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    <title>El Eco de Tandil</title>
    <subtitle>Entrevistas exclusivas y contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Tandil.</subtitle>
    <updated>2026-08-13T17:42:58+00:00</updated>
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            A 100 años de una hazaña: el día que Eduardo Olivero llegó a Buenos Aires tras unir Nueva York con la Argentina
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/9YS2KR_2HFBIMPtVQZKIztXvVFk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/olivero.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Un día como hoy, pero hace exactamente un siglo, una multitud se congregó en el puerto de Buenos Aires para recibir a tres hombres que habían protagonizado una de las mayores epopeyas de la aviación de su tiempo. Entre ellos estaba Eduardo Alfredo Olivero, el aviador nacido en Tandil que, junto a Bernardo Duggan y el mecánico Ernesto Campanelli, acababa de completar el histórico raid Nueva York-Buenos Aires.</p><p>La llegada se produjo el 13 de agosto de 1926, luego de 81 días de travesía y 37 etapas. Habían recorrido miles de kilómetros a bordo del hidroavión Savoia-Marchetti S-59 bautizado “Buenos Aires”, en una época en la que atravesar el continente por aire representaba una aventura de enorme complejidad técnica y logística.</p><p>El viaje había comenzado el 24 de mayo de aquel año en la base naval de Miller Field, en Nueva York. El proyecto había sido ideado durante dos años por Olivero, quien había planificado una ruta de casi 15 mil kilómetros sin las herramientas de navegación y comunicación que décadas después se volverían habituales. La aeronave no contaba con radioayuda para la navegación y la tripulación debía afrontar las condiciones meteorológicas prácticamente sin información previa.</p><p>El tandilense no era, sin embargo, un improvisado. Para entonces contaba con una extensa trayectoria vinculada a la aviación. Había aprendido a volar siendo muy joven y en 1914 había protagonizado otro de sus grandes hitos: se convirtió en el primer aviador en llegar por aire a Tandil, después de emprender desde Villa Lugano aquel vuelo que lo llevaría hasta su ciudad natal.</p>
Una vida marcada por los desafíos<p>Eduardo Olivero había nacido el 2 de noviembre de 1896 en La Cañada, en las proximidades de La Movediza. Desde adolescente quedó fascinado con la posibilidad de volar y esa inquietud terminó convirtiéndose en una vocación que atravesaría toda su vida.</p><p>Durante la Primera Guerra Mundial viajó a Europa y se incorporó a la aviación italiana. Allí integró la reconocida escuadrilla comandada por Francesco Baracca y participó de numerosas misiones de combate. Por su actuación recibió distintas condecoraciones y fue reconocido como héroe de guerra.</p><p>A su regreso a la Argentina continuó vinculado a la aviación civil, la enseñanza y la búsqueda de nuevos récords. En 1921 alcanzó los 8.000 metros de altura y también protagonizó accidentes que estuvieron cerca de costarle la vida.</p><p>Uno de ellos ocurrió en Tandil, cuando el avión que piloteaba se incendió a unos 1.400 metros sobre la Plaza Independencia. Olivero sufrió graves quemaduras en el rostro y las manos, pero consiguió aterrizar y, después de recuperarse, volvió a volar.</p><p>Esa personalidad persistente sería determinante pocos años después, cuando se embarcó en la aventura que terminaría colocándolo definitivamente entre los pioneros de la aviación del continente.</p>Eduardo OliveroUna travesía plagada de dificultades<p>El raid estuvo lejos de ser un viaje sencillo. El “Buenos Aires” atravesó distintos puntos del Caribe y Sudamérica y enfrentó tormentas, problemas de abastecimiento, desperfectos y dificultades para realizar los despegues y aterrizajes.</p><p>Uno de los momentos más dramáticos se produjo durante el recorrido por la región amazónica. Los tripulantes debieron abandonar temporalmente el hidroavión y quedaron aislados durante varios días. La falta de noticias sobre ellos alimentó los rumores sobre un posible accidente fatal y en Buenos Aires se llegó a temer por sus vidas.</p><p>La situación cambió cuando fueron encontrados y auxiliados por el pescador brasileño Josino Cardoso, quien puso a disposición su embarcación “La Juruna” para trasladarlos y ayudarlos a continuar la travesía. Una semana después de haber quedado separados del hidroavión, los aviadores llegaron a Vigía, donde descubrieron que la prensa y buena parte del continente seguían con atención su aventura.</p><p>Tras recuperar la aeronave, Olivero, Duggan y Campanelli retomaron el camino hacia el sur. Pasaron por distintas localidades de Brasil, entre ellas Belém, Cabedelo, Ilhéus y Río de Janeiro, donde fueron recibidos por multitudes. También atravesaron Santos, Florianópolis y Río Grande antes de llegar a Montevideo el 9 de agosto.</p><p>En la capital uruguaya fueron recibidos por el presidente José Serrato. Desde allí emprendieron el último tramo de la travesía que los llevaría finalmente hasta Buenos Aires.</p>La llegada que paralizó a Buenos Aires<p>El 13 de agosto de 1926, el hidroavión “Buenos Aires” completó el raid y llegó a la capital argentina. Después de 114 horas netas de vuelo efectivo, los tres protagonistas fueron recibidos por una multitud encabezada por el entonces presidente Marcelo Torcuato de Alvear.</p><p>La llegada se transformó en un acontecimiento popular. Las noticias habían seguido paso a paso el recorrido y, cuando finalmente se confirmó que la tripulación estaba a salvo, Buenos Aires celebró el regreso con sirenas, bocinas, petardos y concentraciones espontáneas.</p><p>La hazaña también trascendió rápidamente el ámbito aeronáutico. El raid fue utilizado para publicitar productos, inspiró canciones, poesías y obras artísticas y se convirtió en uno de los acontecimientos más recordados de la aviación de la década de 1920.</p><p>El viaje, además, demostró la posibilidad de establecer una conexión aérea entre América del Norte y América del Sur y constituyó un antecedente de enorme relevancia para el desarrollo posterior de las rutas aerocomerciales.</p>El legado de un pionero tandilense<p>A cien años de aquel arribo, la figura de Eduardo Olivero continúa formando parte de la memoria de Tandil. Su historia está vinculada no solamente al raid Nueva York-Buenos Aires, sino también al primer vuelo sobre la ciudad, a sus récords de altura, a su experiencia durante la Primera Guerra Mundial y a una extensa trayectoria dedicada a la aviación.</p><p>Olivero falleció en Buenos Aires el 19 de marzo de 1966, pero su legado permaneció ligado a su ciudad natal. En Tandil llevan su nombre instituciones como el Club de Planeadores, una escuela y la Sociedad de Fomento de La Movediza. El Museo Histórico Fuerte Independencia, además, conserva una sala dedicada a su memoria y piezas vinculadas con su trayectoria.</p><p>Incluso medio siglo después de aquella primera llegada por aire, Olivero volvió a pilotear sobre Tandil. En 1964, al cumplirse 50 años de su histórico vuelo de 1914, realizó una travesía evocativa sobre la ciudad.</p><p>El centenario del raid encuentra así a Tandil recuperando nuevamente la historia de uno de sus grandes pioneros. Este sábado 15 de agosto, el Museo Histórico Fuerte Independencia será escenario de un acto conmemorativo organizado junto al Instituto de Estudios Aeroespaciales Mayor Eduardo Olivero, con una conferencia del magíster Gonzalo Ferrari Nicolay.</p><p>Un siglo después de aquel 13 de agosto de 1926, la imagen del hidroavión “Buenos Aires” llegando a la capital argentina conserva el valor de una postal histórica: la de tres hombres que desafiaron las enormes limitaciones de la época y completaron una travesía que parecía imposible. Y entre ellos, un tandilense que había comenzado soñando con ver su ciudad desde el cielo y terminó formando parte de la historia de la aviación mundial.</p>]]>
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                                <updated>2026-08-13T17:42:58+00:00</updated>
                <published>2026-08-13T17:42:54+00:00</published>
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