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    <title>El Eco de Tandil</title>
    <subtitle>Entrevistas exclusivas y contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Tandil.</subtitle>
    <updated>2026-04-15T20:12:14+00:00</updated>
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            Ormuz: las nuevas Termópilas del siglo XXI
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                <![CDATA[Juan Martín Paleo]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/L2mAga5f6KOO-f2CG47BeLLgCpw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/04/ormuz_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>A lo largo de la historia, los grandes conflictos no siempre se han definido en vastas llanuras ni en escenarios abiertos, sino en puntos geográficos estrechos, donde la geografía se convierte en estrategia y la estrategia en destino. Las Termópilas, en el año 480 a.C., fueron uno de esos lugares: un angosto paso donde un puñado de hombres decidió resistir el avance de un imperio.</p><p>Hoy, dos milenios después, el mundo vuelve a mirar con inquietud otro corredor estrecho, pero infinitamente más decisivo: el de Ormuz.</p><p>Geografía, poder y vulnerabilidad</p><p>Las Termópilas eran un cuello de botella natural. Su valor no residía en su extensión, sino en su capacidad de condicionar el movimiento de fuerzas superiores. Allí, el rey Leónidas y sus 300 espartanos, comprendieron que el terreno podía equilibrar lo que la cantidad desbalanceaba.</p><p>El estrecho de Ormuz cumple hoy una función similar, pero con una diferencia sustancial: no canaliza ejércitos, sino energía. Aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial transita por ese paso de apenas 39 kilómetros en su punto más angosto. Cada buque que lo atraviesa lleva consigo no solo hidrocarburos, sino estabilidad económica global.</p><p>En este escenario, la geografía vuelve a convertirse en poder. Y, al mismo tiempo, en vulnerabilidad.</p><p>De la lanza al misil: la evolución del conflicto</p><p>Si en las Termópilas la resistencia se medía en escudos y lanzas, en Ormuz se mide en misiles antibuque, drones, guerra electrónica y capacidades de negación de área. Irán ha desarrollado una doctrina basada en la asimetría: no necesita controlar el estrecho de manera permanente; le alcanza con amenazar su cierre.</p><p>Esta lógica recuerda, salvando distancias tecnológicas, la estrategia espartana: no era necesario derrotar al enemigo en campo abierto, sino detenerlo en el lugar y momento adecuados.</p><p>Las fuerzas navales occidentales representan el equivalente moderno del ejército de Darío: superiores en número y tecnología, pero condicionadas por la geografía y la necesidad de mantener abiertas las líneas de comunicación.</p><p>La inteligencia: el factor invisible que decide las batallas</p><p>Pero las Termópilas también dejaron una enseñanza menos épica y más decisiva: ninguna posición, por más sólida que parezca, es invulnerable si el enemigo logra conocer su punto débil. La traición de Efialtes, que reveló a los persas la existencia de un sendero de montaña que permitía flanquear a los espartanos, fue en esencia un triunfo de la inteligencia —en este caso, humana— sobre la resistencia física. No fue la superioridad numérica la que quebró la defensa, sino la información adecuada en el momento oportuno.</p><p>En el escenario actual, esa lógica se potencia exponencialmente. La inteligencia militar es el verdadero multiplicador de poder en Ormuz. Satélites, sensores, ciberinteligencia y vigilancia permanente permiten identificar patrones de navegación, vulnerabilidades logísticas y ventanas de oportunidad. Así como en las Termópilas el conocimiento de un sendero oculto definió el desenlace, hoy la capacidad de detectar debilidades en los dispositivos navales, anticipar movimientos o interferir sistemas puede inclinar la balanza sin necesidad de un enfrentamiento directo.</p><p>El mundo como rehén del estrecho</p><p>La gran diferencia entre las Termópilas y Ormuz radica en la escala de sus consecuencias. Mientras que la batalla griega definía el destino de ciudades-estado, lo que hoy está en juego en Ormuz es el funcionamiento del sistema económico global.</p><p>Un cierre, incluso temporal, del estrecho podría disparar los precios del petróleo, afectar cadenas de suministro, generar crisis energéticas en Europa y Asia, y desencadenar tensiones sociales y políticas en múltiples regiones.</p><p>En este sentido, Ormuz no es solo un punto estratégico: es un punto de presión sistémica.</p><p>Una lección que trasciende el tiempo</p><p>Las Termópilas no fueron una victoria militar en términos clásicos. Fueron una victoria estratégica en el plano simbólico y político: demostraron que frente a un adversario superior, la combinación de geografía, decisión y oportunidad puede alterar el curso de los acontecimientos.</p><p>Ormuz plantea hoy una lección similar. En un mundo que se creía globalizado y seguro, la persistencia de puntos estratégicos recuerda que la geografía sigue imponiendo límites al poder.</p><p>Para países como la Argentina, alejados de ese escenarios pero dependientes de sus consecuencias, la reflexión es inevitable. La seguridad de las rutas, la protección de los intereses nacionales y el desarrollo de capacidades propias no son cuestiones abstractas, sino requisitos concretos en un sistema internacional cada vez más inestable.</p><p>Entre Leónidas y el siglo XXI</p><p>Las Termópilas fueron, en esencia, una batalla por tiempo: ganar días para reorganizar fuerzas, y preparar la defensa, para construir una respuesta mayor.</p><p>Ormuz, hoy es también una batalla por el tiempo. Cada día que el estrecho permanece abierto es un día en que el sistema global continúa funcionando. Cada amenaza sobre su cierre es un recordatorio de lo frágil que puede ser ese equilibrio.</p><p>En el eco lejano de las Termópilas, el estrecho de Ormuz se erige como el nuevo paso donde se cruzan poder, geografía y destino. Un lugar donde el mundo entero observa un estrecho del que depende mucho más que el tránsito de barcos: depende, en buena medida, la estabilidad del orden internacional.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/L2mAga5f6KOO-f2CG47BeLLgCpw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/04/ormuz_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>A lo largo de la historia, los grandes conflictos no siempre se han definido en vastas llanuras ni en escenarios abiertos, sino en puntos geográficos...]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-04-15T20:12:14+00:00</updated>
                <published>2026-04-15T20:11:55+00:00</published>
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            El Cerebro del Leviatán
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        <author>
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                <![CDATA[Gabriel Iezzi]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/el-cerebro-del-leviatan">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/NWOHPhOcp4RqrKNdBYwclKXMcC0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/04/leviatan.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>En la penumbra de las periferias urbanas donde el Estado suele ser un recuerdo difuso o una presencia espasmódica, se libra una batalla que el ciudadano común percibe únicamente a través de la estadística policial.</p><p>Sin embargo, detrás de cada enfrentamiento armado, de cada territorio cedido al control de organizaciones ilícitas y de cada fracaso en las políticas de seguridad pública, subyace una crisis de carácter eminentemente cognitivo, pues el Estado moderno, concebido por Hobbes como un Leviatán capaz de garantizar la paz a través del monopolio de la fuerza, hoy se encuentra ante una encrucijada existencial; de nada sirve la potencia del músculo securitario, si el sistema nervioso que debe dirigirlo está atrofiado o desconectado de la realidad. Esta función sináptica es la que definimos como inteligencia criminal, y su vigencia es lo que separa a una democracia resiliente de un cuerpo estatal ciego que reacciona generalmente con violencia, aplicada sin dirección y sin un propósito superador al mero encarcelamiento del delincuente, sin cuestionar el funcionamiento de la empresa criminal que posibilita la materialización del delito grave.</p><p>En el debate contemporáneo sobre seguridad pública, pocas herramientas resultan tan determinantes —y a la vez tan imperceptibles para la ciudadanía— como la inteligencia criminal. Lejos de los estereotipos cinematográficos, su verdadero valor no reside en la espectacularidad de sus operaciones, sino en su capacidad de anticipación al identificar amenazas antes de que se materialicen, comprender la lógica de las organizaciones criminales y permitir al Estado intervenir con precisión quirúrgica. La inteligencia criminal no debe confundirse con la sistemática acumulación de datos o con el espionaje (tan de moda hoy en la ficción). Es, en su esencia más pura, la gestión del conocimiento aplicada a la preservación del orden público y la libertad ciudadana.</p><p>En un mundo donde el delito ha dejado de ser una actividad artesanal para convertirse en una red de mercados globales y estructuras adaptativas, la seguridad ya no puede garantizarse mediante la simple reacción ante el hecho consumado. La inteligencia, es la capacidad de observar lo macro, de identificar fehacientemente y de manera oportuna a la estructura que sostiene el búnker barrial de microtráfico y de anticipar el movimiento de la red financiera que introduce (en los canales de la legalidad económica), el dinero ilícito antes de que este se licue y transforme en otros activos, entre los que probablemente se cuenten nuevas armas que aseguren el control territorial para reiniciar el ciclo disvalioso del delito. Cuando esta herramienta funciona, el crimen se previene. Cuando falla, las consecuencias pueden ser devastadoras.</p><p>Una función estratégica: comprender antes de reprimir</p><p>La inteligencia criminal puede definirse como el proceso sistemático de recolección, análisis e interpretación de información relevante sobre fenómenos delictivos, con el objetivo de apoyar y orientar la toma de decisiones en materia de seguridad. No se trata simplemente de acumular datos, sino de transformarlos en conocimiento útil.</p><p>En este sentido, su rol es doble; por un lado, permite anticipar conductas criminales; por otro, optimiza el uso de los recursos estatales. En contextos de criminalidad organizada —narcotráfico, trata de personas, terrorismo, ciberdelito—, donde las estructuras delictivas operan con lógica empresarial, la ausencia de inteligencia equivale a combatir en la oscuridad.</p><p>La mitad de la biblioteca representada por autores como Eugenio Raúl Zaffaroni han advertido que las políticas de seguridad basadas exclusivamente en la reacción punitiva tienden al fracaso si no están sustentadas en diagnósticos serios. En la misma línea, Luigi Ferrajoli sostiene que la racionalidad del sistema penal exige intervenir sobre las causas y dinámicas del delito, no solo sobre sus consecuencias visibles.</p><p>En el sector opuesto de la academia, si bien los aportes de Mark Lowenthal y Jean‑Paul Brodeur, (sobre los que profundizaremos en el desarrollo de la columna) resultan indispensables, también lo son las definiciones contemporáneas que recuperan la esencia de la inteligencia criminal como política pública. Es básicamente inteligencia sobre el delito, pues conocerlo es la mejor forma de prevenirlo y enfrentarlo. Esta frase, del Dr. José M. Ugarte, sintetiza una verdad incómoda ya que, sin conocimiento profundo del delito, el Estado actúa a ciegas.</p><p>La inteligencia criminal es una política pública indelegable; el diseño e implementación de las políticas públicas de seguridad es una misión indelegable e inherente al Estado‑Nación. Esta afirmación, lejos de ser una obviedad, es un recordatorio de que la seguridad no puede tercerizarse ni improvisarse y en dicho esquema, la inteligencia criminal es la columna vertebral de esa misión porque permite anticipar, prevenir y orientar decisiones estratégicas.</p><p>Lowenthal sostiene que la inteligencia es un ciclo integrado por la recolección, análisis, diseminación y retroalimentación; si uno de esos eslabones falla, todo el sistema se debilita. Brodeur, en cambio, enfatiza que la inteligencia opera en un espacio híbrido donde conviven prácticas visibles y opacas, atravesadas por culturas policiales, disputas de poder y tensiones institucionales. Ambos coinciden en que la inteligencia criminal no es solo técnica, es política, cultural y organizacional, debiendo operar (siempre) ajustada al Estado de derecho, donde los legisladores deberán mostrar creatividad basada en el conocimiento, para diseñar marcos normativos que permitan actuar sin vulnerar derechos. Esta tensión —eficacia versus legalidad— es uno de los dilemas centrales de la inteligencia moderna a la que no escapa la inteligencia criminal.</p><p>El costo del fracaso: cuando la inteligencia no llega a tiempo</p><p>La historia reciente ofrece numerosos ejemplos donde la deficiente inteligencia criminal —o su mala utilización— ha derivado en crisis de seguridad, caos social y pérdida de control territorial por parte del Estado.</p><p>México, se ha transformado en uno de los casos paradigmáticos durante la intensificación de la llamada guerra contra el narcotráfico a partir del año 2006. La fragmentación de los cárteles, lejos de reducir la violencia, la multiplicó. Diversos analistas coinciden en que la falta de inteligencia criminal adecuada impidió prever las consecuencias de la desarticulación de estructuras sin un control territorial posterior.</p><p>Este país enfrenta una violencia extrema alimentada por organizaciones criminales con capacidad militar. La fragmentación institucional es uno de los principales problemas ya que agencias federales, estatales y municipales operan sin coordinación. Desde la perspectiva de Lowenthal, esto rompe el ciclo de inteligencia; la recolección es inconsistente, el análisis no se integra y la diseminación es errática.</p><p>Organizaciones como el Cártel de Sinaloa y los Zetas aprovecharon vacíos de poder para expandirse, generando niveles de violencia inéditos, con miles de homicidios anuales y amplias zonas bajo control criminal.</p><p>En el año 2010, el hallazgo de 72 migrantes asesinados en el estado de Tamaulipas expuso no solo la brutalidad del crimen organizado, sino también la incapacidad del Estado para detectar y prevenir la operación de redes criminales en zonas de tránsito migratorio. La responsabilidad fue atribuida al grupo de Los Zetas, cuya expansión territorial había sido subestimada por los organismos de inteligencia.</p><p>En Brasil, el crecimiento del Primer Comando de la Capital (PCC) constituye otro ejemplo ilustrativo. La falta de inteligencia penitenciaria permitió que esta organización se consolidara dentro de las cárceles y proyectara su poder hacia el exterior. Los motines coordinados de 2006 en São Paulo evidenciaron una capacidad operativa que sorprendió a las autoridades, mediante ataques simultáneos contra comisarías, quema de vehículos y paralización de la ciudad. La inteligencia estatal no logró anticipar ni neutralizar una estructura que ya operaba como una red criminal sofisticada.</p><p>En el ámbito del terrorismo, fallos de inteligencia también han tenido consecuencias dramáticas. Los atentados de 2015 en París revelaron fallas en la coordinación entre agencias de distintos países europeos, pese a que algunos de los autores ya estaban bajo vigilancia. El fenómeno evidenció un problema estructural como lo es la fragmentación de la información y la incapacidad de integrar bases de datos en tiempo real, lo que impidió detectar patrones de riesgo y adoptar medidas tendientes a obturar la materialización de las amenazas.</p><p>En el plano local, la ciudad de Rosario se ha convertido en un caso emblemático de los desafíos que enfrenta la inteligencia criminal en contextos de narcotráfico urbano; Rosario permite visibilizar la inteligencia criminal en el marco de un ecosistema delictivo en expansión.</p><p>Entre los años 2020 a 2024, Rosario se convirtió en un caso emblemático de cómo la inteligencia criminal puede fallar en contextos donde el crimen organizado se expande más rápido que la capacidad estatal de dar respuesta. La presencia de organizaciones vinculadas al narcotráfico, la violencia letal creciente y la permeabilidad institucional, configuraron un escenario donde la inteligencia debería haber sido un pilar central de la política de seguridad. Sin embargo, investigaciones periodísticas y judiciales han revelado fallas significativas.</p><p>Desde la óptica de Lowenthal, podemos afirmar que Rosario ha demostrado serios problemas en la articulación del ciclo de inteligencia: la información recolectada por distintas fuerzas no siempre se integró, los análisis estratégicos demostraron haber sido insuficientes y la comunicación con los decisores políticos se reveló como intermitente. La falta de retroalimentación y evaluación de resultados generó un sistema que produjo información, pero no necesariamente conocimiento útil.</p><p>Brodeur aporta una clave adicional, la coexistencia de policías formales e informales, estructuras paralelas, connivencia con actores criminales y disputas internas dentro de las fuerzas de seguridad. En Rosario, diversos casos judiciales han mostrado cómo sectores policiales brindaron protección o información a organizaciones criminales, generando un marco donde la inteligencia se distorsionó. Cuando la policía opera simultáneamente como investigadora y como actor involucrado en redes ilegales, la inteligencia pierde su capacidad de orientar políticas públicas y se convierte en un instrumento de supervivencia institucional.</p><p>La falta de coordinación entre niveles provincial y federal, sumada a la ausencia de una estrategia integral de inteligencia criminal, permitió durante años, que las organizaciones delictivas mantengan capacidad operativa incluso en contextos de alta presión estatal. La inteligencia, en lugar de anticipar, llegó tarde; en lugar de prevenir, reaccionó; en lugar de orientar, improvisó. Los resultados fueron lamentables.</p><p>Los casos mencionados comparten ciertos patrones que ayudan a comprender por qué faltó o falló la inteligencia criminal; estos van desde la fragmentación institucional (múltiples agencias operativas sin coordinación efectiva); falta de profesionalización (ausencia de analistas especializados); politización (utilización de la inteligencia con fines ajenos a la seguridad pública); déficit tecnológico (incapacidad para procesar grandes volúmenes de datos); desconexión territorial (escasa presencia en zonas críticas). En muchos casos, el problema no es la falta de información, sino la incapacidad de interpretarla correctamente o de transformarla en acción oportuna.</p><p>Del conocimiento al producto de inteligencia; la profesionalización pendiente</p><p>Siguiendo a Jerry H. Ratcliffe, podemos afirmar que la inteligencia criminal genera un producto de conocimiento que apoya la toma de decisiones. Esta definición es clave, pues la inteligencia no es información suelta, dispersa, sino conocimiento procesado, verificado y contextualizado. Ratcliffe fue uno de los impulsores del Intelligence‑Led Policing (vigilancia policial basada en inteligencia), un modelo que reemplaza la intuición policial por análisis sistemático.</p><p>Sostiene que, casi todos los agentes hacen inteligencia sin saberlo, pero no todos están capacitados para producir un verdadero producto de inteligencia. Esta observación es crítica ya que, sin analistas formados —policiales o civiles— la inteligencia se reduce a datos inconexos. Lowenthal coincide, al aseverar que la calidad analítica es el corazón del sistema.</p><p>Hoy, las TIC y la inteligencia artificial se han vuelto herramientas indispensables; las tecnologías se han constituido en instrumentos irremplazables para alcanzar análisis de calidad. Sin embargo, la tecnología no reemplaza la estructura institucional ni la ética profesional. Brodeur advierte que la inteligencia puede volverse un espacio opaco si no existen controles democráticos y estándares éticos sólidos.</p><p>La inteligencia criminal como desafío democrático</p><p>La inteligencia criminal es una frontera crítica de la seguridad pública. Su eficacia no depende solo de tecnología o recursos, sino de la capacidad del Estado para construir instituciones sólidas, transparentes y coordinadas. Los aportes de Lowenthal, Brodeur y Jerry H. Ratcliffe permiten comprender que la inteligencia criminal es un sistema complejo, atravesado por tensiones políticas, culturales y organizacionales. Cuando ese sistema falla, las consecuencias se sienten en las calles, en los barrios y en la vida cotidiana de millones de personas.</p><p>México y Rosario muestran que los fallos de la inteligencia criminal no son accidentes aislados, sino síntomas de problemas estructurales. Superarlos exige una mirada crítica, una voluntad política sostenida y un compromiso democrático profundo; la inteligencia criminal, bien entendida y aplicada, puede ser una herramienta poderosa para construir sociedades más seguras, debiendo para ello dejar de ser un territorio opaco y convertirse en un componente central de la política de seguridad pública, sometido a controles, orientado por evidencia y guiado por el interés colectivo.</p><p>En América Latina, avanzar hacia este modelo implica reformas profundas que van desde la profesionalización del análisis, la inversión tecnológica, el fortalecimiento de los controles democráticos, la coordinación entre niveles de gobierno, hasta el combate frontal a la corrupción, al margen del imprescindible cambio cultural en la lógica de entender que, la inteligencia no es un recurso para la competencia política, sino una herramienta para la protección ciudadana a través del fortalecimiento de la seguridad pública.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/NWOHPhOcp4RqrKNdBYwclKXMcC0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/04/leviatan.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En la penumbra de las periferias urbanas donde el Estado suele ser un recuerdo difuso o una presencia espasmódica, se libra una batalla que el ciudada...]]>
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                <updated>2026-04-15T20:06:27+00:00</updated>
                <published>2026-04-15T20:06:26+00:00</published>
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            Francisco: una ausencia que interpela
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                <![CDATA[Guillermina Rizzo]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Piwv6AtgWzEXBgJbyYcZu8CTkhU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/04/francisco.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El 21 de abril de 2025 se cumple un año de la muerte del papa Francisco. Su partida, tal vez, cerró una etapa atravesada de tensiones internas en la Iglesia, desafíos globales sin precedentes y un pontificado que dejó una huella imposible de igualar.</p><p>La pregunta es: ¿qué queda de Francisco?</p><p>Me atrevo a esbozar que la respuesta es, como él mismo, amplia y compleja, inmensa.</p><p>Francisco fue el primer Papa argentino, latinoamericano, el primer jesuita, tal vez el que más incomodó e interpeló a su propia institución. Con un estilo único, con una perseverancia inclaudicable por poner en el centro de la escena a los/as descartados/as, en ir a las periferias, con una Iglesia “en salida”, lo convirtieron en un líder único, indiscutido; también blanco de críticas y de una gran resistencia.</p><p>Durante sus doce años de pontificado publicó cuatro encíclicas que funcionan como un mapa de su pensamiento. Lumen Fidei (2013), propone la fe como una luz que orienta la vida personal y social. Laudato si’ (2015) pone el foco en el cuidado de la “casa común”, y enlaza la crisis ambiental con el sufrimiento de los más pobres.</p><p>Ya en 2020, en plena pandemia, publicó Fratelli tutti, que promueve la fraternidad universal y la amistad social como los pilares necesarios para construir un mundo más justo y solidario. Dilexit nos (2024), una vuelta al amor humano y divino, al corazón, en un tiempo que suele fragmentarlo todo.</p><p>Su defensa a las personas migrantes, su crítica a modelos económicos excluyentes, la denuncia de los abusos y la reforma en la Curia romana, fueron una revolución, una sacudida real sin precedentes para una institución con tradiciones inamovibles.</p><p>¿Qué queda de Francisco?</p><p>A nivel institucional, muchas de sus ideas siguen vigentes, aunque a otro ritmo. Otras, parecen estar en pausa, al menos por el momento.</p><p>A nivel emocional, su figura es irreemplazable. Su comunicación verbal y no verbal fueron únicas. Al revisar imágenes, homilías y gestos, pareciera que se agrandan aún más con el paso del tiempo.</p><p>Francisco tuvo una capacidad única para conectar con creyentes y no creyentes, para atraer a los/as desencantados/as. Líderes políticos, deportivos, de la realeza, referentes culturales, desfilaban para tener un momento de intercambio con él. Su forma de mirar hacía sentir al otro visto, incluso antes de decir nada.</p><p>Jóvenes y ancianos/as colmaban los lugares, veían un líder cercano, con un lenguaje tan simple que tocaba la fibra humana antes que la doctrina. Cada viaje pastoral dejó una infinidad de gestos inmortales, pero tal vez el más recordado fue la bendición urbi et orbi en una Plaza de San Pedro vacía durante la pandemia. Sigue siendo una de las imágenes más potentes del siglo XXI: un hombre solo, bajo la lluvia, interpelando al mundo entero. ¡Sin palabras!</p><p>El escritor jesuita Javier Cercas dijo: “Los líderes verdaderos no son los que imponen certezas, sino los que nos obligan a hacernos preguntas incómodas”. Francisco encarnó esa incomodidad. No buscó agradar, sino despertar. No pretendió cerrar debates, sino abrirlos.</p><p>Más allá del análisis eclesial o político, la muerte de Francisco dejó un vacío humano.</p><p>Quienes lo conocimos, sabemos de su humor particular, su forma de escuchar sin interrumpir, esa memoria asombrosa para los nombres y los detalles y de sus cartas de puño y letra cuando ya nadie escribe de forma manuscrita.</p><p>También sabemos de sus últimos tiempos signados por la fragilidad física, el cansancio, la conciencia de que el tiempo se terminaba. Seguramente por eso, se advertía una serenidad final que no se improvisa.</p><p>A un año de su partida, se necesitan voces capaces de tender puentes en un mundo cada vez más roto. Francisco no resolvió todas las tensiones de la Iglesia, tampoco pretendió hacerlo. Pero dejó algo más difícil de sostener, o como se dice “dejó la vara alta”; dejó una orientación incómoda: la idea de que la fe, como la política, como la vida, pierde sentido si no se traduce en servicio a los más vulnerables.</p><p>Tal vez por eso su ausencia se siente tanto y la siento tanto. Porque, en una época de estridencia y respuestas fáciles y rápidas, él eligió otro camino: escuchar, dudar, volver a mirar. Misericordia antes que sentencia. Ese camino no se cerró con su muerte. Quedó ahí. Menos visible, quizá, esperando que alguien se anime a caminarlo sin hacer ruido.</p><p>¡Gracias por tanto, Francisco! ¡Sigo rezando por vos!</p>]]>
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                <updated>2026-04-15T20:03:32+00:00</updated>
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            Inteligencia artificial agéntica y autonomía empresarial: la decisión estratégica que viene
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                <![CDATA[Jhonnatan Horna]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/U-ILtwZ2pSoeGI5w83p-ZisKupw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/04/ia.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Últimamente me he encontrado pensando en una comparación que, al inicio, puede parecer exagerada, pero que cada vez tiene más sentido en el contexto actual de transformación tecnológica: ¿y si la inteligencia artificial agéntica abierta es el nuevo Linux? No lo planteo desde el entusiasmo superficial que suele acompañar a cada nueva tendencia digital, sino desde la observación de patrones que ya hemos visto antes en la historia de la tecnología.</p><p>Durante décadas, el software propietario dominó gran parte de la industria, estableciendo modelos cerrados donde el control y la evolución de las soluciones dependían exclusivamente de quienes las desarrollaban. Sin embargo, la irrupción de Linux y del software de código abierto no solo democratizó el acceso, sino que cambió la lógica del poder tecnológico, permitiendo a organizaciones y desarrolladores construir, adaptar y escalar soluciones con mayor autonomía. Hoy, con la inteligencia artificial, empezamos a ver señales similares.</p><p>El problema no es la IA, es el control</p><p>Hasta ahora, gran parte del desarrollo en IA ha estado concentrado en modelos propietarios, altamente sofisticados, pero también profundamente controlados por un número limitado de actores. Estos modelos ofrecen capacidades impresionantes, pero su adopción implica aceptar condiciones específicas: dependencia tecnológica, limitaciones de personalización y una evolución que no necesariamente responde a las prioridades de quienes los utilizan.</p><p>En un inicio, esto puede parecer suficiente, especialmente cuando la IA se usa como una herramienta complementaria. Sin embargo, a medida que la IA empieza a integrarse en procesos críticos del negocio, esa dependencia comienza a ser más evidente. En ese momento, la discusión deja de centrarse en la potencia del modelo y pasa a girar en torno a algo más relevante: el grado de control que tiene la organización sobre la tecnología que utiliza.</p><p>Es en este punto donde la IA agéntica abierta introduce una diferencia estructural. No se trata simplemente de modelos abiertos, sino de agentes capaces de actuar, ejecutar tareas y coordinar procesos dentro de entornos reales, con la posibilidad de ser auditados, modificados y adaptados según las necesidades específicas de cada organización. Este cambio no solo amplía el margen de maniobra tecnológico, sino que redefine la relación entre las empresas y la IA.</p><p>Ya no se trata únicamente de consumir capacidades predefinidas, sino de construir sistemas que se integran profundamente en la operación, ajustándose a contextos particulares y evolucionando con ellos. La analogía con Linux cobra fuerza precisamente aquí: así como el software abierto permitió construir infraestructuras flexibles y escalables, la IA agéntica abierta comienza a habilitar la construcción de sistemas inteligentes verdaderamente adaptativos.</p><p>Innovar más rápido, pero también con más responsabilidad</p><p>Ahora bien, este potencial viene acompañado de una tensión que no podemos ignorar. La apertura, que permite innovar más rápido y experimentar con mayor libertad, también traslada a las organizaciones una responsabilidad que antes recaía en los proveedores.</p><p>Cuando se trabaja con IA abierta, no existe un tercero que garantice de forma centralizada la seguridad, la calidad o el comportamiento del sistema. Esto implica desarrollar capacidades internas para auditar decisiones, gestionar riesgos, establecer límites operativos y asegurar que los agentes actúen de manera coherente con los objetivos estratégicos y los principios éticos de la organización. En otras palabras, la apertura no simplifica el problema, sino que lo transforma: ofrece más control, pero exige mayor madurez.</p><p>Además, el hecho de que estemos hablando de agentes, y no simplemente de modelos de lenguaje, eleva aún más la complejidad. No es lo mismo validar una respuesta generada que supervisar un sistema que ejecuta acciones en procesos reales, toma decisiones operativas y coordina tareas de forma autónoma.</p><p>En este contexto, la gobernanza deja de ser un concepto teórico y se convierte en un elemento central del diseño organizacional. Definir qué puede hacer un agente, en qué condiciones debe intervenir un humano y cómo se monitorean sus resultados ya no es una discusión técnica, sino estratégica. La IA deja de ser una capa adicional y pasa a formar parte del núcleo operativo.</p><p>No se trata de tecnología, sino de autonomía</p><p>Lo interesante es que este movimiento hacia modelos abiertos no está ocurriendo de forma aislada ni marginal. Cada vez más iniciativas buscan construir ecosistemas colaborativos donde los agentes de IA puedan interoperar, compartir estándares y evolucionar de manera descentralizada. La intención es clara: evitar que la próxima generación de IA quede completamente controlada por unos pocos actores y, en cambio, fomentar un entorno donde la innovación pueda distribuirse y escalar de forma más abierta. Si uno observa con detenimiento, el paralelismo con lo que ocurrió con Linux es difícil de ignorar. No se trató de reemplazar de inmediato a los sistemas existentes, sino de cambiar progresivamente las reglas del juego.</p><p>Después de analizar este escenario, cada vez tengo más claro que el debate no es únicamente tecnológico, sino, sobre todo, estratégico. No se trata de decidir si una solución abierta es mejor que una cerrada en términos absolutos, sino de definir qué nivel de autonomía queremos tener como organizaciones en un entorno donde la IA empieza a influir directamente en la ejecución del trabajo. La IA ya no es solo una herramienta puntual; se está convirtiendo en un componente estructural de los procesos, en un actor que participa en la toma de decisiones y en la coordinación de actividades.</p><p>Por eso, la pregunta relevante no es si la IA abierta va a ganar terreno. La pregunta es quién estará preparado para asumir lo que implica. Porque, así como Linux no fue simplemente un sistema operativo, sino un cambio en la forma de construir y gobernar tecnología, la IA agéntica abierta apunta en la misma dirección. No es una moda ni una tendencia pasajera. Es una señal de que el equilibrio entre innovación y control está cambiando.</p><p>Y, como suele ocurrir en estos casos, la tecnología avanza más rápido que las organizaciones. La diferencia la marcarán aquellas que no solo adopten estas herramientas, sino que entiendan lo que realmente implican.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/U-ILtwZ2pSoeGI5w83p-ZisKupw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/04/ia.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Últimamente me he encontrado pensando en una comparación que, al inicio, puede parecer exagerada, pero que cada vez tiene más sentido en el contexto a...]]>
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                <updated>2026-04-15T19:57:20+00:00</updated>
                <published>2026-04-15T19:57:18+00:00</published>
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            ¿Y si el titiritero no existe?
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                <![CDATA[El Eco de Tandil]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/y-si-el-titiritero-no-existe-1">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yw_JDefLD8TXonvd0WjvW7Xan_0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/04/opinion_publica.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La otra mañana, mientras corría por un sendero arbolado junto a otras decenas de personas, me asaltó una de esas reflexiones que solo permite el ritmo monótono de la zancada. Mis pies golpeaban la tierra en cadencia regular; a mi alrededor, vecinos de toda condición regulaban el paso, estiraban los brazos, intercambiaban frases breves. Y en ese preciso instante imaginé a los asesores de comunicación del partido de turno, encerrados en alguna oficina de campaña, profundamente convencidos de que su último eslogan o su más reciente publicación en las redes sociales iba a decantar el voto de toda esa gente que corría a mi lado. Imaginé también al candidato —un intendente, digamos— contemplándose a sí mismo en el espejo del baño del municipio, persuadido de que él era el hombre providencial que la historia y el "momento" reclamaban. Pero ¿qué pensaban realmente mis compañeros de fatiga, mientras ajustaban el ritmo para emprender la vuelta? Lo más probable es que su pensamiento fuera de una prosaica contundencia: "Qué bien, el pasto está corto. El lugar está ordenado y limpio." En esa imagen —tan simple que casi da vergüenza formularla— creí descubrir la refutación más completa a uno de los grandes mitos de nuestra época.</p><p>El mito en cuestión es el del poder casi sobrenatural de los medios de comunicación y las redes sociales para moldear, fabricar y manipular la opinión pública. Es una creencia tan difundida que cruza sin dificultad las fronteras ideológicas: cuando gana la izquierda, la derecha denuncia el populismo y la manipulación de las masas; cuando gana la derecha, la izquierda señala a los medios corporativos como arquitectos del fraude colectivo. En ambos casos, el razonamiento descansa sobre el mismo supuesto tácito: que el ciudadano es un ser pasivo, una arcilla dispuesta a ser moldeada por quien controle el mensaje. Es una hipótesis tan consoladora como falsa, y tiene además la virtud de ser útil para todos los que la sostienen.</p><p>Conviene detenerse en esa utilidad, porque ahí reside el verdadero misterio. Los asesores y estrategas políticos necesitan creer en el poder de la comunicación porque eso justifica su existencia y sus honorarios. Si ganan, fue gracias a su genio creativo, a la granja de “trolls” que manejan, a sus conocimientos de Ingeniería Social. Si pierden, el problema estuvo en la implementación inadecuada del mensaje, no en sus ideas. Los medios de comunicación, tanto los tradicionales como los digitales, abrazan el mito porque los eleva a la categoría de actores imprescindibles de la democracia, guardianes de la agenda pública, árbitros del debate civilizado. Y el ciudadano —aquí está la ironía más desconcertante— también lo abraza, porque le exime de la más evitable de las responsabilidades: la de sus propias decisiones. "No fui yo quien eligió mal; me manipularon." Es una quiebra moral declarada con toda la dignidad del inocente.</p><p>Noam Chomsky popularizó la versión académica de esta creencia con lo que él y Edward Herman llamaron el "modelo de propaganda": la idea de que los grandes medios fabrican el consentimiento de las masas al servicio de las élites económicas y políticas. La tesis es seductora precisamente porque tiene algo de verdad —los medios no son neutrales, las élites sí tienen intereses— pero en su formulación más extrema comete el error de reducir al ciudadano a un autómata sin resistencia crítica ni experiencia propia. Curiosamente, ya en los años cuarenta una línea pionera de la sociología empírica había demostrado que la influencia directa de los medios era mucho más limitada de lo que se suponía. La gente tiende a buscar información que confirme sus creencias previas y se deja influir, antes que los mensajes mediáticos, por su entorno inmediato: la familia, los colegas, los vecinos. La influencia no es un rayo que cae del éter; es un proceso lento, filtrado, que se tamiza a través de predisposiciones profundas y redes de relaciones personales.</p><p>Años más tarde, una distinción clásica vino a precisar este panorama: los medios no nos dicen necesariamente qué pensar, pero sí tienen cierto poder para decirnos sobre qué pensar. Fijan temas, construyen jerarquías de relevancia, deciden qué merece portada y qué merece silencio. Pero incluso ese poder —real, innegable— encuentra su límite en las fuerzas que operan por debajo de la superficie: las condiciones materiales de vida, las estructuras económicas, los cambios demográficos, el precio del pan. Sobre esos cimientos, cada individuo construye su opinión con los materiales que le da su propia existencia cotidiana, no con los que le ofrece el editorial del día.</p><p>La psicología social aporta otro ángulo. Existe un mecanismo, a veces llamado “espiral del silencio”, mediante el cual las personas evalúan constantemente el clima de opinión de su entorno y, cuando perciben que sus convicciones son minoritarias, tienden a callarlas por miedo al aislamiento social. El gran silenciador no es el noticiero ni el algoritmo: es el vecino, el cuñado, el compañero de trabajo. Y otro hallazgo fundamental nos enseña que, cuando nuestras decisiones resultan difíciles de justificar, la mente humana produce con notable eficiencia una narrativa que las absuelve. Decirse a uno mismo “me manipularon” es un modo de reducir la disonancia cognitiva de no afrontar la pregunta que más duele: ¿y si simplemente me equivoqué, o no me informé lo suficiente, o voté desde el miedo y no desde la reflexión?</p><p>Todo lo anterior adquiere una dimensión particular cuando se lo aplica al caso argentino, donde la disociación colectiva sobre el poder de los medios se potencia con un fenómeno geográfico y cultural de notable singularidad: el centralismo mediático del Área Metropolitana de Buenos Aires. Basta encender cualquier noticiero de alcance supuestamente "nacional" para comprobarlo. Una marcha de unas pocas decenas de personas (no hago juicio de valor acerca del motivo de la manifestación) frente al Congreso de la Nación ocupa horas de transmisión y es tratada con la gravedad de un acontecimiento sísmico. Los analistas, casi siempre desde la cotidianidad del corredor Puerto Madero-Palermo o norte del conurbano, desgranan las implicancias para el "clima social". Los políticos tuitean sus posiciones con la urgencia de quien siente que la historia se escribe en tiempo real.</p><p>Mientras tanto, en las provincias, en las ciudades del interior, en los pueblos rurales donde vive una gran proporción del país, la agenda puede tener sus matices. Probablemente allí los problemas son el estado de las rutas, la falta de gas en invierno, la obra pública que no llega, el médico que falta en el hospital. La marcha porteña es, para un habitante de Jujuy o de Comodoro Rivadavia, una anécdota lejana, tan provincial como un asunto de la política municipal de una ciudad que no es la suya. Estamos ante un doble mecanismo: el primero, ya descrito, es la creencia generalizada en la manipulación mediática como coartada universal. El segundo, específicamente argentino, es la ilusión de que los medios del AMBA son "medios nacionales" y de que su agenda es la agenda del país.</p><p>Esta confusión tiene una expresión política que se repite con la regularidad de un tic nervioso. Recuerdo la cantilena de ciertos periodistas y analistas porteños cuando algún diputado del interior anticipa un voto que no se alinea con la "agenda nacional" que emana de esos estudios. "Cambió su voto por un cordón cuneta", se dice entonces, con la nariz apenas arrugada, como si gestionar el metro cuadrado de quienes lo votaron fuera una actividad menor, casi indigna de un legislador. La frase encierra, sin saberlo, una revelación involuntaria. El periodista que la pronuncia no advierte que él también defiende, con toda naturalidad, su propio cordón cuneta: el de su ciudad, el de su audiencia, el de su burbuja. La diferencia es que el suyo recibe el nombre de "agenda nacional"; el del interior, el de mezquindad provinciana. He ahí, en dos líneas, la anatomía del centralismo cultural que alimenta esta disociación colectiva.</p><p>Vale aclarar que ese centralismo no es solo una imposición arbitraria de los medios: responde también a una concentración demográfica, económica y política que hace del AMBA un espacio desproporcionadamente influyente. Pero la confusión entre esa preeminencia fáctica y la pretensión de universalidad es precisamente lo que distorsiona la mirada.</p><p>Llegados a este punto, alguien podría objetar que las redes sociales cambian el cuadro: que ya no son los medios tradicionales sino los algoritmos de Meta o de X los que fabrican la opinión. Es una objeción razonable, pero que en definitiva reproduce el mismo error de perspectiva. Las redes son, ante todo, cámaras de eco: amplifican y aceleran lo que ya se piensa, refuerzan identidades previas, dan catarsis emocional a convicciones arraigadas. Lo que ocurre en ellas se parece más a un terremoto en un vaso de agua que a un movimiento tectónico real: mucho ruido, mucha agitación en la superficie, escasa capacidad de modificar el lecho profundo del río. Ese lecho sigue siendo la experiencia cotidiana: el precio del kilo de carne, la frecuencia del colectivo, la seguridad del barrio, el estado de la vereda. Esas variables no se tuitean: se viven.</p><p>Conviene agregar, para no caer en una simplificación simétrica a la que se critica, que el ciudadano no aplica un criterio único a todos sus actos electorales. Cuando elige intendente o concejales, vota por el metro cuadrado: evalúa lo que ve y pisa todos los días, la plaza iluminada o abandonada, la calle asfaltada o llena de baches. Es casi un inspector municipal que emite su veredicto con los pies. Cuando elige presidente o legisladores nacionales, vota por el bolsillo: evalúa su economía doméstica, la inflación que licua el salario, el empleo que da o quita tranquilidad, el precio de los alimentos que comprueba cada vez que lleva el carrito hasta la caja. Ninguna de las dos operaciones requiere la intermediación de un periodista, un influencer o un asesor de comunicación. Ambas son formas de experiencia directa, irrefutable, que ningún relato puede suplantar.</p><p>Fuerzo el argumento con fines provocativos. No ignoro que, en los márgenes, operan también las identificaciones ideológicas, las tradiciones familiares o los liderazgos carismáticos; pero en términos agregados, el peso de la experiencia cotidiana y material es la que en última instancia inclina la balanza en el cuarto oscuro.</p><p>Vuelvo, al cabo de este recorrido, al sendero arbolado de aquella mañana. Vuelvo a ver a mis compañeros de trote, pero ahora los miro con otros ojos. Son la encarnación viviente de lo que Lazarsfeld llamó "efectos limitados": personas cuya opinión se forma en el contacto directo con la realidad, no en la pantalla. Los asesores seguirán alimentando el mito de su propia influencia —es su coartada más necesaria—. El candidato seguirá viéndose a sí mismo como el protagonista de una épica que solo existe en el espejo del baño del municipio. Y los medios, tanto los tradicionales como los digitales, continuarán vendiéndose como los dueños del partido, porque esa ilusión cotiza bien en el mercado de la relevancia.</p><p>Pero la realidad, tozuda, sigue su curso en las cosas pequeñas. La señora que regula el paso, el hombre que estira antes de comenzar, la pareja que camina rápido mientras habla de sus asuntos: todos ellos, sin saberlo ni proponérselo, tienen razón. Su voto, su opinión, no se forjará en el eslogan más ingenioso ni en el meme más viral. Se forjará, como siempre, en el terreno que pisan.</p><p>Todo el ruido ensordecedor sobre la manipulación y la opinión pública no es, en el fondo, más que la ficción necesaria que nos permite, a cada uno en nuestro rol, eludir la pregunta: ¿y si, al final, el único responsable de mis decisiones soy yo? Mientras sigamos buscando al titiritero, no veremos que las cuerdas las sujetamos, a menudo, nosotros mismos. La próxima vez que salga a correr y vea el pasto impecable, quizás recuerde todo esto. O quizás no. Quizás, simplemente, piense: "qué bien está esto." Y ese pensamiento, tan breve y tan poco mediático, valdrá más que mil campañas.</p><p>Dr. Héctor Oscar Nigro</p><p>Ingeniero de Sistemas (UNICEN) ·</p><p>Maestría en Sociología y Ciencias Políticas (FLACSO)Doctor en Matemática Computacional (UNICEN)</p><p>Instituto de Tecnologías Informáticas Avanzadas · Facultad de Ciencias Exactas · UNICEN</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yw_JDefLD8TXonvd0WjvW7Xan_0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/04/opinion_publica.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Los estúpidos no necesitamos ser manipulados para cumplir con nuestro cometido, somos muy creativos]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-04-15T08:00:04+00:00</updated>
                <published>2026-04-15T08:00:00+00:00</published>
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            Tecnología como palanca de competitividad
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                <![CDATA[Javier Marbec]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/T6CSiO0BDZG5U_pFKICBUtG-hRE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/ia.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>En un escenario en el que la productividad se ha convertido en uno de los principales cuellos de botella para el crecimiento económico en América Latina, la tecnología y, en particular, la inteligencia artificial, se consolidan entre las principales palancas capaces de modificar de forma estructural la competitividad de la región. Para Argentina, el desafío no es menor: avanzar en adopción tecnológica sin quedar atrapada en una brecha creciente entre uso, inversión y captura real de valor.</p><p>Según el estudio Latin America in the Intelligent Age: A New Path for Growth, de World Economic Forum, la IA tiene el potencial de elevar la productividad de América Latina entre 1,9% y 2,3% por año, lo que podría generar entre US$ 1,1 billones y US$ 1,7 billones en valor económico adicional anual para la región. El problema es que ese potencial sigue lejos de materializarse: apenas el 23% de las organizaciones latinoamericanas genera valor económico con IA, y solo el 6% reporta impactos significativos.</p><p>En este contexto, la digitalización deja de ser una opción táctica y pasa a ser una condición para competir. Tecnologías como la IA, análisis avanzado, automatización y plataformas en la nube permiten a las empresas rediseñar procesos, tomar decisiones basadas en datos y escalar operaciones sin aumentar proporcionalmente los costos.</p><p>Según el análisis de 2025 “Impacto Económico de la Inteligencia Artificial en América Latina”, de CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), en Argentina el gasto en IA llegó a aproximadamente US$146 millones en 2023. Aun así, el impacto ya es medible: la IA aporta cerca de US$236 millones anuales al PIB, principalmente a través del aumento de la productividad del trabajo calificado.</p><p>Por tanto, el principal desafío no es la adopción aislada de herramientas, sino su integración en la estrategia de negocio. Para Argentina, el reto pasa por convertir la tecnología en una infraestructura estratégica: modernizar sistemas, migrar a la nube, organizar datos y desarrollar talento para escalar el impacto en sectores clave como industria, agro, construcción, servicios, comercio y logística.</p><p>Pese a las brechas, la ventana de oportunidad sigue abierta. La combinación de un ecosistema tecnológico activo, talento reconocido internacionalmente y una demanda creciente por soluciones digitales posiciona a Argentina en un punto de inflexión. El desafío es acelerar la captura de valor antes de que la brecha con economías más avanzadas se amplíe.</p><p>En un contexto de competencia global creciente, la tecnología se consolida como una palanca central de competitividad económica. Para Argentina, el verdadero salto no estará en solo adoptar más herramientas, sino en utilizarlas mejor, con estrategia, escala y foco en productividad.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/T6CSiO0BDZG5U_pFKICBUtG-hRE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/ia.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En un escenario en el que la productividad se ha convertido en uno de los principales cuellos de botella para el crecimiento económico en América Lati...]]>
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                <updated>2026-03-31T17:02:03+00:00</updated>
                <published>2026-03-31T17:01:10+00:00</published>
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            El acuerdo de hace 50 años que Trump no puede romper
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/opinion/el-acuerdo-de-hace-50-anos-que-trump-no-puede-romper" type="text/html" title="El acuerdo de hace 50 años que Trump no puede romper" />
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                <![CDATA[Gustavo Perego]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/dRUPwLAHFjtViCQYow-jDCP3M1U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/golfo_persico.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>En los pasillos silenciosos de las monarquías del Golfo, donde las decisiones estratégicas rara vez se anuncian, pero siempre se ejecutan, existe una definición que no admite ambigüedad. Para Arabia Saudita, un Irán con armas nucleares no es un problema diplomático, ni siquiera un desafío estratégico manejable. Es una amenaza existencial. Según medios reconocidos, en conversaciones privadas del pasado, líderes saudíes llegaron a instar a Washington a literalmente “cortar la cabeza de la serpiente”. Más recientemente, la formulación se volvió más sofisticada pero no menos contundente, esto significa que si Irán cruza el umbral nuclear, no solo cambia el equilibrio regional, sino que se pone en tensión la arquitectura que sostiene al sistema financiero global. En lenguaje geopolítico, eso significa el fin del orden actual en Medio Oriente y posiblemente a nivel global.</p><p>Para entender por qué esa definición arrastra consigo una consecuencia inevitable, que es la intervención estadounidense frente a la amenaza iraní, hay que retroceder medio siglo, a un momento fundacional donde petróleo, moneda y seguridad se entrelazaron en un mismo sistema. A comienzos de los años 70, tras el colapso de Bretton Woods y el shock petrolero de 1973, Estados Unidos enfrentaba un dilema estructural, que era cómo sostener la demanda global de una moneda que ya no estaba respaldada por oro. La respuesta no fue declarada en un tratado único, sino construida como una arquitectura financiera y militar.</p><p>Washington selló un entendimiento con Arabia Saudita —y por extensión con los reinos del Golfo— donde el petróleo se comercializaría en dólares y los excedentes serían reciclados principalmente hacia activos financieros estadounidenses. A cambio, Estados Unidos ofrecería algo mucho más valioso que cualquier respaldo metálico, ofrecería seguridad.</p><p>Así nació el sistema de los petrodólares, una arquitectura de seguridad militar y financiera entre EEUU y el Golfo Pérsico. No como un acuerdo puntual, sino como un circuito de poder donde el petróleo que fluye genera dólares que circulan, y excedentes que regresan a Wall Street como financiamiento del déficit fiscal estadounidense. Un sistema financiero sostenido, en última instancia, por una promesa geopolítica. Esa promesa quedó formalizada en 1980 con la Doctrina Carter. En plena revolución iraní y con la Unión Soviética avanzando sobre Afganistán, Washington elevó el Golfo Pérsico a la categoría de interés vital. Cualquier intento de controlar la región sería repelido por la fuerza. Lo que hasta entonces era un vínculo estratégico se convirtió en doctrina explícita.</p><p>La prueba llegó pocos años después. Durante la guerra entre Irán e Irak, el conflicto derivó en la llamada “Tanker War”, donde ambos bandos comenzaron a atacar buques petroleros en el Golfo. El problema ya no era la producción de crudo, sino su circulación. Y con ello, la estabilidad misma del sistema. El Estrecho de Ormuz —por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo global— se convirtió en un punto de falla sistémica. Si ese flujo se interrumpía, no solo se disparaban los precios del crudo a nivel global, sino que se ponía en cuestión la credibilidad del sistema energético y financiero global.</p><p>La respuesta de Ronald Reagan no fue simbólica. Estados Unidos cambió bandera de buques kuwaitíes por la de EEUU, desplegó escoltas navales y, tras sucesivos incidentes, lanzó la operación “Earnest Will” con acciones militares directas contra activos iraníes. La “Tanker War” no fue simplemente un episodio bélico. Fue la ejecución de una cláusula implícita que es la garantía de seguridad que sostenía al sistema del petrodólar. Ese contrato nunca fue escrito. Pero fue ejecutado cada vez que estuvo en riesgo.</p><p>Sin embargo, el mundo que emerge hoy es profundamente distinto al de los años 80. Estados Unidos ya no depende del petróleo del Golfo gracias a la revolución del shale. Asia —particularmente China e India— se ha convertido en el principal demandante de energía. China emerge no solo como consumidor, sino como competidor sistémico, promoviendo mecanismos alternativos de pago y contratos en yuan. Paralelamente, se observa un movimiento gradual —todavía marginal pero persistente— hacia la diversificación monetaria en el comercio energético global.</p><p>El dólar, aunque dominante, muestra signos de desgaste. La guerra contra el terrorismo erosionó recursos y legitimidad, y Washington ha reorientado su foco estratégico hacia el Indo-Pacífico. En ese contexto, las monarquías del Golfo comenzaron a hacer lo que cualquier actor racional haría que es diversificar riesgos. Explorando acuerdos en otras monedas, ampliando vínculos con China y, en el plano de seguridad, incluso buscando alternativas de seguridad como la cooperación entre Arabia Saudita y Pakistán. Pero cabe resaltar, que esa diversificación no implica una ruptura con el orden preestablecido. Implica algo más sutil, una evaluación constante sobre la credibilidad del compromiso norteamericano en la región.</p><p>El punto de inflexión fue el acuerdo nuclear impulsado por Barack Obama. Para las monarquías del Golfo, ese acuerdo no eliminó la amenaza iraní, sino que la postergó. A ello se suman nuevos frentes de tensión global —Ucrania, Taiwán— que dispersan la atención estratégica de Washington. En ese escenario, la posibilidad de que un actor revisionista como Irán acceda a armas nucleares deja de ser una hipótesis lejana para convertirse en un riesgo inmediato. Y allí es donde el sistema vuelve a su lógica original.</p><p>La arquitectura global del dólar no descansa únicamente en mercados financieros profundos o en la liquidez de sus activos. Descansa en arterias llenas de crudo que fluyen de manera segura hacia el mundo. Wall Street es el corazón donde esos flujos se reciclan, pero el sistema solo funciona si la circulación está garantizada por la Quinta Flota Naval de EEUU. Ese fue el trade-off implícito de los años 70, donde Estados Unidos ofrece seguridad y el Golfo utiliza el dólar. Esa ecuación sostiene la demanda global de bonos del Tesoro y permite financiar el déficit fiscal estructural estadounidense. Pero sin la sensación de seguridad por parte de los reinados del Golfo Pérsico, el sistema pierde su base. Y sin esa base, el privilegio del dólar comienza a erosionarse.</p><p>Donald Trump, pese a su retórica disruptiva, no rompe con esa lógica. La ejecuta sin matices. Al igual que Nixon y Reagan, entiende que el poder financiero de Estados Unidos está íntimamente ligado a su capacidad de garantizar el orden energético global. Trump puede cuestionar alianzas, presionar bilateralmente o redefinir cadenas de suministro, pero el núcleo del sistema permanece intacto. Por eso, frente a la inminencia de un Irán nuclear, la opción de no actuar simplemente no existe para Washington.</p><p>No se trata solo de contener a Irán. Se trata de sostener la credibilidad de un sistema que, aunque muestra fisuras, sigue siendo el pilar del orden global. Permitir que Irán alcance capacidad nuclear implicaría aceptar una transformación del equilibrio de poder en el Golfo, acelerar la proliferación regional —con Arabia Saudita como primer candidato— y, en última instancia, debilitar el paraguas de seguridad existente, rompiendo la relación entre energía, seguridad y dólar.</p><p>Paradójicamente, incluso China —principal rival estratégico de Estados Unidos— tiene incentivos más que claros para evitar ese escenario. Su dependencia energética del Golfo hace difícil imaginar un respaldo pleno a una desestabilización que pondría en riesgo sus propios flujos de suministro.</p><p>Frente a este escenario, la historia ofrece una posible hoja de ruta. En los años 80, la respuesta no fue una guerra total ni un cambio de régimen, sino una intervención limitada pero decisiva para garantizar la seguridad marítima. La operación “Earnest Will” lanzada por Reagan demostró que el objetivo no era derrotar a un enemigo, sino preservar el corazón del sistema financiero global.</p><p>Hoy, con matices y nuevas variables, ese precedente vuelve a cobrar relevancia. Detrás de la retórica, es probable que la administración Trump busque una solución similar que es contener, disuadir y asegurar el flujo, más que rediseñar el régimen iraní. Porque en el fondo, y más allá de los discursos, la lógica no ha cambiado.</p><p>El petróleo necesita seguir fluyendo. El dólar seguirá siendo su lenguaje. Y cuando ese flujo se ve amenazado, la historia muestra que Estados Unidos no duda en cumplir su parte del acuerdo con los países del Golfo y en recordar al mundo que, detrás de su moneda, todavía navega una flota invencible.</p><p>El autor es Profesor de Análisis de Riesgo Político UCEMA</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/dRUPwLAHFjtViCQYow-jDCP3M1U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/golfo_persico.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En los pasillos silenciosos de las monarquías del Golfo, donde las decisiones estratégicas rara vez se anuncian, pero siempre se ejecutan, existe una...]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-03-31T16:57:41+00:00</updated>
                <published>2026-03-31T16:57:39+00:00</published>
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            ¿Nuevo paradigma en el acceso a la magistratura?
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                <![CDATA[María Ricápito]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/nuevo-paradigma-en-el-acceso-a-la-magistratura">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cARkMc1UoBao2c2IswyrZ0pgQzY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corte.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La reciente aprobación de la Acordada N° 4/2026 por parte de la Corte Suprema de Justicia de la Nación intenta marcar un punto de inflexión en la organización judicial argentina. Este nuevo "Reglamento de Concursos para la Selección de Magistrados" no es solo una reforma técnica; parece que vienen a dar una respuesta institucional a la necesidad de fortalecer la independencia judicial (o más bien la imagen judicial) y consolidar la confianza ciudadana en un sistema que ha sido percibido (y que aún hoy se percibe) como opaco.</p><p>El proyecto intenta poner el foco en el mérito y la idoneidad como vectores determinantes para acceder a la magistratura. A través de un diseño que prioriza la objetividad, se busca que el camino hacia el estrado judicial sea el resultado de la excelencia académica y profesional, y no del “azar” o de las supuestas influencias políticas de turno.</p><p>La apuesta por los concursos anticipados es una muy buena decisión estratégica para desvincular la cobertura de vacantes de las coyunturas políticas. Al planificar los llamados con antelación, el Consejo de la Magistratura podrá mantener un flujo constante de candidatos idóneos, evitando que las urgencias políticas dicten los tiempos de la justicia.</p><p>Una de las innovaciones más destacadas es la implementación de la Prueba de Oposición Escrita (POE) en dos etapas; una general, donde se valora la formación jurídica general a través de un cuestionario de 120 preguntas de opción múltiple a la que no se le asigna puntaje y solo se aprueba o desaprueba, con una vigencia para el postulante de 5 años. Y una etapa especial, consistente en una evaluación escrita dividida en dos partes: una orientada a evaluar el razonamiento jurídico, la interpretación normativa, etc., por medio de consignas prácticas e hipotéticas, y una segunda que consiste en la elaboración de una sentencia sobre un caso práctico vinculado a la competencia del cargo concursado.</p><p>Ambas etapas de la POE garantizan no solo el anonimato mediante sistemas informáticos auditables y claves alfanuméricas para los postulantes sino también a través de un comité de evaluación que confecciona los exámenes y un jurado diferente que realiza las correcciones. Esto quiere decir que la persona que realiza el caso de examen y la que lo corrige son personas completamente diferentes. “Agrega el nuevo proyecto que el jurado, conformado por cuatro juristas provenientes de un sorteo, debe emitir un voto individual cada uno, fundado y autónomo sin deliberación ni comunicación entre sí durante el proceso evaluativo.” ¿Y la calificación final del postulante se hace bajo cuatro correcciones diferentes? Sí, pues resultará del promedio aritmético simple entre las 4 notas asignadas por cada uno de los jurados.</p><p>Este mecanismo parece eliminar cualquier posibilidad de identificar al postulante antes de que su examen sea evaluado, asegurando que la calificación responda exclusivamente a la calidad técnica de sus respuestas. Asimismo, incluye para el jurado nuevas pautas y guías de corrección para ponderar la asignación de puntaje; pautas que elaborará la escuela judicial. Esta última asume una participación activa en varias etapas del proceso, estableciendo pautas para la POE, para el cuestionario, para la calificación de antecedentes, para las impugnaciones y hasta para la elaboración del orden de mérito provisorio y el final.</p><p>El reglamento introduce también el "Legajo Digital" único y permanente, ya vigente en casi todos los Consejos de la Magistratura del resto del país, permitiendo mayor transparencia sobre los antecedentes de cada aspirante y actualización constante.</p><p>Otra de las modificaciones que promueve el proyecto de la CSJN es en cuanto a la calificación de antecedentes de los postulantes, que aunque mantiene el máximo de 100 puntos, los distribuye de otra manera. Primero, porque cambia los parámetros de calificación, agregándole la categoría “formación” con hasta 30 puntos, luego antecedentes profesionales (hasta 50 ptos) y por último académicos (hasta 20 puntos). En la actualidad se puede otorgar un máximo de 70 puntos a los antecedentes profesionales y un máximo de 30 para los académicos.</p><p>Algunas curiosidades al respecto de la calificación de antecedentes: la primera es que los 100 puntos equivalen a un alto porcentaje de incidencia sobre la nota final del postulante. En el resto del país, la valoración de los antecedentes tiene un lugar importante en la calificación total del concursante pero no tan alta como aquí en la Nación. La mayoría de los CM del país le otorgan a esta etapa entre el 20 y el 30 % de la nota final (salvo los casos por ejemplo de Salta, Mendoza, Neuquén y Corrientes).</p><p>En todos los casos de los CM del país que valoran los antecedentes de los postulantes, también los agrupan en profesionales y académicos y de hecho, dentro de esa división también hay Consejos que le otorgan mayor calificación a la academia que al ítem profesional: son los casos por ejemplo de Neuquén, La Pampa, Catamarca, Salta y Santiago del Estero. En este proyecto la academia y la formación equivalen a la mitad del puntaje, el otro 50% es para la carrera profesional.</p><p>Ahora bien, la frutilla del postre del proyecto de reforma es la incidencia de la entrevista personal en el total de la puntuación, etapa del proceso que ahora tendrá puntaje cuando antes no lo tenía. Es decir, el postulante concurría a una entrevista personal pero no se la puntuaba, se calificaba conceptual y subjetivamente. Con la reforma, el puntaje de la entrevista personal puede alcanzar un techo máximo de 20 puntos sobre un total de 200.</p><p>La otra novedad es que las preguntas de la entrevista están preestablecidas (formuladas por una subcomisión) y la puntuación tabulada (hasta 5 puntos por planes de trabajo, hasta 5 puntos por opiniones referidas a cuestiones generales y “valores democráticos”, y hasta 10 puntos por la “valoración de opiniones”, criterios o puntos de vista vinculados a tópicos referidos a la especialidad de la vacante a cubrir). ésta sí que es una innovación respecto a la modalidad con la que se lleva adelante entrevista personal en otros consejos de la magistratura argentinos.</p><p>Este nuevo proyecto de reglamento se alinea con una tendencia consolidada exitosamente en varios de los consejos de la magistratura provinciales, ya que en el resto del país, la mayoría de los Consejos de la Magistratura puntúan desde sus inicios la etapa de la entrevista personal y hasta en algunos casos su puntuación es menos del 10% de la nota total, con lo cual, la discrecionalidad del final se ve bastante disminuida. Es el caso por ejemplo del CAM de Tucumán, de la CABA, Entre Ríos, Corrientes, Formosa, Neuquén –que equipara en igual medida la entrevista con el puntaje del examen técnico– y Santiago del Estero –que mantiene todas las etapas del concurso con el mismo puntaje–, entre otros.</p><p>La entrevista personal, en principio y como bien dice el nuevo proyecto, no es una instancia de evaluación: sino que más bien valora la idoneidad y las aptitudes personales de cada aspirante. Incluso en este caso, al tabular y tasar los criterios de esta instancia, se pretende evitar que una etapa tradicionalmente subjetiva altere de forma arbitraria el orden de mérito construido en las rigurosas evaluaciones técnicas previas.</p><p>Ahora bien, ¿es real que no se altera el orden de mérito? ¿Es cierto que hay un blindaje del resultado del examen técnico que el puntaje de la entrevista personal no puede alterar? La puntuación de la entrevista corresponde solo al 10 por ciento de la nota final, por lo cual, parecería que no puede alterarse la técnica y profesionalización del candidato. Esto sí que resulta auspicioso y un verdadero paso adelante en la selección de magistrados. Tal vez a futuro, podría hacerse hincapié en trabajar la posibilidad de que la audiencia final establecida en los artículos 97 y concordantes del proyecto, actúe de termómetro final del orden de mérito como se propone, pero en el caso de que pretenda alterar la terna y el trabajo de la comisión, lo haga con fundamento y hasta tal vez con alguna tabulación o parámetro objetivo preestablecido.</p><p>En conclusión, este nuevo proyecto de la Corte busca retirar los hilos invisibles de la selección judicial. Al tecnificar cada etapa y reducir el margen de la discrecionalidad personal, se intenta rescatar la figura del juez de las sombras de la influencia. Si bien ninguna norma puede anular por completo la última instancia política, este paso hacia la neutralidad técnica es una promesa de independencia. Es, en última instancia, el intento de que el acceso al estrado dependa de la excelencia y no de la cercanía, devolviéndole a la ley el lugar que la política le había disputado.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cARkMc1UoBao2c2IswyrZ0pgQzY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corte.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La reciente aprobación de la Acordada N° 4/2026 por parte de la Corte Suprema de Justicia de la Nación intenta marcar un punto de inflexión en la orga...]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-03-31T16:52:19+00:00</updated>
                <published>2026-03-31T16:52:06+00:00</published>
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            Qué efectos tendrá la baja de encajes bancarios
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        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/opinion/que-efectos-tendra-la-baja-de-encajes-bancarios" type="text/html" title="Qué efectos tendrá la baja de encajes bancarios" />
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                <![CDATA[Roberto Cachanosky]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/P2q8Y52W5gFE-jdy3vHppJF1DAE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/09/central.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La baja de encajes bancarios anunciada por el Banco Central a partir del 1 de abril, con la eliminación del recargo transitorio de 5 puntos, permitirá a los bancos recuperar parte de la liquidez que tenían inmovilizada a partir de abril. La medida apunta a reducir la intervención del BCRA en el sistema financiero.</p><p>De todos modos, el nivel de encajes en Argentina sigue siendo elevado si se lo compara con otros países de América Latina. Todavía persiste una fuerte regulación de los encajes y queda un largo camino por recorrer en desregulación bancaria.</p><p>Con la eliminación del adicional de 5 puntos, los encajes sobre los depósitos a la vista disminuirán aproximadamente del 50% al 45%. Esto significa que, por cada $100 que un banco recibe en cuentas corrientes o cajas de ahorro, debe inmovilizar cerca de $45. En cualquier comparación con países de América Latina, ese número sigue resultando alto.</p><p>Comparación internacional</p><p>Para dimensionar el nivel de intervención del BCRA en el sistema financiero argentino, basta observar lo que sucede en la región. En Brasil, uno de los países con mayores restricciones en su sistema financiero, el encaje ronda el 20%. En México y Colombia se sitúa en torno al 10%. En Perú, cerca del 6 en moneda local. En Chile, el porcentaje oscila entre 4% y 5 por ciento.</p><p>Incluso en economías más dolarizadas como Uruguay, los niveles son notoriamente inferiores a los de Argentina.</p><p>Aun después de la baja, en términos estructurales y técnicos, el sistema financiero argentino mantiene encajes bancarios entre tres y cinco veces superiores al promedio de América Latina. Este nivel de regulación afecta de modo significativo la operatoria crediticia, encarece el financiamiento y tiene impactos directos en el nivel de actividad económica.</p><p>Considerando además que el sistema financiero nacional es chico, debido a la tradicional desconfianza de los ahorristas frente a antecedentes de confiscación de depósitos, los encajes elevados limitan todavía más el acceso al crédito privado. Además, el Estado absorbe buena parte del escaso crédito bancario colocando bonos a las entidades financieras.</p><p>El sistema financiero argentino termina siendo reducido por la falta de confianza de los ahorristas ante prácticas estatales de confiscación y porque los bancos destinan el poco crédito disponible a la compra de bonos del Tesoro en vez de canalizarlo al sector privado.</p><p>Impacto de la baja en el crédito</p><p>El interrogante principal ahora es si la reducción de 5 puntos en los encajes bancarios se traducirá en mayor financiamiento para el sector privado. Se estima que este recorte podría incrementar en un 6% el crédito al sector privado, tomando como referencia el stock vigente al momento de la decisión.</p><p>Sin embargo, existe la duda respecto al destino de los fondos liberados: podrían destinarse tanto al otorgamiento de nuevos créditos como a la compra de bonos indexados por inflación, dado el contexto previsto para los próximos meses.</p><p>Suena extraño esperar un notable incremento en los préstamos a las familias, considerando que la mora en los créditos a hogares representa el 10,6% de la cartera de los bancos. Además, la morosidad en préstamos personales pasó del 3,5% en enero de 2025 al 13,2% en enero de 2026, y en el caso de las tarjetas de crédito, del 2% en enero de 2025 subió al 11% en enero de 2026.</p><p>Un posible escenario es que, si bajan las tasas de interés, los bancos refinancien deudas familiares a tasas más bajas. Un comportamiento similar puede darse con las empresas, aunque su nivel de mora es sustancialmente menor.</p><p>Perspectiva sobre tasas, inflación y consumo</p><p>El impacto sobre la economía real podría ser más limitado de lo previsto inicialmente. Es probable que se observe cierta baja en las tasas de interés y una leve expansión del crédito, aunque no sería esperable un fuerte crecimiento del consumo.</p><p>Otro factor relevante es que, si la demanda de moneda no aumenta, la baja de encajes podría trasladarse a los precios, manteniendo la tasa de inflación en torno al 3% o haciendo que el descenso de la inflación sea más lento de lo deseado por las autoridades para agosto.</p><p>Al mismo tiempo, la relajación de los encajes podría moderar la caída del dólar en un escenario de inflación en alza y afectar el tipo de cambio real. Si la evolución del tipo de cambio se traslada o no al Índice de Precios al Consumidor dependerá de múltiples variables. Con el actual nivel de encajes bancarios, la caída del salario real y un tipo de cambio retrasado, las perspectivas de crecimiento son limitadas.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/P2q8Y52W5gFE-jdy3vHppJF1DAE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/09/central.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>La baja de encajes bancarios anunciada por el Banco Central a partir del 1 de abril, con la eliminación del recargo transitorio de 5 puntos, permitirá...]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-03-31T16:50:04+00:00</updated>
                <published>2026-03-31T16:49:53+00:00</published>
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            Papá cuéntame otra vez ese cuento tan bonito
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        <author>
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                <![CDATA[Roberto Estevez]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pgPc78rPLYzmZQfOQgh7FmCQp6k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/opinion.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La Navidad nos trajo el regalo de los hijos, que han emigrado a diferentes continentes, buscando las posibilidades que la política argentina les ha negado en lo que va del siglo. Volvieron a nuestra casa y pudimos convivir con nuestros nietos, como cuando niños convivíamos con nuestros abuelos.</p><p>Las idas y vueltas a Ezeiza se ven reconfortadas por las anécdotas, experiencias y expectativas, mientras la radio suena y se puede dialogar sobre tal noticia, o una canción</p><p>La ensoñación cultural</p><p>En ese contexto emocional de lo que va del siglo en Argentina, sonaba Ismael Serrano [1] con su “Papá cuéntame otra vez ese cuento tan bonito, De gendarmes y fascistas, y estudiantes con flequillo, Y dulce guerrilla urbana en pantalones de campana, Y canciones de los Rolling y niñas en minifalda.</p><p>Papá cuéntame otra vez todo lo que os divertisteis, Estropeando la vejez a oxidados dictadores, Y cómo cantaste "Al Vent" [2] y ocupasteis la Sorbona, En aquel mayo francés en los días de vino y rosas [3].</p><p>Papá cuéntame otra vez esa historia tan bonita, De aquel guerrillero loco que mataron en Bolivia, Y cuyo fusil ya nadie se atrevió a tomar de nuevo, Y como desde aquel día todo parece más feo.</p><p>Papá cuéntame otra vez que tras tanta barricada, Y tras tanto puño en alto y tanta sangre derramada, Al final de la partida no pudisteis hacer nada, Y bajo los adoquines no había arena de playa. (…)</p><p>Queda lejos aquel mayo, queda lejos Saint Denis, Que lejos queda Jean Paul Sartre, muy lejos aquel París, Sin embargo a veces pienso que al final todo dio igual, Las ostias siguen cayendo sobre quien habla de más, Y siguen los mismos muertos podridos de crueldad, Ahora mueren en Bosnia los que morían en Vietnam (…)</p><p>Tenía diez años recién cumplidos cuando aquel mayo francés, mi madre estaba investigando con el doctor Jérôme Lejeune, en el Hôpital Enfants Malades de Paris, y viviendo en la Rive Gauche, de modo que la canción tiene para mí, proximidad emocional, a pesar de la distancia cronológica.</p><p>Tiendo a ver en las crisis de aquellos años, el cierre de la cultura imperante hasta fines del siglo XIX y el inicio de una nueva época, en Euroamérica, como parte de un mundo único de civilizaciones diversas.</p><p>La Modernidad entro en crisis en su tercera etapa (Victoriana), desde la denuncia del cristianismo [4], como ideología de justificación de toda forma de instrumentalización del prójimo (Nietzche), la religión como el opio de los pueblos (Marx), y la represión del deseo (Freud). Contemporáneamente se va a desarrollar en toda Euroamérica, desde la pintura de Pissarro, Degas, Monet y los restantes rechazados (Salon des Refusés), la escultura de Rodin y Camile Claudel (muy particularmente con La Ola), a la literatura del descreimiento y desencanto.</p><p>Se comienza a producir la cancelación de todos los pudores victorianos, en lo artístico, en lo moral y en lo político, paralelamente, las izquierdas europeas comienzan a expandirse como la moral de relevo, surfeando una fascinación superadora/continuadora de la idea lineal ascendente del positivismo, que era la filosofía dominante en la cultura y la educación [5], en este mundo Euroamericana, que solo reconocía las restantes civilizaciones como objeto de museo.</p><p>El silencio ante los abusos del nazismo, desde el pacto&nbsp;Molotov-Ribbentrop -desde agosto de 1939,&nbsp;hasta la invasión alemana de la Unión Soviética en junio de 1941-, queda como un fantasma escondido en el ropero; y con glamour avant-garde, la izquierda continúa idealizada, en la cinematografía fascinada de la resistencia comunista, de la mano del Hollywood.</p><p>La realización política</p><p>Sin embargo, mientras duró el pacto&nbsp;Molotov-Ribbentrop, la resistencia antifasista, tanto en Italia y Alemania, como en Francia la habían sostenido grupos católicos en soledad política. Mientras, del otro lado del océano, Adolf Hitler&nbsp;había sido nombrado "Hombre del Año" por la revista&nbsp;Time&nbsp;(1938).</p><p>Para entonces, Pío XI, había puesto en el centro de la polémica al capitalismo y comunismo (Quadragesimo anno, 1931), y condenado -con la pluma de su secretario de estado Eugenio Maria Pacelli (luego Pío XII)- los totalitarismos como tales, y no solo por las ideologías que los justificaban: Non Abbiamo bisogno (acerca del fascismo y la acción católica, Pío XI, 1931), Mit brenender sorge (sobre la situación de la Iglesia católica en el Reich alemán, 1937), Divini redemptoris (sobre el comunismo ateo, 1937).</p><p>Este cuerpo de pensamiento social, había sido la fuente de iluminación de aquella resistencia y de quienes planearon los distintos atentados contra Hitler [6]. El intento final del bunker (20 de julio de 1944), tuvo tres originalidades: En primer lugar, que los luteranos a partir de la predicación del pastor Dietrich Bonhoeffer formularon una teología de la resistencia a la opresión, y del tiranicidio -con las mismas fuentes que la teología medieval-, lo cual, permite en segundo lugar, que católicos y luteranos lleguen a acuerdos para la toma del poder posterior al éxito esperado del atentado [7],&nbsp; que, en tercer lugar, hubiera tenido, como efecto el fin de la guerra, según lo previamente acordado con Churchill, por el papa Pío XII, a través de los canales de comunicación facilitados por Josef Müller -entonces espía de Wilhelm Canaris [8]-, quien sobrevivió a la purga posterior al atentado, y luego de la guerra (1945), fundó junto con&nbsp;Adam Stegerwald, la&nbsp;Unión Social Cristiana de Baviera&nbsp;(CSU), como un partido social cristiano, tanto de católicos, como de las confesiones reformadas.</p><p>Luego de la guerra, la dirigencia social cristiana, en los distintos países de Europa, plantea la identidad cristiana de Europa en términos de su diferenciación con el colectivismo marxista (la expansión de la URSS en Europa Oriental y su amenaza sobre Europa Occidental) y del capitalismo liberal (la creciente influencia de los EEUU en la reconstrucción de Europa) [9].</p><p>Así los sobrevivientes, después del fracaso del atentado del bunker, y las persecuciones en el resto de Europa Occidental (Jean Monnet, Konrad Adenauer, Robert Schuman, Alcide De Gasperi, Giorgio La Pira y Paul-Henri Spaak), impulsarán el proyecto más “absurdo” del siglo XX: terminar con las rutinarias guerras en Europa occidental, desde las monarquías absolutas, poniendo en marcha la economía social de mercado, que consiguió su desproletarización y su unificación [10].</p><p>La obra de estos refundadores de Europa era dinámica, respondiendo a las diversas realidades, no al modo pragmático, sino con criterios de acción derivados prudentemente de los principios morales, al ser aplicados a las situaciones diversas.</p><p>Durante el pontificado de Pablo VI (1963-1978) se prefiere para estas ideas la expresión enseñanza social de la Iglesia, para evitar lo que se estaba viendo como una esclerotización de la doctrina social católica, a modo ideológico, como el Estado de Bienestar europeo.</p><p>Este último Papa conocedor de los escritos de varios profesores del Instituto Católico de París - Universitas Catholica Parisiensis (como Marie Dominique Chenu op, e Yves Marie-Joseph Congar op) clarifica una relación entre historia y eternidad, principios y situación, que lo hace afirmar que, no se trata de una tercera posición global [11], y menos de una ideología enlatada: "Incumbe a las comunidades cristianas analizar con objetividad la situación propia de cada país, esclarecerla mediante la luz de la palabra inalterable del Evangelio, deducir principios de reflexión, normas de juicio y directrices de acción" (Octogessima adveniens, nro 4, 1971)</p><p>El fin de una ilusión</p><p>Casi veinte años después, Emilio de Ipola [12], intelectual argentino identificado con el socialismo democrático, escribió un artículo [13] que identifica una brecha entre los ideales de la izquierda y su capacidad para responder a los desafíos operativos de la realidad Actual, especialmente en el contexto de la nueva democracia, proponiendo una mirada renovadora para las izquierdas argentinas.</p><p>El autor se identifica a la izquierda como el poder defensivo y ofensivo de los desfavorecidos, para incrementar las libertades efectivas de dichos sectores, procurar obtener para ellos los derechos que hoy son privativos de los privilegiados y, en fin, buscar los medios de eliminar las injusticias de todo tipo.</p><p>Entre los que se identifican con esos fines, enuncia tres izquierdas: una Izquierda Anacrónica (ligada a proyectos autoritarios y grandilocuentes), que defienden una concepción redencionista y totalizante del socialismo; se define como marxista-leninista (…) y revolucionaria; es dogmática, históricamente determinista y orgánicamente autoritaria. Por otra parte, tiene la costumbre de atribuir a supuestas grandes mayorías demandas que sólo provienen de su propia ideología—y que por lo general la sociedad ignora o desaprueba. La identifica con un pasado autoritario, dogmático, buscando grandes relatos y revoluciones totalizadoras, incapaz de adaptarse a la complejidad de la sociedad.</p><p>A la que distingue luego de lo que llama Izquierda Proto-Moderna:&nbsp;Una fase de transición teórica, que empieza a cuestionar lo anacrónico, pero no se distancia plenamente, que surgió en la forma de una revisión brutal y casi exclusivamente crítica de convicciones que la realidad había ido desmintiendo sistemáticamente, sobre todo a partir de los setenta (…) A nivel mundial, el primer gran alerta posterior a los acontecimientos de Hungría en 1956 fue la invasión soviética a Checoslovaquia, casi contemporánea del mayo ’68 francés; después, y en varias ocasiones, el sofocamiento violento de la resistencia obrera de Polonia: durante los setenta, el Gulag, el cuestionamiento de la Revolución Cultural China y del maoísmo, la invasión y virtual anexión de Campuchea por parte de Vietnam, sin olvidar las atrocidades del Khmer rojo, reveladas también en esos años.</p><p>Así, surgió el Eurocomunismo, como una innovación de los PC latinos, aleccionados por las crudas realidades que exhibía el Este europeo soviético, y la necesidad de secularizar, al marxismo que se había transformado de ideología en religión política, vez menos verosímil en Europa.</p><p>Sigue De Ipola, Por entonces, la izquierda latinoamericana, ya sacudida por la derrota y muerte del Che Guevara en Bolivia, debía afrontar, desde comienzos de los setenta trágicas experiencias: la de Chile en 1973, con el derrocamiento violento de la Unidad Popular y la instalación del régimen de Augusto Pinochet; en los años siguientes, la del aniquilamiento de los diversos grupos guerrilleros de extrema izquierda que habían surgido hacia mediados y fines de los setenta en Brasil, Uruguay y Argentina y la implantación de crueles dictaduras militares en estos dos últimos países. Duras decepciones que, promediando la década, y aun antes, dieron lugar a un profundo autoexamen crítico por parte de la mayoría. de los militantes y organizadores de izquierda latinoamericanas.</p><p>Las vertientes Proto-Modernas, según el autor, suponía conciliar una política reformista con una óptica global que no renunciaba a identificarse como revolucionaria. En mi opinión, adherían a las políticas dictadas por un Estado de Bienestar ya esclerotizado por Bruselas, y se daban el lujo identitario, para demostrar que seguían siendo socialistas, de defender a Cuba y a los regímenes que luego de acceder al poder por vía democrática se le fueron sumando [14]. El autor, citando al socialdemócrata Ludolfo Paramio [15], concluye sobre esa izquierda Proto-Moderna, que, con su crisis de identidad cuyas secuelas perduran hasta hoy, ya no pueden representar qué podría “ser una sociedad socialista y de cómo avanzar hacia ella”.</p><p>De Ipola, cercano al proceso del Alfonsinismo (en 1988), proponía entonces una izquierda a la que llamaba Moderna, con una visión más realista que prometiera la construcción de condiciones democráticas de acuerdo, para la transformación social, que sirva para eliminar injusticias: Que reconozca, la realidad histórica y la trascendencia de la llamada “tercera revolución industrial” en los planos tecnológico, socio-económico y político; (…) y la necesidad de redefinir en algún nuevo sentido la relación entre Estado y sociedad.</p><p>Adaptándose y enfocándose en la acción transformadora real en lugar de promesas grandilocuentes, reconociendo que la felicidad es una tarea personal, para la que el Estado debe generar las condiciones, y que eso no está en contradicción, con la necesidad de un estado más eficiente, que no extraiga recursos de la sociedad para desperdiciarlos, ni la privatización de actividades entonces en manos del estado que lo llevaban a su insolvencia.</p><p>En la política global, la alianza Ronald Reagan (EE.UU.), Margaret Thatcher (Reino Unido) y Karol Wojtyła, de principios de los años 80, que, combinada los valores conservadores con la defensa de la libertad, derrotó al bloque soviético, y las izquierdas Proto-Modernas, no siguieron el camino propuesto por de Ipola, sino que perseveraron en el camino de “Estado de Bienestar esclerotizado + la Revolución sigue viva en Cuba”, sin ser capaces de redefinir en algún nuevo sentido la relación entre Estado y sociedad, con lo que la ola conservadora posterior se las llevo puesta, y allí es cuando Ismael Serrano escribe “Cuéntame esa historia tan bonita” (1997).</p><p>Pocos meses después de la destitución de Fernando de la Rúa, con las maniobras irresponsable de la oposición del 20 de diciembre de 2001, comienza a revertirse en el mundo, el histórico deterioro de los términos del intercambio, por la reducción de los subsidios agrícolas en los países centrales y el crecimiento de sectores económicamente medios (del consumo) en China e India. De modo que se comienza a necesitar menos kilos de cereal, o carne, por cada kilo de una máquina herramienta importada (productividad), o de un Mercedes Benz (emulación).</p><p>En diversos países latinoamericanos históricamente perjudicados por el deterioro de los términos del intercambio, surgen movimientos populistas que, al amparo de los altos ingresos para el país, intentan generar Estados de Bienestar sin las bases de principios, ni las reformas estructurales que los generaron -en sus lugares de origen-, con modelos ideológicos esclerotizados que alentaron el consumismo -y no el bienestar-, en algunos casos, sin disciplina fiscal, lo que los llevaría al crecimiento de la pobreza y el deterioro de la capacidad de atención y la calidad de los servicios estatales de soporte/desarrollo, en la salud y la educación.</p><p>Sus líderes pudieron dominar la vida política de sus países durante sus mandatos constitucionales, y conservar la centralidad política más allá de ellos [16], con estructuras que tendían a la izquierda antes descripta como anacrónica, y los “fueros” de justificación moral, en su reivindicación y reparación económica de los hechos de las dictaduras, en lo que de Ipola define como el aniquilamiento de los diversos grupos guerrilleros de extrema izquierda que habían surgido hacia mediados y fines de los setenta.</p><p>Estos fueros que da la izquierda [17] fueron consolidados con el financiamiento de una masa cultural, poseedora del conocimiento y la industria de la comunicación social, que actúo de mediadora con la masa popular, consumiendo lo afirmado para negarlo de inmediato, a fin de re diferenciarse de quienes han asumido los propios estandartes, sin más positividad que en la/el líder.</p><p>Bajo la apariencia de la tolerancia de todo, se ejerció una ley puritana de la opinión, que solo usa la tolerancia como escudo. Un nuevo puritanismo crítico, asimilado por el sistema económico, y carente de responsabilidad sobre los asuntos práctico/sociales derivados de su acción.</p><p>Papá cuéntame otra vez que tras tanta barricada, Y tras tanto puño en alto y tanta sangre derramada, Al final de la partida no pudisteis hacer nada, Y bajo los adoquines no había arena de playa. (…)</p><p>Por: Roberto Estévez, Profesor titular ordinario de filosofía política FCS – UCA</p>Referencias<p>[1] “Cuéntame esa historia tan bonita”, Atrapados en Azul, 1997.</p><p>[2] Canción en valenciano de Ramón Pelegero Sanchis, que se transformó en un himno contra Franco, 1959.</p><p>[3] Se refiere a la revuelta, disturbios y ocupaciones, de los estudiantes de La Sorbona, en Paris, entre el 3 de mayo y mediados de junio de 1968.</p><p>[4] Estos tres movimientos se desarrollaron en el contexto cultural de la Europa reformada, en el que -por las alianzas dinásticas-, se llamó a la Reina Victoria de Inglaterra “la abuela de Europa”. Cuando los europeos y su antigua colonias (Estados Unidos de América) controlaban el 35% de la tierra firme del planeta, llegando en 1914 al 84 %, aún antes de que Inglaterra, Francia e Italia se dividieran el imperio otomano (Cfr. Samuel Huntington, El choque de las civilizaciones).</p><p>[5] Es cierto que desde el siglo anterior, se habían iniciado movimientos reformistas que no asociaban la pobreza con la culpa, sino con las condiciones sociales, dentro de la Iglesia de Inglaterra, fue relevante la acción del del pastor&nbsp;John Wesley&nbsp;(junto a su hermano Charles y George Whitefield), en Oxford que buscaba una vuelta al Evangelio sin glosa, mediante la disciplina, el estudio bíblico, el servicio social y la predicación itinerante. Los mismos terminaron separándose de la Iglesia nacional inglesa, para formar una denominación propia centrada en la salvación por la fe, caracterizándose sus miembros por su compromiso con la justicia social y la evangelización. Para entender desde cerca la naturaleza de estos movimientos alternativos, que también obraban en la Inglaterra Victoriana, basta el ejemplo entre nosotros, del pastor José Míguez Bonino, reconocido teólogo y miembro activo de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), durante la última dictadura militar, perteneció a la&nbsp;Iglesia Evangélica Metodista Argentina.</p><p>[6] Riebling, Mark. (2016). Iglesia de espías.</p><p>[7] En la película Valkyrie&nbsp;(Operación Valquiria) dirigido por&nbsp;Bryan Singer (2008) donde las primeras escenas que muestran a Tom Cruise, como el coronel católico alemán&nbsp;Claus von Stauffenberg, se detiene en una sencilla y pequeña cruz latina que el lleva al cuello, que representa un punto común a todas las confesiones cristianas que intervinieron.</p><p>[8] Riebling, Mark. (2016). Iglesia de espías.</p><p>[9] Así lo expresaba Giorgio La Pira en sus cursos de 1944, para formar una dirigencia europea para cuando terminara la guerra (1945), y al servicio del proyecto de la unificación europea que ya tenían en común intelectuales italianos, franceses, belgas y alemanes, desde la resistencia al nazismo. Los mismos fueron recopilados en Giorgio La Pira, Para una arquitectura cristiana del estado. Premisas de la política, Buenos Aires: Editorial Heroica, p. 10.</p><p>La Pira fue uno de los redactores de la Constitución republicana de Italia, partícipe del movimiento de Adenauer, Schumann y De Gásperi, conocido como los padres de Europa, y el primero en visitar el Kremlin en la distención promovida por S.S. Pablo VI durante la llamada Guerra Fría, labrando vínculos duraderos con dirigentes soviéticos, de entonces. El Prefacio a su libro&nbsp;Il sentiero di Isaia, (Florencia, Ed. Cultura) fue escrito laudatoriamente por Mijaíl Gorbachov, ya en 1978, once años antes de la caída del llamado Muro de Berlín.</p><p>[10] Es tan clara la filiación espiritual de estos hombres, que&nbsp;la mitad de ellos: Robert Schuman,&nbsp;Alcide De Gasperi&nbsp;y&nbsp;Giorgio La Pira,&nbsp;se encuentran en distintas etapas de canonización por la Iglesia Católica. Por otra parte, toda la izquierda europea, cualquiera sea su filiación marxista ortodoxa, o socialdemócrata, salvo una pequeña fracción del partido socialista belga, votaron contra los primeros acuerdos con los que comenzó la unificación europea.</p><p>[11] La llegada de Perón al gobierno, cristalizó las múltiples líneas católicas (intelectuales, medios de comunicación y sindicatos que se habían opuesto al Roquismo t desencantado del Yrigoyenismo) a su favor, incorporando intelectuales que fueron desde un espectro reaccionario, hasta los de sólida formación filosófica clásica, como Arturo Enrique Sampay, desarrollador del&nbsp;constitucionalismo social&nbsp;en la Argentina.</p><p>Paralelamente, en toda la Europa occidental de post guerra se extendieron los principios social cristianos, de la justicia social, que compartían Adenauer, de Gasperi y Schumann, constituyendo fuertes partidos que llevaron adelante la unión europea.</p><p>El escritor español, Enrique San Miguel (en su libro El Evangelio de los Audaces, 2005), nos aclara que eso no fue así en Francia, donde esos esquemas conceptuales social cristianos, para logrando articular un discurso horizontal y suprapartidario, fueron empleados para constituir una fuerza propia personalista por Charles De Gaulle, agregando a continuación, que esto no sucedió en ningún otro lugar, salvo en la Argentina del General Perón.</p><p>Perón lo formulará como “Tercera Posición” una doctrina, que propone una alternativa al capitalismo (EE. UU.) y al comunismo (URSS) que en mucho recuerda aquellos cursos de La Pira.</p><p>[12] Filósofo y doctor en ciencias sociales&nbsp;Emilio de Ípola, profesor Emérito de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, investigador Superior del Conicet, fue secuestrado durante la última dictadura militar, y luego se exilió en México, donde formó parte de&nbsp;Controversia, una revista creada por un grupo de exiliados argentinos que aglutinó en sus páginas discusiones sobre el pasado y el presente de fines de la década del 70 y principios de los 80. Junto a&nbsp;Juan Carlos Portantiero&nbsp;(1934-2007) participó del&nbsp;Grupo Esmeralda, un grupo de intelectuales que acompañaron la campaña presidencial de&nbsp;Raúl Alfonsín. También fue uno de los fundadores del&nbsp;Club de Cultura Socialista.&nbsp;Tenía 86 años: Murió Emilio de Ípola, un intelectual que combinaba la erudición con la ironía, Diario Página 12, Buenos Aires, 28 de octubre 2025</p><p>[13] Emilio de Ipola, La Izquierda en tres tiempos (1988)</p><p>[14] Mirando al costado el proceso populismo, autoritarismo, y notas totalitarias, que se estaban desarrollando, como en Venezuela y Nicaragua.</p><p>[15] Paramio Ludolfo, La izquierda europea ante la crisis: problemas de identidad, 1985, mimeo.</p><p>[16] Hugo Chávez y sucesores -Venezuela de 1999 a la actualidad-, Luiz Inácio da Silva -Brasil de 2003 a la actualidad-, Néstor Cristina Kirchner -Argentina de 2003 y por ahora a 2023-, Evo Morales -Bolivia 2006 a 2025-, Rafael Correa y Daniel Ortega -Ecuador y Nicaragua de 2007 a la actualidad-.</p><p>[17] La frase "la izquierda da fueros", atribuida a Nestor Kirchner, su estilo y las alianzas, carece de fuentes oficiales que la confirmen como una frase del expresidente argentino.</p>]]>
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                <updated>2026-03-21T14:00:30+00:00</updated>
                <published>2026-03-21T13:58:38+00:00</published>
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            Inflación y cambios en los precios relativos
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                <![CDATA[Roberto Cachanosky]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/VtFPJAfpmwRhtmiExhXVIeofNLQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/08/inflacion.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La semana pasada, el ministro de Economía, Luis Caputo, se refirió a la inflación de febrero, que se ubicó en el 2,9%, similar a la de enero, y mencionó que hay un reacomodamiento de los precios relativos. En la red social X, al comentar el Índice de Precios al Consumidor de febrero, publicó : “la economía argentina todavía se encuentra en un proceso de corrección de precios relativos, tras más de dos décadas de acumular distorsiones que generaron estancamiento del nivel de actividad y el empleo y una tendencia inflacionaria creciente”.</p><p>Comparto ese párrafo de Caputo en términos conceptuales, porque en materia de tarifas de los servicios públicos (luz, gas, agua, combustibles, transporte público, etc.) el kirchnerismo hizo un verdadero desastre populista que fue financiado con subsidios, los cuales se pagaron con emisión monetaria y consumo del stock de capital de la infraestructura: rutas destrozadas que luego fueron mejoradas en el gobierno de Macri, el sistema energético, los trenes que chocaban, se sacrificaron 10 millones de cabezas de ganado para mantener artificialmente barato el asado de los domingos, entre otros ejemplos.</p><p>Comparto el párrafo, pero no para explicar el problema inflacionario, menos en un gobierno en el que Javier Milei cita reiteradamente la frase del economista premio Nobel Milton Friedman: “la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario”.</p><p>Primero, aclaro qué son los precios relativos en economía: son la relación entre el precio de un bien o servicio respecto al precio de otro bien o servicio. Por ejemplo: cuántos kilos de carne hay que dar a cambio de un kilo de trigo o pan. Si el kilo de carne vacuna tiene un precio de $10.000 y el kilo de pan un precio de $2.000, el precio relativo es cinco. Hay que entregar cinco kilos de pan para intercambiarlos por cada kilo de carne vacuna.</p><p>La influencia en el consumo</p><p>Los precios relativos cambian constantemente en una economía libre, porque reflejan las valoraciones de las personas por los bienes.</p><p>En un momento, las personas valoran un bien, pero al consumirlo, su utilidad marginal disminuye y pasa a demandar otro bien, dejando de consumir menos del primero. El ejemplo clásico es el de la pizza: si tengo hambre, la primera porción la como con muchas ganas, la segunda también, la tercera con un poco menos de interés, la cuarta menos aún, la quinta ya no la quiero y la sexta la rechazo. A medida que consumo porciones, baja la utilidad marginal.</p><p>Esto sucede con cualquier bien: tras consumirlo, la demanda disminuye y aumenta por otro producto. Así, baja el precio del primero y sube el del segundo. Ese movimiento constituye un cambio en los precios relativos, que es lo que permite asignar de manera eficiente los recursos productivos.</p><p>Cabe destacar que los precios relativos también pueden ser distorsionados por los gobiernos, como ocurrió con el kirchnerismo y en otros períodos con controles de precios, tipo de cambio fijo o tarifas de servicios públicos.</p><p>Diferencia de conceptos</p><p>Una cosa es un cambio en los precios relativos y otra muy distinta es la inflación, que ocurre cuando todos los precios suben al mismo tiempo porque la oferta monetaria supera la demanda de dinero. En ese caso, no estamos solo frente a un cambio en los precios relativos, sino ante un problema inflacionario, donde también pueden modificarse los precios relativos.</p><p>Hay que tener en claro que la inflación es la emisión de moneda por parte del Banco Central más allá de lo que demanda el mercado, y el cambio de precios relativos se da cuando varían los precios de un bien respecto a otro, lo cual no necesariamente genera inflación.</p><p>Ya van nueve meses consecutivos con aceleración del aumento del Índice de Precios al Consumidor del Indec, o bien algunos meses repitiendo la variación cercana a tres por ciento. Existe una tendencia alcista que, muy probablemente, se mantenga en marzo.</p><p>Si solo existiera un problema de precios relativos, algunos bienes y servicios subirían y otros bajarían, siempre y cuando la cantidad de dinero en el mercado y la demanda se mantuvieran constantes. Es decir, el nivel general de precios no aumentaría.</p><p>El peso de la expansión monetaria en la actualidad</p><p>Como se registran aumentos en el nivel general de precios desde junio de 2025, el problema está en la oferta monetaria. De hecho, M1 creció el 33,6% entre el 27 de febrero de 2026 y el 27 de febrero de 2025, y el IPC aumentó el 33,1% en ese período.</p><p>El dato es que el dinero transaccional crece al mismo ritmo que el IPC en el año, lo que indicaría que la demanda de dinero no aumenta y, ante la mayor oferta monetaria, los precios suben; suben por aumento de la oferta monetaria y no por un cambio en los precios relativos.</p><p>Otra forma de analizarlo es tomando el incremento del IPC entre febrero de 2026 y mayo de 2025, cuando se rompió la tendencia a la baja del índice; el aumento fue del 23%. En el mismo período, M1 subió el 12,4%, lo que sugiere una caída en la demanda de dinero.</p><p>El problema de la suba de la tasa de inflación no se debe a un cambio de precios relativos, sino a una cuestión monetaria. O bien la expansión monetaria muestra que no sube la demanda de dinero o, en el segundo caso, la demanda de dinero estaría cayendo.</p>]]>
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                <updated>2026-03-17T16:45:15+00:00</updated>
                <published>2026-03-17T16:40:07+00:00</published>
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            Una guerra tras otra
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                <![CDATA[Alberto Hutschenreuter]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/una-guerra-tras-otra">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/JRlPsHbxHhOEYihNDdWnW-cS0B4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/guerra_iran_israel.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La guerra volvió rápido a la sensible placa de Oriente Medio/Golfo Pérsico. Ocho meses después de la llamada “guerra de los 12 días”, se produjo el ataque preventivo conjunto israelo-estadounidense sobre Irán, cuyo mayor impacto fue el bombardeo o violencia de precisión que acabó con la vida del mismo líder supremo iraní.El contrataque iraní sobre Israel y bases de Estados Unidos ubicadas en las petromonarquías del Golfo fue rápido y causó daños. Pero los mayores detrimentos fueron ocasionados cuando Irán atacó la infraestructura energética de los países del Golfo.</p><p>eherán fue aún más allá y logró el cierre parcial del hiper-estratégico Estrecho de Ormuz, un selectivo global donde convergen las “tres G” que marcan esta confrontación: geopolítica, geoeconomía y geoenergía.En paralelo, los ataques desde el Líbano a las poblaciones del norte de Israel por parte del grupo islámico proiraní Hezbollah, reiniciaron la guerra entre ambos actores.</p><p>Muy cerca, en Siria se salió del estado de fisión que era el país hasta la caída de Bachar el Asad, pero aún persisten focos, se mantiene la violencia sectaria y fuerzas leales al régimen alauita caído pugnan por controlar territorios.En este contexto, la situación entre Israel y Siria se mantiene tensa y se ha deteriorado más como consecuencia del avance israelí en el sur de Siria.</p><p>Mientras Oriente/Golfo Pérsico se hundía una vez más en una gran hoguera, en la placa o cinturón de fragmentación de Europa del este, rusos y ucranianos ingresaban en su quinto año de guerra, sin posibilidades de alcanzar un cese de fuego. Y a juzgar por algunas declaraciones de sus altos mandos militares, Rusia no sólo pretende afirmar su control territorial en el Donbas, sino extenderlo al centro portuario e industrial de Odessa, logrando así el estrangulamiento económico de Ucrania.</p><p>Lejos de allí, en ese gueto estratégico que es parte de áfrica, la guerra total en Sudán entre el ejército nacional y el grupo paramilitar Fuerza de Apoyo Rápido por el control del poder y los activos estratégicos, ha provocado una crisis humanitaria mayor y un desplazamiento de millones de personas, sobre todo en Darfur.La confrontación en Sudán podría inflamar la situación en el selectivo sitio del Cuerno de áfrica donde Etiopía y Eritrea mantienen una seria crisis con centro en la geopolítica, pues Eritrea teme que el régimen de Etiopía busque recuperar los puertos marítimos que controlaba hasta 1993, cuando Eritrea consiguió su independencia.</p><p>En el oeste de áfrica, el terrorismo yihadista mantiene bajo presión a Mali y Burkina Faso. El descontento popular con los gobiernos, el fracaso del apoyo de cuerpos expedicionarios extranjero (antes franceses, ahora rusos) y la voluntad y el poder de las fuerzas del terrorismo yihadista, no sólo han provocado caídas de gobiernos, sino que desestabilizan este nuevo territorio de fisión geopolítica del globo que es la franja del Shael.</p><p>Luego están las confrontaciones en suspenso, escaramuzas y situaciones de “no guerra”: Afganistán-Pakistán, India-Pakistán, China-India, Mar de China, Malasia, Taiwán, la península coreana, Japón-Rusia, entre las principales. Una gigantesca “W” con sus vértices inferiores en el índico e Indonesia a través de la que se pueden recorrer conflictos de naturaleza múltiple.</p><p>En suma, una guerra tras otra con participación de potencias medias y potencias superiores que deberían estar, estas últimas, debatiendo sobre algún esbozo de nueva configuración internacional que restituya la necesaria “cultura estratégica” o “bien público internacional” entre potencias de clase mundial, que evite “fugas hacia delante’ altamente peligrosas.</p><p>Un escenario de guerra en el que confronten las potencias mayores es, sin duda, el más inquietante, considerando el poder agregado que concentran hoy las potencias, es decir, el poderío de las armas, principalmente, pero también las capacidades derivadas de los otros segmentos del poder, desde el tecnológico hasta el cibernético, pasando por el espacial, el energético, el económico, el robótico, entre otros.Ahora bien, que haya una guerra tras otra no debería sorprendernos porque la guerra es una de las grandes regularidades de la historia. Desde la mítica batalla de Kadesh entre egipcios e hititas en el 1274 a. C. (la primera confrontación registrada en la historia) y las guerras actuales, es decir, aproximadamente 3.300 años, solo hay menos de 300 años en los que no hubo guerras.</p><p>De modo que la guerra es una realidad categórica, al punto que existe la guerra total (o la guerra pos-total si en una confrontación se llegara a utilizar el arma nuclear) mientras que, salvo un orden internacional con mayor o menor grado de distensión, no existe nada que siquiera se acerque a una paz total; incluso la paz por sí sola es una abstracción. (Cabe aclarar que tampoco existe un “orden internacional total”, es decir, un estado de armonía internacional sin conflictos ni guerras y con predominancia de multilateralismo).</p><p>Ahora, ¿por qué la guerra continúa siendo una regularidad al punto que podremos decir que la última guerra será siempre la próxima guerra?Porque más allá de los adelantos, la interdependencia, la globalización, la conectividad, las nuevas temáticas que requieren mayores niveles de consulta y cooperación, los aportes que se pueden estar alcanzando con la AI aplicada a la diplomacia y a las negociaciones, entre otras, las relaciones internacionales continúan manteniendo características protohistóricas que hacen que los Estados se desconfíen entre sí.</p><p>La corriente de pensamiento realista en las relaciones internacionales, es decir, la que se hace preguntas relacionadas con el poder, la influencia, los intereses, las capacidades y las intenciones entre los Estados, nos aporta, como decía Kenneth Waltz, algunas pocas pero significativas respuestas, sobre todo para tiempos internacionales como el actual donde no solo hay desorden y fracturas, sino discordia entre aquellos “que cuentan”.</p><p>El estado de anarquía entre Estados, es decir, la ausencia de un gobierno mundial, sigue siendo la característica más categórica. Desde las corrientes críticas del realismo, se considera que en estos enfoques hay una cuestión patológica en insistir con la anarquía internacional en pleno siglo XXI. Sostienen que hay nuevos tópicos que “des-anarquizan” la política entre Estados porque encararlos lleva a jerarquizar movimientos o dinámicas sociales y a establecer nuevas formas de colaboración.</p><p>Más todavía, desde años muy recientes han surgido voces, entre ellos la del especialista Ian Bremmer, que sostienen que las relaciones internacionales están siendo reemplazadas por “relaciones tecnopolares”, es decir, las grandes compañías tecnológicas están relocalizando la autoridad de los Estados y, por tanto, relativizando la condición de anarquía internacional.</p><p>Sin embargo, si bien es cierto que la política internacional se ha pluralizado en materia de actores, no se observa que esa condición mayor de dicha política, la anarquía, haya experimentado algún impacto de escala que la haya devaluado. Por el contrario, los acontecimientos que tienen lugar en el mundo desde hace por lo menos tres lustros (consideremos desde la crisis financiera y lo que sucedió en Ucrania-Crimea en 2013-2014) más bien han re-anarquizado las raciones internacionales. No se registra un cambio desde el viejo orden pos-1945 hacia una dirección de multilateralismo: las vagas propuestas que ha hecho el presidente Trump sobre un nuevo orden parecieran afirmar un orden con características “castocráticas”.</p><p>En cuanto a que los polos tecnológicos están desplazando a las clásicas relaciones interestatales, es cuestionable, por caso, que en China, donde el poder ha incorporado herramientas de control “total-digitalitario”, las compañías “independientes” desafíen el poderío del Partido-Estado chino.</p><p>Lo que sí pueda suceder, de hecho ya ocurre, es que la tecnología se convierta en la principal herramienta de poder de la competencia internacional, quedando un segmento reducido de cooperación tecnológica internacional.</p><p>Otra característica de las relaciones internacionales es la relación que existe entre el principio de incertidumbre de las intenciones (un Estado nunca sabe cuáles son las intenciones de sus rivales o competidores) y las capacidades estratégicas-militares. Por ello, como advierte el estadounidense John Mearsheimer, el modo de “sobrellevar” la incertidumbre es poseer capacidades superiores a las de otros.</p><p>En suma, en el mundo del siglo XXI estamos asistiendo a una guerra tras otra. Y ello continuará siendo así hasta que se establezca una configuración internacional, la que deberá considerar la experiencia, sin duda, pero también el reconocimiento de realidades complejas y actores nuevos no occidentales.</p><p>La gran pregunta es si a esa nueva configuración u orden se llegará tras largas consultas y negociaciones, o bien se llegará a ella “como de costumbre”, es decir, tras una gran prueba de fuerza en la que ocurrirán hechos conocidos pero también desconocidos, sobre todo si esa posible prueba sucede cuando el poder de los Estados sea extremadamente letal.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/JRlPsHbxHhOEYihNDdWnW-cS0B4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/guerra_iran_israel.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La guerra volvió rápido a la sensible placa de Oriente Medio/Golfo Pérsico. Ocho meses después de la llamada “guerra de los 12 días”, se produjo el at...]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-03-17T16:40:11+00:00</updated>
                <published>2026-03-17T16:38:14+00:00</published>
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            La crisis del multilateralismo
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        <author>
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                <![CDATA[Roberto García Moritán]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/la-crisis-del-multilateralismo">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2gxe3Vw0AqCVzJqPRwdxVORX_jw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/onu.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La percepción de que el sistema internacional atraviesa una etapa de grave debilidad institucional frente a conflictos armados y un peligroso espiral armamentista ha vuelto al centro del debate diplomático. La incapacidad de organismos globales y regionales para incidir en crisis recientes –sea la guerra en Ucrania, Gaza o Irán– ha alimentado la idea de que los mecanismos creados en Dumbarton Oaks (1944), destinados primordialmente a mantener la paz y la seguridad internacionales mediante medidas colectivas, ya no logran cumplir plenamente su función.</p><p>El símbolo principal de esa parálisis es Naciones Unidas. Aunque su arquitectura institucional fue diseñada para evitar conflictos globales, el funcionamiento del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas –donde las potencias con derecho a veto pueden bloquear resoluciones de cumplimiento obligatorio– ha demostrado ser un obstáculo recurrente cuando las crisis involucran intereses estratégicos de los grandes actores. La resolución 2817 (2026), impulsada por Bharein sobre los ataques de Irán en el Golfo Pérsico, es un ejemplo.</p><p>La situación no es muy distinta en el plano regional. Organismos como la Liga árabe o la Organización de Cooperación Islámica, por solo citar instituciones relacionadas con los conflictos en Medio Oriente, han emitido tenues llamados diplomáticos a la moderación, pero sin vocación de intervenir imponiendo soluciones. Los enfrentamientos armados entre algunos de sus miembros, sumados a antagonismos históricos y estratégicos, pone a dichas entidades al borde de la irrelevancia.</p><p>Algo similar ocurre con agrupamientos que buscan representar a países del Sur Global. El Movimiento de Países No Alineados y los BRICS (recientemente ampliado) reúnen a Estados con visiones divergentes sobre seguridad internacional que pone en evidencia los límites diplomáticos que enfrentan ante crisis complejas. Las declaraciones que en ocasiones emiten hasta parecen cargar con una inercia más propia del pasado que del siglo XXI.</p><p>La misma aporía institucional se manifiesta en otros foros diplomáticos más amplios como el G20. Un ejemplo está relacionado con la decisión de Estados Unidos de excluir a Sudáfrica de la próxima Cumbre. China y otras potencias emergentes se han limitado a expresiones genéricas de solidaridad que rayan con la indiferencia por la ausencia de Sudáfrica en Miami 2026.</p><p>El trasfondo de este panorama de fragilidad institucional multilateral estaría transmitiendo un proceso de cambio profundo en el equilibrio global. Tras el final de la Guerra Fría, el orden internacional parecía orientarse hacia un sistema relativamente estable. Sin embargo, el ascenso principalmente de China y la reaparición de rivalidades estratégicas han impulsado un escenario global más fragmentado, en el que los intereses nacionales parecen pesar más que la acción colectiva a través de organizaciones multilaterales.</p><p>El resultado es un sistema internacional menos protegido por reglas compartidas y en el que el multilateralismo no desaparece del todo, pero queda más expuesto a la lógica del poder. En ese marco, la política internacional actual se está pareciendo cada vez más a un partido de rugby sin árbitro, en el que todos siguen jugando, pero sin disciplina y donde ya no hay límite para los tackles altos, cargas contra jugadores en el aire o indefensos. Por eso, el desafío del siglo XXI no es solo evitar nuevas guerras, sino reconstruir el espíritu y el respeto por un orden normativo internacional capaz de prevenirlas y contenerlas.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2gxe3Vw0AqCVzJqPRwdxVORX_jw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/onu.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La percepción de que el sistema internacional atraviesa una etapa de grave debilidad institucional frente a conflictos armados y un peligroso espiral...]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-03-17T16:40:11+00:00</updated>
                <published>2026-03-17T16:36:31+00:00</published>
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            Por qué cada vez más viajeros buscan destinos inesperados
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        <author>
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                <![CDATA[Marcelo Morales Rins]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/por-que-cada-vez-mas-viajeros-buscan-destinos-inesperados">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/6Ll_SRBNf6KzTcdvHTUL8oQiOy4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/ushuaia.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La planificación de los viajes está cambiando. Incluso en fechas tradicionalmente previsibles como Semana Santa, los hábitos de los viajeros muestran señales claras de transformación: más consultas anticipadas, decisiones de compra más tardías y una creciente búsqueda de experiencias distintas a los destinos clásicos.</p><p>En los últimos meses se observó un fenómeno interesante. Muchas personas comenzaron a pensar sus escapadas con mayor anticipación: ya desde enero y febrero quienes no habían podido salir en verano empezaron a planificar viajes para los próximos meses. Sin embargo, ese interés temprano no siempre se traduce inmediatamente en reservas. Las decisiones finales suelen tomarse cerca de la fecha de salida, reflejando un comportamiento más cauteloso y flexible a la hora de viajar.</p><p>En cuanto a los destinos, el turismo dentro de Argentina sigue mostrando una fuerte demanda. Lugares como Ushuaia o El Calafate siguen siendo una buena escapada de otoño, combinando naturaleza, paisajes imponentes y una experiencia distinta al típico viaje de playa. De hecho, los viajes nacionales vienen creciendo con fuerza frente al año pasado.</p><p>En el plano internacional, en cambio, el mapa de intereses es mucho más diverso. Para Semana Santa ya no se trata solo de un fin de semana largo: muchos viajeros aprovechan el feriado, suman algunos días adicionales y transforman la escapada en un viaje de una semana. En ese escenario conviven destinos clásicos de playa —como Brasil o el Caribe— con ciudades europeas y propuestas más lejanas o exóticas que ganan cada vez más protagonismo.</p><p>A este contexto se suma otro factor que también influye en las decisiones: la situación geopolítica global. Los conflictos internacionales suelen impactar primero en la percepción del viajero. Cuando surge una crisis en una región específica, es común que disminuyan las decisiones de compra hacia ese destino o incluso hacia países cercanos, especialmente cuando funcionan como hubs de conexión. En esos casos, muchos viajeros optan por esperar o evaluar alternativas antes de confirmar el viaje.</p><p>Pero quizás el cambio más interesante en el turismo actual tiene que ver con la búsqueda de experiencias diferentes. En fechas muy demandadas como Semana Santa, cada vez más personas intentan evitar los destinos saturados y prefieren descubrir lugares menos obvios.</p><p>Las cifras ayudan a dimensionar el peso de esta fecha en el calendario turístico. Solo en Argentina, alrededor de 2,7 millones de personas viajaron durante el fin de semana largo de Semana Santa 2025, con un gasto total estimado en $733.128 millones y una estadía promedio de 3,1 días por viajero. Al mismo tiempo, a nivel global se observa un crecimiento sostenido: las reservas hoteleras para Pascuas aumentaron 16,8% interanual, con viajeros que planifican con más anticipación —el tiempo promedio entre la reserva y el viaje pasó de 87 a 96 días— y con una mayor proporción de viajes internacionales.</p><p>Un ejemplo claro de esta tendencia hacia destinos distintos es Sudáfrica. En esta época del año ofrece condiciones climáticas muy agradables y la posibilidad de combinar experiencias muy diferentes en un mismo viaje: safaris en reservas naturales donde los animales se observan a pocos metros de distancia, recorridos urbanos por Ciudad del Cabo, visitas a viñedos y una rica propuesta cultural e histórica. Es un destino que mezcla naturaleza, aventura y ciudad en un mismo itinerario. Además, existen programas de aproximadamente nueve días que incluyen vuelos, estadías en lodge con safaris en la región de Kruger y varios días en Ciudad del Cabo, con valores cercanos a los USD 3.900 por persona en base doble.</p><p>En un contexto donde viajar sigue siendo una de las prioridades de muchas personas, Semana Santa aparece cada vez más como una oportunidad para algo más que una simple escapada. Para muchos viajeros se está transformando en el momento ideal para explorar destinos diferentes, extender el viaje unos días más y convertir un feriado en una experiencia memorable.</p><p>El autor es CEO de BlinkTrip</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/6Ll_SRBNf6KzTcdvHTUL8oQiOy4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/ushuaia.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La planificación de los viajes está cambiando. Incluso en fechas tradicionalmente previsibles como Semana Santa, los hábitos de los viajeros muestran...]]>
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                <updated>2026-03-17T16:40:11+00:00</updated>
                <published>2026-03-17T16:33:47+00:00</published>
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            Superposición de conflictos geopolíticos
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                <![CDATA[Ricardo Auer]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/superposicion-de-conflictos-geopoliticos">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/5CVDahVTIXAogfGK1wn3HXBYQXo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/israel.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El conflicto histórico es entre Israel e Irán. El geopolítico, entre EEUU y China por el control de los recursos energéticos. La pelea de fondo, que podría ser un factor desequilibrante, es entre las culturas de las diversas civilizaciones.</p><p>La histórica oposición de Irán a la existencia del Estado de Israel es combatida por el gobierno israelí, encabezado por Netanyahu y figuras de la extrema derecha como Ben-Gvir, Smotrich y Lior. Este gobierno, respaldado por el lobby israelí en Estados Unidos, se presenta como una voz independiente dentro de un Occidente fragmentado y sostiene que es el momento oportuno para destruir a Irán e impedir el avance de su industria misilística y su programa nuclear militar. Para ello, influye sobre Estados Unidos, sin cuyo apoyo no podría avanzar en sus objetivos. La intención de crear el denominado Gran Israel, desde Gaza hasta Cisjordania, aún cuenta con la resistencia de Donald Trump y el rechazo explícito de la Unión Europea y el Reino Unido, aunque la publicación de los archivos de Epstein parecería haber reforzado su influencia global.</p><p>Estados Unidos-China</p><p>Si Irán fuese derrotado por EEUU, podría ser venezolizado (verbo que gusta expresar Trump), y esto significaría que las más importantes reservas de petróleo global podrían ser controladas por EEUU, lo que le daría un fabuloso poder de negociación sobre el resto de los nodos de poder, incluido China. ¿Habrán hablado de esto Trump y Putin en Alaska? Trump estaría más que satisfecho de encontrar un gobierno iraní que entre en ese juego, dado que resultaría imposible a EEUU ocuparlo por medios militares. Para ello trata de armar a las múltiples etnias (kurdos, azeríes, baluches) iraníes, en la hipótesis de fraccionar internamente a Irán y lograr un gobierno adicto a Washington. Una táctica con grandes incógnitas.</p><p>Los conflictos entre tácticas, estrategias y renovados sistemas de armas</p><p>Irán se va quedando sin Armada y sin Fuerza Aérea. Depende de un gran número de drones baratos, misiles y pequeñas embarcaciones. Todos blancos móviles, que siguen funcionando pese a los intensos bombardeos israelíes que, aunque logran disminuir su producción y su lanzamiento, todavía siguen logrando impactar en bases militares norteamericanos, en ciudades israelíes, en infraestructura (ductos petroleros, plantas desalinizadoras de agua de mar, plantas petroquímicas) y en barcos, civiles o militares, averiados con drones marítimos.</p><p>Si bien Irán podría enfrentar escasez de misiles avanzados y propulsores sólidos, su capacidad de producir y operar drones sigue siendo significativa. Si Irán logra mantener esa situación durante las próximas semanas, el curso de la guerra entrará necesariamente en un impasse negociador. Israel/EEUU ataca y se defiende con costosos sistemas de armas, radares, misiles y sensores, no fáciles de ser reemplazados rápidamente, ya que, durante la globalización financiera, EEUU abandonó su tradicional política industrial, descentralizando la producción de armamento, y eso no resulta ocioso. La producción de misiles de un año entero para sistemas como el THAAD y el PATRIOT se está agotando en tan solo una semana. Además del alto costo de esos sistemas de armas (las empresas productoras están felices), frente al menor gasto que realiza Irán.</p><p>En la nueva economía de guerra, lo barato supera a lo caro, la cantidad supera a la precisión, y la velocidad supera a la calidad, lo que permite traspasar los costosos sistemas de defensa tradicionales. Cualquier éxito defensivo, hoy sale demasiado caro. La visión occidental de un ataque militar tecnológicamente superior, rápido y limpio está empezando a ser cuestionada. Hasta victorias tácticas podrían resultar en derrotas estratégicas.</p><p>Los iraníes utilizaron inicialmente sus misiles antiguos y lentos, y drones de sacrificio que fueron dirigidos hacia las baterías PATRIOT y los sistemas THAAD, para gastarles rápidamente sus interceptores defensivos (tres PATRIOTS -9 millones de dólares- para detener un misil balístico iraní). El ejército norteamericano está diseñado para invadir países, utilizando su fuerza aérea para dominar los cielos y dar cobertura a la artillería y la infantería mientras conquista territorio; casi imposible en el caso iraní. La táctica iraní se basa en que EEUU/Israel no podrían reabastecerse de forma rápida y económica. El enfoque militar actual de Irán no consiste en derrotar a EEUU o a Israel en una guerra convencional, sino en hacer que este conflicto sea de desgaste, prolongado, regionalmente disperso y económicamente costoso. Sin duda mantener este ritmo de combate será cada vez más difícil para ambos bandos a medida que la guerra continúe. La durabilidad de la estrategia iraní podría depender de la cohesión interna, es decir del fraccionamiento de su élite política o de las FFAA/Guardia Revolucionaria, que es lo que alienta y esperan los EEUU.</p><p>Irán no cerró el Estrecho de Ormuz. Fueron las Aseguradoras de Riesgo. Pero Irán sigue cortando metódicamente cada arteria energética, la infraestructura del Golfo y los oleoductos del Cáucaso, como es el caso del de Azerbaiyán a Turquía. Secuencia tácticamente sus ataques, cuidando sus misiles. Aun podría dañar el oleoducto saudí Este-Oeste que rodea Ormuz, las plataformas de carga marítimas iraquíes en aguas territoriales iraníes que manejan 3,5 millones de barriles diarios, y el centro de procesamiento de Abqaiq, que maneja la mayor parte del crudo saudí antes de que llegue a cualquier terminal de exportación. Sorprendentemente, o no, el precio del petróleo no se disparó arriba de los 100 dólares el barril. Eso sólo se explicaría si el mercado descuenta que la guerra tendrá un límite alrededor de las cuatro semanas y que no se extendería más. Pero todo puede fallar, como siempre se dijo. La prolongación de la guerra más allá de esos tiempos y el aumento del precio del petróleo, dependerá del equilibrio militar en el campo de batalla, del incremento de la presión iraní sobre las infraestructuras descritas anteriormente, de las reservas que dispongan los países importadores, del caos económico que pueda desarrollarse en los países productores por la destrucción de instalaciones o la falta de embarques (países del Golfo, Irán) o en los importadores por alta inflación, parálisis de la cadena de suministros y otros (Japón, Corea del sur, India, Australia y Europa). China siempre acumula muchas reservas y puede incrementar las importaciones desde Rusia o Asia Central y puede usar carbón. En resumen, todo se reduce a una victoria militar total vs. el colapso económico de varios actores importantes que presionarían para frenar la guerra.</p><p>El conflicto entre las culturas de las diversas civilizaciones</p><p>La cultura occidental está organizada preponderantemente alrededor del mercado y del individualismo. Europa ha desistido de respetar su origen en la Roma cristiana y se ha entregado al globalismo financiero. Otras culturas, más visible en Oriente, si bien el mercado y el consumo son importantes, lo matizan con otros conceptos, como la noción del sacrificio del individuo a favor de la armonía social (China, Japón, Corea), o conceptos religiosos altamente populares (países musulmanes), o bien el respeto a las tradiciones y a la historia (Rusia). No es que en todo Occidente no existan esos mismos valores, pero proporcionalmente domina el dios dinero. No es casualidad que en EEUU haya una batalla interna muy feroz entre los que defienden las tradiciones patrióticas y religiosas y los defensores de la City financiera. En los países más débiles, cuando son atacados por los más fuertes, afloran conceptos tradicionalistas o religiosos, con actitudes que pueden desequilibrar las relaciones de fuerza. Se vuelven más capaces de resistir ante la adversidad; tienen mayor resiliencia. El caso más destacado es el de Vietnam, que les ganó la batalla final a los franceses, a los norteamericanos y a los chinos, ya que luego de la retirada de EEUU en 1974, China volvió a invadir Vietnam, de acuerdo a lo acordado en la famosa reunión de Kissinger, Nixon y Mao Zedong y fue nuevamente rechazada frente a la extrema debilidad de la situación vietnamita.</p><p>Cuando la guerra deja de ser continuación de la política por otros medios, puede convertirse en cuestiones religiosas, culturales o patrióticas, y allí la tecnología no pasa a ser el factor decisivo. El martirio de los musulmanes no encaja en ninguna lógica occidental, porque siendo la billetera el órgano más sensible del hombre, es el menos dispuesto al sacrificio. Cada guerra o conflicto es un choque de sistemas de armas o de tácticas diferentes, pero que fácilmente puede llegar a convertirse en choques de dimensiones civilizatorias, una basada en la fe y otra en los negocios. Una emotiva y otra racional. Hoy está demostrado que al final las emociones gobiernan el mundo.</p><p>Implicancias para Argentina</p><p>Si la crisis se prolongara mucho tiempo podría posicionarse a Vaca Muerta como activo estratégico y Argentina podría convertirse en un nodo de estabilidad atlántica, ofreciendo seguridad de suministro frente a la volatilidad euroasiática. Pero el actual panorama no permite asegurar eso. Si bien existe un potencial superávit energético de USD 30.000 millones anuales hacia 2030, la tradicional inestabilidad e imprevisibilidad argentina no ofrecen rápidas garantías para acelerar ese proceso. También las consecuencias de la furiosa alineación automática con EEUU e Israel no ayudan, mirando hacia el futuro o a largo plazo. Las grandes inversiones se radican cuando hay proyectos sólidos, de entendimiento nacional interno, con gobiernos experimentados y no de aventuras extravagantes.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/5CVDahVTIXAogfGK1wn3HXBYQXo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/israel.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El conflicto histórico es entre Israel e Irán. El geopolítico, entre EEUU y China por el control de los recursos energéticos. La pelea de fondo, que p...]]>
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                <updated>2026-03-10T17:10:26+00:00</updated>
                <published>2026-03-10T17:03:58+00:00</published>
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            Sin ética exigible, no hay Justicia confiable
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                <![CDATA[Jimena de la Torre]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/opinion/sin-etica-exigible-no-hay-justicia-confiable">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cARkMc1UoBao2c2IswyrZ0pgQzY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corte.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cada vez que se habla de ética judicial aparece un reflejo incómodo: para algunos, es un tema “secundario”, casi decorativo, reservado a seminarios o discusiones corporativas. Pero la ética judicial no es un adorno. Es una condición mínima para que la Justicia sea creíble. Y cuando esa condición falta, el costo lo paga la sociedad entera.</p><p>Argentina convive hace años con una distorsión peligrosa: la idea de que los jueces pueden quedar al margen de reglas éticas específicas, claras y exigibles, como si la autonomía del Poder Judicial se confundiera con una licencia para moverse en zonas grises. Ese error no solo deteriora la confianza: rompe el vínculo entre la ciudadanía, la abogacía y el sistema judicial. Porque cuando el Poder Judicial pierde legitimidad, lo que se resiente no es una institución abstracta: se resiente la posibilidad real de ejercer derechos.</p><p>El problema es concreto. Hoy el país necesita un marco ético judicial con autoridad normativa y exigibilidad efectiva. Cuando ese marco falta, se abren espacios de ambigüedad: criterios cambiantes, respuestas tardías, tolerancias selectivas y una sensación de impunidad que se instala con facilidad. En ese terreno, la ética se vuelve optativa y la exigencia, discrecional. Y nada destruye más rápido la credibilidad que la discrecionalidad.</p><p>En el Consejo de la Magistratura se viene trabajando para que la ética judicial deje de ser una consigna y se convierta en un compromiso verificable. Se han presentado dos proyectos, uno que elaboramos con la abogacía organizada y otro desde la representación de la magistratura. Los dos orientados a fijar pautas de conducta para quienes tienen en sus manos decisiones que afectan derechos y libertades.</p><p>Luego de un proceso de trabajo que se extendió a lo largo de más de un año y medio, en el que se convocó abiertamente a todos los sectores con interés legítimo en la materia, como los colegios de abogados, la asociación de magistrados, los gremios judiciales, la academia, las Cortes provinciales, el CONICET y expertos de la talla del Dr. Rodolfo Luis Vigo, quien redactó, junto al catedrático español Manuel Atienza, el propio Código Iberoamericano de Ética Judicial, se arribó a la redacción de un proyecto unificado.</p><p>El código organiza con claridad los principios que deben regir la conducta judicial: independencia, imparcialidad, dignidad y transparencia, honestidad, responsabilidad institucional, cordialidad, eficiencia y valores republicanos. Pero va más allá de la enunciación de valores: fija reglas de conducta concretas.</p><p>En materia de honestidad y decoro, establece que los magistrados y funcionarios no pueden recibir regalos, presentes, donaciones ni beneficios por parte de litigantes o defensores —ni antes, durante, ni después del proceso—, y que esa prohibición se extiende al cónyuge, conviviente y descendientes. Fija además el deber de actuar con prudencia y moderación tanto en la vida pública como en la vida privada con trascendencia pública, y de guardar cautela respecto de situaciones que generen sospechas sobre la independencia o la imparcialidad.</p><p>Incorpora reglas sobre ética digital: uso de herramientas tecnológicas con integridad y responsabilidad, protección de datos personales de los justiciables, transparencia en la adopción de tecnologías y prevención de conflictos de interés en entornos digitales.</p><p>Pero el proyecto unificado no se agota en el código propio: propone también que el Plenario adhiera formalmente al Código Iberoamericano de Ética Judicial —adoptado en la XIII Cumbre Judicial Iberoamericana de 2006 y actualizado en 2014— y que adopte los Principios de Bangalore sobre la Conducta Judicial, conforme a la Resolución 2006/23 del Consejo Económico y Social de la ONU. Es decir, el marco que proponemos no es solo nacional: es la articulación del código propio del Poder Judicial de la Nación con los estándares internacionales que Argentina hace tiempo debería haber incorporado.</p><p>Ese camino, sin embargo, todavía requiere tratamiento y definiciones internas para transformarse en una herramienta real.</p><p>Basta leer los diarios para darse cuenta de que, cuando las incompatibilidades no están definidas con precisión, la salida suele ser improvisada. Así, lo que debería resolverse con normas generales, previsibles y transparentes se transforma en una sucesión de excepciones y parches, con un daño institucional ya consumado.</p><p>Por eso es urgente avanzar hacia un instrumento con estándares verificables, procedimientos definidos y mecanismos de control con efecto real. Un marco serio debe sostener la independencia judicial, pero también reforzar sus obligaciones correlativas: autocontrol institucional, integridad, rendición de cuentas y respeto estricto por los límites del rol jurisdiccional.</p><p>La independencia protege al juez frente a presiones externas, pero no lo exime de reglas. Al contrario: le exige límites más estrictos, precisamente porque la decisión judicial puede afectar la libertad, el patrimonio y la vida de las personas.</p><p>Defender un marco ético robusto no es atacar a la Justicia. Es protegerla de sus zonas oscuras, impedir que conductas indebidas de unos pocos deterioren la imagen de muchos y asegurar que el servicio de justicia esté a la altura de lo que la Constitución y la sociedad demandan.</p><p>Si la Argentina quiere volver a confiar en su Justicia, el primer paso no es grandilocuente. Es básico: sin ética exigible, no hay Justicia confiable.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cARkMc1UoBao2c2IswyrZ0pgQzY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/02/corte.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Cada vez que se habla de ética judicial aparece un reflejo incómodo: para algunos, es un tema “secundario”, casi decorativo, reservado a seminarios o...]]>
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                <updated>2026-03-10T17:05:10+00:00</updated>
                <published>2026-03-10T17:00:37+00:00</published>
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            Matar al prójimo o amarlo como a tí mismo
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                <![CDATA[Hernán Bernasconi]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/qvS52ebaE-7pVUN3O610Tlt_n7Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/papa_leon_xiv.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>“La belleza salvará al mundo” (Fedor Dostoievski, El idiota, parte III, cap. V)</p><p>Claro que Dostoievski se refiere a la belleza moral, al amor de Jesús; la belleza del resplandor que irradia la imagen que describe el Evangelio de Lucas 10:25-37 sobre aquel samaritano que iba de Jerusalén a Jericó. Interhumano, espontáneo, incondicional, gratuito. Un ser bello.</p><p>El primer domingo de Adviento, 1 de diciembre de 2024, el papa Francisco pidió a la comunidad internacional que trabaje para detener los conflictos y enumeró los que en ese momento eran “los pedazos” de la “tercera guerra mundial”: Líbano, Gaza, Siria, Ucrania y ese muestrario de corrupción, violencia, crueldad, dolor y muerte.</p><p>“La guerra es un horror, la guerra ofende a Dios y a la humanidad, la guerra no perdona a nadie, la guerra es siempre una derrota, una derrota para toda la humanidad”, dijo Francisco.</p><p>En igual sentido, el papa Benedicto XVI, en una audiencia general de los miércoles uniéndose a las celebraciones del 70º aniversario del inicio de la Segunda Guerra Mundial, y en muchas ocasiones más, condenó lo “absurdo” y “trágico” de la guerra.</p><p>Una paz desarmada y desarmante</p><p>En el video de las intenciones de oración para el mes de marzo, titulado “Por el desarme y la paz”, el papa León XIV continúa el anunciado proyecto “Reza con el Papa”, expresando la esperanza de que la amenaza nuclear nunca más determine el futuro de la humanidad y que cada opción por el diálogo sea la semilla de un mundo nuevo. “Señor, ilumina a los líderes de las naciones, para que tengan la valentía de abandonar los planes de muerte”.</p><p>El llamamiento del pontífice es a poner fin a la carrera armamentista, “para que la amenaza nuclear nunca más determine el futuro del mundo: la verdadera seguridad no surge de un equilibrio de terror, sino de la confianza que se construye, la justicia que se practica y la solidaridad que une a los pueblos”.</p><p>Desde su primera bendición Urbi et Orbi, el día de su elección al papado, el pontífice americano hizo un llamamiento a una paz “desarmada y desarmante”. Rezó para que los pueblos “renuncien a las armas y elijan el camino del diálogo y la diplomacia”. Aludió al aumento de países en gastos en armas. Datos del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI) indican que, en 2024, el gasto militar mundial creció por décimo año consecutivo, alcanzando los 2.700 millones de dólares, un incremento del 9,4 % respecto al año anterior.</p><p>“Hoy elevamos nuestra oración por la paz mundial, pidiendo que las naciones renuncien a las armas y elijan el camino del diálogo y la diplomacia” (papa León XIV).</p><p>Las comunidades católicas en la región del conflictoLa capital teológica del régimen chiita duodecimano, Qom, fue bombardeada, así como también la ciudad de Esfahán, centro de espiritualidad chiita y su regia catedral de Vank.</p><p>La comunidad católica, calculada en unos 22.000 fieles, se encuentra en ese contexto en una situación muy crítica. Recordemos que con quien el papa Francisco mantuvo un diálogo interreligioso fructífero fue con los representantes de la rama sunita del islam, que desde hace 1.400 años mantiene un conflicto con la rama chiita. Los musulmanes de Irán son chiitas y el gobierno es teocrático. La minoría católica está integrada por subgrupos de latinos, caldeos, armenios católicos y extranjeros convertidos al catolicismo. Los conversos son perseguidos por las autoridades. También se registran otros tipos de persecuciones: vigilancia, cierre de iglesias domésticas, arrestos de conversos y prohibición del proselitismo. La fe de los católicos en Irán es identificada como parte de la política exterior de Occidente. Hay seis diócesis en toda la República que el cardenal Dominique Mathieu recorre a pesar de la presión que soporta de los servicios de seguridad (seguimientos, intimidaciones, visitas de observación, etc.). La circunstancia de un papa de origen estadounidense, como es el caso del papa León XIV, lo hace sospechoso de parcialidad en las actuales circunstancias. A punto tal que, según hemos podido saber, hay sacerdotes católicos que rezan para que no se los identifique con los atacantes de Estados Unidos. El papa, como dijimos, condenó la guerra y pregonó cambiar los siete días que van de enfrentamientos por el diálogo y la paz, tomando con total claridad distancia de la administración de Donald Trump.</p><p>Desde los Emiratos, monseñor Martinelli describe una situación que “parece bajo control”, aunque persiste la “aprensión” por la escalada entre Israel y Estados Unidos contra Irán. Cierre “temporal y necesario” de la Casa de la Familia Abrahámica, pero con la esperanza de que “pueda reabrirse pronto”. Oración por las víctimas entre la población migrante. La mayoría de los musulmanes en esta nación son de la rama sunita.</p><p>El cierre de la Casa de la Familia Abrahámica en estos días es algo “temporal y necesario”, explica a Asia News monseñor Paolo Martinelli, vicario apostólico de Arabia Meridional (Emiratos Árabes Unidos, Omán y Yemen), al comentar la confrontación de Israel y Estados Unidos contra Irán, en un contexto de desarrollos impredecibles. Al tercer día de iniciada la guerra —decía monseñor Martinelli— por el momento, en los Emiratos “la situación parece bajo control”, aunque persiste cierto grado de “aprensión” de una guerra que ya se ha extendido involucrando a todos los Estados del Golfo y también al Líbano, donde los ataques de Israel contra objetivos de Hezbolá han causado decenas de muertos y el riesgo de una mayor escalada. Mientras tanto, se reportan explosiones en Bahréin y en los Emiratos Árabes Unidos, además del incendio de una refinería de petróleo —aunque el incendio parece estar bajo control— en Arabia Saudita. Desde Riad hasta Kuwait los líderes regionales acusan a Teherán y amenazan con responder a los ataques provenientes de la República Islámica contra objetivos militares estadounidenses o infraestructuras energéticas. El ejército kuwaití informó que “varios” aviones de combate de EE. UU. se precipitaron a tierra (...). Según la Media Luna Roja, las víctimas en Irán son más de 550, distribuidas en al menos 130 localidades. Máxima alerta también en la base británica de Akrotiri, en Chipre, donde incluso en los últimos minutos despegaron cazas para repeler “un presunto ataque con drones”.</p><p>“En los Emiratos Árabes Unidos las misas se celebran con normalidad; evitamos iniciativas que impliquen aglomeraciones. Estoy en contacto con todos nuestros párrocos, quienes me han confirmado que todas las celebraciones dominicales se llevaron a cabo normalmente. En la parroquia de Al Ain, cerca de la frontera con Omán, donde estaba realizando mi visita pastoral, todas las actividades se llevaron a cabo según lo programado. Por lo demás, todos nos atenemos a las indicaciones de las autoridades civiles.”</p><p>“Un ataque de este tipo —dijo monseñor Martinelli— no podía dejar de desencadenar una reacción contra los países donde hay bases militares de Estados Unidos. Por otra parte, hay antecedentes: durante la “guerra de los 12 días”, en junio del año pasado, sucedió algo similar. (...) Hay una profunda conexión entre los países del Golfo, o sea, que la situación nos involucra aun cuando no haya ataques; en estos casos, todos nuestros países están bajo amenaza”.</p><p>La Casa de la Familia Abrahámica, mencionada más arriba, es un complejo interreligioso en la isla Saadiyat de Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos. Alberga una mezquita, una iglesia y una sinagoga. Es una iniciativa para la tolerancia y la coexistencia entre las religiones abrahámicas. Está inspirada en el Documento sobre la Fraternidad Humana firmado por el papa Francisco en nombre de la Iglesia católica y Ahmed El Tayeb en nombre de la Mezquita de Al Azhar el 4 de febrero de 2019 en Abu Dabi. Fue cerrada —como se dijo— temporalmente frente a los ataques.</p><p>Digamos además que monseñor Martinelli trabaja en contacto con el vicario apostólico de Arabia del Norte, monseñor Aldo Berardi. Los dos vicariatos forman parte de la Conferencia Episcopal de los Obispos Latinos de las Regiones Árabes (CELRA). Recibieron numerosos mensajes de apoyo, entre ellos el del patriarca de Jerusalén de los latinos, cardenal Pierbattista Pizzaballa, y de los otros miembros de Medio Oriente. Inmediatamente después de que comenzaron los ataques, Martinelli envió una carta a todos los fieles católicos invitándolos a estar serenos en el Señor y a seguir las indicaciones de las autoridades civiles.</p><p>Al momento en que despachamos estas líneas —sábado 7 de marzo— la situación de la guerra presenta el siguiente cuadro: continúan los intensos ataques de Israel contra Irán, continúa el suministro de armas por parte de Estados Unidos a Israel, le vende 12.000 bombas; toma disposiciones para que se cuadruplique la producción de armas; mientras recibe a los cuatro soldados norteamericanos muertos en Teherán, presiona a Irán exigiendo una rendición incondicional para negociar la paz; dice que pretende un nuevo régimen en Irán, democrático o no, pero vasallo de Estados Unidos. Netanyahu le pidió paciencia al pueblo israelí, sigue bombardeando intensamente el sur del Líbano causando decenas de personas muertas y muchas más heridas; otras fuentes hablan de más de 300 muertos. Por su parte, Irán ha anunciado que suspendió los ataques a las bases militares en los 16 países de la región. Al respecto, informó Infobae que el presidente iraní Masud Pezeshkian habría anunciado “la suspensión de bombardeos contra objetivos en los países vecinos siempre que desde las bases americanas en esos países no se ataque a Irán. También explicó que dicha estrategia defensiva fue una medida de fuerza mayor ante la muerte de la cúpula de seguridad”.</p><p>Los países europeos desmienten que los últimos ataques a bases británicas en Chipre hayan provenido de Irán y este país atribuye a Israel un ataque misilístico registrado sobre Turquía, misil derribado por la OTAN. Según la misma fuente, Francia, Italia, Grecia, Reino Unido y España “han reforzado la presencia de recursos militares defensivos en la zona del estrecho de Ormuz para asegurar la protección de su personal e intereses”.</p><p>Los expertos presagian que si Estados Unidos envía tropas para una ofensiva terrestre pagará un precio muy alto, como ocurrió en las guerras de Afganistán e Irak en el pasado; asimismo, la guerra aérea será más efectiva, aunque el gasto económico será muy elevado, por encima de los dos billones de dólares. Lo más aconsejable sería una incursión veloz en los lugares donde se presume se llevan a cabo los experimentos y procesos de los productos nucleares. Por otro lado, la crisis generada en el precio de los combustibles en Estados Unidos puede perjudicar la imagen del presidente de cara a las elecciones de noviembre.</p><p>El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, opinó que, según se desarrollan los actuales sucesos, esta guerra puede quedar fuera de control.</p><p>Posición de España frente a la guerra de IránEl gobierno de España, por su parte, mantiene una posición de neutralidad —aunque no se utilice ese término— de su nación en relación con “la intervención israelí apoyada por EEUU en Irán”. Ha dicho el presidente Pedro Sánchez en una nota de prístina claridad publicada en The Economist y ampliamente comentada en Infobae por Noelia Tabanera que la guerra no constituye una solución válida y destacó el principio de la no utilización de la fuerza como vía para resolver los conflictos: “No a la guerra. No a la violación unilateral del derecho internacional. No a la repetición de los errores del pasado. No a la idea de que los problemas del mundo se pueden resolver con bombas (...). La guerra no es la solución (...) Lo ingenuo es pensar que la democracia y la estabilidad surgirán de las cenizas. La historia ya ha puesto a prueba esa fórmula, y no funciona” (...) y continúa afirmando: “Esta guerra es ilegal” y más adelante dijo que “la cooperación entre aliados implica apoyo mutuo, pero no requiere obediencia incondicional ante acciones precipitadas” (...) “El compromiso de España reside en la defensa del derecho internacional, la promoción de la cooperación entre Estados y la preservación de la vida humana”.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/qvS52ebaE-7pVUN3O610Tlt_n7Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/papa_leon_xiv.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“La belleza salvará al mundo” (Fedor Dostoievski, El idiota, parte III, cap. V)Claro que Dostoievski se refiere a la belleza moral, al amor de Jesús;...]]>
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                <updated>2026-03-10T17:00:31+00:00</updated>
                <published>2026-03-10T17:00:28+00:00</published>
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            Phishing: el delito que crece en silencio y que el Estado sigue mirando de costado
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                <![CDATA[Graciela Ocaña]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/zsSusuITPMZYUHgetwjjOG_2yzM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/pishing.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay delitos que no hacen ruido, no ocupan tapas y no generan impacto inmediato en la agenda pública. Pero eso no los vuelve menos graves. Las estafas digitales -y en particular el phishing- son hoy uno de los fenómenos delictivos de mayor crecimiento en la Argentina, con consecuencias económicas concretas y con un impacto especialmente fuerte sobre los adultos mayores. Estamos hablando de un problema en expansión que no tiene una respuesta adecuada. El Estado sigue reaccionando tarde, mal y con herramientas claramente insuficientes.</p><p>Según un relevamiento privado el año pasado el 76 % de los usuarios argentinos admitió haber sido víctima de alguna estafa digital, que incluye phishing y suplantación de identidad, entre otras modalidades de fraude en línea. En tanto, las estadísticas oficiales más recientes, aun con todas sus limitaciones, muestran una tendencia que debería encender alarmas. “La Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia (Ufeci), dependiente del Ministerio Público Fiscal, indicó que en 2024 se recibieron 34.468 reportes de delitos informáticos, con un crecimiento interanual superior al 200%“. Dentro de ese universo, 1563 reportes fueron clasificados específicamente como phishing, y además se identificaron más de 5100 campañas masivas de phishing por correo electrónico, muchas de ellas simulando comunicaciones de bancos, organismos públicos o empresas de servicios.</p><p>Por su parte, el CERT.ar -el organismo nacional encargado de gestionar incidentes de seguridad informática- registró en 2024 un total de 438 incidentes. El 31% correspondió a phishing, lo que lo convirtió en la modalidad más frecuente. En el sector financiero, el dato es todavía más contundente: siete de cada diez incidentes estuvieron vinculados a este tipo de engaño digital.</p><p>Ahora bien, cualquiera que observe la vida cotidiana sabe que estos números no reflejan la dimensión real del problema. Los mensajes fraudulentos, las llamadas falsas y los correos apócrifos circulan a diario. La explicación es simple y estructural: la enorme mayoría de las estafas no se denuncian. No porque no existan, sino porque el sistema desalienta a las víctimas. Muchas personas no saben dónde denunciar, sienten que el trámite no sirve, que el dinero no se recupera o que la investigación no avanza. En otros casos aparece la vergüenza de haber sido engañado. El resultado es un subregistro evidente.</p><p>Por eso, las cifras oficiales son apenas la punta del iceberg. Son registros administrativos, no una medición real del daño económico y social que provocan estos delitos. En ese contexto, discutir si los números “son altos o bajos” pierde sentido: el problema es que el Estado no logra dimensionar lo que no quiere o no puede ver.</p><p>Esta falencia se vuelve todavía más grave cuando se analiza el impacto sobre los adultos mayores. La Argentina no cuenta con estadísticas públicas consolidadas que discriminen las estafas digitales por edad de las víctimas. Esa ausencia no es neutra: invisibiliza a uno de los grupos más afectados. Sin embargo, los datos indirectos de organismos de defensa del consumidor y de oficinas provinciales y municipales muestran un patrón consistente: las personas mayores concentran una proporción significativa de las denuncias por estafas bancarias y fraudes digitales, aun cuando son quienes menos denuncian en términos relativos.</p><p>Los adultos mayores hoy están plenamente integrados al mundo digital. Usan home banking, billeteras virtuales, redes sociales y plataformas de comercio electrónico. Pero lo hacen en un entorno diseñado sin criterios de accesibilidad ni prevención, frente a delincuentes cada vez más profesionalizados, que apelan al miedo, la urgencia y la apariencia de autoridad. La combinación es peligrosa: alta exposición, baja protección efectiva y una respuesta estatal claramente insuficiente.</p><p>Nada de esto era imprevisible. Hace años, Martín Ocampo, ex fiscal general de la Ciudad de Buenos Aires y ex ministro de Justicia y Seguridad porteño, advirtió la necesidad de crear una fiscalía especializada en delitos electrónicos. Su planteo era concreto: este tipo de criminalidad no puede investigarse con estructuras pensadas para otra época. “Requiere especialización, recursos y prioridad política”. El diagnóstico estaba hecho. Lo que faltó es decisión.</p><p>Hoy, el Estado nacional sigue tratando al phishing como un problema secundario. No hay una política integral, no hay estadísticas completas, no hay resultados visibles. Las denuncias se diluyen y el mensaje implícito para las víctimas es devastador: denunciar no sirve. Ese mensaje explica mejor que cualquier gráfico por qué los números oficiales son tan bajos.</p><p>Mientras tanto, los delincuentes avanzan. Se organizan, se profesionalizan y operan con bajo riesgo y alta rentabilidad. El phishing no creció por casualidad ni por innovación tecnológica. Creció porque encontró un sistema que no responde.</p><p>Cuando el Estado no actúa, el delito se organiza.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/zsSusuITPMZYUHgetwjjOG_2yzM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/pishing.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Hay delitos que no hacen ruido, no ocupan tapas y no generan impacto inmediato en la agenda pública. Pero eso no los vuelve menos graves. Las estafas...]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-03-10T17:00:13+00:00</updated>
                <published>2026-03-10T16:53:30+00:00</published>
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            El enigma del votante del que se sabe todo. Y sorprende igual
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                <![CDATA[El Eco de Tandil]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/V9Xie3PIRlsvLBY6ToPddrrj4p4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2023/10/urnas.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay una escena que se repite con extraña puntualidad en diferentes ciudades de Argentina. Un docente universitario, o un contador, o un profesional de salud con trabajo en el sector público, termina su jornada, se sienta a la mesa y, mientras espera que cargue una serie en una plataforma de streaming, le explica a su pareja con toda precisión por qué el modelo económico vigente es insostenible, por qué las tarifas son un ajuste sobre los de abajo disfrazado de racionalidad técnica, y por qué votar a tal o cual candidato es votar contra los propios intereses. Al día siguiente facturará lo que pueda en negro para no perder poder adquisitivo, mandará a sus hijos a un colegio privado porque la escuela pública "no es la de antes", y comprará dólares si tiene un excedente.</p><p>Pero el mismo patrón se repite, especularmente, en la vereda de enfrente. Un empresario mediano, o un profesional liberal, o un ejecutivo de una firma multinacional, termina su semana laboral y le explica a sus socios con toda convicción por qué el Estado debe achicarse, por qué el gasto público destruye el tejido productivo y por qué cualquier política redistributiva es un atajo al populismo. Al día siguiente presentará a su empresa en una licitación estatal, reclamará los subsidios sectoriales que le corresponden, y gestionará ante sus contactos en la administración alguna excepción arancelaria conveniente.</p><p>No hay hipocresía consciente en ninguno de los dos casos: el sistema los contiene, y ellos lo saben mejor que nadie. Simplemente, saben. Y seguirán haciendo lo mismo pasado mañana.</p><p>Ahora bien: ¿cómo votan estos ciudadanos? Los encuestadores llevan décadas intentando responder esa pregunta y, con una regularidad que ya resulta difícil atribuir a la mala suerte, se equivocan. Se equivocaron en 2019, cuando el resultado de las PASO sacudió al mercado como si nadie lo hubiera anticipado. Se equivocaron en 2023, cuando la magnitud del fenómeno Milei desbórdó todos los modelos. Se equivocan en mayor o menor medida en casi cada elección relevante del mundo occidental desde hace veinte años: el Brexit, Trump, Bolsonaro. El fracaso es tan sistemático que ya no puede explicarse por errores metodológicos puntuales. Algo más está fallando. Y ese algo no tiene que ver con cómo se diseñan las encuestas, sino con qué es lo que realmente determina un voto.</p>Lo que las encuestas miden y lo que no pueden medir<p>La explicación técnica del fracaso de las encuestas es conocida y en parte válida: problemas de representatividad muestral, dificultades para modelar la participación real, el efecto espiral del silencio que lleva a ciertos votantes a ocultar su intención. Pero estas explicaciones son insuficientes porque tratan el problema como si fuera de ingeniería, cuando en realidad es filosófico. Las encuestas parten de un supuesto que raramente se explicita: que el ciudadano tiene una opinión relativamente estable, que esa opinión se traduce en intención de voto, y que esa intención, a su vez, se traduce en conducta electoral. Tres pasos, tres supuestos. Y los tres son cuestionables.</p><p>El ciudadano de la escena inicial sabe perfectamente lo que piensa del sistema. Pero entre lo que piensa y lo que hace en el cuarto oscuro hay una brecha que ningún encuestador puede cruzar con una pregunta cerrada. Esa brecha no es irracionalidad ni ignorancia: es, precisamente, la grieta donde vive la política real. Entender por qué existe esa grieta, y por qué se ha ensanchado hasta hacer inútiles los instrumentos de medición convencionales, requiere salir del campo de la estadística y entrar en el de la filosofía política. Y los pensadores que mejor la han cartografiado no son politólogos, sino un filósofo alemán de la cultura y un provocador esloveno formado en el psicoanálisis lacaniano.</p>Sloterdijk: cuando saber la verdad deja de ser subversivo<p>En 1983, Peter Sloterdijk publicó su Crítica de la razón cínica, un tratado que comenzaba con una pregunta aparentemente simple: ¿por qué la Ilustración, ese proyecto emancipador que prometía liberar a la humanidad a través del conocimiento y la razón, produjo sujetos más lúcidos, pero no más libres? La respuesta que ofrece es tan elegante como desconcertante: porque el proceso de desilusión colectiva fue tan profundo que el resultado no fue la liberación, sino la resignación inteligente.</p><p>Para entender este diagnóstico, Sloterdijk recupera una distinción etimológica fundamental. Diferencia entre el kynismo griego —con k— y el cinismo moderno —con c—. El primero es el de Diógenes de Sínope, quien desafiaba al poder desde abajo, con el cuerpo, la risa y la provocación directa. Era una resistencia activa, vitalista, que usaba la verdad como arma subversiva. El segundo, el cinismo moderno, es una inversión perversa de aquél: ya no es la crítica de los marginados al poder, sino la distancia irónica de quienes están integrados al sistema y lo sostienen conscientemente. El cínico moderno no desafía al poder; simplemente, no le cree. Y esa incredulidad le sirve de coartada para seguir obedeciendo.</p><p>La tesis central de Sloterdijk es lo que denomina la "falsa conciencia ilustrada". Convengamos que ciertas ideologías son un mecanismo de engaño: los dominados no saben lo que hacen, son víctimas de una ilusión que los mantiene sumisos. Pero Sloterdijk argumenta que esta fórmula quedó obsoleta. El sujeto contemporáneo sí sabe. Sabe que el consumo excesivo destruye el planeta, que las instituciones están capturadas por intereses económicos, que la meritocracia es en gran medida una ficción. Y actúa exactamente igual. La ideología ya no necesita ocultar la verdad porque el conocimiento de la verdad dejó de ser subversivo. Aplicado al voto: el ciudadano sabe que el candidato miente, conoce los mecanismos de la promesa electoral, entiende las restricciones estructurales que harán irrealizables los programas de gobierno. Y vota igual, o precisamente por eso.</p>Žižek: la ilusión no está en la mente, está en nuestros actos<p>Slavoj Žižek recoge el guante de Sloterdijk y lo lanza más lejos, añadiendo un giro psicoanalítico que hace el diagnóstico aún más incómodo. Si Sloterdijk se detenía en la conciencia —en el hecho de que el cínico sabe, pero sigue actuando igual—, Žižek desplaza el problema: la ilusión no reside en lo que pensamos, sino en lo que hacemos. La ideología no es un velo mental; es una estructura que se inscribe en nuestras prácticas cotidianas, independientemente de nuestras convicciones íntimas.</p><p>El ejemplo que usa Žižek para ilustrar esto es el del dinero, pero en Argentina ese ejemplo adquiere una transparencia casi didáctica. El ciudadano de clase media de cualquier ciudad sabe, con una claridad que pocos economistas expresarían mejor, que el peso es una ficción administrada: conoce la brecha, sigue el dólar blue con la misma naturalidad con que otros siguen el pronóstico del tiempo, y puede explicar con precisión técnica por qué la moneda nacional no es una reserva de valor confiable. Sin embargo, cobra en pesos, paga sus impuestos en pesos, negocia su sueldo en pesos, y cuando logra ahorrar unos dólares los esconde en efectivo porque tampoco confía del todo en los bancos. No actúa según lo que sabe: actúa según la estructura que lo contiene, aunque esa estructura le parezca absurda. La ilusión no está en la creencia consciente —nadie en Argentina "cree de verdad" en el peso como los creyentes creen en Dios—, sino en el comportamiento que sigue reproduciéndolo como si funcionara. En términos lacanianos, el mercado cambiario desdoblado es quizás el gran Otro más honesto del mundo: todos saben que es una construcción arbitraria sostenida por la necesidad colectiva de que funcione, y aun así le obedecen. Argentina, en este sentido, no es una anomalía del capitalismo global: es su radiografía más descarnada.</p><p>Žižek introduce además el concepto de fetiche para describir el mecanismo psíquico que permite esta escisión. El marxismo cínico, que es un oxímoron provocador, es la variante que más interpela al autor de esta nota —pero no la única. Funciona como un fetiche: la crítica teórica al sistema sirve como compensación simbólica que permite participar en él sin sentir culpa. El militante de superficie que los jueves comparte hilos en redes sobre extractivismo o soberanía alimentaria, y lleva a sus hijos a un colegio bilingüe privado porque "la educación pública ya no es lo que era", no usa ese saber para transformar nada: lo usa para mantener intacta su autopercepción de sujeto crítico mientras toma decisiones cotidianas que reproducen exactamente el orden que denuncia. Lo mismo vale para el profesional que lee a Piketty y factura parte de sus honorarios en negro para no tributar; o para el militante que conoce de memoria la teoría de la dependencia y compra en cuotas sin interés en una cadena de retail multinacional porque "si no lo hago yo, lo hace otro". Pero el fenómeno no es exclusivo de la izquierda: su imagen especular existe en el votante liberal que invoca a Hayek o Friedman en el desayuno y antes de la cena llama a su contador para aprovechar un régimen de promoción industrial pública, o que exige menos Estado para todos menos para el sector que a él lo beneficia. En ambos casos, la teoría se convierte en una mercancía más: se consume para obtener un goce —el placer narcisista de la lucidez, de poder decir "yo sé cómo funciona esto"— que, lejos de ser subversivo, actúa como válvula de escape que hace más tolerable, y por tanto más estable, el orden existente.</p>El voto cínico: por qué las encuestas miden la máscara y no el hábito<p>Volvamos al ciudadano del principio y a la pregunta que dejamos abierta: ¿cómo vota? Si aceptamos la tesis de Žižek, las encuestas fallan porque intentan medir la conciencia —lo que el ciudadano dice o cree que cree— cuando lo que realmente define el resultado es la fantasía ideológica inscripta en la acción: lo que el ciudadano hace en el cuarto oscuro para que su realidad cotidiana no colapse.</p><p>En una sociedad de cínicos electorales —de izquierda, de derecha o de centro— existe una presión constante por parecer consciente. El individuo responde a los encuestadores según lo que Sloterdijk llamaría el superyó social: lo que es correcto decir, la respuesta que no lo hace quedar como un ignorante o un egoísta. El que vota a la izquierda declara que le preocupa la desigualdad y la educación pública; el que vota a la derecha, que le preocupa la libertad económica y el orden fiscal. Pero en el acto de votar opera en ambos casos la lógica de la autopreservación material: el voto por lo que garantiza que la pequeña cuota de estabilidad y consumo del sujeto no se altere, aunque ese candidato sea precisamente el que ese mismo sujeto describía con desprecio durante la conversación con el encuestador. Las encuestas captan la máscara; el voto revela el hábito.</p><p>Hay además un segundo fenómeno que los instrumentos de medición son estructuralmente incapaces de capturar: el “voto castigo cínico”. Una fracción significativa del electorado contemporáneo no vota por el candidato que considera más capaz o más honesto —porque sabe que ninguno lo es de forma sustancial—, sino por el que mejor expresa su desprecio por la farsa. El sistema es percibido como teatro, y el sabotaje al guion se convierte en la única forma de participación que parece auténtica. El encuestador pregunta por preferencias racionales; el votante emite un gesto. Por eso Milei, por eso Trump, por eso el voto en blanco que sube en cada elección en municipios donde la oferta electoral lleva décadas sin renovarse. No son votos irracionales: son votos perfectamente coherentes con la lógica del cínico que ya no cree en el sistema, pero sigue viviendo dentro de él.</p>La política como espectáculo para el cínico<p>Esta sociedad que describían Sloterdijk y Žižek no llegó al cinismo de forma espontánea: el sistema le construyó un hábitat perfecto. Guy Debord ya lo había anticipado en 1967 con su concepto de la sociedad del espectáculo: en un mundo donde la representación de la realidad ha sustituido a la realidad misma, la experiencia política se convierte en consumo de imágenes. Lo que Debord no podía prever era el grado de sofisticación con que ese espectáculo aprendería a incorporar su propia crítica.</p><p>La política actual habla directamente al cínico. Ante un electorado que ya no cree en los programas ni en las promesas —porque sabe, con perfecta lucidez, que los políticos mienten y que las estructuras de poder son más resistentes que cualquier gobierno—, la estrategia racional no es intentar convencer con argumentos. Es gestionar emociones: la bronca, el desprecio, la identificación tribal. Los líderes que prosperan en este entorno no son los más honestos sino los que dominan con más pericia la estética de la honestidad. Dicen en voz alta lo que el ciudadano cínico piensa en privado, y eso produce un efecto de reconocimiento que suplanta a la confianza.</p><p>El periodismo no escapa a esta lógica y, en muchos casos, la profundiza. Ante una audiencia que sospecha de cada fuente y ha internalizado la idea de que toda información es potencialmente sesgada, el periodismo sobrevive a menudo adoptando la misma distancia irónica que su audiencia. Se convierte en árbitro de un espectáculo más que en investigador de la realidad. El ciudadano se indigna, comenta, comparte —su pequeña cuota de marxismo crítico de redes sociales— y sigue con su vida sin que nada cambie estructuralmente. Esta indignación sin acción no es un fallo del sistema: es su funcionamiento más eficiente.</p>La incomodidad como único punto de partida honesto<p>Formulado así, el diagnóstico parece sellado herméticamente: si la crítica al sistema refuerza al sistema, si la lucidez es el mecanismo de domesticación más sofisticado del capitalismo tardío, si incluso la incomodidad con el cinismo puede ser reabsorbida como una actitud más en el menú identitario disponible, ¿qué queda? Ni Sloterdijk ni Žižek ofrecen recetas fáciles, y esa negativa a la consolación es en sí misma parte de su honestidad intelectual.</p><p>Sloterdijk apunta hacia la recuperación de algo parecido al kynismo original: no la crítica distante e irónica, sino la intervención que compromete al cuerpo y a la acción, que asume el riesgo de la incoherencia y de la exposición. Žižek insiste en que la salida del cinismo no pasa por más saber sino por el acto: comprometerse con algo de forma incondicionalmente seria, aunque ese compromiso resulte ridículo o desfasado desde la perspectiva del sujeto cínico. El verdadero subversivo, sostiene, no es el que se ríe de todo sino el que, paradójicamente, se toma las cosas en serio cuando el código dominante exige ironía.</p><p>Más que una solución, lo que estos pensadores nos ofrecen es un espejo que pocos queremos mirar. El cinismo electoral no es una patología de los otros —de los políticos corruptos, de los medios manipuladores, de los votantes irracionales—. Es la condición en la que la mayoría de los lectores de este artículo, incluido quien lo escribe, operamos cotidianamente. El marxismo cínico no es la única expresión teóricamente articulada, el fenómeno atraviesa todo el espectro y baja hasta el nivel más concreto de la vida cotidiana. Existe un liberalismo cínico perfectamente accesible a la clase media y media-baja: el empleado en relación de dependencia que vota sistemáticamente contra el Estado y al día siguiente lleva a su hijo al hospital público sin que eso le genere ninguna disonancia visible; el pequeño comerciante que exige desregulación y cero intervención estatal, pero tramita con diligencia cada línea de crédito subsidiado que el mismo Estado ofrece; o el vecino de un barrio carenciado que no puede acreditar la escritura de su terreno —ocupado hace décadas en condiciones idénticas— pero se indigna públicamente ante una nueva toma. Existe también un conservadurismo cínico que no requiere corbata ni country: es el trabajador que predica el esfuerzo y la meritocracia con absoluta convicción, pero que en la práctica sabe perfectamente que algunos trabajos se consiguen por contacto, el favor de un conocido, y opera en consecuencia sin que eso altere su discurso ni tenga conciencia de una contradicción. Y existe un progresismo cínico igualmente doméstico: el militante de causas ambientales que exige políticas de Estado mientras descarta la separación de residuos en su edificio porque “acá no funciona nada”, o el que defiende la diversidad cultural en las redes y en la mesa familiar reproduce, sin notarlo (o no) , los mismos prejuicios que denuncia. Reconocerlo no es un gesto de autoflagelación ni de nihilismo: es el mínimo de honestidad intelectual que el diagnóstico exige como punto de partida.</p><p>Y esa actividad, por ahora, sigue siendo la del cínico electoral en cualquiera de sus variedades: el que analiza el mundo con Marx y lo vive mirando el tipo de cambio blue en el teléfono, pero también el que invoca a Hayek y cobra sus subsidios en silencio. Uno y otro conocen la historia de cada crisis, pueden trazar la genealogía de cada ajuste, y sin embargo actúan dentro del sistema que critican porque el sistema en el que no creen es el único que tienen. La brecha entre lo que se sabe y lo que se hace, entre el diagnóstico y la conducta, es, quizás, la fisura más honesta desde la cual pensar la política argentina y, con ella, la de cualquier sociedad que ya no puede permitirse el lujo de creer en sus propias ilusiones. Las encuestas seguirán fallando mientras sigan midiendo lo que decimos. El voto mide lo que somos cotidianamente.</p><p>&nbsp;</p><p>Referencias conceptuales: Peter Sloterdijk, Crítica de la razón cínica (1983); Slavoj Žižek, El sublime objeto de la ideología (1989); Guy Debord, La sociedad del espectáculo (1967).</p><p>Dr. Héctor Oscar NigroIngeniero de Sistemas (UNICEN)Maestría en Sociología y Ciencias Políticas (FLACSO)Doctor en Matemática Computacional (UNICEN)Docente - Instituto de Tecnologías Informáticas Avanzadas, Facultad de Ciencias ExactasUniversidad del Centro de la Provincia de Buenos Aires</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/V9Xie3PIRlsvLBY6ToPddrrj4p4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2023/10/urnas.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Las encuestas fallan con asiduidad. Quizás no por defectos técnicos, sino porque miden lo que el ciudadano dice creer, cuando lo que determina su voto es algo más profundo e incómodo: una distancia entre conciencia y conducta que atraviesa todo el espectro ideológico. Siguiendo a Sloterdijk y Žižek podemos llamarlo cinismo electoral. Argentina es su laboratorio más transparente.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-03-04T07:00:03+00:00</updated>
                <published>2026-03-04T07:00:00+00:00</published>
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            Cuaresma en Argentina: el ayuno que no elegimos
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                <![CDATA[Guillermo Marcó]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/mqT1uSEBETfJdiP3vAbj4g-x2sU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/jubilaciones.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La Cuaresma nos llega este año en una Argentina que ya conoce de memoria el significado de la privación. Mientras el calendario litúrgico invita al ayuno voluntario como un ejercicio del espíritu, para millones de compatriotas las privaciones no son una opción mística, sino una gimnasia diaria de supervivencia. Estamos atravesando nuestro propio desierto, uno de bolsillos flacos y metas que parecen alejarse a medida que caminamos.</p><p>Sin embargo, en este escenario de ajuste y sacrificio forzado, asoma un hambre mucho más voraz y dañina que la falta de plata: la intolerancia.</p><p>El ayuno y la abstinencia de carne, tan característico de este tiempo de cuaresma estaban vinculados a bajar la agresividad. Si no ingerías carne, estabas más débil para levantar una espada y matar a tu enemigo. En los tiempos de dietas y comidas sanas hay muchos entre nosotros que se privan porque el salario no les alcanza. Sin embargo, otros bien alimentados se sientan diariamente al banquete de la agresividad. Pareciera que, ante la escasez de lo material, nos hemos sobrealimentado de indignación. El ruido en las redes sociales, el grito en el tránsito y la descalificación inmediata del que piensa distinto se han vuelto nuestro menú principal. Trabajadores que se quejan de que perdieron el trabajo cortando una autopista e impidiendo que otros trabajadores lleguen al suyo.</p><p>Hoy, el verdadero desafío cuaresmal para el argentino no es privarse de un bife el viernes. El sacrificio que realmente nos transformaría como sociedad es imponernos una dieta estricta de soberbia y una abstinencia urgente de esa violencia verbal que nos impide reconocer al que camina al lado.</p><p>¿De qué necesitamos vaciarnos?</p><p>La metáfora de los 40 días en el desierto habla de una limpieza, de quedarse solo con lo esencial. Quizás este tiempo de crisis sea la oportunidad para preguntarnos qué es lo esencial en nuestro trato con el otro.</p><p>¿Es posible practicar una “austeridad de palabras” antes de lanzar un insulto digital?</p><p>¿Podemos ayunar de esa necesidad tóxica de tener siempre la razón?</p><p>De nada sirve el sacrificio económico si no va acompañado de una desintoxicación del espíritu. Es mucho más fácil dejar de comer carne que dejar de odiar a quien votó distinto. Pero es precisamente ahí, en la moderación del carácter y en la templanza del juicio, donde reside la única salida saludable de nuestro desierto colectivo.</p><p>La Cuaresma no es un fin en sí mismo, sino una preparación para una transformación: la Pascua. Si logramos transitar estos meses con un poco más de silencio reflexivo y menos ruido confrontativo, quizás lo que “resucite” no sean solo los indicadores económicos, sino una convivencia más sana.</p><p>En un país donde el ajuste nos ha quitado tanto, no permitamos que nos quite también la humanidad de mirarnos a los ojos sin rabia. Al final del día, el ayuno más difícil —y el más necesario— es el de nuestra propia intolerancia.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/mqT1uSEBETfJdiP3vAbj4g-x2sU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/jubilaciones.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La Cuaresma nos llega este año en una Argentina que ya conoce de memoria el significado de la privación. Mientras el calendario litúrgico invita al ay...]]>
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                <updated>2026-03-03T16:40:06+00:00</updated>
                <published>2026-03-03T16:35:28+00:00</published>
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