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    <title>El Eco de Tandil</title>
    <subtitle>Entrevistas exclusivas y contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Tandil.</subtitle>
    <updated>2026-10-20T11:00:05+00:00</updated>
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            Casi elimina su mejor producto por escuchar a los clientes que menos le compran
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                <![CDATA[El Eco de Tandil]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/JKI5AlWIOvJXC71HzBKBSNVTUWA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/dueno_a_dueno_te.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Estaba decidida. Después de años de remarla, la empresaria Lele iba a sacar el té de su emprendimiento de infusiones artesanales. Le llevaba demasiado tiempo armarlo, creía que le dejaba poca ganancia y los clientes del mostrador se lo comparaban, una y otra vez, con la cajita del supermercado.</p><p>Antes de hacerlo, se anotó en Dueño a Dueño, el programa que conducen Pablo Vallarino y su hijo Juanse todos los miércoles a las 15 en Eco TV, el Eco Streaming y 104.1 Tandil FM. Fue el octavo caso del ciclo. Y como pasó en los casos anteriores, la decisión que traía no resistió el primer cruce de números.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>Lo que dijeron los números de su negocio<p>Lele trabaja sola, produce todo a mano y vende el 80% de su mercadería por mayor. Tiene dos productos estrella: las mezclas de hierbas para el mate y el té. Al primero lo veía como su caballito de batalla. Al segundo, como un problema.</p><p>El equipo del programa le pidió el costo de cada componente, el tiempo de armado y a quién le vende cada cosa. El resultado la dejó sin argumentos: de cada peso que cobra al mayorista, el té le deja un 73% y las hierbas un 75%. Prácticamente lo mismo.</p><p>“Las creencias del día a día te llevan para un lado. Cuando miramos los números, van para el otro”, explicó Pablo Vallarino al aire. “Por eso pedimos tantos números.”</p><p>&nbsp;</p><p>La góndola equivocada</p><p>Si el producto rendía lo mismo, ¿de dónde venía la sensación de que no funcionaba? La respuesta apareció cuando separaron a sus clientes. El 80% de la facturación sale de los mayoristas: dietéticas, casas de té, hoteles. Son ellos los que compran mes a mes y sostienen el negocio.</p><p>Las quejas venían del otro lado: del público que compra de a una unidad, que rota todo el tiempo y que compara un té artesanal con el de la góndola del supermercado. En esa comparación, el té de Lele siempre pierde. Y ella, escuchando a ese cliente, había llegado a la conclusión de que su producto no servía.</p><p>“Las latas vacías son las que más ruido hacen”, resumieron al aire. Es la ley de Pareto aplicada a un negocio real: el 80% de la facturación viene de pocos clientes, y casi nunca son los que más hablan.</p><p>&nbsp;</p><p>El crecimiento que no era</p><p>Hubo un segundo hallazgo. Lele contaba con orgullo que este año había facturado un 5% más que el anterior. Pero con precios que subieron un tercio en el mismo período, ese crecimiento en pesos escondía otra cosa: en términos reales, vendió alrededor de una quinta parte menos. Y no había actualizado sus precios.</p><p>El dato positivo vino de la cartera: tres de cada cuatro clientes le vuelven a comprar. Quien prueba el producto, se queda. El problema nunca fue la calidad: era dónde y a quién se lo estaba mostrando.</p><p>&nbsp;</p><p>El plan: no sacar el té, sacarlo de la góndola</p><p>La devolución no fue un sí o un no. Fue un plan en cuatro pasos, con fechas. Primero, una caja de regalo empresarial con té y hierbas, porque las empresas piden presupuesto en octubre y entregan en diciembre. Segundo, el té para preparar en frío como producto de verano, para cubrir los meses en que hoy baja la venta. Tercero, separar un porcentaje fijo de cada venta para financiar la habilitación que le abre canales nuevos. Cuarto, llegar a cafeterías y casas de té, donde un té artesanal no se compara con el supermercado sino con lo que se cobra la taza.</p><p>El mercado acompaña: según datos de consumo de 2025, el té negro tradicional cayó un 10% en volumen mientras los tés de hierbas y saborizados crecieron un 9%. A días del programa, Lele ya había empezado a ofrecer su propuesta para regalos empresariales.</p><p>&nbsp;</p><p>Por qué cinco casos quedaron afuera</p><p>Detrás de cada programa hay un trabajo que no se ve al aire. Cada participante recibe un informe de unas 25 páginas, con sus números ordenados, los hallazgos, las oportunidades de mercado y una hoja de ruta para los próximos meses. Es el tipo de diagnóstico que una empresa pagaría como consultoría. Para el participante es gratis, con una sola condición: traer los números.</p><p>Esta semana, cinco postulantes quedaron afuera porque no los trajeron. “Si me golpeás la puerta para que te ayude y después no mandás los números, no preguntes por qué tu negocio no crece”, fue tajante Pablo Vallarino, empresario, autor de cinco libros sobre negocios y conferencista en Argentina, Uruguay, Colombia y Cuba.</p><p>Juanse lo dijo de otra manera: lo que se llevan todos los que pasaron por el programa es claridad. Y la claridad, en el caso de Lele, valía un producto entero.</p><p>&nbsp;</p><p>¿Qué estás por sacar de tu negocio sin haberte preguntado dónde lo estás vendiendo?</p><p>Dueño a Dueño sale todos los miércoles a las 15 por El Eco Streaming. El programa completo de esta semana se puede ver en YouTube&nbsp; Los dueños de negocios con más de tres años en funcionamiento pueden postular su caso en dueno.pablovallarino.com/?utm_source=eleco.</p><p>Los casos se publican con nombres ficticios y sin datos que identifiquen a los participantes.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/JKI5AlWIOvJXC71HzBKBSNVTUWA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/dueno_a_dueno_te.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Una emprendedora estaba decidida a dejar de producir su línea de té. Pero el producto que quería eliminar dejaba casi el mismo margen que el que era su estrella. ¿Qué fue lo que fallaba en ese negocio?]]>
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                                                <category term="la-ciudad" label="La Ciudad" />
                                <updated>2026-10-20T11:00:05+00:00</updated>
                <published>2026-10-20T11:00:00+00:00</published>
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            El error invisible que casi funde a una empresa
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                <![CDATA[El Eco de Tandil]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SykvMDCd4aesOCOnXfeHIt4b_Lo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/dueno_a_dueno_7.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Valeria es odontóloga. Hace diez años decidió dejar de vender su tiempo turno por turno y armó algo más grande: una clínica con diez sillones, siete profesionales y tres personas de administración, limpieza y mantenimiento. Se formó en gestión y liderazgo, llevaba sus números al día y hacía su propia publicidad. Desde afuera, un negocio modelo.</p><p>Desde adentro, otra historia. Llevaba dos años agotada y la cuenta no cerraba. Su caso fue el eje del último programa de Dueño a Dueño, el ciclo que Pablo Vallarino y Juanse Vallarino conducen los miércoles a las 15 por El Eco, donde cada semana se analiza la decisión pendiente de un negocio real. El nombre es un alias: el programa no revela identidad ni datos de los participantes.</p>Media clínica vacía, el problema<p>Lo primero que apareció fue la ocupación. En los últimos dos años la clínica había trabajado entre el 40 y el 50% de su capacidad: de cada diez sillones, cinco o seis estaban vacíos. El edificio, el equipo y los servicios costaban lo mismo.</p><p>Valeria creía que le faltaban pacientes y estaba dispuesta a invertir más en publicidad. "No tenía un problema de publicidad ni de posicionamiento. Tenía un negocio muy bien llevado, pero mal armado", resumió Vallarino al aire.</p>Quién pagaba el riesgo en el negocio<p>El esquema era este: cada odontólogo se llevaba entre el 35 y el 40% de lo que atendía. Con el 60 a 65% restante, la clínica pagaba todo lo demás: estructura, sueldos, herramientas y publicidad. Los profesionales no tenían ningún costo fijo. Ella, todos.</p><p>Había más. La clínica facturaba el 100% y negociaba con obras sociales y prepagas. A los profesionales les pagaba a fin de mes; ella cobraba, como mínimo, a 40 días. Un agujero financiero permanente, generado por el propio modelo. Cuando se cruzaron los números, varios profesionales se estaban llevando más dinero que el que le quedaba a la clínica. Y si Valeria no atendía pacientes ella misma, no retiraba nada.</p><p>La tarjetita</p><p>El dato que terminó de explicar todo salió de las agendas. Cinco de los profesionales tenían además su consultorio particular. Eran los que más turnos cerraban en la clínica, los que hacían allí los trabajos más chicos y los que tenían menos pacientes que volvían.</p><p>La cuenta es simple: la misma prestación les dejaba 35 o 40 en la clínica y 100 en su consultorio. La primera consulta era en la clínica, con la publicidad pagada por la dueña. La siguiente, afuera. "Le daban una tarjetita al paciente", graficó Vallarino.</p><p>Para los conductores no hubo mala fe, sino una palabra que ordena cualquier negocio: conveniencia. El modelo no le convenía a ella, y tampoco invitaba a los profesionales a hacer crecer la clínica.</p><p>Dos años sabiéndolo</p><p>Valeria ya lo había intuido dos años antes. No hizo nada: temía que cambiar las reglas le hiciera perder su lugar de conducción y que el equipo se desarmara. Cuando recibió la devolución completa, tardó varios días en responder.</p><p>La propuesta fue cambiar el modelo de raíz: dejar de cobrar un porcentaje de lo que otros producen y pasar a cobrar un alquiler por el sillón equipado, más expensas que reparten los gastos comunes. Cada profesional factura lo suyo y responde por su agenda. Y la dueña pasa a tener un ingreso por lo que realmente hace: gestionar.</p><p>Tres se fueron, dos cerraron su consultorio</p><p>Lo implementó. De los cinco profesionales con consultorio propio, tres se fueron. Los otros dos cerraron el suyo y llevaron todos sus pacientes a la clínica. Tres meses después, según contaron en el programa, los números cambiaron por completo: por primera vez, la clínica es un negocio rentable.</p><p>También cambió su rol. "Ya no trabajan para vos, trabajan con vos", le plantearon. Ahora tiene que demostrar que la publicidad que pagan entre todos funciona y que los servicios comunes sirven.</p><p>El cierre del programa dejó dos frases para cualquier rubro: si a tu gente no le conviene que a tu negocio le vaya bien, no es un problema de personas, es un problema de modelo. Y si el costo fijo es tuyo y el cliente es de otro, vender más no te va a salvar.</p><p>Tres preguntas para revisar tu negocio</p><p>1. ¿Quién paga el costo fijo?</p><p>2. ¿Quién decide cuánto entra?</p><p>3. ¿De quién es el cliente?</p><p>Mirá el programa completo: youtube.com/watch?v=e4P94u2aDkA</p><p>&nbsp;</p><p>¿Tenés un negocio con más de tres años y una decisión pendiente?&nbsp;</p><p>Postulá tu caso: dueno.pablovallarino.com/?utm_source=eleco</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SykvMDCd4aesOCOnXfeHIt4b_Lo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/dueno_a_dueno_7.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Diez sillones, siete odontólogos, números ordenados y publicidad funcionando. El problema no eran los pacientes ni la gente: era cómo estaba armado el negocio. ¿La solución?]]>
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                                                <category term="la-ciudad" label="La Ciudad" />
                                <updated>2026-10-13T12:00:06+00:00</updated>
                <published>2026-10-13T12:00:00+00:00</published>
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            Las claves que tienen que tener en cuenta los dueños de hoteles
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                <![CDATA[El Eco de Tandil]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/la-ciudad/las-claves-que-tienen-que-tener-en-cuenta-los-duenos-de-hoteles">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/FPChbW6JnPDT8iQ7T4nTGCZy1Rs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/dueno_a_dueno_6_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El dueño de un hotel todos los fines de semana de temporada baja veía la misma escena: su hotel con pocas habitaciones ocupadas y, a pocos metros, una competencia nueva de departamentos sin servicio que se llenaba. Sin pileta, sin desayuno, sin cochera. Con menos que él.</p><p>Mariano, como lo llamamos para preservar su identidad, tiene un hotel de temporada de más de veinte habitaciones, con pileta climatizada, desayuno y cochera. Lo administra hace más de quince años y está bien llevado: tiene previsiones guardadas para colchones, blanquería y arreglos, y no tiene deudas.</p><p>Aun así llegó a Dueño a Dueño, el programa que conducen Pablo Vallarino y Juanse Vallarino por El Eco Multimedios, con una decisión casi tomada: dejar de ser hotel.&nbsp;</p><p>Convertir las habitaciones en departamentos con cocina, sacar los servicios y pasarse al alquiler temporario. Una obra grande, para una pérdida que creía tener durante seis meses al año.</p>La pérdida que no estaba<p>Lo primero fue ordenar los números de este año, mes por mes. Y el diagnóstico de Mariano no se sostuvo: la temporada baja no se comía la ganancia. De cada 100 pesos que el hotel factura en esos meses, le quedan 24.</p><p>De los seis meses flojos, solo tres daban pérdida: junio, agosto y septiembre. Julio se salva por las vacaciones de invierno, y el resto de la baja se sostiene con los fines de semana, que siguen funcionando. El problema no eran seis meses. Eran tres.</p><p>Lo que ahorraba la obra</p><p>Después vino la cuenta de la reforma. Todo lo que el cambio eliminaba (cocina, desayuno, lavandería y limpieza) representa menos de 9 pesos de cada 100 de lo que cuesta un mes de temporada baja. Lo pesado, sueldos y energía, se lleva más de 53 pesos de cada 100, y eso seguía igual con o sin obra.</p><p>Y había un riesgo mayor. El hotel trabaja con clientes que vuelven hace años: familias que ya llegan con los hijos y los nietos, que eligen el lugar justamente por sus servicios. Para arreglar los tres meses malos, la reforma iba a tocar los tres mejores. ¿Qué pasaba si esa clientela no aceptaba el cambio? ¿Y qué garantizaba que llegaran clientes nuevos a reemplazarla?</p>Le faltaba una habitación por día<p>Cuando se pone el número en escala real, la distancia es mucho más chica de lo que parecía. En los meses que pierde, el hotel ocupa en promedio 3,5 habitaciones por día. Para que esos meses dejen de perder necesita entre 4,5 y 5. Una habitación más por día.</p><p>¿Por qué no llegaba esa habitación? Ahí apareció lo que Mariano no estaba viendo. El hotel vende el 100% de forma directa, sin ninguna plataforma de reservas, y lo vive como un orgullo. Destina cerca del 1% de lo que factura a publicidad, pero dirigida a su propia clientela. Resultado: le compran los que ya lo conocen, y cada año suma muy pocos huéspedes nuevos. La competencia nueva no le ganaba por producto, porque tiene menos. Le ganaba porque aparece donde busca el viajero.</p>El techo: 40 kilómetros en círculo<p>En el programa, Pablo y Juanse señalaron un patrón que se repite en los casos que reciben: negocios que funcionan hace años, dueños que se esfuerzan, y una decisión trabada sin un objetivo detrás. Nadie llega diciendo qué ocupación quiere tener en tal mes o hasta dónde quiere llevar el negocio. Sin meta, se pierde la estrategia.</p><p>La imagen que usaron es simple: podés hacer 40 kilómetros hacia un lugar o 40 kilómetros en círculo, y cansan exactamente lo mismo. Ese es el techo de muchos dueños. No es falta de trabajo, es falta de dirección, y es decidir por lo que se cree en lugar de mirar lo que muestran los números.</p><p>Una decisión distinta</p><p>La propuesta no fue un sí o un no. Fue un plan en tres etapas, con un número concreto para pasar de una a otra.</p><p>La primera, esta misma temporada y sin obra: publicar en plataformas solo las unidades grandes, sin bajar la tarifa, y medir cuántos huéspedes nuevos llegan por esa vía. La comisión, explicaron, no es una pérdida sino un costo de comercialización. La segunda, después de Semana Santa: convertir solo esas unidades, con cocina, llegada autónoma con clave y climatización por sectores, para no calefaccionar el hotel entero cuando hay pocos huéspedes. La tercera, antes de la temporada siguiente: si esas unidades se ocupan la mitad de las noches que el hotel abre, sin descuentos, recién ahí se avanza con la próxima tanda.</p><p>También le recomendaron no tocar nada ahora, a menos de noventa días de su mejor temporada: las obras se planifican para los peores meses. Y si no quiere entrar en las plataformas, la alternativa es aumentar el presupuesto publicitario y sumar herramientas que hoy no tiene, como atención por chat las 24 horas.</p><p>La idea que más lo sorprendió fue la inversa a la que traía: en lugar de sacar servicios, sumarlos. El hotel ya tiene un desayunador que se convierte en restaurante. En temporada baja, en vez de bajar tanto las tarifas, puede ofrecer media pensión.</p><p>La plata que queda arriba de la mesa</p><p>Pablo contó una escena de un viaje reciente: una posada llena el sábado, a la mitad el domingo y con solo dos habitaciones ocupadas el lunes. Las heladeras seguían prendidas, las luces del parque también. Antes de una inversión grande en algo que no se sabe si va a funcionar, dijo, hay que sentarse a evaluar todo lo que se puede hacer dentro de un negocio que ya funciona.</p><p>Mariano se sentó con su socio y le mostró los números. Se dieron cuenta de que estaban mirando un lugar que no tenían que mirar. Lo van a evaluar después de la temporada, ya con un plan.</p><p>Postulá tu negocio</p><p>Si tenés un negocio con más de tres años de funcionamiento y una decisión trabada, podés postularlo sin costo en dueno.pablovallarino.com. Los casos se seleccionan, el equipo del programa se contacta para hacer el análisis y cada dueño recibe una devolución con un mapa para los siguientes noventa días. El caso sale al aire con un alias y sin datos que lo identifiquen.</p><p>Dueño a Dueño se emite los miércoles a las 15 por El Eco Multimedios.&nbsp;</p><p>El programa completo de este caso está disponible en YouTube</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/FPChbW6JnPDT8iQ7T4nTGCZy1Rs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/dueno_a_dueno_6_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El caso de un hotel en Tandil que buscaba reconvertirse. Mediante claves de gestión y consejos estratégicos, el análisis permitió frenar una inversión innecesaria. Tips para el sector.]]>
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                                <updated>2026-10-06T09:46:31+00:00</updated>
                <published>2026-10-06T09:46:31+00:00</published>
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            Creía que tenía que cerrar su negocio: los números decían otra cosa
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        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/interes-general/creia-que-tenia-que-cerrar-su-negocio-los-numeros-decian-otra-cosa" type="text/html" title="Creía que tenía que cerrar su negocio: los números decían otra cosa" />
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                <![CDATA[El Eco de Tandil]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ApYbVZvBuwG8JKGLqWxXhtwv4W8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/dueno.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>*Por Pablo VallarinoEl primer mensaje fue directo: “Necesito que me ayuden a decidir si tengo que cerrar”. Del otro lado, la respuesta también: en Dueño a Dueño nadie le dice a un dueño si tiene que cerrar. Se buscan los números, y después se conversa.</p><p>La llamaremos Graciela. Tiene un comercio de indumentaria, sobre todo femenina, y no está sola: hay cuatro socios, aunque la que está al frente todos los días es ella. Los otros tres pusieron capital y participan, pero a distancia. Cuando llegó, traía una certeza y una sensación. La certeza era que había un número de facturación que la iba a sacar de la duda. La sensación era de ahogo.</p><p>Lo primero que apareció fue la certeza, y era cierta: ese número ya lo había alcanzado. Hacía siete meses. Desde ese mes hasta hoy, la venta le cayó un 63 por ciento.</p><p>Una planilla que decía cualquier cosa</p><p>Le pidieron todo: costos fijos, costos variables, ventas, ingresos, deudas. Llegó una planilla de enero a agosto, prolijísima, con cada gasto anotado al peso y hasta los costos separados por tipo. Faltaba una sola cosa: las ventas.</p><p>En el renglón que decía “ingresos brutos” no había facturación. Estaba cargado el impuesto que lleva ese nombre. En el casillero que mostraba el resultado del negocio no había ningún resultado: era la suma de todos los gastos. Y en el renglón de publicidad figuraba un cero, mientras una campaña estaba corriendo y se pagaba con la tarjeta corporativa.</p><p>Con ese tablero, cualquier negocio del mundo parece fundido. Y ahí conviene detenerse, porque la escena se repite más de lo que se cree: un dueño mira todos los meses una planilla que no le muestra una sola victoria, y de a poco se convence de que no hay salida.</p><p>El número que explicó todo</p><p>Cruzadas las cuatro fuentes —gastos, sistema de ventas, libreta de pagos y cuenta de publicidad— apareció la primera sorpresa. El negocio no perdió plata este año. Pagó todos los gastos y le quedó dinero, incluso después de cancelar deuda vieja. Segunda sorpresa: bajó un 40 por ciento la deuda con su principal proveedor y avanzó con un plan de regularización impositiva. No se endeudó más: se desendeudó.</p><p>El problema estaba en el reparto. Del total facturado, el 22 por ciento se fue a pagar deuda y el 21,7 por ciento a comprar mercadería. En el rubro, la reposición tiene que estar entre el 50 y el 60 por ciento de lo que se vende.</p><p>Traducido: el negocio se estaba comiendo su propio stock. Y un local que no repone se vacía. La gente entra, no encuentra lo que busca y se va. En su mejor mes hizo 122 ventas. Hoy hace 55, con la misma cantidad de gente entrando por la puerta.</p><p>Un patrón que ya se había visto</p><p>La deuda con el proveedor no nació de un mal cálculo. Nació de una oferta: llevate toda esta mercadería, dame los cheques. Cuando esa mercadería entra, el principal proveedor deja de ser proveedor y pasa a ser acreedor. El negocio queda lleno de deuda, y poco después los precios bajan, de modo que esa misma mercadería que se está pagando en cuotas vale menos.</p><p>Es el segundo caso con exactamente el mismo patrón en pocas semanas, y el mismo mes de origen. El anterior era una zapatería. Siempre lo paga el más chico de la cadena.</p><p>Trescientas conversaciones y ningún mensaje</p><p>La campaña de publicidad que no figuraba en la planilla había generado unas 300 conversaciones pagas en dos meses. Nadie sabía quiénes eran. Además había una lista de 135 clientas fieles a las que hacía dos meses no se les mandaba un mensaje.</p><p>Este es, quizás, el punto más aplicable para cualquiera que esté leyendo. Pasó igual en la mueblería, en la herrería industrial, en la zapatería y en la vinoteca: entra alguien, compra, y nadie le toma un dato. La mueblería tenía dos años completos de clientes cargados y nunca les había escrito nada.</p><p>Contra quién se está compitiendo</p><p>Otra cosa que apareció: había bajado los precios para pelear contra las plataformas online, y se quedó casi sin margen. Conviene decirlo con números: en este rubro, sobre el costo de compra hay que recargar alrededor del 100 por ciento para terminar con un margen final de poco más del 20, una vez descontados impuestos, gastos bancarios y comisiones de tarjeta.</p><p>Ningún local de barrio le va a ganar por precio a una plataforma. Pero tampoco la plataforma puede hacer lo que hace el local: que alguien te sepa el nombre, el talle, que te lo pruebes y te lo lleves hoy. Son dos negocios distintos y no pueden costar lo mismo.</p><p>Vale una aclaración, porque el tema se presta: nadie ataca al consumidor, que compra donde quiere. Y nadie es el malo de la película. Las reglas del juego las pone el Estado, se inclinan para un lado o para el otro, y el dueño de un comercio lo único que hace es adaptarse.</p><p>La cuenta regresiva</p><p>Graciela creía que tenía tres meses para decidir. Tiene semanas. El último trimestre del año es el de mayor facturación de su negocio, y esa mercadería se compra ahora. Si se pierde la mejor temporada, la decisión se toma sola.</p><p>Las recomendaciones fueron cuatro. Renegociar la forma de pago con el acreedor principal, porque un negocio ahogado no le paga a nadie: si matás a la vaca, no vas a tener más leche. Invertir el orden, comprar mercadería primero y pagar deuda después. Sentarse con los tres socios a tener una conversación sincera sobre poner capital, no apoyo moral. Y empezar hoy a tomar los datos de toda persona que entra al local.</p><p>Como en todos los casos anteriores, la decisión terminó mutando. La pregunta ya no es si cierra.</p><p>Cómo presentar tu caso</p><p>Dueño a Dueño se emite los miércoles a las 15 por las plataformas de El Eco. Quien quiera presentar su negocio puede hacerlo en pablovallarino.com/dueno. Los casos se seleccionan, se contactan personalmente y se analizan en conjunto. Se publican con nombre ficticio y sin identificar al negocio.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ApYbVZvBuwG8JKGLqWxXhtwv4W8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/dueno.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Una dueña de un comercio de indumentaria pidió ayuda para decidir si bajaba la persiana. Al cruzar sus números apareció que el negocio no perdía plata, que había bajado su deuda un 40% y que su mejor mes había sido apenas siete meses antes. El problema era otro, y tenía fecha de vencimiento.]]>
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                                <updated>2026-09-29T22:16:02+00:00</updated>
                <published>2026-09-29T09:46:50+00:00</published>
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            El cementerio de proyectos del dueño: qué hacer con todo lo que empieza y nunca se termina
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                <![CDATA[El Eco de Tandil]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/dqgXEjSLSLSxhi6GslGXQAdc-0g=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/08/dueno_a_dueno_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El problema no era la falta de trabajo. Al contrario: a Daniel le sobraba. Tenía una herrería industrial con más de veinte años de actividad, siete personas a cargo y una nave en un parque industrial. Y todos los meses tenía que poner plata de su bolsillo para sostener el funcionamiento de la fábrica.</p><p>Ese contraste, mucho trabajo y ningún resultado, fue el punto de partida del cuarto programa de Dueño a Dueño, el ciclo que conducen Pablo Vallarino y su hijo Juanse los miércoles a las 15 por Eco TV. El caso ya estaba cerrado cuando llegó al aire: la consultoría había terminado meses antes, lo que permitió contar el recorrido completo, resultado incluido.</p><p>Daniel escribió por primera vez en enero, a través de Instagram. Dijo que se sentía identificado con lo que veía y desapareció. Volvió en marzo, esta vez con un pedido concreto. Estaba tapado de trabajo, pero no llegaba.</p><p>El primer inventario</p><p>La primera consigna no tuvo nada que ver con los números. Vallarino le pidió una lista de todo lo que hubiera empezado y no terminado, sin excepciones, con dos datos al lado de cada ítem: desde cuándo estaba ahí, y cuántas horas y cuánta plata tenía adentro.</p><p>La lista fue larga. Había trabajos que los clientes habían encargado y nunca retirado, y había proyectos propios: productos que a Daniel se le ocurrían, que llegaban hasta el prototipo y quedaban ahí, con un intento tibio de venta y nada más.</p><p>&nbsp;</p><p>La primera herramienta del programa.</p><p>Después vino la clasificación. Una letra al lado de cada ítem: T de terminar, M de matar, D de delegar. Sin una cuarta opción.</p><p>La primera versión volvió con casi todo marcado como “terminar”. Hizo falta otra semana de trabajo para que la lista fuera real.</p><p>&nbsp;</p><p>Sacar el cementerio del galpón</p><p>Con la lista depurada, Daniel puso a una persona de administración a llamar a los clientes que tenían trabajos colgados. El planteo era binario: o traían el saldo y se terminaba el trabajo, o pagaban lo hecho hasta ahí y se lo llevaban.</p><p>Solo en portones levadizos había doce unidades frenadas. En casi todos los casos el cliente había dejado una seña que ni siquiera cubría los materiales, y el portón esperaba en el galpón a que la obra estuviera lista para instalarlo. Lo mismo pasaba con chimeneas y parrillas: estructuras terminadas esperando que otro terminara lo suyo.</p><p>El proceso destrabó una entrada de dinero que calmó la situación financiera. Pero el problema de fondo seguía intacto.</p><p>Qué vende una herrería industrial</p><p>Cuando Vallarino le preguntó qué vendía, Daniel tardó más de un minuto en contestar y no llegó a una respuesta concreta. Repetía la categoría, herrería industrial, y enumeraba todo lo que podía llegar a hacer.</p><p>Ahí estaba el nudo. La fábrica tenía plegadoras, cortadoras de chapa, tornos y una cortadora láser incorporada el año anterior. Infraestructura industrial. Pero la comunicación, en diario, en televisión y en redes, era la de una herrería de barrio. El resultado era previsible: le encargaban rejas, chimeneas y portones de casas particulares, uno distinto del otro, todos a medida.</p><p>Siete personas trabajando como siete herreros artesanales sobre máquinas pensadas para producir en serie.</p><p>Los tres sí</p><p>Para ordenar la oferta, Vallarino aplicó una prueba de tres preguntas encadenadas. Alcanza con que una dé negativa para que el producto se caiga de la lista.</p><p>&nbsp;</p><p>La primera lista, todo lo que la fábrica era capaz de hacer, rondaba los doscientos ítems. Al filtrar por lo que hacían mejor que la competencia bajó a dieciocho.&nbsp;</p><p>Al sumar la exigencia de repetición quedaron seis. Y de esos seis cayeron dos más, por una razón que no aparecía en los papeles: quienes los producían eran los mismos que los instalaban, así que crecer en uno significaba frenar el otro.</p><p>&nbsp;</p><p>epuración.</p><p>Quedaron cuatro productos, todos de la misma familia: grandes estructuras. El principal pasó a ser el galpón. Detrás, las vigas estructurales y los portones, pero ahora industriales.</p><p>El cierre</p><p>Daniel tomó la decisión a mediados de abril y cambió toda su comunicación. A quien venía a pedirle una reja, empezó a decirle que no. Vallarino lo señaló al aire como la parte más difícil: decir que no a un pedido cuando el problema es económico.</p><p>En agosto volvió a escribir. Contó que estaba tapado de trabajo, pero de otro tipo. Había incorporado cuatro personas más y estaba sumando máquinas para estandarizar la producción. Cinco meses entre el primer mensaje y ese balance.</p><p>La decisión que el programa dejó planteada para quienes miraban del otro lado es la misma que tuvo que tomar Daniel: abrir el propio cementerio de proyectos y ponerle una letra a cada cosa que está ahí parada.</p><p>FICHA</p><p>Dueño a Dueño — Programa 4, “El cementerio de proyectos”. Conducen Pablo Vallarino y Juanse Vallarino. Miércoles a las 15 por Eco TV, en simultáneo por el canal de YouTube de El Eco Streaming.</p><p>Episodio completo: youtube.com/watch?v=ZZ7gU3LYNRM</p><p>Participación: dueno.pablovallarino.com</p><p>Próximo programa: “Tu mesa promedia” — con quién hablás de tu negocio define hasta dónde lo vas a hacer crecer.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/dqgXEjSLSLSxhi6GslGXQAdc-0g=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/08/dueno_a_dueno_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El ciclo de capacitación para responsables de empresas y negocios recorre el caso de un herrero industrial que tenía el galpón lleno de trabajos a medio hacer. Cinco meses después había sumado cuatro empleados.]]>
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                                                <category term="interes-general" label="Interés General" />
                                <updated>2026-09-22T10:00:04+00:00</updated>
                <published>2026-09-22T10:00:00+00:00</published>
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            Clave en el negocio o en la empresa: lo que se tiene guardado no es riqueza
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                <![CDATA[El Eco de Tandil]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/8nqDccMDU_s3HJb4mLpeb_3T2pw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/dueno_a_dueno_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>En abril del año pasado, a la dueña de un comercio con ocho años de trayectoria le hicieron una oferta que sonaba a premio. Su proveedor de siempre, ese con el que venía comprando todos los meses una cantidad determinada, le propuso llevarse cincuenta veces esa cantidad. Financiado. Con cheques. Sin apuro.</p><p>Aceptó. Cualquiera hubiera aceptado. Era el proveedor de años, la mercadería era la de siempre y el negocio iba a quedar lleno.</p><p>Al mes siguiente, el mismo proveedor bajó los precios.</p><p>Lo que ella tenía guardado pasó a valer menos. Lo que debía siguió valiendo lo mismo. Ese es el momento exacto en que un negocio sano se convierte en un negocio apretado, y casi nunca se percibe mientras está ocurriendo.</p><p>Cubrió el primer cheque. El segundo ya no pudo, y para cubrirlo tomó plata de un particular. Desde entonces paga todos los meses, en fecha, sin atrasarse una sola vez. Ya pagó en intereses más del cien por ciento de lo que le prestaron y sigue debiendo el capital entero.</p><p>Cuando la escuchamos por primera vez dijo dos cosas: que le faltaba plata y que estaba pensando en cerrar. Ninguna de las dos era cierta.</p>La deuda que no parece deuda<p>Hay una idea que a los comerciantes nos cuesta aceptar y que conviene decir sin vueltas: la mercadería que no rota no es patrimonio, es deuda con otro nombre.</p><p>Cuando alguien te financia para que te lleves más, no te está haciendo un favor. Está mudando el riesgo de su depósito al tuyo. La pregunta que casi nadie hace en ese momento es por qué necesita sacárselo de encima justo ahora.</p><p>El problema es que la deuda guardada en cajas no se ve como deuda. Se ve como abundancia. Uno entra al local, lo ve lleno y se siente rico. Un préstamo aparece todos los meses en un resumen; el stock aparece en el inventario, del lado de los activos, con la misma cara de siempre.</p><p>Hay una sola pregunta que lo desenmascara: si tuvieras que cancelar todo mañana, ¿con qué pagás? Con la mercadería. Entonces esa mercadería ya está comprometida. No es tuya.</p>El dato que dio vuelta el caso<p>Cuando terminamos de ordenar sus números apareció lo importante. Valuado a costo de hoy —no a lo que había pagado en su momento, sino a lo que vale hoy— su stock equivalía a una vez y media su deuda.</p><p>&nbsp;</p><p>Nunca le faltó plata. La tenía adentro del negocio, inmovilizada, perdiendo valor mientras los intereses corrían.</p><p>Y no es un caso aislado. Es un patrón que venimos detectando en los formularios que recibimos: entre abril y mayo del año pasado, muchos proveedores mayoristas salieron a cargar de mercadería financiada a sus clientes chicos, poco antes de que los precios se acomodaran para abajo. No fue así en todos los casos ni con todos los proveedores, pero se repite demasiado como para ser casualidad.</p>Tres movimientos, y el orden importa<p>Lo primero son dos conversaciones incómodas. Una con el proveedor, que es la más fácil: alguien que está en el negocio entiende un plazo. La otra con quien le presta, que es la difícil y la urgente, porque es la deuda que se come todo. Venía postergando las dos hacía meses y ninguna cuesta un peso.</p><p>Lo segundo es liquidar. Al costo, y si hace falta por debajo del costo. Suena a pérdida y no lo es: lo que se resigna es un margen que esa mercadería ya no va a dar nunca, y lo que se gana es la liquidez para matar la deuda cara. Cada mes que ese stock se queda quieto cuesta intereses y vale un poco menos.</p><p>Lo tercero, y recién entonces, es cambiar la estructura. Tiene la posibilidad de pasar a un local más chico y bastante más barato, y es una buena decisión, pero en ese orden. Primero se libera la caja, después se cambia el tamaño. Al revés se queda sin espacio y sin plata al mismo tiempo.</p>Decidir no es rendirse<p>Hay algo más que le dijimos y que sirve para cualquiera que esté leyendo esto con una decisión atragantada hace meses.</p><p>No tiene que decidir hoy si sigue con el negocio. Esa decisión la va a poder tomar dentro de noventa días, sin deuda encima y con la cabeza descansada, y ahí va a ser una decisión de verdad. Tomada hoy, con el agua al cuello, no sería una decisión: sería una rendición.</p><p>Lo único que tiene que decidir ahora es empezar.</p><p>Y esto es lo que más veo, año tras año, en dueños de todos los rubros: no hacer nada se siente prudente y es la peor de todas las opciones. Cerrar no la salva, porque la deuda la sigue afuera del negocio. Seguir igual tampoco. La única salida es moverse, y moverse en un orden.</p><p>LAS CUATRO CUENTAS</p><p>Cuatro cuentas que cualquier dueño puede hacer hoy, en una servilleta, para saber dónde está parado.</p><p>1.&nbsp;&nbsp; Todo lo que tengas comprado y todavía no vendido, valuado a costo de hoy, dividido por todo lo que debés. Si da más de uno, la solución está adentro de tu negocio.</p><p>2.&nbsp;&nbsp; De lo que pagás cada mes: cuánto es interés y cuánto baja de verdad el capital. Si el capital no baja, no estás pagando una deuda: estás alquilando plata.</p><p>3.&nbsp;&nbsp; Tus cinco costos fijos más grandes, ordenados de mayor a menor, y al lado de cada uno una pregunta: ¿se renegocia, se muda o se elimina?</p><p>4.&nbsp;&nbsp; El plazo en que tenés que pagar contra el plazo en que vas a cobrar. Si el primero es más corto que el segundo, no es una oportunidad: es un préstamo con mercadería adentro.</p><p>"Dueño a Dueño" se emite los miércoles a las 15 en las distintas plataformas de El Eco Multimedios. Cada semana se trabaja la decisión trabada de un dueño real. Quien quiera presentar su caso puede hacerlo en dueno.pablovallarino.com: se usa un alias y no se menciona la ciudad.</p><p>*Por Pablo Vallarino</p>]]>
                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/8nqDccMDU_s3HJb4mLpeb_3T2pw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/dueno_a_dueno_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Un año pagando en fecha, todos los meses, y debiendo hoy exactamente lo mismo que el primer día. El caso de una dueña que llegó diciendo que le faltaba plata y la tenía adentro de su propio negocio.]]>
                </summary>
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                                <updated>2026-09-15T09:46:33+00:00</updated>
                <published>2026-09-15T09:46:33+00:00</published>
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            Claves para comerciantes: cómo ganar más dinero y potenciar tu negocio
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Q_LzcKSLs43yRz8nRco2v5AmQck=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/empresa.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay decisiones que un dueño no toma. Y hay decisiones que un dueño no puede tomar. Parecen lo mismo y no lo son.</p><p>En el segundo programa de Dueño a Dueño, el ciclo que se emite los miércoles a las 15 en El Eco Multimedios, Pablo y Juanse Vallarino trabajaron el caso de un comerciante que llamaremos Tomás.&nbsp;</p><p>Tiene un local de muebles y decoración, lleva diez años en el rubro y trabaja con dos personas. Sobre su mesa hay una decisión que mira todas las semanas y no mueve desde hace más de un año: alquilar un espacio adicional para poder tener más mercadería.</p><p>Su explicación de por qué no la toma cabe en una palabra. Plata.</p><p>Un negocio ordenado, y ese fue el primer dato</p><p>Sobre una docena de casos recibidos a través del formulario del programa, este fue el elegido, y no por lo que tenía mal. Los conductores esperaban encontrar desorden y encontraron lo contrario.Tomás tiene procedimientos escritos, hace reuniones semanales con su equipo y conoce el punto de equilibrio de su negocio. Se asignó un sueldo fijo y hace retiros solo cuando la empresa genera ganancias. Mantiene las cuentas del negocio separadas de las personales. Y midió algo que muy pocos comercios miden: de cada diez personas que entran a su local, ocho compran.</p><p>El techo del que habla el programa, entonces, no es el del desorden. Es el otro: el que aparece justo después de haber hecho todo bien.</p><p>La cuenta que nunca estaba escrita</p><p>La primera pregunta del análisis fue la que casi ningún dueño se hace antes de firmar un contrato: cuánto hay que vender de más, todos los meses, para que ese lugar se pague solo.</p><p>El número apareció rápido. Solo para cubrir el alquiler, Tomás necesitaba facturar un veinte por ciento más. Sumando el resto de los costos que el espacio arrastra, un treinta y tres por ciento más. Todos los meses, de manera sostenida.</p><p>Y hay un agravante. Su último trimestre del año factura más del triple que el primero. Es un negocio con estacionalidad marcada, de modo que estaría comprometiendo un costo fijo de doce meses parejos para sostenerlo con un ingreso que se mueve tres a uno. Ese número, que define por completo la decisión, nunca había estado escrito en ningún lado.</p>La plata estaba adentro<p>Tomás tenía entre cuatro y cinco meses de mercadería en stock, valuada a precio de venta. Y un tercio de esa mercadería no se había movido en los últimos seis meses. Ese tercio quieto, solo, superaba el costo de un año completo del alquiler que estaba evaluando.</p><p>Al desagregar por categoría apareció algo más fino. Los muebles representan el sesenta por ciento de su facturación pero apenas el cuarenta y tres por ciento de su stock. Todo lo demás —decoración, blanco, aromas— es el cuarenta por ciento de lo que vende y el cincuenta y siete por ciento de lo que tiene guardado. Los muebles rotan cada tres meses; el resto, cada seis.</p><p>Tomás aplica la ley de Pareto y lo hace conscientemente: le da foco a lo que más vende. En la venta lo estaba aplicando. En el stock le estaba pasando exactamente al revés. Tenía menos plata puesta en lo que más rota y más plata puesta en lo que menos rota, y eso, además, es lo que le ocupaba el espacio que decía necesitar.</p>Once de cada cien<p>El dato que dio vuelta el caso llegó cuando Tomás pasó el detalle de por qué entra cada persona a su local. Un veintitrés por ciento entra solo a mirar, un catorce por ciento va por aromas, un doce por ciento busca un regalo y un once por ciento viene por muebles.</p><p>Los muebles son el sesenta por ciento de su facturación y once de cada cien personas que cruzan la puerta vienen por ellos. La conclusión se impone sola: más metros de exhibición no traen más compradores de muebles. El cuello de botella no está adentro del salón. Está antes de la puerta.</p>La lista que ya tenía y no usaba<p>Consultado sobre si registraba a sus clientes, Tomás respondió que sí, con precisión desde hace unos dos años. Consultado sobre qué hacía para que esos clientes volvieran, fue igual de directo: no hacía seguimiento, y lo definió como una deuda pendiente. Empezó con publicidad paga hace dos meses y con su página web hace tres.</p><p>También reconoció que de cada diez consultas por muebles, seis o siete se van sin comprar, y que no sabe por qué. No es un problema de plazos: su proveedor le entrega en dos a cinco días. Tampoco de precio, según sus propios clientes.</p><p>Ahí quedó planteado el punto central del programa. Los comercios invierten de manera permanente en atraer clientes nuevos y descuidan a los que ya tienen adentro. Cada cliente incorporado tiene un costo, y ese costo se diluye cada vez que ese mismo cliente vuelve a comprar. La gente que entra al local de Tomás, mira un mueble y se va, es la lista más calificada que podría tener. Y hoy no existe.</p>Cuatro pasos, ninguno cuesta un peso<p>La devolución que recibió Tomás, y que también se entregó por escrito, no discute que le falte lugar: en el rubro mueblería la necesidad de espacio es real y el volumen del producto es una limitación concreta. Lo que discute es el orden.</p><p>LA DEVOLUCIÓN, PASO POR PASO</p>15 días. Registrar quién entra y quién se va. Por qué entró cada persona, y de cada consulta que no cierra, por qué se fue y un dato de contacto.30 días. Implementar un sistema para volver a contactar a los clientes que ya compraron. Correo, mensajería, lo que resulte sostenible.90 días. Liquidar el stock que no rota, aunque implique resignar margen, y reinvertir ese dinero en la mercadería que sí se mueve.Después. Recién entonces volver a mirar el espacio, con el salón liberado y el tráfico medido.Crecer no es lo mismo que escalar<p>El cierre del programa apuntó a una distinción que Pablo Vallarino repite con frecuencia: una cosa es crecer y otra es escalar. Crecer suele imaginarse como sumar metros, sumar stock, sumar personal. Escalar empieza por revisar la eficiencia de lo que ya existe y por encontrar dónde está quedando dinero sobre la mesa adentro de la propia empresa.</p><p>Aplicado al caso, el resumen es breve. A Tomás no le faltaba plata: la tenía inmovilizada. No le faltaba espacio: un tercio de su mercadería no se movía. Y no le faltaban clientes: seis o siete de cada diez entraban, miraban y se iban sin dejar rastro.</p><p>Queda una pregunta, y es la que el programa le devuelve a cualquier dueño que esté con una decisión trabada. No es qué me falta para decidir. Es qué condición me puse yo para permitirme decidir, y si mi negocio puede cumplirla.</p><p>El caso de Tomás sigue abierto. Los conductores anticiparon que mantienen contacto con él y que más adelante van a contar cómo terminó.</p><p>CÓMO PARTICIPARDueño a Dueño se emite los miércoles a las 15 por Eco TV, con transmisión simultánea por YouTube y la 104.1 Tandil FM.</p><p>Los dueños de negocio que tengan una decisión pendiente pueden presentar su caso en dueno.pablovallarino.com. Los casos seleccionados reciben un análisis personalizado y se trabajan al aire.El programa no difunde nombres, ubicaciones ni cifras absolutas de los participantes. Todos los casos se presentan con alias y en proporciones.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Q_LzcKSLs43yRz8nRco2v5AmQck=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/empresa.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Un comerciante no se decidía si alquilaba un espacio más grande. El problema no era el que él creía tener.]]>
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                                                <category term="interes-general" label="Interés General" />
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                <published>2026-09-08T09:46:35+00:00</published>
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            “No es lo mismo facturar que ganar”: los tres números que todo dueño de negocio debería saber de memoria
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/dqgXEjSLSLSxhi6GslGXQAdc-0g=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/08/dueno_a_dueno_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay una escena que se repite en miles de negocios del país y que casi nunca se cuenta en voz alta: el lunes a la mañana, antes de abrir, el dueño ya está resolviendo cómo cubrir los cheques que entraron el viernes. No es una emergencia. Es la rutina.</p><p>Con esa imagen arrancó el primer programa de Dueño a Dueño, el ciclo que estrenó El Eco Multimedios &nbsp;y que se emite en vivo por Eco TV, El Eco Streamig en YouTube, 104.1 Tandil FM y se publica todos los martes en El Eco, www.eleco.com.ar y las redes de El Eco. Lo conducen Pablo Vallarino —consultor, autor y conferencista— junto a su hijo Juanse, que ocupa en el programa el lugar del que pregunta: el mismo en el que está buena parte de la audiencia.</p><p>El formato es poco habitual: no hay panel ni opinión general. Hay un caso real por semana, con nombre cambiado, que se desarma frente a cámara durante media hora.</p>El caso: doce años vendiendo, cero certezas<p>El primer ejemplo trabajó sobre el caso de Lucía —el nombre es ficticio, la historia no—, dueña de una vinoteca con doce años de trayectoria. Lucía llegó a la consulta después de ver un video en el que Vallarino describía exactamente su lunes: descubierto bancario, cheques por cubrir, intereses corriendo y la sensación permanente de correr atrás de las cuentas.</p><p>Vendía bien. Los fines de semana eran su mejor momento, tanto que emitía los cheques con fecha de viernes para jugarse a que la recaudación le permitiera cubrirlos el lunes. El negocio funcionaba. La pregunta era otra.</p><p>Vallarino le hizo cinco preguntas. Lucía no pudo responder ninguna.</p>Las cinco preguntas al dueño<p>1. ¿Cuánto facturás por mes?</p><p>2. ¿Cuánto dinero te queda después de pagar todo, incluido tu propio retiro?</p><p>3. ¿Cuáles son tus productos más rentables, no los que más vendés?</p><p>4. ¿Cuál es tu costo fijo, lo que pagás cada mes por tener el negocio abierto?</p><p>5. ¿Cuáles son tus costos variables, los que se mueven con cada venta?</p><p>“Esas cosas tienen que salir en un segundo”, insistió al aire. La escena no es una excepción: es el punto de partida de la mayoría de las consultas que recibe.</p>Los tres números al dueño<p>De esas cinco preguntas se desprenden tres números que, según el programa, cualquier dueño debería tener presentes sin buscarlos en ningún lado:</p><p>Uno. De cada 100 pesos que entran, cuánto queda de verdad. No todos los productos dejan lo mismo, y el precio de venta no dice nada por sí solo.</p><p>Dos. Cuánto se paga por mes aunque no se venda nada. Alquiler, sueldos y cargas, impuestos mínimos, contador, servicios. Está ahí el primero de cada mes, vaya bien o vaya mal.</p><p>Tres. Cuánto hay que vender para empatar. No se estima: se calcula. Es el número dos dividido por el número uno.</p><p>La aritmética no es compleja. Lo que casi nadie hace es sentarse a construirla.</p><p>El descubierto que no se ve</p><p>Cuando Lucía finalmente puso los números sobre la mesa, estuvo varios días sin responder los mensajes. El descubierto acumulado equivalía a cerca de tres meses de facturación. No había llegado ahí de un salto, sino cubriendo mes a mes y recibiendo del banco un poco más de aire cada vez. “Te vas endeudando y no lo ves”, resumió Vallarino.</p><p>Buena parte de esa deuda estaba, en realidad, inmovilizada en la góndola: promociones de bodegas —tantas cajas a cambio de tal descuento— que se convirtieron en mercadería que no rota. Con cheques a noventa días, el impacto llegaba tres meses después de la compra, con el stock todavía sin vender.</p><p>También apareció el error de rentabilidad: había vinos de precio más bajo que le dejaban casi el triple de ganancia bruta que otros bastante más caros. La conclusión no fue eliminar el producto de baja rentabilidad, sino enfocar la promoción, la comunicación y la compra en lo que efectivamente deja dinero.</p><p>Primero el orden, después el software</p><p>La recomendación práctica llegó sobre el final, con una advertencia basada en la experiencia del propio conductor: incorporar un sistema de gestión sin tener los números ordenados no resuelve nada. Se carga mal y deja de servir.</p><p>El camino que propone el programa es al revés: juntar toda la información de egresos —cuenta bancaria, tarjetas, aplicaciones, efectivo—, separar finanzas personales de finanzas del negocio, clasificar entre costos fijos y variables, y recién entonces sumar una herramienta. Una planilla de cálculo alcanza para empezar.</p><p>Es también, según se planteó al aire, la diferencia entre dos estrategias que no se parecen en nada: la que se arma para sobrevivir y la que se arma para crecer.</p><p>El próximo miércoles: ¿Quién te puso el techo?</p><p>El segundo programa de Dueño a Dueño se emite este miércoles 2 de septiembre a las 15, en vivo por Eco TV y por el canal de YouTube de El Eco Streaming. El tema: las creencias y los mandatos que determinan hasta dónde cree un dueño que puede crecer su negocio. “A veces te potencian y a veces te ponen un techo”, adelantó Vallarino.</p><p>Los dueños de negocio que quieran presentar su caso pueden completar el formulario de participación en dueno.pablovallarino.com —también con el código QR que acompaña esta nota—. Quienes son seleccionados salen al aire con un alias: no se menciona el nombre, la empresa, el rubro exacto ni la ciudad, y producción se comunica antes para acordar cómo se cuenta el caso.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/dqgXEjSLSLSxhi6GslGXQAdc-0g=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/08/dueno_a_dueno_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En el inicio del ciclo "Dueño a dueño", el caso de una comerciante con doce años de trayectoria dejó a la vista un problema mucho más común de lo que parece: vender todos los días y no saber cuánto se gana realmente.]]>
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                                <updated>2026-09-01T09:46:45+00:00</updated>
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