La desubjetivación del otro comienza exactamente allí: cuando el conocimiento sustituye al encuentro, cuando la información reemplaza a la comprensión y cuando la eficacia termina ocupando el lugar del reconocimiento.</p><p>Hasta aquí hemos pensado la desubjetivación del otro como un fenómeno psicológico y cultural. Sin embargo, sus consecuencias exceden ampliamente el plano de los vínculos personales. Obligan también a revisar una pregunta que rara vez nos formulamos: ¿qué clase de personas necesita una democracia para poder sostenerse?</p><p>Con frecuencia definimos la democracia como un sistema de organización del poder, un conjunto de instituciones destinadas a distribuir competencias, limitar abusos y garantizar derechos. Todo eso es cierto, pero resulta insuficiente, ninguna comunidad política se sostiene únicamente sobre normas. Toda organización política produce, consciente o inconscientemente, un determinado tipo de sujeto, moldea sensibilidades, instala hábitos, premia ciertas disposiciones emocionales y desalienta otras, enseña cómo tramitar los conflictos, cómo convivir con la frustración, qué hacer con quienes piensan distinto y qué lugar otorgar a la diferencia. En ese sentido, la democracia no sólo organiza el poder, también educa. O, al menos, debería hacerlo.</p><p>Quizá ése sea uno de los aspectos menos advertidos del problema. Solemos preocuparnos -con razón- por la independencia judicial, la división de poderes, la transparencia institucional o la calidad de nuestras leyes, entre muchas otras cuestiones no menos importantes. Sin embargo, prestamos mucha menos atención a la materia prima sobre la que todas esas instituciones descansan: la forma en que aprendemos a percibirnos unos a otros.</p><p>Porque ninguna Constitución puede obligarnos a reconocer humanidad donde hemos dejado de verla, ninguna ley puede imponer curiosidad frente a quien piensa distinto, ni puede producir por sí solo respeto, escucha o disposición al diálogo. Las instituciones pueden proteger derechos, pero no pueden reemplazar la experiencia subjetiva de reconocer al otro como un igual en dignidad. Ésa constituye una tarea eminentemente cultural.</p><p>Una cultura democrática produce ciudadanos capaces de sostener una convicción aparentemente sencilla, aunque extraordinariamente exigente: que quien piensa distinto continúa siendo una persona tan compleja, contradictoria y valiosa como uno mismo. La democracia nunca exigió eliminar el conflicto, por el contrario, nació para hacerlo posible sin destruir a quienes participan de él. Su mayor conquista no consiste en alcanzar unanimidades, sino en permitir que el desacuerdo pueda convivir con el reconocimiento recíproco.</p><p>Cuando esa capacidad comienza a deteriorarse, las instituciones permanecen, pero la cultura democrática empieza lentamente a vaciarse desde adentro. Entonces todo empieza a organizarse alrededor de una lógica mucho más primitiva, los que sirven y los que estorban, los que confirman nuestras creencias y los que las cuestionan, los que pertenecen y los que sobran.</p><p>La violencia aparece entonces como un desenlace posible, no porque las leyes hayan dejado de existir, sino porque previamente dejó de existir, en la experiencia subjetiva, alguien digno de ser reconocido. Por eso la desubjetivación del otro constituye mucho más que un problema moral, es un problema político. No porque destruya inmediatamente las instituciones, sino porque erosiona silenciosamente las condiciones psicológicas que las vuelven posibles.</p><p>Las democracias no sobreviven únicamente gracias a la existencia de elecciones libres, tribunales independientes o constituciones bien redactadas. Sobreviven porque una cultura consigue transmitir, generación tras generación, la convicción de que ninguna diferencia política, religiosa, ideológica o cultural alcanza para borrar la condición humana del otro. Cuando esa convicción comienza a debilitarse, las instituciones todavía permanecen en pie, pero el suelo subjetivo sobre el que descansaban empieza lentamente a resquebrajarse.</p><p>Tal vez por eso el mayor desafío político del siglo XXI no consista únicamente en regular la inteligencia artificial, combatir la desinformación o mejorar el funcionamiento de nuestras instituciones. Todo eso será necesario, pero probablemente resulte insuficiente, porque ninguna innovación tecnológica ni ninguna reforma institucional alcanzarán para fortalecer una democracia cuyos ciudadanos hayan dejado de reconocerse mutuamente como sujetos. Quizá el verdadero desafío de nuestra época consista en reconstruir una cultura capaz de resistir la desubjetivación del otro.</p><p>Una cultura que vuelva a enseñarnos algo que nunca debimos olvidar: que ninguna persona queda completamente definida por una publicación en redes sociales, una opinión política, un error, una identidad, una fotografía o un algoritmo. Siempre hay una historia que desconocemos, una biografía que ignoramos, una complejidad que no alcanzamos a ver.</p><p>Tal vez la primera responsabilidad ética de una sociedad democrática consista precisamente en resistirse a esa simplificación, en recordar que detrás de cada perfil existe una persona, detrás de cada voto, una historia, detrás de cada adversario, una conciencia, detrás de cada diferencia, una vida interior tan compleja como la nuestra. No porque todos tengan razón, ni porque todas las conductas deban ser justificadas, sino porque ninguna discrepancia, ningún error y ninguna identidad alcanzan para cancelar la condición humana de alguien.</p><p>Quizá ésa sea, después de todo, la diferencia más profunda entre una sociedad verdaderamente democrática y otra que comienza lentamente a dejar de serlo. No solo la cantidad de elecciones que celebra, calidad de sus leyes, ni siquiera la fortaleza de sus instituciones, sino el tipo de mirada que sus ciudadanos aprenden a dirigir hacia los demás.</p><p>Porque toda época produce tecnologías, toda época produce formas de organización política, toda época produce maneras de nombrar el mundo, pero también produce una determinada forma de mirar al otro. Y quizá el verdadero problema de nuestro tiempo no sea solamente el desarrollo de nuevas tecnologías, sino el tipo de mirada que estamos aprendiendo a través de ellas.</p><p>Las democracias no empiezan a derrumbarse cuando fracasan sus instituciones, empiezan a hacerlo mucho antes. Empiezan a derrumbarse cuando dejan de producir ciudadanos capaces de seguir descubriendo una persona allí donde resulta más sencillo ver únicamente una categoría. Porque toda deshumanización comienza mucho antes de la violencia, comienza cuando dejamos de preguntarnos quién es realmente ese otro que tenemos delante.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2JrUThjuXushHm5iVv6aLm8WUrQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/desubjetivacion.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Hace apenas unos días, una publicación en redes sociales bastó para desencadenar una reacción que ya nos resulta demasiado familiar. Miles de mensajes...]]>
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                                <updated>2026-07-28T19:37:00+00:00</updated>
                <published>2026-07-28T19:36:57+00:00</published>
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            El miedo a la luz mala: por qué cada evolución tecnológica empieza con un susto
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                <![CDATA[Paula Vigliano]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4WNXdLcvdHnkW4cPyhHdOz-65ZA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/tecnologia.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cuando la electricidad llegó a las casas, mucha gente respetable se negó a dormir con la luz encendida. Circulaban advertencias serias: la corriente envenenaba el aire, afectaba la vista, debilitaba los nervios. En Nueva York, en 1889, un debate público enfrentó a Edison contra Westinghouse y terminó, literalmente, electrocutando animales en plaza pública para demostrar lo peligrosa que era la corriente del rival. El miedo no era irracional del todo: la tecnología era nueva, los accidentes existían y nadie terminaba de entender qué era esa cosa invisible que corría por los cables. Lo que el tiempo demostró es que el problema no era la electricidad, sino la falta de reglas para usarla bien.</p><p>La historia se repite con una puntualidad casi cómica. Cuando aparecieron los primeros automóviles, el Reino Unido aprobó la Locomotive Act: cada vehículo debía ser precedido por un hombre caminando con una bandera roja para advertir a los caballos y a los vecinos del peligro que se acercaba a la temible velocidad de seis kilómetros por hora. Cuando llegó el tren, médicos prestigiosos advirtieron que el cuerpo humano no soportaría los ochenta kilómetros por hora y que viajar así provocaría locura. Y cuando llegó Internet, en 1995, la revista Newsweek publicó una columna ya legendaria titulada “Internet? Bah”, que explicaba con total seriedad por qué nunca reemplazaría al diario, al negocio físico ni al contacto humano. Un economista premio Nobel llegó a escribir que el impacto de Internet en la economía no sería mayor al del fax.</p><p>Cada vez es el mismo guion: primero el miedo, después la burla, después la normalización. Lo que ayer parecía una amenaza al orden natural de las cosas, hoy es la cosa más aburrida del mundo: enchufar el cargador, subir al auto, mandar un mail. Nadie discute la electricidad; discutimos la tarifa. Nadie le teme a Internet; nos quejamos de la señal. El miedo no desaparece porque la tecnología se vuelva inofensiva. Desaparece porque la entendemos, la regulamos y la incorporamos a la vida normal.</p><p>Vivimos hoy ese mismo momento incandescente con la inteligencia artificial y con blockchain. Y como en cada capítulo anterior, el miedo viene mezclado con confusión. Lo veo todos los días. Hace poco, en un grupo de chat con empresarios —gente brillante en sus rubros—, la conversación sobre blockchain navegó en pocos minutos desde la computación cuántica hasta el consenso híbrido, y aterrizó, inevitablemente, en dos sentencias lapidarias: “La experiencia de Bukele con el Bitcoin no fue muy exitosa que digamos" y “Warren Buffett jamás invirtió en blockchain coins”. Me reí con cariño, porque en dos frases estaban mezclados cinco conceptos distintos. Es exactamente el mismo reflejo de quien, hace un siglo, no quería dormir con la luz prendida.</p><p>Vale la pena ordenar el tablero, porque la confusión no es un detalle: es la principal barrera. Que Warren Buffett no haya comprado Bitcoin no dice nada sobre blockchain, igual que el hecho de que a alguien no le guste manejar no dice nada sobre el motor de combustión. Bitcoin es una de las miles de aplicaciones que corren sobre la tecnología; blockchain es la tecnología. Confundirlos es como confundir el correo electrónico con la internet: uno es un uso, el otro es la infraestructura. El experimento de El Salvador fue una decisión política concreta —adoptar una criptomoneda volátil como moneda de curso legal—, no un veredicto sobre la tecnología de registro distribuido que hoy usan bancos centrales, JP Morgan, Visa y la mitad del sistema financiero global para mover billones de dólares. Y un posteo de Twitter, por viral que sea, no es un dato: es un estado de ánimo.</p><p>En el campo argentino hay una vieja leyenda: la luz mala. Un resplandor que aparece de noche en los descampados y que durante generaciones se interpretó como un alma en pena, un anuncio de muerte, algo a lo que había que temerle y de lo que había que huir. La ciencia después explicó que era fosfina: gas que desprenden los huesos en descomposición y que se enciende solo al contacto con el aire. Nunca fue un fantasma. Era química que no sabíamos leer. La mayor parte del miedo tecnológico funciona igual: le tenemos pavor a la luz mala hasta que alguien nos explica que es fosfina.</p><p>Hago esta aclaración porque quiero hablar de la posibilidad de solucionar problemas viejos con respuestas nuevas, con tecnología. Todos saben que la fragilidad crónica de nuestra moneda y la dificultad del Estado para financiarse en pesos sin recurrir a la emisión. La idea no tiene nada de esotérico. Es una emisión privada de moneda digital, pero dentro del perímetro de confianza del Banco Central, y respaldada cien por ciento por activos reales y verificables: bonos del Tesoro argentino de corto plazo, pesos, dólares y otras stablecoins con perímetros de confianza equivalentes. Emitida, uno a uno, una moneda que cualquiera puede auditar en tiempo real. Es una mejora de eficiencia, como me gusta decir: la blockchain no acepta promesas, solo acepta saldos.</p><p>Lo interesante, es lo que esa arquitectura le resuelve al país: una stablecoin regulada y plenamente colateralizada en instrumentos del Tesoro de corto plazo es, literalmente, una máquina que fabrica demanda genuina y durable de deuda pública en pesos. Es exactamente lo que hace Circle con USDC, que para respaldar su moneda digital se convirtió en uno de los grandes compradores de letras del Tesoro de los Estados Unidos. Cada usuario que decide tener saldos en esa moneda digital está, sin saberlo y sin que nadie lo obligue, financiando deuda pública de cortísimo plazo. Demanda real, voluntaria, atomizada en millones de personas, y —este es el punto— sin que el Banco Central tenga que imprimir un solo peso adicional para proveer esa liquidez.</p><p>Para una economía que pasó medio siglo atrapada entre la emisión y el rollover de su propia deuda: es la pata estructural que al programa económico hoy le falta. Le resuelve al Tesoro el problema de la demanda —quién quiere comprar y renovar deuda en pesos— y le baja al Banco Central la presión de financiar la liquidez transaccional con la maquinita. No es magia es disciplina monetaria construida sobre una tecnología que, por diseño, no permite emitir sin respaldo. Lo que durante un siglo dependió de la voluntad del funcionario de turno, ahora puede depender de una regla verificable.</p><p>Entiendo el reflejo de desconfianza, sobre todo en quienes vienen de rubros que nada tienen que ver con la tecnología. El miedo al cambio es humanísimo y, en general, sano: nos salvó muchas veces de saltar a un vacío. Pero conviene recordar que en cada una de las revoluciones anteriores hubo dos tipos de líderes. Los que se quedaron discutiendo si la electricidad envenenaba el aire, y los que cablearon su fábrica primero. Los que esperaron a ver si lo de Internet “prendía”, y los que pusieron su negocio online cuando todavía daba vergüenza. La diferencia, casi siempre, no estuvo en el coraje, sino en haberse tomado el trabajo de entender antes de opinar.</p><p>La pregunta, entonces, no es si blockchain y la inteligencia artificial son peligrosas. Toda tecnología poderosa lo es mientras no la entendemos; lo fue la electricidad, lo fue el auto, lo fue Internet. La pregunta es si vamos a llegar a tiempo a escribir las reglas, o si vamos a llegar tarde y heredar las que escriban otros, en otro idioma y para otros intereses.</p><p>Argentina ya hizo la prueba de mirar para otro lado —con el cheque, con el home banking, con tantas cosas—. Esta vez tenemos delante una solución concreta para un problema que nos persigue desde hace cincuenta años.</p><p>A los que todavía sienten ese cosquilleo de desconfianza, les propongo lo mismo que la historia le propuso a cada generación asustada: no le huyan a la luz mala. Acérquense, pregunten, entiendan que casi siempre es fosfina. Lo que brilla en la oscuridad no es un fantasma. Es, otra vez, el futuro pidiendo permiso para entrar.</p><p>La autora es cofundadora de PALA Blockchain</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4WNXdLcvdHnkW4cPyhHdOz-65ZA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/tecnologia.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Cuando la electricidad llegó a las casas, mucha gente respetable se negó a dormir con la luz encendida. Circulaban advertencias serias: la corriente e...]]>
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                                <updated>2026-07-28T19:26:23+00:00</updated>
                <published>2026-07-28T19:26:21+00:00</published>
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            El acuerdo tripartito que definirá el futuro de Tandil: Estado, privados y tercer sector
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                <![CDATA[Rodrigo Ariel Rotonda]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/DqZNMYz1wU5Mo8eSuZFymp54Nlg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/niebla_en_tandil_10.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Estoy seguro de que si le preguntamos a cualquier vecino qué espera de Tandil en el 2050, la respuesta rara vez sea técnica.</p><p>Nadie pide indicadores urbanísticos complejos ni ordenanzas raras. Lo que como tandilenses exigimos es algo mucho más elemental: vivir en una ciudad linda, segura, donde los servicios funcionen, el tránsito fluya y el entorno natural se disfrute.</p><p>Ahora bien, para que una ciudad sea linda, segura y vivible, necesita infraestructura. Y tener infraestructura requiere financiamiento.</p><p>En el contexto actual, pretender que el Estado municipal resuelva la apertura de calles, las obras hídricas o la extensión de redes resulta inviable. ¿Y qué es lo que hacemos? Nos quedamos esperando que “otro haga” (el “otro” somos nosotros también… y todos conformamos la sociedad. A no olvidar eso).</p><p>Como venimos sosteniendo en este espacio, el futuro no se puede construir con el espejo retrovisor ni bajo la falacia del "yo llegué primero". Desde Tandil 2050 (www.tandil2050.com) planteamos algo claro: Tandil necesita consolidarse como una ciudad "invertible".</p><p>Pero para que la inversión privada fluya hacia donde la comunidad realmente lo necesita, resulta urgente construir un acuerdo de reglas de juego modernas.&nbsp;</p><p>Un “pacto” que no puede ser de solo dos partes: para tener validez real, transparencia y legitimidad social, necesita incorporar de forma estratégica al tercer sector.</p><p>&nbsp;</p>El Plan Estratégico Tandil 2050 y el PDT como herramienta<p>Estamos viviendo un falso dilema: o un Plan de Desarrollo Territorial (PDT) rígido, escrito hace décadas como si la ciudad no fuera a cambiar; o la excepción permanente tramitada caso por caso en el Concejo Deliberante (y validada, desde ya, por el Ejecutivo).</p><p>Hemos visto cómo en los últimos años la dinámica urbana se gestionó a fuerza de parches puntuales: desde la habilitación del supermercado en la Avenida Fleming hasta desarrollos residenciales de escala en zonas sensibles.&nbsp;</p><p>Cada vez que la realidad choca contra una norma obsoleta, el inversor debe iniciar un largo peregrinaje político para intentar conseguir una ordenanza "a medida". Ese esquema genera desgaste, suspicacias y una enorme imprevisibilidad.</p><p>Pero el problema de fondo es tratar al PDT como una isla normativa aislada. Desde la plataforma Tandil 2050 sostenemos que el PDT no debe ser el fin en sí mismo, sino la herramienta normativa subordinada a un Plan Estratégico integral.</p><p>Este Plan Estratégico Tandil 2050 tendrá fecha de vencimiento (para uno nuevo) y revisiones quinquenales obligatorias.&nbsp;</p><p>Una hoja de ruta general que se auditará y reajustará cada cinco años para ir en estricta consonancia con los cambios socioeconómicos, tecnológicos y demográficos del mundo, alineando los indicadores del PDT a esa visión de desarrollo de largo plazo.</p><p>A su vez, este marco incluirá una cláusula transparente para Proyectos Estratégicos Extraordinarios: si se presentara una propuesta de inversión verdaderamente disruptiva o de alto impacto que no estaba prevista en el mapa actual, el Ejecutivo municipal tendrá la facultad discrecional de evaluarla y promover su adaptación, pero siempre bajo dos condiciones absolutas:</p>Que esté alineada con el Plan Estratégico General de Tandil 2050.Que aporte las obras de infraestructura y plusvalía que la ciudad requiere.<p>Con este esquema, no se le abrirá la puerta a la excepción menor ni se congelará el desarrollo, y se creará un canal institucional serio para captar grandes oportunidades sin perder el rumbo estratégico.</p><p>&nbsp;</p>El tercer sector como “garante”: de la experiencia del Bicentenario a la gestión de proyectos reales<p>Un acuerdo cerrado únicamente entre el Estado y los desarrolladores privados siempre despertará desconfianza en la ciudadanía.&nbsp;</p><p>Pero es acá cuando el tercer sector —las universidades, escuelas, institutos de investigación, ONG’s y empresas sociales— se vuelve imprescindible.</p><p>Sin la participación activa de este ecosistema, cualquier convenio carecerá de la validez y el respaldo ético que la comunidad exige.&nbsp;</p><p>El tercer sector aportará tres pilares fundamentales:</p>Rigor técnico e independiente: La universidad y los institutos científicos (como los de la UNICEN) son quienes pueden auditar con datos duros los verdaderos impactos hídricos, ambientales y de movilidad de un proyecto.Impacto y compromiso social: Las ONG y entidades comunitarias garantizarán que el desarrollo no beneficie a un solo sector, sino que las compensaciones e infraestructuras prioricen las necesidades reales de los barrios.Transparencia institucional: La participación de estas instituciones en mesas de evaluación periódica eliminará la sospecha del "pacto a puertas cerradas" y convertirá al proyecto en una causa común para la ciudad.<p>Existe un aprendizaje (espero que lo haya sido) histórico clave: el Acuerdo del Bicentenario. En él, el Municipio, la UNICEN y decenas de instituciones locales se sentaron a trazar objetivos comunes. Sin embargo, ese proceso terminó diluyéndose y quedando prácticamente en la nada. ¿Por qué fracasó? Quizá porque se quedó en una gran mesa de diálogo sin un brazo de gestión ejecutiva, sin financiamiento privado directo ni proyectos concretos de infraestructura con indicadores de seguimiento.</p><p>El tercer sector no está para fotos protocolares ni para poner palos en la rueda, sino para validar con solvencia técnica qué proyectos le sirven al futuro de Tandil y garantizar que las propuestas tengan una ejecución real, financiada y sostenible en el tiempo.</p><p>&nbsp;</p>Plusvalía e infraestructura: planificar el crecimiento en la “mesa tripartita”<p>Como abordamos al analizar la relación entre densidad y movilidad inteligente, el crecimiento urbano sin infraestructura previa solo genera colapso.&nbsp;</p><p>Para que este modelo funcione, es indispensable sentar en la misma mesa al Estado, al sector privado y al tercer sector con un objetivo claro: diseñar un Plan Director de Crecimiento.</p><p>Esto no es otra cosa que una hoja de ruta técnica que identifique de antemano el mapa de la ciudad y marque en qué cuadrantes Tandil necesita llevar más servicios e infraestructura prioritaria.</p><p>Con esa herramienta sobre la mesa, el mecanismo debe ser transparente y previsible:</p>Incentivos e indicadores estratégicos: En lugar de esperar a que un privado pida una excepción individual, el Municipio —respaldado por la mesa tripartita— dotará a esos cuadrantes específicos de mayores indicadores constructivos o de densidad.Inversión privada directa: A cambio de esos mejores indicadores fijados por norma, el desarrollador asumirá el compromiso de financiar y ejecutar las obras de infraestructura que esa zona hoy necesita de manera urgente (redes de agua, cloacas, conectividad vial o pluviales).Cero excepciones y total transparencia: El desarrollo dejará de gestionarse por el parche de la excepción "a medida". Las reglas estarán escritas de antemano en el código para todo aquel que quiera invertir en las áreas prioritarias de expansión.<p>¿Cuál será el resultado? El privado obtendrá un proyecto previsible y rentable; el Municipio llevará servicios e infraestructura a los sectores que hoy lo necesitan sin subirle los impuestos al vecino; el tercer sector garantizará el impacto social y ambiental; y la ciudad crecerá de forma equitativa y planificada.</p><p>&nbsp;</p>Sustentabilidad obligatoria: elevar la vara de lo que se construye<p>Si aspiramos a que Tandil sea una ciudad ejemplo, no podemos seguir aprobando desarrollos con la cabeza en el siglo pasado.&nbsp;</p><p>Del mismo modo en que planteamos la necesidad de rediseñar áreas neurálgicas como el centro para hacerlo funcional a los nuevos tiempos, el modelo Tandil 2050 fijará un estándar mínimo de responsabilidad ambiental e infraestructura edilicia para todo nuevo emprendimiento de escala.</p><p>No se trata de exigir utopías irrealizables, sino de elevar la vara mirando lo que ya funciona en nuestra propia ciudad. Un caso concreto es nuestro desarrollo, el Paseo de la Rotonda: en una zona sensible como Don Bosco, donde la provisión y gestión del agua es un tema delicado para los vecinos, el proyecto incorporó desde el diseño el reúso de agua de lluvia.&nbsp;</p><p>Ese es exactamente el camino: no se busca frenar el desarrollo en áreas de alto valor, sino exigir que la arquitectura devuelva soluciones concretas al entorno.</p><p>Para no quedar obsoletas, estas exigencias normativas no serán estáticas: se revisarán y actualizarán cada cinco años en estricta consonancia con la revisión periódica del PDT y del Plan Estratégico.</p><p>Así como hoy el foco puede estar &nbsp;en el manejo hídrico y la eficiencia energética, la normativa se anticipará e incorporará las demandas del mundo en el que ya vivimos:</p>Movilidad sustentable: Puntos de carga para vehículos eléctricos e híbridos en estacionamientos, como ya existe en otras ciudades del mundo.Logística urbana: Espacios dedicados dentro del predio para el ingreso seguro de delivery y servicios de cadetería, evitando que el reparto interfiera el paso peatonal o vehicular.Gestión de residuos: Áreas diseñadas desde el plano para la separación en origen y el compostaje a escala.<p>Aquellos proyectos que incorporen estos estándares con visión de futuro accederán a tramitaciones prioritarias o incentivos en sus indicadores.&nbsp;</p><p>En fin, la sustentabilidad y la funcionalidad tecnológica dejarán de verse como un costo: significarán valor agregado para el inmueble, mayor calidad de vida para el usuario y un alivio directo para las redes públicas de la ciudad.</p><p>&nbsp;</p>Freno a la ilegalidad: la "licencia de pre-venta Urbanística"<p>Existe una problemática que erosiona la confianza del mercado y la paz de los vecinos: la proliferación de loteos irregulares, ventas en pozo sin aprobación y condominios truchos sobre áreas no permitidas.&nbsp;</p><p>Hoy en día, el Municipio suele advertir a los compradores cuando el problema ya ocurrió y la estafa se consumó.</p><p>Para erradicar esto de raíz, desde Tandil 2050 consideramos indispensable implementar una Licencia Municipal de Comercialización o Pre-Venta Urbanística.</p><p>En la práctica, ningún desarrollador o inmobiliaria podrá sacar a la venta un proyecto, publicitarlo en redes ni firmar boletos de compraventa si no cuenta con este certificado visado por el Municipio, el cual acreditará la viabilidad del suelo y el inicio firme del proceso de subdivisión o permiso de obra.</p><p>El trámite de esta licencia será arancelado y costeado por el propio desarrollador, lo que permitirá financiar la fiscalización técnica municipal sin costo para el contribuyente.</p><p>Esta medida generará un filtro automático: formalizará el mercado, protegerá el patrimonio del vecino que busca "el sueño del lote propio" y eliminará la competencia desleal de quienes venden al margen de la ley. (En otro contenido me explayaré más sobre este tema, porque lo amerita).</p><p>&nbsp;</p>Pasemos de una vez a la gestión inteligente<p>Tandil sigue teniendo todo para consolidarse como el mejor lugar para vivir, trabajar e invertir. Pero el éxito del futuro dependerá de la madurez con la que diseñemos nuestras propuestas hoy.</p><p>Un Estado que planifique con firmeza, un sector privado que invierta con reglas claras y un tercer sector que valide con rigor técnico y social serán los tres pilares sobre los que se construirá una ciudad inteligente.</p><p>En Tandil 2050 (www.tandil2050.com) buscamos promover y consolidar esta visión: transformar la regulación en una herramienta de desarrollo y la inversión privada en obras concretas para el disfrute de todos los tandilenses.</p><p>Las condiciones están dadas. Es hora de dejar atrás el parche de la excepción y empezar a debatir la ciudad que nos merecemos.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/DqZNMYz1wU5Mo8eSuZFymp54Nlg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/niebla_en_tandil_10.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La iniciativa Tandil 2050 propone un nuevo modelo de planificación urbana que busca reemplazar la excepcionalidad normativa por un Plan Estratégico integral, integrando al tercer sector para garantizar un desarrollo sostenible, transparente y con infraestructura de calidad.]]>
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                <published>2026-07-27T20:55:18+00:00</published>
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            “Es el adoquín, estúpido”
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                <![CDATA[Néstor Dipaola]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/mG0i7R2683eaaRS4xoF3TsshCno=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/02/adoquines_sarmiento_2.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Néstor Dipaola</p><p>&nbsp;</p><p>Con esa definición se propuso dejar en evidencia que a la hora de votar la gente privilegia la situación económica cotidiana.</p><p>No voy a caer en la inocentada de suponer que el próximo Intendente de Tandil se va a imponer en las urnas si lleva como eje de su campaña la defensa del adoquín y del granitullo de nuestras calles. Pero lo ayudará. Veamos por qué.</p><p>Si hablamos de economía, Tandil es “populosa y rica”, como lo anticipó el fundador, por varios factores, desde la ancestral ganadería y la más “joven” agricultura, hasta el empuje de sus industriales, comerciantes, creativos, intelectuales y demás.</p><p>Pero Tandil tiene un plus que pocas ciudades de la provincia poseen, que es el turismo. Don Martín Rodríguez no lo mencionó porque ese concepto surge, a nivel mundial, recién tres décadas después de haberse instalado el Fuerte. Sin embargo lo intuyó, cuando en el acta fundacional, tras observar las primeras estribaciones de las serranías lugareñas, escribió con entusiasmo:</p><p>“Lo bello de las alturas de la pequeña cordillera, lo regular de su volumen con lo particular de su figura, (…) el cincel de la naturaleza se esmeró en su regularidad y hermosura: todo allí es agradable”.</p><p>Y seguramente imaginó el general Rodríguez que esa piedra antiquísima algún día iba a ser modelada artesanalmente para elaborar adoquines, ya que desde la más remota antigüedad comenzaron a instalarse en las calles, por parte de los romanos y otros pueblos.</p><p>Por eso, no dudamos que si hoy se levantase y empleara algunos minutos para leer el reciente comunicado de los miembros de la “Comisión Permanente de Defensa del Patrimonio Cultural y Natural del Partido de Tandil”, se muere otra vez, en medio de una profunda tristeza. No entendería nada.</p><p>Pero, para qué ir tan lejos. Se volvería a morir también el doctor José María Ortiz (“Toto”), que en los albores de la década de 1960 fue concejal por el Partido Conservador y se convirtió en pionero en el tema de la defensa de las sierras y del patrimonio histórico y natural tandilense en general. Él, un luchador de tantos años, se horrorizaría si alcanzara a leer las siguientes expresiones de la actual comisión:</p><p>“… el debate patrimonial se concentra casi exclusivamente en el valor histórico, cultural e identitario de un bien”. ¡Claro, muchachos! ¡De eso se trata! ¿En qué se va a concentrar?</p><p>Sus integrantes aluden a la “sustentabilidad económica y operativa” y dicen que “no existe patrimonio posible sin financiamiento real y sostenido”. Un criterio decididamente economicista.</p><p>Paralelamente, ese mismo día -jueves pasado, 23 de julio- se informaba en la prensa local que el municipio había cortado un sector céntrico de la calle Chacabuco para reparar los granitullos. Como para pensar que “mientras hay vida hay esperanza”.</p><p>En verdad, de no ser porque la referida comisión está integrada por tandilenses conocidos y honestos, estaríamos evocando en este momento el relato bíblico sobre la traición atribuida al pobre Judas...</p><p>“Por 30 dineros…” Mantener nuestros adoquines y granitullos cuesta más que esas monedas de plata de la Biblia, es cierto. Pero no será para nada imposible.</p><p>Y no olvidemos:</p><p>“¡Es el adoquín, estúpido!”, sobre todo en una ciudad en la que buena parte de su economía está centrada en el turismo.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/mG0i7R2683eaaRS4xoF3TsshCno=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/02/adoquines_sarmiento_2.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Allá por 1992 James Carville le entregó en bandeja a Bill Clinton, entonces candidato a la presidencia de Estados Unidos, la frase “Es la economía, estúpido”, que le sirvió para derrotar a George Bush, que de esa manera no pudo lograr la reelección que tanto ambicionaba.]]>
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                                <updated>2026-07-26T22:27:46+00:00</updated>
                <published>2026-07-26T22:25:33+00:00</published>
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