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    <title>El Eco de Tandil</title>
    <subtitle>Entrevistas exclusivas y contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Tandil.</subtitle>
    <updated>2026-05-10T13:10:05+00:00</updated>
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            El lujo de la normalidad
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                <![CDATA[Ignacio Segonds]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/3kr_yQEAksrtl6am8sxWc9EIc6o=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/05/el_lujo_de_la_normalidad.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>“En las entrañas del mundo normal, soleado, entre sus rutinas y semáforos, entre las risas, los festejos y las fotos, unos pocos sufren. Sufren en silencio, camuflados en un sistema que funciona. Combaten infiernos sin esa privilegiada noción del tiempo. No pueden permitirse el lujo de ordenar semanas, igual de inciertas que la hora próxima. Este plano de la vida normal, la gente normal, el frívolo apuro avasallador, rodea e ignora a esa diminuta masa insignificante que está justo a su izquierda, prendiéndose fuego, ardiendo desde las llamas, condenada a observar un mundo ideal que está justo ahí, tras las rejas de una realidad propia e infranqueable. Atados de pies y de manos, oliendo, saboreando una felicidad ajena a una distancia irreductible y, sin embargo, insalvable. Para quien los oye, créame, basta con un par de personas sufriendo en silencio para convertir todo este mundo en uno triste, sin festejo que no sepa a traición ni opulenta calma. Que sepan que los oí, que el mundo no siguió adelante derrochando alegría con ellos al costado. O tal vez sí, los felices siguieron de largo, pero yo me bajé acá a sufrir con ellos”.</p><p>Escribí esas líneas en la puerta de un hospital, en la madrugada de un viernes dantesco, día en el que comprendí que la normalidad está siempre a un paso de convertirse en calvario. Usted, afinado lector, tendrá claro que mi vida personal importa poco en este texto, que no me pertenece y lejos está de ser mi hijo. Sin embargo, menciono esto porque fue aquel y no otro el instante en el que descubrí otro mundo dentro del mundo. Una dimensión paralela donde el tiempo no existe y todo lo conocido pasa a un segundo plano. Uno que mi afortunada vida de altibajos adolescentes desconocía por completo. Solo al verme en ese abismo pude girar la cabeza y distinguir a las demás personas viviendo ahí.&nbsp;</p><p>Éramos varios los que flotábamos suspendidos en la puerta del hospital. Caras blancas con miradas perdidas en la vereda de enfrente, perplejas, como si observaran al mundo derrumbarse sobre ellas. El vapor blanco de las respiraciones salía al aire helado de junio, cuando el sol apenas empezaba a asomarse. Una mujer estaba vestida de musculosa y pantalones cortos, como si alguna tragedia la hubiera abducido en pleno entrenamiento y se la hubiera llevado sin tiempo de agarrar un abrigo. Nuestras rutinas habían sido pausadas y olvidadas por completo. La calle parecía estar ahí, a unos metros, pero nos separaban miles y miles de kilómetros de aquella realidad. La gente y los autos pasaban apurados, hablaban por teléfonos, algunos reían y otros llevaban a sus hijos al colegio. Para nosotros eran extraterrestres. Un paredón de acrílico nos separaba del resto de la ciudad, de los horarios, del olor a comida, del trabajo y los compromisos.&nbsp;</p><p>En el mundo de los que sufren sólo hay vigilia, silencio y desasosiego. Un día abandoné ese mundo y regresé a la vida normal. Me inserté de nuevo en la agenda, volví a preocuparme por nimiedades como bañarme, no llegar tarde o aprobar exámenes. Uno se acostumbra rápido a la normalidad. Pero desde aquellas noches, siempre que paso por el hospital miro para adentro y pienso que todas las horas de mi vida son, para alguien, la hora más terrible.&nbsp;</p><p>Usted cruza a estas personas en todos lados. No están sólo en la puerta del hospital. Sus cuerpos también andan por la calle, en los colectivos o atrás del mostrador. Sus almas, en cambio, están todas juntas en una gran sala de espera invisible. Por eso usted los verá pasar por al lado como si nada, con el movimiento mecánico de la carne, con la máscara de ciudadano ordinario y las respuestas automáticas; no obstante, esas personas no están ahí realmente. Deambulan por la misma ciudad que nosotros, pero su gravedad empuja el doble. Se cruzan con el bullicio de un bar y piensan cómo pueden existir los bares, las risas o pasan frente a una librería y se preguntan por qué la gente lee libros en este mundo roto; y son personas que han reído en bares y han leído libros pero ya no lo recuerdan, ya no son las mismas ni es el mismo mundo. Están detenidas mientras alrededor todo sigue su curso, la gente se enamora, las familias salen a comer, los jóvenes viajan o salen de fiesta y lloran por películas o por FOMO y registran en redes su existencia e ignoran por completo que basta un sólo llamado de teléfono para que todo se evapore y deje de importar. Usted puede pensar esas preocupaciones triviales como un verdadero lujo: es la ausencia de tragedia.&nbsp;</p><p>Sabemos que cualquier fecha puede ser el día en que la mano negra de la desgracia decida tocar la puerta, pero elegimos creer que eso les pasa a otros. Evitamos mirar hacia ese lado porque nos recuerda a la propia fragilidad de nuestra rutina, a nuestro propio sufrimiento inminente. La normalidad es el pacto de silencio que firmamos para no volvernos locos y maquillar lo impredecible del destino. Por eso damos por hecho las cosas más importantes y nos permitimos posponer momentos y hacer planes a futuro. No podemos detenernos en la desgracia ajena, porque entrar en ese plano implica hacerla propia; y ya en algún momento nos llegará la nuestra. En el fondo todos tenemos claro eso. Es curioso que esa certeza reprimida no elija manifestarse en empatía y gratitud por el presente, que sería lógico, y terminemos en cambio ansiosos y apurados por el mal presentimiento. Sospecho que existe un cambio de perspectiva.&nbsp;</p><p>Si usted desglosa su normalidad en diez pilares fundamentales, tener salud, un techo, alguien que lo espere, la libertad de aburrirse, de planificar, de almorzar; descubrirá que lo que llamamos vida cotidiana es en realidad un conglomerado de milagros. Estar del lado soleado del acrílico no es un mérito, sino una tregua del destino. Por eso, agradecer no es un acto de optimismo, sino una forma de lucidez. Significa reconocer que, al menos por hoy, no es uno quien se quema a la izquierda de todos. Puede tomarse un momento para celebrarlo.&nbsp;</p><p>A su vez, no olvidar en el apuro que muchas de las caras que nos cruzamos ahí afuera están peleando una guerra que desconocemos. Concebir la lucha del otro no nos quema, nos humaniza. La empatía no es sentir lástima por esa diminuta masa insignificante que arde allá lejos, sino entender que, en este mundo roto que compartimos, justo entre nosotros, muchos sufren en silencio por heridas que pasan inadvertidas a simple vista.&nbsp;</p><p>Mañana, cuando suene la alarma y la rutina parezca problemática, recuerde todos los infiernos en los que podría haber despertado. Abrace el lujo de la normalidad y la fortuna de lo que no está ocurriendo. Quizás algún día estos quehaceres sean nuestro mayor anhelo.</p><p>Es valiosa la visión de los heridos, la capacidad de ver a través de los carteles de la felicidad obligatoria y descubrir que no todos podemos tenerla, que a algunos les ha sido negada y la suerte les da la espalda. Ese otro también es el mundo real, y ciertas cicatrices son un mapa que permite reconocer a otros compañeros de trinchera.&nbsp;</p><p>Si en cambio es usted quien hoy habita ese plano, sepa que su incendio no es invisible. Mientras la ciudad sigue de largo, derrochando alegría, algunos nos bajamos a esperarlo. No tengo un consuelo que ofrecerle porque sé que el lenguaje de los que están bien no se traduce al idioma de los que arden, pero al menos alguien comparte su vigilia. Jugaré un rato con esta felicidad y después se la prestaré a usted; y usted a alguien más. Habrá largas tardes en las que tendremos que sentarnos al margen y ver al resto divertirse. Alguna vez seremos nosotros quienes necesitemos de un extraño que nos reconozca en medio del caos. De algún testigo que nos dé un abrazo. De algunos ojos que nos vean.</p><p>Por ahora intentaré disfrutar este privilegio cotidiano, con el orgullo del que ostenta un tesoro, con la culpa de quien come delante de los que tienen hambre. En cualquier momento el azar volverá a mezclar las cartas, y seguirá siendo este hermoso y frágil presente nuestra única posesión. Por eso, no deje que el domingo se le escurra como un trámite; apriételo contra el pecho y festeje que ha ganado un sorteo silencioso. Sepa usted que pase lo que pase, la vida es sabia y conoce el camino, y en todos sus rincones vale la pena vivirla. Arrímese, ¡Brindemos! Que para todos hay una copa y un motivo.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/3kr_yQEAksrtl6am8sxWc9EIc6o=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/05/el_lujo_de_la_normalidad.webp" class="type:primaryImage" /></figure>“En las entrañas del mundo normal, soleado, entre sus rutinas y semáforos, entre las risas, los festejos y las fotos, unos pocos sufren. Sufren en sil...]]>
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                <updated>2026-05-10T13:10:05+00:00</updated>
                <published>2026-05-10T04:00:00+00:00</published>
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            Wos desató una noche inolvidable y colmó Unión y Progreso en su primera visita a Tandil
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                <![CDATA[El Eco de Tandil]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Wm8lemfY-tmSUI_xrMGi6P2aWTQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/05/wos.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Club Unión y Progreso fue escenario este viernes por la noche de uno de los recitales más esperados del año. Wos se presentó por primera vez en Tandil con un lleno total en una jornada que quedará marcada como un acontecimiento destacado para la escena musical de la ciudad.</p><p>El show formó parte de la Gira Bonaerense 2026, un recorrido por distintas localidades de la provincia de Buenos Aires que comenzó en Mar del Plata y continuará por Bahía Blanca, Junín, Ituzaingó, Villa Ballester y Lanús. Tandil fue una de las plazas elegidas para esta serie de conciertos con los que el artista decidió acercarse a su público del interior bonaerense.</p><p>Desde temprano, miles de jóvenes y familias se acercaron al club para vivir una noche cargada de expectativa. Con una puesta en escena potente y una banda en vivo que combinó rock, rap y sonidos urbanos, Wos desplegó un espectáculo intenso que hizo cantar y saltar a un estadio colmado.</p><p>A lo largo del recital, el músico repasó temas emblemáticos de su carrera como "Canguro", "Arrancármelo", "Mofeo" y canciones de sus trabajos más recientes, en un repertorio que mantuvo al público conectado de principio a fin. La respuesta de los tandilenses fue inmediata: pogos, coros multitudinarios y una energía constante acompañaron cada interpretación.</p><p>Uno de los pasajes más sorprendentes del recital se produjo cuando Wos realizó una gran demostración de beat box junto a su baterista, en un intercambio rítmico que despertó el asombro y los aplausos del público. La improvisación y la complicidad entre ambos músicos sumaron un momento especial a una noche cargada de energía.</p><p>Como ya es habitual en sus presentaciones, el artista mostró un poco de la habilidad que lo llevó a los grandes escenarios, &nbsp;con una demostración de freestyle sobre una base bien rockera que tuvo explosividad y un mensaje claro en el que Oliva (su apellido real) expusó su visión sobre el mundo, y sobre todo, sobre la actualidad del país.&nbsp;</p><p>La llegada de Wos a Tandil había sido anunciada semanas atrás y generó gran expectativa. Las entradas se vendieron rápidamente, confirmando el interés del público local por ver en vivo a uno de los artistas más convocantes del país.</p><p>La presentación en Unión y Progreso no solo significó el debut del artista en la ciudad, sino también una noche histórica para miles de fanáticos que pudieron disfrutar por primera vez de su música en vivo sin salir de Tandil.</p><p>Con el estadio repleto y una conexión permanente con el público, Wos dejó una actuación memorable y ratificó por qué es uno de los nombres más importantes de la escena musical argentina actual.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Wm8lemfY-tmSUI_xrMGi6P2aWTQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/05/wos.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Con un show de alto impacto, repasó sus grandes éxitos, protagonizó una notable demostración de beat box junto a su baterista y generó una fuerte conexión con el público tandilense.]]>
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                                <category term="zip" label="ZIP!" />
                <updated>2026-05-09T18:30:06+00:00</updated>
                <published>2026-05-09T12:56:40+00:00</published>
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            La Unicen será sede de dos jornadas académicas sobre internacionalización universitaria
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                <![CDATA[El Eco de Tandil]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pBhX0Gl1VmjP8Pb_-eeSg5JxWhk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2024/04/campus_universitario.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (Unicen), en conjunto con el Centro Científico Tecnológico Conicet, llevará adelante las “Jornadas Internacionales 2026: Desafíos y Herramientas de la Internacionalización Universitaria”, que se desarrollarán los días 7 y 8 de mayo en el Campus Universitario de Tandil.</p><p>La propuesta, organizada por las facultades de Arte, Ciencias Económicas, Ciencias Exactas, Ciencias Humanas y Ciencias Veterinarias, tiene como objetivo generar un espacio de encuentro, intercambio y proyección destinado a fortalecer los procesos de internacionalización dentro de la comunidad universitaria.</p><p>Durante ambas jornadas se realizarán charlas, paneles y talleres enfocados en temáticas clave como la movilidad académica, la conformación de redes de cooperación, las oportunidades de financiamiento internacional y la certificación de idiomas, entre otros ejes relevantes.</p><p>El evento está dirigido a estudiantes, docentes, investigadores e investigadoras, así como también al personal no docente, con el propósito de promover una participación amplia e inclusiva de todos los sectores de la universidad.</p><p>En el marco de las actividades programadas, se destaca la realización del encuentro “Programas de internacionalización y cooperación científica – Conicet”, que contará con la participación de Agustina Salvati, coordinadora de la Oficina de Cooperación Internacional de la Gerencia de Desarrollo Científico y Tecnológico del organismo. La actividad se llevará a cabo el viernes 8 de mayo a las 9:30 y será transmitida en vivo a través del canal de YouTube de la Facultad de Ciencias Exactas.</p><p>Desde la organización señalaron que las jornadas “buscan consolidar un ámbito de diálogo e intercambio de experiencias que contribuya al fortalecimiento de las estrategias de internacionalización de la Unicen”.</p><p>La inscripción se encuentra abierta y puede realizarse a través de un formulario online disponible en la página web de la Unicen (www.unicen.edu.ar).</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pBhX0Gl1VmjP8Pb_-eeSg5JxWhk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2024/04/campus_universitario.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El encuentro se desarrollará los días 7 y 8 de mayo e incluirá charlas, paneles y talleres sobre movilidad académica, cooperación y financiamiento internacional.]]>
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                                <category term="educacion" label="Educación" />
                <updated>2026-05-04T15:35:06+00:00</updated>
                <published>2026-05-04T12:22:48+00:00</published>
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            El Instituto Agrotecnológico Tandil celebra 20 años consolidado como referente de la formación agroindustrial en la región
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                <![CDATA[María Paula Rodriguez]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lBFRrDOaNUD9fXEL07anLVuewtY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/instituto_agrotecnologico_tandil_13_03_26_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El Instituto Agrotecnológico Tandil (IAT) se encuentra atravesando un momento de profunda satisfacción al cumplir sus primeros 20 años de vida. Lo que comenzó como un proyecto ambicioso en la década de los 90, bajo el amparo de la Ley de Educación Superior que permitía la creación de colegios universitarios, se ha consolidado hoy como un referente ineludible de la formación técnica superior en la región. Para conmemorar este hito, la comunidad educativa se reunió en un acto protocolar que buscó ser tan emotivo como reivindicativo de la historia agraria local.</p><p>En diálogo con este Diario, el director de la institución, Álvaro Cobo, realizó un recorrido por la trayectoria del instituto, desde aquellos primeros pasos administrativos hasta el presente de expansión académica. "En el instituto en este momento estamos transitando una forma de tener mayor complementariedad con la escuela secundaria. Estamos en una especie de proceso para integrarnos cada vez más y de esta manera, tener una oferta educativa agrícolaganadera fuerte vinculada al sector agroindustrial", explicó y remarcó la importancia de la sinergia entre los distintos niveles de enseñanza que conviven en el predio de la Escuela Granja.</p><p>Dos décadas de evolución y compromiso</p><p>La historia del IAT está marcada por la persistencia. Aunque la creación formal data de 2004, fue en 2005 cuando se designó al primer equipo directivo liderado por Guillermo Martignoni. Tras un proceso de concursos docentes, las clases iniciaron efectivamente en marzo de 2006, fecha que la institución adoptó como su verdadero punto de partida. En aquel entonces, la oferta se limitaba a dos carreras: la Tecnicatura Superior en Promoción y Desarrollo en Emprendimientos Agropecuarios y la Tecnicatura Superior en Industrias Agroalimentarias.</p><p>Con el paso de los años, el diseño curricular se fue adaptando a las demandas de un sector productivo en constante transformación. La carrera de agroalimentos mutó hace dos años hacia la Tecnicatura Superior en Alimentos, buscando una actualización acorde a la dinámica actual. A esta oferta se sumaron hitos recientes: en 2023 se abrió la Tecnicatura Superior en Agroecología y, el año pasado, la de Técnico Superior en Biotecnología. "De esta manera tenemos las cuatro ofertas en este momento que marcan el crecimiento que tiene el instituto en el aspecto académico a lo largo de estos 20 años", destacó Álvaro Cobo.</p><p>Actualmente, el IAT cuenta con una matrícula de 145 estudiantes, una cifra significativa que refleja el interés por las ciencias agrarias. Según detalló el director, la carrera más elegida sigue siendo la de Promoción y Desarrollo de Emprendimientos Agropecuarios, aunque Biotecnología ha mostrado un crecimiento exponencial en el último ciclo lectivo. Este interés no es solo local; el IAT se ha convertido en un polo de atracción para jóvenes de toda la zona de influencia de Tandil.</p><p>Un polo regional con fuerte arraigo</p><p>Uno de los datos más reveladores de la composición del alumnado es su procedencia. La mayoría de los estudiantes no son oriundos de Tandil, sino que llegan desde localidades como Gonzales Chaves, Rauch, Ayacucho, General Madariaga, Las Flores, Laprida y Benito Juárez. También se registra presencia de alumnos de Juan N. Fernández, de la zona de Barker y Gardey. Esta diversidad geográfica ha impulsado la revitalización de la residencia propia del instituto, que hoy alberga a 11 residentes que conviven en el predio, recuperando una tradición cultivada por la Escuela Granja.</p><p>Respecto a la inserción laboral, Álvaro Cobo señaló que la demanda es tan alta que, en ocasiones, se convierte en un desafío para la terminalidad educativa. Muchos alumnos son tentados por el mercado laboral antes de finalizar sus tres años de estudio.</p><p>En tanto, al evaluar la inserción laboral de los graduados, expuso que "muchos chicos vuelven a trabajar en los emprendimientos familiares con nuevas ideas, con nuevas formas de poder pensar la producción. Esta interseccionalidad entre las generaciones permite que se entramen muy bien en las producciones familiares", explicó el director. Asimismo, empresas del sector demandan permanentemente perfiles para desempeñarse como encargados de campo o técnicos en plantas agroalimentarias.</p><p>Infraestructura de vanguardia</p><p>A diferencia de lo que podría suponerse de una institución de gestión estatal provincial, el IAT cuenta con instalaciones de primer nivel. Esto fue posible gracias a la gestión de préstamos no reembolsables destinados a la educación superior técnica no universitaria, que permitieron la construcción de los módulos uno y dos, además de laboratorios de productos terminados y una panadería modelo. La aparatología disponible es, en algunos casos, única en la ciudad, lo que permite a los alumnos realizar prácticas con tecnología que luego encontrarán en las empresas más avanzadas del sector.</p><p>Estas instalaciones son compartidas con la Escuela Granja, reforzando la idea de una comunidad educativa unificada que aprovecha las 290 hectáreas del predio para la experimentación en áreas agrícolas, ganaderas y de agroecología. La vinculación con el sector privado también es clave; por ejemplo, actualmente, el IAT articula con el Municipio y empresas como Rural Ceres para ofrecer capacitaciones en tractorismo de última generación, acortando la brecha tecnológica entre la formación académica y la realidad del campo.</p><p>El sueño de la unidad integrada</p><p>El horizonte del IAT está puesto en la consolidación de un proyecto educativo que trascienda las divisiones administrativas. El anhelo de la conducción actual es formalizar un circuito que abarque desde la educación secundaria hasta la formación profesional de alta calidad. En este sentido, Álvaro Cobo fue enfático al expresar la visión a largo plazo de la institución.</p><p>"Nuestro anhelo, y hacemos mucha fuerza para que esto suceda, es que al fin y al cabo se pueda constituir una unidad integrada, en la cual no solamente esté la escuela secundaria, que esté el Instituto Agotecnológico, sino que también haya un centro de educación agraria, centro de capacitación con una formación de alta calidad y de esa manera, tener todo un circuito armado de una oferta de educativa tanto en la educación formal como en esa educación que es tan necesaria que tiene que ver con la capacitación y la formación de personas vinculadas claramente a los distintos elementos que tiene el mundo agrícola ganadero", expresó.</p><p>Esta visión de integralidad busca potenciar el sentido de pertenencia. Aunque actualmente solo un pequeño porcentaje de los egresados de la Escuela Granja continúa sus estudios en el IAT, el director destacó que quienes lo hacen aportan una identidad y un amor por la institución que contagia al resto de sus compañeros. El objetivo es que el crecimiento de un nivel beneficie directamente al otro, entendiendo que ambos forman parte de un mismo ecosistema productivo y social.</p><p>Homenaje a los pioneros</p><p>El acto no fue solo una mirada hacia el futuro, sino también un reconocimiento necesario a quienes forjaron los cimientos del instituto. Se destacó la figura de Guillermo Martignoni, quien lideró el proceso fundacional y generó lazos indestructibles con la comunidad tandilense. La actual gestión se ha propuesto retomar y fortalecer esos vínculos institucionales que son el motor del crecimiento de la matrícula y la oferta académica.</p><p>La celebración incluiyó presentaciones audiovisuales que mostraron la transformación edilicia y productiva de las casi 300 hectáreas que conforman el predio. Será un momento para el reencuentro entre antiguos alumnos, docentes jubilados y miembros de las cooperadoras que, con su esfuerzo, han sostenido la estructura del instituto a lo largo de estas dos décadas. “A nosotros este aniversario nos encuentra en una etapa de crecimiento, de consolidar el trabajo que otras personas estuvieron transitando por 20 años", concluyó Álvaro Cobo.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lBFRrDOaNUD9fXEL07anLVuewtY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/instituto_agrotecnologico_tandil_13_03_26_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Con un acto central este viernes, la institución festeja dos décadas de vida. Su director, Álvaro Cobo, analizó el presente de una matrícula que crece, la modernización de sus laboratorios y el sueño de conformar una unidad académica integral en el predio de la Escuela Granja.]]>
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                                <category term="campo" label="Campo" />
                <updated>2026-05-04T12:05:06+00:00</updated>
                <published>2026-05-04T09:31:58+00:00</published>
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            “Hablemos a tiempo” llamó a involucrarse ante el acoso escolar
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        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/la-ciudad/hablemos-a-tiempo-llamo-a-involucrarse-ante-el-acoso-escolar" type="text/html" title="“Hablemos a tiempo” llamó a involucrarse ante el acoso escolar" />
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                <![CDATA[Martín Rosito]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/a88UIgotYnp23X9z79QGv3JvCrg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/05/charla_bullying_3_5_26_6.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La Dirección de Juventud organizó el festival "Hablemos a tiempo" en la Casa de las Juventudes, en el marco de las actividades por el Día Nacional contra el Acoso Escolar, que se conmemora cada 2 de mayo. Jóvenes y adultos se acercaron en una tarde que contó con tramos de sol que hicieron más amena la estadía a pesar de la baja temperatura típica de la época otoñal. El clima no fue un factor determinante en la convocatoria de vecinos que se hicieron presentes en el predio de 11 de Septiembre y Machado.</p><p>La actividad desarrolló una grilla musical que acompañó la presentación destacada de Paola Zabala, referente de la Comunidad Anti Bullying Argentina. Desde las 15 se presentaron referentes del rap y el hip hop local. Posteriormente, cerca de las 16.30, se subió al escenario El Síndrome de la Desatención. Tras la charla de la especialista, cerró la jornada Toboganes a Marte con una presentación que se extendió hasta las 19, cuando ya la noche había ganado el cielo tandilense.</p><p>La realización de este festival, un día después de la fecha oficial del Día Nacional contra el Acoso Escolar, refuerza la necesidad de mantener el tema en la agenda. El acoso escolar no es un fenómeno aislado, sino una problemática estructural que requiere el compromiso de toda la comunidad. La idea de “Hablemos a tiempo” es que los jóvenes encuentren lugares seguros donde expresar sus inquietudes y fortalecer los lazos de compañerismo.</p><p>La actividad también contó con una nutrida presencia de funcionarios en el predio de la Casa de las Juventudes. Matías D’Eramo, director de Juventud, fue el anfitrión de un evento que convocó a Juliana Teerink, directora de Desarrollo Humano y Hábitat; Agustina Goñi, directora de Política de Género y Diversidad Sexual; y Lucía González, directora de Discapacidad y Adultos Mayores. También, minutos antes de la presentación de Zabala, el intendente Lunghi arribó al predio.</p>“Vino para quedarse”<p>Matías D’Eramo, director de Juventud, dialogó con El Eco sobre la organización del festival y la importancia del trabajo con los jóvenes en la concientización sobre las consecuencias del bullying. “Surgió la idea de generar más espacios de encuentro entre jóvenes y adultos”, explicó el funcionario sobre el motivo por el que se gestó la actividad.</p><p>A la hora de referirse al bullying, D’Eramo sostuvo que “el acoso escolar y en todos sus aspectos es algo cotidiano de la sociedad. Así que decidimos hacer algo abierto al público, no solo charlas como hacemos en instituciones y demás, sino abierto al público y la verdad es que estamos teniendo una linda convocatoria. La idea es encontrarnos, concientizar, detenernos a pensar en el día a día y en las cosas que a veces se dicen mal o se hacen mal”.</p><p>La parte artística del evento contó con la colaboración de productoras como Lunático y Fresco, las cuales fueron destacadas por el director de Juventud. “La cultura es todo hoy en día, las bandas son las que convocan a los mayores, los chicos, y esos encuentros culturales son los que nos dan el público que nosotros hoy necesitamos para poder ejecutar la charla”, resaltó.</p>Jóvenes y adultos se dieron cita en “Hablemos a tiempo”.<p>Respecto a la presentación de Zabala, indicó que se trata de una profesional que recorre la provincia ad honorem y que “tiene un profesionalismo en el tema que me sorprendió y me di cuenta de que la manera de transmitir es muy fácil de entenderlo”. Por esta razón destacó que la charla brindada estuvo dedicada a todas las edades y aportó herramientas para poder ejecutarlas en el día a día.</p><p>Por último, D’Eramo aseguró que “Hablemos a tiempo vino para quedarse. Es un programa que nosotros queremos sostener durante el año y el año que viene continuarlo”. Agregó que la idea es que este sea el puntapié de un programa donde buscarán realizar capacitaciones tanto a docentes como a padres y alumnos. “Tenemos mucha proyección con Hablemos a tiempo y dentro de poco ya vamos a estar lanzando la programación”, concluyó.</p>“Si todo es bullying, nada es bullying”<p>Paola Zabala fue la presentación principal en el festival que duró casi cuatro horas. La especialista eligió una postura cercana con los presentes: bajó del escenario, se sentó sobre el césped e invitó a todos a formar un semicírculo a su alrededor para llevar adelante la charla.</p><p>El inicio fue interactivo, con un “experimento social” para exponer cómo la memoria es selectiva a la hora de los recuerdos de la etapa escolar. “La memoria selecciona y clasifica específicamente aquellos hechos que se vinculan con nuestra vida, que fueron significativos para nosotros. Aquellos hechos que tienen que ver con personas que son significativas y también los hechos que nos hicieron sentir alguna emoción importante como enojo, amor, dolor, alegría o tristeza”, señaló.</p>Paola Zabala junto a Matías D'Eramo.<p>Al referirse al bullying, subrayó que deja una huella en la vida de los jóvenes que muchas veces se arrastra de manera inconsciente en la edad adulta con daños en la autoestima. “Se ha banalizado mucho el término bullying y lo aplicamos a muchas situaciones de la vida. Si todo es bullying, nada es bullying", sentenció Zabala, quien definió al concepto como un tipo de violencia en donde existe una asimetría de poder entre quien hostiga y quien es hostigado.</p><p>La actividad cerró con otra interacción con los presentes, realizando un ejercicio de miradas a los ojos entre desconocidos. Esta dinámica generó la concientización de lo importante que es no ser indiferente a lo que sucede al lado de cada persona. “No hay que desviar la mirada cuando hay un caso de bullying. No miremos hacia otro lado”, solicitó Zabala tras el segundo ejercicio con el que cerró su presentación.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/a88UIgotYnp23X9z79QGv3JvCrg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/05/charla_bullying_3_5_26_6.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En la Casa de las Juventudes, especialista destacó la importancia de no ser indiferentes ante la violencia en las aulas.]]>
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                                <category term="la-ciudad" label="La Ciudad" />
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                <published>2026-05-04T05:00:00+00:00</published>
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            Hablemos a Tiempo: un festival para visibilizar y combatir el bullying en la Casa de las Juventudes
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                <![CDATA[El Eco de Tandil]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/YpKgxYoFgL2z22S3EON5eJRUSpM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2022/08/casa_de_las_juventudes_04_08_5.JPG" class="type:primaryImage" /></figure><p>En el marco de las actividades por el Día Nacional contra el Acoso Escolar, que se conmemora cada dos de mayo, se llevará a cabo una propuesta integral denominada Hablemos a Tiempo. Este festival por la convivencia busca visibilizar y reflexionar sobre las violencias en los entornos educativos, un problema que afecta de manera directa a millones de niños y adolescentes en todo el país. La cita tendrá lugar este domingo en la Casa de las Juventudes, ubicada en 11 de septiembre 1538, con una agenda que combina el debate académico con expresiones artísticas y culturales.</p>        Ver esta publicación en Instagram            <p>Una publicación compartida por Dirección de Juventud Tandil (@juventudtandilok)</p>
<p>La iniciativa surge como una respuesta necesaria para que el respeto y la empatía se conviertan en los protagonistas de los vínculos juveniles. Según informaron los organizadores, la jornada comenzará a las 15 con una apertura dedicada al rap en vivo, un género que históricamente ha servido como canal de expresión para las problemáticas sociales y las vivencias de los jóvenes en sus barrios y escuelas. Posteriormente, a las 16:30, será el turno de la banda El Síndrome de la Desatención, que subirá al escenario para continuar con la propuesta musical de la tarde.</p>La palabra de los especialistas y la reflexión colectiva<p>Uno de los momentos centrales del festival ocurrirá a las 17:30, cuando se realice la charla abierta titulada “El bullying no es cosa de chicos”. La misma estará a cargo de la especialista Paola Zabala, referente de la Comunidad Anti Bullying Argentina. Esta instancia de formación y diálogo está pensada para que tanto jóvenes como adultos puedan adquirir herramientas que permitan identificar y abordar situaciones de acoso de manera temprana y efectiva. La presencia de Paola Zabala en la ciudad no se limitará únicamente a este evento, ya que este lunes, desde las 14, participará de una entrevista en Cultura Zip, el programa de streaming de El Eco, para profundizar sobre estas temáticas.</p><p>El cierre de la jornada estará marcado por un regreso muy esperado a los escenarios locales. A las 18, la banda Toboganes a Marte será la encargada de poner el broche de oro al festival. La agrupación, reconocida por su trayectoria, se suma a esta causa para acompañar el mensaje de convivencia a través de su música. Además de los shows principales, el público podrá disfrutar de diversas opciones de gastronomía y otras actividades recreativas dispuestas en el predio de la Casa de las Juventudes.</p>Un compromiso con la convivencia escolar<p>La realización de este festival, un día después de la fecha oficial del Día Nacional contra el Acoso Escolar, refuerza la necesidad de mantener el tema en la agenda pública de manera constante. El acoso escolar no es un fenómeno aislado, sino una problemática estructural que requiere el compromiso de toda la comunidad. Espacios como Hablemos a Tiempo permiten que la información circule y que los jóvenes encuentren lugares seguros donde expresar sus inquietudes y fortalecer los lazos de compañerismo.</p>        Ver esta publicación en Instagram            <p>Una publicación compartida por Municipio de Tandil (@municipiodetandil)</p>
<p>Desde la organización destacaron que la entrada es libre y gratuita, invitando a todas las familias y grupos de amigos a acercarse para compartir una tarde de reflexión y esparcimiento. La propuesta busca transformar la Casa de las Juventudes en un punto de encuentro donde la música y la palabra sirvan como motores de cambio social frente a la violencia en las aulas.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/YpKgxYoFgL2z22S3EON5eJRUSpM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2022/08/casa_de_las_juventudes_04_08_5.JPG" class="type:primaryImage" /></figure>Con el objetivo de promover el respeto y la empatía en los vínculos escolares, este domingo se realizará un evento gratuito que contará con la presencia de la especialista Paola Zabala y el cierre musical de Toboganes a Marte.]]>
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                <updated>2026-05-06T15:25:07+00:00</updated>
                <published>2026-05-03T14:15:34+00:00</published>
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            La rentabilidad de los sueños
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                <![CDATA[Ignacio Segonds]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MN5xXHwL6qeJEFpTkpJZR-uNfgU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/04/suenos.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>i usted le pregunta a un niño qué quiere ser de grande, podrá vislumbrar en el brillo de sus ojos el reflejo de mundos fascinantes y desconocidos. Verá en esas pequeñas pupilas el destello de galaxias azules, palacios enormes y tesoros enterrados. Son planetas lejanos, universos perdidos dónde aún no se han inventado los alquileres, ni las cuentas, ni los fracasados. Es el mundo dibujado en el afiche del salón, donde todas las personas tienen la misma sonrisa y unen sus manos para darle la vuelta al globo. Ese mundo lo dibujó Paula, la seño de arte. Los chicos le dicen que cuando sean adultos, como ella, van a poder hacer lo que siempre quisieron. Que aprenderán a tocar la guitarra, a escribir canciones y pintar cuadros. Que serán grandes inventores, deportistas, veterinarios, magos y bomberos.</p><p>Paula vuelve de la escuela en colectivo, con los ojos fijos en la calculadora del celular. Las matemáticas nunca fueron su fuerte, pero nadie escapa de los números. Escribe con timidez el valor de su sueldo y le resta los gastos fijos de existir. La cuenta da en negativo. Cierra la calculadora y abre Marketplace, donde tiene en venta su micrófono desde hace más de una semana. No hay mensajes nuevos. Rebaja el precio al mínimo posible, nada más y nada menos que lo necesario para llegar a fin de mes. Bloquea el celular y mira por la ventana. Aquel no es el mundo que ella dibujó.</p>13:08TítContenido<p>Los niños no sueñan, ellos habitan aquel espacio mágico donde todo es posible. Somos los adultos quienes conservamos sólo un leve residuo onírico de aquellos campos de ideas extravagantes. Hemos sido expulsados del edén, y destinamos toda nuestra energía a sobrevivir en este desierto materialista. Anhelamos la estabilidad económica porque necesitamos comer todos los días y dormir bajo un techo; y ambas cosas están muy lejos de ser gratis. Pero confundimos estabilidad con éxito. La realidad es que ese éxito es, muchas veces, el nombre que le ponemos a una renuncia bien pagada. El sistema nos obliga a justificar nuestra existencia a través del rendimiento y la productividad. Nos pide que dejemos nuestros sueños más profundos en un baúl hasta olvidarlos, o hasta sentirlos tan ajenos que parezcan los delirios de un niño inocente. Quizás en algún momento de la vida, cuando todo lo “importante” se haya resuelto, podremos ascenderlos al título de hobbie, y dedicarles algunas horas a la semana. En otras palabras, ponemos una lápida de mármol sobre algo que solía estar vivo para poder visitarlo en nuestros tiempos libres, si es que la rutina nos da permiso. Usted verá que, al final del día, habremos construido una casa perfecta, eficiente y bien iluminada, pero sin rastros de magia.</p><p>Nos enseñaron a volvernos expertos en la higiene del instinto; desinfectamos la vida de cualquier dejo de asombro infantil hasta que solo queda la cruda y aséptica realidad. Con la precisión de un cirujano que extirpa un órgano, vamos amputando de nuestra agenda cualquier gesto que no produzca un resultado material. De esta manera, separamos nuestras pasiones de nuestras obligaciones y las ubicamos bien lejos entre sí, para no mezclarlas. La rutina se convierte en una constante espera bajo la promesa de que llegará un momento más adecuado para retomar aquellas fantasías. Un momento utópico al final del camino, donde habrá más tiempo, más dinero y más ganas para afrontar el gasto de perseguir nuestros sueños. Así, morimos esperando.</p><p>Afortunadamente, algunas personas han comenzado a sospechar que los sueños no son algo que debe perseguirse, sino una parte constitutiva de lo que somos. Intuyen que aquellos no son sólo proyectos inalcanzables, volando lejos, como pájaros exóticos que deben ser avistados. En cambio, son los materiales que componen la brújula del alma. Mejor aún, algunos han demostrado que también pueden encarnarse en oficios. Entonces ya no es una o la otra: trabajar o soñar. Ahora quizás exista la posibilidad de que ambas puedan integrarse dentro de los mismos planes. Sus corazones no entienden cuál será el sentido de vivir posponiendo los proyectos que motivan cada uno de sus latidos. No encuentran ninguna renta en liquidar lo que uno es para poder pagar lo que uno debe ser. Desconfían de soportar un trabajo para poder costear pequeñas migajas de disfrute. Han descubierto que cuando las obligaciones y el propósito coinciden en la misma rutina, y en el mismo esfuerzo, la felicidad deja de ser un gasto para convertirse en un capital. Un capital inmaterial, invaluable e innegociable. Los sueños, entonces, son una gran inversión.</p><p>De todos modos, usted sabe que nadie se salva de pagar las cuentas. Habitar los sueños brinda capital emocional, pero no siempre es la opción que más dinero produce. Aquellos obnubilados por sus sueños buscan formas de ganar los fondos necesarios para cubrir los gastos y materializar sus visiones. Por supuesto que tienen miedo, de eso no tenga dudas. La diferencia es que estas personas no han resignado sus sueños para hacer más dinero y tener así menos miedo, sino que buscan la manera de conseguir el dinero suficiente para poder seguir viviendo su sueño.</p><p>Además, algunos enfrentan la tiranía de la opción perfecta. Se resisten a resignar sus ilusiones y entregarse a la mediocridad de cumplir, pero se debaten entre una infinidad de caminos posibles y la incertidumbre los abruma. Han elegido escuchar lo que dice su corazón, pero para seguirlo deben traducir esas palabras al idioma material y económico. Más allá de las dudas, de los ingresos, de los aciertos y los fallos; ya están avanzando en la dirección correcta. Ninguna cantidad de dinero puede pagar la deuda con nosotros mismos si elegimos acallar nuestra voz interior.</p><p>La seño Paula vuelve a su casa mirando por la ventana del colectivo. Aquel no es el mundo que ella dibujó, pero sus sueños siguen intactos. Vende el micrófono para poder llegar a fin de mes y no dejar de pagar las salas de ensayo con su banda. Vienen tocando todos los fines de semana en los bares de Tandil; y hace unos días les escribió una productora para invitarlos a tocar en un festival importante. Tienen que estar bien preparados. A la tarde aprovecha y da clases particulares de guitarra, con eso suma algo más para pagar la sala. Juli, la alumnita, le pidió a su mamá que compre entradas para ir a escucharla en el festival, dice que ella también sueña con armar una banda. La seño Paula, lejos de las matemáticas, siente que cada día le va mejor. Sus pies y su corazón van por el mismo camino. &nbsp;</p><p>Yo agregaría que, así como no hace falta perseguirlos, los sueños no necesitan “alcanzarse”. No hay una línea de llegada donde nos reciban con aplausos y laureles para decirnos “felicidades, lo ha alcanzado, puede dejar de correr”. Soñar es, en cambio, una forma de vivir. Cuando uno se mueve guiado por el deseo de no ser un extraño para ese niño que alguna vez fue, ya ha cumplido su sueño. Lo está cumpliendo en cada paso. Usted nunca conocerá a ningún apasionado que no sea feliz. Cualquiera sea su profesión, cualquiera sea su ingreso. Aquellos que vibran con lo que hacen sienten que la vida los atraviesa y el día no les alcanza. Esperan ansiosos las horas venideras igual que un niño en vísperas de su cumpleaños. Porque cuando la pasión es el motor, uno ya no vive para perseguir o alcanzar un sueño, sino que vive dentro de él, y transforma cualquier tarea en trazos de su propia libertad.</p><p>Por último, usted verá que la gran mayoría elige perfeccionar moldes ajenos, caminando por senderos marcados sin considerar si sus sueños caben en el presupuesto de esa vida. Sin embargo, en secreto, esperan que los soñadores nunca se extingan; porque en este mundo que se vuelve gris de tanta productividad, ellos son los únicos que todavía conservan los pinceles.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MN5xXHwL6qeJEFpTkpJZR-uNfgU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/04/suenos.webp" class="type:primaryImage" /></figure>i usted le pregunta a un niño qué quiere ser de grande, podrá vislumbrar en el brillo de sus ojos el reflejo de mundos fascinantes y desconocidos. Ver...]]>
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            Declararon de interés municipal la jornada Clean Up Joven Tandil
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                <![CDATA[El Eco de Tandil]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/la-ciudad/declararon-de-interes-municipal-la-jornada-clean-up-joven-tandil">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yz1oYWQNzA8Cunr1OJI0AUPXD_A=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2024/12/dique_lago_del_fuerte_dron.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El “Clean Up Joven Tandil”, una propuesta socioambiental impulsada por la organización Impacta (Jóvenes que dejan huella), fue declarado de Interés Municipal, en un reconocimiento oficial a su impacto en la promoción del cuidado ambiental y la participación juvenil en la ciudad.</p><p>La iniciativa, que convoca especialmente a estudiantes secundarios, tiene como objetivo la limpieza y recuperación de espacios naturales, promoviendo además la concientización sobre la problemática de los residuos. En ese marco, desde la organización destacaron que el reconocimiento fortalece el trabajo en red, la educación ambiental y el compromiso de las nuevas generaciones.</p><p>Según se informó, la próxima jornada se llevará a cabo el 14 de mayo en la zona del Dique y Lago del Fuerte, uno de los principales espacios públicos de Tandil. Allí, los participantes desarrollarán actividades de sensibilización, recolección de residuos y clasificación de materiales, en línea con una metodología que busca generar impacto ambiental, educativo y social.</p><p>La propuesta forma parte de un movimiento que apunta a involucrar activamente a los jóvenes en la protección del entorno, promoviendo hábitos responsables y el trabajo colectivo. Además, permite a las instituciones educativas visibilizar su compromiso con la sustentabilidad a través de acciones concretas.</p><p>En la ciudad, este tipo de iniciativas ya ha mostrado resultados positivos en experiencias previas de limpieza en el Lago del Fuerte, donde estudiantes lograron recolectar importantes cantidades de residuos y generar conciencia sobre el impacto ambiental en espacios públicos.</p><p>Con este reconocimiento, el Municipio puso en valor una propuesta que combina educación, participación y cuidado del ambiente, y que continuará desarrollándose con nuevas jornadas abiertas a la comunidad educativa local.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yz1oYWQNzA8Cunr1OJI0AUPXD_A=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2024/12/dique_lago_del_fuerte_dron.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>La iniciativa ambiental protagonizada por jóvenes fue reconocida por el Municipio y tendrá una nueva jornada el 14 de mayo en el Dique y Lago del Fuerte.]]>
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                                <category term="la-ciudad" label="La Ciudad" />
                <updated>2026-04-30T00:25:05+00:00</updated>
                <published>2026-04-29T19:06:22+00:00</published>
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            Más de 12.000 jóvenes participaron de la Experiencia Endeavor Sub 20
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        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/nacionales/mas-de-12000-jovenes-participaron-de-la-experiencia-endeavor-sub-20-con-la-presencia-de-maria-becerra" type="text/html" title="Más de 12.000 jóvenes participaron de la Experiencia Endeavor Sub 20" />
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                <![CDATA[El Eco IA]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/nacionales/mas-de-12000-jovenes-participaron-de-la-experiencia-endeavor-sub-20-con-la-presencia-de-maria-becerra">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BCENp5JWOjH17kGmWNs5BmW85F4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/04/maria_becerra.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Los alrededores del Movistar Arena vivieron una jornada atípica con la llegada de más de 12.000 jóvenes de colegios públicos y privados de distintos puntos del país. El motivo del encuentro fue una nueva edición de la Experiencia Endeavor Sub 20, un ciclo de charlas organizado por la Fundación Endeavor, orientada a potenciar el ecosistema emprendedor en la Argentina.</p><p>Desde las primeras horas de la mañana, el recinto se vio colmado por estudiantes que, entre buzos de egresados y linternas de celulares, escucharon los testimonios de figuras relevantes del ámbito empresarial y tecnológico. Entre los oradores se destacaron Martín Migoya, presidente de Endeavor Argentina y cofundador de Globant; Alejandro Vázquez, cofundador de Tiendanube; Ariel Sbdar, de Cocos; y la reconocida cantante María Becerra.</p><p>La apertura estuvo a cargo de Julia Bearzi, directora ejecutiva de Endeavor, quien alentó a los presentes a considerar el emprendedurismo como una opción viable en el país.</p><p>“Es posible emprender desde Argentina, y ustedes también pueden. Eso es lo que queremos que se lleven hoy y lo que queremos sembrar en cada uno de ustedes”, expresó la directiva.</p><p>&nbsp;</p>El valor del esfuerzo y la tecnología<p>Durante su intervención, Martín Migoya hizo hincapié en que el éxito está estrechamente ligado a la dedicación personal.</p><p>“El talento es un atajo para alguien que se esfuerza mucho. Siempre decimos ‘este chico es muy inteligente’, pero la pregunta que viene después de eso es cuánto se esforzó y cuánto hizo para que sea distinto”, señaló el empresario.</p><p>En relación al avance de la inteligencia artificial, el ceo de Globant brindó una perspectiva optimista, asegurando que esta tecnología elevará el trabajo humano sin reemplazar su esencia. Asimismo, en diálogo con LA NACION, destacó que el mercado interno muestra signos de recuperación, convirtiéndose en un lugar más amigable para quienes deciden iniciar sus propios proyectos.</p><p>Por su parte, Alejandro Vázquez compartió su trayectoria en Tiendanube y resaltó la importancia de la acción constante.</p><p>“Emprender es animarse a empezar, avanzar sin tener todo resuelto y entender que siempre es ‘día uno’”, afirmó ante la multitud de jóvenes.</p>Historias de innovación<p>El evento también dio espacio a nuevos talentos como Cereigido, fundador de Ato, un dispositivo con inteligencia artificial diseñado para acompañar a adultos mayores. El joven emprendedor, que actualmente trabaja desde Silicon Valley, explicó cómo la soledad de su abuelo lo inspiró a crear esta solución tecnológica.</p><p>Finalmente, la cantante María Becerra cerró el encuentro con un mensaje reflexivo sobre la realidad social del país. Durante su participación, la artista se refirió a la situación de los adultos mayores y manifestó que “un jubilado no debería seguir laburando”, dejando una huella de conciencia social entre los miles de adolescentes presentes.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BCENp5JWOjH17kGmWNs5BmW85F4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/04/maria_becerra.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Estudiantes de escuelas públicas y privadas de todo el país se reunieron para escuchar historias de superación e innovación de referentes del ecosistema emprendedor nacional.]]>
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                                <category term="nacionales" label="Nacionales" />
                <updated>2026-04-29T12:35:06+00:00</updated>
                <published>2026-04-29T12:31:02+00:00</published>
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            Crónica de una urgencia colectiva
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        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/bajo-la-superficie/cronica-de-una-urgencia-colectiva" type="text/html" title="Crónica de una urgencia colectiva" />
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        <author>
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                <![CDATA[Ignacio Segonds]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/bajo-la-superficie/cronica-de-una-urgencia-colectiva">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/fq-ZY3LeHKoXPxWjne-NADWQPdk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/04/cronica_de_una.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Abril guarda recuerdos de su abuela en una reposera en la vereda. Dice que son memorias de un tiempo que ya no existe, de cuando era chica, cuando las tardes eran naranjas y el vientito olía a jazmines. Me cuenta que ayer intentó volver ahí. Dejó el celular lejos, apagó el televisor y se llevó una reposera a la puerta de la casa. Intentó respirar y relajarse, pero unas hormigas transparentes le caminaban por las piernas. Se fue enseguida. ¿Guardaste la reposera antes de irte? Fue lo único que le pregunté. Claro, dice. Mientras habla se muerde una uña. Mueve el dedo para encontrar el ángulo correcto entre los dientes, y corta con las paletas. Veo con dolor ajeno como arranca el borde libre y lo escupe.</p><p>A Julián lo conocí en los recreos de la facultad. El cigarrillo es parte de su mano. Lo fuma desesperado, como si el aire lo asfixiara y cada pitada fuera oxígeno para seguir vivo. Le desaparecen entre los dedos. Cada vez que exhala humo hace un suspiro ruidoso, que es una mezcla de resignación y cansancio. Cuando te mira se le nota el caos atrás de los ojos, cuando no habla se le escuchan los ruidos del pensamiento. Pasa cerca y se siente el olor a pólvora de la guerra que lleva adentro. Fumá tranquilo, le digo.</p><p>A mi lado se sienta una chica que se llama Sol. Su pierna se mueve durante toda la clase. Es un rebote automático, constante. La rodilla sube y baja, sube y baja, como el pistón de una máquina que no fabrica nada. Algunas veces se da cuenta de que lo está haciendo y apoya su mano para frenarla, pero el movimiento le trepa a los dedos y empieza a dar golpecitos rítmicos con las yemas. En la otra punta del aula, la rodilla de Thiago sube y baja al mismo tiempo, con el mismo pulso. &nbsp;</p><p>Juana acaba de tener el mejor mes de su vida. Mañana empieza su taller de dibujo y se anotaron un montón de chicos. Además, se puso de novia con un pibe excelente que conoció hace unos meses y todo avanza bien. Por cada cosa que me dice, arquea las cejas y asiente con la cabeza. Lo cuenta como si le hubiese pasado a otro. ¿Y por qué esa cara? Le digo. Porque nunca tuve tanto miedo. ¿Miedo a qué? A perderlo todo.</p><p>Ezequiel, en cambio, no tiene nada que perder. ¡Qué libertad! Patear el tablero y largarse a viajar. Todas sus pertenencias entran en una mochila. Nunca se queda quieto. Desayuna en bosques frondosos, almuerza en capitales fascinantes y cena frente al mar. Llevás la vida en las manos, le digo. Arrastro una tonelada de miedo, dice. ¿Miedo a qué? A perderme.</p><p>Con Franco no se puede hablar, porque sólo habla él. Lo conozco hace tiempo y sé que es un gran chico. Lo de él es involuntario. No puede soportar la erupción de palabras que se amontonan hirviendo en su boca, y necesita decirlas todas lo antes posible. Yo le suelto pequeñas frases inconclusas para motivarlo a interrumpirme y que siga desahogándose. Cuando habla escupe gotitas de saliva. Le agrega más y más palabras a una oración que no termina. Su boca cambia de forma como una llama al viento. En sus ojos avergonzados se dibujan las disculpas de quien no puede controlarlo. Te escucho, le digo.</p><p>Martina está acostada pero no descansa. La pantalla del celular le proyecta un fantasma celeste sobre la cara. Su párpado late como un pequeño corazón. Recorre las mismas dos aplicaciones una y otra vez. Un loop inconsciente entre el ruido de los videos y el silencio de sus mensajes. Sabe que no habrá nada nuevo. Espera que el sueño le gane por la fuerza. No quiere cerrar los ojos mientras siga despierta. Cuando se duerme, el brillo sigue prendido.</p><p>Fausto se despierta sobresaltado y desactiva las cinco alarmas que puso. Convive todo el día con la sensación de que olvida algo muy importante. Me dice que es un nudo de trapo entre la garganta y el pecho. Que intenta tragarlo pero no se va. Esperamos juntos el colectivo. Saca su celular pero está sin batería. Resopla. Me pregunta la hora. Después mira los autos, los carteles, el cielo, los adoquines y, al cabo de unos segundos, vuelve a buscar la pantalla apagada. Sus ojos rebotan buscando un motivo para su alerta. Encuentra el colectivo a lo lejos y prepara la tarjeta. Lo dejo subir primero.</p><p>Sofía vuelve a su casa caminando después de juntarse con amigas. Pensó en pedir un remis, porque no trajo los auriculares, pero ya es mucho gasto y son pocas cuadras. Afronta el camino a secas, sin más soundtrack que el crujido de los pasos. Juega a no pisar las líneas del suelo. A la segunda cuadra, comienza a pensar que sus amigas parecían un poco enojadas. Juana estaba rara y Martina no la saludó con un beso. Además el otro día se juntaron solas. Apura el paso. Se rasca el cuello y queda un mapa de rayas rojas. Capaz que sus amigas se cansaron de ella y no saben cómo decírselo. Pisa las líneas.</p><p>Daniel mira por la ventana de un onceavo piso. No puede dormir sin whisky. Aquel es, sin dudas, un hermoso departamento, con muebles de roble y aparadores de cristal. Me invita porque no soporta el silencio. Los almohadones del sillón están hundidos por el uso, aunque nunca lo vi sentado. Siempre está de pie mirando hacia afuera. Agita el vaso que sostiene y los hielos tintinean al mismo ritmo que la pierna de Sol. Sus ojos no se despegan de esa ventana. Abajo la ciudad, las habitaciones iluminadas sobre el cielo violeta. &nbsp;Incluso cuando me habla, evita mirar para adentro. Sonríe y repite lo mismo una y otra vez. ¿Ves? Ellos tampoco pueden dormir.</p><p>Ignacio debe escribir una columna. Quizás no tiene idea de cómo se escribe y simplemente logró engañar a todos. Sostiene cigarrillos en dedos sin uñas. Mueve la pierna al ritmo del párpado. Traga el nudo y mira el celular. La gente está apurada, asustada, igual que él. No hay reposeras en la vereda. Se respira la tensión de una sala de espera. La vida es algo que debe resolverse.</p><p>¿Conoce usted a alguien que esté libre de ansiedad?</p><p>Mire a su alrededor y encontrará a Ezequiel, a Juana, a Franco. Quizás usted es alguno de ellos. ¿Siente el pulso nervioso que nos conecta a todos? En lo profundo de nuestras cabezas suena la misma alarma. Por eso nos asusta quedarnos en silencio. Escuche cómo descargamos esa electricidad con espasmos involuntarios rítmicos, coordinados: es la orquesta de la intranquilidad.</p><p>Tal vez sea una invitación a la empatía. Estamos parados sobre un pozo surgente donde la preocupación brota líquida. A nadie le pertenece el charco y, sin embargo, todos tenemos los pies en el barro. Nos inundaremos juntos.</p><p>Querido lector, la falta de conclusiones es parte del tema. Hemos caminado a la par por los caminos del lenguaje; y ya hemos vuelto al principio. Verá que estos jardines son siempre circulares. Ahora usted retomará su vida en el mismo lugar que la dejó, sin más recompensa que algunas imágenes. Lamento decirle que ha perdido el tiempo, y como bien sabe, estamos llegando tarde.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/fq-ZY3LeHKoXPxWjne-NADWQPdk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/04/cronica_de_una.webp" class="type:primaryImage" /></figure>"Estamos parados sobre un pozo surgente donde la preocupación brota líquida. A nadie le pertenece el charco y, sin embargo, todos tenemos los pies en el barro. Nos inundaremos juntos". Una mirada sobre la ansiedad por parte de Ignacio Segons. O Niño Neo.]]>
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                                <category term="bajo-la-superficie" label="Bajo la superficie" />
                <updated>2026-05-09T16:11:14+00:00</updated>
                <published>2026-04-26T04:00:00+00:00</published>
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            Radiografía de la juventud bonaerense: informalidad laboral e interrupción del ciclo educativo
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        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/provincia/radiografia-de-la-juventud-bonaerense-informalidad-laboral-e-interrupcion-del-ciclo-educativo" type="text/html" title="Radiografía de la juventud bonaerense: informalidad laboral e interrupción del ciclo educativo" />
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                <![CDATA[El Eco de Tandil]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/provincia/radiografia-de-la-juventud-bonaerense-informalidad-laboral-e-interrupcion-del-ciclo-educativo">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/JsVL8Lb41rSlyWtMENwNkUKAeus=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/empleados_de_comercio.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El 75% de los tres millones de jóvenes bonaerenses de entre 18 y 29 años no realiza estudios terciarios y atraviesa una inserción al mercado laboral marcada por la informalidad. Los datos surgen de una investigación de la Unidad de Género del Ministerio de Economía de la provincia de Buenos Aires, que indica que esta situación retrasa la emancipación y provoca que seis de cada diez convivan aún con sus padres.</p><p>El informe, titulado “Jóvenes bonaerenses en Foco”, tuvo como objetivo "identificar las desigualdades de género y las barreras sociodemográficas que condicionan la autonomía económica" de este sector de la población. Los resultados exponen una persistente brecha de género: el porcentaje de mujeres que no estudia ni trabaja (27,1%) casi duplica al de los varones (17,6%).</p><p>Asimismo, las mujeres duplican a los hombres en cuanto al tiempo diario dedicado a tareas de cuidado no remuneradas, con un promedio de cinco horas y 46 minutos frente a las dos horas y 26 minutos de los varones. Otro dato central es que solo el 15% logra compatibilizar el trabajo con los estudios, ya que las condiciones del primer empleo suelen obturar la continuidad educativa.</p>El "efecto cicatriz" y la precariedad<p>El nivel educativo sigue siendo un reflejo de la situación económica. El informe revela que tres de cada diez jóvenes no terminaron el secundario, cifra que asciende a cuatro de cada diez en el quintil de ingresos más bajos. Esta población ingresa prematuramente al mercado en puestos de baja calidad, lo que genera un "efecto cicatriz".</p><p>"La evidencia de que las experiencias tempranas de desempleo e informalidad actúan como un penalizador estigmatizante que reduce las posibilidades de acceder a empleos de calidad y mejores salarios en la vida adulta", se señala en el documento oficial.</p><p>El estudio señala que el comercio es el principal rubro de inicio laboral, con un índice de informalidad del 60%. En contraste, sectores más formalizados como salud, educación y la administración pública tienden a contratarlos menos.</p><p>Finalmente, la falta de autonomía se vincula a la inestabilidad laboral y al difícil acceso al mercado inmobiliario, con alquileres que aumentaron por encima del 400% desde enero de 2024. En la franja de 25 a 29 años, el 46,9% aún permanece con sus padres, cifra que llega al 50% en el caso de los varones.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/JsVL8Lb41rSlyWtMENwNkUKAeus=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/empleados_de_comercio.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Un estudio del Ministerio de Economía reveló que el 75% de los jóvenes en la provincia de Buenos Aires no realiza estudios terciarios y enfrenta altos niveles de precariedad laboral.]]>
                </summary>
                                <category term="provincia" label="Provincia" />
                <updated>2026-04-15T11:59:47+00:00</updated>
                <published>2026-04-15T11:59:44+00:00</published>
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            El duelo de la postal
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        <link rel="alternate" href="https://www.eleco.com.ar/bajo-la-superficie/el-duelo-de-la-postal" type="text/html" title="El duelo de la postal" />
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        <author>
            <name>
                <![CDATA[Ignacio Segonds]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eleco.com.ar/bajo-la-superficie/el-duelo-de-la-postal">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pR9uyDYQY2Kmf5rSFcVRI9IZaEE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/04/el_duelo_de_la_postal.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>En Tandil no nos conocemos todos. Mire a esta gente apurada, ajena. Observe las obras que avanzan, escuche a los hombres que piden. A la ciudad con uno de los mayores crecimientos urbanos del país, algunas prendas ya le quedan chicas y algunos conflictos aún le quedan grandes. Nosotros, sus habitantes, todavía estamos aprendiendo a tratarla como nos pide: no como el pueblo dócil, predecible e ideal que soñamos, sino como la ciudad adolescente en que se ha convertido. Entre el ruido y las nuevas caras, atrás de los problemas y los cambios, está la esperanza.</p><p>Si se encuentra en Tandil y levanta la vista, lo más probable es que vea sierras en el horizonte. Ahora imagine que, así como usted las mira, las sierras lo miran a usted. Recuerde que ya estaban justo ahí hace dos mil millones de años. Se formaron antes que la capa de ozono, cuando el aire no se respiraba y los mares ardían. Por tanto, vieron nacer el cielo. Todo lo que conocemos pasó frente a ellas mientras los vientos y el agua se llevaban sus sedimentos y redondeaban sus puntas. En silencio, inmutables, imponentes ¡Qué viejas serían ya cuando los Puelches llegaron! Sintieron tal vez cosquillas cuando esas personas les caminaron el cuerpo por primera vez. Las tribus agradecían sus piedras como refugio y sus plantas como alimento. No querían cambiarles nada.&nbsp;</p><p>Pero luego vieron llegar a otras personas, que se instalaron a sus pies y construyeron un fuerte. Trajeron sus propias semillas y encerraron a los animales. Esta gente también valoraba sus piedras, pero las necesitaban allá abajo. Debían arrancarlas, picarlas y llevárselas para construir calles y llenar vagones que iban hacia quién sabe dónde. En un parpadeo de las sierras, la colonia humana comenzó a expandirse en todas las direcciones. Las cumbres observaron mudas cómo la mancha iluminada avanzaba sobre los pastizales como aceite derramado.&nbsp;</p><p>El avance espantó a los ciervos, a los pumas y cubrió los arroyos a su paso. Cada vez más personas llegaban y se sumaban a la estampida. En su milenaria vigilia, las sierras nunca habían imaginado el estruendo de la dinamita. Quizás sintieron dolor al quebrarse sus rocas y ver los enormes huecos que quedaban. Habrán visto anonadadas a nuestros pequeños cuerpitos llevándose más cantidad de piedra en una semana que la erosión en miles de años. Pero el crecimiento no se detuvo, sino que aceleró. Cuando la marea de casas se desbordó, las orillas urbanas treparon las sierras. Desde entonces, las olas golpean sus pies y salpican cada vez más edificios a sus laderas. Frente a todo eso está usted, lector, cuando las contempla. Esas piedras estaban acá antes y seguirán ahí cuando ya no estemos. Mírelas bien y dígame si no siente que ellas también pueden observarlo.</p><p>Dejemos de lado el time-lapse ilustrativo, bajemos de las sierras a la plaza del centro, y volvamos a la actualidad. Sabemos por el último censo que nuestra ciudad creció más de un 20% en los últimos años. Tandil recibe aproximadamente cinco personas nuevas por día. Sin embargo, más allá de las frías estadísticas y de las graves consecuencias que esto supone en términos de urbanización (tema que dejaremos a los expertos), los vecinos enfrentan otro duelo: la ruptura de su imaginario tandilense.&nbsp;</p><p>No es fácil asimilar el cambio de las cuadras donde crecieron, aceptar que tal vez no es este el Tandil que esperaban, pero sí el que tenemos. En las veredas hay ahora casas sin historia y caras sin apellido. La claridad del pueblo se borronea por la niebla del anonimato. Ya no sabemos quién es, qué hace ni qué hizo. Incluso a veces no podemos siquiera encontrar un conocido en común. Esto puede desconcertar a los Nacidos y Criados en Tandil (NyC), acostumbrados a reconocerse entre ellos y a los comentarios de boca en boca vecinales.&nbsp;</p><p>El crecimiento poblacional aún no ha logrado desinstalar de nuestras cabezas la idea de Tandil como una pequeña y tranquila ciudad, donde la calma se confunde con monotonía. Una idea que probablemente heredamos de nuestros padres y que viene desde los fundadores de la ciudad. Creemos saber lo que pasa, pretendemos conocer al resto. Nos convencimos de ya haber descubierto lo que se esconde en las calles y ya no salimos a explorarla. Mientras tanto, nuevas personas llegan todos los días desde distintos lugares y se integran a la convivencia. Las casas se transforman en edificios y los autos hacen filas. Los que tienen poca conciencia y mucho dinero construyen sus casas en las sierras en un intento por escapar de la creciente densidad y que sus patios les recuerden el Tandil del pasado. Quienes estamos presenciando el cambio, esquivamos con la vista los andamios y ladrillos para buscar ese fondo de piedra y plantas que aún está ahí, atemporal, abrazándolo todo.</p><p>Por su parte, los recién llegados habitan la ciudad sin darle mayor importancia a los mandatos pétreos. No pretenden encajar en ningún molde heredado y desconocen cualquier código de linajes. Frecuentan los lugares de su propio interés y se relacionan con gente afín. Para ellos, Tandil tiene la magia de una hoja en blanco. Por suerte, el ruido que trajeron ha dificultado los circuitos del rumor que estaban tan aceitados en la antigua ciudad. El movimiento ha revuelto las aguas estancadas, derrumbó las normas establecidas y dejó obsoleta cualquier jerarquía social. La multitud en movimiento se resiste a ser señalada con el dedo. Aquellos pequeños dejos de prosapia aristocrática han quedado en los sueños del granero del mundo, en una época de elegancia prestada, en los ecos de un pueblo encerrado dentro de cuatro avenidas que quería maquillarse de Europa. En el nuevo Tandil, el tribunal de saquitos de té y tazas de porcelana que sostenía el “pueblo chico, infierno grande” se diluye entre las nuevas masas que no conocen a nadie. Una ciudad de extraños es una ciudad donde todos somos igualmente aceptados.</p><p>A su vez, propio de esta adolescencia urbana, hay que aceptar que la ciudad no responda como antes. El Tandil donde “nunca pasa nada” ha sido alcanzado por la realidad. Lo soñado ha bajado a tierra. De nada sirve negarlo. Cuando la población se desarrolla más rápido que la ciudad, mucha gente queda fuera del sistema. Es momento de reconocer que dejar una moto afuera o una puerta sin llave conlleva un innegable riesgo de robo. Quizás crucemos también vendedores ambulantes en las cafeterías del centro. Lamentablemente, los brazos de esta ciudad joven aún no pueden abrazar a todos. Con lo bueno y con lo malo, el carácter local muta e instala nuevas tendencias, pide nuevos espacios y propone nuevos desafíos.</p><p>Nuestra sociedad se ha vuelto más heterogénea y, por lo tanto, más libre. Ahora es importante generar espacios culturales, laborales y de opinión que capten a la diversa totalidad de personas y generen sentido de pertenencia. Necesitamos encontrar pegamentos sociales que conecten a los que estaban con los que llegan. No bastan los lugares y eventos genéricos, propios de un pueblo o ciudad chica, para incluir a los nuevos integrantes a la vida social. Las nuevas búsquedas deben contemplar una variedad de voces e intereses más amplia y específica para adaptarse al crecimiento demográfico. Aquella vida social ya no es única, homogénea ni delimitable.&nbsp;</p><p>Que algo o alguien sea de Tandil ha dejado de ser un motivo suficiente para definirlo. Las cosas no ocurren en un solo lugar a la vez, sino en simultáneo, por lo que hay más de una opción para todo. Es entendible que al NyC esta vorágine lo tome por sorpresa. Pero cuando logre actualizar su imaginario local, cuando cambie la forma en que imagina su ciudad y deje ir esa postal ideal de aldea serrana, volverá a enamorarse. Verá una ciudad con novedades y problemas, pero moderna, cambiante y culturalmente frondosa.</p><p>El crecimiento representa sin dudas una ventaja para Tandil. Las ciudades que se mantienen estáticas están condenadas a morir lentamente entre el polvo y los recuerdos. Sus habitantes pierden el interés y dejan de descubrirla. Los eventos se vuelven repetitivos y el suelo cultural se erosiona. Los discursos pierden diversidad y lo desconocido no encuentra chances para irrumpir y cambiar las mentalidades. Es cierto que la familiaridad genera confianza y cooperación, pero la falta de anonimato fomenta los prejuicios.&nbsp;</p><p>Una ciudad en crecimiento es una ciudad rebelde, que se mantiene joven y dinámica. Esa inyección de diversidad permite cuestionar paradigmas antiguos y hacer florecer ideas. Por supuesto, exige un buen plan de ordenamiento y una correcta adaptación. Abajo de las casas que derrumban y los complejos que levantan, siguen los mismos caños y las mismas cloacas. A nosotros nos toca visualizar el nuevo Tandil y transitar el cambio de idiosincrasia. Cuando logremos unificar los viejos y nuevos sectores bajo una misma identidad tandilense, compartiremos el ocio de la misma forma que las problemáticas y la heterogeneidad será nuestra fortaleza.</p><p>A quienes hemos nacido y crecido acá, estos vientos de cambio nos devuelven algo valioso que habíamos perdido: el misterio. No sabemos qué se ofrece ahí afuera, no conocemos a nadie y nadie nos conoce. Es una excelente noticia. Podemos salir a caminar por el centro y dejarnos sorprender por las propuestas, buscar la que más nos represente y simplemente entrar. Tal vez vestirnos de cosplay y jugar un juego de rol en el café de Yrigoyen, donde encontraremos colegas que irán a hacer lo mismo. O bien disfrutar de una performance de Drag en el Teatro Bajo Suelo, o un show de trap local en algún bar del centro, un café literario, una fiesta de dancehall, y otros eventos de lo más específicos. Lo interesante es que podemos descubrirlo. Pruebe prescindir de algún plan típico entre conocidos para darle un tiempo a recorrer y conocer espacios nuevos, tal como se hace en las grandes ciudades. Le prometo que Tandil no va a decepcionarlo.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pR9uyDYQY2Kmf5rSFcVRI9IZaEE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/04/el_duelo_de_la_postal.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Que algo o alguien sea de Tandil ha dejado de ser un motivo suficiente para definirlo. Las cosas no ocurren en un solo lugar a la vez, sino en simultáneo, por lo que hay más de una opción para todo.]]>
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                <published>2026-04-12T03:00:00+00:00</published>
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            Fuera del prompt: la soberanía del error
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                <![CDATA[Ignacio Segonds]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/rEGgNl7YhojYFLUgRJAlgQhk1BA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/04/fuera_dle_prompt.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>¡La IA puede hacerlo! Tome asiento y relájese mientras observa el fin del testimonio digital. Las fotos ya no encierran luz del pasado, los textos no necesitan manos. Ni siquiera usted, lector, puede asegurar que estas palabras sean las de una persona y no las de una máquina. Hemos invitado voces artificiales a nuestro palacio de pantallas y ya no sabemos quién nos habla. En el inmenso océano discursivo, tiramos botellas con cartas manchadas de puño y letra para reconocernos entre humanos.</p><p>Antes que nada, para evitar desconfianzas enunciativas, prometo no ser una inteligencia artificial. Escribo estas oraciones con mis dedos, despeinado. Tardo un buen rato en escribir. Tecleo, lo borro, me distraigo con algo, voy, vengo y escribo otra vez. Puede confiar en mi palabra si le digo que estos párrafos están hechos al mejor modo “artesanal”. Lo inquietante, lector, es que ni usted ni yo tenemos una forma de demostrarlo. A mí ninguna gambeta sintáctica me permitiría eliminar al 100% las chances de ser un robot; y a usted ninguna gambeta le bastaría para evaporar la sospecha. Sin embargo, por este canal sigue todo igual: un enunciador, un enunciatario y un mensaje.</p><p>Hay que reconocer que el monopolio del grafismo lo mantuvimos los humanos durante varios miles de años. Incluso los neandertales ya dejaban marcas simbólicas en las cuevas. Desde aquellas precarias formas de discurso, hasta el fervor comunicativo actual, las personas encontramos medios para grabar nuestra existencia en el mundo. Hoy, la historia se inscribe diariamente a través de unidades discursivas digitales, ya sea en fotos, videos, texto, ubicación o mensaje. Estos registros tienen la ventaja de no sufrir ninguna corrosión por el paso del tiempo. De hecho, están libres de cualquier desgaste físico. De esta manera, mientras los pigmentos de los frescos se erosionan y los vinilos se rayan, nuestra historia digital es incapaz de envejecer. Los hijos de nuestros hijos podrán ver nuestros perfiles de Instagram en alta definición.</p><p>Pero al igual que Alejandro Magno pensó que era una buena idea centralizar todos los datos del mundo en una sola biblioteca, y murió antes de verla disolverse en llamas; nosotros le confiamos casi toda la memoria de nuestro siglo a servidores y cables submarinos. Descansamos en que nuestros datos flotan seguros en una nube e ignoramos los campos de data centers consumiendo agua en el ártico. Un pulso electromagnético de gran escala podría bastar para freír esos servidores. Lo que pensamos como etéreo y atemporal está en realidad hecho de metal y necesita cuidados diarios para seguir existiendo.</p><p>Como si esto fuese poco, incluimos a nuestro bullicio comunicacional el invento de inteligencias artificiales. Conocen la totalidad de los datos, pueden crear imágenes, videos y guiones, saben programar, redactar e imitar tonos persuasivos o irónicos. Podría incluso pedirle “Haceme una columna para el diario que hable sobre la inteligencia artificial y el fin del testimonio digital, que sea interesante y lúcida”, y luego pedirle que la haga otra vez pero “que parezca que la escribió Jorge Luis Borges” o bien “que sea imposible detectar que la hizo una IA” y así infinitamente. En cada caso, me daría una respuesta en segundos y, al cabo de algunos intentos, obtendría un texto completo mejor logrado que este mismo. Cualquier unidad de sentido está a sólo un prompt correcto de ser replicada artificialmente. Toda forma de discurso que esté en internet, sea de origen humano o sintético, va a parar a los mismos centros de almacenamiento por igual. La gran biblioteca digital no tiene clasificaciones. Personas y robots compartimos las mismas cajas de recuerdos. Mientras ellos buscan cómo emularnos mejor, nosotros queremos dejar marcas de dedos en las cosas que creamos.</p><p>Lamento decirle, lector, que aún no somos conscientes de cuántas de las cosas que leemos, vemos o escuchamos han sido fabricadas con este motor artificial. No caben dudas acerca de su eficiencia e inmediatez, dos virtudes primordiales para el sistema. Pero, al menos hasta el día de hoy, la mayoría de los usos de la inteligencia artificial necesitan de una persona que lo guíe, lo corrija y lo gestione. Es decir, todavía es un parásito de la cultura humana. Ese es su talón de Aquiles. Se ha alimentado durante años de nuestra información y se perfecciona constantemente para imitarnos. Pero su desarrollo anhela un propósito opuesto al de nuestro espíritu: la utilidad. En su búsqueda por servir, la inteligencia artificial fórmula respuestas exhaustivas y prolijas, imágenes nítidas y opiniones conciliadoras. No crea, sino que promedia. Todo lo que genera es lo más probable, lo más aceptable, lo que no ofende ni sorprende. Mientras tanto, algunas personas, asqueadas de la perfección aséptica, se agarran de las contradicciones, las fallas, las pasiones y la suciedad como la última prueba de humanidad. Abrazan lo roto como recordatorio de que no somos un cálculo, sino un accidente.</p><p>Personalmente, aún confío en el error como decisión estética. Últimamente, también lo considero un acto de soberanía. Los jóvenes estamos saturados de productos “artísticos” que, debido al interés comercial, se han estandarizado al punto de volverse estériles. Lo prolijo, lo armónico y lo transparente ya no conmueve a nadie. No hay ninguna magia en la pulcritud técnica y los acabados “profesionales”. Un ritmo pegadizo, una voz afinada con exactitud, un videoclip en ultra HD, un vestuario acorde y una campaña de promoción organizada. Todo esto genera cierto rechazo a las nuevas generaciones que desconfían de la autenticidad del proceso creativo. Ya han descubierto que el circuito del arte mainstream ha sido invadido y colonizado por las métricas del dinero. En cambio, buscan refugio en la cultura trash. Lo caótico, lo feo y lo deforme los representa más que lo simétrico y limpio. Después de todo, eso no puede ser producido en serie, ni recreado por una IA.</p><p>Como consecuencia de esta realidad desdibujada, surgen las nuevas vanguardias de lo roto. Artistas que exageran las manchas humanas de la obra para opacar el sentido y evitar caer en una función modélica. Buscan excluirse de las lógicas de mercado y volverse ilegibles para el algoritmo. Reivindican la producción independiente y romantizan la no masividad. Estas vanguardias se oponen a la hipercomunicación a través de la indiferencia, la resignación y la expresión abstracta. En la escena musical, por ejemplo, nuevos artistas como AgusFortnite2008 y Stiffy, ambos nacidos después del 2004, cantan lo siguiente en el onceavo track de su disco llamado Murió la música:</p><p>“El rock murió hace treinta años / Viejo rockero, estás jubilado / Ya no sos rebelde, sos un nabo / Es que el rock ya está quemado / Ya estás viejo y pelado / ¿Para qué tocar una guitarra? / Pongo un type beat y lo bajo / ¿Para qué quiero una partitura? / ¿Qué es una partitura?” (2024).</p><p>La armonía instrumental y las líricas solemnes se reemplazan por un caos de sonidos y una ensalada de frases irreverentes. La virtuosidad musical pierde importancia, pero el error humano se vuelve valioso. El mensaje es claro: si ya todo está hecho, sólo queda romper. La explosión de estas nuevas tendencias es un signo claro de la saturación y el desdén nihilista que enfrenta la Generación Z. En estas canciones los insultos, las repeticiones y el rechazo a la perfección técnica son decisiones que validan la naturaleza mortal de esa identidad digital y permite diferenciarlas de las producciones artificiales que sólo persiguen rendimiento y exactitud.</p><p>Los jóvenes suelen acercarse a estas obras fingiendo un consumo irónico, dado que no son capaces de señalar ninguna característica “bella” reconocible. Pero es justo esa carencia lo que les produce la experiencia estética. Esto puede ser moneda corriente en el ámbito de las redes sociales, pero, al observar las presentaciones en vivo de estos artistas, vemos que se encuentran repletas de gente saltando desaforada, en su mayoría menores de 18 años. El fenómeno ha superado los límites digitales. Ese chico que está saltando en el pogo no se está riendo del artista, sino que se está riendo con él. Está disfrutando de algo real en un mundo de simulacros. Aquel consumo irónico, entonces, no es más que un escudo temporal frente a las críticas del “buen gusto”. Porque si bien lo irónico atraviesa la obra de punta a punta, no hay nada de ironía en su consumo. El espectador disfruta y comparte genuinamente esa sátira.&nbsp;</p><p>La pregunta es: ¿Cuánto tiempo tardará el sistema en etiquetar y reproducir industrialmente las nuevas tendencias? O bien, ¿cuánto tiempo le llevará a la IA poder generarlo? El antiesteticismo y antimarketing también construyen una estética y una fórmula en sí mismos. Por lo tanto, también pueden ser replicados. A medida que estos chicos crezcan y pasen a formar parte de la población económicamente activa, los analistas de mercado encontrarán una forma de adaptarse a sus intereses. Esto siempre y cuando los servidores de los data centers no se pulvericen antes.&nbsp;</p><p>Finalmente, es cuestión de tiempo que la cultura trash deje de ser suficiente para identificarnos. Seguimos acumulando una historia digital que no envejecerá. Un océano infinito de información, donde la presencia humana será indistinguible de la artificial. Para ese entonces, sospecho que tendremos que volver a poner el cuerpo. Regresaremos quizás a las manos y las lapiceras, a las charlas cara a cara y a la música en vivo. Creo que la carne en movimiento será nuestra tierra firme cuando nos ahoguemos en códigos binarios. Para su tranquilidad, lector, algo que nunca podrá hacer ninguna IA es equivocarse de verdad, con el peso y la mugre que eso implica. Podrá intentar imitar los fallos, pero nunca sufrirlos. No logrará copiar estas líneas dubitativas, las palabras que borré, ni los errores que sobrevivan.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/rEGgNl7YhojYFLUgRJAlgQhk1BA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/04/fuera_dle_prompt.webp" class="type:primaryImage" /></figure>¡La IA puede hacerlo! Tome asiento y relájese mientras observa el fin del testimonio digital. Las fotos ya no encierran luz del pasado, los textos no...]]>
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            Dogmas de bolsillo y dioses de pantalla
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                <![CDATA[Ignacio Segonds]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ubXYkxBsD7fOMdksKWSRkPUONR0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/dogmas_de_bolsillo.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Dios no ha muerto, se ha escondido atrás de los píxeles. En plena era de la información, los fieles abandonan las iglesias al rezo de ¡Espiritualidad sí, religión no! Las nuevas generaciones han derribado los muros institucionales en su búsqueda por llenar el vacío programado. Eligen creer, pero las doctrinas religiosas resultan demasiado estrictas para la sociedad del multitasking. En cambio, se sirven de la góndola espiritual productos que llevan los nombres de prácticas milenarias, pero en versión descartable y light. Incluso en versión rápida acción. Esto puede mitigar temporalmente el sinsentido, pero ¿cuál es el riesgo de dejar nuestra fe en manos del algoritmo? ¿Encontraremos a nuestros dioses entre tanta banalidad?&nbsp;</p><p>En el último tiempo, las religiones tradicionales, al igual que la mayoría de las instituciones, han sufrido una pérdida de credibilidad. El constante ruido digital ha erosionado los grandes relatos y la sobreinformación nos ha despojado de los dogmas. Nadie parece tener tiempo para dioses con muchas reglas y pocos resultados tangibles. Menos para autoridades de naturaleza humana. La promesa de la eternidad ya no interpela a jóvenes que necesitan todo de inmediato y no tienen interés en detenerse a pensar en la muerte. Aquel infierno abrasador ya no asusta tanto cuando se tiene en frente a las más novedosas y placenteras tentaciones. En otras palabras, cualquiera puede afirmar que las instituciones de fe han perdido popularidad frente a la espiritualidad líquida posmoderna. Hoy podemos hablar de astrología, tarot, numerología, cristaloterapia y bio-hacking sin miedo a que Tomás de Torquemada nos queme en la hoguera. Es más, podemos saltar de una creencia a otra, podemos combinarlas a nuestro gusto y también abandonarlas en cualquier momento. Esta libertad es, por supuesto, indispensable y positiva. Pero hay que tener cierto cuidado, porque el capitalismo salvaje no perdona e incluso las creencias más nobles pueden ser licuadas y empaquetadas como productos de consumo.&nbsp;</p><p>El paso de las religiones institucionalizadas al autoservicio espiritual no indica, como se creyó en algún momento, que nos hayamos vuelto más escépticos. Por el contrario, enfrentamos un vacío profundo e inmaterial, propio de la vorágine contemporánea, que solo puede ser llenado con fe. Anhelamos y perseguimos esa fe, pero no nos detenemos a cultivarla. Imagino que el ser humano siempre ha necesitado de algo superior en lo que creer. Así se levantaron catedrales y se pelearon guerras que tardaron siglos. Pero hoy por hoy, contamos con opciones ilimitadas y menos sacrificadas para llenar ese vacío. Nos lanzamos sin guías, huérfanos, a la búsqueda de alguna nueva creencia que nos dé un norte lo antes posible.&nbsp;</p><p>Lo que sí indica este exilio de los templos es una serie de dificultades propias de nuestra época. Por un lado, la falta de compromiso y la necesidad de resultados inmediatos y visuales. Cada vez menos personas están dispuestas a esperar toda una vida cumpliendo una doctrina para alcanzar algo después de morir. Ese discurso pareciera quedar obsoleto frente a la velocidad contemporánea. Por otro lado, el individualismo voraz. Cada quien busca sus propias respuestas y no necesita compartirlas en comunidad. Solemos aventurarnos en una búsqueda solitaria. Estos signos sociales problemáticos disponen un suelo fértil para el misticismo a la carta. La mayoría de las nuevas creencias ofrecen una respuesta rápida y personalizada. Lo sagrado se mezcla con lo artificial. Las cartas se dan vuelta y nos dan los indicios del futuro que necesitamos, los astros definen nuestra personalidad, el reloj marca las 22:22 y un alivio supersticioso nos recorre el cuerpo.&nbsp;</p><p>De más está decir que todas las creencias tienen sus raíces, sus fundamentos, su estudio y merecen ser respetadas. El problema es que la saturación de opciones nos lleva a “creer” en todas sin conocer realmente ninguna. Evitamos darnos el tiempo necesario para estudiar, comprender e internalizar una creencia antes de adoptarla. En cambio, intentamos saciar nuestra sed de respuestas con la primera opción que aparece. Esta pseudo fe conciliadora está lejos de penetrar en nuestro espíritu. Podríamos llamarle fe fast-food, dado que alivia por un rato el vacío sin hacernos esperar, pero no nos nutre a largo plazo. A su vez, de la misma manera que comemos “sushi” en una franquicia, solemos relacionarnos con la versión simplificada de prácticas milenarias. Las redes sociales nos acercan una versión fácil, rápida y gratuita para todo, incluso para nuestras creencias. ¿En qué creemos entonces? ¿En lo que nos convenga? ¿En lo que se adapte a nuestra situación actual? ¿En lo que nos ofrecen? Considero que, al igual que durante toda la historia de la humanidad, creemos en aquello que nos brinde bienestar. Lo interesante entonces es pensar cómo concebimos el bienestar en la era de la información.&nbsp;</p><p>Mientras escribía esta columna conocí a Felipe en un cumpleaños. Yo me preguntaba si todavía era posible encontrar una verdad que se fundiera con el alma. Él me contó que estudiaba teología porque quería dedicar su vida a servir en su iglesia. Tenemos la misma edad. Abrí grande los ojos y arrastré la silla para sentarme cerca. Le hablé de mi texto e intercambiamos ideas sin juicios, sesgos ni intereses. Confesé que no pertenezco a ninguna iglesia, que mi búsqueda está fragmentada y activa. Durante el tiempo que charlamos, ni una sola notificación hizo sonar nuestros teléfonos. Pude observar en sus ojos la calma de quien ha encontrado sus respuestas. Le pregunté por qué hoy era tan difícil para los jóvenes tener fe en algo. Me dijo:</p><p>&nbsp;"No creo que seamos una generación más atea, los jóvenes creemos mucho. Lo que pasa es que la práctica de esa fe está más diversificada. Somos la generación del 'yo'. Tenemos tanto tiempo para pensar en nosotros mismos que terminamos ensimismados. En ese ensimismamiento, buscamos una fe que nos dé la razón, no una que nos transforme. El ser humano tiende a querer automatizarlo todo. Queremos la 'fórmula' que nos haga el camino fácil. Buscamos calmar la conciencia sin que nos cueste nada. Esto también pasa dentro del marco eclesiástico, hay gente que piensa ‘voy a la iglesia los domingos y listo, Dios me perdona’".&nbsp;</p><p>Esa diferencia se clavó en mi cabeza. La fe que te da la razón versus la fe que te invita a cambiar. Me pareció identificar ahí uno de los rasgos claves para discernir lo real de lo banalizado. Él siguió hablando:&nbsp;</p><p>"El teólogo Dietrich Bonhoeffer habla de la 'gracia barata'. Es esa idea de pensar que somos salvos, que todo está bien, pero olvidándonos del sacrificio. Habría que preguntarle a Cristo crucificado. La gente quiere los beneficios de la fe, pero no quiere la incomodidad de la fe. Cuando vos realmente te encontrás con lo sagrado, te sentís incómodo. Porque te das cuenta de que no sos igual, de que hay cosas en vos que tienen que cambiar. Invita a la humildad. Si tu espiritualidad no te incomoda, probablemente no sea real".</p><p>Me explicó que su fe se cultiva y, al igual que todo cultivo, se trabaja. Me habló de la importancia de generar un tiempo íntimo con su Dios y de la necesidad de delimitar esos momentos. Confesó que él también está atravesado por la cultura de lo efímero.&nbsp;</p><p>"Yo mismo tuve que desinstalar Instagram y YouTube. Me di cuenta de que pasaba una hora o dos mirando reels y después decía: 'Qué manera de perder el tiempo'. Esa sobreinformación te fragmenta, te saca del silencio que necesitás para conectar con tu fe. La constancia en el camino de la fe implica resignar ciertas distracciones y abstenerse de algunos placeres inmediatos"&nbsp;</p><p>Me contó que actualmente vive en una residencia junto a otras veinte personas que estudian lo mismo. Asegura que es el roce con el otro lo que más fortalece su espiritualidad. “Nadie se salva solo”, arrojé yo. Me respondió, sonriendo, “Dios siempre ha buscado un pueblo”.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p><p>Sospecho que al Dios que esté detrás de todo esto le importa poco el nombre de nuestra práctica. Al fin y al cabo, no hemos sido más que humanos intentando entender y nombrar lo divino e incomprensible. Creo que lo que realmente importa no es la etiqueta que elegimos para nuestras plegarias, sino cuidar la integridad del canal por el que intentamos conectar. En esta modernidad líquida, el verdadero desafío es proteger ese espacio sagrado como un refugio frente a la vorágine actual, evitando que se contamine con la lógica productiva inmediata o el ruido blanco de la información.</p><p>Una fe genuina no debería ser un accesorio conciliador que simplemente justifique nuestros actos o nos dé la razón en un post. Debería ser, por el contrario, una brújula que nos incomode y nos empuje a ser mejores. Un ancla que nos sostenga entre tanto movimiento. Si nuestra búsqueda espiritual solo sirve para anestesiar la falta de sentido o apaciguar nuestra conciencia temporalmente, no estamos encontrando una verdad, sino eligiendo otro producto descartable. La verdadera fe, tenga el nombre que tenga, necesita de un tiempo y un lugar particular. Da igual si se sintoniza a través de filosofías ancestrales, de la ortodoxia religiosa o de las corrientes alternativas modernas. Lo que importa es permitirnos disponer de un momento liberado del multitasking donde el silencio sea más fuerte que el algoritmo y donde el encuentro con lo invisible nos devuelva, a su tiempo, una mejor versión de nosotros mismos.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ubXYkxBsD7fOMdksKWSRkPUONR0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/dogmas_de_bolsillo.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Dios no ha muerto, se ha escondido atrás de los píxeles. En plena era de la información, los fieles abandonan las iglesias al rezo de ¡Espiritualidad...]]>
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                <updated>2026-05-09T16:11:14+00:00</updated>
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            La tiranía de la opción perfecta: cuando la libertad nos paraliza
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                <![CDATA[Ignacio Segonds]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/OUV7SktofUnPLIZrzKk8i0opGVY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/la_tirania_de_la_opcion_perfecta.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>¿Querés ser tu propio jefe? Nuestros padres postergaban la búsqueda de su propósito, necesitaban un trabajo, un sueldo y un techo. La escasez de posibilidades simplificaba la toma de decisiones. La necesidad obligaba a ejecutar primero y pensar después. Hoy, la infinidad de opciones y la constante comparación digital han paralizado a los jóvenes. Los 20 ya no son el inicio de la vida adulta, sino una etapa de prueba infinita donde nada parece ser lo suficientemente definitivo. En la espera de la oportunidad perfecta, nos olvidamos de la ejecución necesaria. Quien no pueda elegir un camino y sostenerlo, se volverá esclavo de su duda.&nbsp;</p><p>Es sábado por la mañana y los cafés del centro de Tandil rebosan de pantallas y caramel macchiatos. En las mesas se ven jóvenes con la mirada fija en el brillo de sus laptops, craneando el proyecto que los va a salvar, el emprendimiento disruptivo que los sacará de la Matrix. Hay una atmósfera de ambición suspendida, una urgencia por el éxito que convive con una quietud física casi total. Mientras tanto, en los talleres de las afueras o en las obras del centro, los oficios tradicionales enfrentan la falta de relevo. Tandil, creciente polo tecnológico, pide trabajo y le dan ideas. Pareciera que hoy, a los veintitantos, sentarse a trabajar ocho horas o aprender un oficio manual es visto como un desperdicio de talento, una derrota frente a esa expectativa contemporánea que nos susurra al oído que todos somos demasiado especiales para empezar desde abajo.</p><p>Para nuestros padres, la promesa del progreso modernista todavía estaba vigente. Sostener un mismo trabajo con disciplina, constancia y dedicación permitía imaginar un camino de crecimiento paulatino hacia horizontes optimistas. Confiaban en que el esfuerzo se traduciría mecánicamente en bienestar. Los hogares modestos de nuestros abuelos empujaban a nuestros padres a una adultez precoz sin vacilaciones. Dejar de ser adolescente requería mantenerse y tener un techo propio. Aquellos jóvenes no se preguntaban qué querían ser, sino más bien por dónde empezar a hacer. A su vez, las generaciones previas a la era digital concebían un número acotado de caminos posibles. Antes de Instagram, el espectro de comparación era reducido. De esta manera, algunos de sus pares trabajaban en algún oficio, tal vez el mismo que sus padres, otros estudiaban una carrera tradicional y quizás llegaba el comentario sobre alguno más temerario que optaba por viajar afuera y trabajar en negro. Hasta ahí llegaba lo conocido y, por supuesto, lo posible. Estudiar o trabajar era un dilema razonable. Cualquiera de las dos respuestas obligaba a actuar de inmediato.&nbsp;</p><p>La globalización puso al mundo entero al alcance de nuestras manos. Construimos un laberinto de espejos digitales que nos llevó a vivir desconfiando del sistema. Las redes sociales nos someten a una exposición constante a versiones editadas de otros, a realidades alternativas más productivas y más libres. Consumimos diariamente los logros de vidas que no son las nuestras. Observamos a cada rato los lugares donde no estamos, el reconocimiento que no tenemos. El algoritmo se encarga de que aquellos perfiles hablen sobre lo que nos interesa, trabajen de lo que nos apasiona y muestren lo que añoramos. La comparación digital establece una vara inalcanzable, irreal y sobre todo artificial. Frente a eso, cualquier realidad sabe a poco, y nadie quiere conformarse con menos. El pesimismo posmoderno dinamitó aquella idea de progreso y la convirtió en una ansiedad por la consagración inmediata. Lo que antes era un lento pero estable camino hacia la realización, hoy es una caja oscura que nos atrapa a todos. La única forma de ver la luz, es lograr como sea dar el anhelado “salto”.&nbsp;</p><p>Por otro lado, el éxito se piensa de manera individual y ya no en forma comunitaria. La idea de ser un engranaje funcional para un desarrollo compartido se ha reemplazado por la necesidad de sobresalir y “ganarle” al sistema. En la era de la vitrina constante, el anonimato se siente como un fracaso y la normalidad como una condena. Hemos perdido la capacidad de conformarnos. Perfeccionar un oficio y construir cosas útiles, o cumplir un horario con responsabilidad, sin una marca personal que lo vuelva propio y nos distinga, parece inútil. El individualismo supone que trabajar con otro es trabajar para otro. Nadie quiere ser un carpintero, sino el carpintero que ha inventado esto o aquello.&nbsp; Además, a diferencia de nuestros padres, ya no se proyecta ese éxito dentro de una dimensión local, sino que debe alcanzar al mundo entero. La ciudad de origen se figura como un marco de experimentación que debemos superar, como si el verdadero triunfo necesitase de la validación del afuera.&nbsp;</p><p>Frente a esta realidad saturada, definir un rumbo y lanzarse a manejar la ruta de la adultez se ha vuelto casi imposible. En cambio, vivimos preparando el auto y mirando el mapa. Lo que antes era sólo un dilema, hoy no es siquiera un abanico. Podemos imaginar que la época actual dispone frente a los jóvenes un panel con mil botones: cada uno representa una vida posible, un viaje, una carrera o una versión de “ser tu propio jefe" que se ve mucho más estética y exitosa que trabajar ocho horas y cobrar un sueldo. Pero esta sobreoferta de destinos no nos ha hecho más libres, sino que ha generado lo que podríamos llamar la parálisis de la oportunidad. El miedo a apretar el botón equivocado y perderse de algo mejor nos deja congelados frente al tablero. Elegir un botón obliga a hacer el duelo del resto. En otras palabras, si llevamos a un niño a una juguetería y le damos la libertad de llevarse el juguete que quiera, con la condición de que elija sólo uno, lo más probable es que la cantidad de alternativas lo abrumen y le lleve muchísimo tiempo hacerlo. En lugar de disfrutar su elección, sufrirá por todas las opciones increíbles que tiene a su alcance y debe dejar morir en la estantería. Si logra elegir un juguete, sea cual sea, no podrá evitar compararlo con los otros, porque sus ojos ya han visto la juguetería entera. Los jóvenes scrollean en sus smartphones mientras juegan a planear futuros viajes, emprendimientos, aplicaciones, estudios, posgrados y meetings. Sentados a la espera, dilatando el primer paso como quien posterga una sentencia.</p><p>A su vez, mantenerse en la etapa de evaluar oportunidades y organizar proyectos funciona como una fuente segura de dopamina. Idealizar un emprendimiento previamente a ejecutarlo nos da satisfacción sin riesgos. Tomar acción y ponerse en marcha implica afrontar la angustia del fracaso y la dificultad de sobresalir. Echarse a andar el camino, que está repleto de obstáculos, significa ser golpeado por la realidad. Inconscientemente, nadie quiere aceptar una vida “normal” por el miedo a ser uno más. Sin embargo, es necesario volver a las bases y comprender que el verdadero valor no está en desarrollar un emprendimiento rimbombante ni hallar una idea sin precedentes. Algunas veces, establecer un norte y caminar con decisión puede llenar ese vacío. Ponerse en movimiento suele dar muchas respuestas. Para ser primero hay que hacer, porque a errar y aprender hemos venido. Nadie se baña dos veces en el mismo río y siempre hay tiempo para los cambios.&nbsp;</p><p>Nos hemos vuelto expertos en la teoría del éxito, pero inútiles en la gimnasia de la ejecución. Romantizamos la libertad de no tener horarios, pero terminamos siendo esclavos de una incertidumbre full-time que nos carcome los nervios. Volviendo al pasillo de hotel que ilustré en otra columna, nos quedamos en el umbral de las puertas, evaluando cuál creemos que nos conviene más, sin nunca entrar a ninguna. Debemos entender que la búsqueda de sentido y la ruptura de la estandarización no se resuelven esperando la oportunidad perfecta, se resuelven actuando. Quizás la verdadera rebeldía de nuestra generación no sea emprender algo épico, sino tener el coraje de elegir un camino, aunque sea uno simple, y empezar a caminar.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/OUV7SktofUnPLIZrzKk8i0opGVY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/la_tirania_de_la_opcion_perfecta.webp" class="type:primaryImage" /></figure>¿Querés ser tu propio jefe? Nuestros padres postergaban la búsqueda de su propósito, necesitaban un trabajo, un sueldo y un techo. La escasez de posib...]]>
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            La ventaja de los raros
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/aH2Z2pYsfSkIgLsKvQ0fzosTc24=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/la_ventaja_de_los_raros.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Los niños pueden ser crueles. Por eso, mamá o papá, si su hijo no pertenece a los grupos más populares, si es dejado afuera de los juegos o salidas, si no es como los demás, si el resto de los compañeros ríen de él, o si no logra encajar y sus gustos son diferentes, entonces tiene frente a usted algo muy valioso hoy en día, que debe ser contenido y cultivado: afortunadamente, aún los humanos no se producen en serie.&nbsp;</p><p>En la adultez, uno puede elegir vincularse con gente afín y evitar los lugares y personas con quien no comparte nada. Sin embargo, para los niños, el salón de clases dispone un tablero de juego donde un grupo aleatorio de individuos, con distintos cuerpos y formas de pensar, deben conversar, discutir, reír, pelear, enamorarse y competir. Los grupos sostienen criterios de popularidad que varían según la edad y van desde atributos físicos, como la belleza, la fuerza o la velocidad, hasta cuestiones como el dinero para el recreo y las posesiones novedosas, o bien la madurez adelantada y la trasgresión. Estos grupos entablan amistades, o bien enemistades, comparten salidas y persiguen las modas del momento. Así corren y ríen, gritan y patalean, se burlan y admiran, van y vienen por pasillos y patios mientras sus cerebros continúan formándose y aprendiendo que ahí donde van todos es donde se encuentra la promesa del mañana.&nbsp;</p><p>Sin embargo, al margen de toda esta vorágine comunitaria, en los rincones, silenciosos, están a quienes en este texto llamaremos “Los Raros” y, en contra de su propia naturaleza, los traeremos al foco de atención. Se mueven más lento, sin llamar la atención, en una dirección diferente al resto. Guiados por una voz que proviene de lo profundo de su ser. Una muy propia, calma, que tapa los gritos que indican el camino a los demás. Para los niños, aquello que está al margen, aislado, resistiéndose a perseguir sus precarias normas sociales, es naturalmente tildado de raro. El adjetivo raro se concibe a su vez, en esta etapa, de manera peyorativa.&nbsp;</p><p>Lamentablemente (o no tanto), este tipo de personas “raras” suelen padecer los años escolares. Los chicos que sí han logrado insertarse dentro de los parámetros “normales” para la mayoría suelen despreciar a ese otro segregado. Algunas habilidades favorecen a la popularidad y la aceptación mientras que otras, igual de meritorias, pueden condenar a un niño al bastardeado rincón de Los Raros. Saber patear una pelota no siempre se valora de igual manera que poder hacer dibujos increíbles. Los Raros deberán entonces enfrentar el desdén y las humillaciones de sus pares, sobrevivir a ser desterrados de la fiesta social de las masas para peregrinar recreos en soledad, explorar y regar los jardines del mundo interior. Mamá o papá, he aquí la gran ventaja. Existe una cualidad maravillosa en el hierro que se forja con cada golpe del martillo: su tenacidad, su resistencia a la corrosión y su acabado único. Lo mismo ocurre con el carácter, en tiempos de materiales descartables. En el mundo del rendimiento y la aprobación, cultivar la autoestima desde adentro hacia afuera, prescindiendo de la opinión ajena como forma de validación personal, consiste en una habilidad invaluable. Ser aceptado por las masas requiere muchas veces podar aquel jardín interno que El Raro protege.&nbsp;</p><p>Cortar las flores especiales y autóctonas para reemplazarlas por las que la mayoría tiene en pos de encajar. Permitir que la sociedad defina y moldee la forma de ser, por temor a ser excluido o rechazado, limita la autenticidad.&nbsp;</p><p>En otras palabras, la presión social produce estereotipos a demanda de la época. Mamá o papá, he aquí el gran riesgo: si dejamos que la opinión externa sea la fuente de bienestar, este mecanismo echará raíces en el espíritu. He visto a los niños más populares convertirse en adolescentes inseguros. Hoy son adultos vacíos. Claro está que cada caso es particular y no hay generalización que sirva. Pero también he visto de cerca a los Niños Raros perseguir sus pasiones durante años sin que ninguno de sus compañeros los comprenda. Los he visto tolerar los murmullos burlones y las miradas denigrantes. He visto la fortaleza de su dignidad y la confianza en sí mismos. Los vi luchar, esforzarse y trabajar en silencio. Los vi crecer. Hoy, mamá o papá, son adultos admirables. Han triunfado en ser ellos mismos. Cuando la vida dé vuelta sus verdaderas cartas, el éxito será de aquellos que hayan podido escuchar su voz interior.&nbsp;&nbsp;</p><p>La resiliencia y autenticidad de Los Niños Raros brinda además otra gran ventaja. Con el tiempo, ese margen al que han sido recluidos conformará un espacio ideal para la formación de amistades verdaderas. Cuando un Niño Raro se encuentra con otro, existe un idioma que solo ellos entienden. El vínculo que formen no estará regido por ventajas sociales sino por conexión genuina. Estas suelen ser amistades duraderas y reales</p><p>Afortunadamente, aún los humanos no se producen en serie ni las almas entienden de algoritmos. Mamá o papá, los últimos serán los primeros. Mi consejo es que muestren y ofrezcan a sus hijos las actividades normales, que los fomenten a incluirse en la vida social. No hay nada de malo en eso. Pero si no lo logran, si su corazón les indica otro camino, uno más solitario, uno más raro, no desesperen.&nbsp;</p><p>Hay flores que necesitan más tiempo y espacio. Personalmente, cuando la crisis llegue, cuando las masas no encuentren respuestas y este nuevo mundo se nos venga encima, sospecho que será un Niño Raro quien nos salve a todos.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/aH2Z2pYsfSkIgLsKvQ0fzosTc24=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/la_ventaja_de_los_raros.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Los niños pueden ser crueles. Por eso, mamá o papá, si su hijo no pertenece a los grupos más populares, si es dejado afuera de los juegos o salidas, s...]]>
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            Anestesia social: un refugio de humo
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/9GZ7sd4O5gUwgeL4kgmbrIV2EYA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/anestesia_social_un_refugio_de_humo.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Comenzando ya el año 2026, luego de casi tres décadas inmersos en el siglo de la omnipresencia tecnológica y el placer instantáneo, resulta obvio reconocer que la sociedad ha normalizado las formas de consumo que ofrecen dopamina sin esfuerzo. La satisfacción superficial está al alcance de la mano, atrás de una pantalla o dentro de envoltorios descartables. El consumo ofrece un refugio temporal frente a la productividad constante que el sistema reclama. No hay escrúpulos a la hora de despertar en nuestro cerebro algún mensajero químico que nos enseñe un efímero atisbo de felicidad, aunque se escurra entre nuestros dedos dejándonos con un vacío aún mayor. Estas formas proliferan y mutan, abarcando desde la comida ultraprocesada hasta el contenido digital en formato corto y, por supuesto, las drogas propiamente dichas, entre tantas otras. El sujeto experimenta un vacío, consume sin esfuerzo, inunda sus receptores con dopamina, los satura y, al cabo de un cierto tiempo (cada vez más corto), vuelve a sentirse vacío. El mundo moderno pareciese estar cuidadosamente diseñado para perpetrar este círculo vicioso. Una vez establecido esto, el cauce discursivo podría continuar en su dirección natural, avanzando hacia lugares conocidos como por ejemplo los hábitos más eficientes para reemplazar estos estímulos vacíos: el deporte, la meditación, el ayuno de dopamina, etc. Sin embargo, a esta altura, en la época de la sobreinformación, donde ya nada es del todo desconocido, ni novedoso, cualquier persona es capaz de reconocer la diferencia entre el placer de comer un chocolate y la satisfacción de completar una rutina en el gimnasio. Se puede percibir sin problemas la frontera que divide el consumo basura de las actividades constructivas. Pero existe un hábito que se ubica justo en esta división, resistiéndose a ser definido y generando un debate interminable: el consumo recreativo de marihuana. Ambos lados tironean este consumo para sí, al igual que en una cinchada. Desde la Convención Única sobre Estupefacientes, en 1961, podría decirse que esta sustancia ha estado firmemente amarrada y sostenida del lado del consumo perjudicial, siendo incluso prohibida y penalizada. Aunque a partir de eso, en los últimos años, las nuevas tendencias pusieron gradualmente su peligrosidad en duda y apelaron a sus beneficios recreativos como la creatividad, relajación, etc.</p><p>Más allá de la puja de opiniones, Paracelso nos recordaría que ninguna sustancia es buena o mala per se, sino que la dosis, el contexto y la intención pueden convertirla en un remedio o un veneno. A su vez, ciertas sustancias son más propensas a ser abusadas y por eso son, y deben seguir siendo, reguladas desde la ley. Tanto el que dice que la marihuana es riesgosa y perjudicial para la salud, como el que dice que sirve para relajarse y ser creativos, tienen razón. Ambas posturas corresponden a dos caras de una misma moneda. Ahora bien, lo que sí podemos establecer entonces es lo siguiente: en esta época, marcada por la necesidad de dopamina rápida, el consumo recreativo de marihuana se ha normalizado por completo en jóvenes de todas las clases sociales. Basta con acercarse a un bar o una plaza de nuestra ciudad para verlo y olerlo. No sólo son jóvenes azotados por la miseria y el sufrimiento que recurren a las drogas como supervivencia. Tampoco son sólo los estudiantes o artistas bohemios. Ha quedado obsoleto cualquier estereotipo. Son también personas con camisas y proyectos empresariales, son deportistas e incluso médicos residentes, en reuniones ruidosas o en la más silenciosa soledad. No se limita tampoco a las grandes ciudades, la marihuana se cultiva, se vende y se consume de igual manera en ciudades como Tandil, desde la plaza del centro hasta los barrios privados, en las calles y en las casas. Los cannabinoides prometen a simple vista un escape igualitario para todo tipo de persona, una puerta de salida común y popular frente a la agobiante cotidianeidad. Pero esta puerta esconde tras de sí una preocupante variedad de riesgos y consecuencias, y más que una salida, puede convertirse en una puerta de entrada a habitaciones muy oscuras.</p><p>Sin ánimos de apología, resulta útil para la argumentación conceder lo siguiente, en pos de integrar las diversas posturas y entender este problema a través de un análisis libre de sesgos que contemple las verdaderas causas, y luego, claro, sus consecuencias. La potencia “creativa” o incremento sensorial que se atribuye al consumo de marihuana radica en una cuestión clave de su efecto: la desfamiliarización. El extrañamiento frente a lo cotidiano provoca una sensación placentera frente a sabores, vistas y actividades conocidas. Este efecto desactiva la automatización y deja lugar a una mayor creatividad, así como también cierto disfrute o diversión. El THC (principal componente del cannabis) actúa directamente en la liberación de dopamina. Cuando el consumo se comparte, el aumento colectivo de dopamina fomenta la risa y pareciera facilitar las dinámicas grupales, confundiendo este mecanismo artificial con un beneficio para el encuentro y las relaciones.</p><p>Volviendo a las cuestiones propias de esta época, la persona encuentra en el consumo recreativo de marihuana una forma de romper la estandarización de su vida y reencontrarse con la capacidad de sorpresa que le ha sido arrebatada. Este es el principal motivo por el que el uso de esta sustancia no distingue entre clases sociales ni escapa a la gente “exitosa”. Incluso tener éxito hoy en día implica resignar la capacidad de asombro y naturalizar la previsión como mecanismo de eficiencia. Fumar marihuana luego de un día de acostumbramiento y funcionalidad supone una precaria, riesgosa y temporal manera de abrir paso a la imaginación, a las nuevas ideas y, tristemente, a la risa ¿Pero cuántos de estos fumadores se detienen a pensar los riesgos?</p><p>Sobran los discursos de usuarios recreativos de marihuana defendiendo los ilusorios beneficios mencionados, el carácter natural de esta sustancia (como si no existiesen frutas venenosas), lo “pacífico” de su efecto, e interminables argumentos que parecieran evitar adrede las consecuencias inminentes. A su vez, desde el otro lado, los discursos que critican o advierten sobre los riesgos de la marihuana son llevados a cabo por personas que no conocen su efecto en absoluto, por lo que se limitan a demonizar la combustión de una planta sin hacer ninguna mella en sus usuarios. Los fumadores saben que no hay nada sano en tener humo dentro de los pulmones, en la boca o la garganta. También saben que algunas neuronas morirán en el transcurso. Luego de años de debate, los riesgos físicos han quedado claros, aunque permiten un contraargumento falaz, pero simple: que otras sustancias más aceptadas como el alcohol o el tabaco producen los mismos o incluso más problemas de salud. Desde luego que la mera comparación con los daños que acarrean otros consumos no debería de ser un motivo para elegirla, pero resulta un pensamiento eficaz para sostener el consumo de quien ya lo ha incorporado. Lo que verdaderamente debería preocupar a sus usuarios son los problemas que esto genera en términos de hábitos, personalidad y salud mental.</p><p>Ahora bien, podríamos imaginar el consumo recreativo de marihuana como un largo pasillo de hotel con puertas en ambos lados. Cada una representa un efecto, o bien una consecuencia. A medida que nos adentramos en el pasillo, dejamos de lado las primeras habitaciones, los riesgos más evidentes o trillados, y nos encontramos con consecuencias más profundas y difíciles de detectar. Así, una vez que atravesamos los problemas puramente físicos, como las enfermedades pulmonares y la pérdida de memoria (en las cuales no haremos hincapié), llegamos a puertas más alarmantes, que suelen ser ignoradas, como la desconexión emocional y la dependencia. ¿Qué ocurre cuando el consumo de marihuana supone un escape a la rutina y un momento de disfrute? En primer lugar, el disfrute y la diversión sin su consumo se vuelve desafiante, si no imposible. La carencia del efecto deja de ser la normalidad para convertirse en una espera, que produce aún más ansiedad. La sobriedad y el esfuerzo se tornan un simple medio para alcanzar el momento de fumar y relajarse, siendo esto lo que da sentido a los demás momentos. Esta dificultad, si se sostiene el consumo, lleva directamente a la dependencia. Los planes o actividades que incluyen el consumo comienzan a priorizarse y reemplazan a los que no lo incluyen.&nbsp; Esta conducta puede parecer en principio una elección propia, consciente, pero es la sustancia la que de manera gradual comienza a moldear los vínculos y la rutina para sostenerse. Finalmente, el consumo ya no representa un momento de ocio, sino que se convierte en una necesidad para “estar bien”, tanto en el trabajo, como en las juntadas, como antes de dormir. A su vez, las risas y las sorpresas que generaba al principio dan paso a una nueva cotidianeidad, menos intensa y menos divertida. Un estado intermedio, gris, anestésico, que suaviza las pasiones y desconecta al cuerpo de los pensamientos. Finalmente, en las últimas puertas del largo pasillo, encontramos la depresión, los trastornos de personalidad y la entrada a drogas duras.</p><p>Debemos recordar que, especialmente en esta época, es necesario estar triste, enfrentarse a la incertidumbre, a la toma de decisiones, al error y al cansancio del esfuerzo como fuente de dopamina natural. La normalización del consumo de marihuana en todas las clases sociales habla de problemas mayores de nuestra sociedad, como el vacío del acostumbramiento, la saturación y la falta de autocontrol, entre tantos otros. Entender las causas de la normalización es crucial para advertir sus riesgos. Este problema sistemático debe ser contemplado y trabajado antes de atacar y prohibir mecánicamente el cultivo y combustión de una planta. Sin embargo, como individuos, la búsqueda de sentido y la necesidad de romper la estandarización no debe responderse con una sustancia, dado que más que solucionarla, acaba por complejizar la dificultad para construir una felicidad real y sostenible, volviéndonos tristes, dependientes, pasivos y aún más fáciles de controlar.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/9GZ7sd4O5gUwgeL4kgmbrIV2EYA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/anestesia_social_un_refugio_de_humo.webp" class="type:primaryImage" /></figure>No te va a pasar nada por fumar un porro. Falso. Te van a pasar muchas cosas. La marihuana no es una aterradora y perversa planta que debe ser erradicada de este mundo. Pero, ¡Mucho cuidado! que el disfrute inducido tiene patas cortas.]]>
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            Solo el 17% de los jóvenes utiliza preservativos
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                <![CDATA[El Eco de Tandil]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pSB57g2inkbbZ61yQAAwOl9FlVo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/02/vidriera_preservativo.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>En el Día Mundial del Preservativo, OSPEDYC refuerza un mensaje claro: el preservativo es una medida de prevención sencilla, accesible y de doble protección. Reduce el riesgo de infecciones de transmisión sexual (ITS) y también de embarazos no planificados.</p><p>La Dra. Valeria Valko, ginecóloga de OSPEDYC, comentó que “solo el 17% utiliza el preservativo siempre en todas sus relaciones sexuales”, de acuerdo a la encuesta realizada por la Aids Healtcare Foundation (AHF), en Argentina.[1]</p><p>La fecha cobra especial relevancia ante el aumento de las ITS en Argentina, con mayor impacto en la población joven. “Según el Boletín Epidemiológico Nacional, en 2025 se registró un incremento del 20,5% de sífilis respecto del mismo período de 2024. La gonorrea también muestra una tendencia en alza, con un pico histórico en 2023”, prosiguió la especialista.</p><p>“En el caso del VIH –explicó Valko-, se estima que en el país viven unas 140.000 personas con la infección y se notifican alrededor de 6.900 nuevos diagnósticos por año. El 98% de las transmisiones ocurre por relaciones sexuales sin preservativo y se calcula que un 17% de las personas que viven con VIH aún no lo sabe”</p><p>El aumento de las ITS se asocia, en gran medida, a un menor uso sostenido del preservativo, especialmente entre jóvenes, vinculado a desinformación y a una menor percepción de riesgo. A esto se suma el efecto post pandemia —con una reactivación de diagnósticos tras la caída de notificaciones en 2020— y nuevos hábitos de vinculación, como la mayor rotación de parejas y la circulación de mitos que minimizan el riesgo.</p><p>“Usar preservativo desde el inicio hasta el final de todas las prácticas sexuales, verificar su vencimiento, emplear uno nuevo en cada relación y acompañarlo con lubricantes a base de agua o silicona son medidas fundamentales. También es importante realizar testeos periódicos de ITS. Ante relaciones sin protección, roturas o deslizamientos, existen estrategias como la profilaxis postexposición para VIH y otras ITS, además de la anticoncepción de emergencia, disponibles en guardias médicas”, finalizó la Dra. Valko.</p><p>Prevenir es posible. Informarse, cuidarse y consultar a tiempo sigue siendo la mejor estrategia para proteger la salud sexual.</p><p>Acerca de OSPEDYC</p><p>OSPEDYC es una obra social de alcance nacional, con origen en UTEDYC, que brinda cobertura médica integral a más de 120.000 personas en todo el país a través de una red que incluye 10 Centros Médicos Propios.</p><p>Además de su labor asistencial, desarrolla contenidos de salud elaborados junto a equipos médicos y profesionales especializados, con foco en la prevención, el diagnóstico temprano y el autocuidado, con el objetivo de acercar información clara y confiable a la comunidad. Más información en: www.ospedyc.org.ar</p><p>&nbsp;[1] https://ahfargentina.com/solo-el-17-de-los-jovenes-utiliza-el-preservativo-siempre/</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pSB57g2inkbbZ61yQAAwOl9FlVo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/02/vidriera_preservativo.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El dato surgió de un estudio que arrojó interesantes conclusiones sobre las conductas sexuales de ese grupo etáreo.]]>
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                                <category term="la-vidriera" label="La Vidriera" />
                <updated>2026-02-15T14:40:07+00:00</updated>
                <published>2026-02-15T11:43:49+00:00</published>
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            Con cifras y advertencias, especialistas de Tandil rechazaron la baja de la edad de imputabilidad
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                <![CDATA[Luciana Mateo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/NSe144WO59uqbKSi96OeH9W5P8c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/10/eduardo_martinez.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>De 4,2% en 2009 a 2,2% en 2023: esa fue la caída de la tasa de Investigaciones Penales Preparatorias (IPPs) iniciadas en el Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil –los delitos presuntamente cometidos por adolescentes de 16 y 17 años- en la provincia de Buenos Aires.</p><p>En paralelo, en el territorio bonaerense existen apenas 11 casas de contención con cupos para seis u ocho jóvenes cada una: 88 vacantes en total para toda la Provincia.</p><p>Basados en estos y otros números, el director de Servicios Zonales y Locales del Organismo Provincial de Niñez y Adolescencia, Eduardo Martínez, y el defensor oficial del Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil Nº 4 del Departamento Judicial de Azul, Leonel Calles, cuestionaron con dureza la reciente media sanción al proyecto que baja la edad de imputabilidad a 14 años en Argentina.</p><p>Cabe recordar que, en una sesión especial, la Cámara de Diputados de la Nación aprobó el jueves por la noche el nuevo Régimen Penal Juvenil por 149 votos afirmativos contra 100 negativos.</p><p>La iniciativa —impulsada por la senadora de La Libertad Avanza y exministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich— fijaba originalmente la edad mínima en 13 años pero, tras negociaciones con los bloques aliados, quedó establecida en 14. El texto será girado al Senado de la Nación para su tratamiento, que se prevé en los próximos días.</p><p>En diálogo con El Eco de Tandil, Eduardo Martínez, además licenciado en Trabajo Social, planteó en primer término un reparo jurídico. “Hay muchos argumentos para oponernos a la baja de punibilidad. En primer lugar, que es inconstitucional porque nosotros tenemos la Convención sobre los Derechos del Niño que tiene jerarquía constitucional, sumado a otros tratados internacionales”, afirmó.</p><p>Y rechazó lo que definió como “frases instaladas” en el debate público. “A frases ya instaladas de que el menor de 16 años es el eslabón fundamental en un circuito delictivo, hay que responderle a partir de diversos estudios realizados y de datos estadísticos objetivos, palpables y reales y no quedar parados en disputas teóricas”, sostuvo.</p><p>“Que la respuesta sea el Estado como castigo es realmente criminal”</p><p>En ese sentido, remarcó que en la provincia con mayor densidad poblacional del país “la tasa de delitos juveniles bajó casi a la mitad: pasó de 4,2% a 2,2 % entre 2009 y 2023”. &nbsp;Los números aportados por Martínez, que muestran la evolución de la incidencia de las IPPs penales juveniles en relación al total de las IPPs, se sustentan en datos oficiales de la Procuración de Justicia de la Corte Suprema bonaerense.</p><p>Para el funcionario de Tandil, la discusión no puede separarse del contexto social. “En un país donde siete de cada diez pibes son pobres, que la respuesta sea el Estado como castigo es realmente criminal”, expresó y consideró “realmente descabellado pensar que ‘si hay delito de adulto, debe haber pena de adulto’”.</p><p>En su análisis, el director provincial vinculó la reforma con un cambio de paradigma estatal. “Los gobiernos de derecha potencian las mismas prácticas; con las recetas de siempre. El Estado social es destruido dramáticamente y transformado en un Estado penal, punitivo”, afirmó.</p><p>Y fue más específico: “Para ser más claro: familias sin trabajo, poder adquisitivo cada vez menor, ruptura de los vínculos y de las redes. En ese contexto, el Estado aparece de manera de castigo”, resaltó.</p><p>Martínez cuestionó además la política económica y social del gobierno nacional que encabeza Javier Milei, al sostener que “genera y constituye espacios de violencia, desocupación y precarización laboral; una baja en la inyección de recursos en Educación, en Salud y en políticas jubilatorias”.</p><p>A ese “combo explosivo” —añadió— “se le suma que se encargó de voltear todos los programas o intervenciones específicas hacia los jóvenes y adolescentes de nuestro territorio”.</p><p>Como contracara, Martínez destacó el programa Entramados, implementado por la provincia de Buenos Aires para el trabajo preventivo con adolescentes.</p><p>Según explicó, se trata de una red de articulación entre distintas áreas del Estado que se materializa en el acompañamiento y en la inyección de recursos provinciales a los municipios (ver recuadro).</p><p>“No es algo para tratar en sesiones extraordinarias”</p><p>Desde el plano estrictamente penal, Leonel Calles, defensor oficial del Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil Nº 4 del Departamento Judicial de Azul, con sede en Tandil, advirtió que la baja de la edad está “totalmente discutida y hasta criticada por todos los fueros de menores”.</p>Leonel Calles, defensor oficial del Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil Nº 4 del Departamento Judicial de Azul.<p>Si bien reconoció que desde hace años desde el fuero se reclama una reforma de la Ley 22.278 —vigente desde 1980—, subrayó que la misma debe ser consensuada y debatida en profundidad.</p><p>Consultado por El Eco Multimedios, Calles explicó que la iniciativa que se debate y que ya tiene media sanción no solo implica bajar la edad de imputabilidad sino también equiparar las penas.</p><p>Actualmente –expresó- un menor que comete un delito tiene una pena disminuida con respecto a la de un adulto. Con la nueva ley, “la pena del menor se equipara a la pena de los mayores y a la del Código Penal normal”, indicó con preocupación.</p><p>En ese sentido, recordó que la Ley 22.278 establece que en delitos con pena en expectativa menor a dos años —como lesiones leves o amenazas— no se imponía la sanción.</p><p>“Es muy normal que un chico, de cualquier clase social, se agarre trompadas o tenga algún conflicto por amenazas. En eso el Estado no se metía, pero ahora (si se aprueba la nueva ley) sí se va a meter, y el chico va a tener una causa”, advirtió.</p><p>Por eso, remarcó que la reforma “no es solamente para delitos graves”, sino que “se va a terminar aplicando para absolutamente todas las causas de menores de 18 años, a partir de los 14”.</p><p>En cuanto a la ejecución de la pena, Calles detalló que la ley prevé tres sistemas: para penas menores de tres años, de tres a seis, y mayores de seis, con un máximo de 15 años. Los casos más graves irían a institutos cerrados, mientras que los restantes deberían cumplirse en dispositivos abiertos.</p><p>En este punto –alertó- el problema es la infraestructura disponible. “En la provincia de Buenos Aires hay 11 casas de contención que tienen capacidad vacante para seis u ocho chicos. Tenemos una capacidad, en toda la provincia, de 88 vacantes; son muy pocas”, describió.</p><p>En Tandil, agregó, la casa de contención funciona con seis jóvenes detenidos, todos provenientes del Gran Buenos Aires, porque en ese territorio “no dan abasto”, aseguró.</p><p>Para el defensor, la provincia no cuenta con “la infraestructura ni la capacidad económica para albergar a los chicos que vamos a tener punibles de aquí en adelante”.</p><p>Por otro lado, Calles cuestionó el trámite parlamentario y señaló que hubo 45 proyectos previos y que el texto que obtuvo media sanción se presentó apenas días antes de su tratamiento. “No es algo para tratar en sesiones extraordinarias, sino que es algo que lleva mucho debate”, sostuvo.</p><p>Y recordó que, en discusiones anteriores, la mayoría de los especialistas convocados se manifestaron en contra de bajar la edad y de eliminar la distinción de penas.</p><p>“La jurisprudencia de la Corte Interamericana está totalmente en contra. Dice que el niño debe tener una pena diferenciada a la del mayor”, concluyó el especialista.</p><p>El proyecto de reforma del Régimen Penal Juvenil que impulsa La Libertad Avanza obtuvo media sanción el jueves gracias al acompañamiento de la UCR y del PRO, principalmente. En contra se manifestaron Unión por la Patria, el Frente de Izquierda y otros bloques minoritarios.</p>Presentación en Tandil del programa Entramados en octubre de 2025.&nbsp;Entramados avanza con eje en la prevención y el trabajo con adolescentes<p>A cuatro meses de su presentación en la ciudad, el programa Entramados transita en Tandil su etapa de implementación con propuestas educativas, deportivas y socio-familiares orientadas a jóvenes en conflicto con la ley penal o en riesgo de estarlo.</p><p>Así lo confirmó a este Diario Eduardo Martínez, director de Servicios Zonales y Locales del Organismo Provincial de Niñez y Adolescencia, quien detalló los avances de la iniciativa impulsada por el Gobierno bonaerense.</p><p>Presentado en octubre de 2025 como una política interministerial coordinada por el Ministerio de Desarrollo de la Comunidad, con participación del Organismo Provincial de Niñez y Adolescencia y el acompañamiento de las carteras de Justicia y Derechos Humanos y de Seguridad, el programa busca un abordaje preventivo e integral frente a situaciones de conflictividad penal juvenil.</p><p>“En la ciudad de Tandil, el Programa Entramados ya ha superado su primera etapa, centrada en la elaboración de un diagnóstico integral sobre el funcionamiento del sistema de promoción y protección de derechos y el análisis de las situaciones de mayor conflictividad en el territorio”, explicó Martínez.</p><p>Según precisó, “esa instancia permitió identificar fortalezas, nudos críticos y casos que requieren abordajes prioritarios”.</p><p>Superada esa fase inicial, actualmente el programa se encuentra en plena ejecución. “Implica la implementación de propuestas educativas, formativas, recreativas y deportivas, junto con un abordaje socio-familiar y territorial específico en aquellas situaciones que demandan intervención urgente”, indicó el funcionario.</p><p>El objetivo, sostuvo, es “garantizar la restitución efectiva de derechos, prevenir la delincuencia juvenil y reducir los niveles de reincidencia a través de un trabajo sostenido y articulado en la comunidad”.</p><p>En ese marco, Martínez advirtió que la ciudad no está exenta de las problemáticas que atraviesan otros distritos. “Tandil no es una isla ni un municipio aislado del país. Nos faltan espacios municipales que trabajen la promoción y la prevención en materia de niños, niñas y adolescentes”, señaló.</p><p>Y reconoció que en muchos barrios ese rol lo cumplen organizaciones de la sociedad civil, como centros de día y espacios de fortalecimiento, que “se sostienen con escasos recursos”, por lo que consideró necesario afianzar el trabajo conjunto.</p><p>Como ejemplo de esa articulación, mencionó la reciente apertura del centro cultural y deportivo “Diego Armando Maradona”, en el barrio Tunitas, impulsado junto a la asociación civil De Corazón Tandilense.</p><p>“Es una respuesta, o al menos una de ellas: que los pibes hagan deporte y actividades culturales gratis, que vuelvan a constituir lugares de pertenencia”, expresó, al tiempo que remarcó la importancia de que talleristas y profesionales puedan detectar y acompañar situaciones problemáticas a tiempo.</p><p>“Recuperemos a esas infancias dándole espacios de calidad y no lleguemos cuando el daño esté hecho”, finalizó.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/NSe144WO59uqbKSi96OeH9W5P8c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/10/eduardo_martinez.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Un funcionario del Organismo Provincial de Niñez y Adolescencia y un defensor oficial del Fuero Penal Juvenil de Tandil cuestionaron la media sanción al nuevo Régimen Penal Juvenil. Los entrevistados señalaron que los delitos cometidos por adolescentes disminuyeron en la provincia de Buenos Aires y alertaron sobre la equiparación de penas entre adultos y menores y por la falta de infraestructura.]]>
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                                <category term="la-ciudad" label="La Ciudad" />
                <updated>2026-02-15T14:15:09+00:00</updated>
                <published>2026-02-15T07:00:00+00:00</published>
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            Los Therian llegaron a Tandil: quiénes son y cómo surgió esta identidad en internet
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                <![CDATA[El Eco de Tandil]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/hNLavawaAfU5nQTRDDCsQ5lzf34=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/02/therian_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En el último tiempo comenzó a ganar visibilidad en redes sociales y foros de internet una subcultura conocida como “therian”, integrada por personas que afirman identificarse, en un plano interno, como animales no humanos. Lejos de tratarse de una transformación física o de una creencia literal sobre su cuerpo, quienes forman parte de esta comunidad explican que su vivencia es de carácter psicológico, espiritual o simbólico, en el cual sienten que su identidad profunda está vinculada total o parcialmente a un animal determinado.</p><p>Esta tendencia ha tomado gran relevancia a nivel global, y Argentina no fue la excepción, generando diversos discusiones que tienen que ver con el autorreconocimiento y la estrecha relación de los humanos con el mundo animal. Asimismo, el tema ha generado controversia en el colectivo LGTBIQ+, y otros movimientos con un extenso recorrido en la lucha por el respeto a la autoidentificación, con versiones que afirman que esta nueva moda, que crece a pasos agigantados, desvaloriza el trabajo realizado en cuanto a la generación de derechos para las identidades disidentes.&nbsp;</p>        Ver esta publicación en Instagram            <p>Una publicación compartida de El Eco de Tandil (@elecodetandil)</p>
<p>Lo cierto es que los therian han llegado a Tandil, y organizan un encuentro para el próximo jueves 19 de febrero en la Plaza del Tanque, a partir del cual invitan a “conectar con tu espíritu animal". Será un oportunidad para conocer de cerca a esta nueva tribu y urbana, entender sus motivaciones y comprobar la masividad de este fenomeno social que si bien no es nuevo, ha tenido un crecimiento exponencial en los últimos meses.&nbsp;</p>Los origenes del movimiento<p>El término proviene de “therianthropy”, palabra de raíz griega que combina “therion” (bestia o animal salvaje) y “anthropos” (humano). A lo largo de la historia, la idea de seres mitad humanos y mitad animales estuvo presente en numerosos mitos y tradiciones culturales. La licantropía en Europa, con la figura del hombre lobo, es uno de los ejemplos más conocidos. También aparecen relatos de chamanes que adoptaban espíritus animales en diversas culturas indígenas, así como deidades con rasgos híbridos en civilizaciones como la egipcia o la griega.</p><p>Sin embargo, el fenómeno contemporáneo de los therian no surge directamente de esas tradiciones antiguas, sino que comenzó a consolidarse en la década de 1990 a partir de comunidades en línea donde personas con experiencias similares empezaron a intercambiar testimonios y a construir una identidad compartida. En ese ámbito se popularizaron conceptos como “theriotype”, que refiere al animal con el que cada individuo se identifica —como lobo, gato, zorro o ave—, y “shifts”, momentos en los que la persona siente con mayor intensidad esa conexión interna.</p><p>Desde la propia comunidad suelen aclarar que no debe confundirse a los therian con los “furries”, un colectivo vinculado al arte y la cultura de personajes animales antropomórficos, ya que en el caso therian la cuestión central no es estética ni recreativa, sino identitaria. En la actualidad, la mayoría de quienes se reconocen como therian describen su experiencia como una forma de autopercepción o espiritualidad personal, más que como una religión organizada o una condición médica, y encuentran en las plataformas digitales el principal espacio de encuentro y expresión.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/hNLavawaAfU5nQTRDDCsQ5lzf34=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/02/therian_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>La nueva tendencia en la que sus integrantes se autorreconocen como animales, generando controversia y debate en redes, ya tiene su manifestación en la ciudad.]]>
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                                <category term="la-ciudad" label="La Ciudad" />
                <updated>2026-02-13T13:10:07+00:00</updated>
                <published>2026-02-12T14:28:18+00:00</published>
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